Intención para la evangelización ‐

Intenciones de oración de Enero: Por el don de la diversidad en la Iglesia El Papa Francisco pide rezar al Espíritu Santo “para que nos ayude a reconocer el don de los diferentes carismas dentro de las comunidades cristianas y a descubrir la riqueza de las diferentes tradiciones rituales dentro de la Iglesia Católica”.

"Todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre"

"Todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre" Mt 7, 7-8. No sé qué quería, pero había algo en mí que me movía a buscar, tal vez que las cosas tengan sentido, y te encontré. Me cuestionaba sobre la vida y me diste tu sabiduría para que pueda encontrar alegría y paz. Ante mis miedos y dudas, te pido que me acompañes en mi peregrinar y me das tu Espíritu Santo, el mismo que te acompaño a vos, hoy me acompaña a mí, me asiste y guía. Hoy sigo buscando más de tu Palabra, de la Verdad y el camino, con la confianza puesta en vos, Dios mío, sé que estás presente en mi vida. Ven Señor Jesús, te necesito.

Del libro de la Sabiduría 6, 12-16

Del libro de la Sabiduría 6, 12-16: La Sabiduría es luminosa y nunca pierde su brillo: se deja contemplar fácilmente por los que la aman y encontrar por los que la buscan. Ella se anticipa a darse a conocer a los que la desean. El que madruga para buscarla no se fatigará, porque la encontrará sentada a su puerta. Meditar en ella es la perfección de la prudencia, y el que se desvela por su causa pronto quedará libre de inquietudes. La Sabiduría busca por todas partes a los que son dignos de ella, se les aparece con benevolencia en los caminos y le sale al encuentro en todos sus pensamientos.

viernes, 12 de octubre de 2012

Vigésimo octavo domingo durante el año


Lecturas del 14-10-12
– Ciclo B –
“Jesús nos llama a entregarnos a nosotros mismos”
 
Lectura del libro de la Sabiduría 7, 7-11
Oré, y me fue dada la prudencia, supliqué, y descendió sobre mí el espíritu de la Sabiduría. La referí a los cetros y a los tronos, y tuve por nada las riquezas en comparación con ella. No la igualé a la piedra más preciosa, porque todo el oro, comparado con ella, es un poco de arena; y la plata, a su lado, será considerada como barro. 
La amé más que a la salud y a la hermosura, y la quise más que a la luz del día, porque su resplandor no tiene ocaso.             
Junto con ella me vinieron todos los bienes, y ella tenía en sus manos una riqueza incalculable. Palabra de Dios

Salmo 89 
R: Señor, sácianos con tu amor,  y cantaremos felices.
 
Enséñanos a calcular nuestros años,  para que nuestro corazón alcance la sabiduría. ¡Vuélvete, Señor! ¿Hasta cuándo...? Ten compasión de tus servidores.  R. 
Sácianos en seguida con tu amor, y cantaremos felices toda nuestra vida. Alégranos por los días en que nos afligiste,  por los años en que soportamos la desgracia.  R. 
Que tu obra se manifieste a tus servidores, y que tu esplendor esté sobre tus hijos.  Que descienda hasta nosotros la bondad del Señor; que el Señor, nuestro Dios, haga prosperar la obra de nuestras manos.  R. 
 
Lectura de la carta a los Hebreos 4, 12-13
La Palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que cualquier espada de doble filo: ella penetra hasta la raíz del alma y del espíritu, de las articulaciones y de la médula, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón. 
Ninguna cosa creada escapa a su vista, sino que todo está desnudo y descubierto a los ojos de aquel a quien debemos rendir cuentas.  Palabra de Dios.
 
Santo Evangelio según san Marcos 10, 17-30
Cuando se puso en camino, un hombre corrió hacia él y, arrodillándose, le preguntó: «Maestro bueno, ¿qué debo hacer para heredar la Vida eterna?» 
Jesús le dijo: «¿Por qué me llamas bueno? Sólo Dios es bueno. Tú conoces los mandamientos: No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, no perjudicarás a nadie, honra a tu padre y a tu madre.»         
El hombre le respondió: «Maestro, todo eso lo he cumplido desde mi juventud.»             
Jesús lo miró con amor y le dijo: «Sólo te falta una cosa: ve, vende lo que tienes y dalo a los pobres; así tendrás un tesoro en el cielo. Después, ven y sígueme.» 
El, al oír estas palabras, se entristeció y se fue apenado, porque poseía muchos bienes. 
Entonces Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos: «¡Qué difícil será para los ricos entrar en el Reino de Dios!”           
Los discípulos se sorprendieron por estas palabras, pero Jesús continuó diciendo: «Hijos míos, ¡qué difícil es entrar en el Reino de Dios! Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que un rico entre en el Reino de Dios.» 
Los discípulos se asombraron aún más y se preguntaban unos a otros: «Entonces, ¿quién podrá salvarse?»              
Jesús, fijando en ellos su mirada, les dijo: «Para los hombres es imposible, pero no para Dios, porque para él todo es posible.»          
Pedro le dijo: «Tú sabes que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido.»           
Jesús respondió: «Les aseguro que el que haya dejado casa, hermanos y hermanas, madre y padre, hijos o campos por mí y por la Buena Noticia, desde ahora, en este mundo, recibirá el ciento por uno en casas, hermanos y hermanas, madres, hijos y campos, en medio de las persecuciones; y en el mundo futuro recibirá la Vida eterna.» Palabra del Señor.
   
Reflexión 
 
La Palabra siempre es eficaz y nos ayuda a mirar hacia dentro de nosotros mismos, por eso comienza ayudándonos a discernir qué es lo más importante en nuestra oración.
La Sabiduría en la Escritura no consiste en conocimientos adquiridos en la Universidad, es algo que VIENE DE DIOS y a ÉL HAQUE PEDIRLA.
 
El Señor, a través del Evangelista de Marcos nos ejemplifica la enseñanza. Vemos a un hombre de recta conciencia, un judío cumplidor de los Mandamientos que el Padre entregó a Moisés, pero NO ERA SUFICIENTE, intuía que le faltaba algo, no era feliz y recurre al que todos llamaban rabí, maestro.
Jesús "lo mira con amor", ve en su corazón y sabe que el hombre es sincero. ¿Qué le faltaba a este hombre? ¿Solamente desprenderse de sus bienes materiales? ¿Es que Jesús condena a los ricos? Creer esto sería interpretar superficialmente la respuesta del Señor, por supuesto que el rico tiene que preocuparse por el pobre, pero Jesús va más allá, va directo al corazón. Esos bienes a los que nos aferramos somos NOSOTROS MISMOS, con nuestras limitaciones, nuestros deseos de sobresalir sobre los demás.
 
Jesús nos llama a vivir "con los pies en la tierra pero el corazón en el cielo". Nos llama a entregamos a nosotros mismos, claro que SOLOS NO PODEMOS, únicamente abrazados a Él, con la mirada fija en su entrega hasta dar la vida y aferrados a su Palabra hecha Oración podremos alcanzar la Felicidad Eterna, el Reino de los Cielos.
Al Reino de los Cielos entraremos "con las manos vacías y el corazón lleno de nombres", los nombres de esos hermanos que más nos necesitan.
 
Que María Santísima., Nuestra Señora de la Asunción, Modelo de entrega y docilidad nos ayude en nuestro peregrinar y Sta. Teresa de Jesús, Maestra de Oración nos enseñe a discernir cómo y qué tenemos que pedir.
Martha Pereyra  o.c.s.
 
 
Año de la Fe
 
El Papa Benedicto XVI nos convoca a celebrar el año de la fe que dio Comienzo el 11 de octubre de 2012, en el cincuenta aniversario de la apertura del Concilio Vaticano II, y terminará en la solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo, el 24 de noviembre de 2013
 Seguimos publicando: Carta  Apostólica Pota Fidei del Sumo Pontífice Benedicto XVI
Por la fe, los Apóstoles dejaron todo para seguir al Maestro (cf. Mt 10, 28). Creyeron en las palabras con las que anunciaba el Reino de Dios, que está presente y se realiza en su persona (cf. Lc 11, 20). Vivieron en comunión de vida con Jesús, que los instruía con sus enseñanzas, dejándoles una nueva regla de vida por la que serían reconocidos como sus discípulos después de su muerte (cf. Jn 13, 34-35). Por la fe, fueron por el mundo entero, siguiendo el mandato de llevar el Evangelio a toda criatura (cf. Mc 16, 15) y, sin temor alguno, anunciaron a todos la alegría de la resurrección, de la que fueron testigos fieles.
Por la fe, los discípulos formaron la primera comunidad reunida en torno a la enseñanza de los Apóstoles, la oración y la celebración de la Eucaristía, poniendo en común todos sus bienes para atender las necesidades de los hermanos (cf. Hch 2, 42-47).
Por la fe, los mártires entregaron su vida como testimonio de la verdad del Evangelio, que los había trasformado y hecho capaces de llegar hasta el mayor don del amor con el perdón de sus perseguidores.
Por la fe, hombres y mujeres han consagrado su vida a Cristo, dejando todo para vivir en la sencillez evangélica la obediencia, la pobreza y la castidad, signos concretos de la espera del Señor que no tarda en llegar.
Por la fe, muchos cristianos han promovido acciones en favor de la justicia, para hacer concreta la palabra del Señor, que ha venido a proclamar la liberación de los oprimidos y un año de gracia para todos (cf. Lc 4, 18-19). Por la fe, hombres y mujeres de toda edad, cuyos nombres están escritos en el libro de la vida (cf. Ap 7, 9; 13, 8), han confesado a lo largo de los siglos la belleza de seguir al Señor Jesús allí donde se les llamaba a dar testimonio de su ser cristianos: en la familia, la profesión, la vida pública y el desempeño de los carismas y ministerios que se les confiaban.
También nosotros vivimos por la fe: para el reconocimiento vivo del Señor Jesús, presente en nuestras vidas y en la historia.
 
14. El Año de la fe será también una buena oportunidad para intensificar el testimonio de la caridad. San Pablo nos recuerda: «Ahora subsisten la fe, la esperanza y la caridad, estas tres. Pero la mayor de ellas es la caridad» (1 Co 13, 13). Con palabras aún más fuertes —que siempre atañen a los cristianos—, el apóstol Santiago dice: «¿De qué le sirve a uno, hermanos míos, decir que tiene fe, si no tiene obras? ¿Podrá acaso salvarlo esa fe? Si un hermano o una hermana andan desnudos y faltos de alimento diario y alguno de vosotros les dice: “Id en paz, abrigaos y saciaos”, pero no les da lo necesario para el cuerpo, ¿de qué sirve? Así es también la fe: si no se tienen obras, está muerta por dentro. Pero alguno dirá: “Tú tienes fe y yo tengo obras, muéstrame esa fe tuya sin las obras, y yo con mis obras te mostraré la fe”» (St 2, 14-18).
 
La fe sin la caridad no da fruto, y la caridad sin fe sería un sentimiento constantemente a merced de la duda. La fe y el amor se necesitan mutuamente, de modo que una permite a la otra seguir su camino. En efecto, muchos cristianos dedican sus vidas con amor a quien está solo, marginado o excluido, como el primero a quien hay que atender y el más importante que socorrer, porque precisamente en él se refleja el rostro mismo de Cristo.
Gracias a la fe podemos reconocer en quienes piden nuestro amor el rostro del Señor resucitado. «Cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis» (Mt 25, 40): estas palabras suyas son una advertencia que no se ha de olvidar, y una invitación perenne a devolver ese amor con el que él cuida de nosotros. Es la fe la que nos permite reconocer a Cristo, y es su mismo amor el que impulsa a socorrerlo cada vez que se hace nuestro prójimo en el camino de la vida. Sostenidos por la fe, miramos con esperanza a nuestro compromiso en el mundo, aguardando «unos cielos nuevos y una tierra nueva en los que habite la justicia» (2 P3, 13; cf. Ap 21, 1).

15. Llegados sus últimos días, el apóstol Pablo pidió al discípulo Timoteo que «buscara la fe» (cf. 2 Tm 2, 22) con la misma constancia de cuando era niño (cf. 2 Tm 3, 15). Escuchemos esta invitación como dirigida a cada uno de nosotros, para que nadie se vuelva perezoso en la fe. Ella es compañera de vida que nos permite distinguir con ojos siempre nuevos las maravillas que Dios hace por nosotros. Tratando de percibir los signos de los tiempos en la historia actual, nos compromete a cada uno a convertirnos en un signo vivo de la presencia de Cristo resucitado en el mundo. Lo que el mundo necesita hoy de manera especial es el testimonio creíble de los que, iluminados en la mente y el corazón por la Palabra del Señor, son capaces de abrir el corazón y la mente de muchos al deseo de Dios y de la vida verdadera, ésa que no tiene fin.
 
«Que la Palabra del Señor siga avanzando y sea glorificada» (2 Ts 3, 1): que este Año de la fe haga cada vez más fuerte la relación con Cristo, el Señor, pues sólo en él tenemos la certeza para mirar al futuro y la garantía de un amor auténtico y duradero. Las palabras del apóstol Pedro proyectan un último rayo de luz sobre la fe: «Por ello os alegráis, aunque ahora sea preciso padecer un poco en pruebas diversas; así la autenticidad de vuestra fe, más preciosa que el oro, que, aunque es perecedero, se aquilata a fuego, merecerá premio, gloria y honor en la revelación de Jesucristo; sin haberlo visto lo amáis y, sin contemplarlo todavía, creéis en él y así os alegráis con un gozo inefable y radiante, alcanzando así la meta de vuestra fe; la salvación de vuestras almas» (1 P 1, 6-9). La vida de los cristianos conoce la experiencia de la alegría y el sufrimiento. Cuántos santos han experimentado la soledad. Cuántos creyentes son probados también en nuestros días por el silencio de Dios, mientras quisieran escuchar su voz consoladora. Las pruebas de la vida, a la vez que permiten comprender el misterio de la Cruz y participar en los sufrimientos de Cristo (cf. Col 1, 24), son preludio de la alegría y la esperanza a la que conduce la fe: «Cuando soy débil, entonces soy fuerte» (2 Co 12, 10). Nosotros creemos con firme certeza que el Señor Jesús ha vencido el mal y la muerte. Con esta segura confianza nos encomendamos a él: presente entre nosotros, vence el poder del maligno (cf. Lc11, 20), y la Iglesia, comunidad visible de su misericordia, permanece en él como signo de la reconciliación definitiva con el Padre.
Confiemos a la Madre de Dios, proclamada «bienaventurada porque ha creído» (Lc 1, 45), este tiempo de gracia.
 
 
 Ven a mí, Espíritu Santo, agua viva que lanza a la vida eterna: concédeme la gracia de llegar a contemplar el rostro del Padre en la vida y en la alegría sin fin. 
  
Lecturas de la Semana
 
Lunes  15Gál.4, 22-24.26-27.31—5,1; Sal 112; Lc. 11, 29-32.
Martes 16: Gál. 5, 1-6.;  Sal 118; Lc. 11, 37-41.
Miércoles 17: Gál. 5.18-25; Sal 1; Lc. 11, 42-46.
Jueves 18: 2Tim. 4, 10-17b;  Sal 144; Lc. 10, 1-9.
Viernes 19: Ef.  1, 11-14; Sal 32;  Lc. 12, 1-7.
Sábado 20: Ef. 1, 15-23; Sal 8; Lc. 12, 8-12.
 
Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las reflexiones: El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y María.
 
 
Círculo Peregrinoqueremos compartir con vos la Palabra del Señor, por eso podemos ir a tu casa a visitarte a vos o algún familiar enfermo.
Lectio Divina: También podes venir para compartirla  el primer y tercer sábado de cada mes a las 16 hs. en:       
Círculo Bíblico San José
Parroquia San José:
Brandsen 4970 Villa Domínico.
 
 
Si  querés recibir la hojita por e-mail pedila a: miencuentroconjesus@yahoo.com.ar
 
 

viernes, 5 de octubre de 2012

Vigésimo séptimo domingo durante el año


Lecturas del 7-10-12

– Ciclo B –

 “Jesús nos enseña que el matrimonio se convierte en un modo de unirse a Cristo a través del amor al otro"

“Espíritu Santo, dulce huésped del alma,
 ven, ven Señor"
 
Lectura del libro del Génesis 2, 18-24
Dijo el Señor Dios: «No conviene que el hombre esté solo. Voy a hacerle una ayuda adecuada.»
Entonces el Señor Dios modeló con arcilla del suelo a todos los animales del campo y a todos los pájaros del cielo, y los presentó al hombre para ver qué nombre les pondría. Porque cada ser viviente debía tener el nombre que le pusiera el hombre.
El hombre puso un nombre a todos los animales domésticos, a todas las aves del cielo y a todos los animales del campo; pero entre ellos no encontró la ayuda adecuada.          
Entonces el Señor Dios hizo caer sobre el hombre un profundo sueño, y cuando este se durmió, tomó una de sus costillas y cerró con carne el lugar vacío. Luego, con la costilla que había sacado del hombre, el Señor Dios formó una mujer y se la presentó al hombre. El hombre exclamó: «¡Esta sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne! Se llamará Mujer, porque ha sido sacada del hombre.»
Por eso el hombre deja a su padre y a su madre y se une a su mujer, y los dos llegan a ser una sola carne. 
Palabra de Dios.

Salmo 127
 
R. Que el Señor nos bendiga
 todos los días de nuestra vida.
 
¡Feliz el que teme al Señor y sigue sus caminos!
Comerás del fruto de tu trabajo,  serás feliz y todo te irá bien.  R.
 Tu esposa será como una vid fecunda en el seno de tu hogar; tus hijos, como retoños de olivo 
alrededor de tu mesa.  R.
¡Así será bendecido  el hombre que teme al Señor! ¡Que el Señor te bendiga desde Sión 
 todos los días de tu vida: que contemples la paz de Jerusalén  R.
Y veas a los hijos de tus hijos!  ¡Paz a Israel!  R.
 
Lectura de la carta a los Hebreos 2, 9-11
Hermanos: A aquel que fue puesto por poco tiempo debajo de los ángeles, a Jesús, ahora lo vemos coronado de gloria y esplendor, a causa de la muerte que padeció. Así, por la gracia de Dios, él experimentó la muerte en favor de todos.
Convenía, en efecto, que aquel por quien y para quien existen todas las cosas, a fin de llevar a la gloria a un gran número de hijos, perfeccionara, por medio del sufrimiento, al jefe que los conduciría a la salvación. Porque el que santifica y los que son santificados, tienen todos un mismo origen. Por eso, él no se avergüenza de llamarlos hermanos. Palabra de Dios.

Santo Evangelio según San Marcos 10, 2-16
Se acercaron algunos fariseos y, para ponerlo a prueba, le plantearon esta cuestión: «¿Es lícito al hombre divorciarse de su mujer?» El les respondió: «¿Qué es lo que Moisés les ha ordenado?»
Ellos dijeron: «Moisés permitió redactar una declaración de divorcio y separarse de ella.»
Entonces Jesús les respondió: «Si Moisés les dio esta prescripción fue debido a la dureza del corazón de ustedes. Pero desde el principio de la creación, Dios los hizo varón y mujer. Por eso, el hombre dejará a su padre y a su madre, y los dos no serán sino una sola carne. De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Que el hombre no separe lo que Dios ha unido.»              
Cuando regresaron a la casa, los discípulos le volvieron a preguntar sobre esto.              
El les dijo: «El que se divorcia de su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra aquella; y si una mujer se divorcia de su marido y se casa con otro, también comete adulterio.»  
Le trajeron entonces a unos niños para que los tocara, pero los discípulos los reprendieron. Al ver esto, Jesús se enojó y les dijo: «Dejen que los niños se acerquen a mí y no se lo impidan, porque el Reino de Dios pertenece a los que son como ellos. Les aseguro que el que no recibe el Reino de Dios como un niño, no entrará en él.»       
Después los abrazó y los bendijo, imponiéndoles las manos. Palabra del Señor.
    
Reflexión 
 
Jesús describe y sintetiza el plan de Dios para la vida del hombre, para la mujer y el varón…
  
Los textos de este domingo nos permiten reflexionar sobre el auténtico sentido del matrimonio de acuerdo al proyecto de Dios.
 
En el evangelio de entrada se percibe el objetivo de los fariseos que se acercan a Jesús: No les interesa conocer la verdad. No les importa las enseñanzas del Maestro sino poder sorprenderlo en alguna afirmación en contra del Antiguo Testamento para poder acusarlo de blasfemo o de negar las tradiciones de los antepasados. Además la pregunta no es amplia. Es más bien restrictiva: “¿El hombre puede divorciarse de su esposa?”. La ley permitía la decisión de divorciarse o no, solamente al varón. La mujer no era libre, no podía “elegir” dejar a su esposo. La mujer era discriminada a tal punto que era considerada por algunos casi como un “objeto” o una “propiedad” del varón que, podía tenerla o “descartarla” si había un motivo mínimo para ello. De hecho esta es la gran discusión que está detrás de la pregunta que le hacen a Jesús. En el fondo, además de tenderle una trampa, quieren averiguar que piensa el Señor con respecto a los “motivos” de divorcio para que el varón pueda despedir a la mujer. Los “maestros” de la época de Jesús discutían distintas posturas con respecto a estos temas. Jesús no va a entrar en la “trampa legalista” y los va a ir llevando al centro del problema para hacer una enseñanza más amplia y universal. Primero va a la misma Escritura y les pregunta qué es lo mandado por Moisés.
Jesús va a situar esta “prescripción” de Moisés en su justo lugar. Esto fue dado en el pasado porque “ustedes” son “muy duros de corazón”, poco abiertos a la verdad de Dios. A partir de aquí Jesús describe y sintetiza el plan de Dios para la vida del hombre, para la mujer y el varón.
Dios crea al varón y a la mujer para que estén juntos. La unidad y la comunión en la pareja, en el matrimonio, es el designio originario de Dios. Por eso la enseñanza del libro del Génesis dirá que el varón deje su casa paterna para ir a formar una nueva familia con su mujer. El hombre “sólo” no es completo. Llega a la “plenitud” en la pareja, formando los dos una sola carne.
 
Está unidad entre el varón y la mujer es tan fuerte que los dos vivirán como si fueran una sola persona, serán “una sola carne”. Los que se casan ya no pueden vivir como dos personas separadas. La unión de los que se casan en Dios es tan fuerte que nadie los puede separar. Es claro que el hombre no puede separar lo que Dios ha unido.
La enseñanza de Jesús fue más que clara. Sin embargo, en la intimidad, cuando está con sus discípulos más cercanos estos le vuelven a preguntar sobre el tema.
Jesús continuará su enseñanza y dirá con claridad que el divorcio y la nueva unión no están de acuerdo con el designio original de Dios. Si los que están casados se separan de su cónyuge y se une a otra persona comete pecado dado que contradice la unidad que Dios ha dado a los esposos. Lo importante de la reflexión de Jesús es que equipara en igualdad la situación del varón con la mujer. Hasta ese momento el varón podía hacer lo que quisiera. Las palabras de Jesús son “revolucionarias” con respecto al papel de igualdad y de no discriminación que le da a la mujer.
 
 “Es posible hacer que la crisis no gaste el matrimonio, sino que lo mejore” (1)

… en nuestros días el mal del matrimonio es la separación y el divorcio, mientras que en tiempos de Jesús lo era el repudio.             
… Sin embargo Jesús no se limita a reafirmar la ley; le añade la gracia. Esto quiere decir que los esposos cristianos no tienen sólo el deber de mantenerse fieles hasta la muerte; tienen también la ayuda necesaria para hacerlo. De la muerte redentora de Cristo viene una fuerza –el Espíritu Santo- que permea todo aspecto de la vida del creyente, incluido el matrimonio. Éste incluso es elevado a la dignidad de sacramento y de imagen viva de su unión esponsalicia con la Iglesia en la cruz (Ef. 5, 31-32).
 
Decir que el matrimonio es un sacramento no significa sólo que en él está permitida, es lícita y buena, la unión de los sexos, que fuera de aquél sería desorden y pecado; significa –más todavía- decir que el matrimonio se convierte en un modo de unirse a Cristo a través del amor al otro, un verdadero camino de santificación….
No podría ser de otra manera, puesto que su promesa apunta a lo definitivo: el amor tiende a la eternidad.
Este ideal de fidelidad conyugal nunca ha sido fácil (¡adulterio es una palabra que resuena siniestramente hasta en la Biblia!); pero hoy la cultura permisiva en la que vivimos lo ha hecho inmensamente más difícil.
 
La alarmante crisis que atraviesa la institución del matrimonio en nuestra sociedad está a la vista de todos. Legislaciones civiles, que permiten iniciar los trámites de divorcio apenas pocos meses después de vida en común. Palabras como: «estoy harto de esta vida», «me marcho», «si es así, ¡cada uno por su lado!», ya se pronuncian entre cónyuges a la primera dificultad. El matrimonio sufre en ello la mentalidad común del «usar y tirar».
 
¿Qué se puede hacer para contener esta tendencia, que causa tanto mal para la sociedad y tanta tristeza a los hijos?
 
San Pablo daba óptimos consejos al respecto: «Si se enojan, no se dejen arrastrar al pecado ni permitan que la noche los sorprenda enojados, dando ocasión al demonio», «sopórtense los unos a los otros y perdónense mutuamente siempre que alguien tenga motivo de queja contra otro», «Ayúdense mutuamente a llevar las cargas y así cumplirán la Ley de Cristo» (Ef. 4, 26-27; Col 3, 13; Ga 6, 2).      

Lo importante que hay que entender es que en este proceso de crisis y superaciones, el matrimonio no se gasta, sino que se afina y mejora. Si con buena voluntad y la ayuda de alguien se logran superar estas crisis, se percibe hasta qué punto el impulso y el entusiasmo de los primeros días era poca cosa, respecto al amor estable y la comunión madurados en los años. Si primero el esposo y la esposa se amaban por la satisfacción que ello les procuraba, hoy tal vez se aman un poco más con un amor de ternura, libre de egoísmo y capaz de compasión; se aman por las cosas que han pasado y sufrido juntos. (1)(Extracto del P. Raniero Cantalamessa )Año de la Fe: Carta  Apostólica Pota Fidei
del Sumo Pontífice Benedicto XVI
 
El Papa Benedicto XVI convoca al año de la fe que Comenzará el 11 de octubre de 2012, en el cincuenta aniversario de la apertura del Concilio Vaticano II, y terminará en la solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo, el 24 de noviembre de 2013
  
12. Así, pues, el Catecismo de la Iglesia Católica podrá ser en este Año un verdadero instrumento de apoyo a la fe, especialmente para quienes se preocupan por la formación de los cristianos, tan importante en nuestro contexto cultural. Para ello, he invitado a la Congregación para la Doctrina de la Fe a que, de acuerdo con los Dicasterios competentes de la Santa Sede, redacte una Nota con la que se ofrezca a la Iglesia y a los creyentes algunas indicaciones para vivir este Año de la fe de la manera más eficaz y apropiada, ayudándoles a creer y evangelizar.
 
En efecto, la fe está sometida más que en el pasado a una serie de interrogantes que provienen de un cambio de mentalidad que, sobre todo hoy, reduce el ámbito de las certezas racionales al de los logros científicos y tecnológicos. Pero la Iglesia nunca ha tenido miedo de mostrar cómo entre la fe y la verdadera ciencia no puede haber conflicto alguno, porque ambas, aunque por caminos distintos, tienden a la verdad.
 
13. A lo largo de este Año, será decisivo volver a recorrer la historia de nuestra fe, que contempla el misterio insondable del entrecruzarse de la santidad y el pecado. Mientras lo primero pone de relieve la gran contribución que los hombres y las mujeres han ofrecido para el crecimiento y desarrollo de las comunidades a través del testimonio de su vida, lo segundo debe suscitar en cada uno un sincero y constante acto de conversión, con el fin de experimentar la misericordia del Padre que sale al encuentro de todos.
 
Durante este tiempo, tendremos la mirada fija en Jesucristo, «que inició y completa nuestra fe» (Hb 12, 2): en él encuentra su cumplimiento todo afán y todo anhelo del corazón humano. La alegría del amor, la respuesta al drama del sufrimiento y el dolor, la fuerza del perdón ante la ofensa recibida y la victoria de la vida ante el vacío de la muerte, todo tiene su cumplimiento en el misterio de su Encarnación, de su hacerse hombre, de su compartir con nosotros la debilidad humana para transformarla con el poder de su resurrección. En él, muerto y resucitado por nuestra salvación, se iluminan plenamente los ejemplos de fe que han marcado los últimos dos mil años de nuestra historia de salvación.
Por la fe, María acogió la palabra del Ángel y creyó en el anuncio de que sería la Madre de Dios en la obediencia de su entrega (cf. Lc 1, 38). En la visita a Isabel entonó su canto de alabanza al Omnipotente por las maravillas que hace en quienes se encomiendan a Él (cf. Lc 1, 46-55). Con gozo y temblor dio a luz a su único hijo, manteniendo intacta su virginidad (cf. Lc 2, 6-7). Confiada en su esposo José, llevó a Jesús a Egipto para salvarlo de la persecución de Herodes (cf. Mt 2, 13-15). Con la misma fe siguió al Señor en su predicación y permaneció con él hasta el Calvario (cf. Jn 19, 25-27). Con fe, María saboreó los frutos de la resurrección de Jesús y, guardando todos los recuerdos en su corazón (cf. Lc 2, 19.51), los transmitió a los Doce, reunidos con ella en el Cenáculo para recibir el Espíritu Santo (cf. Hch 1, 14; 2, 1-4).
Continúa ….
 
 
Lecturas de la Semana
 
Lunes  8Gál.1, 6-12;  Sal 110; Lc. 10, 25-37.
Martes 9Gál. 1, 13-24;  Sal 138; Lc. 10, 38-42.
Miércoles 10Gál. 2.1-3.6-14; Sal 116; Lc. 11, 1-4.
Jueves 11: Gál. 3, 1-5;  Sal Lc. 1, 69-75; Lc. 11, 5-13.
Viernes 12Gál.  3, 7-14; Sal 110;  Lc. 11, 15-26.
Sábado 13: Gál. 3, 22-29; Sal 104; Lc. 11, 27-28.
 
Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las reflexiones: El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y María. CEBIPAL/CELAM
 
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Lectio Divina: También podes venir para compartirla  el primer y tercer sábado de cada mes a las 16 hs. en:       
 
Círculo Bíblico San José
Parroquia San José:
Brandsen 4970 Villa Domínico.
 
 
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viernes, 28 de septiembre de 2012

Vigésimo sexto domingo durante el año


Lecturas del 30-09-12
– Ciclo B –
“Jesús nos enseña a vivir con tolerancia y radicalidad”
 
Lectura del libro de los Números 11, 25-29
Entonces el Señor descendió en la nube y le habló a Moisés. Después tomó algo del espíritu que estaba sobre él y lo infundió a los setenta ancianos. Y apenas el espíritu se posó sobre ellos, comenzaron a hablar en éxtasis; pero después no volvieron a hacerlo.    
Dos hombres -uno llamado Eldad y el otro Medad- se habían quedado en el campamento; y como figuraban entre los inscritos, el espíritu se posó sobre ellos, a pesar de que no habían ido a la Carpa. Y también ellos se pusieron a hablar en éxtasis.
Un muchacho vino corriendo y comunicó la noticia a Moisés, con estas palabras: «Eldad y Medad están profetizando en el campamento.»               
Josué, hijo de Nun, que desde su juventud era ayudante de Moisés, intervino diciendo: «Moisés, señor mío, no se lo permitas.»      
Pero Moisés le respondió: «¿Acaso estás celoso a causa de mí? ¡Ojalá todos fueran profetas en el pueblo del Señor, porque él les infunde su espíritu!»  Palabra de Dios.
 
Salmo  18
R. Los preceptos del Señor son rectos, alegran el corazón.
 
La ley del Señor es perfecta,  reconforta el alma; el testimonio del Señor es verdadero,  da sabiduría al simple.  R.
La palabra del Señor es pura,  permanece para siempre; los juicios del Señor son la verdad,  enteramente justos.  R.
También a mí me instruyen: observarlos es muy provechoso.  Pero ¿quién advierte sus propios errores?  Purifícame de las faltas ocultas.  R.
Presérvame, además, del orgullo,  para que no me domine: entonces seré irreprochable  y me veré libre de ese gran pecado.  R.
  
Lectura de la carta del apóstol Santiago 5, 1-6 
Ustedes, los ricos, lloren y giman por las desgracias que les van a sobrevenir. Porque sus riquezas se han echado a perder y sus vestidos están roídos por la polilla. Su oro y su plata se han herrumbrado, y esa herrumbre dará testimonio contra ustedes y devorará sus cuerpos como un fuego. ¡Ustedes han amontonado riquezas, ahora que es el tiempo final! Sepan que el salario que han retenido a los que trabajaron en sus campos está clamando, y el clamor de los cosechadores ha llegado a los oídos del Señor del universo.
Ustedes llevaron en este mundo una vida de lujo y de placer, y se han cebado a sí mismos para el día de la matanza. Han condenado y han matado al justo, sin que él les opusiera resistencia.
Palabra de Dios.
  
Evangelio según san Marcos 9, 38-43. 45. 47-50
Juan dijo a Jesús: «Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu Nombre, y tratamos de impedírselo porque no es de los nuestros.»
Pero Jesús les dijo: «No se lo impidan, porque nadie puede hacer un milagro en mi Nombre y luego hablar mal de mí. Y el que no está contra nosotros, está con nosotros.              
Les aseguro que no quedará sin recompensa el que les dé de beber un vaso de agua por el hecho de que ustedes pertenecen a Cristo.                
Si alguien llegara a escandalizar a uno de estos pequeños que tienen fe, sería preferible para él que le ataran al cuello una piedra de moler y lo arrojaran al mar.         
Si tu mano es para ti ocasión de pecado, córtala, porque más te vale entrar en la Vida manco, que ir con tus dos manos a la Gehena, al fuego inextinguible. Y si tu pie es para ti ocasión de pecado, córtalo, porque más te vale entrar lisiado en la Vida, que ser arrojado con tus dos pies a la Gehena.
Y si tu ojo es para ti ocasión de pecado, arráncalo, porque más te vale entrar con un solo ojo en el Reino de Dios, que ser arrojado con tus dos ojos a la Gehena, donde el gusano no muere y el fuego no se apaga.» 
Porque cada uno será salado por el fuego. La sal es una cosa excelente, pero si se vuelve insípida, ¿con qué la volverán a salar? Que haya sal en ustedes mismos y vivan en paz unos con otros». Palabra del Señor.
 
Reflexión   
 “No es de los nuestros”
Hacia una comunidad alternativa: tolerancia y radicalidad
 
Quizá en tiempos de Jesús, y bien seguro en los años posteriores, algunos de los muchos taumaturgos, exorcistas y curanderos del mundo judío o griego debió de usar su nombre en las prácticas de curación y expulsión de demonios.  Los discípulos –o las comunidades cristianas posteriores- se creen en la obligación de impedirlo como si se tratara de una usurpación.  Con la actitud intransigente y sectoría pretenden tener monopolio sobre Jesús.  Se consideran los dueños de su causa, e intentan parar a los que actúan fuera de su grupo, especialmente si triunfan.  Es la tentación del exclusivismo, del monopolio, del capitalismo.
 
En este episodio del exorcista sin credenciales, Jesús sale al encuentro de esos primeros gestos de intransigencia entre sus discípulos.  El relato nos descubre el egoísmo del grupo, del temor mezquino a la competencia de los otros, el creerse en posesión de la verdad, en fin, al discípulo ruin y cicatero, profundamente inseguro, que soporta con dificultad que el Espíritu sople donde quiera.
 
Pero la causa de Jesús, el reino de Dios, excede con mucho los límites de la comunidad y de la misma Iglesia.  Ni los discípulos entonces, ni las comunidades cristianas y la Iglesia hoy, tienen la exclusiva del proyecto de Dios en el mundo.  El Espíritu de Dios no se encierra en grupos o instituciones, sino que es soberanamente libre.
 
El sectarismo y la intolerancia no tienen sitio en la comunidad cristiana.  No puede haber envidias porque otros hagan el bien. ¡Lo que interesa es que el bien sea hecho!  Nuestros auténticos amigos y aliados son los que hacen el bien, los que expulsan demonios, aunque no sean de nuestro grupo. El discípulo de ayer y hoy, ha de saber valorar y trabajar codo a codo, con todo el que hace el bien y lucha por un mundo más justo, fraternal, aunque no esté adscrito  a su comunidad, ni tenga su credo, ni pertenezca a su iglesia, grupo o partido.  Y es que “el que no está contra nosotros, está a favor nuestro”.
 
Los cristianos deberíamos valorar con gozo los logros humanos, grandes o pequeños, y todos los triunfos de la justicia que se alcanzan en el campo político, económico o social, por efímeros que nos puedan parecer.  Lejos de creernos portadores únicos de salvación, debemos acoger con gozo esa corriente de salvación que se abre camino en la historia de la humanidad, no sólo en la Iglesia sino también junto a ella y más allá de sus muros e instituciones.
 
En la comunidad de Jesús nada es trivial: los hechos más pequeños e insignificantes, se han tenido en cuenta a las personas y han sido una ayuda para ellas, no quedarán sin recompensa. Poner dificultades a los débiles, escandalizar a los pequeños, hacerles perder la fe en las posibilidades del reino no encaja con la buena noticia.
 
Escándalo significa “la piedra con la que se puede tropezar”.  Tradicionalmente se ha visto el escándalo, sobre todo, en la corrupción de las costumbres, en las modas y espectáculos provocativos y en todo aquello que turbara los hábitos sociales en el campo del sexo.  Pero escandaliza todo aquel que con su actuación obstaculiza o hace más difícil la vida digna y humana de actuar al margen de la propia conciencia; escandaliza todo aquel que incita a una vida inmoral.  En este sentido, hoy vivimos en una sociedad “escandalosa” en la que se estimula hacia actuaciones poco humanas.
 
La desigualdad económica y social es hoy escandalosa, y está llevando al individualismo, a la insolidaridad y a la marginación de los débiles. Estrategias poco transparentes, enfrentamiento mezquino y manejos turbios al margen del bien común son un escándalo para muchos ciudadanos y están llevando al desaliento, la inhibición y la desconfianza en las instituciones públicas.  La agresividad, las descalificaciones destructivas, la violencia verbal de los políticos, la falta de libertades, las amenazas y actos de terror que algunos sufren son un escándalo para nuestra sociedad, que necesita urgentemente modelos públicos de diálogo, solidaridad y colaboración en el bien común. 
 
Una Iglesia que anuncia y proclama la buena noticia, el acercamiento a los excluidos, el respeto a los derechos humanos, pero que después no los respeta en su interior, y que aparece a los ojos de la sociedad con ostentación, poder y riqueza, también escandaliza.
 
Los cristianos hemos de tener muy presente la grave advertencia de Jesús que nos pone en guardia ante el escándalo.  El Reino (=la vida) es algo absoluto.  Cuando está en juego, hay que saber elegir, y elegir bien.
 
Por eso, no a las medias tintas, sí a la radicalidad.  En la comunidad de Jesús no se funciona a “medias tintas”.  Quien ha quedado fascinado por Dios y su Reino lo subordina todo a ellos.
El texto nos invita a ser radicales, a ir a la raíz cuando los que están en juego es entrar en la vida, y nos enseña que ante el don del Reino no valen las medias tintas.
 
La regla de la convivencia es que cada parte acepte la existencia de las otras y adopte la actitud del respeto y el servicio y, evite prepotencia, victimismos, escándalos y justificaciones.  Ser para los demás, servir, ésta es la cuestión, esto es a convivir en paz.
 
Ser gente con sal.  La sal tenía y tiene importancia en muchas culturas.  En Biblia se utiliza como símbolo de duración y valor, en cuanto sirve para purificar, condimentar y conservar; y precisamente por esto se pone en relación con Dios, mientras el hedor y corrupción llevan el pensamiento a los demonios, que en las costumbres orientales son arrojados con sal. Por eso la sal era usada abundantemente en celebraciones y ritos religiosos.
 
En la comunidad alternativa, cada uno ha de ser sal, y dar ese punto de sabor a las cosas que las hace deleitables y que la conserva impidiendo su putrefacción.  Cada uno ha de tener un cierto “salero” que haga agradable la vida comunitaria.  Sólo cuando seamos sal los unos para con los otros la comunidad podrá vivir en paz.
 
Padre Daniel Silva


Año de la Fe: Carta  Apostólica Pota Fidei del Sumo Pontífice Benedicto XVI
 
El Papa Benedicto XVI convoca al año de la fe que Comenzará el 11 de octubre de 2012, en el cincuenta aniversario de la apertura del Concilio Vaticano II, y terminará en la solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo, el 24 de noviembre de 2013
 
Como se puede ver, el conocimiento de los contenidos de la fe es esencial para dar el propio asentimiento, es decir, para adherirse plenamente con la inteligencia y la voluntad a lo que propone la Iglesia. El conocimiento de la fe introduce en la totalidad del misterio salvífico revelado por Dios. El asentimiento que se presta implica por tanto que, cuando se cree, se acepta libremente todo el misterio de la fe, ya que quien garantiza su verdad es Dios mismo que se revela y da a conocer su misterio de amor.
Por otra parte, no podemos olvidar que muchas personas en nuestro contexto cultural, aún no reconociendo en ellos el don de la fe, buscan con sinceridad el sentido último y la verdad definitiva de su existencia y del mundo. Esta búsqueda es un auténtico «preámbulo» de la fe, porque lleva a las personas por el camino que conduce al misterio de Dios. La misma razón del hombre, en efecto, lleva inscrita la exigencia de «lo que vale y permanece siempre». Esta exigencia constituye una invitación permanente, inscrita indeleblemente en el corazón humano, a ponerse en camino para encontrar a Aquel que no buscaríamos si no hubiera ya venido. La fe nos invita y nos abre totalmente a este encuentro.
 
11. Para acceder a un conocimiento sistemático del contenido de la fe, todos pueden encontrar en el Catecismo de la Iglesia Católica un subsidio precioso e indispensable. Es uno de los frutos más importantes del Concilio Vaticano II. En la Constitución apostólica Fidei depositum, firmada precisamente al cumplirse el trigésimo aniversario de la apertura del Concilio Vaticano II, el beato Juan Pablo II escribía: «Este Catecismo es una contribución importantísima a la obra de renovación de la vida eclesial... Lo declaro como regla segura para la enseñanza de la fe y como instrumento válido y legítimo al servicio de la comunión eclesial»
Precisamente en este horizonte, el Año de la fe deberá expresar un compromiso unánime para redescubrir y estudiar los contenidos fundamentales de la fe, sintetizados sistemática y orgánicamente en el Catecismo de la Iglesia CatólicaEn efecto, en él se pone de manifiesto la riqueza de la enseñanza que la Iglesia ha recibido, custodiado y ofrecido en sus dos mil años de historia. Desde la Sagrada Escritura a los Padres de la Iglesia, de los Maestros de teología a los Santos de todos los siglos, el Catecismo ofrece una memoria permanente de los diferentes modos en que la Iglesia ha meditado sobre la fe y ha progresado en la doctrina, para dar certeza a los creyentes en su vida de fe.
En su misma estructura, el Catecismo de la Iglesia Católica presenta el desarrollo de la fe hasta abordar los grandes temas de la vida cotidiana. A través de sus páginas se descubre que todo lo que se presenta no es una teoría, sino el encuentro con una Persona que vive en la Iglesia.
Continúa ….
 
 
Lunes 1 de Octubre: Acto de clausura presidido por Mons. Rubén Oscar Frassia: “El diálogo de la Iglesia con el mundo”, Con la participación de destacados conferencistas e invitación a autoridades civiles y de instituciones de nuestra Diócesis
Horario: de 19.30 a 22 hs, Teatro Roma Sarmiento 101 – Avellaneda. Entrada  libre y gratuita
 
 
Lecturas de la Semana
 
Lunes  1: Job.1, 6-22;  Sal 16; Lc. 9, 46-50.
Martes 2Ex. 23, 20-23;  Sal 90; Mt. 18, 1-5. 10.
Miércoles 3: Jb. 9, 1-12.14-16; Sal 87; Lc. 9, 57-62.
Jueves 4: Jb. 19, 21-27;  Sal 26; Lc. 10, 1-12.
Viernes 5: Jb.  38, 1.12-21;40. 3-5; Sal 138;  Lc. 10, 13-16.
Sábado 6: Jb. 42, 1-3.5-6.12-17; Sal 118; Lc. 10, 17-24.
 
Círculo Peregrinoqueremos compartir con vos la Palabra del Señor, por eso podemos ir a tu casa a visitarte a vos o algún familiar enfermo.
Lectio Divina: También podes venir para compartirla  el primer y tercer sábado de cada mes a las 16 hs. en:       
 
Círculo Bíblico San José
Parroquia San José:
Brandsen 4970 Villa Domínico.