Intención para la evangelización ‐

Intenciones de oración de septiembre: Oremos por una gestión justa y sostenible del agua, recurso vital, para que todos tengan acceso equitativo a ella.

"Todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre"

"Todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre" Mt 7, 7-8. No sé qué quería, pero había algo en mí que me movía a buscar, tal vez que las cosas tengan sentido, y te encontré. Me cuestionaba sobre la vida y me diste tu sabiduría para que pueda encontrar alegría y paz. Ante mis miedos y dudas, te pido que me acompañes en mi peregrinar y me das tu Espíritu Santo, el mismo que te acompaño a vos, hoy me acompaña a mí, me asiste y guía. Hoy sigo buscando más de tu Palabra, de la Verdad y el camino, con la confianza puesta en vos, Dios mío, sé que estás presente en mi vida. Ven Señor Jesús, te necesito.

Del libro de la Sabiduría 6, 12-16

Del libro de la Sabiduría 6, 12-16: La Sabiduría es luminosa y nunca pierde su brillo: se deja contemplar fácilmente por los que la aman y encontrar por los que la buscan. Ella se anticipa a darse a conocer a los que la desean. El que madruga para buscarla no se fatigará, porque la encontrará sentada a su puerta. Meditar en ella es la perfección de la prudencia, y el que se desvela por su causa pronto quedará libre de inquietudes. La Sabiduría busca por todas partes a los que son dignos de ella, se les aparece con benevolencia en los caminos y le sale al encuentro en todos sus pensamientos.

domingo, 10 de agosto de 2014

Décimo noveno domingo durante el año – Ciclo A –

 

 
«Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?»
 
Lecturas del 10-08-14
 
 
Primer libro de los Reyes 19, 9a. 11-13ª
Habiendo llegado Elías a la montaña de Dios, el Horeb, entró en la gruta y pasó la noche. Allí le fue dirigida la palabra del Señor. El Señor le dijo: «Sal y quédate de pie en la montaña, delante del Señor.» 
Y en ese momento el Señor pasaba. Sopló un viento huracanado que partía las montañas y resquebrajaba las rocas delante del Señor. Pero el Señor no estaba en el viento. Después del viento, hubo un terremoto. Pero el Señor no estaba en el terremoto. Después del terremoto, se encendió un fuego. Pero el Señor no estaba en el fuego. Después del fuego, se oyó el rumor de una brisa suave. Al oírla, Elías se cubrió el rostro con su manto, salió y se quedó de pie a la entrada de la gruta. Palabra de Dios.
 
Salmo 84 
 
R. Manifiéstanos, Señor, tu misericordia,
 y danos tu salvación.
Voy a proclamar lo que dice el Señor: el Señor promete la paz,  la paz para su pueblo y sus amigos. Su salvación está muy cerca de sus fieles,  y la Gloria habitará en nuestra tierra.  R.
El Amor y la Verdad se encontrarán,  la Justicia y la Paz se abrazarán; la Verdad brotará de la tierra  y la Justicia mirará desde el cielo.  R.
El mismo Señor nos dará sus bienes y nuestra tierra producirá sus frutos. La Justicia irá delante de él, y la Paz, sobre la huella de sus pasos.  R.
  
San Pablo a los cristianos de Roma 9, 1-5 
Hermanos: Digo la verdad en Cristo, no miento, y mi conciencia me lo atestigua en el Espíritu Santo. Siento una gran tristeza y un dolor constante en mi corazón. Yo mismo desearía ser maldito, separado de Cristo, en favor de mis hermanos, los de mi propia raza. 
Ellos son israelitas: a ellos pertenecen la adopción filial, la gloria, las alianzas, la legislación, el culto y las promesas. A ellos pertenecen también los patriarcas, y de ellos desciende Cristo según su condición humana, el cual está por encima de todo, Dios bendito eternamente. Amén.  Palabra de Dios.
 
Evangelio según san Mateo 14, 22-33 
Después que se sació la multitud, Jesús obligó a los discípulos que subieran a la barca y pasaran antes que él a la otra orilla, mientras él despedía a la multitud. Después, subió a la montaña para orar a solas. Y al atardecer, todavía estaba allí, solo.            
La barca ya estaba muy lejos de la costa, sacudida por las olas, porque tenían viento en contra. A la madrugada, Jesús fue hacia ellos, caminando sobre el mar. Los discípulos, al verlo caminar sobre el mar, se asustaron.
«Es un fantasma,» dijeron, y llenos de temor se pusieron a gritar. 
Pero Jesús les dijo: «Tranquilícense, soy yo; no teman.»  Entonces Pedro le respondió: «Señor, si eres tú, mándame ir a tu encuentro sobre el agua.» «Ven,» le dijo Jesús. Y Pedro, bajando de la barca, comenzó a caminar sobre el agua en dirección a él. Pero, al ver la violencia del viento, tuvo miedo, y como empezaba a hundirse, gritó: «Señor, sálvame.» En seguida, Jesús le tendió la mano y lo sostuvo, mientras le decía: «Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?» En cuanto subieron a la barca, el viento se calmó. Los que estaban en ella se postraron ante él, diciendo: «Verdaderamente, tú eres el Hijo de Dios.» Palabra del Señor.
 
 
Rectángulo redondeado: Ven, Espíritu Santo, mi vida se halla en la tempestad, los vientos egoístas me empujan a donde
 no quiero ir, no consigo resistir su fuerza. Soy débil y falto de fuerzas. Tú eres la energía que da la vida, Tú eres mi fortaleza, mi fuerza y mi grito de plegaria. Ven Espíritu Santo, desvélame el sentido de las Escrituras, devuélveme la paz, la serenidad y el gozo de vivir. Amén
 
Reflexión:
Jesús camina sobre las aguas
 
Este relato evangélico posee un tinte claramente eclesial y evidencia la particular preocupación eclesiológica de Mateo después de la resurrección de Jesús: Él está lejos, mientras ellos se encuentran en la noche merced del mar y de los vientos.  Las olas y el mar representan en el Antiguo Testamento las fuerzas del mal que Dios vence con su poder.  Aquí es Jesús quien vence a esta fuerza maligna. Su manifestación a los discípulos tiene los rasgos de los relatos de las apariciones del resucitado: la escena tiene lugar de noche, lo mismo que la resurrección del Señor; Jesús viene a los suyos; los discípulos creen ver un fantasma; Jesús afirma su identidad y da el saludo y  paz: “Soy yo, no tengan miedo”.
Es curioso que Mateo sólo habla de la oración de Jesús en dos ocasiones: aquí y en Getsemaní; y en ambos  casos sus oraciones precede a un momento de prueba: la prueba que soportan sus discípulos aquí, y la del mismo Jesús en su pasión.
 
El episodio y diálogo entre Jesús y Pedro, que sólo se encuentra en Mateo, revela la importancia que tiene este apóstol en el primer Evangelio.  En Mateo, Pedro aparece como portavoz del grupo de los doce, recibe una instrucción en privado y el encargo de una tarea singular en la Iglesia.  Ésta es la primera vez que Pedro aparece en el Evangelio como protagonista de un relato.  Y Mateo quiere resaltar la fragilidad de su fe.  Pedro, que aparece como modelo de todos los creyentes, se debate entre la confianza en Jesús y el temor que provocan las adversidades.
 
En la última escena, el desconcierto inicial de los discípulos se convierte en una confesión de fe: “Realmente eres Hijo de Dios”.  Estas palabras van acompañadas por unos gestos más fáciles de imaginar en una celebración litúrgica de la comunidad de Mateo que en una pequeña barca en medio del lago.  Las palabras pronunciadas por los discípulos son las mismas que las pronunciará Pedro en nombre de los doce y el centurión romano al pie de la cruz.  Esta confesión de fe refleja la convicción de la comunidad de Mateo, que reconozca a Jesús como Hijo de Dios frente a los judíos que dudaban de su divinidad.
 
El relato de la tempestad calmada contiene, pues, una enseñanza dirigida a la comunidad cristiana de todos los tiempos, para que afronte con valentía, como Pedro, el riesgo del encuentro con Jesús, y para que, sintiendo siempre su presencia, no vacile ni tenga miedo ante las dificultades que la acosan.
 
¿Por qué has dudado? No es fácil responder con sinceridad a esa pregunta que Jesús hace a Pedro en el momento mismo en que lo salva de las aguas: “¿Por qué has dudado?”.
Pedro comienza a hundirse! ¿Qué fue lo que pasó si ya prácticamente se había hecho el milagro? Que Pedro dudó, desconfió del Señor, dejó de mirar a Cristo y comenzó a mirarse a sí mismo y la fuerza del viento, y fue cuando todo se vino abajo: “Viendo el viento fuerte –nos dice el Evangelio– temió y, comenzando a hundirse, gritó: Señor sálvame”. Jesús lo toma entonces de la mano y le reprocha con dulzura su desconfianza: “Hombre de poca fe, ¿por qué has dudado?” Y es que para nuestro Señor es mucho más milagro, que tengamos fe, que confiemos siempre en Él ciegamente, a pesar de todos los obstáculos y adversidades de la vida, que hacernos caminar sobre los mares.
Pero, si somos sinceros, hemos de confesar que hay una distancia enorme entre el creyente que profesamos ser y el creyente que somos en realidad.  ¿Qué hacer al constatar en nosotros una fe a veces tan frágil y vacilante?
 
Lo primero es no desesperar  ni asustarse al descubrir en nosotros dudas y vacilaciones.  Las búsquedas de Dios se vive casi siempre en la inseguridad, la oscuridad y el riesgo.  A Dios se le busca a tiendas. Y no hemos de olvidar que muchas veces la fe genuina sólo puede aparecer como duda superada.
 
Por eso, lo importante es saber gritar como Pedro: “Sálvame, Señor”.  Saber levantar hacia Dios nuestras manos, no sólo como gesto de suplica sino también como entrega confiada de quien se siente necesitado.  No olvidemos que la fe es un caminar sobre las aguas, pero con la posibilidad de encontrar siempre esa mano que nos salva del hundimiento total.
 
En contra de lo que a veces pensamos, no es malo el miedo que se despierta en nosotros cuando detectamos una situación de peligro o inseguridad.  En realidad es señal de alarma que nos pone en guardia ante aquello que puede, de alguna manera, destruirnos.
Ciertamente, cuando un creyente, acosado por el miedo, grita como Pedro: “Sálvame, Señor”, ese grito no hace desaparecer sus miedos y sus angustias.  Todo puede seguir igual.  Su fe no le dispensa de buscar soluciones a cada problema.  Sin embargo, todo cambia si en el fondo de su corazón se despierta la confianza en Dios.  Lo más importante, lo más decisivo de nuestro ser está a salvo.  Dios es una mano tendida que nadie puede quitar. La fidelidad y la misericordia de Dios están por encima de todo.  Por encima, incluso, de toda fatalidad y de toda culpa.
 
La verdadera fe.  Son muchos los creyentes que se han sentido y se sienten a la intemperie y cuya fe se ha visto y se ve desamparada en medio de una crisis y confusión general.  Con mayor o menor sinceridad, se preguntan: ¿Qué debemos creer? ¿A quién debemos escuchar? ¿Qué dogmas hay que aceptar? ¿Qué moral hay que seguir?
Sería una equivocación confundir la firmeza de nuestro creer con la mayor o menor seguridad de unas fórmulas dogmáticas, o con un saber que sabe explicar y argumentar lo que dice, o con una seguridad psicológica que nace de nosotros mismos o de nuestra autoestima o formación.
 
Mateo nos ha descrito la verdadera fe al presentar a Pedro caminando sobre las aguas acercándose a Jesús.  Así es siempre la verdadera fe.  Caminar sobre agua y no sobre tierra firme.  Apoyar nuestra existencia en Dios y no en nuestras propias razones, argumentos o seguridades.
 
Y ésta era la lección que nos quería dejar: la necesidad de la FE y de una confianza absoluta en su gracia y en su poder. ¡Esa es la verdadera causa de los milagros! Cuando Jesús iba a obrar cualquier curación –pensemos en el paralítico, en el leproso, en el ciego de nacimiento, en la hemorroísa, en la resurrección de la hija de Jairo, en el siervo del centurión y en muchos otros más– la primera condición que pone es la de la fe y la confianza en Él. Y precisamente así termina este pasaje del lago: “Ellos se postraron ante Él, diciendo: Verdaderamente, tú eres Hijo de Dios”. Una maravillosa profesión de fe. Si nosotros tenemos fe en Jesús, no sólo caminaremos sobre las aguas, sino que seremos capaces de cosas aún mucho más importantes...
 
Fe
Tener fe es aceptar la palabra de otro, entendiéndola y confiando que es honesto y por lo tanto que su palabra es veraz. El motivo básico de toda fe es la autoridad (el derecho de ser creído) de aquel a quien se cree. Se trata de fe divina cuando es Dios a quien se cree. Se trata de fe humana cuando se cree a un ser humano.  
Hay lugar para ambos tipos de fe (divina y humana) pero en diferente grado. A Dios le debemos fe absoluta porque Él tiene absoluto conocimiento y es absolutamente veraz.
"La fe es adhesión a Dios en el claroscuro del misterio; sin embargo es también búsqueda con el deseo de conocer más y mejor la verdad revelada"-JP II
 

 
Francisco:
En el Amor de Dios un mundo mejor es posible
 
“Aprendan las Bienaventuranzas”
 
Las Bienaventuranzas son el camino que Dios muestra como respuesta al deseo de felicidad inherente en el hombre, y perfeccionan los mandamientos de la Antigua Alianza. Estamos acostumbrados a aprender los diez mandamientos, seguro, todos ustedes lo saben. En la catequesis los aprendieron. Pero no estamos acostumbrados a aprender las bienaventuranzas. Vamos a probar de recordarlas y grabarlas en nuestros corazones…
 
Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos.          
Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados.       
Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán en herencia la tierra.       
Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados. 
Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.    
Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.                 
Bienaventurados los que buscan la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios.       
Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los cielos.            
Bienaventurados seréis cuando os injurien, os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa. Alegraos y regocijaos porque vuestra recompensa será grande en los cielos.      (AICA)
 
 
Aclaración: Se han utilizado para la preparación de esta hoja: El libro del Pueblo de Dios. Reflexiones del P. Fidel Oñoro, Centro Bíblico del CELAM. P. Daniel Silva. P. Sergio A. Cordova, Catholic.net 
  
 
 
 
 

sábado, 2 de agosto de 2014

Décimo octavo domingo durante el año

 

 
 
“Compartir los bienes, signo distintivo de la llegada del Reino. ”
 
Lecturas del 3-08-14
   – Ciclo A –
 
Lectura libro del profeta Isaías 55, 1-3
Así habla el Señor: ¡Vengan a tomar agua, todos los sedientos, y el que no tenga dinero, venga también! Coman gratuitamente su ración de trigo, y sin pagar, tomen vino y leche.
¿Por qué gastan dinero en algo que no alimenta y sus ganancias, en algo que no sacia? Háganme caso, y comerán buena comida, se deleitarán con sabrosos manjares. Presten atención y vengan a mí, escuchen bien y vivirán. Yo haré con ustedes una alianza eterna, obra de mi inquebrantable amor a David. Palabra de Dios.

 Salmo 144
R. Abres tu mano, Señor, y nos sacias de tus bienes.
El Señor es bondadoso y compasivo,  lento para enojarse y de gran misericordia; el Señor es bueno con todos  y tiene compasión de todas sus criaturas.  R.
Los ojos de todos esperan en ti,  y tú les das la comida a su tiempo;  abres tu mano y colmas de favores  a todos los vivientes.  R.
El Señor es justo en todos sus caminos  y bondadoso en todas sus acciones;  está cerca de aquellos que lo invocan, de aquellos que lo invocan de verdad.  R.
 
Carta de s. Pablo a los Romanos 8, 35. 37-39
Hermanos: ¿Quién podrá entonces separarnos del amor de Cristo? ¿Las tribulaciones, las angustias, la persecución, el hambre, la desnudez, los peligros, la espada? Pero en todo esto obtenemos una amplia victoria, gracias a aquel que nos amó.  
Porque tengo la certeza de que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los principados, ni lo presente ni lo futuro, ni los poderes espirituales, ni lo alto ni lo profundo, ni ninguna otra criatura podrá separarnos jamás del amor de Dios, manifestado en Cristo Jesús, nuestro Señor. Palabra de Dios.
 
Evangelio según san Mateo 14, 13-21
Al enterarse de eso, Jesús se alejó en una barca a un lugar desierto para estar a solas. Apenas lo supo la gente, dejó las ciudades y lo siguió a pie. Cuando desembarcó, Jesús vio una gran muchedumbre y, compadeciéndose de ella, curó a los enfermos.  Al atardecer, los discípulos se acercaron y le dijeron: «Este es un lugar desierto y ya se hace tarde; despide a la multitud para que vaya a las ciudades a comprarse alimentos.» 
Pero Jesús les dijo: «No es necesario que se vayan, denles de comer ustedes mismos.»
Ellos respondieron: «Aquí no tenemos más que cinco panes y dos pescados.» «Tráiganmelos aquí», les dijo. Y después de ordenar a la multitud que se sentara sobre el pasto, tomó los cinco panes y los dos pescados, y levantando los ojos al cielo, pronunció la bendición, partió los panes, los dio a sus discípulos, y ellos los distribuyeron entre la multitud.          
Todos comieron hasta saciarse y con los pedazos que sobraron se llenaron doce canastas. Los que comieron fueron unos cinco mil hombres, sin contar las mujeres y los niños. Palabra del Señor.
 
Rectángulo redondeado: Dios mío: Abre mi espíritu y dame inteligencia, en vano leeré o escucharé tu Palabra si Tú no haces que penetre en mi corazón.  Concédeme ardor para buscarla, docilidad para aceptarla y fidelidad para cumplirla.  Amén
 
 
Reflexión 
Primera multiplicación de los panes y peces
 
Así como el arresto de Juan Bautista provocó la marcha de Jesús a Galilea para comenzar el anuncio del Reino; la noticia de su muerte parece impulsarle a hacer un alto en el camino, tomar distancias respecto del pueblo, y centrarse más sobre el grupo de los discípulos.  Su intención es estar a solas, pero  enseguida la gente lo sigue de todos los poblados.  Al ver a tal multitud y su estado, Jesús siente una profunda conmoción interior que revela la misericordia del corazón de Dios.  Mateo utiliza aquí el mismo término que en la introducción del discurso de la misión: “sintió compasión de ellos”.
 
Esta primera experiencia vivida por el grupo de los que le acompañaban, fue recordada en el seno de las comunidades cristianas, las cuales fueron descubriendo en este hecho un profundo mensaje sobre Jesús, sobre su propia vida y sobre la Eucaristía..
 
En primer lugar, el relato recuerda la multiplicación de los panes realizada por Eliseo y el episodio en el que Dios alimentó a su pueblo con el maná en el desierto.
 
En segundo lugar, la referencia a la Iglesia, a la propia vida de la comunidad, aparece con claridad en el papel que desempeñan los discípulos.  Ellos son invitados a dar de comer a la gente, enseñándoles que la solución está en el compartir.
Finalmente, el relato posee un tono litúrgico que recuerda, en numerosos detalles, la institución de la Eucaristía: “al atardecer, tomó los panes, pronunció la bendición, los partió y se los dio a los discípulos”.
 
Mateo trae dos relatos de la multiplicación de los panes (14, 13-21 y 15, 32-38). Ésta se refiere a la invitación  al banquete del Reino hecho en Israel, se realiza a orillas del lago de Galilea, dentro de las fronteras del pueblo elegido y se recogen 12 canastas, uno para cada tribu de Israel, mientras que el segundo representa la oferta hecha a los paganos; está colocado después de la curación de la hija de la cananea e insiste en el número siete (relacionado con los diáconos helenistas).
 
El Evangelio de hoy es una buena síntesis de algunos rasgos fundamentales de la biografía y la personalidad de Jesús.  Un dato histórico incuestionable es que la muchedumbre le acompañó constantemente, al descubrir en su persona y su mensaje algo que no encontraban en otros maestros y dirigentes.  Otro dato de su personalidad es la de compadecerse de la gente.  Aparece lleno de bondad y solidaridad por quienes sufren alguna enfermedad o cansancio, agobiados y marginados.  A la vez, el Evangelio nos lo presenta en relación e intimidad con el Padre. Busca retirarse a sitios tranquilos y apartados. Y cuando no puede, porque las necesidades de la muchedumbre, del pueblo, de los hijos de Dios le conmueven las entrañas, es desde ahí donde se dirige al Padre, eleva sus ojos y bendice, comparte y se comparte dando testimonio del Reino y del querer de Dios.
 
Compartir los bienes, signo distintivo de la llegada del Reino. Dios quiere que todos vivan y puedan alimentarse hasta saciarse.  Pero esa voluntad se hace efectiva únicamente a través de nuestro compartir.  Por eso, celebrar la Eucaristía en comunidad cristiana es auténtica cuando compartimos lo que tenemos.
 
Este relato evangélico de los panes es aleccionador.  Los discípulos estimando que no hay suficiente para todos, piensan que el problema del hambre se solucionará haciendo que la muchedumbre “compre” comida. 
 
A ese “comprar” regido por las leyes económicas, Jesús contrapone el “dar” generoso y gratuito: “Denles ustedes de comer”. 
Luego, toma todas las provisiones que hay en el grupo y pronuncia las palabras de acción de gracias.  De esta manera, el pan se desvincula de sus poseedores para considerarlo don de Dios y repartirlo generosamente entre todos los que tienen hambre.  Ésta es la enseñanza profunda del relato.  Cuando se libera la creación del egoísmo humano sobra para cubrir la necesidad de todos.
 
La otra hambre.  En esta sociedad aparentemente satisfecha, y bien alimentada no es fácil descubrir mil clases de hambre profunda.  Desde la soledad al estrés, desde la falta de identidad al no saber desenvolverse.  Tenemos miedo al silencio, a la apertura a Dios, a la plegaria.  No nos atrevemos a amar con generosidad a los otros.  Buscamos falsas soluciones, hundiéndonos en la anestesia de mil caprichos superficiales. O argumentando que no nos satisfacen. O excusándonos de lo que no tiene excusa.  O alegando lo que no es defendible.  O relativizando lo que nos interroga y descoloca… Pero seguimos teniendo hambre de algo mas profundo.      
 
El estilo de Jesús en el anuncio de la buena nueva del Reino.
 
Orar antes de cada acontecimiento. El texto nos presenta a Jesús, que habiendo oído la noticia de la muerte del Bautista a manos de Herodes (Mt 14,12), se retira a otra parte “en un lugar desierto” (Mt 14,13).
 
Muchas veces en los evangelios, Jesús se nos presenta como aquél que se retira a un lugar apartado. Aunque no siempre es así, generalmente este retirarse quiere demostrar un Jesús inmerso en la oración. He aquí algunos ejemplos: “Despedida la gente, subió al monte solo, a orar. Llegada la noche Él estaba todavía solo, arriba” (Mt 1,23); “En la mañana se levantó cuando todavía estaba obscuro, salió de la casa, se retiró a un lugar desierto y allá oraba” (Mc 1,35); “Jesús se retiraba a lugares solitarios para orar” (Lc 5,16); “conducido por el Espíritu” Jesús se retira después de su bautismo al desierto para ser tentado por el diablo venciendo sus seducciones con la fuerza de la palabra de Dios (Mt 4,1-11; Mc 1,12-13; Lc 4,1-13) Otras veces Jesús llama consigo a sus discípulos: “Venid a un lugar desierto y apartado y descansad un poco”.
 
En este pasaje, Jesús reza antes de la multiplicación de los panes. Los evangelios demuestran que a Jesús le gustaba orar antes de acontecimientos importantes en el curso de su ministerio, como el bautismo, la transfiguración, la pasión.
 
Te presento mis panes y mis peces Señor, para que me ayudes a multiplicarlos, quiero compartirlos con los demás.
Amen
 

 
Francisco: En el Amor de Dios un mundo mejor es posible
 
En una entrevista concedida a la revista Viva, el Papa propuso diez ideas o claves como fórmula de la felicidad. Las propuestas del pontífice argentino se resumen en vivir y dejar vivir a los demás, compartir el domingo en familia y jugar con los niños, olvidarse de lo negativo y darse a los demás.    
Las sugerencias del Papa responden a la consulta del periodista Pablo Calvo, que simplemente le consultó: “¿Cuál es la fórmula de la felicidad?”.                 

1. Vivir y dejar vivir.              
2. Darse a los demás.            
3. Moverse remansadamente. “En Don Segundo Sombra hay una cosa muy linda, de alguien que relee su vida. El protagonista dice que de joven era un arroyo pedregoso que se llevaba por delante todo; de adulto era un río que andaba adelante y que en la vejez se sentía en movimiento, pero lentamente remansado. Yo utilizaría esta imagen del poeta y novelista Ricardo Güiraldes y ese último adjetivo, remansado. La capacidad de moverse con benevolencia y humildad, el remanso de la vida. Los ancianos tienen esa sabiduría, son la memoria de un pueblo. Y un pueblo que no cuida a sus ancianos no tiene futuro”, definió Francisco.      
4. Jugar con los chicos. El consumismo nos llevó a esa ansiedad de perder la sana cultura del ocio, leer, disfrutar del arte. Ahora confieso poco, pero en Buenos Aires confesaba mucho y cuando venía una mamá joven le preguntaba: '¿Cuántos hijos tenés? ¿Jugás con tus hijos?' Y era una pregunta que no se esperaba, pero yo le decía que jugar con los chicos es clave, es una cultura sana. Es difícil, los padres se van a trabajar temprano y vuelven a veces cuando sus hijos duermen, es difícil, pero hay que hacerlo”, contó. 
 
5. Compartir los domingos con la familia            . 
6. Ayudar a los jóvenes a conseguir empleo: “Hay que ser creativos con esta franja –afirmó Francisco-. Si faltan oportunidades, caen en la droga. Y está muy alto el índice de suicidios entre los jóvenes sin trabajo. El otro día leí, pero no me fío porque no es un dato científico, que había 75 millones de jóvenes de 25 años o menos, desocupados. No alcanza con darles de comer: hay que inventarles cursos de un año de plomero, electricista, costurero. La dignidad te la da el llevar el pan a casa”.            
7. Cuidar la naturaleza.          
8. Olvidarse rápido de lo negativo: “La necesidad de hablar mal del otro indica una baja autoestima, es decir: yo me siento tan abajo que en vez de subir, bajo al otro. Olvidarse rápido de lo negativo es sano”. 
9. Respetar al que piensa distinto: “Podemos inquietar al otro desde el testimonio, para que ambos progresen en esa comunicación, pero lo peor que puede haber es el proselitismo religioso, que paraliza: 'Yo dialogo contigo para convencerte', no. Cada uno dialoga desde su identidad. La Iglesia crece por atracción, no por proselitismo”.     
10. Buscar activamente la paz.
 
Aclaración: Se han utilizado para la preparación de esta hoja: El libro del Pueblo de Dios. Reflexiones del P. Fidel Oñoro, Centro Bíblico del CELAM. P. Daniel Silva
 
 
Rectángulo redondeado: Peña  comunitaria  Te invita: Parroquia San José  Con la alegría del encuentro por nuestra casa  Domingo 10 de Agosto 13 hs 13  Conjuntos folklóricos en vivo!!! BUFFET: Realizá tu reserva con anticipación $15.  Tenemos una sorpresa!!!  Menores de 10 años sin cargo  Salón V. Sauras, Brandsen esq. Magdalena Consultas: 4207—747o      hs
 
 
Rectángulo redondeado: Círculo Peregrino: queremos compartir con vos la Palabra del Señor, por eso podemos ir a tu casa a visitarte a vos o algún familiar.  Lectio Divina: También podes venir para compartirla  los Sábados 16 hs. en:          Círculo Bíblico San José Parroquia San José: Brandsen 4970 Villa Domínico.  http://miencuentroconjesus1.blogspot.com  Si  querés recibir la hojita por e-mail pedila:  miencuentroconjesus@yahoo.com.ar