Intención para la evangelización ‐

Intenciones de oración de septiembre: Oremos por una gestión justa y sostenible del agua, recurso vital, para que todos tengan acceso equitativo a ella.

"Todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre"

"Todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre" Mt 7, 7-8. No sé qué quería, pero había algo en mí que me movía a buscar, tal vez que las cosas tengan sentido, y te encontré. Me cuestionaba sobre la vida y me diste tu sabiduría para que pueda encontrar alegría y paz. Ante mis miedos y dudas, te pido que me acompañes en mi peregrinar y me das tu Espíritu Santo, el mismo que te acompaño a vos, hoy me acompaña a mí, me asiste y guía. Hoy sigo buscando más de tu Palabra, de la Verdad y el camino, con la confianza puesta en vos, Dios mío, sé que estás presente en mi vida. Ven Señor Jesús, te necesito.

Del libro de la Sabiduría 6, 12-16

Del libro de la Sabiduría 6, 12-16: La Sabiduría es luminosa y nunca pierde su brillo: se deja contemplar fácilmente por los que la aman y encontrar por los que la buscan. Ella se anticipa a darse a conocer a los que la desean. El que madruga para buscarla no se fatigará, porque la encontrará sentada a su puerta. Meditar en ella es la perfección de la prudencia, y el que se desvela por su causa pronto quedará libre de inquietudes. La Sabiduría busca por todas partes a los que son dignos de ella, se les aparece con benevolencia en los caminos y le sale al encuentro en todos sus pensamientos.

viernes, 15 de noviembre de 2013

Trigésimo tercer domingo durante el año


 
 
"El Dios viviente y de la vida nos llama a  perseverar y a tener esperanza"
Lecturas del 17/11/13
-Ciclo C-
 
Libro de Malaquías 3,19-20.            
Porque llega el Día, abrasador como un horno. Todos los arrogantes y los que hacen el mal serán como paja; el Día que llega los consumirá, dice el Señor de los ejércitos, hasta no dejarles raíz ni rama. 
Pero para ustedes, los que temen mi Nombre, brillará el sol de justicia que trae la salud en sus rayos, y saldrán brincando como terneros bien alimentados. Palabra de Dios.                 

Salmo 97
R: El Señor viene a gobernar a los pueblos con rectitud.           
Canten al Señor con el arpa y al son de instrumentos musicales; con clarines y sonidos de trompeta aclamen al Señor, que es Rey. R                 Resuene el mar y todo lo que hay en él, el mundo y todos sus habitantes; aplaudan las corrientes del océano, griten de gozo las montañas al unísono. R
Griten de gozo delante del Señor, porque él viene a gobernar la tierra; él gobernará al mundo con justicia, y a los pueblos con rectitud. R               

Segunda C S. Pablo a los Tesalonicenses 3,6-12.         
Les ordenamos, hermanos, en nombre de nuestro Señor Jesucristo, que se aparten de todo hermano que lleve una vida ociosa, contrariamente a la enseñanza que recibieron de nosotros. Ustedes ya saben cómo deben seguir nuestro ejemplo. Cuando estábamos entre ustedes, no vivíamos como holgazanes, y nadie nos regalaba el pan que comíamos. Al contrario, trabajábamos duramente, día y noche, hasta cansarnos, con tal de no ser una carga para ninguno de ustedes. Aunque teníamos el derecho de proceder de otra manera, queríamos darles un ejemplo para imitar. En aquella ocasión les impusimos esta regla: el que no quiera trabajar, que no coma. Ahora, sin embargo, nos enteramos de que algunos de ustedes viven ociosamente, no haciendo nada y entrometiéndose en todo. A estos les mandamos y los exhortamos en el Señor Jesucristo que trabajen en paz para ganarse su pan. Palabra de Dios.        

Evangelio según San Lucas 21,5-19. 
Y como algunos, hablando del Templo, decían que estaba adornado con hermosas piedras y ofrendas votivas, Jesús dijo: "De todo lo que ustedes contemplan, un día no quedará piedra sobre piedra: todo será destruido". 
Ellos le preguntaron: "Maestro, ¿cuándo tendrá lugar esto, y cuál será la señal de que va a suceder?". Jesús respondió: "Tengan cuidado, no se dejen engañar, porque muchos se presentarán en mi Nombre, diciendo: 'Soy yo', y también: 'El tiempo está cerca'. No los sigan.                 
Cuando oigan hablar de guerras y revoluciones no se alarmen; es necesario que esto ocurra antes, pero no llegará tan pronto el fin".
Después les dijo: "Se levantará nación contra nación y reino contra reino. Habrá grandes terremotos; peste y hambre en muchas partes; se verán también fenómenos aterradores y grandes señales en el cielo.
Pero antes de todo eso, los detendrán, los perseguirán, los entregarán a las sinagogas y serán encarcelados; los llevarán ante reyes y gobernadores a causa de mi Nombre, y esto les sucederá para que puedan dar testimonio de mí.
Tengan bien presente que no deberán preparar su defensa, porque yo mismo les daré una elocuencia y una sabiduría que ninguno de sus adversarios podrá resistir ni contradecir.     
Serán entregados hasta por sus propios padres y hermanos, por sus parientes y amigos; y a muchos de ustedes los matarán. Serán odiados por todos a causa de mí Nombre. Pero ni siquiera un cabello se les caerá de la cabeza. Gracias a la constancia salvaran su vida.Palabra del Señor.    
Reflexión:
Ser ante el mundo un signo de esperanza.
 
El ministerio de Jesús en Jerusalén culmina con el llamado “discurso escatológico”, es decir, la enseñanza sobre el fin.
Nos ubicamos de nuevo en el Templo de Jerusalén, los oyentes se encuentran dentro y el tema de conversación es su decoración interna. Esta ambientación le da mayor solemnidad al pasaje: ante Jesús está un amplio auditorio que incluye a los discípulos y a la multitud.
El discurso de Jesús parece a primera vista oscuro y quizás algo negativo. Pero si miramos bien, notaremos cómo poco a poco va colocando palabras positivas, como si fueran luces discretas en medio de la oscuridad, y esto es lo que en última instancia importa. Notemos esta constante: caminando a través de las crisis maduramos para la plena vida.
 
La magnificencia del Templo. Obedece al gusto de su último reconstructor: el rey Herodes el Grande (40-4 a C). En los días del ministerio de Jesús la construcción estaba bastante avanzada, si bien no terminada completamente. Los peregrinos no podían sino quedar boquiabiertos ante semejante edificación, la cual tenía lo mejor en materiales y decoración.
La profecía de Jesús. El dijo: ‘Esto que veis, llegarán días en que no quedará piedra sobre piedra que no sea destruida’. Jesús anuncia un cambio de situación: “ lo que la gente ahora “contempla” será destruido, los muros se vendrán al piso, “una piedra no quedará encima de otra”. El mensaje de Jesús es que no hay que sentirse absolutamente seguro con el hecho de tener Templo porque un día será destruido.
Puesto que en la mentalidad judía se pensaba que el fin del Templo sería uno de los signos del fin de los tiempos, la pregunta sobre la llegada del fin de la historia pasa ahora a ocupar el centro de atención: “Le preguntaron: ‘Maestro, ¿cuándo sucederá eso? Y ¿cuál será la señal de que todas estas cosas están para ocurrir?’”
 
Ante la pregunta por el “cuándo” y el “cómo” de la llegada del “fin” y de cara ante la lista de acontecimientos trágicos enumerados, Jesús nos hace caer en cuenta que ninguno de ellos es exclusivo de ningún período histórico particular. Lo mismo vale para las persecuciones a los discípulos. Lo que cuenta es que en medio de ellas debe brillar la fuerza de la fe y del testimonio.
Un discípulo de Jesús no es inmune a las crisis de la humanidad; pero en medio de ellas no puede caer ni en estrés ni tampoco adormecerse acunado en falsas seguridades de espiritualidades superficiales que ignoran la realidad de la vida o invitan a la fuga de ella, sino movilizar evangelización con la fuerza de los profetas.
Con las enseñanzas de hoy retomamos con mayor conciencia de sus implicaciones el evangelio de las Bienaventuranzas que leímos al inicio de este año: “Bienaventurados seréis cuando los hombres os odien, cuando os expulsen, os injurien y proscriban vuestro nombre como malo, por causa del Hijo del hombre. 
Alegraos ese día y saltad de gozo, que vuestra recompensa será grande en el cielo.     
En medio de las dificultades del mundo (violencia, pobreza, marginación, silenciamiento de las voces críticas) los discípulos son “profetas”. Como lo deja entender el pasaje de hoy, viviendo las actitudes enseñadas por Jesús, ellos encararán con realismo histórico y fe madura las violencias presentes y futuras, y alcanzarán la plena libertad.
Habrá dificultades, sí, muchas de ellas absurdas, pero así como en aquella ocasión que nos narra los Hechos de los Apóstoles, los discípulos siguen adelante “contentos por haber sido considerados dignos de sufrir ultrajes por el Nombre” (Hechos 5,41). Esto es vivir las bienaventuranzas y ser ante el mundo un signo de esperanza.
 
Los acontecimientos del fin. El evangelista transmite su visión de la historia de la salvación en tres momentos: destrucción de Jerusalén, tiempo de la misión o de la Iglesia y, por último, la venida del Hijo del Hombre, que traerá la plenitud del Reino de Dios,
Para Lucas la destrucción de Jerusalén es el fin de toda una etapa de la historia salvífica, pero no el signo de la llegada del fin. Es verdad que a lo largo del discurso escatológico aparecen afirmaciones que expresan proximidad del fin del mundo. Sin embargo, vemos también cómo el cristianismo lucano empieza a aceptar en su concepción de la historia el retraso de la parusía.
Hay en el Evangelio una clara advertencia a los que esperaban impacientemente la vuelta del Señor, enfrentándolos al tiempo del testimonio, el que está viviendo la comunidad. Existía el peligro, en la corriente del entusiasmo apocalíptico, de perder el contacto con la realidad histórica y cotidiana. Pero si el Señor ha vencido a la muerte, piensa, Lucas, el fin hacia el que caminamos no es una utopía anónima, sin Jesús resucitado, a quien encontramos también, oculta y sacramentalmente, en la Iglesia y en el mundo. Así, la finalidad de este discurso en Lucas no es tanto describir los acontecimientos que se van a suceder en el futuro como dar a los creyentes de su comunidad la fuerza y el coraje para que puedan vivir, en este tiempo de testimonio, el seguimiento de Jesús, en medio de las pruebas y dificultades, recordándoles el valor del tiempo presente.
 
La destrucción del templo así como Jerusalén representa, desde la perspectiva de Jesús, el final del Antigua Alianza entre Dios y el pueblo de Israel, el derrumbamiento de una forma de entender la religión de forma legalista, cultual y farisaica. En el Reino de Dios que Él inaugura ya no se necesitará templo, ni ciudad santa, ni sacrificios, porque toda la humanidad es el gran templo de Dios.
 
“Los perseguirán”. La persecución no es algo por lo general, que venga de repente debido a la maldad o ceguera de algunas personas. La verdadera persecución comienza a gestarse cuando la Iglesia y los cristianos se convierten en amenaza para los intereses egoístas e injustos de los sectores más poderosos e influyentes en una sociedad. La ausencia de una verdadera persecución en el mundo puede significar que nadie siente necesidad de acosar hoy la fe para tratar de anularla, pues los mismos cristianos nos encargamos de vaciarla de su fuerza con su mediocridad y rutina de nuestras vidas. Puede ser también signo de que vivimos esa fe de manera privada e intimista sin repercusión en la vida pública y social.
 
“Tengan confianza”. La esperanza cristiana no se alimenta del fracaso de otras esperanzas que podemos alimentar como personas. La confianza cristiana desacraliza toda la realidad, pero fiada en la Palabra de Dios sabe que la vida merece la pena, la historia tiene sentido y todo sucede para bien de los hijos de Dios.
 
“Si perseveran, conseguirán la vida”. Lucas se preocupa de subrayar que “el final no vendrá enseguida”. La historia de la humanidad se prolongará. Una historia que avanza, pero en la que no faltarán momentos de crisis, violencia y enfrentamientos; situaciones en las que todo lo que afianza la vida parecerá tambalearse.
La paz será destruida por la violencia y los enfrentamientos. La solidaridad entre los hombres se romperá; se llegará al odio y a la muerte. El mismo universo parecerá negarse a sostener la vida.
 
¡Hay que perseverar y tener esperanza! La intención de Jesús no es la de hacernos vivir sobrecogidos, esperando casi con morbosidad cuándo ocurrirá todo esto. Jesús nos invita por el contrario, a enfrentarnos con lucidez y responsabilidad a una historia larga, difícil y conflictiva. Y concretamente, nos subraya una actitud fundamental: la perseverancia. Lo que puede llevarnos a los hombres a la verdadera salvación no es la violencia que lo pretende resolver todo por la fuerza, ni el abandono y la dimisión de los que se cansan de seguir luchando por un futuro mejor. Sólo el trabajo constante y tenaz de los incansables abre un porvenir de vida y salvación.
 
Oh, amado Jesús.
 
Ayúdame a esparcir Tu fragancia por donde quiera que vaya. Inunda mi alma con Tu Espíritu y Vida.         
Penetra y posee todo mi ser tan completamente, que mi vida entera sea un resplandor de la tuya.
Brilla a través de mí y permanece tan dentro de mí, que cada alma con que me encuentre pueda sentir Tu presencia en la mía. 
¡Permite que no me vean a mí, sino solamente a Jesús!
 
Quédate conmigo y empezaré a resplandecer como Tú,  a brillar tanto que pueda ser una luz para los demás.
“Nunca perdamos la esperanza.
Jamás la apaguemos en nuestro corazón.”
 
Tres sencillas actitudes: mantener la esperanza, dejarse sorprender por Dios y vivir con alegría.
 
Mantener la esperanza. Cuántas dificultades hay en la vida de cada uno, en nuestra gente, nuestras comunidades, pero, por más grandes que parezcan, Dios nunca deja que nos hundamos. Ante el desaliento que podría haber en la vida, en quien trabaja en la evangelización o en aquellos que se esfuerzan por vivir la fe como padres y madres de familia, quisiera decirles con fuerza: Tengan siempre en el corazón esta certeza: Dios camina a su lado, en ningún momento los abandona. Nunca perdamos la esperanza. Jamás la apaguemos en nuestro corazón. …el mal, existe en nuestra historia, pero no es el más fuerte. El más fuerte es Dios, y Dios es nuestra esperanza. Es cierto que hoy en día, todos un poco, y también nuestros jóvenes, sienten la sugestión de tantos ídolos que se ponen en el lugar de Dios y parecen dar esperanza: el dinero, el éxito, el poder, el placer.
Con frecuencia se abre camino en el corazón de muchos una sensación de soledad y vacío, y lleva a la búsqueda de compensaciones, de estos ídolos pasajeros. Queridos hermanos y hermanas, seamos luces de esperanza. Tengamos una visión positiva de la realidad. Demos aliento a la generosidad que caracteriza a los jóvenes, ayudémoslos a ser protagonistas de la construcción de un mundo mejor: son un motor poderoso para la Iglesia y para la sociedad. Ellos no sólo necesitan cosas. Necesitan sobre todo que se les propongan esos valores inmateriales que son el corazón espiritual de un pueblo, la memoria de un pueblo: espiritualidad, generosidad, solidaridad, perseverancia, fraternidad, alegría; son valores que encuentran sus raíces más profundas en la fe cristiana.

Dejarse sorprender por Dios. Quien es hombre, mujer de esperanza —la gran esperanza que nos da la fe— sabe que Dios actúa y nos sorprende también en medio de las dificultades
 
Vivir con alegría. Queridos amigos, si caminamos en la esperanza, dejándonos sorprender por el vino nuevo que nos ofrece Jesús, ya hay alegría en nuestro corazón y no podemos dejar de ser testigos de esta alegría. El cristiano es alegre, nunca triste. Dios nos acompaña. Tenemos una Madre que intercede siempre por la vida de sus hijos, por nosotros...
 
Jesús nos ha mostrado que el rostro de Dios es el de un Padre que nos ama. El pecado y la muerte han sido vencidos. El cristiano no puede ser pesimista. No tiene el aspecto de quien parece estar de luto perpetuo. Si estamos verdaderamente enamorados de Cristo y sentimos cuánto nos ama, nuestro corazón se «inflamará» de tanta alegría que contagiará a cuantos viven a nuestro alrededor. Como decía Benedicto XVI: «El discípulo sabe que sin Cristo no hay luz, no hay esperanza, no hay amor, no hay futuro»
               Aparecida, 24 de julio de 2013
 
"Ojalá Jesús te vaya marcando el camino para encontrarte con quien necesita más.
Tu corazón, cuando te encuentres con aquél que más necesita, se va a empezar a agrandar, agrandar, agrandar, porque el encuentro multiplica
la capacidad del amor, agranda el corazón".
 
“Si los bienes materiales y el dinero se convierten en el centro de la vida, nos atrapan y nos esclavizan”
 
“Nuestra oración no se puede reducir a una hora el domingo; es importante tener una relación cotidiana con el Señor”
 
"Lo importante  no es mirar desde lejos o ayudarlo desde lejos, sino ir al encuentro. Eso es lo cristiano, lo que nos enseña Jesús. Ir al encuentro de los más necesitados. Como Jesús que iba siempre al encuentro de la gente. Él iba a encontrarlos".
 
Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las reflexiones: El libro del Pueblo de Dios. Misioneros Oblatos. Pbro. Daniel Silva. . Vocabulario de Teología Bíblica. León Doufour.

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viernes, 8 de noviembre de 2013

Trigésimo segundo domingo durante el año


"El Dios viviente y de la vida nos llama a la plenitud de la vida en la resurrección"
Lecturas del 10/11/13
-Ciclo C-
Segundo Libro de Macabeos 6,1;7,1-2.9-14.
Poco tiempo después, el rey envió a un consejero ateniense para que obligara a los judíos a abandonar la costumbres de su padres y a no vivir conforme a las leyes de Dios. Fueron detenidos siete hermanos, junto con su madre. El rey, flagelándolos con azotes y tendones de buey, trató de obligarlos a comer carne de cerdo, prohibida por la Ley. Pero uno de ellos, hablando en nombre de todos, le dijo: "¿Qué quieres preguntar y saber de nosotros? Estamos dispuestos a morir, antes que violar las leyes de nuestros padres".              
Y cuando estaba por dar el último suspiro, dijo: "Tú, malvado, nos privas de la vida presente, pero el Rey del universo nos resucitará a una vida eterna, ya que nosotros morimos por sus leyes". 
Después de este, fue castigado el tercero. Apenas se lo pidieron, presentó su lengua, extendió decididamente sus manos y dijo con valentía: "Yo he recibido estos miembros como un don del Cielo, pero ahora los desprecio por amor a sus leyes y espero recibirlos nuevamente de él".           
El rey y sus acompañantes estaban sorprendidos del valor de aquel joven, que no hacía ningún caso de sus sufrimientos. Una vez que murió este, sometieron al cuarto a la misma tortura y a los mismos suplicios. Y cuando ya estaba próximo a su fin, habló así: "Es preferible morir a manos de los hombres, con la esperanza puesta en Dios de ser resucitados por él. Tú, en cambio, no resucitarás para la vida". Palabra de Dios.      

Salmo 17
R: Señor, al despertar, me saciaré de tu presencia. 
Escucha, Señor, mi justa demanda, atiende a mi clamor; presta oído a mi plegaria, porque en mis labios no hay falsedad. R
Mis pies se mantuvieron firmes en los caminos señalados: ¡mis pasos nunca se apartaron de tus huellas! Yo te invoco, Dios mío, porque tú me respondes: inclina tu oído hacia mí y escucha mis palabras. R
Escóndeme a la sombra de tus alas.              
Pero yo, por tu justicia, contemplaré tu rostro, y al despertar, me saciaré de tu presencia. R         

Segunda C S. Pablo a los Tesalonicenses 2,16-3,5.      

Hermanos: que nuestro Señor Jesucristo y Dios, nuestro Padre, que nos amó y nos dio gratuitamente un consuelo eterno y una feliz esperanza, los reconforte y fortalezca en toda obra y en toda palabra buena.     
Finalmente, hermanos, rueguen por nosotros, para que la Palabra del Señor se propague rápidamente y sea glorificada como lo es entre ustedes. 
Rueguen también para que nos veamos libres de los hombres malvados y perversos, ya que no todos tienen fe.      
Pero el Señor es fiel: él los fortalecerá y los preservará del Maligno.     
Nosotros tenemos plena confianza en el Señor de que ustedes cumplen y seguirán cumpliendo nuestras disposiciones. Que el Señor los encamine hacia el amor de Dios y les dé la perseverancia de Cristo. Palabra de Dios.      



Evangelio según San Lucas 20,27-38.            
Se acercaron a Jesús algunos saduceos, que niegan la resurrección, y le dijeron: "Maestro, Moisés nos ha ordenado: Si alguien está casado y muere sin tener hijos, que su hermano, para darle descendencia, se case con la viuda. Ahora bien, había siete hermanos. El primero se casó y murió sin tener hijos. El segundo se casó con la viuda, y luego el tercero. Y así murieron los siete sin dejar descendencia. Finalmente, también murió la mujer.
Cuando resuciten los muertos, ¿de quién será esposa, ya que los siete la tuvieron por mujer?".   
Jesús les respondió: "En este mundo los hombres y las mujeres se casan, pero los que sean juzgados dignos de participar del mundo futuro y de la resurrección, no se casarán. Ya no pueden morir, porque son semejantes a los ángeles y son hijos de Dios, al ser hijos de la resurrección.       
Que los muertos van a resucitar, Moisés lo ha dado a entender en el pasaje de la zarza, cuando llama al Señor el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob. Porque él no es un Dios de muertos, sino de vivientes; todos, en efecto, viven para él". Palabra del Señor.

Reflexión:
La resurrección es nuestro destino de gloria
Nos acercamos al final de año litúrgico en el cual hemos seguido, cada domingo, el itinerario del evangelio de Lucas. En éste y en los próximos dos domingos, colocaremos nuestra mirada en la meta de nuestro caminar como discípulos y misioneros del Señor, vamos a fijar nuestros ojos en el cielo nuevo y en la tierra nueva que vendrán al final de los tiempos, en el pleno y definitivo encuentro con Jesús.
Hoy el relato del evangelio nos sitúa en la ciudad santa, en la explanada del Templo, donde Jesús realiza su misión, la controversia entre Jesús y los saduceos, nos lleva a colocar en primer plano nuestra esperanza en la Resurrección. No nacimos para morir sino para vivir.
Los saduceos eran los más conservadores en el judaísmo de la época de Jesús. Pero sólo en sus ideas, no en su conducta. Tenían como revelados por Dios sólo los primeros cinco libros de la Biblia, los que ellos atribuían a Moisés. Los profetas, los escritos apocalípticos, todo lo referente por tanto al Reino de Dios, a las exigencias de cambio en la historia, a la otra vida, lo consideraban ideas “liberacionistas”, para ellos no existía otra vida, la única vida que existía era la presente, y en ella eran los privilegiados; por eso, no había que esperar otra.
A esa manera de pensar pertenecían las familias sacerdotales principales, los ancianos, o sea, los jefes de las familias aristocráticas y tenían sus propios escribas que, aunque no eran los más prestigiosos, les ayudaban a fundamentar teológicamente sus aspiraciones a una buena vida. Las riquezas y el poder que tenían eran muestra de que eran los preferidos de Dios. No necesitaban esperar otra vida. Gracias a eso mantenían una posición cómoda: por un lado, la apariencia de piedad; por otro, un estilo de vida de acuerdo a las costumbres paganas de los romanos, sus amigos, de quienes recibían privilegios y concesiones que agrandaban sus fortunas.
En respuesta a la pregunta capciosa de los saduceos sobre el destino de la mujer que ha tenido siete maridos en la tierra, Jesús reafirma sobre todo el hecho de la resurrección, corrigiendo, a la vez, la representación materialista y caricaturesca que se hacen de ella los saduceos.
La bienaventuranza eterna no es sencillamente una potenciación y prolongación de las alegrías terrenas, con disfrutes de la carne y de la mesa. La otra vida es de verdad otra vida, una vida de calidad diferente. Es, el cumplimiento de todas las esperanzas que el hombre tiene sobre la tierra e infinitamente más, pero en un plano distinto. «Los que alcancen a ser dignos de tener parte en aquel mundo y en la resurrección de entre los muertos, ni ellos tomarán mujer ni ellas marido, ni pueden ya morir, porque son como ángeles».               
La resurrección es nuestro destino de gloria, no es una simple trasposición de nuestras condiciones de vida actuales: es un verdadero y completo nacimiento a la vida gracias a la obra amorosa del Dios de la vida. En esta fe se alienta nuestra esperanza, encontramos fuerza a la hora de la tribulación y sentimos impulso para hacer todo lo posible de manera que la vida actual vaya en esa dirección.
En la parte final del Evangelio, Jesús explica el motivo por el que debe haber vida después de la muerte. «Que los muertos resucitan lo ha indicado también Moisés en lo de la zarza, cuando llama al Señor "el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob". No es un Dios de muertos, sino de vivos, porque para él todos viven». ¿Dónde está en ello la prueba de que los muertos resucitan? Si Dios se define «el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob» y es un Dios de vivos, no de muertos, entonces quiere decir que Abraham, Isaac y Jacob viven en algún lugar, si bien, en el momento en que Dios habla a Moisés, aquellos están muertos desde hace siglos.               

Interpretando de manera errada la respuesta que Jesús da a los saduceos, algunos han sostenido que el matrimonio carece de toda continuidad en el cielo. Pero con esa frase Jesús rechaza la idea caricaturesca que los saduceos presentan del más allá, como si fuera una sencilla continuación de las relaciones terrenas entre los cónyuges; no excluye que estos se puedan reencontrar, en Dios, el vínculo que les ha unido en la tierra.    

¿Es posible que dos esposos, tras una vida que les ha asociado a Dios en el milagro de la creación, en la vida eterna, ya no tengan nada en común, como si todo estuviera olvidado, o perdido? ¿No estaría esto en contradicción con la palabra de Cristo de que no se debe dividir lo que Dios ha unido?
Si Dios les ha unido en la tierra, ¿cómo podría separarles en el cielo? ¿Toda una vida juntos puede acabar en la nada sin que se desmienta el sentido mismo de la vida aquí abajo, que es el de preparar la venida del Reino, los cielos nuevos y la tierra nueva?               
Es la Escritura misma -no sólo el natural deseo de los esposos- la que apoya esta esperanza. El matrimonio, dice la Escritura, es «un gran sacramento» porque simboliza la unión entre Cristo y la Iglesia (Ef. 5, 32). ¿Es posible, entonces, que desaparezca precisamente en la Jerusalén celeste, donde se celebra el eterno banquete nupcial entre Cristo y la Iglesia, del que aquel es imagen? Según esta visión, el matrimonio no acaba del todo con la muerte, sino que se transfigura, se espiritualiza, se sustrae a todos los límites que marcan la vida en la tierra, igual que, por lo demás, no se olvidan los vínculos existentes entre padres e hijos, o entre amigos. En el prefacio de la Misa de difuntos la liturgia dice que con la muerte «la vida no termina, se transforma»; lo mismo se debe decir del matrimonio, que es parte integrante de la vida.           
En conclusión: Jesús enseña que la resurrección no es una simple continuación de la vida terrena. La resurrección nos hace “hijos de Dios”, participantes de la vida divina, y por tanto, libres de los vínculos que caracterizan la vida material de los “hijos de este mundo”. Al participar en la resurrección de Jesús, los discípulos participan en el misterio de la filiación divina. 
La vida cristiana, resurrección anticipada. El evangelista Juan desarrolla poco el cuadro de la resurrección final, es que lo ve realizado anticipadamente desde el tiempo presente. Lázaro saliendo de la tumba representa concretamente a los fieles arrancados a la muerte por la voz de Jesús (cf. Jn 2,25s). También el sermón sobre la obra de vivificación del Hijo del hombre contiene afirmaciones explícitas: «Llega la hora, y ya estamos en ella, en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y todos los que la hayan oído vivirán» (Jn 5,25).
Esta declaración inequívoca coincide con la experiencia cristiana tal como la expresa la primera epístola de san Juan: «Nosotros sabemos que hemos pasado de la muerte a la vida…» (Jn 3,14). Quienquiera que posea esta vida no caerá nunca en poder de la muerte (Jn 6,50; 11,26; cf. Rom 5,8s). Esta certeza no suprime la espera de la resurrección final; pero desde ahora transforma una vida que ha entrado en relación con Cristo.
San Pablo decía ya lo mismo subrayando el carácter pascual de la vida cristiana, participación real en la vida de Cristo resucitado. Sepultados con él en el bautismo, hemos resucitado también con él, porque hemos creído en la fuerza de Dios que lo resucitó de entre los muertos
(Col 2,12; Rom 6,4ss).
La vida 'nueva en que entonces entramos no es otra cosa que su vida de resucitado (Ef. 2,5s). En efecto, en aquel momento se nos dijo: « ¡Despierta, tú que duermes! Levántate de entre los muertos y Cristo te iluminará» (Ef5,14).
Esta certeza fundamental rige toda la existencia cristiana. Domina la moral que ahora ya se impone al hombre nuevo nacido en Cristo:«Resucitados con Cristo buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios» (Col 3,1 -ss). Esta certeza es también la fuente de su 'esperanza. En efecto, si el cristiano aguarda con impaciencia la transformación final de su cuerpo de miseria en cuerpo de gloria (Rom 8,22s; Flp 3,10s.20s), es que ya posee las arras de este estado futuro (Rom 8,23; 2Cor 5,5). Su resurrección final no hará sino manifestar claramente lo que ya es en la realidad secreta del misterio (Col 3,4).
Un mundo mejor es posible. Francisco:
“En los Sacramentos nos encontramos con Jesús para comunicarlo a los demás”
El papa Francisco presidió esta mañana la audiencia general semanal en la Plaza de San Pedro. El Santo Padre continuó con su reflexión sobre la comunión de los santos y se detuvo en otro aspecto de aquella realidad: la participación en los bienes espirituales de la Iglesia. 
... El pontífice subrayó que en los sacramentos "nos encontramos con Jesús y, por medio de Él, entramos a formar parte del Pueblo de Dios”. Al poner de relieve que todo encuentro con el Señor tiene un carácter misionero, Francisco enfatizó en que los Sacramentos “constituyen una invitación a comunicar a los otros lo que hemos visto y oído, a llevar a los demás la salvación que hemos recibido”.      
Asimismo, el pontífice se refirió a los carismas: “Son dones y gracias especiales que el Espíritu Santo reparte para la edificación de la Iglesia”. Ellos enriquecen la caridad, que está por encima de todo. Sin amor los carismas son vanos. Con amor, hasta el menor de nuestros actos repercute en beneficio de todos”.              

Al finalizar la audiencia, el Papa contó con gran naturalidad que esta mañana visitó a una niña, Noemí, de un año y medio, enferma. Francisco expresó a los fieles presentes: “Ahora me permito pedirles un acto de caridad, pero estén tranquilos -dijo sonriendo- que no se hará una colecta". “Antes de venir a la plaza fui a visitar a una niña de una año y medio, con una enfermedad gravísima, su padre y su madre rezan, piden al Señor por la salud de esta bella niña, se llama Noemí, sonreía pobrecita... hagamos un acto de amor: nosotros no la conocemos, pero es una niña bautizada, es una de nosotros, es una niña cristiana, hagamos un acto de amor por ella, pidamos al Señor en silencio un momento que la ayude y le dé salud y después rezamos el Ave María”. Al finalizar la oración mariana, Francisco agradeció a los presentes “por este acto de caridad”.
Al culminar la audiencia general en la Plaza de San Pedro, el Papa conmovió nuevamente al mundo al abrazar efusivamente a un hombre que padece neurofibromatosis, una enfermedad neuronal que causa tumores en la piel y en los huesos, causando gran dolor.
Al saludar, como hace habitualmente, a los peregrinos que llegaron para participar en la audiencia general, en un intenso gesto, Francisco se detuvo durante varios minutos para acoger en sus brazos al hombre enfermo. Instantes después lo tomó del rostro y le dio su bendición. 
                 6 noviembre de 2013  Plaza de San Pedro, AICA
"Ojalá Jesús te vaya marcando el camino para encontrarte con quien necesita más.
Tu corazón, cuando te encuentres con aquél que más necesita, se va a empezar a agrandar, agrandar, agrandar, porque el encuentro multiplica
la capacidad del amor, agranda el corazón".
“Si los bienes materiales y el dinero se convierten en el centro de la vida, nos atrapan y nos esclavizan”
“Nuestra oración no se puede reducir a una hora el domingo; es importante tener una relación cotidiana con el Señor”
“… lo que la Iglesia necesita con mayor urgencia hoy es una capacidad de curar heridas y dar calor a los corazones de los fieles, cercanía, proximidad”
…“Tenemos que anunciar el Evangelio en todas partes, predicando la buena noticia del Reino y curando, también con nuestra predicación, todo tipo de herida y cualquier enfermedad”.
"Lo importante -puntualizó- no es mirar desde lejos o ayudarlo desde lejos, sino ir al encuentro. Eso es lo cristiano, lo que nos enseña Jesús. Ir al encuentro de los más necesitados. Como Jesús que iba siempre al encuentro de la gente. Él iba a encontrarlos".
Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las reflexiones: El libro del Pueblo de Dios. Misioneros Oblatos. Servicio Bíblico Latinoamericano.P. Raniero Cantalamessa. Vocabulario de Teología Bíblica. León Doufour

Cuadro de texto: Círculo Bíblico San José
Parroquia San José:
Brandsen 4970 Villa Domínico.
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jueves, 31 de octubre de 2013

Trigésimo primer domingo durante el año


"El hijo del hombre vino a buscar y a salvar lo que estaba perdido"
Lecturas del 3/11/13
-Ciclo C-
Libro de la Sabiduría 11,22-26.12,1-2.         
Señor, el mundo entero es delante de ti como un grano de polvo que apenas inclina la balanza, como una gota de rocío matinal que cae sobre la tierra.   
Tú te compadeces de todos, porque todo lo puedes, y apartas los ojos de los pecados de los hombres para que ellos se conviertan. Tú amas todo lo que existe y no aborreces nada de lo que has hecho, porque si hubieras odiado algo, no lo habrías creado. ¿Cómo podría subsistir una cosa si tú no quisieras? ¿Cómo se conservaría si no la hubieras llamado? Pero tú eres indulgente con todos, ya que todo es tuyo, Señor que amas la vida, porque tu espíritu incorruptible está en todas las cosas. Por eso reprendes poco a poco a los que caen, y los amonestas recordándoles sus pecados, para que se aparten del mal y crean en ti, Señor. 
Palabra de Dios.   

Salmo 144          
             R: Bendeciré tu Nombre eternamente, 
Dios mío, el único Rey.  
Te alabaré, Dios mío, a ti, el único Rey, y bendeciré tu Nombre eternamente día tras día te bendeciré, y alabaré tu Nombre sin cesar. R                
El Señor es bondadoso y compasivo, lento para enojarse y de gran misericordia; el Señor es bueno con todos y tiene compasión de todas sus criaturas. R     
Que todas tus obras te den gracias, Señor, y tus fieles te bendigan; que anuncien la gloria de tu reino y proclamen tu poder, tu reino es un reino eterno, y tu dominio permanece para siempre. R            
El Señor es fiel en todas sus palabras y bondadoso en todas sus acciones. El Señor sostiene a los que caen y endereza a los que están encorvados. R 

Segunda C S. Pablo a Tesalonicenses 1,11-.2,-2           
Hermanos, rogamos constantemente por ustedes a fin de que Dios los haga dignos de su llamado, y lleve a término en ustedes, con su poder, todo buen propósito y toda acción inspirada en la fe. Así el nombre del Señor Jesús será glorificado en ustedes, y ustedes en él, conforme a la gracia de nuestro Dios y del Señor Jesucristo. 
Acerca de la Venida de nuestro Señor Jesucristo y de nuestra reunión con él, les rogamos, hermanos, que no se dejen perturbar fácilmente ni se alarmen, sea por anuncios proféticos, o por palabras o cartas atribuidas a nosotros, que hacen creer que el Día del Señor ya ha llegado. 
Palabra de Dios.   

Evangelio según San Lucas 19,1-10.              
Jesús entró en Jericó y atravesaba la ciudad.           
Allí vivía un hombre muy rico llamado Zaqueo, que era jefe de los publicanos. El quería ver quién era Jesús, pero no podía a causa de la multitud, porque era de baja estatura.        
Entonces se adelantó y subió a un sicomoro para poder verlo, porque iba a pasar por allí.           
Al llegar a ese lugar, Jesús miró hacia arriba y le dijo: "Zaqueo, baja pronto, porque hoy tengo que alojarme en tu casa". Zaqueo bajó rápidamente y lo recibió con alegría.           
Al ver esto, todos murmuraban, diciendo: "Se ha ido a alojar en casa de un pecador".   
Pero Zaqueo dijo resueltamente al Señor: "Señor, voy a dar la mitad de mis bienes a los pobres, y si he perjudicado a alguien, le daré cuatro veces más"              .
Y Jesús le dijo: "Hoy ha llegado la salvación a esta casa, ya que también este hombre es un hijo de Abraham, porque el Hijo del hombre vino a buscar y a salvar lo que estaba perdido". 
Palabra del Señor.              

Reflexión:
Llegamos casi al final del viaje de Jesús hacia Jerusalén. Nos aproximamos al momento culminante del ministerio de Jesús, el evangelio ofrecido universalmente a publicanos y pecadores, toma cuerpo en la historia de la conversión de Zaqueo.
Y no solamente publicanos y pecadores. El evangelio de la salvación se le ofrece a pobres y a ricos. En el episodio inmediatamente anterior, vemos a Jesús en la entrada de la ciudad de Jericó declararle al mendigo-ciego que está en situación de marginalidad: “Ve, tu fe te ha salvado” (Lc. 18,42). Ahora será salvado quien está en el corazón de la ciudad, quien es presentado desde el principio como una persona de autoridad (“jefe”) y poseedor de bienes (“rico”); para él también se dirá: “Hoy ha llegado la salvación a esta casa.” Jesús, en su camino hacia Jerusalén se presenta como un pastor buscando celosamente a sus ovejas.
En el corazón del evangelio resuena el fuerte llamado: “¡Zaqueo, baja pronto, porque conviene que hoy me que quede yo en tu casa!”De esta manera el relato nos pone ante una historia de lo que es una experiencia de Jesús.
Jesús es el misionero que “entra en una ciudad” y en una “casa”, contra todas las expectativas, en casa de Zaqueo es bien recibido y su enseñanza tiene efecto. Por los resultados se nota. La historia de Zaqueo nos describe a Jesús Buen Pastor que sabe salvar la vida de la oveja perdida, trayéndola –mediante un proceso que restaura completamente su existencia- a la casa donde es miembro: Zaqueo es el “hijo” perdido que vuelve a casa.
Una vez más Lucas nos hace testigos del accionar de Dios, en la persona de Jesús, hacia aquellos que actúan mal, paciente y compasivo, lento a la ira y rico en misericordia,  el que perdona, amigo de la vida, siempre saliendo al encuentro de sus hijos, corrige lentamente, respeta los ritmos y siempre busca la vida y la reconciliación, construyendo con ellos una relación nueva de amor. En este sentido, Dios es definido como “el amigo de la vida”. Nos dice que Dios ama entrañablemente todo lo que existe, porque su aliento de vida está en todas las cosas.    
Muy seguramente nosotros, por nuestra incapacidad de acoger y perdonar, no hubiéramos considerado a Zaqueo como un hijo bienaventurado de Dios, como no lo consideraron sus paisanos que murmuraron contra Jesús diciendo: “Ha ido a hospedarse a casa de un hombre pecador”. Decididamente los conciudadanos de Jesús creían en un Dios diferente. Por eso pensaban también de forma diferente. Para el judaísmo de la época el perdón era cuestión de ritos de purificación hechos en el templo con la mediación del sacerdote, era un puro cumplimiento; para Jesús la oferta del perdón se realiza por medio del Hijo del hombre, ya no en el templo sino en cualquier casa, y con ese perdón se ofrece también la liberación total de lo que oprime al ser humano.   
Por eso, la actitud de Jesús es sorprendente, sale al encuentro de Zaqueo y le regala su amor: lo mira, le habla, desea hospedarse en su casa, quiere compartir su propia miseria y su pecado (robo, fraude, corrupción) y ser acogido en su libertad para la conversión. 
La actitud de Jesús es la que produce la conversión que se realiza en la libertad. Todo lo que le pasa a Zaqueo es fruto del amor de Dios que actúa en su hijo Jesús, es la manifestación de la misericordia y la compasión de Dios que perdona y da la fuerza para cambiar. De esta manera la vida se reconstruye y me puedo liberar de todas las ataduras que me esclavizan, puedo entregarlo todo, sin miedos y sin restricciones.     
Con esta actitud, Zaqueo se constituye en prototipo de discípulo, porque nos muestra de qué manera la conversión influye en nuestra relación con los bienes materiales; y en segundo lugar nos recuerda las exigencias que conlleva seguir a Jesús hasta el final. Aquí la salvación que llega en la persona de Jesús opera un cambio radical de vida.       

El caso de Zaqueo puede ser iluminador para el tema de la opción por los pobres.         
Jesús opta por los pobres, mira la vida desde su óptica, se pone al lado de ellos, y comparte su causa. Evidentemente, no excluye a las personas ricas, y ése es el caso de Zaqueo. Pero Jesús no es neutral en el tema de riqueza-pobreza. Su encuentro con Zaqueo no deja a éste indiferente: Jesús lo desafía a pronunciarse, incluso económicamente. Jesús no excluye a Zaqueo, ni a ninguna otra persona rica, pero “sí excluye el modo de vida de los ricos, basada en la opresión y la injusticia”, exigiéndoles la justicia y el amor. La opción por los pobres no excluye a ninguna persona ¡al contrario, desearía alcanzar y cambiar a todos los que no asumen la causa! 
La atención, como se ve, está en el uso que hay que hacer de las riquezas. Las riquezas son perversas cuando se acaparan, sustrayéndolas a los más débiles y empleándolas para el propio lujo desenfrenado; dejan de ser injustas cuando son fruto del propio trabajo y se ponen al servicio de los demás y de la comunidad. Dios puede hacer el milagro de convertir y salvar a un rico sin, necesariamente, reducirlo al estado de pobreza.            
Hoy. No dudemos que Jesús nos está llamando también a nosotros a la conversión, nos está invitando a que cambiemos radicalmente nuestra vida. El Señor nos propone unirnos a Él, ser sus discípulos y a ejemplo de Zaqueo ser capaces de despojarnos de todo lo que no nos permite vivir auténticamente como cristianos. Aceptemos la mirada de Jesús, dejemos que Él se tropiece con nosotros en el camino e invitémoslo a nuestra casa para que Él pueda sanar nuestras heridas y reconfortar nuestro corazón. No tengamos miedo, dejémonos seducir por el Señor, por el maestro, para confesar nuestras culpas, arrepentirnos, expresar nuestra necesidad de ser justos, devolver lo que le hemos quitado al otro. El Señor está con nosotros para que experimentemos su amor. Él ya nos ha perdonado, por eso es posible la conversión.         
“La gran riqueza de los pobres”.
Mi Señor:
Guíame por el camino de la verdad, a mantenerme firme delante de los fuertes y a no decir mentiras para ganarme el aplauso de los débiles.
Si obtengo fortuna, ayúdame a mantener la razón.
Si obtengo éxito, ayúdame a mantener la humildad.
Si me das humildad, ayúdame a mantener la dignidad.
Ayúdame siempre a ver la otra cara de la medalla, no me dejes inculpar de traición a los demás por no pensar igual que yo.
Enséñame a querer a la gente como a mí mismo.
No me dejes caer en el orgullo si triunfo, ni en la desesperación si fracaso.
Más bien recuérdame que el fracaso es la experiencia que precede al triunfo.
Enséñame que perdonar es un signo de grandeza y que la venganza es una señal de bajeza.
Si me quitas el éxito, déjame fuerzas para aprender del fracaso.
Si yo ofendiera a la gente, dame valor para disculparme y si la gente me ofende, dame valor para perdonar.
¡Señor...si yo me olvido de ti, nunca te olvides de mí! 
                                                                            Mahatma Gandhi  
Un mundo mejor es posible. Francisco:
                       “La comunión de los santos es un vínculo profundo e indisoluble”
Introduciendo la celebración litúrgica del 1 de noviembre, en la que la Iglesia celebra a todos los Santos, el Papa dedicó su catequesis de hoy a la comunión de los santos.
"Hoy quiero hablar sobre una realidad muy bella de nuestra fe: la comunión de los santos. Esta expresión tiene dos significados relacionados: comunión en las cosas santas y comunión entre las personas santas. El segundo significado recuerda que existe una comunión de vida entre los que creemos en Cristo y nos hemos  incorporado a Él en la Iglesia por el Bautismo.  
La relación entre Jesús y el Padre es la “matriz” del vínculo entre los cristianos: si estamos radicados en esta “matriz”, en este fuego ardiente de amor que es la Trinidad, podemos llegar a poseer un único corazón y una única alma, porque el amor de Dios abrasa nuestros egoísmos, juicios y divisiones. La “comunión de los santos” es una gran familia, donde todos los miembros se ayudan y se sostienen entre sí.      

Preguntémonos: ¿Sabemos compartir las incertezas de nuestro itinerario de fe buscando la fraterna ayuda de la oración y del consuelo espiritual? ¿Estamos disponibles a escuchar y ayudar a cuantos nos lo piden? La “comunión de los santos”, gracias a la Resurrección de Cristo, establece un vínculo profundo e indisoluble entre los que peregrinan en la tierra, las ánimas del Purgatorio y los que gozan de la bienaventuranza celeste, en la que nos unimos como Iglesia, que encuentra en la oración de intercesión la más alta forma de solidaridad".          
Al finalizar estas palabras saludó a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos provenientes de la Argentina, España, El Salvador, México y los demás países latinoamericanos e invitó a todos “a redescubrir la belleza de la fe en la comunión de los santos. Una realidad que nos concierne mientras somos peregrinos en el tiempo, y en la cual, con la gracia de Dios, viviremos para siempre".
Miércoles 30 octubre  de 2013  Plaza de San Pedro, AICA
Twitter de Francisco:
Si los bienes materiales y el dinero se convierten en el centro de la vida, nos atrapan y nos esclavizan. (29 oct.)
Muchas veces contribuimos a la globalización de la indiferencia; intentemos, más bien, vivir una solidaridad global. (26 oct.)
Ser cristiano implica renunciar a nosotros mismos, tomar la cruz y llevarla con Jesús. No hay otro camino. (24 oct.)
Nuestra oración no se puede reducir a una hora el domingo; es importante tener una relación cotidiana con el Señor. (17 oct.)
"Ojalá Jesús te vaya marcando el camino para encontrarte con quien necesita más.
Tu corazón, cuando te encuentres con aquél que más necesita, se va a empezar a agrandar, agrandar, agrandar, porque el encuentro multiplica
la capacidad del amor, agranda el corazón".
Quédate conmigo, esta noche, Jesús, en la vida con todos los peligros, yo te necesito. Déjame reconocerte como lo hicieron tus discípulos en la partición del pan, para que la Comunión Eucarística sea la luz que dispersa la oscuridad, la fuerza que me sostiene, el único gozo de mi corazón. Amén. P. Pío
Lecturas de la semana
Lunes 4:  Rom. 11, 29-36; Sal 68; Lc. 14, 12-14.
Martes 5: Rom. 12, 5-16;  Sal. 130;  Lc. 14, 15-24.
Miércoles 6: Rom. 13, 8-10; Sal 111; Lc. 14, 25-33.
Jueves 7:  Gál. 4, 4-7; Sal Jdt. 13, 18-19;  Jn. 2, 1-11.
Viernes 8: Rom. 15, 14-21; Sal 97; Lc. 16, 1-8.
Sábado 9: Ez. 47,1-2. 8-9; Sal 45;  Jn. 2, 13-22.
Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las reflexiones: El libro del Pueblo de Dios. Misioneros Oblatos. Servicio Bíblico Latinoamericano.P. Raniero Cantalamessa.
Cuadro de texto: Círculo Bíblico San José
Parroquia San José:
Brandsen 4970 Villa Domínico.
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