Intención para la evangelización ‐

Intenciones de oración de Enero: Por el don de la diversidad en la Iglesia El Papa Francisco pide rezar al Espíritu Santo “para que nos ayude a reconocer el don de los diferentes carismas dentro de las comunidades cristianas y a descubrir la riqueza de las diferentes tradiciones rituales dentro de la Iglesia Católica”.

"Todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre"

"Todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre" Mt 7, 7-8. No sé qué quería, pero había algo en mí que me movía a buscar, tal vez que las cosas tengan sentido, y te encontré. Me cuestionaba sobre la vida y me diste tu sabiduría para que pueda encontrar alegría y paz. Ante mis miedos y dudas, te pido que me acompañes en mi peregrinar y me das tu Espíritu Santo, el mismo que te acompaño a vos, hoy me acompaña a mí, me asiste y guía. Hoy sigo buscando más de tu Palabra, de la Verdad y el camino, con la confianza puesta en vos, Dios mío, sé que estás presente en mi vida. Ven Señor Jesús, te necesito.

Del libro de la Sabiduría 6, 12-16

Del libro de la Sabiduría 6, 12-16: La Sabiduría es luminosa y nunca pierde su brillo: se deja contemplar fácilmente por los que la aman y encontrar por los que la buscan. Ella se anticipa a darse a conocer a los que la desean. El que madruga para buscarla no se fatigará, porque la encontrará sentada a su puerta. Meditar en ella es la perfección de la prudencia, y el que se desvela por su causa pronto quedará libre de inquietudes. La Sabiduría busca por todas partes a los que son dignos de ella, se les aparece con benevolencia en los caminos y le sale al encuentro en todos sus pensamientos.

viernes, 22 de junio de 2012

Décimo segundo Domingo durante el año, Natividad de San Juan Bautista


Lecturas del 24-06-12

– Ciclo B –
 

 
 
«…la mano del Señor estaba con él »
 
 
Lectura del libro del profeta Isaías 49, 1-6
¡Escúchenme, costas lejanas, presten atención, pueblos remotos! El Señor me llamó desde el seno materno, desde el vientre de mi madre pronunció mi nombre. El hizo de mi boca una espada afilada, me ocultó a la sombra de su mano; hizo de mí una flecha punzante, me escondió en su aljaba. El me dijo: «Tú eres mi Servidor, Israel, por ti yo me glorificaré.» Pero yo dije: «En vano me fatigué, para nada, inútilmente, he gastado mi fuerza.» Sin embargo, mi derecho está junto al Señor y mi retribución, junto a mi Dios.
Y ahora, ha hablado el Señor, el que me formó desde el seno materno para que yo sea su Servidor, para hacer que Jacob vuelva a él y se le reúna Israel.
Yo soy valioso a los ojos del Señor y mi Dios ha sido mi fortaleza. El dice: «Es demasiado poco que seas mi Servidor para restaurar a las tribus de Jacob y hacer volver a los sobrevivientes de Israel; yo te destino a ser la luz de las naciones, para que llegue mi salvación hasta los confines de la tierra.»
Palabra de Dios.
 
Salmo 138
R. Te doy gracias porque fui formado  de manera tan admirable.
 
Señor, tú me sondeas y me conoces, tú sabes si me siento o me levanto; de lejos percibes lo que pienso,  te das cuenta si camino o si descanso,
y todos mis pasos te son familiares.  
R.

Tú creaste mis entrañas, me plasmaste en el seno de mi madre: te doy gracias porque fui formado
 de manera tan admirable. ¡Qué maravillosas son tus obras!  
R.
 
Tú conocías hasta el fondo de mi alma y nada de mi ser se te ocultaba, cuando yo era formado en lo secreto, cuando era tejido en lo profundo de la tierra.  R.
 
Lectura  de Hechos de los apóstoles   13, 22-26
Pablo decía: «Cuando Dios desechó a Saúl, les suscitó como rey a David, e; hijo de Jesé, a un hombre conforme a mi corazón que cumplirá siempre mi voluntad. De la descendencia de David hizo surgir para Israel un Salvador, qué es Jesús.
Como preparación a su venida, Juan había predicado un bautismo de penitencia a todo el pueblo de Israel. Y al final de su carrera, Juan decía: "Yo no soy el que ustedes creen, pero sepan que después de mí viene aquel a quien yo no soy digno de desatar las sandalias".
Hermanos, este mensaje de salvación está dirigido a ustedes: los descendientes de Abraham y los que temen a Dios.»   Palabra de Dios.

Santo Evangelio según san Lucas 1, 57-66. 80
Cuando llegó el tiempo en que Isabel debía ser madre, dio a luz un hijo. Al enterarse sus vecinos y parientes de la gran misericordia con que Dios la había tratado, se alegraban con ella.
A los ocho días, se reunieron para circuncidar al niño, y querían llamarlo Zacarías, como su padre; pero la madre dijo: «No, debe llamarse Juan.»
Ellos le decían: «No hay nadie en tu familia que lleve ese nombre.» 
Entonces preguntaron por señas al padre qué nombre quería que le pusieran. Este pidió una pizarra y escribió: «Su nombre es Juan.»
Todos quedaron admirados. Y en ese mismo momento, Zacarías recuperó el habla y comenzó a alabar a Dios.        
Este acontecimiento produjo una gran impresión entre la gente de los alrededores, y se lo comentaba en toda la región montañosa de Judea. Todos los que se enteraron guardaban este recuerdo en su corazón y se decían: «¿Qué llegará a ser este niño?» Porque la mano del Señor estaba con él.   
El niño iba creciendo y se fortalecía en su espíritu; y vivió en lugares desiertos hasta el día en que se manifestó a Israel.  Palabra del Señor.
  
Reflexión   
 
La Iglesia celebra el Nacimiento  de San Juan Bautista ya desde el siglo IV. Juan, hijo de Zacarías e Isabel, pariente de la Virgen, es el Precursor de Jesucristo, y a esta misión consagra su vida entera. 
"Siendo rey de Judea Herodes Antipas, hubo un sacerdote, llamado Zacarías, casado con una mujer, llamada Isabel. Los dos eran justos y guardaban la ley de Dios. No tenían hijos y ambos eran ya viejos." Así lo relata en su primer capítulo el evangelio de san Lucas.  Le tocó en suerte a Zacarías ofrecer incienso al Señor, en el templo, sobre el altar. Y ese día el ángel Gabriel le habló:
-No temas, Zacarías, porque tu oración ha sido oída. Isabel, tu mujer, dará a luz a un hijo, al cual llamarás Juan, quien será grande delante de Dios.
- ¿Cómo puedo creer lo que me dices? - exclamó Zacarías.
- Yo soy Gabriel, uno de los Ángeles que asiste delante de Dios. Y he aquí que, en castigo de tu incredulidad, permanecerás mudo y no podrás hablar hasta el día en que todas estas cosas se realicen.
El niño nació seis meses antes que  Jesucristo. Sólo entonces Zacarías volvió a hablar, y fue para alabar a Dios.
Juan significa "aquel en quien habita la gracia". 
Juan viene a ser como la línea divisoria entre los dos Testamentos, el antiguo y el nuevo. Así lo atestigua el mismo Señor, cuando dice: La ley y los profetas llegaron hasta Juan. Por tanto, él es como la personificación de lo antiguo y el anuncio de lo nuevo. Porque personifica lo antiguo, nace de padres ancianos; porque personifica lo nuevo, es declarado profeta en el seno de su madre. Aún no ha nacido y, al venir la Virgen María, salta de gozo en las entrañas de su madre. Con ello queda ya señalada su misión, aun antes de nacer; queda demostrado de quién es precursor, antes de que él lo vea. Estas cosas pertenecen al orden de lo divino y sobrepasan la capacidad de la humana pequeñez. Finalmente, nace, se le impone el nombre, queda expedita la lengua de su padre. Estos acontecimientos hay que entenderlos con toda la fuerza de su significado.
 
"El cielo debe ganarse predicando. Tú eres el precursor". Toda la  vida de Juan está colmada de gracia divina. Juan fue colmado del Espíritu Santo en el vientre de la madre, al visitarla María.
Cuando se desató la persecución de Herodes, el pequeño tenía un año y medio. Se cree que Isabel huyó a las montañas más escondidas y allí vivió cuarenta días en una cueva, mientras Zacarías perdía la vida por no querer descubrir el sitio a los sicarios de Herodes.
Hasta el momento de iniciar su misión profética, Juan permaneció mucho tiempo en el desierto. Modernas investigaciones autorizan a creer que vivió con los esenios - una secta cenobítica del desierto de Judá entregada a los ayunos y la oración -, que ya practicaban el bautismo con agua, que Juan empleó con los que iban hacia él y que simbolizaba la purificación del espíritu.
Es el primer anacoreta inmediatamente precristiano. En soledad, oyó la voz del Señor: "El cielo debe ganarse predicando. Tú eres el precursor". Así se puso Juan a predicar y a bautizar, comenzando su misión en la otra parte del Jordán.
 
¿Para qué fue enviado Juan? La santidad del precursor era reconocida por todos; vino a la existencia para señalar a los hombres que Jesús era el Mesías prometido. Por eso se lo ha llamado el último profeta del antiguo testamento.
Un día ve Juan a Jesús venir hacia él. Y entonces dice: "He aquí el cordero de Dios, que quita el pecado del mundo". Y de él diría Jesús: "Entre los hombres nacidos de mujer, ninguno hay mayor que Juan".
 
Testigos de su luz. La misión de Juan el Bautista se caracteriza sobre todo por ser el Precursor, aquel que anuncia al Señor: “vino como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por él. No era la luz, sino el que había de dar testimonio de la luz”. Así empieza San Juan su evangelio, él que conoció a Jesús gracias a la preparación que recibió de San Juan Bautista.
El cántico de Zacarías, que recoge San Lucas en el capítulo 1 de su Evangelio profetiza  la misión de San Juan como heraldo del Altísimo y precursor del Mesías:
Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo, porque irás delante del Señor a preparar los caminos, anunciando a su pueblo la salvación, el perdón de sus pecados.
 
La predicación de Juan Bautista estaba en perfecta armonía con su vida austera. “Hagan penitencia, decía, porque está cerca el reino de los Cielos”. Sus palabras, acompañadas de su ejemplo, movían a todos los que lo oían.
La santidad de San Juan, su vida sacrificada y su predicación habían hecho que algunos de sus discípulos pensaran que él era el Mesías esperado. 
Le preguntaban:
- ¿Por qué bautizas si no eres el Cristo?
Y él respondía:
- Yo bautizo con agua, pero en medio de vosotros está aquel a quien no conocéis: el que viene después de mí, al que no soy digno de desatar el calzado.
 
Con su vida y sus palabras Juan dio testimonio de la verdad, sin tener miedo a los que tenían el poder político; sin desviarse por las alabanzas de las multitudes; sin ceder a las continuas presiones de los fariseos. Perdió su vida por reprochar al rey Herodes el hecho de que conviviese con la mujer de su hermano.
 
Hoy: El Señor quiere de nosotros que también seamos como el Bautista, testigos de su luz. Es la misma misión de Juan la que Jesús nos encomienda a nosotros en estos días, para que la ejerzamos en nuestros ambientes, en nuestros hogares y en nuestros trabajos: Preparen los caminos. Sean los que anuncian a los demás la venida del Reino de Dios.
 
La coherencia entre lo que creemos y nuestra conducta es la mejor enseñanza que nos deja la vida de San Juan. Nuestra devoción por el Santo debe llevarnos a aprender de él esa unidad de vida que lo llevó a no condescender con las injusticias y las ofensas al Señor.
 
Pidamos al Señor que seamos  como Juan, “la voz que clama en el desierto”. Que seamos Señor tu voz, en medio del mundo, en el ambiente y en el lugar que has querido que transcurra la existencia de cada uno de nosotros.
 
Oh, amado Jesús, ayúdame a esparcir Tu fragancia por donde quiera que vaya. Inunda mi alma con Tu Espíritu y Vida. Penetra y posee todo mi ser tan completamente, que mi vida entera sea un resplandor de la tuya. Brilla a través de mí y permanece tan dentro de mí, que cada alma con que me encuentre pueda sentir Tu presencia en la mía.  ¡Permite que no me vean a mí, sino solamente a Jesús!         Madre Teresa de Calcuta

“Te llamé a vivir”
 
Te preguntas, hijo mío, por qué existes, por qué vives, por qué te encuentras en este mundo.
Más de una vez te he sorprendido pensando que hubiera sido mejor no haber nacido.
Tus días están teñidos de tristeza, nada motiva una esperanza.
 
Hijo; Quiero decirte claramente que fui yo quien te llamó a la vida. Yo te concebí primero en mi inteligencia. Vives en mi corazón, desde el principio.
No viniste por casualidad, ni eres fruto del azar.
 
Te llamé a vivir. A ti.  Exclusivamente a ti. Te hice irrepetible. Nadie tiene tu misma voz, Ni tus mismos ojos, Ni tus mismos rasgos interiores.
 
Te di virtudes... ¿Las ha descubierto? Te di cualidades... ¿Las conoces? Te hice hermoso con mis propias manos. Te comuniqué mi vida. Deposité en ti mi propio amor con abundancia.
 
Te hice ver el paisaje y el color. Te di el oído para que escucharas el canto De los pájaros y la voz de los hombres. Te di la palabra para decir: “PADRE”, “MADRE”, “AMIGO”, “HERMANO”.
 
Te di mi amor más profundo. No sólo te di la vida, te estoy sosteniendo en ella, tú eres mi hijo amado.
 
Te conozco cuando respiras y te cuido cuando duermes. No lo dudes, mis ojos están puestos en tus ojos, mi mano la tengo colocada sobre tu cabeza.
 
TE AMO, aunque no me ames, ya lo sabes. Podrás ir donde puedas y donde quieras, hasta allá te seguirá mi amor y te sostendrá mi diestra.
O crees que yo, como PADRE, ¿puedo olvidar a mi hijo?
 
¡Ni lo sueñes! Desde que te hice ya no te puedo dejar solo. Camino contigo y sonrío contigo.  Vivo en ti. Te lo escribo de mil maneras y te lo digo al oído. 
Y en silencio: ERES MI HIJO. TE AMO. 
                                                        DIOS
  
 
Lecturas de la Semana
 
Lunes 25: 2 Rey.  17,5-8. 13-15.18; Sal 59;  Mt. 7, 1-5.
Martes 26: 2 Rey. 19, 9- 36;  Sal 47; Mt. 7, 6. 12-14.
Miércoles 27: 2Rey. 22, 8 - 23, 3; Sal 118; Mt. 7, 15-20.
Jueves 28: 2 Rey. 24, 8-17;  Sal 78; Mt. 7, 21-29.
Viernes 29:  Hech. 12, 1-11; Sal 33; 2 Tim. 4, 6-8. 17-18. Mt. 16, 13-19.
Sábado 30: Lam. 2, 2. 10-14. 18-19; Sal 73; Mt. 8, 5-17.
 
Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las lecturas: El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y María.
 
 
Círculo Peregrino: queremos compartir con vos la Palabra del Señor, por eso podemos ir a tu casa a visitarte a vos o algún familiar enfermo.
Lectio Divina: También podes venir para compartirla  el primer sábado de cada mes a las 16 hs. en:       
 
Círculo Bíblico San José
Parroquia San José:
Brandsen 4970 Villa Domínico.
 
 
Si  querés recibir la hojita por e-mail pedila a: miencuentroconjesus@yahoo.com.ar
 

viernes, 15 de junio de 2012

Décimo primer Domingo durante el año, «El Reino de Dios es como… »


Lecturas del 17-06-12

– Ciclo B –
 
 

 

Lectura de la profecía de Ezequiel 17, 22-24
Así habla el Señor: Yo también tomaré la copa de un gran cedro, cortaré un brote de la más alta de sus ramas, y lo plantaré en una montaña muy elevada:  Lo plantaré en la montaña más alta de Israel. El echará ramas y producirá frutos, y se convertirá en un magnífico cedro. Pájaros de todas clases anidarán en él, habitarán a la sombra de sus ramas.
Y todos los árboles del campo sabrán que yo, el Señor, humillo al árbol elevado y exalto al árbol humillado, hago secar el árbol verde y reverdecer al árbol seco. Yo, el Señor, lo he dicho y lo haré.
Palabra de Dios.

Salmo 91
R. Es bueno darte gracias, Señor.
 
Es bueno dar gracias al Señor, y cantar, Dios Altísimo, a tu Nombre; proclamar tu amor de madrugada, y tu fidelidad en las vigilias de la noche.  R.El justo florecerá como la palmera, crecerá como los cedros del Líbano: trasplantado en la Casa del Señor, florecerá en los atrios de nuestro Dios.  R.
En la vejez seguirá dando frutos, se mantendrá fresco y frondoso, para proclamar qué justo es el Señor, mi Roca, en quien no existe la maldad.  R.
 
2º carta de San Pablo a los Corintios 5, 6-10
Hermanos: Nosotros nos sentimos plenamente seguros, sabiendo que habitar en este cuerpo es vivir en el exilio, lejos del Señor; porque nosotros caminamos en la fe y todavía no vemos claramente.
Sí, nos sentimos plenamente seguros, y por eso, preferimos dejar este cuerpo para estar junto al Señor; en definitiva, sea que vivamos en este cuerpo o fuera de él, nuestro único deseo es agradarlo.
Porque todos debemos comparecer ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba, de acuerdo con sus obras buenas o malas, lo que mereció durante su vida mortal.
Palabra de Dios.
 
Santo Evangelio según san Marcos 4, 26-34
Jesús decía a la multitud: «El Reino de Dios es como un hombre que echa la semilla en la tierra: sea que duerma o se levante, de noche y de día, la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo. La tierra por sí misma produce primero un tallo, luego una espiga, y al fin grano abundante en la espiga. Cuando el fruto está a punto, él aplica en seguida la hoz, porque ha llegado el tiempo de la cosecha.» También decía: « ¿Con qué podríamos comparar el Reino de Dios? ¿Qué parábola nos servirá para representarlo? Se parece a un grano de mostaza. Cuando se la siembra, es la más pequeña de todas las semillas de la tierra, pero, una vez sembrada, crece y llega a ser la más grande de todas las hortalizas, y extiende tanto sus ramas que los pájaros del cielo se cobijan a su sombra.»
Y con muchas parábolas como estas les anunciaba la Palabra, en la medida en que ellos podían comprender. No les hablaba sino en parábolas, pero a sus propios discípulos, en privado, les explicaba todo.  Palabra del Señor.

Reflexión:
 
En el evangelio de hoy el tema del Reino es el protagonista de las parábolas de Jesús. En realidad sabemos que el tema del Reino fue la pasión, la manía, el estribillo, la obsesión de Jesús. Porque fue también «Su Causa», la Causa por la que vivió y luchó, la causa por la que fue perseguido, capturado, condenado y ejecutado. Para comprender a Jesús, no hay nada más importante que tratar de comprender el Reino y la relación de Jesús con él. Es por eso que nos preguntamos ¿qué es el Reino de Dios?
 
Jesús se presenta con su Mensaje al pueblo (1) Después de treinta años (Lc. 3,22) de vida escondida en Nazaret, Jesús se presenta al pueblo con su mensaje (Lc. 4,18). En Nazaret, Él ha convivido largos años (Lc. 2,51-52) con los campesinos de Galilea, explotados por el sistema de los impuestos heredados de los persas y de los griegos y por el latifundio creado por los romanos.
Él era carpintero (Mc. 6,3). Mientras crecía (Lc. 2,40) en sabiduría, edad y estatura delante de Dios y de los hombres, presenciaba las explosiones de violencia tan numerosas, entonces en Galilea, la progresiva organización de los guerrilleros zelotes, la transferencia de la capital de su región a Tiberíades, las tentativas infructuosas de los romanos para reducir a la obediencia al pueblo rebelde de Galilea.
Veía cómo los escribas y fariseos reunían y organizaban al pueblo en torno a las sinagogas, enseñándoles la tradición de los antiguos Mc. (7,1-5), dándoles fuerza para resistir, preparándolos para la próxima venida del Mesías, aguardada por todos como inminente. Veía también cómo ellos, en lugar de enseñar la ley de Dios y mostrar el rostro verdadero del Padre, los escondían tras una cortina espesa de normas y obligaciones que hacían imposible la observancia de la ley para los pobres (Mc. 7,6-13). Estos se veían condenados por sus líderes como ignorantes (Jn 7,49) y pecadores y que el Reino de Dios no era para ellos.
 
Veía también Jesús la piedad confusa y resistente de los pobres, tan bien expresada en el cántico de María (Lc. 1,46-55) y en la esperanza difusa de un nuevo éxodo. Los pobres esperaban que llegase el tiempo de la liberación prometida desde los tiempos antiguos.
Creciendo en medio de esta realidad conflictiva de explotación económica, de explosiones sociales, de desintegración creciente de las instituciones, de explosiones mesiánicas, Jesús, unido al Padre, se convierte en alumno de los acontecimientos, descubre dentro de ellos la llegada de la hora de Dios y anuncia al pueblo: "El plazo se ha vencido. El Reino de Dios está cerca. Conviértanse y crean en la Buena Nueva" (Mc. 1,15).
 
Jesús presenta su programa de predicación del Reino en la sinagoga de Nazaret: "El Espíritu del Señor está sobre mí: el Señor me consagró por su Espíritu. Me envió a traer la Buena Nueva a los pobres, a anunciar a los cautivos su libertad y devolver la luz a los ciegos; a despedir libres a los oprimidos y a proclamar un año de  gracia del Señor" (Lc. 4,18-19).
 
Según el evangelio de Marcos la Buena Nueva del Reino anunciada por Jesús tiene como primer efecto reunir a las personas en torno a Jesús y entre sí, esto es, la formación de comunidades (Mc. 1,16-20). El segundo efecto es hacer nacer conciencia crítica en el pueblo oprimido frente a sus líderes (Mc. 1,21-22). El tercer efecto es combatir el poder del mal, expulsarlo, y así liberar al hombre (Mc. 1,23-28). El cuarto es restaurar y salvar la vida del pueblo para el servicio (Mc. 1,29-34). El quinto efecto es permanecer unido a la raíz que es el Padre, a través de la oración (Mc. 1,35). El sexto es mantener la conciencia de la misión y no encerrarse en los resultados obtenidos (Mc. 1,36-39). El séptimo resultado es liberar y reintegrar en la sociedad a los marginados ((Mc. 1,40-45).
Jesús se presenta como el que viene a realizar las esperanzas del pueblo fomentadas y alimentadas, a lo largo de los siglos, por los profetas. El se presenta como el Mesías-Siervo anunciado por Isaías (Is 42,1-9; 61,1-2). Propone la realización del Año del Jubileo, es decir, "el año de gracia del Señor".
Experimentar la Presencia del Reino. En el evangelio de hoy Jesús, nos cuenta dos pequeñas historias que acontecen todos los días en la vida de la gente de su pueblo,  se sirve de las cosas pequeñas para actuar en el mundo y en las almas de los hombres.
Es precioso ver cómo Jesús busca en la vida y en los acontecimientos de la gente de su entorno, elementos e imágenes que puedan ayudarlos a percibir y experimentar la presencia del Reino. Con el motivo de descubrir las cosas de Dios en la vida diaria, ya que lo extraordinario de Dios se esconde en las cosas ordinarias y comunes de la vida de cada día. La gente entendía las cosas de la vida. En las parábolas recibía la llave para abrirla y encontrar los signos de Dios.
La gran virtud de las parábolas es la de superar los obstáculos más obvios e inmediatos del entendimiento. Una parábola es un arco que se eleva por el aire y cae justo en su objetivo, evadiendo los obstáculos, enfocándose a su meta. Las parábolas de Jesús tienen un efecto similar. Frente a las interpretaciones oscuras y cargadas de sanciones con las que los maestros de la ley solían responder a sus interlocutores, las palabras de Jesús se imponen con una claridad demoledora. Frente a las intrincadas y sofisticadas interpretaciones de los maestros griegos, las enseñanzas de Jesús se presentan con una evidencia incontrovertible. Las palabras de Jesús hablan de la vida cotidiana: el campesino que salva su cosecha; de la persona que al cocinar administra con tino y prudencia la sal.
 
El Reino de Dios es Dios. (2) En las enseñanzas de Jesús está implícito - como una condición fundamentalmente propia - el anuncio del Dios viviente. La palabra clave del anuncio de Jesús es: Reino de Dios. Sin embargo, Reino de Dios no es una cosa, una estructura social o política, una utopía. El Reino de Dios es Dios. Reino de Dios quiere decir: Dios existe. Dios vive. Dios está presente y actúa en el mundo, en nuestra vida - en mi vida. Dios no es una lejana "causa última", Dios no es el "gran arquitecto" del deísmo que ha construido la máquina del mundo y ahora estaría fuera - por el contrario Dios es la realidad más presente y decisiva en cada acto de mi vida, en cada momento de la historia.-
 
La primera parábola habla de la fuerza interna de la semilla, que opera prácticamente sin que el campesino se percate. Si la semilla encuentra las condiciones favorables, florecerá. La labor del campesino se limita a preparar el terreno para que ofrezca esas condiciones que hacen posible el cultivo; a los cuidados indispensables para que la semilla germine y se fortalezca, y a la acción oportuna para cosechar los frutos. De manera semejante opera la acción del cristiano, favoreciendo la implantación de la semilla del Reino.
 
La siembra de la semilla (3). El Señor ha escogido la figura de una semilla para explicarnos la presencia oculta del reino entre nosotros. Mirando una semilla nos damos cuenta de que ya tenemos la planta o el árbol en nuestras manos, pero no inmediatamente sino después de una espera y una evolución. La semilla contiene ya en ella la planta que deberá ser, pero sólo en germen, con  una potencia que puede desarrollarse hasta llegar a tener una dimensión miles de veces mayor que la que tenía en sus comienzos.
 
Así  es el reino de Dios. Fue implantado por Jesús cuando derramó su Palabra, reunió a los primeros discípulos y entregó su vida para morir y resucitar por nosotros. En la persona de Jesús se hizo presente el reino, y Él es el comienzo de la nueva humanidad. En la pequeña comunidad de los discípulos se comienza a vivir la nueva creación y se ven signos de que el reino ya está viniendo. Entre los cristianos se hace presente el Padre otorgando su perdón y su amor. Jesús congrega en su cuerpo resucitado a todos los creyentes para  que formen una nueva comunidad donde todos sean hijos de Dios y hermanos entre sí. El Espíritu de Dios suscita los carismas y hace producir frutos de santidad. Cada vez que los discípulos se reúnen es para escuchar la palabra de Dios y para participar en el comienzo del banquete del cielo, recibiendo el pan en el que se hace presente el mismo Jesús como alimento de vida eterna. La comunidad debe llevar ya los rasgos de alegría y de libertad que caracteriza a los hijos de Dios, el amor mutuo tiene que ser el aspecto más destacado en la vida de los cristianos.
 
Pero si es verdad que todos esos rasgos indican de alguna manera que el reino se está haciendo presente en medio de los hombres, también es verdad que esos rasgos son muy modestos, y que además se dan con muchos contrastes y limitaciones porque junto  a los ejemplos de santidad se verifican también las sombras del pecado. 
 
Pero las parábolas de Jesús nos enseñan que a pesar de todas estas sombras, el reino ya está presente y –aunque nos haga esperar- llegará el momento en que se manifestará en su plenitud.
La  semilla de mostaza (3). La segunda parábola de esta lectura trata también sobre una semilla, pero en este caso, no es una semilla de trigo sino de mostaza. Se señala a propósito que es la más pequeña de las semillas que hay en el mundo. En realidad es una semilla muy pequeña, que mide aproximadamente un milímetro, pero que al crecer es un arbusto bastante considerable (en la zona del lago de Galilea llega a tener aproximadamente un metro y medio o dos metros), que contrasta con sus comienzos.
Como la parábola anterior, también ésta termina con una frase de un profeta. En este caso es una expresión del libro de profeta Ezequiel, tomada de la perícopa que se ha proclamado en la primera lectura de este día, en la que se describe el reino futuro como un gran cedro que será plantado en la tierra de Israel, y será tan grande que los pájaros irán a habitar a su sombra.
Esta parábola parece continuar y completar la idea ya anunciada en la precedente. En este caso se quiere mostrar el contraste entre los humildes comienzos y la grandeza del final. Con la parábola se responde a los impacientes que dudan de la venida del reino porque todavía no ven sus signos o ven que lo que se presenta como reino es todavía algo muy pequeño o muy humilde.
A los contemporáneos de Jesús se les decía que el reino ya se hacía presente. Pero solamente veían a Jesús, que aparentemente no era más que un hombre como los demás. Era necesaria la fe para comprender que en Él estaba realmente el mismo Dios.
También a los primeros discípulos de los apóstoles se les enseñaba que la comunidad que había fundado Jesús debía mostrar los primeros signos de la presencia del reino. Vivir en la Iglesia era comenzar a vivir con el espíritu del reino, ya que éste se debía manifestar en el grupo de los seguidores de Jesús. Pero esta comunidad cristiana primitiva era muy modesta, tenía muchas deficiencias y además sufría persecuciones. Muchos impacientes se sentían con derecho a preguntarse si era verdad que el reino se estaba haciendo presente en la comunidad cristiana, ya que los signos eran tan poco promisorios.

 
Hoy. No nos deben desanimar los obstáculos del medio que nos rodea. El Señor cuenta con nosotros para transformar el lugar donde se desenvuelve nuestro vivir cotidiano. No dejemos de llevar a cabo aquello que está en nuestras manos, aunque nos parezca poca cosa -tan poca cosa como unos insignificantes granos de mostaza- porque el Señor mismo hará crecer nuestro empeño, y la oración y el sacrificio que hayamos puesto, darán sus frutos.
El Reino de Dios, incluye en sí mismo un principio de desarrollo, una fuerza interna, que lo llevará hasta su total perfección; pero ese desarrollo del Reino, no es algo que deba realizarse prescindiendo de nosotros, sino que somos nosotros los que debemos poner las condiciones necesarias, para que el Reino llegue a su total desarrollo en nosotros y en los demás.
Habrá muchos fracasos, habrá luchas, pero el crecimiento del reino de Dios, tiene el éxito asegurado.
 
Por eso hoy vamos a pedirle al Señor, que pongamos nuestro esfuerzo, pequeño, insignificante, al servicio de su Reino. Y pidamos a María, Madre de los apóstoles, que nos ayude a perseverar en nuestras tareas apostólicas, para que crezcan como la planta nacida de la semilla de mostaza.
 
Lecturas de la Semana
Lunes 18: 1 Rey  21,1-9; Sal 5;  Mt. 5, 38-42.
Martes 19: 1 Rey. 21, 17-29;  Sal 50; Mt. 5, 43-48.
Miércoles 20: 2Rey. 2, 1. 6-14; Sal 30; Mt. 6, 1-6. 16-18.
Jueves 21: Ecle. 48, 1-14;  Sal 96; Mt. 6, 7-15.
Viernes 22:  2 Rey 11, 1-18. 20; Sal 131; Mt. 6, 19-23.
Sábado 23: 2 Crón. 24, 17-25; Sal 88; Mt. 6, 24-34.
 
Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las lecturas: El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y María. (1) Carlos Mesters, La practica liberadora de Jesús. (2)Cardenal Joseph Ratzinger. (3) Luis H. Rivas: Jesús habla a su Pueblo
 
 
Círculo Peregrino: queremos compartir con vos la Palabra del Señor, por eso podemos ir a tu casa a visitarte a vos o algún familiar enfermo.
Lectio Divina: También podes venir para compartirla  el primer sábado de cada mes a las 16 hs. en:       
 
Círculo Bíblico San José
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viernes, 8 de junio de 2012

Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo, Tomen, esto es mi Cuerpo...


Lecturas del 10-06-12
”– Ciclo B –
Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo
 


«Tomen, esto es mi Cuerpo, y ésta es mi Sangre, la Sangre de la Alianza, que se derrama por muchos »


Lectura del libro del Éxodo 24, 3-8
Moisés fue a comunicar al pueblo todas las palabras y prescripciones del Señor, y el pueblo respondió a una sola voz: «Estamos decididos a poner en práctica todas las palabras que ha dicho el Señor.»Moisés consignó por escrito las palabras del Señor, y a la mañana siguiente, bien temprano, levantó un altar al pie de la montaña y erigió doce piedras en representación de las doce tribus de Israel. Después designó a un grupo de jóvenes israelitas, y ellos ofrecieron holocaustos e inmolaron terneros al Señor, en sacrificio de comunión. Moisés tomó la mitad de la sangre, la puso en unos recipientes, y derramó la otra mitad sobre el altar. Luego tomó el documento de la alianza y lo leyó delante del pueblo, el cual exclamó: «Estamos resueltos a poner en práctica y a obedecer todo lo que el Señor ha dicho.»               
Entonces Moisés tomó la sangre y roció con ella al pueblo, diciendo: «Esta es la sangre de la alianza que ahora el Señor hace con ustedes, según lo establecido en estas cláusulas.» 
Palabra de Dios.

Salmo 115          
R. Alzaré la copa de la salvación e invocaré el nombre del Señor.    

¿Con qué pagaré al Señor todo el bien que me hizo? Alzaré la copa de la salvación e invocaré el nombre del Señor. R.        ¡Qué penosa es para el Señor la muerte de sus amigos! Yo, Señor, soy tu servidor, tu servidor, lo mismo que mi madre: por eso rompiste mis cadenas. R.    Te ofreceré un sacrificio de alabanza, e invocaré el nombre del Señor. Cumpliré mis votos al Señor, en presencia de todo su pueblo. R.               
Lectura de la carta a los Hebreos 9, 11-15
Hermanos: Cristo, en cambio, ha venido como Sumo Sacerdote de los bienes futuros. El, a través de una Morada más excelente y perfecta que la antigua -no construida por manos humanas, es decir, no de este mundo creado- entró de una vez por todas en el Santuario, no por la sangre de chivos y terneros, sino por su propia sangre, obteniéndonos así una redención eterna.
Porque si la sangre de chivos y toros y la ceniza de ternera, con que se rocía a los que están contaminados por el pecado, los santifica, obteniéndoles la pureza externa, ¡cuánto más la sangre de Cristo, que por obra del Espíritu eterno se ofreció sin mancha a Dios, purificará nuestra conciencia de las obras que llevan a la muerte, para permitirnos tributar culto al Dios viviente!
Por eso, Cristo es mediador de una Nueva Alianza entre Dios y los hombres, a fin de que, habiendo muerto para redención de los pecados cometidos en la primera Alianza, los que son llamados reciban la herencia eterna que ha sido prometida.
Palabra de Dios.  
Evangelio según san Marcos 14, 12-16. 22-26
El primer día de la fiesta de los panes Ácimos, cuando se inmolaba la víctima pascual, los discípulos dijeron a Jesús: «¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la comida pascual?» El envió a dos de sus discípulos, diciéndoles: «Vayan a la ciudad; allí se encontrarán con un hombre que lleva un cántaro de agua. Síganlo, y díganle al dueño de la casa donde entre: El Maestro dice: "¿Dónde está mi sala, en la que voy a comer el cordero pascual con mis discípulos?" El les mostrará en el piso alto una pieza grande, arreglada con almohadones y ya dispuesta; prepárennos allí lo necesario.»  
Los discípulos partieron y, al llegar a la ciudad, encontraron todo como Jesús les había dicho y prepararon la Pascua.           
Mientras comían, Jesús tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo: «Tomen, esto es mi Cuerpo.» Después tomó una copa, dio gracias y se la entregó, y todos bebieron de ella. Y les dijo: «Esta es mi Sangre, la Sangre de la Alianza, que se derrama por muchos. Les aseguro que no beberé más del fruto de la vid hasta el día en que beba el vino nuevo en el Reino de Dios.» Palabra del Señor.             
Reflexión:Este domingo la Liturgia de la Iglesia celebra la Solemnidad del Corpus Christi, es decir la memoria particular de la presencia real de Jesús en el Pan y el Vino consagrado. Y este día, nos invita a la meditación, para que descubramos la necesidad que tenemos en nuestras vidas de alimentarnos, de recibir el Pan de Vida, en que es el propio Jesús que nos alimenta en cada Eucaristía.      
En esta solemnidad del Corpus Christi uno de los temas es la alianza de Dios con los hombres. Esta alianza nace del amor, siempre fiel de Dios, atraviesa toda la historia de la salvación y encuentra en los hechos del Sinaí, un momento de particular importancia. En efecto, en el Sinaí se estipula de modo solemne una alianza que ya existía, pero que no había sido aún formalizada. Moisés, el mediador, lee las leyes (el decálogo), el pueblo acepta, se erige un altar, se ofrecen sacrificios y se rocía la sangre sobre el altar y el pueblo. Así, la alianza queda sellada. Sin embargo, esto no era sino figura de la nueva alianza que encuentra en Cristo su culminación como sacerdote de los bienes futuros, quien ya no ofrece sacrificios y sangre de animales, sino su propia sangre. En la última cena Cristo anticipa sacramentalmente su oblación, y establece, por medio de su cuerpo y de su sangre, la Nueva Alianza, la definitiva, aquella que nos da la plena revelación del rostro misericordioso de Dios y la salvación del género humano.           
En el evangelio se nos revela el misterio de la Eucaristía en el marco de la Pasión del Señor, y  podemos ver:         

• El ofrecimiento ritual. Este era un elemento muy común en la fe de la antigua alianza. Era el ofrecimiento ritual del cordero que cada familia sacrificaba. El sacrificio es un “regalo” que se hace a Dios esperando recibir de Él su gracia y bendición. La comunidad cristiana va comprendiendo que detrás de este cordero sacrificado está el mismo Jesús, Dios, Señor y Mesías, ofreciendo su propio Cuerpo y su Sangre.

• La Nueva Pascua. Jesús quiere que esta Pascua tan particular se prepare como es debido, con todos los detalles que manda la ley y la tradición de los antepasados. Era común que cada familia se reuniera para comer en forma ritual el cordero que se había sacrificado en el Templo de Jerusalén. Jesús que es cabeza de esta nueva familia decide comer el cordero con sus Doce Apóstoles.
Pero la Cena Pascual Judía se convierte en un nuevo rito: Jesús mismo es el Cordero que tomando el pan y la copa pronuncia la bendición ritual desde una nueva perspectiva.             
• El pan representa simbólicamente todo lo que el hombre necesita para vivir. Es signo del alimento, de lo necesario para el hombre en su caminar histórico. En esta Cena queda claramente remarcada la identificación del Pan con el Cuerpo de Cristo. Los discípulos comprenden que en el pan que se les entrega está Jesús mismo. Todos los que coman de este pan entrarán en comunión con Él.
• El vino simboliza la fiesta y la alegría. El pan representa lo necesario; el vino representa lo gratuito. Para la concepción semita en general en la sangre está la vida por eso Jesús entrega su vida en este episodio. Literalmente el relato dice sangre “derramada” haciendo referencia a la futura muerte que Jesús va a padecer por todos.           

El efecto más importante de la Sagrada Eucaristía es la íntima unión con Jesucristo. El mismo nombre de Comunión indica esta participación unitiva en la vida del Señor. Si en todos los sacramentos, por medio de la gracia que nos confieren, se consolida nuestra unión con Jesús, esta es más intensa en la Eucaristía, puesto que no sólo nos da la gracia, sino al mismo Autor de la gracia: “Participando realmente del Cuerpo del Señor en la fracción del pan eucarístico, somos elevados a una comunión con Él y entre nosotros”.      Porque, como dice S. Pablo en la carta a los corintios, “el pan es uno, nosotros somos muchos que formamos un solo cuerpo, y todos participamos de un único pan”. Precisamente, por ser la Eucaristía el sacramento que mejor significa y realiza nuestra unión con Cristo, es a la vez donde toda la Iglesia muestra y lleva a cabo su unidad.
«En la cena, Jesús ofrece el pan («tomad”) y explica que es su cuerpo. En la cultura judía «cuerpo» (en gr. soma) significaba la persona en cuanto identidad, presencia y actividad; en consecuencia, al invitar a tomar el pan/cuerpo, invita Jesús a asimilarse a él, a aceptar su persona y actividad histórica como norma de vida; él mismo da la fuerza para ello, al hacer pan/alimento. El efecto que produce el pan en la vida humana es el que produce Jesús en sus discípulos. Después de darle de beber, Jesús dice que «ésa es la sangre de la alianza que se derrama por todos». «Beber de la copa» lleva consigo aceptar la muerte de Jesús y comprometerse con él y como él a dar la vida, si fuese necesario, por los otros.   
«Comer el pan» y «beber la copa» son actos inseparables; es decir, que no se puede aceptar la vida de Jesús sin aceptar su entrega hasta el fin, y que el compromiso de quien sigue a Jesús incluye una entrega como la suya. Éste es el verdadero significado de la eucaristía.                 

En esta fiesta de Corpus Christi, es una oportunidad única de meditar el alimento que se nos ofrece en cada misa, y hagamos el propósito de recibir con más frecuencia y mejor preparados, a Jesús que se nos ofrece en la Comunión y de esa forma tener la fuerza para darnos nosotros mismos a los demás.         
Historia de un hombre llamado Víctor.


 
Al cabo de meses de encontrarse sin trabajo, se vio obligado a recurrir a la mendicidad para sobrevivir, cosa que detestaba profundamente.
Una fría noche de invierno se encontraba en las inmediaciones de un club privado cuando observó a un hombre y a su esposa que entraban al mismo.
Víctor le pedía al hombre unas monedas para poder comprarse algo de comer.- Lo siento, amigo, pero no tengo nada de cambio -replicó éste. La mujer, que oyó la conversación, preguntó:- ¿Qué quería ese pobre hombre?- Dinero para una comida. Dijo que tenía hambre -respondió su marido.
Lorenzo, no podemos entrar a comer una comida suntuosa que no necesitamos y… ¡dejar a un hombre hambriento aquí afuera!- Hoy en día: ¡hay un mendigo en cada esquina! Seguro que quiere el dinero para beber.- ¡Yo tengo un poco de cambio!  Le daré algo.
Avergonzado, quería alejarse corriendo de allí; pero en ese momento oyó la amable voz de la mujer que le decía:
   - Aquí tiene unas monedas. Consígase algo de comer. Aunque la situación está difícil, no pierda las esperanzas. En alguna parte hay un empleo para usted. Espero que pronto lo encuentre.
¡Muchas gracias, señora! Me ha dado usted ocasión de comenzar de nuevo y me ha ayudado a cobrar ánimo. Jamás olvidaré su gentileza.
- Estará usted comiendo el “pan de Cristo”. Compártalo -dijo ella con una cálida sonrisa dirigida más bien a un hombre y no a un mendigo. Víctor sintió como si una descarga eléctrica le recorriera el cuerpo.
Encontró un lugar barato donde comer, gastó la mitad de lo que la señora le había dado y resolvió guardar lo que le sobraba para otro día. Comería el pan de Cristo dos días. Una vez más, aquella descarga eléctrica corría por su interior. ¡El pan de Cristo!
¡Un momento! -pensó-. No puedo guardarme el pan de Cristo solamente para mí mismo. Le parecía estar escuchando el eco de un viejo himno que había aprendido en la escuela dominical.                                                                    En ese momento pasó a su lado un anciano. Quizás ese pobre anciano tenga hambre -pensó-. Tengo que compartir el “pan de Cristo”. Víctor lo invitó a servirse algo. El viejo se dio vuelta y lo miró con descreimiento.-¿Habla usted en serio, amigo? El hombre no lo podía creer hasta que se sentó a una mesa cubierta con un hule y le pusieron un plato de guiso caliente. Durante la cena, Víctor notó que el hombre envolvía un pedazo de pan en su servilleta de papel.
¿Está guardando un poco para mañana? -le preguntó.
 -No, no. Es que hay un chico que conozco que estaba llorando porque tenía hambre. Le voy a llevar el “pan de Cristo”. Recordó de nuevo las palabras de la mujer y tuvo la extraña sensación de que había un tercer convidado sentado a aquella mesa.
A lo lejos las campanas de la iglesia entonaban el viejo himno que le había sonado antes en la cabeza. Los dos hombres llevaron el pan al niño hambriento, que comenzó a engullírselo. De golpe se detuvo y llamó a un perro, un perro perdido y asustado.-Aquí tienes, perrito. Te doy la mitad -dijo el niño, “el pan de Cristo”.
Alcanzará también para el perrito. El niño había cambiado totalmente de semblante. Se puso de pie y comenzó a vender el periódico con entusiasmo.
   -Hasta luego -dijo Víctor al viejo-.
En alguna parte hay un empleo para usted. Pronto dará con él. No desespere. Esto que hemos comido es el “pan de Cristo”. Una señora me lo dijo cuando me dio aquellas monedas para comprarlo. ¡El futuro nos deparará algo bueno! Al alejarse el viejo, Víctor se dio vuelta y se encontró con el perro que le olfateaba la pierna. Se agachó para acariciarlo y descubrió que tenía un collar que llevaba grabado el nombre del dueño.
Víctor recorrió el largo camino hasta la casa del dueño del perro y llamó a la puerta. Al salir éste y ver que había encontrado a su perro, se puso contentísimo.
De golpe la expresión de su rostro  cambió. Estaba por reprocharle a Víctor que seguramente había robado el perro para cobrar la recompensa, pero no lo hizo. Víctor ostentaba un cierto aire de dignidad que lo detuvo. En cambio dijo: -En el periódico vespertino de ayer ofrecí una recompensa. ¡Aquí tiene! Víctor miró el billete medio aturdido.
-No puedo aceptarlo -dijo quedamente-. Sólo quería hacerle un bien al perro.-Téngalo! Para mí lo que usted hizo vale mucho más que eso.
¿Le interesará un empleo? Venga a mi oficina mañana. ¡Me hace mucha falta una persona íntegra como usted!
 Y le pasó una tarjeta con la dirección.
Al volver a emprender Víctor la caminata por la avenida, aquel viejo himno que recordaba de su niñez volvió a sonarle en el alma.   Se titulaba: “Parte el Pan de Vida”…
"NO TE CANSES DE DAR, PERO NO LAS SOBRAS, HAY QUE DAR HASTA SENTIRLO, HASTA QUE DUELA".
QUE EL SEÑOR NOS CONCEDA LA GRACIA DE TOMAR NUESTRA CRUZ   Y SEGUIRLO, AUNQUE DUELA.
 
 
Lecturas de la Semana
Lunes 11: Hech 11, 21b-26; 13, 1-3; Sal 97;  Mc. 10, 7-13.
Martes 12: 1 Rey. 17, 7-16;  Sal 4; Mt. 5, 13-16.
Miércoles 131Rey. 18, 20-39; Sal 15; Mt. 5, 17-19.
Jueves 14: 1 Rey 18, 1-2. 41-46;  Sal 64; Mt. 5, 20-26.
Viernes 15:  Os. 11, 3-4.8-9; Sal Is. 12. 2-3; 4-6; Ef. 3, 8-12. 14-19; Jn. 19, 31-37.
Sábado 16: Is.  61, 9-11; Sal 1Sam 2, 1. 4-8; Lc. 2, 41-51.
 
 
 
Círculo Peregrino: queremos compartir con vos la Palabra del Señor, por eso podemos ir a tu casa a visitarte a vos o algún familiar enfermo.
Lectio Divina: También podes venir para compartirla  el primer sábado de cada mes a las 16 hs. en:       
 
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