Intención para la evangelización ‐

Intenciones de oración de septiembre: Oremos por una gestión justa y sostenible del agua, recurso vital, para que todos tengan acceso equitativo a ella.

"Todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre"

"Todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre" Mt 7, 7-8. No sé qué quería, pero había algo en mí que me movía a buscar, tal vez que las cosas tengan sentido, y te encontré. Me cuestionaba sobre la vida y me diste tu sabiduría para que pueda encontrar alegría y paz. Ante mis miedos y dudas, te pido que me acompañes en mi peregrinar y me das tu Espíritu Santo, el mismo que te acompaño a vos, hoy me acompaña a mí, me asiste y guía. Hoy sigo buscando más de tu Palabra, de la Verdad y el camino, con la confianza puesta en vos, Dios mío, sé que estás presente en mi vida. Ven Señor Jesús, te necesito.

Del libro de la Sabiduría 6, 12-16

Del libro de la Sabiduría 6, 12-16: La Sabiduría es luminosa y nunca pierde su brillo: se deja contemplar fácilmente por los que la aman y encontrar por los que la buscan. Ella se anticipa a darse a conocer a los que la desean. El que madruga para buscarla no se fatigará, porque la encontrará sentada a su puerta. Meditar en ella es la perfección de la prudencia, y el que se desvela por su causa pronto quedará libre de inquietudes. La Sabiduría busca por todas partes a los que son dignos de ella, se les aparece con benevolencia en los caminos y le sale al encuentro en todos sus pensamientos.

sábado, 22 de febrero de 2014

Sexto Domingo durante el año (Ciclo A)

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“Ante los hombres están la vida y la muerte: a cada uno se le dará lo que prefiera”
Lecturas del 16-02-14

Libro de Eclesiástico 15,15-20.        
Si quieres, puedes observar los mandamientos y cumplir fielmente lo que le agrada. El puso ante ti el fuego y el agua: hacia lo que quieras, extenderás tu mano. Ante los hombres están la vida y la muerte: a cada uno se le dará lo que prefiera.
Porque grande es la sabiduría del Señor, él es fuerte y poderoso, y ve todas las cosas.  
Sus ojos están fijos en aquellos que lo temen y él conoce todas las obras del hombre.   
A nadie le ordenó ser impío ni dio a nadie autorización para pecar. Palabra de Dios.      

Salmo 118           
R: Felices los que los que siguen la ley del Señor
Felices los que van por un camino intachable, los que siguen la ley del Señor. Felices los que cumplen sus prescripciones y lo buscan de todo corazón. R   Tú promulgaste tus mandamientos para que se cumplieran íntegramente. ¡Ojalá yo me mantenga firme en la observancia de tus preceptos!  R
Sé bueno con tu servidor, para que yo viva y pueda cumplir tu palabra. Abre mis ojos, para que contemple las maravillas de tu ley.  R
Muéstrame, Señor, el camino de tus preceptos, y yo los cumpliré a la perfección. Instrúyeme, para que observe tu ley y la cumpla de todo corazón. R            

Primera Carta de San Pablo a los Corintios 2,6-10.   
Hermanos: Es verdad que anunciamos una sabiduría entre aquellos que son personas espiritualmente maduras, pero no la sabiduría de este mundo ni la que ostentan los dominadores de este mundo, condenados a la destrucción.
Lo que anunciamos es una sabiduría de Dios, misteriosa y secreta, que él preparó para nuestra gloria antes que existiera el mundo; aquella que ninguno de los dominadores de este mundo alcanzó a conocer, porque si la hubieran conocido no habrían crucificado al Señor de la gloria.   
Nosotros anunciamos, como dice la Escritura, lo que nadie vio ni oyó y ni siquiera pudo pensar, aquello que Dios preparó para los que lo aman.   
Dios nos reveló todo esto por medio del Espíritu, porque el Espíritu lo penetra todo, hasta lo más íntimo de Dios.  Palabra de Dios.   
Evangelio según San Mateo 5,17-37.             Jesús dijo a sus discípulos: No piensen que vine para abolir la Ley o los Profetas: yo no he venido a abolir, sino a dar cumplimiento.               
Les aseguro que no desaparecerá ni una i ni una coma de la Ley, antes que desaparezcan el cielo y la tierra, hasta que todo se realice. El que no cumpla el más pequeño de estos mandamientos, y enseñe a los otros a hacer lo mismo, será considerado el menor en el Reino de los Cielos. En cambio, el que los cumpla y enseñe, será considerado grande en el Reino de los Cielos.      
Les aseguro que si la justicia de ustedes no es superior a la de los escribas y fariseos, no entrarán en el Reino de los Cielos.              
Ustedes han oído que se dijo a los antepasados: No matarás, y el que mata, debe ser llevado ante el tribunal. Pero yo les digo que todo aquel que se irrita contra su hermano, merece ser condenado por un tribunal. Y todo aquel que lo insulta, merece ser castigado por el Sanedrín. Y el que lo maldice, merece la Gehena de fuego.
Por lo tanto, si al presentar tu ofrenda en el altar, te acuerdas de que tu hermano tiene alguna queja contra ti, deja tu ofrenda ante el altar, ve a reconciliarte con tu hermano, y sólo entonces vuelve a presentar tu ofrenda.
Trata de llegar en seguida a un acuerdo con tu adversario, mientras vas caminando con él, no sea que el adversario te entregue al juez, y el juez al guardia, y te pongan preso. Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último centavo.
Ustedes han oído que se dijo: No cometerás adulterio. Pero yo les digo: El que mira a una mujer deseándola, ya cometió adulterio con ella en su corazón. Si tu ojo derecho es para ti una ocasión de pecado, arráncalo y arrójalo lejos de ti: es preferible que se pierda uno solo de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea arrojado a la Gehena. Y si tu mano derecha es para ti una ocasión de pecado, córtala y arrójala lejos de ti: es preferible que se pierda uno solo de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea arrojado a la Gehena.
También se dijo: El que se divorcia de su mujer, debe darle una declaración de divorcio.             
Pero yo les digo: El que se divorcia de su mujer, excepto en caso de unión ilegal, la expone a cometer adulterio; y el que se casa con una mujer abandonada por su marido, comete adulterio.              
Ustedes han oído también que se dijo a los antepasados: No jurarás falsamente, y cumplirás los juramentos hechos al Señor.
Pero yo les digo que no juren de ningún modo: ni por el cielo, porque es el trono de Dios, ni por la tierra, porque es el estrado de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la Ciudad del gran Rey. 
No jures tampoco por tu cabeza, porque no puedes convertir en blanco o negro uno solo de tus cabellos. Cuando ustedes digan 'sí', que sea sí, y cuando digan 'no', que sea no. Todo lo que se dice de más, viene del Maligno. Palabra del Señor.
Reflexión:
Las lecturas de este domingo nos revelan la manera en que Dios ayuda al ser humano a superar sus propios límites humanos, a salir del encierro en sí mismo, abriéndose a la experiencia infinita de salvación traída por el mismo Dios. Hoy continuamos leyendo el evangelio de Mateo, en secuencia consecutiva con los versículos proclamados en los domingos anteriores. Es el sermón de la Montaña, que comenzó con las Bienaventuranzas, siguió con la Sal y Luz del mundo y que continúa con la exposición de las exigencias de la Ley de Moisés (Tora), explicadas por Mateo, que está escribiendo para una comunidad de judíos que se han hecho cristianos, sin dejar  sus raíces de ser judíos. Nos vamos adentrando en el Sermón de la montaña, con una monumental catequesis que también se podría titular: “Cómo es el estilo de vida de quien viven según las bienaventuranzas”. Jesús nos ha mostrado que éstas generan una nueva identidad en la vida de los discípulos. Las imágenes de la “sal de la tierra” y la “luz del mundo” invitan a expresar abiertamente esta novedad de vida en acciones identificables e identificadoras en medio de la gente: “Así debe brillar ante los ojos de los hombres la luz que hay en ustedes”
¿Qué es lo que en última instancia los demás descubren en un discípulo de Jesús? “Para que vean vuestras buenas obras y alaben a vuestro Padre que está en los cielos”.
Pues bien, a partir de aquí en el Sermón de la montaña Jesús va a explanar con mucho cuidado cuáles son esas “buenas obras” que distinguen al discípulo. Un aspecto importante de la enseñanza de Jesús es que estas “obras” lo que hacen es mostrar que el discípulo es hijo de este “Padre que está en los cielos”. Las “obras” son el reflejo de la filiación: el estilo de vida de un discípulo que, gracias a las bienaventuranzas, ha entrado en el ámbito de la Paternidad de Dios revelada por Jesús en el acontecer del Reino (“Padre… venga tu Reino”): “Para que seáis hijos de vuestro Padre celestial…”.
Jesús viene a dar “cumplimiento”. Quien hace la experiencia de las “bienaventuranzas” es un hombre nuevo en el Reino de Dios predicado y llevado a cabo por la persona de Jesús, en Él tiene ahora un nuevo corazón. El discípulo comienza a centrarlo todo en Jesús. Pero la vivencia de la radical novedad del Reino puede llevarlo a pensar que la “la Ley y los Profetas” quedan abolidos. Pues bien, esto no es así, por eso dice Jesús: “No he venido a abolir, sino a dar cumplimiento”
Cuando Jesús dice que vino a “dar cumplimiento” de “la Ley y los profetas”, está afirmando que en Él está visible todo lo que la Ley y los Profetas intentaron decir. Lo que Dios le ha querido revelar a su pueblo tiene su punto culminante en la persona de Jesús. Por eso, digámoslo así, entre el Antiguo y el Nuevo Testamento no hay contradicción sino una línea continua, siempre ascendente.
El discípulo: La Palabra se hace vida. Dios cumple su Palabra, pero los discípulos también tienen que cumplirla, esto es, pasar de la teoría a la práctica.  Todos los mandamientos, incluso los más pequeños, son necesarios, ya que el hombre solamente se hace “justo” en la vivencia del querer de Dios.
El discípulo que pone en práctica la Palabra, ya es de por sí un buen maestro y con la más eficaz de las didácticas: el testimonio.  Pero no hay que olvidar que delante de él va Jesús.
La escuela de valores del Reino. ¿Cómo es que Jesús lleva a “cumplimiento” la Ley de Dios, cuyo espíritu tanto defendían los Profetas?
Jesús, quien como hebreo ha practicado la Ley, y quien nos ha dicho que no se contrapone a ella sino que le da pleno cumplimiento, es también aquel que conoce al legislador y puede proponer enseguida cómo vivir la Ley, no por el apego a la letra sino entrando en lo que la voluntad del Padre buscaba con ella. Por eso el simple conocimiento de las normas es insuficiente.
Si tenemos en cuenta la enseñanza de las bienaventuranzas, comprenderemos que la “nueva justicia” parte de la espiritualidad de las bienaventuranzas, en las cuales se anunciaba la buena noticia de la obra de Dios Padre en el discípulo de Jesús. Se trata de una justicia que parte de un corazón nuevo: la renovación interior resplandecerá y se hará visible en todos los comportamientos del discípulo “brille vuestra luz delante de los hombres”.
Entonces estará “cumpliendo” a cabalidad la Ley cuando se comporte como “hijo de este Padre” revelado por Jesús.
La “escuela de valores”: Qué valores mueven al discípulo cuando las soluciones de los conflictos dependen de él.
Primera lección: La reconciliación pronta y prioritaria, “Ve primero a reconciliarte con tu hermano”, estamos ante un pasaje donde se repite con frecuencia la palabra “hermano”, un discípulo de Jesús tiene en alta estima la “fraternidad”, pero puede ocurrir que amigos o hermanos terminen como enemigos, es decir, que la fraternidad se vea lesionada. Procedemos con la prontitud y la prioridad sobre cualquier otra actividad en el ejercicio de la “reconciliación” con el hermano, ya que sabemos qué es lo que está en la cumbre de nuestra jerarquía de valores.
¡El valor de la reconciliación pronta y prioritaria debe acompañarnos todos los días y el día todo! ¡Qué no se deterioren las relaciones con “tu hermano”! Y si ya se deterioraron: ¿Qué haría una persona que vive la bienaventuranza?  “bienaventurados los que trabajan por la paz”…
Segunda lección: Una fidelidad que amerita sacrificios por el ser amado.       “Sácatelo y arrójalo de ti”
Jesús nos sigue educando en la “justicia mayor” del Reino, reflejando en la vida la luz que proviene de un corazón impregnado por las bienaventuranzas.
El valor que se coloca en primer plano, y que debe inspirar el comportamiento del discípulo para superar la crisis, es la Fidelidad al amor prometido. Por la fidelidad a la persona que se ama, todo lo demás debe pasar a un segundo plano. 
La imagen de discípulo que subyace en estas enseñanzas de Jesús es la de una persona madura, que no se precipita, que discierne serenamente las situaciones, que se mueve por valores sólidos, que respeta la vida de los demás, y con mayor razón la de aquellos que ama.  Una persona así, está reflejando en su vida la praxis del Maestro.
No lo olvidemos: así como lo hizo Jesús, sólo el amor sostiene las opciones. Este amor hay que alimentarlo todos los días.
Tercera lección: Una credibilidad que genera confianza, Cuando ustedes digan 'si', que sea sí, y cuando digan 'no', que sea no”
Todos sabemos por experiencia que no es fácil sostener la palabra dada, particularmente las “promesas” que hacemos dentro de una relación: sea con Dios, sea en la vida conyugal, sea en el ámbito comunitario o social. El valor, decir siempre la verdad.
La transparencia es en primer lugar ante Dios. El hecho de que el hombre no esté en  condiciones –por cuenta propia- de cambiar ni uno solo de sus cabellos, indica
Pero también tiene que ver con todo lo que se le dice a los demás. Así, cuando un discípulo de Jesús hace una promesa, se puede esperar que ella sea cumplida a cabalidad y, en principio, no habría motivos para desconfiar. Un distintivo del discípulo de Jesús, que se desprende de esta enseñanza, es que él se caracteriza por la “credibilidad”.
Plegaria al Cristo Orante
Señor Jesús, Orante y Maestro, henos aquí: somos tu Pueblo, tu rebaño, los herederos de tu plegaria.
Nuestros ojos, nuestro pensamiento, nuestro corazón están vueltos enteramente hacia Ti: queremos verte orar, para imitar, con amorosa atención, tus gestos, tus modos, tus lugares y tus tiempos; tus palabras, tus silencios: ¡tu Oración, Señor!
Sabemos que sólo en Ti está la Fuente viva de la Plegaria.
¿A quién iremos? Sólo Tú tienes palabras de Oración viva. ¡Enséñanos a orar! A hacer de la oración experiencia de Amor.
Tus brazos en alto son el Camino de nuestra súplica.
Tú Corazón, el Árbol frondoso donde anidan nuestros rezos; Tú eres la Vid donde injertamos el tembloroso Abba que gime el Espíritu.
Tus ojos fijos en el Padre que nada te niega y tus manos abiertas en confiada súplica de Niño, son, Jesús, la Escuela de nuestra oración de hijos.
Entre el atrio de nuestras inquietudes más externas, y el altar de nuestro herido corazón: llora Tú, Sacerdote Eterno, dentro de nosotros presente, por los que vivimos lejos del Amor del Padre.
Señor, enséñanos a orar; pero más aún: enséñanos a dejarte orar a Ti en nosotros.
Que tu plegaria fluya por nuestro cauce interior y transforme el estéril arenal de nuestra seca oración en el regado paraíso del trato de amistad.
Tú, Amigo y Señor, Hermano y Dios, Maestro y Modelo, siempre vivo para interceder, que vives y reinas y oras, por los siglos de los siglos.   
Amén
Fraternidad Monástica del Cristo orante, Mendoza
Un mundo mejor es posible. Francisco:
“Si los bienes materiales y el dinero se convierten en el centro de la vida, nos atrapan y nos esclavizan”
"Lo importante no es mirar desde lejos o ayudarlo desde lejos, sino ir al encuentro. Eso es lo cristiano, lo que nos enseña Jesús. Ir al encuentro de los más necesitados. Como Jesús que iba siempre al encuentro de la gente. Él iba a encontrarlos".
Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las reflexiones: El libro del Pueblo de Dios. Lectionautas.Com. Servicio bíblico Latinoamericano. Catholic.Net. P. Fidel Oñoro, cjm, Centro Bíblico del CELAM

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Cuadro de texto: Círculo Bíblico San José
Parroquia San José:
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viernes, 7 de febrero de 2014

Quinto Domingo durante el año, “Ustedes son la sal de la tierra… ustedes son la luz del mundo…”





“Ustedes son la sal de la tierra… ustedes son la luz del mundo…”

Lecturas del 9-02-14
Quinto Domingo durante el año (Año A)

Libro de Isaías 58,7-10.    
Así habla el Señor: Compartir tu pan con el hambriento y albergar a los pobres sin techo; cubrir al que veas desnudo y no despreocuparte de tu propia carne. Entonces despuntará tu luz como la aurora y tu llaga no tardará en cicatrizar; delante de ti avanzará tu justicia y detrás de ti irá la gloria del Señor.
Entonces llamarás, y el Señor responderá; pedirás auxilio, y él dirá: "¡Aquí estoy!".
Si eliminas de ti todos los yugos el gesto amenazador y la palabra maligna; si ofreces tu pan al hambriento y sacias al que vive en la penuria, tu luz se alzará en las tinieblas y tu oscuridad será como el mediodía. Palabra de Dios.    

Salmo 111
R: Para los buenos brilla una luz en las tinieblas
Para los buenos brilla una luz en las tinieblas: es el Bondadoso, el Compasivo y el Justo. Dichoso el que se compadece y da prestado, y administra sus negocios con rectitud. R        
El justo no vacilará jamás, su recuerdo permanecerá para siempre. No tendrá que temer malas noticias: su corazón está firme, confiado en el Señor. R
Su ánimo está seguro, y no temerá. El da abundantemente a los pobres: su generosidad permanecerá para siempre, y alzará su frente con dignidad. R           
1º Carta de San Pablo a los Corintios 2,1-5.                
Hermanos, cuando los visité para anunciarles el misterio de Dios, no llegué con el prestigio de la elocuencia o de la sabiduría. 
Al contrario, no quise saber nada, fuera de Jesucristo, y Jesucristo crucificado. Por eso, me presenté ante ustedes débil, temeroso y vacilante.             
Mi palabra y mi predicación no tenían nada de la argumentación persuasiva de la sabiduría humana, sino que eran demostración del poder del Espíritu, para que ustedes no basaran su fe en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios. 
Palabra de Dios.  

Evangelio según San Mateo 5,13-16.            
Jesús dijo a sus discípulos: “Ustedes son la sal de la tierra. Pero si la sal pierde su sabor, ¿con qué se la volverá a salar? Ya no sirve para nada, sino para ser tirada y pisada por los hombres.
Ustedes son la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad situada en la cima de una montaña.            
Y no se enciende una lámpara para meterla debajo de un cajón, sino que se la pone sobre el candelero para que ilumine a todos los que están en la casa.
Así debe brillar ante los ojos de los hombres la luz que hay en ustedes, a fin de que ellos vean sus buenas obras y glorifiquen al Padre que está en el cielo”. Palabra del Señor.

Ven a mí, Espíritu Santo, Espíritu de sabiduría: dame mirada y oído interior, para que no me apegue a las cosas materiales, sino que busque siempre las realidades del Espíritu.

Reflexión:
Sal y Luz del mundo

Mateo recoge unas sentencias de Jesús en las que las imágenes de la sal y de la luz sirven para dirigir una palabra de ánimo a los discípulos perseguidos.  Las dos comparaciones empleadas son cristalinas y han de tomarse en su sentido obvio.  Jesús dice, con gran fuerza y simplicidad, que los que viven según el estilo de las bienaventuranzas son la sal de la tierra y la luz del mundo, es decir, el fermento de una nueva humanidad que alcanza a todos.  La novedad y la liberación que trae el Reino no pueden perder fuerza ni permanecer ocultas por medio de la persecución, o por dejadez de los discípulos, sino que deben hacerse presentes en su testimonio de vida, para que todos los hombres y mujeres reconozcan y den gloria al Padre.

Ser discípulo: ser misionero

“Ustedes son la sal de la tierra… ustedes son la luz del mundo…” Muestren que el reino de Dios está presente. Es  uno de los pasajes de la dimensión misionera de la fe.  Creer es saberse enviado.  La misión es signo y condición de la fe.  Algo consustancial con ella, lo mismo que el salar y conservar la consubstancialidad con la sal, y el alumbrar con la luz.  La misión pertenece a la identidad del discípulo y de la comunidad cristiana.  La comunidad cristiana o es misionera o no es nada, lo mismo el discípulo.
Hay que observar asimismo la dimensión universal de la misión: la “tierra” y el “mundo” son la humanidad entera sin distinción.  La comunidad de los discípulos, toda la comunidad cristiana, cada uno de nosotros, so pena de una completa inutilidad (¿de qué serviría una sal insípida o una luz oculta?), hemos de manifestar lo que somos, dar lo que tenemos, hacernos “profecía”; y no de palabras sino con las obras.

Dar sabor a la vida.  La sal da sabor y conserva los alimentos.  Probablemente la gente sencilla que escuchaban a Jesús captaban en toda su frescura el simbolismo de la sal y entendían que el Evangelio puede poner en la  vida de los hombres un sabor y una ”gracia” desconocidas.  Pero, hoy, muchas personas que se consideran creyentes no saben cómo experimentar y vivir la vida en cada momento de una manera más intensa, rica, generosa y fecunda.  Padecen  anemia: la fe se les ha vuelto sosa y no encuentran creyentes capaces de contagiarles entusiasmo.

Quizás una de las tareas más necesarias y urgentes que tenemos como cristianos sea la de volver a salar nuestra fe al calor del Evangelio, la oración y el clima de la comunidad fraterna.  Necesitamos redescubrir que la fe es sal que puede saborear y nos puede hacer vivir de una manera nueva  todo, la vida y la muerte, la convivencia, la soledad, la alegría y la tristeza, el trabajo y la fiesta.

Salar la tierra.  Entre los cristianos, unos hemos confundido demasiado ligeramente la evangelización con el hecho de querer que se acepte socialmente nuestro cristianismo  otros nunca hemos dado importancia a la misión, a la extensión, y hemos de vivir nuestra fe en privado.  Por eso las palabras de Jesús, que nos urge a ser “sal de la tierra” y “luz del mundo”, nos obligan a hacernos algunas preguntas: ¿Somos los creyentes de la Buena Noticia para alguien? Lo que se vive en nuestras comunidades cristianas, lo que se observa entre los creyentes, ¿es signo y presencia del Reino para la gente de hoy? ¿Ponemos los cristianos en la actual sociedad algo que dé sabor a la vida, algo que purifique, sane, libere a los hombres y mujeres de nuestro tiempo, de nuestro pueblo? ¿Vivimos algo que pueda iluminar a las personas en estos tiempos de incertidumbre, y ofrecer esperanza y un horizonte nuevo a quien busca salvación?

Los seres humanos tendemos a mostrarnos ante los demás como nobles, más buenos, más inteligentes de lo que realmente somos.  Nos pasamos la vida tratando de ocultar nuestros defectos para aparentar ante los demás y ante nosotros mismos una perfección que no poseemos.  Falta en nosotros la verdad de “las buenas obras” y llenamos nuestra vida de palabrería y de toda clase de divagaciones y justificaciones. Si tuviéramos el coraje de aceptar nuestra mediocridad, nos abriríamos más fácilmente a la acción de Dios que puede transformar todavía

“Tú eres mi refugio y mi escudo, yo espero en tu Palabra” (Salmo 119, 114). En nuestras vidas, para ser sal y luz del mundo, para que glorifiquen al Padre, lo importante no es el activismo, el protagonismo superficial, la ética legalista, sino las buenas obras que nacen del amor de ese Dios que actúa en nosotros.  Cuando se tiene el coraje de no ocultar nuestros vacíos y pecados, de no usar máscara, de no ser perfectos, de ser transparentes…. brillan las buenas obras, las nuestras y las del Padre que hacen posible las nuestras.(1)          
Orar: un asunto muy simple (2)

Te basta estar conmigo. Es todo cuanto te pido. No pretendo subidos pensamientos, ni desbordes emocionales, ni que armes frases bonitas. Sólo te pido que permanezcas conmigo. 

Necesito tu compañía ahora mismo, tanto como necesité la compañía de Pedro, Santiago y Juan en Getsemaní. Ellos se durmieron, es cierto, pero Yo los sabía allí, y su sola presencia era consuelo para mi agonizante Corazón.  

Temes las distracciones, la divagación, y los pensamientos zonzos; estos no me ofenden, pues no son más que moscas zumbando en el fondo.  
Yo estoy atraído por tu presencia ante Mí.         
¿Te perturba que diga semejante cosa?             
Es que estoy absorto por ti: mis ojos reposan sobre ti; mi corazón es todo tuyo; te estoy escuchando atentísimo; y todo mi foco está concentrado en ti, cuando vienes a buscarme. Créeme que Yo estoy completamente fascinado por ti, y pronto estarás tú completamente fascinado por Mí.            

Te hablo aquí usando palabras humanas, empleando el idioma de la amistad, del afecto, del amor. Estoy presente aquí  con toda la sensibilidad y ternura de mi condición humana. Estoy aquí ofreciéndote mi amistad, dispuesto a pasar tanto tiempo contigo cuanto tú estés dispuesto a pasar conmigo.
Te quiero cerca: tan cerca como Juan lo estaba cuando, en mi última Cena, apoyó su cabeza sobre mi pecho.          
Una plegaria como ésta no puede ser calculada o medida en términos de minutos y horas. Es lo que es y es así en tanto permanezcas en mi presencia.               

Aun cuando el tiempo de tu adoración haya terminado,  Yo permaneceré contigo. Estoy en ti, todo atento a ti, todo amante, listo en cada instante para entrar en conversación contigo, para fortalecerte ante la tentación, para confortarte en tus penas, para ser una luz en tus tinieblas.     

Requiere tan sólo un poco de fe darse cuenta que uno nunca está solo, y percibir mi presencia, mi disponibilidad a comunicarte a Mí mismo sin palabras, por una infusión de mi gracia.             

Aprovecha lo que te estoy diciendo ahora para confortar a otros que luchan en su plegaria, a los que consideran difícil y ardua la oración, y cosa excepcional en la vida de la gente común. Puesto que para el hombre que busca mi Rostro y desea descansar sobre mi pecho, Yo hago de la oración algo muy simple: silente, apacible, purificante, y divinamente provechoso.   Un monje benedictino irlandés

                                                                               Plegaria al Cristo Orante (2)

Señor Jesús, Orante y Maestro, henos aquí: somos tu Pueblo, tu rebaño, los herederos de tu plegaria.

Nuestros ojos, nuestro pensamiento, nuestro corazón están vueltos enteramente hacia Ti: queremos verte orar, para imitar, con amorosa atención, tus gestos, tus modos, tus lugares y tus tiempos; tus palabras, tus silencios: ¡tu Oración, Señor!
Sabemos que sólo en Ti está la Fuente viva de la Plegaria.
¿A quién iremos? Sólo Tú tienes palabras de Oración viva.
¡Enséñanos a orar! A hacer de la oración experiencia de Amor.
Tus brazos en alto son el Camino de nuestra súplica.
Tú Corazón, el Árbol frondoso donde anidan nuestros rezos; Tú eres la Vid donde injertamos el tembloroso Abba que gime el Espíritu.

Tus ojos fijos en el Padre que nada te niega y tus manos abiertas en confiada súplica de Niño, son, Jesús, la Escuela de nuestra oración de hijos.

Entre el atrio de nuestras inquietudes más externas, y el altar de nuestro herido corazón: llora Tú, Sacerdote Eterno, dentro de nosotros presente, por los que vivimos lejos del Amor del Padre.

Señor, enséñanos a orar; pero más aún: enséñanos a dejarte orar a Ti en nosotros.
Que tu plegaria fluya por nuestro cauce interior y transforme el estéril arenal de nuestra seca oración en el regado paraíso del trato de amistad.

Tú, Amigo y Señor, Hermano y Dios, Maestro y Modelo, siempre vivo para interceder, que vives y reinas y oras, por los siglos de los siglos.    Amén

                                                                                               (2) Fraternidad Monástica del Cristo orante, Tupungato, Mendoza.

Un mundo mejor es posible. Francisco:

Exhortación apostólica Evangelii Gaudium: nos invita a una nueva etapa evangelizadora marcada por la alegría

Primerear, involucrarse, acompañar, fructificar y festejar

24. La Iglesia en salida es la comunidad de discípulos misioneros que primerean, que se involucran, que acompañan, que fructifican y festejan.
«Primerear»: sepan disculpar este neologismo. La comunidad evangelizadora experimenta que el Señor tomó la iniciativa, la ha primereado en el amor (cf. 1 Jn 4,10); y, por eso, ella sabe adelantarse, tomar la iniciativa sin miedo, salir al encuentro, buscar a los lejanos y llegar a los cruces de los caminos para invitar a los excluidos. Vive un deseo inagotable de brindar misericordia, fruto de haber experimentado la infinita misericordia del Padre y su fuerza difusiva. ¡Atrevámonos un poco más a primerear! Como consecuencia, la Iglesia sabe «involucrarse». Jesús lavó los pies a sus discípulos. El Señor se involucra e involucra
a los suyos, poniéndose de rodillas ante los demás para lavarlos. Pero luego dice a los discípulos: «Seréis felices si hacéis esto» (Jn 13,17). La comunidad evangelizadora se mete con obras y gestos en la vida cotidiana de los demás, achica distancias, se abaja hasta la humillación si es necesario, y asume la vida humana, tocando la carne sufriente de Cristo en el pueblo. Los evangelizadores tienen así «olor a oveja» y éstas escuchan su voz. Luego, la comunidad evangelizadora se dispone a «acompañar». Acompaña a la humanidad en todos sus procesos, por más duros y prolongados que sean. Sabe de esperas largas y de aguante apostólico. La evangelización tiene mucho de paciencia, y evita maltratar límites. Fiel al don del Señor, también sabe «fructificar». La comunidad evangelizadora siempre está atenta a los frutos, porque el Señor la quiere fecunda.
Cuida el trigo y no pierde la paz por la cizaña.
El sembrador, cuando ve despuntar la cizaña en medio del trigo, no tiene reacciones quejosas ni alarmistas. Encuentra la manera de que la Palabra se encarne en una situación concreta y dé frutos de vida nueva, aunque en apariencia sean imperfectos o inacabados. El discípulo sabe dar la vida entera y jugarla hasta el martirio como testimonio de Jesucristo, pero su sueño no es llenarse de enemigos, sino que la Palabra sea acogida y manifieste su potencia liberadora y renovadora.
Por último, la comunidad evangelizadora gozosa siempre sabe «festejar». Celebra y festeja cada pequeña victoria, cada paso adelante en la evangelización.
La evangelización gozosa se vuelve belleza en la liturgia en medio de la exigencia diaria de extender el bien. La Iglesia evangeliza y se evangeliza a sí misma con la belleza de la liturgia, la cual también es celebración de la actividad evangelizadora y fuente de un renovado impulso donativo.


“Nunca perdamos la esperanza.
Jamás la apaguemos en nuestro corazón.”

"Ojalá Jesús te vaya marcando el camino para encontrarte con quien necesita más.
Tu corazón, cuando te encuentres con aquél que más necesita, se va a empezar a agrandar, agrandar, agrandar, porque el encuentro multiplica
la capacidad del amor, agranda el corazón".

“Si los bienes materiales y el dinero se convierten en el centro de la vida, nos atrapan y nos esclavizan”

"Lo importante no es mirar desde lejos o ayudarlo desde lejos, sino ir al encuentro. Eso es lo cristiano, lo que nos enseña Jesús. Ir al encuentro de los más necesitados. Como Jesús que iba siempre al encuentro de la gente. Él iba a encontrarlos".

“Llegamos a ser plenamente humanos cuando somos más que humanos, cuando le permitimos a Dios que nos lleve más allá de nosotros mismos para alcanzar nuestro ser más verdadero”

Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las reflexiones: El libro del Pueblo de Dios. P. Daniel Silva (2011).


Presentación del Niño en el templo

 
 
“mis ojos han visto la salvación que preparaste delante de todos los pueblos”
 
Lecturas del 2-02-14
 
Presentación del  Niño en el templo 
(Ciclo A)
 
Lectura de la profecía de Malaquías 3, 1-4
Así habla el Señor Dios. Yo envío a mi mensajero, para que prepare el camino delante de mí. Y en seguida entrará en su Templo el Señor que ustedes buscan; y el Ángel de la alianza que ustedes desean ya viene, dice el Señor de los ejércitos.
¿Quién podrá soportar el Día de su venida? ¿Quién permanecerá de pie cuando aparezca? Porque él es como el fuego del fundidor y como la lejía de los lavanderos. El se sentará para fundir y purificar: purificará a los hijos de Leví y los depurará como al oro y la plata; y ellos serán para el Señor los que presentan la ofrenda conforme a la justicia.   
La ofrenda de Judá y de Jerusalén será agradable al Señor, como en los tiempos pasados, como en los primeros años. Palabra de Dios.

Salmo 23
 
R. El Rey de la gloria es el Señor de los ejércitos.
 
¡Puertas, levanten sus dinteles,  levántense, puertas eternas, para que entre el Rey de la gloria!  R.
¡Y quién es ese Rey de la gloria? Es el Señor, el fuerte, el poderoso, el Señor poderoso en los combates.  R.
¡Puertas, levanten sus dinteles, levántense, puertas eternas, para que entre el Rey de la gloria!  R.
 ¿Y quién es ese Rey de la gloria? El Rey de la gloria es el Señor de los ejércitos.  R.

Lectura de la carta a los Hebreos 2, 14-18
Ya que los hijos tienen una misma sangre y una misma carne, él también debía participar de esa condición, para reducir a la impotencia, mediante su muerte, a aquel que tenía el dominio de la muerte, es decir, al demonio, y liberar de este modo a todos los que vivían completamente esclavizados por el temor de la muerte.         
Porque él no vino para socorrer a los ángeles, sino a los descendientes de Abraham. En consecuencia, debió hacerse semejante en todo a sus hermanos, para llegar a ser un Sumo Sacerdote misericordioso y fiel en el servicio de Dios, a fin de expiar los pecados del pueblo. Y por haber experimentado personalmente la prueba y el sufrimiento, él puede ayudar a aquellos que están sometidos a la prueba. Palabra de Dios.
 
Santo Evangelio según san Lucas 2, 22-40
Cuando llegó el día fijado por la Ley de Moisés para la purificación, llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor, como está escrito en la Ley: Todo varón primogénito será consagrado al Señor. También debían ofrecer en sacrificio un par de tórtolas o de pichones de paloma, como ordena la Ley del Señor.  
Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, que era justo y piadoso, y esperaba el consuelo de Israel. El Espíritu Santo estaba en él y le había revelado que no moriría antes de ver al Mesías del Señor. Conducido por el mismo Espíritu, fue al Templo, y cuando los padres de Jesús llevaron al niño para cumplir con él las prescripciones de la Ley, Simeón lo tomó en sus brazos y alabó a Dios, diciendo:
«Ahora, Señor, puedes dejar que tu servidor muera en paz, como lo has prometido,  porque mis ojos han visto la salvación que preparaste delante de todos los pueblos: luz para iluminar a las naciones paganas y gloria de tu pueblo Israel.»
Su padre y su madre estaban admirados por lo que oían decir de él. Simeón, después de bendecirlos, dijo a María, la madre: «Este niño será causa de caída y de elevación para muchos en Israel; será signo de contradicción, y a ti misma una espada te atravesará el corazón. Así se manifestarán claramente los pensamientos íntimos de muchos.»     
Había también allí una profetisa llamada Ana, hija de Fanuel, de la familia de Aser, mujer ya entrada en años, que, casada en su juventud, había vivido siete años con su marido. Desde entonces había permanecido viuda, y tenía ochenta y cuatro años. No se apartaba del Templo, sirviendo a Dios noche y día con ayunos y oraciones. Se presentó en ese mismo momento y se puso a dar gracias a Dios. Y hablaba acerca del niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén.             
Después de cumplir todo lo que ordenaba la Ley del Señor, volvieron a su ciudad de Nazaret, en Galilea. El niño iba creciendo y se fortalecía, lleno de sabiduría, y la gracia de Dios estaba con él. Palabra del Señor.
  
Santoral: Presentación del Señor; solemnidad
 
En esta solemnidad del Señor, la Iglesia celebra a Jesús como luz del mundo.
Recuerda cuando José y María acuden al templo para dar cumplimiento a los ritos que prescribía la ley de Moisés en relación con el rescate de los primogénitos y la purificación de las parturientas.
El Espíritu Santo es protagonista destacadísimo de esta solemnidad. El Padre lo derrama sobre Simeón, quien saluda al niño Jesús no sólo como rey mesiánico de Israel, sino como luz y vida de todos los pueblos.
La piedad cristiana contempla hoy muy especialmente a María, que se asocia desde este primer acto de culto de Cristo, a la ofrenda perfecta que su hijo efectuará en la cruz; la Virgen comienza esta misión en el templo, por el misterio de su dolor y su solidaridad absoluta, de corazón a corazón, con los sentimientos del Señor Jesús.
La Iglesia ha celebrado esta fiesta desde el siglo V en adelante, aunque su introducción en Occidente es algo más tardía (siglo VII). El Señor fue conducido al templo por José y María no sólo para cumplir las exigencias de la ley antigua, que Jesús no había venido a abolir, sino a dar plenitud- espiritualizándola-, pero sobre todo para salir al encuentro de los creyentes.
El pueblo fiel se congrega hoy, como Simeón y Ana en aquellos días, por inspiración del Espíritu y busca el encuentro de su Salvador en la fracción del pan eucarístico, mientras espera su venida gloriosa.
Los cirios, o candelas, que se bendicen al comenzar la liturgia eucarística son signo de la presencia iluminadora de Jesús y simbolizan el propósito de los fieles de cumplir la ley nueva de Cristo.
Juan Pablo II enseña que cada una de las velas "recuerda el sacramento del bautismo con el que Cristo comenzó a alumbrar nuestra vida con la luz del Evangelio"; es una luz que debe purificarnos, porque Jesús llevado al templo es también ese "signo de contradicción", que profetizó el anciano Simeón, ante el cual los hombres habrán de tomar necesariamente partido. Las candelas encendidas hoy deben simbolizar, pues, nuestro anhelo de consumirnos para Cristo, siendo, como él, luz del mundo.
 
Para ayudarnos a meditar la Palabra: 

a) Según la ley de Moisés / del Señor: es una especie de estribillo, muchas veces repetido. Lucas mezcla dos prescripciones, sin mucha distinción. La purificación de la madre era prevista por el Levítico (12,2-8) y se cumplía cuarenta días después del parto. Hasta ese momento la mujer no podía acercarse a los lugares sagrados, y la ceremonia era acompañada de una ofrenda de animales pequeños, un cordero primal y un pichón o una tórtola. Sin embargo la consagración del primogénito estaba prescrita en el Éxodo 13, 11-16: y era considerada una especie de "rescate" – también con la ofrenda de pequeños animales – en recuerdo de la acción salvífica de Dios cuando libró a los israelitas de la esclavitud de Egipto. En toda la escena los padres aparecen como en el acto de presentar / ofrecer el hijo como se hacía con las víctimas y los levitas; mientras en la figura de Simeón y Ana aparece más bien Dios que ofrece /presenta al hijo para la salvación del pueblo.

b) Las figuras de Simeón y Ana: son figuras cargadas de valor simbólico. Ellos tienen la tarea del reconocimiento, que proviene tanto de la iluminación y del movimiento del Espíritu, como también de una vida llevada en la espera más intensa y confiada.
En particular a Simeón se le define como el "prosdekòmenos", a saber, uno que está todo concentrado en la espera, uno que va al encuentro para acoger. Por eso, él también aparece obediente a la ley, la del Espíritu, que lo empuja hacia el Niño, dentro del templo. También el cántico proclama manifiestamente esta su pro-existencia: ha vivido para llegar a este momento: ahora se marcha, para que otros vean también la luz y la salvación para Israel y para las gentes. A su vez Ana, con su avanzada edad, pero sobretodo con su modo de vivir (ayuno y oración) y con la proclamación de quien "esperaba", completa el cuadro. Ella es guiada por el espíritu de profecía, dócil y purificada en el corazón. Además, pertenece a la tribu más pequeña, la de Aser: signo de que los pequeños y los débiles están más dispuestos a reconocer a Jesús el Salvador. Estos dos ancianos – que son como una pareja original – son símbolos del mejor judaísmo, de la Jerusalén fiel y dócil, que espera y se alegra, y que deja desde ahora en adelante brillar la nueva luz.

c) Una espada que traspasa: en general se interpreta como anuncio de sufrimiento para María, un drama visualizado de la Dolorosa. Pero debemos más bien entender aquí a la Madre como el símbolo de Israel: Simeón intuye el drama de su pueblo, que será profundamente herido de la palabra viva y cortante del redentor (cfr Lc 12, 51-53). María representa el recorrido. Debe confiar pero atravesará dolores y obscuridad, luchas y silencios angustiosos. La historia del Mesías sufriente será dilacerante para todos, también para la Madre: no se sigue a la nueva luz destinada al mundo entero, sin pagar el precio, sin ser provocados a tomar decisiones de riesgo, sin renacer siempre de nuevo de lo alto y en novedad. Pero estas imágenes de "la espada que traspasa," del niño "que hará caer" y sacará a los corazones del sopor, no van separadas del gesto tan cargado de sentido de los dos ancianos: el uno, Simeón, toma entre los brazos el niño, para indicar que la fe es encuentro y abrazo, no idea o teorema: la otra, se hace anunciadora y enciende en "los que esperan" una fulgurante luz.
d) La vida cotidiana, epifanía de Dios: finalmente, es interesante notar que todo el episodio da relieve a las situaciones más simples y familiares: la pareja de esposos con el niño en brazos; el anciano que goza y abraza; la anciana que reza y anuncia, los oyentes que aparecen indirectamente comprometidos. También la conclusión del pasaje sagrado hace entrever el pueblo de Nazaret, el crecimiento del niño en un contexto normal, la impresión de un niño dotado de forma extraordinaria de sabiduría y bondad. El tema de la sabiduría entrelazada con la vida normal de crecimiento y en el contexto del pueblo, deja la historia como suspendida: ella se reabrirá precisamente con el tema de la sabiduría del muchacho entre los doctores del templo. Y es precisamente también el episodio que sigue inmediatamente (Lc 2, 41-52).
 
La Jornada Mundial de la Vida Consagrada: se celebra en la fiesta en que se hace memoria de la presentación que María y José hicieron de Jesús en el templo "para ofrecerlo al Señor"         .
Tiene lugar por primera vez el 2 de febrero de 1997 y tiene como objetivo ayudar a toda la Iglesia a valorar cada vez más el testimonio de quienes han elegido seguir a Cristo de cerca mediante la práctica de los consejos evangélicos y, al mismo tiempo, quiere ser para las personas consagradas una ocasión propicia para renovar los propósitos y reavivar los sentimientos que deben inspirar su entrega al Señor.        
La misión de la vida consagrada en el presente y en el futuro de la Iglesia, en el tercer milenio, no se refiere sólo a quienes han recibido este especial carisma, sino a toda la comunidad cristiana. En la exhortación apostólica post-sinodal Vita consecrata, publicada en 1996 por Juan Pablo II, escribía: "En realidad, la vida consagrada está en el corazón mismo de la Iglesia como elemento decisivo para su misión, ya que «indica la naturaleza íntima de la vocación cristiana» y la aspiración de toda la Iglesia Esposa hacia la unión con el único Esposo" (n. 3). A las personas consagradas, pues, quisiera repetir la invitación a mirar el futuro con esperanza, contando con la fidelidad de Dios y el poder de su gracia, capaz de obrar siempre nuevas maravillas: "¡Vosotros no solamente tenéis una historia gloriosa para recordar y contar, sino una gran historia que construir! Poned los ojos en el futuro, hacia el que el Espíritu os impulsa para seguir haciendo con vosotros grandes cosas" (ib., 110).
 
 
Exhortación apostólica Evangelii Gaudium:
nos invita a una nueva etapa evangelizadora marcada por la alegría
 
LA TRANSFORMACIÓN MISIONERA DE LA IGLESIA
19. La evangelización obedece al mandato misionero de Jesús: «Id y haced que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a observar todo lo que os he mandado» (Mt 28,19-20). En estos versículos se presenta el momento en el cual el Resucitado envía a los suyos a predicar el Evangelio en todo tiempo y por todas partes, de manera que la fe en Él se difunda en cada rincón de la tierra.
I. Una Iglesia en salida
20. En la Palabra de Dios aparece permanentemente este dinamismo de  «salida» que Dios quiere provocar en los creyentes. Abraham aceptó el llamado a salir hacia una tierra nueva (cf. Gn 12,1-3). Moisés escuchó el llamado de Dios: «Ve, yo te envío» (Ex3,10), e hizo salir al pueblo hacia la tierra de la promesa (cf. Ex 3,17). A Jeremías le dijo: «Adondequiera que yo te envíe irás»
(Jr 1,7). Hoy, en este «id» de Jesús, están presentes los escenarios y los desafíos siempre nuevos de la misión evangelizadora de la Iglesia, y todos somos llamados a esta nueva «salida» misionera.
Cada cristiano y cada comunidad discernirá cuál es el camino que el Señor le pide, pero todos somos invitados a aceptar este llamado: salir de la propia comodidad y atreverse a llegar a todas las periferias que necesitan la luz del Evangelio.
21. La alegría del Evangelio que llena la vida de la comunidad de los discípulos es una alegría misionera. La experimentan los setenta y dos discípulos, que regresan de la misión llenos de gozo (cf. Lc 10,17). La vive Jesús, que se estremece de gozo en el Espíritu Santo y alaba al Padre porque su revelación alcanza a los pobres y pequeñitos (cf. Lc 10,21). La sienten llenos de admiración los primeros que se convierten al escuchar predicar a los Apóstoles « cada uno en su propia lengua
» (Hch 2,6) en Pentecostés. Esa alegría es un signo de que el Evangelio ha sido anunciado y está dando fruto. Pero siempre tiene la dinámica del éxodo y del don, del salir de sí, del caminar y sembrar siempre de nuevo, siempre más allá.
El Señor dice: «Vayamos a otra parte, a predicar también en las poblaciones vecinas, porque para eso he salido» (Mc 1,38). Cuando está sembrada la semilla en un lugar, ya no se detiene para explicar mejor o para hacer más signos allí, sino que el Espíritu lo mueve a salir hacia otros pueblos.
22. La Palabra tiene en sí una potencialidad que no podemos predecir. El Evangelio habla de una semilla que, una vez sembrada, crece por sí sola también cuando el agricultor duerme (cf. Mc 4,26-29). La Iglesia debe aceptar esa libertad de la Palabra, que es eficaz a su manera, y de formas muy diversas que suelen superar nuestras previsiones y romper nuestros esquemas.
23. La intimidad de la Iglesia con Jesús es una intimidad itinerante, y la comunión «esencialmente se configura como comunión misionera». Fiel al modelo del Maestro, es vital que hoy la Iglesia salga a anunciar el Evangelio a todos, en todos los lugares, en todas las ocasiones, sin demoras, sin asco y sin miedo. La alegría del Evangelio es para todo el pueblo, no puede excluir a nadie. Así se lo anuncia el ángel a los pastores de Belén: «No temáis, porque os traigo una Buena Noticia, una gran alegría para todo el pueblo» (Lc 2,10). El Apocalipsis se refiere a «una Buena Noticia, la eterna, la que él debía anunciar a los habitantes de la tierra, a toda nación, familia, lengua
y pueblo» (Ap 14,6).
 
“Nunca perdamos la esperanza.
Jamás la apaguemos en nuestro corazón.”
 
"Ojalá Jesús te vaya marcando el camino para encontrarte con quien necesita más.
Tu corazón, cuando te encuentres con aquél que más necesita, se va a empezar a agrandar, agrandar, agrandar, porque el encuentro multiplica
la capacidad del amor, agranda el corazón".
 
Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las reflexiones: El libro del Pueblo de Dios. Lectionautas. Servicio Bíblico Latinoamericano. Catholic net.
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Cuadro de texto: Círculo Bíblico San José
Parroquia San José:
Brandsen 4970 Villa Domínico.
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