Intención para la evangelización ‐

Intenciones de oración de Enero: Por el don de la diversidad en la Iglesia El Papa Francisco pide rezar al Espíritu Santo “para que nos ayude a reconocer el don de los diferentes carismas dentro de las comunidades cristianas y a descubrir la riqueza de las diferentes tradiciones rituales dentro de la Iglesia Católica”.

"Todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre"

"Todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre" Mt 7, 7-8. No sé qué quería, pero había algo en mí que me movía a buscar, tal vez que las cosas tengan sentido, y te encontré. Me cuestionaba sobre la vida y me diste tu sabiduría para que pueda encontrar alegría y paz. Ante mis miedos y dudas, te pido que me acompañes en mi peregrinar y me das tu Espíritu Santo, el mismo que te acompaño a vos, hoy me acompaña a mí, me asiste y guía. Hoy sigo buscando más de tu Palabra, de la Verdad y el camino, con la confianza puesta en vos, Dios mío, sé que estás presente en mi vida. Ven Señor Jesús, te necesito.

Del libro de la Sabiduría 6, 12-16

Del libro de la Sabiduría 6, 12-16: La Sabiduría es luminosa y nunca pierde su brillo: se deja contemplar fácilmente por los que la aman y encontrar por los que la buscan. Ella se anticipa a darse a conocer a los que la desean. El que madruga para buscarla no se fatigará, porque la encontrará sentada a su puerta. Meditar en ella es la perfección de la prudencia, y el que se desvela por su causa pronto quedará libre de inquietudes. La Sabiduría busca por todas partes a los que son dignos de ella, se les aparece con benevolencia en los caminos y le sale al encuentro en todos sus pensamientos.

viernes, 17 de agosto de 2012

Vigésimo domingo durante el año, El desafio: "un Dios que se ofrece en las realidades cotidianas y que está al alcance de nuestros sentidos. "


Lecturas del 19-08-12
– Ciclo B –

Lectura del libro de los Proverbios 9, 1-6
LSabiduría edificó su casa, talló sus siete columnas, inmoló sus víctimas, mezcló su vino, y también preparó su mesa. Ella envió a sus servidoras a proclamar sobre los sitios más altos de la ciudad: «El que sea incauto, que venga aquí.»
Y al falto de entendimiento, le dice: «Vengan, coman de mi pan, y beban del vino que yo mezclé. Abandonen la ingenuidad, y vivirán, y sigan derecho por el camino de la inteligencia.» 
Palabra de Dios.
Salmo 33
R. ¡Gusten y vean qué bueno es el Señor!
Bendeciré al Señor en todo tiempo, su alabanza estará siempre en mis labios. Mi alma se gloría en el Señor: que los oigan los humildes y se alegren.  R.
Teman al Señor, todos sus santos, porque nada faltará a los que lo temen. Los ricos se empobrecen y sufren hambre, pero los que buscan al Señor no carecen de nada. R.
Vengan, hijos, escuchen: voy a enseñarles el temor del Señor. ¿Quién es el hombre que ama la vida y desea gozar de días felices?  R.
Guarda tu lengua del mal, y tus labios de palabras mentirosas. Apártate del mal y practica el bien,
busca la paz y sigue tras ella. R.

Carta de Pablo a los Efesios  5, 15-20
Hermanos, cuiden mucho su conducta y no procedan como necios, sino como personas sensatas que saben aprovechar bien el momento presente, porque estos tiempos son malos. No sean irresponsables, sino traten de saber cuál es la voluntad del Señor. No abusen del vino que lleva al libertinaje; más bien, llénense del Espíritu Santo. Cuando se reúnan, reciten salmos, himnos y cantos espirituales, cantando y celebrando al Señor de todo corazón. Siempre y por cualquier motivo, den gracias a Dios, nuestro Padre, en nombre de nuestro Señor Jesucristo.Palabra de Dios.   
Santo Evangelio según san Juan 6, 51-59
Jesús dijo a los judíos: «Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que yo daré es mi carne para la Vida del mundo.»
Los judíos discutían entre sí, diciendo: «¿Cómo este hombre puede darnos a comer su carne?» Jesús les respondió: «Les aseguro que si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no tendrán Vida en ustedes. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene Vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día.   
Porque mi carne es la verdadera comida y mi sangre, la verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él.
Así como yo, que he sido enviado por el Padre que tiene Vida, vivo por el Padre, de la misma manera, el que me come vivirá por mí.              
Este es el pan bajado del cielo; no como el que comieron sus padres y murieron. El que coma de este pan vivirá eternamente.» 
Jesús enseñaba todo esto en la sinagoga de Cafarnaún. Palabra del Señor.
   
Reflexión 
DISCURSO EUCARISTICO:
Dios en carne viva.
Este discurso no procede de la sinagoga de Cafarnaúm sino de la última cena.  Fue traspasado aquí por el evangelista como continuación del discurso sobre el pan de vida. Caeremos en cuenta de ello si nos fijamos en lo siguiente:
ü  En el discurso sobre el pan de vida (vv.22-50) el protagonista es el Padre, que da el verdadero pan, y la respuesta del hombre es la fe; en el discurso eucarístico el protagonista es Jesús, que se da en comida y bebida, y la respuesta del hombre es comer y beber.
ü  Necesidad de comer la carne y beber la sangre del Hijo del Hombre para tener vida.
ü  No se podía hablar de este modo de la Eucaristía antes de su institución, pues nadie hubiera entendido tal lenguaje.
El evangelista pretende, con este discurso salir del paso de algunas discusiones que se daban en las primitivas comunidades en contra de la celebración de la Cena del Señor, y de la corriente gnóstica-doceta que consideraba la Eucaristía como mero símbolo.  Frente a ellas pone de relieve la necesidad de tomar parte en la Eucaristía para participar en la vida, y presenta la carne y la sangre del Señor como verdadera comida y bebida.
Dios toma los caminos de los sentidos.  Existía el riesgo de poner una religión cerebral o ritual.  Para pensar en Dios era necesario poner juntas las ideas, para conocerlo era necesario hacer ritos.  Pero Dios ha querido que la religión fuese una cosa simple.  Se ha puesto a nuestro alcance: al alcance de las manos, al alcance de los labios.  La encarnación no es otra cosa que esto.  En Jesús de Nazaret, sobre todo en la Eucaristía, se ha puesto a nuestra disposición, al alcance de los sentidos: oigan, gusten, tomen, coman, beban…  Dios entra en nosotros a través del camino más natural, el de los sentidos.  Tenemos a un Dios a quien escuchar, comer, beber, gustar.
Jesús, cuya carne es verdadera comida y cuya sangre es verdadera bebida, produce escándalo.  Pensar en Dios está bien; ofrecerle primicias y sacrificios, también; pero tomarlo en la mano, acercarlo a los labios, vivir de Él y en Él, es demasiado.  Alcanzar a Dios con oraciones, con ritos, con razonamientos, no nos crea problema, nos parece normal; pero un Dios que nos atrae por el hambre, por la sed, y llega a  nosotros por un trozo de pan o por un vaso lleno, puede parecer una blasfemia.  No entendemos a un Dios que se hace presente y que se ofrece en las realidades cotidianas que están al alcance de nuestros sentidos.  Pero es así.
El cuerpo que se entrega. Jesús mismo aparece como sujeto de la acción que se desarrolla en la cena; su mismo ser, toda la realidad implicada en la figura del Hijo del Hombre, muerto y resucitado, se hace presente en la celebración de la Eucaristía.  Ésta es la prolongación de la encarnación y de sus efectos, aunque a veces, por nuestra manera de celebrarla, todo quede oscurecido cuando no desvirtuado.  Pero el amor de Dios que se nos revela en Jesús llega a ella a hacerse comida y abrazo cuando la celebramos haciendo memoria de Él.  Es un Dios que se entrega a nosotros.  Lo único que nos pide a cambio es anunciar su muerte y resurrección.  Una manera de anunciar esta muerte y resurrección es compartir.  Cuando aprendo a no considerar mío nada de lo que tengo, a dar todo mi ser y mi poseer a los demás, estoy ofreciendo mi vida, estoy entregándome, estoy anunciando la muerte y resurrección del Señor.  Jesús nos enseña, nos insta a comer su cuerpo y a beber su sangre para llenarnos de su espíritu y vida, y poder después, partirnos y repartirnos entre el resto de las personas y enmendar así la injusticia del reparto de la mesa de la creación.
Él es el que necesitamos para vivir.
Tener vida.  Dios es autor y dador de vida.  El Padre es que posee la vida.  Estar en sintonía con Dios, es poder gozar la vida.  Dios no es Dios de muerte sino de vida.  Dios está siempre a favor de la vida.  Quien introduce muerte en nuestro mundo, o quien considera que Dios pone límites a la vida, creer no en el Padre de Jesús sino en un ídolo.  Con ídolos también se puede caminar, pero el horizonte se vuelve oscuro, angustioso, vacío o insoportable, o desesperanzador, o triste… Creer en Dios y su enviado Jesucristo es creer en la vida y tener vida ya aquí.
Oremos….
·         Dejar que Dios entre en nosotros a través de los sentidos.
·         Dejarme provocar por Jesús.
·         Tener hambre.
·         Tragarse a Jesús.
·         Dar crédito a Jesús.
Padre Daniel Silva
Nos hemos convertido en Cristo" *


Es una alegría que supera todo lo que me pueda pasar en mi vida diaria, tanto en los momentos que llamamos buenos, como en los que decimos que son malos, convertirse en Cristo, va mas allá de lo que podía imaginarme o de esperar que me pasara.
A medida que voy descubriendo a Jesús, al maestro de la vida, fuente de sabiduría, “luz para mí sendero”, activador de talentos dormidos, generador de ganas de ver hasta dónde podemos dar, veo un cambio en la forma que hago las cosas, voy aprendiendo a utilizar mi inteligencia, mi voluntad, mi libertad para elegir el camino que quiero seguir, no lo que quieren los demás que haga, si no lo que considero que me acerca más a Dios, momento de encuentro donde no hay lugar para miedos y dudas, ya no soy el de antes con ataduras que esclavizan, ahora empiezo a ser en Cristo, momento de gozo por ejercer el libre albedrio, ya que nadie me obliga a seguirlo.
Momento de encuentro donde mi ser siente que se encuentra con lo que estaba buscando, por eso lo acepto libremente, el cumplir por si solo queda lejos, y empiezo a renunciar aquellas cosas que parecen lindas a simple vista pero que no me dejan nada, sin culpas, sin sentimiento de perdidas, yo las saco de mi vida.        
Momento de encuentro en que me siento bien, “Nos hemos convertido en Cristo", alegría que empuja, que mueve, que alimenta mi esperanza, descubro que debo seguir
ese peregrinar, para que un
día se haga eterno el gozo
de estar en la presencia de
Dios.
Gracias Señor por estar en
la Eucaristía, en vos confío.
 * Basado de escritos de
                      San Agustín    

 Año de la Fe
El Papa Benedicto XVI convoca al año de la fe que Comenzará el 11 de octubre de 2012, en el cincuenta aniversario de la apertura del Concilio Vaticano II, y terminará en la solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo, el 24 de noviembre de 2013

Carta  Apostólica Pota Fidei
del Sumo Pontífice Benedicto XVI
1. «La puerta de la fe» (cf. Hch 14, 27), que introduce en la vida de comunión con Dios y permite la entrada en su Iglesia, está siempre abierta para nosotros. Se cruza ese umbral cuando la Palabra de Dios se anuncia y el corazón se deja plasmar por la gracia que transforma. Atravesar esa puerta supone emprender un camino que dura toda la vida. Éste empieza con el bautismo (cf. Rm 6, 4), con el que podemos llamar a Dios con el nombre de Padre, y se concluye con el paso de la muerte a la vida eterna, fruto de la resurrección del Señor Jesús que, con el don del Espíritu Santo, ha querido unir en su misma gloria a cuantos creen en él (cf. Jn17, 22). Profesar la fe en la Trinidad –Padre, Hijo y Espíritu Santo– equivale a creer en un solo Dios que es Amor (cf. 1 Jn 4, 8): el Padre, que en la plenitud de los tiempos envió a su Hijo para nuestra salvación; Jesucristo, que en el misterio de su muerte y resurrección redimió al mundo; el Espíritu Santo, que guía a la Iglesia a través de los siglos en la espera del retorno glorioso del Señor.
2. Desde el comienzo de mi ministerio como Sucesor de Pedro, he recordado la exigencia de redescubrir el camino de la fe para iluminar de manera cada vez más clara la alegría y el entusiasmo renovado del encuentro con Cristo. En la homilía de la santa Misa de inicio del Pontificado decía: «La Iglesia en su conjunto, y en ella sus pastores, como Cristo han de ponerse en camino para rescatar a los hombres del desierto y conducirlos al lugar de la vida, hacia la amistad con el Hijo de Dios, hacia Aquel que nos da la vida, y la vida en plenitud». Sucede hoy con frecuencia que los cristianos se preocupan mucho por las consecuencias sociales, culturales y políticas de su compromiso, al mismo tiempo que siguen considerando la fe como un presupuesto obvio de la vida común. De hecho, este presupuesto no sólo no aparece como tal, sino que incluso con frecuencia es negado. Mientras que en el pasado era posible reconocer un tejido cultural unitario, ampliamente aceptado en su referencia al contenido de la fe y a los valores inspirados por ella, hoy no parece que sea ya así en vastos sectores de la sociedad, a causa de una profunda crisis de fe que afecta a muchas personas.
3. No podemos dejar que la sal se vuelva sosa y la luz permanezca oculta (cf. Mt 5, 13-16). Como la samaritana, también el hombre actual puede sentir de nuevo la necesidad de acercarse al pozo para escuchar a Jesús, que invita a creer en él y a extraer el agua viva que mana de su fuente (cf. Jn 4, 14). Debemos descubrir de nuevo el gusto de alimentarnos con la Palabra de Dios, transmitida fielmente por la Iglesia, y el Pan de la vida, ofrecido como sustento a todos los que son sus discípulos (cf. Jn 6, 51). En efecto, la enseñanza de Jesús resuena todavía hoy con la misma fuerza: «Trabajad no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura para la vida eterna» (Jn 6, 27). La pregunta planteada por los que lo escuchaban es también hoy la misma para nosotros: «¿Qué tenemos que hacer para realizar las obras de Dios?» (Jn 6, 28). Sabemos la respuesta de Jesús: «La obra de Dios es ésta: que creáis en el que él ha enviado» (Jn 6, 29). Creer en Jesucristo es, por tanto, el camino para poder llegar de modo definitivo a la salvación. Continúa….
Lecturas de la Semana
Lunes  20Ez. 24,15-24;  Sal. Deut. 32, 18-21; Mt. 19, 16-22.
Martes 21Ez. 28, 1-10;  Sal Deut. 32, 26-36; Mt. 19, 23-30.
Miércoles 22: Is. 9, 1-6; Sal 112; Lc. 1, 26-38.
Jueves 23: Ez. 36, 23-38;  Sal 50; Mt. 22, 1-14.
Viernes 24: Apoc. 21, 9-14; Sal. 84;  Mt. 23, 1-12.
Sábado 18: Ez. 18, 1-10.13. 30-32; Sal 50; Mt. 19, 13-15.
Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las reflexiones: El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y María.
Círculo Peregrinoqueremos compartir con vos la Palabra del Señor, por eso podemos ir a tu casa a visitarte a vos o algún familiar enfermo.
Lectio Divina: También podes venir para compartirla  el primer y tercer sábado de cada mes a las 16 hs. en:       
Círculo Bíblico San José
Parroquia San José:
Brandsen 4970 Villa Domínico.
Si  querés recibir la hojita por e-mail pedila a: miencuentroconjesus@yahoo.com.
ar

viernes, 10 de agosto de 2012

Décimo noveno Domingo durante el año, Seguir a Jesús, creer en Él, es tener vida eterna desde ahora; y la vida eterna es la de comunión que une con el Padre con el Hijo.


Seguir a Jesús, creer en Él, es tener vida eterna desde ahora; 
y la vida eterna es la de comunión que une con el Padre con el Hijo.  

Lecturas del 12-08-12

– Ciclo B –
Lectura del primer libro de los Reyes 19,4-8
Luego Elías caminó un día entero por el desierto, y al final se sentó bajo una retama. Entonces se deseó la muerte y exclamó: «¡Basta ya, Señor! ¡Quítame la vida, porque yo no valgo más que mis padres!» Se acostó y se quedó dormido bajo la retama. 
Pero un ángel lo tocó y le dijo: «¡Levántate, come!» El miró y vio que había a su cabecera una galleta cocida sobre piedras calientes y un jarro de agua. Comió, bebió y se acostó de nuevo.
Pero el Ángel del Señor volvió otra vez, lo tocó y le dijo: «¡Levántate, come, porque todavía te queda mucho por caminar!»              
Elías se levantó, comió y bebió, y fortalecido por ese alimento caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta la montaña de Dios, el Horeb. 
Palabra de Dios.
Salmo 33
R. ¡Gusten y vean que bueno es el Señor!
Bendeciré al Señor en todo tiempo,su alabanza estará siempre en mis labios. 
 Mi alma se gloría en el Señor:  que lo oigan los humildes y se alegren. 
 R.
Glorifiquen conmigo al Señor, alabemos su Nombre todos juntos. 
Busqué al Señor: él me respondió y me libró de todos mis temores.  R.
Miren hacia él y quedarán resplandecientes, y sus rostros no se avergonzarán. 
 Este pobre hombre invocó al Señor:él lo escuchó y lo salvó de sus angustias.  R.
El Ángel del Señor acampa en torno de sus fieles, y los libra.  ¡Gusten y vean qué bueno es el Señor! 
 ¡Felices los que en él se refugian!  R.
Carta de Pablo a los de Éfeso 4, 30--5, 2
Hermanos: No entristezcan al Espíritu Santo de Dios, que los ha marcado con un sello para el día de la redención.              
Eviten la amargura, los arrebatos, la ira, los gritos, los insultos y toda clase de maldad. 
Por el contrario, sean mutuamente buenos y compasivos, perdonándose los unos a los otros como Dios los ha perdonado en Cristo. 
Traten de imitar a Dios, como hijos suyos muy queridos. 
Practiquen el amor, a ejemplo de Cristo, que nos amó y se entregó por nosotros, como ofrenda y sacrificio agradable a Dios.      
Palabra de Dios.

Santo Evangelio según san Juan 6, 41-51
Los judíos murmuraban de él, porque había dicho: «Yo soy el pan bajado del cielo.» Y decían: « ¿Acaso este no es Jesús, el hijo de José? Nosotros conocemos a su padre y a su madre. ¿Cómo puede decir ahora: "Yo he bajado del cielo?"» 
Jesús tomó la palabra y les dijo: «No murmuren entre ustedes. Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre que me envió; y yo lo resucitaré en el último día. Está escrito en el libro de los Profetas: Todos serán instruidos por Dios.            
Todo el que oyó al Padre y recibe su enseñanza, viene a mí. Nadie ha visto nunca al Padre, sino el que viene de Dios: sólo él ha visto al Padre. 
Les aseguro que el que cree, tiene Vida eterna. 
Yo soy el pan de Vida. Sus padres, en el desierto, comieron el maná y murieron. Pero este es el pan que desciende del cielo, para que aquel que lo coma no muera.          Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que yo daré es mi carne para la Vida del mundo.»  Palabra del Señor.
Reflexión:
CREER EN JESUS
En estos versículos continúa el discurso y la polémica sobre el pan de vida.  Después de repartir el pan, Jesús se ha revelado como “el pan de vida”.  Pero algunos reaccionan  negativamente, ya lo habían hecho antes, pero esta vez no se atreven a hablar en voz alta, “murmuran”.  No aceptan a Jesús como “pan bajado del cielo”, es decir, como dador de vida, como traedor de los signos mesiánicos. Murmuran como lo habían hecho antes en el desierto sus antepasados que se quejaban de falta de alimento (Éxodo). La murmuración conlleva dentro de la incredulidad. 
Quienes murmuran son “los judíos” (término usado por Juan a los dirigentes del pueblo y a los adeptos a la institución).  Su mayor argumento es la  humanidad de Jesús.  Conocen su origen humano –se trata solo del hijo de José-.
Jesús rechaza la murmuración, pero no entra en discusiones sobre su propio origen. Lo que hace es precisar que el camino y la adhesión a Él es gracia de Dios. En el camino es necesario aceptar a ser enseñados, como está escrito en los profetas “todos serán discípulos  de Dios”, demostrando así la universalidad del mensaje de Jesús.
Seguir a Jesús, creer en Él, es tener vida eterna desde ahora; y la vida eterna es la de comunión que une con el Padre con el Hijo.  De esa vida Jesús es el pan. Él la alimenta con su testimonio, con su enseñanza, con la entrega de su existencia.  La muerte no pone fin a esa vida, como ocurrió con los que se alimentaron con el maná en el desierto.  Es la carne de Jesús, su cuerpo, que sufrirá la muerte en la cruz, lo que nos da la vida.  La humanidad de Jesús, se presenta como materia de fe y fuente de vida.
Esa humanidad de Jesús nos debe llevar a valorar el hambre y la sed concretas e históricas en el camino hacia la vida.  Pero la incredulidad de los dirigentes judíos sigue presente en medio de nosotros. 
Preferimos creer en un Dios perteneciente sólo a otro mundo, o presente únicamente en nuestra intimidad, que en alguien encarnado en nuestra humanidad y que nos interpela desde nuestros hermanos, particularmente a través de los más necesitados.
El texto es una autopresentación de Jesús. En ella se nos manifiesta como la respuesta a las necesidades y esperanzas del ser humano. Para que sea así, la única condición que se impone al ser humano es la fe.  El creer o ir a Él es gracia concedida por el Padre  y al mismo tiempo quehacer humano. El término de “Yo Soy” es la revelación lo que es Jesús para el ser humano.
Creer no es lo normal.  Muchos de nosotros, nacidos en familias creyentes, bautizados  y educados en un ambiente cristiano, hemos respirado la fe de manera natural que podemos a pensar que lo normal es ser creyente.
No nos damos cuenta de que la fe no es algo natural sino un don inmerecido.  Los no creyentes no son gente  tan extraña como a nosotros nos puede parecer.  Al contrario los que tenemos que reconocer que resultamos bastantes extraños.  Por eso, como creyentes  deberíamos escuchar hoy, de manera muy particular, las palabras de Jesús: “No critiquen.  Nadie puede venir a mí sinolo atrae el Padre que me ha enviado”.  Más que llenar nuestro corazón de críticas amargas, hemos de abrirnos a la acción del Padre. Para creer es importante enfrentarse a la vida con sinceridad total, pero es decisivo dejarse guiar por la mano amorosa de ese Dios que conduce misteriosamente nuestra vida.
Tener vida, saber vivir. Hoy se habla mucho de calidad de vida. Políticos, sociólogos, filósofos, arquitectos, investigadores, educadores, etc. la han introducido en sus discursos, programas y proyectos.  Nuestra vida es bastante rutinaria y monótona, con momentos en nuestra existencia se vuelve feliz, se transfigura, aunque sea de manera fugaz.
“Les aseguro: el que cree tiene vida eterna”.  La expresión “vida eterna” no significa simplemente una vida de duración ilimitada, incluso después de la muerte.  Se trata, antes que nada, de una vida de profundidad y calidad nueva.
La tarea más apasionante que tenemos todos nosotros es la de vivir en plenitud humana, la de crecer como personas enraizando nuestra vida en Jesucristo.
La incredulidad es una tentación siempre presente en nuestra vida en plenitud de vida y que empieza a echar raíces en nuestro corazón desde el momento mismo en que nos vamos organizando la existencia de espaldas a Dios.
Vivimos en una sociedad donde Dios no se lleva. Ha quedado arrinconado en algún lugar secundario de nuestra vida.  Lo más fácil es vivir –pasando De Dios- ¿Qué significa para hoy ser discípulos de Jesús, escuchando lo que dice el Padre?
Incluso los que nos decimos creyentes estamos perdiendo capacidad para escuchar a Dios.  No es que Dios no habla ya.  Es que, llenos de ruidos, avidez, posesiones y autosuficiencia, no sabemos percibir la presencia del que habita en nosotros.  Cuando no se escucha la llamada de Dios es fácil escuchar el interés egoístas de cada uno, las razones de la eficacia inmediata, el miedo a correr riesgos excesivos y la satisfacción de nuestros deseos por encima de todo.
Oremos…
Creer en Jesús y en sus palabras – no dejarse engañar por los falsos profetas – dejarse llevar por el Padre – dar sentido y calidad a nuestra vida – generar vida.
Padre Daniel Silva
Oh, amado Jesús.


Ayúdame a esparcir Tu fragancia por donde quiera que vaya. Inunda mi alma con Tu Espíritu y Vida.
Penetra y posee todo mi ser tan completamente, que mi vida entera sea un resplandor de la tuya. Brilla a través de mí y permanece tan dentro de mí, que cada alma con que me encuentre pueda sentir Tu presencia en la mía.  ¡Permite que no me vean a mí, sino solamente a Jesús!
Quédate conmigo y empezaré a resplandecer como Tú,  a brillar tanto que pueda ser una luz para los demás.
La luz oh, Jesús, vendrá toda de Ti, nada de ella será mía;  serás Tú quien resplandezca sobre los demás a través de mí. Brillando sobre quienes me rodean, permíteme alabarte como más te gusta.
Permíteme predicarte sin predicar, no con palabras sino a través de mi ejemplo, a través de la fuerza atractiva, de la influencia armoniosa de todo lo que haga, de la inefable plenitud del amor que existe en mi corazón por Ti
Amén.  
Madre Teresa de Calcuta
Entrevista a Dios

Autor: Con mi título de periodista recién obtenido decidí realizar una gran entrevista. Y mi deseo fue concedido, permitiéndome una reunión con Dios.
- Pasá, me dijo Dios, ¿así que querés entrevistarme?
- Bueno, le contesté, si tenés tiempo…
Se sonrió por entre la barba y dijo: "mi tiempo se llama eternidad y alcanza para todo", ¿qué pregunta querés hacerme?
- Ninguna nueva ni difícil para vos. ¿Qué es lo que más te sorprende de los hombres?  Y dijo:
- Que se aburren de ser chicos, apurados por crecer, y luego suspiran por regresar a ser niños. Que primero pierden la salud para tener dinero y enseguida pierden el dinero para recuperar la salud. Que por pensar ansiosamente en el futuro, descuidan su hora actual, con lo que no viven ni el presente ni el futuro.
Que viven como si no fueran a morirse y se mueren como si no hubiesen vivido, y pensar que yo…
- con los ojos llenos de lágrimas y la voz entrecortada dejó de hablar.
Sus manos tomaron fuertemente las mías y seguimos en silencio. Después de un largo tiempo y para cortar el clima, le dije:
- Cómo Padre, ¿qué le pedirías a tus hijos?
-Que aprendan que no pueden hacer que alguien los ame, lo que sí pueden es dejarse amar. Que aprendan que toma años poder construir la confianza y sólo segundos destruirla. Que lo más valioso no es lo que tienen en sus vidas, sino a quienes tienen en sus vidas.
Que aprendan que no es bueno compararse con los demás, porque siempre habrá alguien mejor o peor que ellos. Que no es rico el que más tiene, sino el que menos necesita. Que aprendan que deben controlar sus actitudes, o sus actitudes los controlarán. Que bastan unos pocos segundos para producir heridas profundas en las personas que amamos, y que pueden tardar muchos años en ser sanadas. Que aprendan que a perdonar se aprende practicando. Que hay gente que los quiere mucho, pero simplemente no sabe como demostrarlo. Que aprendan que el dinero compra todo, menos la felicidad. Que a veces cuando están molestos tienen derecho a estarlo, pero no les da derecho a molestar a los que los rodean. Que los grandes sueños no requieren de grandes alas, sino de un tren de aterrizaje para lograrlos.  Que los amigos de verdad son tan escasos que quien ha encontrado uno, ha encontrado un verdadero tesoro.
Que no siempre es suficiente ser perdonados por otros, algunas veces deben perdonarse a sí mismos. Que aprendan que son dueños de los que callan y esclavos de lo que dicen. Que de lo que siembran, cosechan; si siembran chismes cosecharán intrigas; si siembran amor, cosecharán felicidad. Que aprendan que la verdadera felicidad no es cuestión de suerte sino producto de sus decisiones. Ellos deciden ser felices con lo que son y tienen, o morir de envidia y celos por los que les falta y carecen. Que dos personas pueden mirar una misma cosa y ver algo totalmente diferente.
Que sin importar las consecuencias, aquellos que son honestos consigo mismos llegan lejos en la vida.  Que a pesar de que piensen que no tienen nada más que dar, cuando un amigo llora con ellos encuentren la fortaleza para vencer sus dolores.
Que a pesar de que la palabra amor pueda tener muchos significados distintos, pierde valor cuando es usada en exceso. Que aprendan que amar y querer no son sinónimos sino antónimos, el querer lo exige todo, el amar lo entrega todo.  Que aprendan que la distancia más lejos que pueden estar de mí es la distancia de una simple oración…
Y así, en un encuentro profundo tomados de las manos, continuamos en silencio.
Lecturas de la Semana
Lunes  13Ez. 1,2-.5.24-28;  Sal. 148; Mt. 17, 22-27.
Martes 14: Ez. 2, 8—3.4;  Sal 118; Mt. 18, 1-14.
Miércoles 15: Apoc.1 1, 19. 12, 1-10; Sal 44; 1 Cor.15, 20-27; Lc. 1, 391-56.
Jueves 16: Ez. 12, 1-2;  Sal 77; Mt. 18, 21—19, 1.
Viernes 17Ez. 16, 1-15. 60.63; Sal Is. 12, 2-6;  Mt. 19, 3-12.
Sábado 18: Ez. 18, 1-10.13. 30-32; Sal 50; Mt. 19, 13-15.
Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las reflexiones: El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y María.
Círculo Peregrinoqueremos compartir con vos la Palabra del Señor, por eso podemos ir a tu casa a visitarte a vos o algún familiar enfermo.
Lectio Divina: También podes venir para compartirla  el primer y tercer sábado de cada mes a las 16 hs. en:       
Círculo Bíblico San José
Parroquia San José:
Brandsen 4970 Villa Domínico.

sábado, 4 de agosto de 2012

Décimo octavo Domingo durante el año, "Jesús nos enseña a descubrir el Pan espiritual que sacie los anhelos más profundos del corazón"


Lecturas del 05-08-12
– Ciclo B –


Lectura del libro del Éxodo 16, 2-4. 12-15
En el desierto, los israelitas comenzaron a protestar contra Moisés y Aarón. «Ojalá el Señor nos hubiera hecho morir en Egipto, les decían, cuando nos sentábamos delante de las ollas de carne y comíamos pan hasta saciarnos. Porque ustedes nos han traído a este desierto para matar de hambre a toda esta asamblea.»            
Entonces el Señor dijo a Moisés: «Yo haré caer pan para ustedes desde lo alto del cielo, y el pueblo saldrá cada día a recoger su ración diaria. Así los pondré a prueba, para ver si caminan o no de acuerdo con mi ley.              
Yo escuché las protestas de los israelitas. Por eso, háblales en estos términos: "A la hora del crepúsculo ustedes comerán carne, y por la mañana se hartarán de pan. Así sabrán que yo, el Señor, soy su Dios."»               
Efectivamente, aquella misma tarde se levantó una bandada de codornices que cubrieron el campamento; y a la mañana siguiente había una capa de rocío alrededor de él. Cuando esta se disipó, apareció sobre la superficie del desierto una cosa tenue y granulada, fina como la escarcha sobre la tierra. Al verla, los israelitas se preguntaron unos a otros: «¿Qué es esto?» Porque no sabían lo que era.  Entonces Moisés les explicó: «Este es el pan que el Señor les ha dado como alimento.» Palabra de Dios.
  
Salmo 77
R. El Señor les dio como alimento
un trigo celestial.
 
Lo que hemos oído y aprendido,  lo que nos contaron nuestros padres, lo narraremos a la próxima generación: son las glorias del Señor y su poder.  R.
Mandó a las nubes en lo alto y abrió las compuertas del cielo: hizo llover sobre ellos el maná,  les dio como alimento un trigo celestial.  R.
Todos comieron un pan de ángeles, les dio comida hasta saciarlos. Los llevó hasta su Tierra santa, hasta la Montaña que adquirió con su mano.  R.
 
Carta de Pablo a los  de Efesios 4, 17. 20-24
Hermanos: Les digo y les recomiendo en nombre del Señor: no procedan como los paganos, que se dejan llevar por la frivolidad de sus pensamientos.
Pero no es eso lo que ustedes aprendieron de Cristo, si es que de veras oyeron predicar de él y fueron enseñados según la verdad que reside en Jesús. 
De él aprendieron que es preciso renunciar a la vida que llevaban, despojándose del hombre viejo, que se va corrompiendo por la seducción de la concupiscencia, para renovarse en lo más íntimo de su espíritu y revestirse del hombre nuevo, creado a imagen de Dios en la justicia y en la verdadera santidad. Palabra de Dios.

Santo Evangelio según san Juan 6, 24-35
Cuando la multitud se dio cuenta de que Jesús y sus discípulos no estaban allí, subieron a las barcas y fueron a Cafarnaún en busca de Jesús. 
Al encontrarlo en la otra orilla, le preguntaron: «Maestro, ¿cuándo llegaste?»  
Jesús les respondió: «Les aseguro que ustedes me buscan, no porque vieron signos, sino porque han comido pan hasta saciarse.     
Trabajen, no por el alimento perecedero, sino por el que permanece hasta la Vida eterna, el que les dará el Hijo del hombre; porque es él a quien Dios, el Padre, marcó con su sello.»             
Ellos le preguntaron: «¿Qué debemos hacer para realizar las obras de Dios?»   
Jesús les respondió: «La obra de Dios es que ustedes crean en aquel que él ha enviado.» 
Y volvieron a preguntarle: «¿Qué signos haces para que veamos y creamos en ti? ¿Qué obra realizas? 
Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como dice la Escritura: Les dio de comer el pan bajado del cielo.»           
Jesús respondió: «Les aseguro que no es Moisés el que les dio el pan del cielo; mi Padre les da el verdadero pan del cielo; porque el pan de Dios es el que desciende del cielo y da Vida al mundo.»  Ellos le dijeron: «Señor, danos siempre de ese pan.» 
Jesús les respondió: «Yo soy el pan de Vida. El que viene a mí jamás tendrá hambre; el que cree en mí jamás tendrá sed.»  Palabra del Señor.
 
Reflexión 
En el desierto el Pueblo de Dios aprende a experimentar la condición de “pobre”. La primera lectura, del Éxodo, nos recuerda cómo el desierto es la carencia de todo. En el desierto el Pueblo de Dios aprende a experimentar la condición de “pobre”, de “necesitado de todo” del auxilio de Dios. Esto le será útil para el crecimiento de su fe y de su esperanza en las ayudas milagrosas. En la península del Sinaí hay un arbusto llamado “tamarisco” que produce una secreción dulce que gotea desde las hojas hasta el suelo. Por el frío de la noche se solidifica y hay que recogerla de madrugada antes de que el sol la derrita. ¿Sería esto lo que Dios le proporcionó a su pueblo, multiplicándolo claro está, de manera prodigiosa? Lo cierto es que los israelitas consideraron siempre la aparición de este alimento como una demostración de la intervención milagrosa a favor de su pueblo. Lo llamaron “maná”, porque los niños al comerlo preguntaban: “¿qué es esto?, “lo que en su idioma se dice: “Man-ah?”. También es llamado por los salmos “pan del cielo” (Sal. 78) y el libro de la Sabiduría dice que, “se transformaba según el deseo de cada uno” (Sab.16,20-21). Jesús dirá que el Verdadero Pan bajado del cielo será su cuerpo y su sangre. O sea que este maná milagroso del desierto era un símbolo y aviso de lo que iba a hacer Dios más tarde con sus elegidos, dándoles como alimento el cuerpo de su propio Hijo divino.
 
A toda persona le llega de vez en cuando su desierto: la situación crítica en la que parece que no se encuentran soluciones de ayuda para sobrevivir a tan crítico momento.
 
«¿Qué debemos hacer…? En el Evangelio según San Juan continuamos leyendo el capítulo 6, tomando la primera parte del llamado discurso Pan de vida: La gente, que quedó sorprendida por la multiplicación de los panes y de los peces obrada por el Señor, busca febrilmente encontrase con el Señor y logran hallarlo del otro lado del lago. En el momento que se encuentran, las palabras del Maestro revelan con claridad la actitud superficial de los que lo buscan. El Señor les reprocha que lo busquen porque están satisfechos por lo que comieron y no porque hayan comprendido el signo de la multiplicación de los panes y los peces. Les aconseja entonces que no se preocupen tanto por la comida que se acaba sino por la que es duradera y da vida eterna, la “comida” que da Jesús. Pareciera que la gente está interesada en lo que el Señor les dice y por eso le preguntan qué es lo que deben hacer. Jesús les contestará decididamente que lo que Dios quiere es que crean en Él, el Hijo que ha enviado el Padre de los Cielos.
Pero el pueblo le pide un signo que acredite que esto es así… Una vez más queda en evidencia que no han comprendido el sentido de la multiplicación de los panes y los peces. Siguen dialogando y después de algunas idas y vueltas el Señor se terminará revelando como el pan que da vida. El que confía en Jesús nunca más tendrá hambre ni sed.
 
Jesús ha querido llevarnos a la comprensión de su persona, porque sólo a través de la fe pueden entender quien es Él y sólo así podrá donarse a ellos como comida: pero para hacer esto es necesario trabajar o procurar por un alimento y una vida que no tienen término y que son dones del Hijo del hombre (v.27). Los judíos piensan de inmediato en las obras (v.28; Rm 9,31-32), pero Jesús replica que sólo una obra deben cumplir: creer en él (v.29; Rm 3,28), reconocer que tienen necesidad de Él, como se tiene necesidad del alimento material. Al considerar la exigencia de Jesús, muy grande es por lo que piden una demostración de que afirma, realizando una señal que al menos se compare con aquellas realizadas por Moisés (vv. 30-31), pues aquellas que acaba de realizar (6,2) no se consideran suficientes. Jesús responde afirmando que es más que Moisés, pues en Él (Cristo) se realiza el don de Dios que no perece. Su pan se puede recoger (6,13), el maná se pudrió (Ex 16,20).
 
Descubrir un “pan espiritual” que sacie los anhelos más profundos del corazón. La pedagogía del Señor ha llevado a la gente desde la necesidad del pan material de cada día a la capacidad de levantar los ojos y poder descubrir un “pan espiritual” que sacie los anhelos más profundos del corazón.
(1). Pero Jesús quiere despertar en ellos un hambre diferente. Les habla de un pan que no sacia solo el hambre de un día, sino el hambre y la sed de vida que hay en el ser humano. No lo hemos de olvidar. En nosotros hay un hambre de justicia para todos, un hambre de libertad, de paz, de verdad. Jesús se presenta como ese Pan que nos viene del Padre, no para hartarnos de comida sino "para dar vida al mundo".               
Este Pan, venido de Dios, "perdura hasta la vida eterna". Los alimentos que comemos cada día nos mantienen vivos durante años, pero llega un momento en que no pueden defendernos de la muerte. Es inútil que sigamos comiendo. No nos
pueden dar vida más allá de la muerte.
Jesús se presenta como ese Pan de vida eterna. Cada uno ha de decidir cómo quiere vivir y cómo quiere morir. Pero, creer en Cristo es alimentar en nosotros una fuerza indestructible, empezar a vivir algo que no terminará con nuestra muerte.
Seguir a Jesús es entrar en el misterio de la muerte sostenidos por su fuerza resucitadora.
Al escuchar sus palabras, aquellas gentes de Cafarnaún le gritan desde lo hondo de su corazón: "Señor, danos siempre de ese pan". Desde nuestra fe vacilante, nosotros no nos atrevemos a pedir algo semejante. Quizás, sólo nos preocupa la comida de cada día. Y, a veces, sólo la nuestra.
  
“Yo soy el pan de vida” es una fórmula de fuerza extraordinaria, parecida a aquellas otras que sólo a Jesús se podría atribuir: “Yo soy la luz del mundo”, “Yo soy el buen pastor”... el que viene a Jesús no tendrá hambre ni sed, no necesita de otras fuentes de gozo para saciar sus anhelos y aspiraciones. Jesús es fuente de equilibrio y de gozo, fuente de sosiego y de paz. Jesús es el lugar y fundamento de la donación de la vida que Dios hace al ser humano.
En Jesucristo, Dios está por completo a favor del ser humano, de tal modo que en él se le abre su comunión vital, su salvación y su amor, y en tal grado que Dios quiere estar al lado del ser humano como quien se da y comunica sin reservas. En la comunión con el revelador –Cristo- se calma tanto el hambre como la sed de vida que agitan al ser humano.

Hoy. ¿Por qué seguir interesándonos por Jesús después de veinte siglos? ¿Qué podemos esperar de él? ¿Qué nos puede aportar a los hombres y mujeres de nuestro tiempo? ¿Nos va a resolver acaso los problemas del mundo actual?           
Con la reflexión del día de hoy podemos descubrir cómo hombres y sociedad como en el desierto que nos toca transitar aprendemos a experimentar la condición de “pobre”, y ante tal situación nos podemos plantear «¿Qué debemos hacer…?
La respuesta no se deja esperar, Jesús nos enseña a descubrir el “pan espiritual” que sacie los anhelos más profundos del corazón.
Y nos dice: El que confía en Mí nunca más tendrá hambre ni sed.
 
En la carta a los efesios se nos pide que nos dejemos renovar por el Espíritu Santo y que revisemos nuestro estilo de vida y marchemos por un camino de vida cristiana. Se nos invita a no dejarnos guiar por esta “vaciedad de criterios del mundo”. A no ser uno más. A no ser lo que quiere la sociedad de consumo, a ser nosotros, únicos como nos creo Dios, llenos de talentos a descubrir y desarrollar. Esto significa romper con el viejo ser humano, preocupado sólo en la comida y lo que me pongo, con las cosas del mundo que nos alejan de Dios, para estar dispuestos a una continua renovación en el Espíritu, a vivir en la justicia y santidad y ser justos y rectos. A descubrir y vivir la verdadera felicidad.
Antes que nosotros, otros ya experimentaron el poder de la fe y podemos pensar en la obra material y espiritual de Madre Teresa, en el derrumbamiento del muro de Berlín, pero hay otros mil aspectos no tan vistosos, pero sumamente eficaces, que muestran en nuestras vidas el poder de la fe.
Reflexionemos sencilla y agradecidamente en el poder de la fe en nosotros mismos, en las personas que están a nuestro alrededor y con las que convivimos, en tantísimos cristianos esparcidos por todos los rincones de nuestro planeta. El poder de la fe es la palanca que sostiene y eleva el mundo.
Preguntémonos cada uno qué podemos hacer para que otras personas experimenten en carne propia el poder de la fe.
 

Lecturas de la Semana
Lunes  6Dn. 7,9-.10;  Sal. 96; 2Ped. 1, 16-19; Mt. 17, 1-9.
Martes 7: Jer.30,1-2. 12-15;  Sal 101; Mt. 14, 22-36.
Miércoles 8: Jer. 31, 1-7; Sal Jer. 31, 10-12; Mt. 15, 21-28.
Jueves 9: Jer. 31, 31-34;  Sal 50; Mt. 16, 13-23.
Viernes 10: 2Cor. 9, 6-10; Sal 111; Jn. 12, 24-26.
Sábado 11: Hab. 1, 12—2,4; Sal 9; Mt. 17, 14-20.
 
Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las reflexiones: El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y María. CEBIPAL/CELAM – (1) J A Pagola.
 
 
Círculo Peregrinoqueremos compartir con vos la Palabra del Señor, por eso podemos ir a tu casa a visitarte a vos o algún familiar enfermo.
Lectio Divina: También podes venir para compartirla  el primer y tercer sábado de cada mes a las 16 hs. en:       
 
Círculo Bíblico San José
Parroquia San José:
Brandsen 4970 Villa Domínico.
 
 
Si  querés recibir la hojita por e-mail pedila a: miencuentroconjesus@yahoo.com.ar