Los discípulos conocen a
Jesús:
«Vengan verán», Juan 1, 35-42
Se nos
presentan dos momentos en la vida de los discípulos. El primero: su encuentro
con Jesús; y el segundo: la respuesta natural que nace de este encuentro.
Juan y Andrés siguen a Jesús, en un momento. Éste se
vuelve y les pregunta ¿Qué buscan? Los discípulos después le responden con otra
pregunta. Pero la respuesta que Cristo les da, parece que no resuelve su
interrogante. Sin embargo, la pedagogía de Jesús es diferente a la nuestra. Les
invita a que ellos mismos hagan la experiencia de convivir con Él, «Vengan verán»
No los fuerza. Respeta profundamente su
libertad. Hasta el punto de que ellos mismos vieron dónde vivía y decidieron
permanecer con Él. Lo que les atrajo no era tanto el lugar donde vivía el
Maestro, eso más bien era un pretexto para acercarse a Él y conocerlo más
íntimamente. Su testimonio les impactó tanto que interiormente lo único que
deseaban era quedarse a su lado.
Nadie puede hacer una verdadera experiencia de Cristo
y no quedar con alguna huella visible.
En este evangelio, se nos muestra cómo el conocimiento de Cristo los lleva a tener una necesidad muy grande de trasmitirlo a los demás. El mismo Andrés no duda en llevar la buena noticia de que han encontrado al Mesías a su hermano Simón, para después presentarlo con el Señor y que Cristo lo escoja para seguirlo también.
El apostolado brota en
todo corazón como una exigencia de quien ha experimentado el amor de Dios en su
alma y desea ardientemente que los demás también puedan gozar de este
maravilloso encuentro. Pues es sabido que lo fundamental no es saber cosas de la Biblia, sino
vivirlas y hacerlas actitudes y gestos concretos, actualizando la vida y el
proyecto del Señor Jesús.

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