¡Con su Palabra, Jesús se nos revela y sale a nuestro encuentro, para que experimentemos al Dios de la vida!
Intención para la evangelización ‐
"Todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre"
Del libro de la Sabiduría 6, 12-16
lunes, 17 de abril de 2023
Evangelio del día 17 abril 2023. Jn 3, 1-8. "Tenéis que nacer de nuevo"
sábado, 15 de abril de 2023
Segundo Domingo de Pascua. De la Divina Misericordia. Lecturas 16-4-23, Ciclo A
¡Cristo
¡Cristo vive!
” Ven Espíritu Santo”
Dios mío, envía ahora tu Espíritu sobre mí y que abra mis ojos y mis oídos a tu Palabra, que me guie y asista al meditar tus enseñanzas, para que pueda saborearla y comprenderla, para que tu Palabra penetre en mi corazón, y me conduzca a la Verdad completa. Amén
Lectura de los Hechos Apóstoles 2, 42 – 47
Todos se reunían asiduamente para escuchar la enseñanza de los Apóstoles y participar en la vida común, en la fracción del pan y en las oraciones. Un santo temor se apoderó de todos ellos, porque los Apóstoles realizaban muchos prodigios y signos. Todos los creyentes se mantenían unidos y ponían lo suyo en común: vendían sus propiedades y sus bienes, y distribuían el dinero entre ellos, según las necesidades de cada uno. Íntimamente unidos, frecuentaban a diario el Templo, partían el pan en sus casas, y comían juntos con alegría y sencillez de corazón; ellos alababan a Dios y eran queridos por todo el pueblo. Y cada día, el Señor acrecentaba la comunidad con aquellos que debían salvarse. Palabra de Dios.
Salmo 117, R. ¡Den gracias al Señor, porque es bueno, porque es eterno su amor!
Que lo
diga el pueblo de Israel: ¡es eterno su amor! Que lo diga la familia de Aarón:
¡es eterno su amor! Que lo digan los que temen al Señor: ¡es eterno su
amor! R.
Me
empujaron con violencia para derribarme, pero el Señor vino en mi ayuda. El
señor es mi fuerza y mi protección; él fue mi salvación. Un grito de alegría y
de victoria resuena en las carpas de los justos. R.
La
piedra que desecharon los constructores es ahora la piedra angular Esto ha sido
hecho por el Señor y es admirable a nuestros ojos. Este es el día que hizo
el Señor: alegrémonos y regocijémonos en él. R.
Primera carta apóstol S. Pedro 1, 3 – 9
Bendito sea Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo, que en su gran misericordia, nos hizo renacer, por la resurrección de Jesucristo, a una esperanza viva, a una herencia incorruptible, incontaminada e imperecedera, que ustedes tienen reservada en el cielo. Porque gracias a la fe, el poder de Dios los conserva para la salvación dispuesta a ser revelada en el momento final. Por eso, ustedes se regocijan a pesar de las diversas pruebas que deben sufrir momentáneamente: así, la fe de ustedes, una vez puesta a prueba, será mucho más valiosa que el oro perecedero purificado por el fuego, y se convertirá en motivo de alabanza, de gloria y de honor el día de la Revelación de Jesucristo. Porque ustedes lo aman sin haberlo visto, y creyendo en él sin verlo todavía, se alegran con un gozo indecible y lleno de gloria, seguros de alcanzar el término de esa fe, que es la salvación. Palabra de Dios
Lectura del santo Evangelio S. Juan 20,
19-31
Al
atardecer del primer día de la semana, los discípulos se encontraban con las
puertas cerradas por temor a los judíos.
Entonces llegó Jesús y poniéndose en medio de ellos, les dijo: “¡La paz
esté con ustedes”! Mientras decía esto, les mostró sus manos y su costado. Los
discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor. Jesús les dijo de
nuevo: “¡La paz esté con ustedes! Como el Padre me envió a mí, yo también los
envío a ustedes”. Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió: “Reciban el
Espíritu Santo. Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen,
y serán retenidos a los que ustedes se los retengan”. Tomás, uno de los Doce,
de sobrenombre el Mellizo, no estaba con ellos cuando llegó Jesús. Los otros
discípulos le dijeron: ¡” Hemos visto al Señor”! Él les respondió: “Si no
veo la marca de los clavos en sus manos, si no pongo el dedo en el lugar de los
clavos y la mano en su costado, no lo
creeré”.
Ocho días más tarde, estaban de nuevo los discípulos reunidos en la casa, y
estaba con ellos Tomás. Entonces apareció Jesús, estando cerradas las puertas,
se puso en medio de ellos y les dijo: “¡La paz esté con ustedes”! Luego dijo a
Tomás: «Trae aquí tu dedo: aquí están mis manos. Acerca tu mano: Métela en mi
costado. En adelante no seas incrédulo, sino hombre de fe.» Tomás respondió:
“¡Señor mío y Dios mío!” Jesús le dijo: “Ahora crees, porque me has visto.
¡Felices los que creen sin haber visto!”
Jesús realizó además muchos otros signos en presencia de sus discípulos, que no
se encuentran relatados en este Libro. Estos han sido escritos para que ustedes
crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y creyendo, tengan Vida en su Nombre.
Palabra del Señor.
Esta es la gran verdad que llena de contenido nuestra
fe. Jesús, que fue crucificado, ha resucitado. Ha triunfado sobre la
muerte, del poder de las tinieblas, del dolor y de la angustia.
En este Tiempo de Pascua gritamos con todas nuestras fuerzas y desde lo más profundo de nuestro corazón: “¡Cristo ha resucitado de entre los muertos dándonos a todos la vida!”, por eso para nosotros el tiempo pascual es tiempo de alegría.
Con el evangelio de este domingo tenemos que empezar a descubrir nuevamente a Jesús, ahora está en medio nuestro resucitado. Tendremos que aprender a vivir desde la fe. Llenarnos de su Espíritu. Tendremos que recordar sus palabras y actualizar sus gestos. Pero Jesús, el Señor, está con nosotros, lleno de vida para siempre.
Jesús
nos pone nuevamente en el camino. . Aterrados por la ejecución de Jesús, los discípulos se refugian en una casa conocida. De nuevo están reunidos, pero no está con ellos Jesús. En la comunidad hay un vacío que nadie puede llenar. Les falta Jesús. ¿A quién seguirán ahora? ¿Qué podrán hacer sin él? “Está anocheciendo” en Jerusalén y también en el corazón de los discípulos. Dentro de la casa, están “con las puertas
cerradas”. Es una comunidad sin misión y sin horizonte, encerrada en sí misma,
sin capacidad de acogida. Nadie piensa ya en salir por los caminos a anunciar
el reino de Dios y curar la vida. Con las puertas cerradas no es posible
acercarse al sufrimiento de las gentes.
Los discípulos están llenos de “miedo a los judíos”. Es una comunidad
paralizada por el miedo, en actitud defensiva. Solo ven hostilidad y rechazo
por todas partes. Con miedo no es posible amar el mundo como lo amaba Jesús, ni
infundir en nadie aliento y esperanza.
De
pronto, Jesús resucitado toma la iniciativa. Viene a rescatar a sus seguidores. “Entra en
la casa y se pone en medio de ellos”. La pequeña comunidad comienza a
transformarse. Del miedo pasan a la paz que les infunde Jesús. De la oscuridad
de la noche pasan a la alegría de volver a verlo lleno de vida. De las puertas
cerradas van a pasar pronto a la apertura de la misión. Jesús les habla poniendo en aquellos hombres toda su
confianza: “Como
el Padre me ha enviado, yo también los envío a ustedes”. No les dice a quién se han de acercar, qué han de
anunciar ni cómo han de actuar. Ya lo han podido aprender de él por los caminos
de Galilea. Serán en el mundo lo que ha sido él.
Jesús conoce la fragilidad de sus
discípulos.
Muchas veces les ha criticado su fe
pequeña y vacilante. Necesitan la fuerza de su Espíritu para cumplir su misión.
Por eso hace con ellos un gesto especial. No les impone las manos ni los
bendice como a los enfermos. Exhala su aliento sobre ellos y les
dice: “Reciban el Espíritu Santo”.
Solo
Jesús salvará a la Iglesia.
Solo él nos liberará de los miedos que nos paralizan, romperá los esquemas
aburridos en los que pretendemos encerrarlo, abrirá tantas puertas que hemos
ido cerrando a lo largo de los siglos, enderezará tantos caminos que nos han
desviado de
él.
Lo que se nos pide es reavivar mucho más en toda la Iglesia la confianza en
Jesús resucitado, movilizarnos para ponerlo sin miedo en el centro de nuestras
parroquias y comunidades, y concentrar todas nuestras fuerzas en escuchar bien
lo que su Espíritu nos está diciendo hoy a sus seguidores y seguidoras.
“¡Señor y Dios mío! “Jesús resucitado se aparece por segunda vez a la
comunidad “ocho días después”, esta vez estando presente Tomás, quien pone en
duda la veracidad de la resurrección de Jesús. El mismo Jesús lo conduce a la
fe pascual.
El apóstol Tomás, ausente en el primer encuentro
con el Resucitado, rechaza el testimonio de los otros discípulos (“Hemos visto
al Señor”), no confía en ellos, porque los considera víctimas de una
alucinación colectiva. Él exige ver a Jesús personalmente para constatar que se
trata del mismo Jesús que conoció terrenalmente, con las cicatrices de los
clavos y la herida de lanza. Y el Señor acepta el desafío de Tomás. Jesús no
rechaza su solicitud, sino que, le concede lo pedido y Tomás reacciona con una
altísima confesión de fe, como ninguno antes que él: “¡Señor y Dios
mío!”. Es verdad que la fe de Tomás es auténtica y sincera, pero ella
tuvo necesidad de la prueba concreta, ver con los propios ojos y tocar con las
propias manos al Resucitado.
Cuando llega a este punto, el evangelista plantea el problema de cómo llegarán a la fe los que no han podido ver al Señor Jesús; ¿éstos podrán creer? La respuesta es: ¡Claro que sí!
Es por eso por lo que al final el diálogo de Jesús con Tomás nos involucra también a nosotros, diciendo: “Dichosos los que no han visto y han creído”. El camino de Tomás no se repetirá de nuevo, lo que queda vigente para nosotros es el testimonio apostólico que con la fuerza del Espíritu Santo proclama: “Hemos visto al Señor”.
¿Qué dones trae para mí el Resucitado?
El don de la Paz. El don primero y fundamental del Resucitado
es la paz. Tres veces en este pasaje del evangelio se repite el
saludo: “¡La paz esté con ustedes!
Esta victoria de Jesús es el fundamento de la paz que él ofrece. Y, si bien Jesús no pretende eximir a sus discípulos de las aflicciones del mundo, ciertamente su intención es darles seguridad, serenidad y confianza en medio de ellas.
El don de la Vida. El Resucitado no sólo habla de paz, sino que
se legitima delante de sus discípulos, dándole un fundamento sólido a su
palabra. Para ello les muestra sus llagas. Los discípulos aprenden
entonces que el que está vivo delante de ellos es el mismo Jesús que murió en
la Cruz; el Resucitado es el Crucificado.
Mostrar las llagas tiene un doble significado: es
una expresión de su victoria sobre la muerte; es como si nos dijera: “Mira he
vencido”. Y es un signo de su inmenso amor, un amor que no
retrocedió a la hora de dar la vida por los amigos; y es como si nos dijera:
“Mira cuánto te he amado, hasta dónde he ido por ti”.
El don de la alegría pascual. Había sido una promesa de Jesús antes de su muerte: “Están tristes, pero su tristeza se convertirá en gozo... Ustedes están tristes ahora, pero volveré a verlos y les alegraré su corazón y su alegría nadie se las podrá quitar” (Jn 16,20.22). Ahora, cuando los discípulos “ven” a Jesús, la promesa se convierte en realidad.
El envío. La experiencia del Resucitado que lleva a la
comunidad a hacer propia la victoria de Jesús sobre la Cruz tiene enseguida
consecuencias: ella es enviada con la misma misión, vida y autoridad de Jesús
resucitado. De esta manera Jesús les abre las puertas a los discípulos
encerrados por el miedo y los lanza al mundo con una nueva identidad y como
portadores de sus dones.
Jesús envía a sus discípulos al mundo con plena
autoridad “Yo los envío”, así como el Padre lo envió a Él. En la pascua se
participa de la vida del Verbo encarnado y una forma concreta de participar de
su vida es continuar su misión en el mundo.
Los
hombres nuevos. Para que la misión sea
posible, los discípulos deben estar revestidos del Espíritu Santo. Cuando
Jesús sopla el Espíritu Santo sobre ellos los hace “hombres nuevos”.
El mismo Jesús de cuyo costado herido por la lanza
brotó el agua que es símbolo del Espíritu Santo, él mismo –como en el día de la
creación- infunde en
los discípulos el “Ruah”, esto es, el “Soplo vital”
de Dios.
Finalmente, el Resucitado envía a los discípulos
con plena autoridad para perdonar pecados. El perdón de los pecados es
acción del Espíritu, porque ser perdonado es dejarse crear por Dios.
Juan nos dice que el “creer” está basado en el
“testimonio pascual”, y dicho testimonio llega a nosotros por medio del
evangelio escrito y por la predicación de la Iglesia que le da viva voz y la
actualiza y de esta forma cada uno de nosotros experimentar el ENCUENTRO
PERSONAL CON CRISTO, NUESTRO SEÑOR.
¡Pascua!
Cristo está vivo, no está muerto, ha resucitado,
que todos vivamos con ese espíritu de resurrección.
“Muéstrame, Señor, tus caminos, enséñame tus senderos. Guíame por el camino de tu fidelidad; enséñame, porque tú eres mi Dios y mi salvador” (salmo 24)
Aclaración: Se han consultado para la preparación
de las reflexiones: El
libro del Pueblo de Dios. Centro Bíblico del CELAM. J. A. Pagola. Hojitas anteriores.
Círculo Bíblico San José
“Tu palabra es una lámpara a mis pies y una luz en mi camino” Sal 119
viernes, 14 de abril de 2023
Evangelio del día 14 abril 2023. Jn 21, 1-4. "Echad la red a la derecha de la barca"
jueves, 13 de abril de 2023
Evangelio del día 13 abril 2023. Lc 24, 35-48. "Se presentó en medio de ellos"
miércoles, 12 de abril de 2023
Evangelio del día 12 abril 2023.Lc 24, 13-35. ¿No ardía nuestro corazón?
martes, 11 de abril de 2023
Evangelio del día 11 abril 2023. Jn 20, 11-18. "He visto al Señor"
lunes, 10 de abril de 2023
Evangelio del día 10 abril 2023. Mt 28,8-15. "Alegrensen"
Domingo de Pascua. Lecturas 9-4-23, Ciclo A
” Ven Espíritu Santo”
Dios mío, envía ahora tu
Espíritu sobre mí y que abra mis ojos y mis oídos a tu Palabra, que me guie y
asista al meditar tus enseñanzas, para que pueda saborearla y
comprenderla, para que tu Palabra penetre en mi corazón, y me conduzca a la
Verdad completa. Amén
“Cristo Vive, nosotros somos testigos de su resurrección”
Hechos de los apóstoles 10, 34a.
37-43
Pedro, tomando la palabra, dijo: «Ustedes ya saben qué ha ocurrido en
toda Judea, comenzando por Galilea, después del bautismo que predicaba Juan:
cómo Dios ungió a Jesús de Nazaret con el Espíritu Santo, llenándolo de poder.
El pasó haciendo el bien y sanando a todos los que habían caído en poder del
demonio, porque Dios estaba con
él.
Nosotros somos testigos de todo lo que hizo en el país de los judíos y en
Jerusalén. Y ellos lo mataron, suspendiéndolo de un patíbulo. Pero Dios lo
resucitó al tercer día y le concedió que se manifestara, no a todo el pueblo,
sino a testigos elegidos de antemano por Dios: a nosotros, que comimos y
bebimos con él, después de su resurrección. Y nos envió a predicar al pueblo, y
a atestiguar que él fue constituido por Dios Juez de vivos y muertos. Todos los
profetas dan testimonio de él, declarando que los que creen en él reciben el
perdón de los pecados, en virtud de su Nombre.» Palabra de
Dios.
Salmo 117: R. Este es el día que hizo el Señor: alegrémonos y
regocijémonos en él.
¡Den gracias al Señor, porque es bueno, porque es eterno su amor!
Que lo diga el pueblo de Israel: ¡es eterno su amor!
R.
La mano del Señor es sublime, la mano del Señor hace proezas. No,
no moriré: viviré para publicar lo que hizo el Señor.
R.
La piedra que desecharon los constructores es ahora la piedra angular. Esto ha sido hecho por el Señor y es admirable a nuestros ojos. R.
Carta de Pablo a
los Colosenses 3, 1-4
Hermanos: Ya que ustedes han resucitado con Cristo, busquen
los bienes del cielo donde Cristo está sentado a la derecha de Dios.
Tengan el pensamiento puesto en las cosas celestiales y no en las de la tierra.
Porque ustedes están muertos, y su vida está desde ahora oculta con Cristo en
Dios. Cuando se manifieste Cristo, que es la vida de ustedes, entonces ustedes
también aparecerán con él, llenos de gloria. Palabra de Dios.
Secuencia
Cristianos,
ofrezcamos al Cordero pascual nuestro sacrificio de alabanza. El Cordero ha
redimido a las ovejas: Cristo, el inocente, reconcilió a los pecadores con el
Padre.
La muerte y la vida se enfrentaron en un duelo admirable: el Rey de la vida
estuvo muerto, y ahora vive.
Dinos, María Magdalena, ¿qué viste en el camino? He visto el sepulcro del
Cristo viviente y la gloria del Señor resucitado.
He visto a los
ángeles, testigos del milagro, he visto el sudario y las vestiduras. Ha
resucitado Cristo, mi esperanza, y precederá a los discípulos en
Galilea. Sabemos que Cristo resucitó realmente; tú, Rey victorioso, ten
piedad de nosotros.
Santo Evangelio según san Juan 20, 1-9
El primer día de la semana, de madrugada, cuando todavía estaba
oscuro, María Magdalena fue al sepulcro y vio que la piedra había sido sacada.
orrió al encuentro de Simón Pedro y del otro discípulo al que Jesús amaba, y
les dijo: «Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han
puesto.»
Pedro y el otro discípulo salieron y fueron al sepulcro. Corrían los dos
juntos, pero el otro discípulo corrió más rápidamente que Pedro y llegó antes.
Asomándose al sepulcro, vio las vendas en el suelo, aunque no entró. Después
llegó Simón Pedro, que lo seguía, y entró en el sepulcro; vio las vendas en el
suelo, y también el sudario que había cubierto su cabeza; este no estaba con
las vendas, sino enrollado en un lugar aparte. Luego entró el otro discípulo,
que había llegado antes al sepulcro: él también vio y creyó.
Todavía no habían comprendido que, según la Escritura, él debía resucitar de
entre los muertos. Palabra del
Señor.
Esta es la gran verdad que llena de contenido nuestra fe. Jesús, que murió en la cruz, ha resucitado. Ha triunfado sobre la muerte, sobre el poder de las tinieblas, sobre el dolor y la angustia. Por eso el Tiempo Pascual es tiempo de alegría.
En este Domingo de Pascua gritamos con todas nuestras fuerzas y
desde lo más profundo de nuestro corazón:
“¡Cristo ha resucitado de entre los muertos dándonos a todos la vida!”.
Este es el Domingo que le da sentido a todos los domingos en el que, con la ayuda del Espíritu Santo, queremos hacer una proclamación de júbilo y de victoria que sea capaz de asumir nuestros dolores y los transforme en esperanza, que nos convenza de una vez por todas, que la muerte no es la última palabra en nuestra existencia.
A la luz de esta certeza hoy brota lo mejor de nosotros mismos e
irradia con todo su esplendor nuestra fe como discípulos de Jesús.
Efectivamente, somos cristianos porque creemos que Jesús ha resucitado de la
muerte, está vivo, está en medio de nosotros, está presente en nuestro caminar
histórico, es manantial de vida nueva y primicia de nuestra participación en la
naturaleza divina, lo nuestro es fundirnos como una pequeña gota de agua en el
inmenso mar del corazón de Dios.
La Buena Nueva de la Resurrección de Jesús es palabra poderosa que
impulsa nuestra vida.
Por eso en este Tiempo de Pascua que estamos comenzando tenemos que abrirle un surco en nuestro corazón a la Palabra, para que la fuerza de vida que ella contiene sea savia que corra por todas las dimensiones de nuestra existencia y se transforme en frutos de vida nueva.
Es así como la Buena Noticia de que Cristo ha resucitado cala honda; se estremece con nuestras dudas, con nuestra tristeza, delatando nuestra pobre visión de la vida y mostrándonos el gran horizonte de Dios desde donde podemos comprender el sentido y el valor de todas las cosas. Cristo resucitado se hunde en nuestro corazón y desata una gran batalla interior entre la vida y la muerte, entre la esperanza y la desesperación, entre la resignación y la consolación.
En la mañana del domingo la única preocupación de los tres discípulos del Señor –María, Pedro y el Discípulo amado- es buscar al Señor, a Jesús muerto sobre la Cruz por amor, pero resucitado de entre los muertos para la salvación de toda la humanidad. El amor los mueve a buscar al Resucitado en ese estupor que sabe entrever en los signos el cumplimiento de las promesas de Dios y de las expectativas humanas. Entre todos, cada uno con su aporte, van delineando un camino de fe pascual.
“El Señor ha resucitado, no temamos vivir como
resucitados”. Por nuestro encuentro con el resucitado, somos liberados,
purificados, perdonados, reconciliados. A partir de este momento ya no somos
simples espectadores, a partir de este encuentro vivencial somos protagonistas
de esta acción sagrada y
salvífica.
La iniciativa salvadora de Dios reclama de nuestra parte una
respuesta personal que no debe quedar en meros gestos individuales, externos y
aislados. Abarca toda nuestra vida. Provoca una renovación total; un cambio
profundo, definitivo, que debe estar presente en los criterios, los juicios,
las actitudes, los comportamientos y los compromisos. Es mucho más que la
adhesión a un “código de convivencia y buenas costumbres”.
La Pascua de Jesús debe incidir en nuestra propia Pascua. Este es
su mensaje: “Permanezcan en mi amor para que den fruto”. El fruto consiste en
“que se amen unos a otros” (Jn 13,34). “Que se amen como
yo los he amado”. Y “Nadie tiene mayor amor que dar la vida por los amigos”. (Jn.15,
13).
Esta mañana de Pascua nos debe recordar que la fe en Jesucristo resucitado es mucho más que el asentimiento a una fórmula del credo. Incluso, mucho más que la afirmación de algo extraordinario que le aconteció al muerto Jesús hace aproximadamente dos mil años.
Creer en el Resucitado es creer que ahora Cristo está vivo, lleno
de fuerza y creatividad, impulsando la vida hacia su último destino y liberando
a la humanidad de caer en el caos definitivo.
Creer en el Resucitado es creer que Jesús está vivo y que se hace presente de alguna manera en medio de los creyentes. Es participar activamente en los encuentros y las tareas de la comunidad cristiana, sabiendo con gozo que cuando dos o tres nos reunimos en su nombre, allí está ya él poniendo esperanza en nuestras vidas.
Creer en el Resucitado es descubrir que nuestra oración no es un monólogo vacío, sin interlocutor que escuche nuestra invocación, sino diálogo con alguien vivo que está junto a nosotros en la misma raíz de la vida.
Creer en el Resucitado es dejarnos interpelar por su palabra viva
recogida en los evangelios, e ir descubriendo prácticamente que sus palabras
son «espíritu y vida» para el que sabe alimentarse de ellas.
Creer en el Resucitado es tener la experiencia personal de que hoy
todavía Jesús tiene fuerza para cambiar nuestras vidas, resucitar todo lo bueno
que hay en nosotros e irnos liberando de todo lo que mata nuestra libertad.
Creer en el Resucitado es saber verlo aparecer vivo en el último y
más pequeño de los hombres, llamándonos a la fraternidad y la solidaridad con
el hermano pobre.
Creer en el Resucitado es creer que Él es «el primogénito de entre
los muertos» en el que se inicia ya nuestra resurrección y en el que se nos
abren ya las verdaderas posibilidades de vivir eternamente.
Para Reflexionar: Todos estaríamos encantados de que se nos comunicara la misma Vida de Dios. El pro blema consiste en que no puede haber Vida si antes no hay muerte. Es esa exigencia de muerte la que no estamos dispuestos a aceptar. “Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo, pero si muere, da mucho fruto”. Esa exigencia de ir más allá de la vida biológica es la que nos hace quedarnos a años luz del mensaje de esta fiesta de Pascua. Celebrar la Pascua es descubrir la Vida en nosotros y estar dispuestos a dar más valor a la Vida que se manifestó en Jesús después de su muerte que a la vida biológica tan apreciada.
Debo descubrir
que yo estoy llamado a esa misma Vida. A la Samaritana le dice Jesús: El
que beba de esta agua nunca más tendrá sed; el agua que yo le daré se
convertirá en un surtidor que salta hasta la Vida definitiva.
A Nicodemo le
dice: Hay que nacer de nuevo; lo
que nace de la
carne es carne, lo que nace del espíritu es Espíritu. El Padre vive y yo vivo
por el Padre, del mismo modo el que me coma, (el que me asimile), vivirá por mí. Yo soy la resurrección y la vida, el
que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá, y todo el que vive y cree en mí no
morirá para siempre.
¿Creemos esto? Entonces, ¿qué nos importa lo demás? Poner a disposición de los demás todo lo que somos y tenemos es la consecuencia de este descubrimiento de la verdadera Vida.
El Círculo
Bíblico San José quiere en este momento tan especial de nuestras vidas
agradecer a Dios por todos las gracias recibidas en estos años: por el Espíritu
Santo que nos asiste en nuestro peregrinar, por su Palabra que nos trae
sabiduría para que día a día nos guie en cada ambiente que nos toca
vivir, el saber que estamos siempre acompañados por la oración de todos
los que nos consideramos hijos de Dios, por la bendita comunidad de San José,
por nuestros Pastores parroquiales y por todos aquellos que participan en esta
hojita semanal.
No podemos dejar
de decir que creemos que un mundo mejor es posible, creemos que acompañados por
el Dios de la vida, que venció a la muerte una vez y para siempre, nada es
imposible, por eso con nuestro corazón gozoso por la resurrección del Señor
queremos decirte que tengas una Feliz Santa Pascua y que juntos
podamos llevar la buena nueva que nos trajo Jesús a todos aquellos que la
necesiten.
Círculo Bíblico
San José
Ven Señor Jesús, te necesitamos.
Aclaración: Se han consultado para la preparación de las reflexiones: El libro del Pueblo de Dios. Hojitas anteriores. Centro Bíblico del CELAM. Misioneros Oblatos. J A Pagola. Fray Marcos.
Círculo
Bíblico San José
sábado, 8 de abril de 2023
Sábado 8 de abril 2023. Lecturas de la VIGILIA PASCUAL.
Lectura del libro del Génesis 1, 1-2, 2
Al principio Dios creó el cielo y la tierra. La tierra era algo informe y vacío, las tinieblas cubrían el abismo, y el soplo de Dios se cernía sobre las aguas. Entonces Dios dijo: «Que exista la luz.» Y la luz existió. Dios vio que la luz era buena, y separó la luz de las tinieblas; y llamó Día a la luz y Noche a las tinieblas. Así hubo una tarde y una mañana: este fue el primer día.
Dios dijo: «Que haya un firmamento en medio de las aguas, para que establezca una separación entre ellas.» Y así sucedió. Dios hizo el firmamento, y este separó las aguas que están debajo de él, de las que están encima de él; y Dios llamó Cielo al firmamento. Así hubo una tarde y una mañana: este fue el segundo día.
Dios dijo: «Que se reúnan en un solo lugar las aguas que están bajo el cielo, y que aparezca el suelo firme.» Y así sucedió. Dios llamó Tierra al suelo firme y Mar al conjunto de las aguas. Y Dios vio que esto era bueno. Entonces dijo: «Que la tierra produzca vegetales, hierbas que den semilla y árboles frutales, que den sobre la tierra frutos de su misma especie con su semilla adentro.» Y así sucedió. La tierra hizo brotar vegetales, hierba que da semilla según su especie y árboles que dan fruto de su misma especie con su semilla adentro. Y Dios vio que esto era bueno. Así hubo una tarde y una mañana: este fue el tercer día.
Dios dijo: «Que haya astros en el firmamento del cielo para distinguir el día de la noche; que ellos señalen las fiestas, los días y los años, y que estén como lámparas en el firmamento del cielo para iluminar la tierra.» Y así sucedió. Dios hizo los dos grandes astros -el astro mayor para presidir el día y el menor para presidir la noche- y también hizo las estrellas. Y los puso en el firmamento del cielo para iluminar la tierra, para presidir el día y la noche, y para separar la luz de las tinieblas. Y Dios vio que esto era bueno. Así hubo una tarde y una mañana: este fue el cuarto día.
Dios dijo: «Que las aguas se llenen de una multitud de seres vivientes y que vuelen pájaros sobre la tierra, por el firmamento del cielo.» Dios creó los grandes monstruos marinos, las diversas clases de seres vivientes que llenan las aguas deslizándose en ellas y todas las especies de animales con alas. Y Dios vio que esto era bueno. Entonces los bendijo, diciendo: «Sean fecundos y multiplíquense; llenen las aguas de los mares y que las aves se multipliquen sobre la tierra.» Así hubo una tarde y una mañana: este fue el quinto día.
Dios dijo: «Que la tierra produzca toda clase de seres vivientes: ganado, reptiles y animales salvajes de toda especie.» Y así sucedió. Dios hizo las diversas clases de animales del campo, las diversas clases de ganado y todos los reptiles de la tierra, cualquiera sea su especie. Y Dios vio que esto era bueno.
Dios dijo: «Hagamos al hombre a nuestra imagen, según nuestra semejanza; y que le estén sometidos los peces del mar y las aves del cielo, el ganado, las fieras de la tierra, y todos los animales que se arrastran por el suelo.» Y Dios creó al hombre a su imagen; lo creó a imagen de Dios, los creó varón y mujer.
Y los bendijo, diciéndoles: «Sean fecundos, multiplíquense, llenen la tierra y sométanla; dominen a los peces del mar, a las aves del cielo y a todos los vivientes que se mueven sobre la tierra.» Y continuó diciendo: «Yo les doy todas las plantas que producen semilla sobre la tierra, y todos los árboles que dan frutos con semilla: ellos les servirán de alimento. Y a todas la fieras de la tierra, a todos los pájaros del cielo y a todos los vivientes que se arrastran por el suelo, les doy como alimento el pasto verde.» Y así sucedió. Dios miró todo lo que había hecho, y vio que era muy bueno. Así hubo una tarde y una mañana: este fue el sexto día.
Así fueron terminados el cielo y la tierra, y todos los seres que hay en ellos. El séptimo día, Dios concluyó la obra que había hecho, y cesó de hacer la obra que había emprendido. Palabra de Dios.
Salmo 103 R. Señor, envía tu Espíritu y renueva la superficie de la tierra.
Bendice al Señor, alma mía: ¡Señor, Dios mío, qué grande eres! Estás vestido de esplendor y majestad y te envuelves con un manto de luz. R.
Afirmaste la tierra sobre sus cimientos: ¡no se moverá jamás! El océano la cubría como un manto, las aguas tapaban las montañas. R.
Haces brotar fuentes en los valles, y corren sus aguas por las quebradas. Las aves del cielo habitan junto a ellas y hacen oír su canto entre las ramas. R.
Desde lo alto riegas las montañas, y la tierra se sacia con el fruto de tus obras. Haces brotar la hierba para el ganado y las plantas que el hombre cultiva. R.
¡Qué variadas son tus obras, Señor! ¡Todo lo hiciste con sabiduría, la tierra está llena de tus criaturas! ¡Bendice al Señor, alma mía! R.
Lectura del libro del Génesis 22, 1-18
Dios puso a prueba a Abraham «¡Abraham!», le dijo.
El respondió: «Aquí estoy.» Entonces Dios le siguió diciendo: «Toma a tu hijo único, el que tanto amas, a Isaac; ve a la región de Moria, y ofrécelo en holocausto sobre la montaña que yo te indicaré.»
A la madrugada del día siguiente, Abraham ensilló su asno, tomó consigo a dos de sus servidores y a su hijo Isaac, y después de cortar la leña para el holocausto, se dirigió hacia el lugar que Dios le había indicado. Al tercer día, alzando los ojos, divisó el lugar desde lejos, y dijo a sus servidores: «Quédense aquí con el asno, mientras yo y el muchacho seguimos adelante. Daremos culto a Dios, y después volveremos a reunirnos con ustedes.»
Abraham recogió la leña para el holocausto y la cargó sobre su hijo Isaac; él, por su parte, tomó en sus manos el fuego y el cuchillo, y siguieron caminando los dos juntos.
Isaac rompió el silencio y dijo a su padre Abraham: «¡Padre!»
El respondió: «Sí, hijo mío.» «Tenemos el fuego y la leña, continuó Isaac, pero ¿dónde está el cordero para el holocausto?»
«Dios proveerá el cordero para el holocausto», respondió Abraham. Y siguieron caminando los dos juntos.
Cuando llegaron al lugar que Dios le había indicado, Abraham erigió un altar, dispuso la leña, ató a su hijo Isaac, y lo puso sobre el altar encima de la leña. Luego extendió su mano y tomó el cuchillo para inmolar a su hijo. Pero el Ángel del Señor lo llamó desde el cielo: «¡Abraham, Abraham!» «Aquí estoy», respondió él.
Y el Ángel le dijo: «No pongas tu mano sobre el muchacho ni le hagas ningún daño. Ahora sé que temes a Dios, porque no me has negado ni siquiera a tu hijo único.»
Al levantar la vista, Abraham vio un carnero que tenía los cuernos enredados en una zarza. Entonces fue a tomar el carnero, y lo ofreció en holocausto en lugar de su hijo. Abraham llamó a ese lugar: «El Señor proveerá», y de allí se origina el siguiente dicho: «En la montaña del Señor se proveerá.»
Luego el Ángel del Señor llamó por segunda vez a Abraham desde el cielo, y le dijo: «Juro por mí mismo -oráculo del Señor- : porque has obrado de esa manera y no me has negado a tu hijo único, yo te colmaré de bendiciones y multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena que está a la orilla del mar. Tus descendientes conquistarán las ciudades de sus enemigos, y por tu descendencia se bendecirán todas las naciones de la tierra, ya que has obedecido mi voz.» Palabra de Dios.
Cantamos Salmo 9 “Prueben que bueno es el Señor”
Salmo 15, 5 y 8. 9-10. 11, R: Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti.
El Señor es el lote de mi heredad y mi copa, mi suerte
está en tu mano.
Tengo siempre presente al Señor, con él a mi derecha no vacilaré. R.
Por eso se me alegra el corazón, se gozan mis entrañas, y
mi carne descansa esperanzada. Porque no me abandonarás en la región de los
muertos ni dejarás a tu fiel ver la corrupción. R/.
Me enseñarás el sendero de la vida, me saciarás de gozo
en tu presencia, de alegría perpetua a tu derecha. R.
Lectura del libro del Éxodo 14, 15-15, 1
Después el Señor dijo a Moisés: «¿Por qué me invocas con esos gritos? Ordena a
los israelitas que reanuden la marcha. Y tú, con el bastón en alto, extiende tu
mano sobre el mar y divídelo en dos, para que puedan cruzarlo a pie. Yo voy a
endurecer el corazón de los egipcios, y ellos entrarán en el mar detrás de los
israelitas. Así me cubriré de gloria a expensas del Faraón y de su ejército, de
sus carros y de sus guerreros. Los egipcios sabrán que soy el Señor, cuando yo
me cubra de gloria a expensas del Faraón, de sus carros y de sus guerreros.»
El Ángel de Dios, que avanzaba al frente del campamento de Israel, retrocedió
hasta colocarse detrás de ellos; y la columna de nube se desplazó también de
adelante hacia atrás, interponiéndose entre el campamento egipcio y el de
Israel. La nube era tenebrosa para unos, mientras que para los otros iluminaba
la noche, de manera que en toda la noche no pudieron acercarse los unos a los
otros.
Entonces Moisés extendió su mano sobre el mar, y el Señor hizo retroceder el
mar con un fuerte viento del este, que sopló toda la noche y transformó el mar
en tierra seca. Las aguas se abrieron, y los israelitas entraron a pie en el
cauce del mar, mientras las aguas formaban una muralla, a derecha e izquierda.
Los egipcios los persiguieron, y toda la caballería del Faraón, sus carros y
sus guerreros, entraron detrás de ellos en medio del mar.
Cuando estaba por despuntar el alba, el Señor observó las tropas egipcias desde
la columna de fuego y de nube, y sembró la confusión entre ellos. Además, frenó
las ruedas de sus carros de guerra, haciendo que avanzaran con dificultad.
Los egipcios exclamaron: «Huyamos de Israel, porque el Señor combate en favor
de ellos contra Egipto.»
El Señor dijo a Moisés: «Extiende tu mano sobre el mar, para que las aguas se
vuelvan contra los egipcios, sus carros y sus guerreros.»
Moisés extendió su mano sobre el mar y, al amanecer, el mar volvió a su cauce.
Los egipcios ya habían emprendido la huida, pero se encontraron con las aguas,
y el Señor los hundió en el mar. Las aguas envolvieron totalmente a los carros
y a los guerreros de todo el ejército del Faraón que habían entrado en medio
del mar para perseguir a los israelitas. Ni uno solo se salvó. Los israelitas,
en cambio, fueron caminando por el cauce seco del mar, mientras las aguas
formaban una muralla, a derecha e izquierda.
Aquel día, el Señor salvó a Israel de las manos de los egipcios. Israel vio los
cadáveres de los egipcios que yacían a la orilla del mar, y fue testigo de la
hazaña que el Señor realizó contra Egipto. El pueblo temió al Señor, y creyó en
él y en Moisés, su servidor.
Entonces Moisés y los israelitas entonaron este canto en honor del Señor.
Salmo Ex 15 R. Cantaré
al Señor, que se ha cubierto de gloria.
«Cantaré al Señor, que se ha cubierto de gloria: él hundió en el mar los
caballos y los carros. El Señor es mi fuerza y mi protección, él me salvó. El
es mi Dios y yo lo glorifico, es el Dios de mi padre y yo proclamo su grandeza.
R.
El Señor es un guerrero, su nombre es "Señor".
El arrojó al mar los carros del Faraón y su ejército, lo mejor de sus soldados
se hundió en el Mar Rojo. R.
El abismo los cubrió, cayeron como una piedra en lo profundo del mar. Tu mano,
Señor, resplandece por su fuerza, tu mano, Señor, aniquila al enemigo. R.
Tú llevas a tu pueblo, y lo plantas en la montaña de tu herencia, en el lugar
que preparaste para tu morada, en el Santuario, Señor, que fundaron tus manos.
¡El Señor reina eternamente!» R.
Lectura de la profecía
de Ezequiel 36, 16-28
La palabra del Señor me llegó en estos términos.
Hijo de hombre, cuando el pueblo de Israel habitaba en su propio suelo, lo
contaminó con su conducta y sus acciones: su conducta era ante mí como la
impureza de una mujer en su menstruación. Entonces derramé mi furor sobre
ellos, por la sangre que habían derramado sobre el país y por los ídolos con
que lo habían contaminado. Los dispersé entre las naciones y ellos se
diseminaron por los países. Los juzgué según su conducta y sus acciones. Y al
llegar a las naciones adonde habían ido, profanaron mi santo Nombre, haciendo
que se dijera de ellos: «Son el pueblo del Señor, pero han tenido que salir de
su país.» Entonces yo tuve compasión de mi santo Nombre, que el pueblo de
Israel profanaba entre las naciones adonde había ido.
Por eso, di al pueblo de Israel: Así habla el Señor: Yo no obro por consideración
a ustedes, casa de Israel, sino por el honor de mi santo Nombre, que ustedes
han profanado entre las naciones adonde han ido. Yo santificaré mi gran Nombre,
profanado entre las naciones, profanado por ustedes. Y las naciones sabrán que
yo soy el Señor -oráculo del Señor- cuando manifieste mi santidad a la vista de
ellas, por medio de ustedes.
Yo los tomaré de entre las naciones, los reuniré de entre todos los países y
los llevaré a su propio suelo. Los rociaré con agua pura, y ustedes quedarán
purificados. Los purificaré de todas sus impurezas y de todos sus ídolos.
Les daré un corazón nuevo y pondré en ustedes un espíritu nuevo: les arrancaré
de su cuerpo el corazón de piedra y les daré un corazón de carne.
Infundiré mi espíritu en ustedes y haré que sigan mis preceptos, y que observen
y practiquen mis leyes. Ustedes habitarán en la tierra que yo he dado a sus
padres. Ustedes serán mi Pueblo y yo seré su Dios. Palabra de Dios.
Cantamos el Salmo 18
Salmo
responsorial Sal 41, 3. 5bcd; 42, 3. 4
R: Como busca la cierva
corrientes de agua, así mi alma te busca a ti, Dios mío
Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo: ¿cuándo entraré
a ver el rostro de Dios? R.
Cómo entraba en el recinto santo, cómo avanzaba hacia la
casa de Dios, entre cantos de júbilo y alabanza, en el bullicio de la fiesta.
R.
Envía tu luz y tu verdad: que ellas me guíen y me
conduzcan hasta tu monte santo, hasta tu morada. R.
Me acercaré al altar de Dios, al Dios de mi alegría; y te
daré gracias al son de la cítara, Dios, Dios mío. R.
Carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Roma 6, 3-11
Hermanos: ¿No saben ustedes que todos los que fuimos bautizados en Cristo Jesús,
nos hemos sumergido en su muerte? Por el bautismo fuimos sepultados con él en
la muerte, para que, así como Cristo resucitó por la gloria del Padre, también
nosotros llevemos una Vida nueva.
Porque si nos hemos identificado con Cristo por una muerte semejante a la suya,
también nos identificaremos con él en la resurrección. Comprendámoslo: nuestro
hombre viejo ha sido crucificado con él, para que fuera destruido este cuerpo
de pecado, y así dejáramos de ser esclavos del pecado. Porque el que está muerto,
no debe nada al pecado.
Pero si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él. Sabemos
que Cristo, después de resucitar, no muere más, porque la muerte ya no tiene
poder sobre él. Al morir, él murió al pecado, una vez por todas; y ahora que
vive, vive para Dios. Así también ustedes, considérense muertos al pecado y
vivos para Dios en Cristo Jesús. Palabra de Dios.
Salmo 117 R. Aleluia,
aleluia, aleluia.
¡Den gracias al Señor, porque es bueno, porque es eterno su amor! Que lo diga
el pueblo de Israel: ¡es eterno su amor! R.
La mano del Señor es sublime, la mano del Señor hace proezas. No, no moriré:
viviré para publicar lo que hizo el Señor. R.
La piedra que desecharon los constructores es ahora la piedra angular. Esto ha
sido hecho por el Señor y es admirable a nuestros ojos. R.
Santo Evangelio según san Mateo 28, 1-10
Pasado el sábado, al amanecer del primer día de la semana, María Magdalena y la otra María fueron a visitar el sepulcro. De pronto, se produjo un gran temblor de tierra: el Ángel del Señor bajó del cielo, hizo rodar la piedra del sepulcro y se sentó sobre ella. Su aspecto era como el de un relámpago y sus vestiduras eran blancas como la nieve. Al verlo, los guardias temblaron de espanto y quedaron como muertos. El Ángel dijo a las mujeres: «No teman, yo sé que ustedes buscan a Jesús, el Crucificado. No está aquí, porque ha resucitado como lo había dicho. Vengan a ver el lugar donde estaba, y vayan en seguida a decir a sus discípulos: “Ha resucitado de entre los muertos, e irá antes que ustedes a Galilea: allí lo verán”. Esto es lo que tenía que decirles». Las mujeres, atemorizadas pero llenas de alegría, se alejaron rápidamente del sepulcro y corrieron a dar la noticia a los discípulos. De pronto, Jesús salió a su encuentro y las saludó, diciendo: «Alégrense». Ellas se acercaron y, abrazándole los pies, se postraron delante de él. Y Jesús les dijo: «No teman; avisen a mis hermanos que vayan a Galilea, y allí me verán». Palabra del Señor
Círculo Bíblico San José






