Lecturas del 22/03/09 –Ciclo B–
4° domingo de cuaresma
«Sí, Dios amó tanto al mundo…»
Segundo libro Crónicas 36, 14-16. 19-23
Todos los jefes de Judá, los sacerdotes y el pueblo multiplicaron sus infidelidades, imitando todas las abominaciones de los paganos, y contaminaron el Templo que el Señor se había consagrado en Jerusalén. El Señor, el Dios de sus padres, les llamó la atención constantemente por medio de sus mensajeros, porque tenía compasión de su pueblo y de su Morada. Pero ellos escarnecían a los mensajeros de Dios, despreciaban sus palabras y ponían en ridículo a sus profetas, hasta que la ira del Señor contra su pueblo subió a tal punto, que ya no hubo más remedio.
Los caldeos quemaron la Casa de Dios, demolieron las murallas de Jerusalén, prendieron fuego a todos sus palacios y destruyeron todos sus objetos preciosos. Nabucodonosor deportó a Babilonia a los que habían escapado de la espada y estos se convirtieron en esclavos del rey y de sus hijos hasta el advenimiento del reino persa. Así se cumplió la palabra del Señor, pronunciada por Jeremías: «La tierra descansó durante todo el tiempo de la desolación, hasta pagar la deuda de todos sus sábados, hasta que se cumplieron setenta años.»
En el primer año del reinado de Ciro, rey de Persia, para que se cumpliera la palabra del Señor pronunciada por Jeremías, el Señor despertó el espíritu de Ciro, el rey de Persia, y este mandó proclamar de viva voz y por escrito en todo su reino: «Así habla Ciro, rey de Persia: El Señor, el Dios del cielo, me ha dado todos los reinos de la tierra y él me ha encargado que le edifique una Casa en Jerusalén, de Judá. Si alguno de ustedes pertenece a ese pueblo, ¡que el Señor, su Dios, lo acompañe y que suba...!» Palabra de Dios.
Salmo 136
R. Que la lengua se me pegue al paladar
si no me acordara de ti.
Junto a los ríos de Babilonia, nos sentábamos a llorar, acordándonos de Sión. En los sauces de las orillas teníamos colgadas nuestras cítaras. R.
Allí nuestros carceleros nos pedían cantos,
y nuestros opresores, alegría: «¡Canten para nosotros un canto de Sión!» R.
¿Cómo podíamos cantar un canto del Señor en tierra extranjera? Si me olvidara de ti, Jerusalén, que se paralice mi mano derecha. R.
Que la lengua se me pegue al paladar
si no me acordara de ti, si no pusiera a Jerusalén por encima de todas mis alegrías. R.
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Éfeso 2, 4-10
Hermanos: Dios, que es rico en misericordia, por el gran amor con que nos amó, precisamente cuando estábamos muertos a causa de nuestros pecados, nos hizo revivir con Cristo -¡ustedes han sido salvados gratuitamente!- y con Cristo Jesús nos resucitó y nos hizo reinar con él en el cielo.
Así, Dios ha querido demostrar a los tiempos futuros la inmensa riqueza de su gracia por el amor que nos tiene en Cristo Jesús.
Porque ustedes han sido salvados por su gracia, mediante la fe. Esto no proviene de ustedes, sino que es un don de Dios; y no es el resultado de las obras, para que nadie se gloríe.
Nosotros somos creación suya: fuimos creados en Cristo Jesús, a fin de realizar aquellas buenas obras, que Dios preparó de antemano para que las practicáramos.
Palabra de Dios.
Santo Evangelio según san Juan 3, 14-21
Jesús dijo a Nicodemo: «De la misma manera que Moisés levantó en alto la serpiente en el desierto, también es necesario que el Hijo del hombre sea levantado en alto, para que todos los que creen en él tengan Vida eterna.
Sí, Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga Vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. El que cree en él, no es condenado; el que no cree, ya está condenado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios.
En esto consiste el juicio: la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron las tinieblas a la luz, porque sus obras eran malas. Todo el que obra mal odia la luz y no se acerca a ella, por temor de que sus obras sean descubiertas. En cambio, el que obra conforme a la verdad se acerca a la luz, para que se ponga de manifiesto que sus obras han sido hechas en Dios.» Palabra del Señor.
Reflexión
Las lecturas de este cuarto domingo de Cuaresma son un canto de alegría al mostrarnos que el amor de Dios por nosotros no sólo lo manifestó en palabras, sino en obras, “Tanto amó Dios al mundo que envió a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga Vida eterna.” Ese amor infinito de Dios ha recorrido un largo camino en la historia de la salvación, antes de llegar a expresarse en forma definitiva y última en Jesucristo. La primera lectura nos muestra en acción el amor de Dios de un modo sorprendente, como ira y castigo, para así suscitar en el pueblo el arrepentimiento y la conversión. La carta a los efesios resalta por una parte nuestra falta de amor que causa la muerte, y el amor de Dios que nos hace retornar a la vida junto con Jesucristo. En todo y por encima de todo, el amor de Dios en Cristo Jesús.
El texto evangélico de este domingo se puede subdividir en tres partes:
• Reflexión en torno al “levantar en alto” (versículos 14-15).
• Designio del amor de Dios por el mundo (versículos 16-17)
• Aceptación o rechazo del designio de amor de Dios por el mundo (versículos 18-21).
Reflexión en torno al “levantar en alto” trae a colación un episodio muy llamativo del Antiguo
Testamento en el Libro de los Números 21,4-9 donde ante la realidad del pecado y de las murmuraciones del pueblo, Dios manda unas serpientes abrasadoras (se alude, posiblemente, al ardor que causan cuando pican), mordían y provocaban la muerte de muchos. Cuando los miembros del pueblo reconocen su pecado y piden perdón, Dios les da como “remedio” que miren una serpiente de bronce colocada en el extremo de un mástil sostenido por Moisés.
Todo el que era mordido al mirar este signo quedaba curado. Así como el “remedio” de la Antigua Alianza fue mirar a la serpiente levantada en alto, en la Nueva Alianza el “remedio” será el Hijo del hombre levantado en alto que trae vida eterna a todo el que cree en Él. Juan recrea y profundiza de manera simbólica el episodio del Antiguo Testamento para referirlo a la crucifixión y glorificación de Cristo. Jesús muerto y resucitado será la “nueva medicina” para sanar la enfermedad del pecado y la muerte espiritual en el corazón de los hombres. Así como la serpiente era un signo de salvación que curaba a los que la miraban, la Cruz será signo de salvación para los que la contemplen.
Designio de amor de Dios por el mundo: nos revelan las verdaderas intenciones de Dios que tienen que ver con el amor. Dios no se queda en “palabras vacías” sino que realiza hechos concretos: Dios ama tanto al mundo que envía a su propio Hijo para que todos tengan vida eterna, para salvar y no para condenar a las personas. Que importante recuperar para nuestra experiencia religiosa este aspecto: Dios quiere que el mundo se salve, Dios no viene a condenar al mundo. Dios es Amor con mayúsculas y éstas y no otras son sus verdaderas intenciones. Recordémoslo siempre: el motivo del envío del Hijo es el amor…
Aceptación o rechazo del designio de amor de Dios por el mundo: No somos capaces, por nosotros mismos, de santificarnos o de salvarnos. Nuestra salvación depende primeramente de Dios. Pero el ser humano tiene su participación, la cual consiste en dar respuesta a todas las gracias que Dios nos ha dado y que sigue dándonos constantemente para ser salvados.
Se presentan las dos posibles respuestas de los hombres del mundo ante el designio y la propuesta de Dios: creer o no creer; la luz o la oscuridad; la verdad o la mentira; los mandamientos y las obras buenas o el pecado… Dios hace al hombre libre y el hombre elige de qué lado está, por qué se juega… De la determinación del hombre depende la salvación o la perdición. La fe y la incredulidad aquí se confrontan violentamente. La razón de la incredulidad son las “malas obras”, “lo malo”; por ello huye el pecador de la Luz. En la respuesta de fe se realiza el juicio mismo de Dios sobre cada uno de los hombres. Es aquí donde la responsabilidad y el buen uso de la libertad se ponen en juego…
Los cristianos estamos llamados a vivir siempre alegres, porque la esencia de nuestra vida está en el hecho de que Dios nos ha amado con un amor individual y personal, particularmente a cada uno de nosotros. Y Jesús no deja de amarnos, ni nos abandona, ni se olvida de cada uno de sus hijos, ni aún en los momentos de mayor ingratitud de nuestra parte ni cuando nos apartamos de sus enseñanzas y recorremos la vida por caminos diametralmente opuestos a los suyos.
Percibimos con claridad que el juicio final no está tan lejos. Tenemos que decidirnos, tenemos que elegir, tenemos que jugarnos en serio.
Preguntas para la meditación ¿Qué me dice?
Quién cree en Jesús, está libre de la condenación y ya nada tiene que temer, pero quien rehúsa creer, no tiene necesidad de ser condenado: ya lo está, y persiste en su condenación si no quiere reconocer al Único Hijo de Dios que sólo podría liberarlo. Y este es el mayor error que podemos cometer en la vida.
¿Qué sucede en el corazón humano para que no pueda descubrir en Jesucristo la sublimidad del amor de Dios?
¿Qué dificultades me impiden descubrir este tesoro: el egoísmo, la comodidad, las cruces que se nos presentan en la vida cotidiana, el odio o la indiferencia a lo que no sea el propio yo?
Para tener presente: en la teología del Evangelio de Juan ser elevado en la Cruz es ser al mismo tiempo Gloria y Exaltación del Hijo del Hombre. En este acontecimiento se revela la gloria del Padre, su entrega y su gran amor. En Juan la realidad histórica de la Cruz del Señor está ya “inundada” de la fuerza de la resurrección. De esta forma se puede entender que Jesús sea glorificado en el momento de la Cruz.
¿Soy capaz de mirar la Cruz del Señor desde la perspectiva de la glorificación y exaltación? ¿Me acerco a Él?
¿Comprendo que Dios realiza “el juicio” en función de mi respuesta? ¿Capto que el Señor no quiere condenarme pero va a respetar mi respuesta porque me hizo libre?
ORACIÓN ¿Qué le digo?
En la misa de este domingo, en la oración después de la Comunión rezamos:
“Oh, Dios, que alumbras a todo hombre que viene a este mundo, ilumina nuestros corazones con la claridad de tu gracia a fin de que nuestros pensamientos te sean gratos y te amemos siempre con sinceridad...”
Dios nos ha dado, por la mediación de su Hijo, la vida divina. Podemos tener el corazón lleno de alegría, porque después de este tiempo de prueba tendremos la alegría sin fin que nos trajo Jesús, no por nuestros méritos, sino porque Él nos amó primero. Para poder gozar de esta dicha, el único requisito es abrir las puertas de nuestro corazón y dejarnos divinizar por Él. Amén
Lecturas de la semana:
LUNES 23: Isaías 65, 17-21; Salmo 29; Jn 4, 43-54.
MARTES 24: Ezequiel 47, 1-9. 12; Salmo 45; Juan 5, 1-3ª. 5-16.
MIERCOLES 25: “La Anunciación del Señor” Isaías 7, 10-14; 8, 10c; Salmo 39; Hebreos 10, 4-10; Lucas 1, 26-38.
JUEVES 26: Éxodo 32, 7-14; Salmo 105; Juan 5, 31-47.
VIERNES 27: Sabiduría 2, 1ª. 12-22; Salmo 33; Juan 7, 1-2. 10. 25-30.
SABADO 28: Jeremías 11, 18-20; Salmo 7; Juan 7, 7, 40-53.
Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las reflexiones que acompañan las lecturas, textos de distintos autores: El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y Maria, Catholic.net, Homilia.com. “Claves de Lectio Divina” Proyecto Lectionautas CEBIPAL/CELAM – SOCIEDADES BIBLICAS NIDAS Pbro. Lic. Gabriel MESTRE, Hno. Ricardo Grzona, frp.
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Te esperamos los sábados 17:00 h.
para leer la Biblia en la Parroquia San José: Brandsen 4970 Villa Dominico.
Círculo Bíblico San José
¡Con su Palabra, Jesús se nos revela y sale a nuestro encuentro, para que experimentemos al Dios de la vida!
Intención para la evangelización ‐
Intenciones de oración de septiembre: Oremos por una gestión justa y sostenible del agua, recurso vital, para que todos tengan acceso equitativo a ella.
"Todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre"
"Todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre" Mt 7, 7-8.
No sé qué quería, pero había algo en mí que me movía a buscar, tal vez que las cosas tengan sentido, y te encontré. Me cuestionaba sobre la vida y me diste tu sabiduría para que pueda encontrar alegría y paz. Ante mis miedos y dudas, te pido que me acompañes en mi peregrinar y me das tu Espíritu Santo, el mismo que te acompaño a vos, hoy me acompaña a mí, me asiste y guía.
Hoy sigo buscando más de tu Palabra, de la Verdad y el camino, con la confianza puesta en vos, Dios mío, sé que estás presente en mi vida. Ven Señor Jesús, te necesito.
Del libro de la Sabiduría 6, 12-16
Del libro de la Sabiduría 6, 12-16: La Sabiduría es luminosa y nunca pierde su brillo: se deja contemplar fácilmente por los que la aman y encontrar por los que la buscan. Ella se anticipa a darse a conocer a los que la desean.
El que madruga para buscarla no se fatigará, porque la encontrará sentada a su puerta. Meditar en ella es la perfección de la prudencia, y el que se desvela por su causa pronto quedará libre de inquietudes.
La Sabiduría busca por todas partes a los que son dignos de ella, se les aparece con benevolencia en los caminos y le sale al encuentro en todos sus pensamientos.
domingo, 29 de marzo de 2009
Lecturas del tercer domingo de Cuaresma
Lecturas del 15/03/09 –Ciclo B–
3° domingo de cuaresma
«… en tres días lo volveré a levantar.»
Lectura del libro del Éxodo 20, 1-17
Dios pronunció estas palabras:
«Yo soy el Señor, tu Dios, que te hice salir de Egipto, de un lugar de esclavitud.
No tendrás otros dioses delante de mí.
No te harás ninguna escultura y ninguna imagen de lo que hay arriba, en el cielo, o abajo, en la tierra, o debajo de la tierra, en las aguas. No te postrarás ante ellas, ni les rendirás culto, porque yo soy el Señor, tu Dios, un Dios celoso, que castigo la maldad de los padres en los hijos, hasta la tercera y cuarta generación, si ellos me aborrecen; y tengo misericordia a lo largo de mil generaciones, si me aman y cumplen mis mandamientos. No pronunciarás en vano el nombre del Señor, tu Dios, porque él no dejará sin castigo al que lo pronuncie en vano. Acuérdate del día sábado para santificarlo. Durante seis días trabajarás y harás todas tus tareas; pero el séptimo es día de descanso en honor del Señor, tu Dios. En él no harán ningún trabajo, ni tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu esclavo, ni tu esclava, ni tus animales, ni el extranjero que reside en tus ciudades. Porque en seis días el Señor hizo el cielo, la tierra, el mar y todo lo que hay en ellos, pero el séptimo día descansó. Por eso el Señor bendijo el día sábado y lo declaró santo.
Honra a tu padre y a tu madre, para que tengas una larga vida en la tierra que el Señor, tu Dios, te da. No matarás. No cometerás adulterio. No robarás. No darás falso testimonio contra tu prójimo. No codiciarás la casa de tu prójimo: no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su esclavo, ni su esclava, ni su buey, ni su asno, ni ninguna otra cosa que le pertenezca.» Palabra de Dios.
Salmo 18
R. Señor, tú tienes palabras de Vida eterna.
La ley del Señor es perfecta,
reconforta el alma; el testimonio del Señor es verdadero, da sabiduría al simple. R.
Los preceptos del Señor son rectos,
alegran el corazón; los mandamientos del Señor son claros, iluminan los ojos. R.
La palabra del Señor es pura, permanece para siempre; los juicios del Señor son la verdad, enteramente justos. R.
Son más atrayentes que el oro, que el oro más fino; más dulces que la miel, más que el jugo del panal. R.
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Corinto 1, 22-25
Hermanos: Mientras los judíos piden milagros y los griegos van en busca de sabiduría, nosotros, en cambio, predicamos a un Cristo crucificado, escándalo para los judíos y locura para los paganos, pero fuerza y sabiduría de Dios para los que han sido llamados, tanto judíos como griegos. Porque la locura de Dios es más sabia que la sabiduría de los hombres, y la debilidad de Dios es más fuerte que la fortaleza de los hombres. Palabra de Dios.
Santo Evangelio según san Juan 2, 13-25
Se acercaba la Pascua de los judíos. Jesús subió a Jerusalén y encontró en el Templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas y a los cambistas sentados delante de sus mesas. Hizo un látigo de cuerdas y los echó a todos del Templo, junto con sus ovejas y sus bueyes; desparramó las monedas de los cambistas, derribó sus mesas y dijo a los vendedores de palomas: «Saquen esto de aquí y no hagan de la casa de mi Padre una casa de comercio.» Y sus discípulos recordaron las palabras de la Escritura: El celo por tu Casa me consumirá.
Entonces los judíos le preguntaron: « ¿Qué signo nos das para obrar así?»
Jesús les respondió: «Destruyan este templo y en tres días lo volveré a levantar.»
Los judíos le dijeron: «Han sido necesarios cuarenta y seis años para construir este Templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?»
Pero él se refería al templo de su cuerpo.
Por eso, cuando Jesús resucitó, sus discípulos recordaron que él había dicho esto, y creyeron en la Escritura y en la palabra que había pronunciado.
Mientras estaba en Jerusalén, durante la fiesta de Pascua, muchos creyeron en su Nombre al ver los signos que realizaba. Pero Jesús no se fiaba de ellos, porque los conocía a todos y no necesitaba que lo informaran acerca de nadie: él sabía lo que hay en el interior del hombre. Palabra del Señor.
Reflexión: ¿Qué dice el texto?
“Nosotros predicamos a Cristo crucificado, que es fuerza de Dios y sabiduría de Dios” (segunda lectura). En esta frase podemos encontrar resumido el mensaje central de los textos litúrgicos de este domingo tercero de cuaresma. Fuerza y sabiduría de Dios que superan y perfeccionan la fuerza y sabiduría del Decálogo (primera lectura). Fuerza y sabiduría de Dios que instauran un nuevo templo y un nuevo culto, situado no ya en un lugar, cuanto en una persona.
Jesús dirá que no ha venido a abolir la ley sino a perfeccionarla, por eso no basta el decálogo con su amor a Dios y al hombre, es necesario añadir que se trata de amar a Dios en su misterio trinitario revelado por Jesucristo, y de amar al prójimo, incluso si es nuestro enemigo. Jesús, como nuevo templo, interioriza el culto cristiano, fundado no en sacrificios ni ritos externos, sino en la acción del Espíritu de súplica, alabanza y adoración. Se trata de una sabiduría que mana del Espíritu de Dios, no obra del hombre ni de sus capacidades superiores.
Las grandes religiones de hoy y de todos los tiempos poseen “templos” para rendir culto a su Dios. Nuestros padres en la fe llaman “Sinagoga” a sus actuales templos, los hermanos islámicos llaman “Mezquita” a sus lugares sagrados y los cristianos en general le damos el título de “Iglesia”. ¿Qué es en definitiva un “templo”? Para las grandes religiones es siempre un espacio sagrado donde el hombre se encuentra con su Dios.
En un primer nivel el texto evangélico de este domingo puede sorprendernos un poco al detectar en Jesús una actitud tan firme y decidida en la expulsión de los que vendían animales y cambiaban monedas en las puertas del Templo. A simple vista corremos el riesgo de “malinterpretar” el relato pensando que se trata de un simple problema de no mezclar lo económico con el culto. En realidad el sentido del texto es mucho más profundo.
El Templo era el centro de la fe y de la espiritualidad del Pueblo de la Antigua Alianza. Por eso la piedad del israelita está profundamente marcada por la devoción y el amor al Templo. Reflejan esta realidad las hermosas reflexiones que hacen los Salmos, las peregrinaciones, la orientación hacia el Santuario de Jerusalén de las Sinagogas y de los orantes, en cualquier parte del mundo.
Jesús valora el Templo hasta tal punto que lo llama la “Casa de mi Padre” (cfr. Ver. 16) y lo ama apasionadamente (cfr. Ver. 17). Nunca rechaza el Templo, pero como hace con la misma Ley que no viene a abolirla, busca llevar todo a plenitud.
El evangelista Juan utiliza recursos literarios en la composición de su Evangelio. Uno de estos recursos los estudiosos de la Biblia lo llaman el “malentendido joánico”. ¿En qué consiste? Para reforzar una idea, sobre todo una idea profunda, teológica y espiritual, el evangelista hace que Jesús juegue con algunas palabras que tienen un doble sentido o doble significado.
En el relato de hoy hay un “malentendido” con respecto al Templo. Los judíos hablan del Templo material (ver. 20) y Jesús está hablando del Templo que es su propio cuerpo (ver. 21). El Gran Templo de Jerusalén es “espacio” de encuentro del hombre con Dios pero Jesús se presenta como Nuevo Templo, nuevo “espacio” de encuentro entre el hombre y Dios. Jesucristo verdadero Dios y verdadero hombre es el Templo con mayúscula es el que “purifica”, “limpia” y lleva a plenitud el Templo anterior, el Templo de la Antigua Alianza.
A partir de Jesús muerto y resucitado, Nuevo Templo, adquieren sentido nuestros Templos de piedra, nuestras Iglesias, donde justamente nos reunimos para celebrar la muerte y resurrección del Señor hasta que Él vuelva.
En definitiva en este texto percibimos a un Cristo que viene a purificar el Templo dando paso de un “culto antiguo” que necesitaba de la sangre de los sacrificios y de las monedas ofrecidas, a un “culto nuevo” donde Él mismo es Templo, espacio de encuentro con Dios realizando un único sacrificio de una vez y para siempre. De esta forma el Señor “paga” con su muerte y resurrección el “impuesto” que el judío debía pagar constantemente para rendir culto a Dios.
Jesús da un paso más al proponerse él mismo como santuario de Dios. Frente al poder de Herodes (cuarenta y seis años de construcción del templo) emerge el poder del resucitado (tres días). En el Reino de Dios los cuerpos vivos son los santuarios de Dios, en donde brilla su presencia y su amor si viven dignamente. Sobre esta base es posible soñar y construir otra manera de vivir y otra manera de creer.
Para tener presente: la Ley de Moisés exigía que los animales que iban a ser sacrificados no tuvieran ningún defecto. Como muchos judíos venían de lejos debían comprar los animales cerca del Templo.
Todo israelita mayor de 20 años debía pagar el impuesto al Templo con unas monedas especiales (no romanas) que en la época de Jesús ya no se acuñaban. Por eso era necesario que hubiera cambistas en los atrios del Templo.
Preguntas para la meditación ¿Qué me dice?
A partir de Jesús muerto y resucitado, Nuevo Templo, adquieren sentido nuestros Templos de piedra, nuestras Iglesias:
¿Soy consciente de la importancia del “templo material” como el espacio donde se celebra la muerte y la resurrección del Señor?
¿Qué lugar ocupa el “templo” en mi vida? ¿Qué implica para mí ser parte de una Iglesia, una parroquia, una capilla?
En el texto percibimos a un Cristo que viene a purificar el Templo (con un látigo) dando paso de un “culto antiguo” que necesitaba de la sangre de los sacrificios y de las monedas ofrecidas, a un “culto nuevo” donde Él mismo es Templo, espacio de encuentro con Dios realizando un único sacrificio de una vez para siempre.
¿Vivimos la Cuaresma como un tiempo de purificación?
¿Me descubro como “templo de Dios” en Cristo?
ORACIÓN ¿Qué le digo?
Para iluminar nuestra oración rezamos algunos fragmentos de textos tomados de los Salmos:
Sal 5,6-8
6 (7) ¡Tú destruyes a los mentirosos, y rechazas a los tramposos y asesinos!
7 (8) Pero a mí me quieres tanto que me dejas entrar en tu templo, y allí me dejas hacer mis oraciones.
8 (9) Dios mío, ¡enséñame a hacer el bien! ¡Llévame por el buen camino, pues no quiero que mis enemigos triunfen sobre mí!
Sal 27,4-6
4 Dios mío, sólo una cosa te pido, sólo una cosa deseo: déjame vivir en tu templo todos los días de mi vida, para contemplar tu hermosura y buscarte en oración.
5 Cuando vengan tiempos difíciles, tú me darás protección: me esconderás en tu templo, que es el lugar más seguro.
6 Tú me darás la victoria sobre mis enemigos; yo, por mi parte, cantaré himnos en tu honor, y ofreceré en tu templo sacrificios de gratitud.
Sal 65,4
4 (5) ¡Qué bendición reciben los que viven cerca de ti, los que viven en tu mismo templo!
Quedamos satisfechos con el alimento que de ti recibimos.
Lecturas de la semana:
LUNES 16: Segundo libro Reyes 5, 1-15; Salmo 41; Lucas 4, 24-30.
MARTES 17: Daniel 3, 25. 34-43; Salmo 24; Mateo 18, 21-35.
MIERCOLES 18: Deuteronomio 4, 1. 5-9; Salmo 147; Mateo 5, 17-19.
JUEVES 19: “San José” Segundo libro Samuel 7, 4-5ª. 12-14ª. 16; Salmo 88; Romanos 4, 13. 16-18. 22; Mateo 1, 16. 18-21. 24a.
VIERNES 20: Oseas 14, 2-10; Salmo 80; Marcos 12, 28b-34.
SABADO 21: Oseas 6, 1-6; Salmo 50; Lucas 18, 9-14.
Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las reflexiones que acompañan las lecturas, textos de distintos autores: El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y Maria, Catholic.net, Homilia.com. “Claves de Lectio Divina” Proyecto Lectionautas CEBIPAL/CELAM – SOCIEDADES BIBLICAS NIDAS Pbro. Lic. Gabriel MESTRE, Hno. Ricardo Grzona, frp.
Impresión Librería “Del Rocío” Av. Mitre 6199 – Wilde – 4207-4785
Te esperamos los sábados 17:30 h.
para leer la Biblia en la Parroquia San José: Brandsen 4970 Villa Dominico.
Círculo Bíblico San José
3° domingo de cuaresma
«… en tres días lo volveré a levantar.»
Lectura del libro del Éxodo 20, 1-17
Dios pronunció estas palabras:
«Yo soy el Señor, tu Dios, que te hice salir de Egipto, de un lugar de esclavitud.
No tendrás otros dioses delante de mí.
No te harás ninguna escultura y ninguna imagen de lo que hay arriba, en el cielo, o abajo, en la tierra, o debajo de la tierra, en las aguas. No te postrarás ante ellas, ni les rendirás culto, porque yo soy el Señor, tu Dios, un Dios celoso, que castigo la maldad de los padres en los hijos, hasta la tercera y cuarta generación, si ellos me aborrecen; y tengo misericordia a lo largo de mil generaciones, si me aman y cumplen mis mandamientos. No pronunciarás en vano el nombre del Señor, tu Dios, porque él no dejará sin castigo al que lo pronuncie en vano. Acuérdate del día sábado para santificarlo. Durante seis días trabajarás y harás todas tus tareas; pero el séptimo es día de descanso en honor del Señor, tu Dios. En él no harán ningún trabajo, ni tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu esclavo, ni tu esclava, ni tus animales, ni el extranjero que reside en tus ciudades. Porque en seis días el Señor hizo el cielo, la tierra, el mar y todo lo que hay en ellos, pero el séptimo día descansó. Por eso el Señor bendijo el día sábado y lo declaró santo.
Honra a tu padre y a tu madre, para que tengas una larga vida en la tierra que el Señor, tu Dios, te da. No matarás. No cometerás adulterio. No robarás. No darás falso testimonio contra tu prójimo. No codiciarás la casa de tu prójimo: no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su esclavo, ni su esclava, ni su buey, ni su asno, ni ninguna otra cosa que le pertenezca.» Palabra de Dios.
Salmo 18
R. Señor, tú tienes palabras de Vida eterna.
La ley del Señor es perfecta,
reconforta el alma; el testimonio del Señor es verdadero, da sabiduría al simple. R.
Los preceptos del Señor son rectos,
alegran el corazón; los mandamientos del Señor son claros, iluminan los ojos. R.
La palabra del Señor es pura, permanece para siempre; los juicios del Señor son la verdad, enteramente justos. R.
Son más atrayentes que el oro, que el oro más fino; más dulces que la miel, más que el jugo del panal. R.
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Corinto 1, 22-25
Hermanos: Mientras los judíos piden milagros y los griegos van en busca de sabiduría, nosotros, en cambio, predicamos a un Cristo crucificado, escándalo para los judíos y locura para los paganos, pero fuerza y sabiduría de Dios para los que han sido llamados, tanto judíos como griegos. Porque la locura de Dios es más sabia que la sabiduría de los hombres, y la debilidad de Dios es más fuerte que la fortaleza de los hombres. Palabra de Dios.
Santo Evangelio según san Juan 2, 13-25
Se acercaba la Pascua de los judíos. Jesús subió a Jerusalén y encontró en el Templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas y a los cambistas sentados delante de sus mesas. Hizo un látigo de cuerdas y los echó a todos del Templo, junto con sus ovejas y sus bueyes; desparramó las monedas de los cambistas, derribó sus mesas y dijo a los vendedores de palomas: «Saquen esto de aquí y no hagan de la casa de mi Padre una casa de comercio.» Y sus discípulos recordaron las palabras de la Escritura: El celo por tu Casa me consumirá.
Entonces los judíos le preguntaron: « ¿Qué signo nos das para obrar así?»
Jesús les respondió: «Destruyan este templo y en tres días lo volveré a levantar.»
Los judíos le dijeron: «Han sido necesarios cuarenta y seis años para construir este Templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?»
Pero él se refería al templo de su cuerpo.
Por eso, cuando Jesús resucitó, sus discípulos recordaron que él había dicho esto, y creyeron en la Escritura y en la palabra que había pronunciado.
Mientras estaba en Jerusalén, durante la fiesta de Pascua, muchos creyeron en su Nombre al ver los signos que realizaba. Pero Jesús no se fiaba de ellos, porque los conocía a todos y no necesitaba que lo informaran acerca de nadie: él sabía lo que hay en el interior del hombre. Palabra del Señor.
Reflexión: ¿Qué dice el texto?
“Nosotros predicamos a Cristo crucificado, que es fuerza de Dios y sabiduría de Dios” (segunda lectura). En esta frase podemos encontrar resumido el mensaje central de los textos litúrgicos de este domingo tercero de cuaresma. Fuerza y sabiduría de Dios que superan y perfeccionan la fuerza y sabiduría del Decálogo (primera lectura). Fuerza y sabiduría de Dios que instauran un nuevo templo y un nuevo culto, situado no ya en un lugar, cuanto en una persona.
Jesús dirá que no ha venido a abolir la ley sino a perfeccionarla, por eso no basta el decálogo con su amor a Dios y al hombre, es necesario añadir que se trata de amar a Dios en su misterio trinitario revelado por Jesucristo, y de amar al prójimo, incluso si es nuestro enemigo. Jesús, como nuevo templo, interioriza el culto cristiano, fundado no en sacrificios ni ritos externos, sino en la acción del Espíritu de súplica, alabanza y adoración. Se trata de una sabiduría que mana del Espíritu de Dios, no obra del hombre ni de sus capacidades superiores.
Las grandes religiones de hoy y de todos los tiempos poseen “templos” para rendir culto a su Dios. Nuestros padres en la fe llaman “Sinagoga” a sus actuales templos, los hermanos islámicos llaman “Mezquita” a sus lugares sagrados y los cristianos en general le damos el título de “Iglesia”. ¿Qué es en definitiva un “templo”? Para las grandes religiones es siempre un espacio sagrado donde el hombre se encuentra con su Dios.
En un primer nivel el texto evangélico de este domingo puede sorprendernos un poco al detectar en Jesús una actitud tan firme y decidida en la expulsión de los que vendían animales y cambiaban monedas en las puertas del Templo. A simple vista corremos el riesgo de “malinterpretar” el relato pensando que se trata de un simple problema de no mezclar lo económico con el culto. En realidad el sentido del texto es mucho más profundo.
El Templo era el centro de la fe y de la espiritualidad del Pueblo de la Antigua Alianza. Por eso la piedad del israelita está profundamente marcada por la devoción y el amor al Templo. Reflejan esta realidad las hermosas reflexiones que hacen los Salmos, las peregrinaciones, la orientación hacia el Santuario de Jerusalén de las Sinagogas y de los orantes, en cualquier parte del mundo.
Jesús valora el Templo hasta tal punto que lo llama la “Casa de mi Padre” (cfr. Ver. 16) y lo ama apasionadamente (cfr. Ver. 17). Nunca rechaza el Templo, pero como hace con la misma Ley que no viene a abolirla, busca llevar todo a plenitud.
El evangelista Juan utiliza recursos literarios en la composición de su Evangelio. Uno de estos recursos los estudiosos de la Biblia lo llaman el “malentendido joánico”. ¿En qué consiste? Para reforzar una idea, sobre todo una idea profunda, teológica y espiritual, el evangelista hace que Jesús juegue con algunas palabras que tienen un doble sentido o doble significado.
En el relato de hoy hay un “malentendido” con respecto al Templo. Los judíos hablan del Templo material (ver. 20) y Jesús está hablando del Templo que es su propio cuerpo (ver. 21). El Gran Templo de Jerusalén es “espacio” de encuentro del hombre con Dios pero Jesús se presenta como Nuevo Templo, nuevo “espacio” de encuentro entre el hombre y Dios. Jesucristo verdadero Dios y verdadero hombre es el Templo con mayúscula es el que “purifica”, “limpia” y lleva a plenitud el Templo anterior, el Templo de la Antigua Alianza.
A partir de Jesús muerto y resucitado, Nuevo Templo, adquieren sentido nuestros Templos de piedra, nuestras Iglesias, donde justamente nos reunimos para celebrar la muerte y resurrección del Señor hasta que Él vuelva.
En definitiva en este texto percibimos a un Cristo que viene a purificar el Templo dando paso de un “culto antiguo” que necesitaba de la sangre de los sacrificios y de las monedas ofrecidas, a un “culto nuevo” donde Él mismo es Templo, espacio de encuentro con Dios realizando un único sacrificio de una vez y para siempre. De esta forma el Señor “paga” con su muerte y resurrección el “impuesto” que el judío debía pagar constantemente para rendir culto a Dios.
Jesús da un paso más al proponerse él mismo como santuario de Dios. Frente al poder de Herodes (cuarenta y seis años de construcción del templo) emerge el poder del resucitado (tres días). En el Reino de Dios los cuerpos vivos son los santuarios de Dios, en donde brilla su presencia y su amor si viven dignamente. Sobre esta base es posible soñar y construir otra manera de vivir y otra manera de creer.
Para tener presente: la Ley de Moisés exigía que los animales que iban a ser sacrificados no tuvieran ningún defecto. Como muchos judíos venían de lejos debían comprar los animales cerca del Templo.
Todo israelita mayor de 20 años debía pagar el impuesto al Templo con unas monedas especiales (no romanas) que en la época de Jesús ya no se acuñaban. Por eso era necesario que hubiera cambistas en los atrios del Templo.
Preguntas para la meditación ¿Qué me dice?
A partir de Jesús muerto y resucitado, Nuevo Templo, adquieren sentido nuestros Templos de piedra, nuestras Iglesias:
¿Soy consciente de la importancia del “templo material” como el espacio donde se celebra la muerte y la resurrección del Señor?
¿Qué lugar ocupa el “templo” en mi vida? ¿Qué implica para mí ser parte de una Iglesia, una parroquia, una capilla?
En el texto percibimos a un Cristo que viene a purificar el Templo (con un látigo) dando paso de un “culto antiguo” que necesitaba de la sangre de los sacrificios y de las monedas ofrecidas, a un “culto nuevo” donde Él mismo es Templo, espacio de encuentro con Dios realizando un único sacrificio de una vez para siempre.
¿Vivimos la Cuaresma como un tiempo de purificación?
¿Me descubro como “templo de Dios” en Cristo?
ORACIÓN ¿Qué le digo?
Para iluminar nuestra oración rezamos algunos fragmentos de textos tomados de los Salmos:
Sal 5,6-8
6 (7) ¡Tú destruyes a los mentirosos, y rechazas a los tramposos y asesinos!
7 (8) Pero a mí me quieres tanto que me dejas entrar en tu templo, y allí me dejas hacer mis oraciones.
8 (9) Dios mío, ¡enséñame a hacer el bien! ¡Llévame por el buen camino, pues no quiero que mis enemigos triunfen sobre mí!
Sal 27,4-6
4 Dios mío, sólo una cosa te pido, sólo una cosa deseo: déjame vivir en tu templo todos los días de mi vida, para contemplar tu hermosura y buscarte en oración.
5 Cuando vengan tiempos difíciles, tú me darás protección: me esconderás en tu templo, que es el lugar más seguro.
6 Tú me darás la victoria sobre mis enemigos; yo, por mi parte, cantaré himnos en tu honor, y ofreceré en tu templo sacrificios de gratitud.
Sal 65,4
4 (5) ¡Qué bendición reciben los que viven cerca de ti, los que viven en tu mismo templo!
Quedamos satisfechos con el alimento que de ti recibimos.
Lecturas de la semana:
LUNES 16: Segundo libro Reyes 5, 1-15; Salmo 41; Lucas 4, 24-30.
MARTES 17: Daniel 3, 25. 34-43; Salmo 24; Mateo 18, 21-35.
MIERCOLES 18: Deuteronomio 4, 1. 5-9; Salmo 147; Mateo 5, 17-19.
JUEVES 19: “San José” Segundo libro Samuel 7, 4-5ª. 12-14ª. 16; Salmo 88; Romanos 4, 13. 16-18. 22; Mateo 1, 16. 18-21. 24a.
VIERNES 20: Oseas 14, 2-10; Salmo 80; Marcos 12, 28b-34.
SABADO 21: Oseas 6, 1-6; Salmo 50; Lucas 18, 9-14.
Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las reflexiones que acompañan las lecturas, textos de distintos autores: El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y Maria, Catholic.net, Homilia.com. “Claves de Lectio Divina” Proyecto Lectionautas CEBIPAL/CELAM – SOCIEDADES BIBLICAS NIDAS Pbro. Lic. Gabriel MESTRE, Hno. Ricardo Grzona, frp.
Impresión Librería “Del Rocío” Av. Mitre 6199 – Wilde – 4207-4785
Te esperamos los sábados 17:30 h.
para leer la Biblia en la Parroquia San José: Brandsen 4970 Villa Dominico.
Círculo Bíblico San José
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Reflexiones a la luz de la Palabra de Dios
Lecturas del segundo domingo de Cuaresma
Lecturas del 8/03/09 –Ciclo B–
2° domingo de cuaresma
« Conviértanse y crean en la
Buena Noticia.»
ibro del Génesis 22, 1-2. 9-13. 15-18
Dios puso a prueba a Abraham «¡Abraham!», le dijo.
El respondió: «Aquí estoy.»
Entonces Dios le siguió diciendo: «Toma a tu hijo único, el que tanto amas, a Isaac; ve a la región de Moria, y ofrécelo en holocausto sobre la montaña que yo te indicaré.»
Cuando llegaron al lugar que Dios le había indicado, Abraham erigió un altar, dispuso la leña, ató a su hijo Isaac, y lo puso sobre el altar encima de la leña. Luego extendió su mano y tomó el cuchillo para inmolar a su hijo. Pero el Angel del Señor lo llamó desde el cielo: «¡Abraham, Abraham!»
«Aquí estoy», respondió él.
Y el Angel le dijo: «No pongas tu mano sobre el muchacho ni le hagas ningún daño. Ahora sé que temes a Dios, porque no me has negado ni siquiera a tu hijo único.»
Al levantar la vista, Abraham vio un carnero que tenía los cuernos enredados en una zarza. Entonces fue a tomar el carnero, y lo ofreció en holocausto en lugar de su hijo.
Luego el Angel del Señor llamó por segunda vez a Abraham desde el cielo, y le dijo: «Juro por mí mismo -oráculo del Señor-: porque has obrado de esa manera y no me has negado a tu hijo único, yo te colmaré de bendiciones y multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena que está a la orilla del mar. Tus descendientes conquistarán las ciudades de sus enemigos, y por tu descendencia se bendecirán todas las naciones de la tierra, ya que has obedecido mi voz.»
Palabra de Dios.
SALMO Sal 115, 10 y 15. 16-17. 18-19 (R.: 114, 9)
R. Caminaré en presencia del Señor,
en la tierra de los vivientes.
Tenía confianza, incluso cuando dije:
«íQué grande es mi desgracia!»
¡Qué penosa es para el Señor
la muerte de sus amigos! R.
Yo, Señor, soy tu servidor,
tu servidor, lo mismo que mi madre:
por eso rompiste mis cadenas.
Te ofreceré un sacrificio de alabanza,
e invocaré el nombre del Señor. R.
Cumpliré mis votos al Señor,
en presencia de todo su pueblo,
en los atrios de la Casa del Señor,
en medio de ti, Jerusalén. R.
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Roma 8, 31b-34
Hermanos:
Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros? El que no escatimó a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿no nos concederá con él toda clase de favores?
¿Quién podrá acusar a los elegidos de Dios? Dios es el que justifica. ¿Quién se atreverá a condenarlos? ¿Será acaso Jesucristo, el que murió, más aún, el que resucitó, y está a la derecha de Dios e intercede por nosotros?
Palabra de Dios.
X Lectura del santo Evangelio según san Marcos 9, 2-10
Jesús tomó a Pedro, Santiago y Juan, y los llevó a ellos solos a un monte elevado. Allí se transfiguró en presencia de ellos. Sus vestiduras se volvieron resplandecientes, tan blancas como nadie en el mundo podría blanquearlas. Y se les aparecieron Elías y Moisés, conversando con Jesús.
Pedro dijo a Jesús: «Maestro, ¡qué bien estamos aquí! Hagamos tres carpas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.» Pedro no sabía qué decir, porque estaban llenos de temor.
Entonces una nube los cubrió con su sombra, y salió de ella una voz: «Este es mi Hijo muy querido, escúchenlo.»
De pronto miraron a su alrededor y no vieron a nadie, sino a Jesús solo con ellos.
Mientras bajaban del monte, Jesús les prohibió contar lo que habían visto, hasta que el Hijo del hombre resucitara de entre los muertos. Ellos cumplieron esta orden, pero se preguntaban qué significaría «resucitar de entre los muertos.»
Palabra del Señor.
2° domingo de cuaresma
« Conviértanse y crean en la
Buena Noticia.»
ibro del Génesis 22, 1-2. 9-13. 15-18
Dios puso a prueba a Abraham «¡Abraham!», le dijo.
El respondió: «Aquí estoy.»
Entonces Dios le siguió diciendo: «Toma a tu hijo único, el que tanto amas, a Isaac; ve a la región de Moria, y ofrécelo en holocausto sobre la montaña que yo te indicaré.»
Cuando llegaron al lugar que Dios le había indicado, Abraham erigió un altar, dispuso la leña, ató a su hijo Isaac, y lo puso sobre el altar encima de la leña. Luego extendió su mano y tomó el cuchillo para inmolar a su hijo. Pero el Angel del Señor lo llamó desde el cielo: «¡Abraham, Abraham!»
«Aquí estoy», respondió él.
Y el Angel le dijo: «No pongas tu mano sobre el muchacho ni le hagas ningún daño. Ahora sé que temes a Dios, porque no me has negado ni siquiera a tu hijo único.»
Al levantar la vista, Abraham vio un carnero que tenía los cuernos enredados en una zarza. Entonces fue a tomar el carnero, y lo ofreció en holocausto en lugar de su hijo.
Luego el Angel del Señor llamó por segunda vez a Abraham desde el cielo, y le dijo: «Juro por mí mismo -oráculo del Señor-: porque has obrado de esa manera y no me has negado a tu hijo único, yo te colmaré de bendiciones y multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena que está a la orilla del mar. Tus descendientes conquistarán las ciudades de sus enemigos, y por tu descendencia se bendecirán todas las naciones de la tierra, ya que has obedecido mi voz.»
Palabra de Dios.
SALMO Sal 115, 10 y 15. 16-17. 18-19 (R.: 114, 9)
R. Caminaré en presencia del Señor,
en la tierra de los vivientes.
Tenía confianza, incluso cuando dije:
«íQué grande es mi desgracia!»
¡Qué penosa es para el Señor
la muerte de sus amigos! R.
Yo, Señor, soy tu servidor,
tu servidor, lo mismo que mi madre:
por eso rompiste mis cadenas.
Te ofreceré un sacrificio de alabanza,
e invocaré el nombre del Señor. R.
Cumpliré mis votos al Señor,
en presencia de todo su pueblo,
en los atrios de la Casa del Señor,
en medio de ti, Jerusalén. R.
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Roma 8, 31b-34
Hermanos:
Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros? El que no escatimó a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿no nos concederá con él toda clase de favores?
¿Quién podrá acusar a los elegidos de Dios? Dios es el que justifica. ¿Quién se atreverá a condenarlos? ¿Será acaso Jesucristo, el que murió, más aún, el que resucitó, y está a la derecha de Dios e intercede por nosotros?
Palabra de Dios.
X Lectura del santo Evangelio según san Marcos 9, 2-10
Jesús tomó a Pedro, Santiago y Juan, y los llevó a ellos solos a un monte elevado. Allí se transfiguró en presencia de ellos. Sus vestiduras se volvieron resplandecientes, tan blancas como nadie en el mundo podría blanquearlas. Y se les aparecieron Elías y Moisés, conversando con Jesús.
Pedro dijo a Jesús: «Maestro, ¡qué bien estamos aquí! Hagamos tres carpas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.» Pedro no sabía qué decir, porque estaban llenos de temor.
Entonces una nube los cubrió con su sombra, y salió de ella una voz: «Este es mi Hijo muy querido, escúchenlo.»
De pronto miraron a su alrededor y no vieron a nadie, sino a Jesús solo con ellos.
Mientras bajaban del monte, Jesús les prohibió contar lo que habían visto, hasta que el Hijo del hombre resucitara de entre los muertos. Ellos cumplieron esta orden, pero se preguntaban qué significaría «resucitar de entre los muertos.»
Palabra del Señor.
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Reflexiones a la luz de la Palabra de Dios
domingo, 1 de marzo de 2009
Lecturas del primer domingo de Cuaresma
Lecturas del 1/03/09 –Ciclo B–
1° domingo de cuaresma
« Conviértanse y crean en la Buena Noticia.»
Lectura del libro del Génesis 9, 8-15
Dios dijo a Noé y a sus hijos: «Yo establezco mi alianza con ustedes, con sus descendientes, y con todos los seres vivientes que están con ustedes: con los pájaros, el ganado y las fieras salvajes; con todos los animales que salieron del arca, en una palabra, con todos los seres vivientes que hay en la tierra. Yo estableceré mi alianza con ustedes: los mortales ya no volverán a ser exterminados por las aguas del Diluvio, ni habrá otro Diluvio para devastar la tierra.»
Dios añadió: «Este será el signo de la alianza que establezco con ustedes, y con todos los seres vivientes que los acompañan, para todos los tiempos futuros: yo pongo mi arco en las nubes, como un signo de mi alianza con la tierra. Cuando cubra de nubes la tierra y aparezca mi arco entre ellas, me acordaré de mi alianza con ustedes y con todos los seres vivientes, y no volverán a precipitarse las aguas del Diluvio para destruir a los mortales.» Palabra de Dios.
SALMO 24
R. Todos tus senderos, Señor, son amor y fidelidad.
Muéstrame, Señor, tus caminos,
enséñame tus senderos. Guíame por el camino de tu fidelidad; enséñame, porque tú eres mi Dios y mi salvador. R.
Acuérdate, Señor, de tu compasión y de tu amor, porque son eternos. Por tu bondad, Señor, acuérdate de mí según tu fidelidad. R.
El Señor es bondadoso y recto: por eso muestra el camino a los extraviados; él guía a los humildes para que obren rectamente y enseña su camino a los pobres. R.
Primera carta del apóstol san Pedro 3, 18-22
Queridos hermanos: Cristo murió una vez por nuestros pecados -siendo justo, padeció por los injustos- para llevarnos a Dios. Entregado a la muerte en su carne, fue vivificado en el Espíritu. Y entonces fue a hacer su anuncio a los espíritus que estaban prisioneros, a los que se resistieron a creer cuando Dios esperaba pacientemente, en los días en que Noé construía el arca. En ella, unos pocos -ocho en total- se salvaron a través del agua.
Todo esto es figura del bautismo, por el que ahora ustedes son salvados, el cual no consiste en la supresión de una mancha corporal, sino que es el compromiso con Dios de una conciencia pura, por la resurrección de Jesucristo, que está a la derecha de Dios, después de subir al cielo y de habérsele sometido los Ángeles, las Dominaciones y las Potestades. Palabra de Dios.
Santo Evangelio según san Marcos 1, 12-15
El Espíritu lo llevó al desierto, donde estuvo cuarenta días y fue tentado por Satanás. Vivía entre las fieras, y los ángeles lo servían.
Después que Juan fue arrestado, Jesús se dirigió a Galilea. Allí proclamaba la Buena Noticia de Dios, diciendo: «El tiempo se ha cumplido: el Reino de Dios está cerca. Conviértanse y crean en la Buena Noticia.»
Palabra del Señor.
Reflexión
El tiempo de Cuaresma se dirige hacia la resurrección, y también nuestra esperanza, que no se limita a esta vida, ni se detiene en nuestros límites, sino que se fundamenta en la vida eterna que nos es asegurada por Jesucristo a través de su muerte y resurrección.
Como todos los años, el primer domingo del tiempo de Cuaresma, está dedicado a contemplar el misterio de las “tentaciones” de Jesús.
¿Qué afirmaciones podemos hacer entonces sobre las tentaciones de Jesús?
En primer lugar debemos tener presente que la tentación no es un pecado. Jesús es Dios y por lo tanto no tiene pecado; experimenta en su humanidad la tentación pero no sucumbe a ella. Hay veces que podemos confundir tentación con pecado. Esto es un error. La tentación es percibir la acción de Satanás que nos quiere apartar del camino de Dios, del bien y de la verdad. El pecado es consentir, sucumbir ante la tentación…
En segundo lugar debemos tener presente que no es Dios el que tienta, sino Satanás, el diablo, el “padre de la mentira”. Dios no tienta a nadie dado que la tentación es provocar el alejamiento de Dios y de sus designios. Por eso que nadie se confunda y piense o diga que es tentado por Dios… Lo que sí es verdad que Dios permite la “prueba” o la “cruz” en nuestra vida. Esto es muy misterioso y muchas veces no se le encuentra una explicación “racional” a la realidad de la enfermedad, las catástrofes, la muerte y los sufrimientos en general. Pero si Dios permite la prueba no es para apartarnos de Él y de sus caminos. Todo lo contrario, Dios permite la prueba en nuestra vida para que seamos fortalecidos en nuestro camino de fe…
En tercer lugar hay que tener presente que Jesús no fue solo tentado en esta ocasión particular que se nos relata. Este texto es un momento prototípico de las tentaciones de Jesús que sirven como modelo para la realidad de toda su vida. Jesús fue tentado por Satanás a lo largo de su vida terrena muchas veces y de diversas formas: por ejemplo cuando quieren proclamarlo rey desde una perspectiva terrena, social y política; cuando quieren que realice “milagros” según el gusto y la necesidad puntual de cada grupo y/o persona; cuando quieren hacer que baje de la cruz y demuestre que realmente es Dios, etc.
Nadie puede eludir el combate espiritual del que nos habla San Pablo: “Pónganse la armadura de Dios, para poder resistir las maniobras del diablo. Porque nuestra lucha no es contra fuerzas humanas... Nos enfrentamos con los espíritus y las fuerzas sobrenaturales del mal” (Ef. 6, 11-12).
Nadie, entonces, puede pretender estar libre de tentaciones. Es más, Dios ha querido que la lucha contra las tentaciones tenga como premio la vida eterna: “Feliz el hombre que soporta la tentación, porque después de probado recibirá la corona de vida que el Señor prometió a los que le aman” (Stg. 1, 12).
Las tentaciones de Jesús en el desierto nos enseñan cómo comportarnos ante la tentación. Debemos saber, ante todo, que el demonio busca llevarnos a cada uno de los seres humanos a la condenación eterna. De allí que San Pedro, nos diga lo siguiente: “Sean sobrios y estén atentos, porque el enemigo, el diablo, ronda como león rugiente buscando a quién devorar” (1 Pe. 5, 8).
Luego debemos tener plena confianza en Dios. Cuando Dios permite una tentación para nosotros, no deja que seamos tentados por encima de nuestras fuerzas. Tenemos que saber y estar realmente convencidos de que, junto con la tentación, vienen muchas, muchísimas gracias para vencerla. “Dios no permitirá que sean tentados por encima de sus fuerzas. El les dará, al mismo tiempo que la tentación, los medios para resistir” (1 Cor. 10 ,12).
¿Cómo luchar contra las tentaciones? La oración es el principal medio en la lucha contra las tentaciones y la mejor forma de vigilar. “Vigilen y oren para no caer en tentación” (Mt. 26, 41). “El que ora se salva y el que no ora se condena”, enseñaba San Alfonso María de Ligorio. Nos dice el Catecismo de la Iglesia Católica: “Este combate y esta victoria sólo son posibles con la oración” (#2849).
“No nos dejes caer en tentación”, nos enseñó Jesús a orar en el Padre Nuestro. La oración impide que el demonio tome más fuerza y termina por despacharlo. Sabemos que tenemos todas las gracias para ganar la batalla. Porque... “si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros? (Rom. 8, 31).
San Agustín (Comentario sobre los salmos)
“Nuestra vida, en efecto, mientras dura esta peregrinación, no puede verse libre de tentaciones; pues nuestro progreso se realiza por medio de la tentación y nadie puede conocerse a sí mismo si no es tentado, ni puede ser coronado si no ha vencido, ni puede vencer si no ha luchado, ni puede luchar si carece de enemigo y de tentaciones…
Así, pues, nos transformó en sí mismo, cuando quiso ser tentado por Satanás.
Acabamos de escuchar en el Evangelio cómo el Señor Jesucristo fue tentado por el diablo en el desierto. El Cristo total era tentado por el diablo, ya que en él eras tú tentado. Cristo, en efecto, tenía de ti la condición humana para sí mismo, de sí mismo la salvación para ti; tenía de ti la muerte para sí mismo, de sí mismo la vida para ti; tenía de ti ultrajes para sí mismo, de sí mismo honores para ti; consiguientemente, tenía de ti la tentación para sí mismo, de sí mismo la victoria para ti.
Si en él fuimos tentados, en él venceremos al diablo. ¿Te fijas en que Cristo fue tentado, y no te fijas en que venció la tentación? Reconócete a ti mismo tentado en él, y reconócete también a ti mismo victorioso en él. Hubiera podido impedir la acción tentadora del diablo; pero entonces tú, que estás sujeto a la tentación, no hubieras aprendido de él a vencerla.
Las reflexiones de San Agustín nos ayudan a “conectar” vitalmente las tentaciones del Señor con las tentaciones de nuestra vida cotidiana. Pero el acento no lo pone en la tentación en sí, sino en la victoria de Cristo sobre las trampas de Satanás. Esta victoria es garantía y seguridad que viene de Dios para nosotros en nuestra lucha contra el mal y el pecado.
Preguntas para la meditación: ¿qué me dice?
En este encuentro personal con Jesús nos dice: «El tiempo se ha cumplido: el Reino de Dios está cerca. Conviértete y cree en la Buena Noticia.»
¿Qué implica para mí hoy volverme a Dios y convertirme de corazón?
Para tener presente: el desierto tiene, en el AT y en la literatura para-bíblica del Pueblo de la Antigua Alianza, una simbología polifacética. Por un lado es signo de lo inhóspito, lo difícil, lo “árido” asociado a la falta de agua y de vida. Por otro lado es el lugar del encuentro con Dios por lo que implica la búsqueda de lo esencial, de lo más importante. Es el espacio de la necesidad de purificación y de vuelta a lo esencial que provoca en el corazón un lugar con estas características…
¿Qué implica para mí el desierto? ¿Qué tipos de “desierto” experimento hoy en mi vida?
Todo auténtico examen de conciencia es un encuentro con Dios, donde nos ponemos en su presencia y nos podemos preguntar:
¿Quién soy yo realmente ante mi Dios?
¿Cómo estoy ante él?
En ese encuentro voy descubriendo en qué he fallado. Por el mero hecho de concentrarme y escuchar la voz de mi ser llego a detectar con qué obstáculo me bloquea y qué culpa concreta me atenaza. En ese encuentro siento cómo Dios me perdona y me acepta sin reservas.
¿Cuáles son las tentaciones que experimento en mi vida ¿sucumbo ante ellas permitiendo que me aparten del camino de la verdad y la vida, de la dignidad y la felicidad humana?
Oración:
“si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros? Por eso Jesús nos enseño a decir:
PADRE NUESTRO
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal.
Amén.
Lecturas de la semana:
LUNES 2: Levítico 19, 1-2.11-18; Salmo 18; Mateo 25, 31-46.
MARTES 3: Isaías 55, 10-11; Salmo 33; Mateo 6, 7-15.
MIERCOLES 4: Jonás 3, 1-10; Salmo 50; Segunda Lucas 11, 29-32.
JUEVES 5: Ester 4, 12. 14-16. 23-25; Salmo 137; Mateo 7, 7-12.
VIERNES 6: Ezequiel 18, 21-28; Salmo 129; Mateo 5, 20-26.
SABADO 7: Deuteronomio 26, 16-19; Salmo 118; Mateo 5, 43-48.
Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las reflexiones que acompañan las lecturas, textos de distintos autores: El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y Maria, Catholic.net, Homilia.com. “Claves de Lectio Divina” Proyecto Lectionautas CEBIPAL/CELAM – SOCIEDADES BIBLICAS NIDAS Pbro. Lic. Gabriel MESTRE, Hno. Ricardo Grzona, frp. Anselm Grün y Meinrad Dufner, “La salud como tarea espiritual”.
Te esperamos los sábados 17:30 h.
para leer la Biblia en la Parroquia San José: Brandsen 4970 Villa Dominico.
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1° domingo de cuaresma
« Conviértanse y crean en la Buena Noticia.»
Lectura del libro del Génesis 9, 8-15
Dios dijo a Noé y a sus hijos: «Yo establezco mi alianza con ustedes, con sus descendientes, y con todos los seres vivientes que están con ustedes: con los pájaros, el ganado y las fieras salvajes; con todos los animales que salieron del arca, en una palabra, con todos los seres vivientes que hay en la tierra. Yo estableceré mi alianza con ustedes: los mortales ya no volverán a ser exterminados por las aguas del Diluvio, ni habrá otro Diluvio para devastar la tierra.»
Dios añadió: «Este será el signo de la alianza que establezco con ustedes, y con todos los seres vivientes que los acompañan, para todos los tiempos futuros: yo pongo mi arco en las nubes, como un signo de mi alianza con la tierra. Cuando cubra de nubes la tierra y aparezca mi arco entre ellas, me acordaré de mi alianza con ustedes y con todos los seres vivientes, y no volverán a precipitarse las aguas del Diluvio para destruir a los mortales.» Palabra de Dios.
SALMO 24
R. Todos tus senderos, Señor, son amor y fidelidad.
Muéstrame, Señor, tus caminos,
enséñame tus senderos. Guíame por el camino de tu fidelidad; enséñame, porque tú eres mi Dios y mi salvador. R.
Acuérdate, Señor, de tu compasión y de tu amor, porque son eternos. Por tu bondad, Señor, acuérdate de mí según tu fidelidad. R.
El Señor es bondadoso y recto: por eso muestra el camino a los extraviados; él guía a los humildes para que obren rectamente y enseña su camino a los pobres. R.
Primera carta del apóstol san Pedro 3, 18-22
Queridos hermanos: Cristo murió una vez por nuestros pecados -siendo justo, padeció por los injustos- para llevarnos a Dios. Entregado a la muerte en su carne, fue vivificado en el Espíritu. Y entonces fue a hacer su anuncio a los espíritus que estaban prisioneros, a los que se resistieron a creer cuando Dios esperaba pacientemente, en los días en que Noé construía el arca. En ella, unos pocos -ocho en total- se salvaron a través del agua.
Todo esto es figura del bautismo, por el que ahora ustedes son salvados, el cual no consiste en la supresión de una mancha corporal, sino que es el compromiso con Dios de una conciencia pura, por la resurrección de Jesucristo, que está a la derecha de Dios, después de subir al cielo y de habérsele sometido los Ángeles, las Dominaciones y las Potestades. Palabra de Dios.
Santo Evangelio según san Marcos 1, 12-15
El Espíritu lo llevó al desierto, donde estuvo cuarenta días y fue tentado por Satanás. Vivía entre las fieras, y los ángeles lo servían.
Después que Juan fue arrestado, Jesús se dirigió a Galilea. Allí proclamaba la Buena Noticia de Dios, diciendo: «El tiempo se ha cumplido: el Reino de Dios está cerca. Conviértanse y crean en la Buena Noticia.»
Palabra del Señor.
Reflexión
El tiempo de Cuaresma se dirige hacia la resurrección, y también nuestra esperanza, que no se limita a esta vida, ni se detiene en nuestros límites, sino que se fundamenta en la vida eterna que nos es asegurada por Jesucristo a través de su muerte y resurrección.
Como todos los años, el primer domingo del tiempo de Cuaresma, está dedicado a contemplar el misterio de las “tentaciones” de Jesús.
¿Qué afirmaciones podemos hacer entonces sobre las tentaciones de Jesús?
En primer lugar debemos tener presente que la tentación no es un pecado. Jesús es Dios y por lo tanto no tiene pecado; experimenta en su humanidad la tentación pero no sucumbe a ella. Hay veces que podemos confundir tentación con pecado. Esto es un error. La tentación es percibir la acción de Satanás que nos quiere apartar del camino de Dios, del bien y de la verdad. El pecado es consentir, sucumbir ante la tentación…
En segundo lugar debemos tener presente que no es Dios el que tienta, sino Satanás, el diablo, el “padre de la mentira”. Dios no tienta a nadie dado que la tentación es provocar el alejamiento de Dios y de sus designios. Por eso que nadie se confunda y piense o diga que es tentado por Dios… Lo que sí es verdad que Dios permite la “prueba” o la “cruz” en nuestra vida. Esto es muy misterioso y muchas veces no se le encuentra una explicación “racional” a la realidad de la enfermedad, las catástrofes, la muerte y los sufrimientos en general. Pero si Dios permite la prueba no es para apartarnos de Él y de sus caminos. Todo lo contrario, Dios permite la prueba en nuestra vida para que seamos fortalecidos en nuestro camino de fe…
En tercer lugar hay que tener presente que Jesús no fue solo tentado en esta ocasión particular que se nos relata. Este texto es un momento prototípico de las tentaciones de Jesús que sirven como modelo para la realidad de toda su vida. Jesús fue tentado por Satanás a lo largo de su vida terrena muchas veces y de diversas formas: por ejemplo cuando quieren proclamarlo rey desde una perspectiva terrena, social y política; cuando quieren que realice “milagros” según el gusto y la necesidad puntual de cada grupo y/o persona; cuando quieren hacer que baje de la cruz y demuestre que realmente es Dios, etc.
Nadie puede eludir el combate espiritual del que nos habla San Pablo: “Pónganse la armadura de Dios, para poder resistir las maniobras del diablo. Porque nuestra lucha no es contra fuerzas humanas... Nos enfrentamos con los espíritus y las fuerzas sobrenaturales del mal” (Ef. 6, 11-12).
Nadie, entonces, puede pretender estar libre de tentaciones. Es más, Dios ha querido que la lucha contra las tentaciones tenga como premio la vida eterna: “Feliz el hombre que soporta la tentación, porque después de probado recibirá la corona de vida que el Señor prometió a los que le aman” (Stg. 1, 12).
Las tentaciones de Jesús en el desierto nos enseñan cómo comportarnos ante la tentación. Debemos saber, ante todo, que el demonio busca llevarnos a cada uno de los seres humanos a la condenación eterna. De allí que San Pedro, nos diga lo siguiente: “Sean sobrios y estén atentos, porque el enemigo, el diablo, ronda como león rugiente buscando a quién devorar” (1 Pe. 5, 8).
Luego debemos tener plena confianza en Dios. Cuando Dios permite una tentación para nosotros, no deja que seamos tentados por encima de nuestras fuerzas. Tenemos que saber y estar realmente convencidos de que, junto con la tentación, vienen muchas, muchísimas gracias para vencerla. “Dios no permitirá que sean tentados por encima de sus fuerzas. El les dará, al mismo tiempo que la tentación, los medios para resistir” (1 Cor. 10 ,12).
¿Cómo luchar contra las tentaciones? La oración es el principal medio en la lucha contra las tentaciones y la mejor forma de vigilar. “Vigilen y oren para no caer en tentación” (Mt. 26, 41). “El que ora se salva y el que no ora se condena”, enseñaba San Alfonso María de Ligorio. Nos dice el Catecismo de la Iglesia Católica: “Este combate y esta victoria sólo son posibles con la oración” (#2849).
“No nos dejes caer en tentación”, nos enseñó Jesús a orar en el Padre Nuestro. La oración impide que el demonio tome más fuerza y termina por despacharlo. Sabemos que tenemos todas las gracias para ganar la batalla. Porque... “si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros? (Rom. 8, 31).
San Agustín (Comentario sobre los salmos)
“Nuestra vida, en efecto, mientras dura esta peregrinación, no puede verse libre de tentaciones; pues nuestro progreso se realiza por medio de la tentación y nadie puede conocerse a sí mismo si no es tentado, ni puede ser coronado si no ha vencido, ni puede vencer si no ha luchado, ni puede luchar si carece de enemigo y de tentaciones…
Así, pues, nos transformó en sí mismo, cuando quiso ser tentado por Satanás.
Acabamos de escuchar en el Evangelio cómo el Señor Jesucristo fue tentado por el diablo en el desierto. El Cristo total era tentado por el diablo, ya que en él eras tú tentado. Cristo, en efecto, tenía de ti la condición humana para sí mismo, de sí mismo la salvación para ti; tenía de ti la muerte para sí mismo, de sí mismo la vida para ti; tenía de ti ultrajes para sí mismo, de sí mismo honores para ti; consiguientemente, tenía de ti la tentación para sí mismo, de sí mismo la victoria para ti.
Si en él fuimos tentados, en él venceremos al diablo. ¿Te fijas en que Cristo fue tentado, y no te fijas en que venció la tentación? Reconócete a ti mismo tentado en él, y reconócete también a ti mismo victorioso en él. Hubiera podido impedir la acción tentadora del diablo; pero entonces tú, que estás sujeto a la tentación, no hubieras aprendido de él a vencerla.
Las reflexiones de San Agustín nos ayudan a “conectar” vitalmente las tentaciones del Señor con las tentaciones de nuestra vida cotidiana. Pero el acento no lo pone en la tentación en sí, sino en la victoria de Cristo sobre las trampas de Satanás. Esta victoria es garantía y seguridad que viene de Dios para nosotros en nuestra lucha contra el mal y el pecado.
Preguntas para la meditación: ¿qué me dice?
En este encuentro personal con Jesús nos dice: «El tiempo se ha cumplido: el Reino de Dios está cerca. Conviértete y cree en la Buena Noticia.»
¿Qué implica para mí hoy volverme a Dios y convertirme de corazón?
Para tener presente: el desierto tiene, en el AT y en la literatura para-bíblica del Pueblo de la Antigua Alianza, una simbología polifacética. Por un lado es signo de lo inhóspito, lo difícil, lo “árido” asociado a la falta de agua y de vida. Por otro lado es el lugar del encuentro con Dios por lo que implica la búsqueda de lo esencial, de lo más importante. Es el espacio de la necesidad de purificación y de vuelta a lo esencial que provoca en el corazón un lugar con estas características…
¿Qué implica para mí el desierto? ¿Qué tipos de “desierto” experimento hoy en mi vida?
Todo auténtico examen de conciencia es un encuentro con Dios, donde nos ponemos en su presencia y nos podemos preguntar:
¿Quién soy yo realmente ante mi Dios?
¿Cómo estoy ante él?
En ese encuentro voy descubriendo en qué he fallado. Por el mero hecho de concentrarme y escuchar la voz de mi ser llego a detectar con qué obstáculo me bloquea y qué culpa concreta me atenaza. En ese encuentro siento cómo Dios me perdona y me acepta sin reservas.
¿Cuáles son las tentaciones que experimento en mi vida ¿sucumbo ante ellas permitiendo que me aparten del camino de la verdad y la vida, de la dignidad y la felicidad humana?
Oración:
“si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros? Por eso Jesús nos enseño a decir:
PADRE NUESTRO
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal.
Amén.
Lecturas de la semana:
LUNES 2: Levítico 19, 1-2.11-18; Salmo 18; Mateo 25, 31-46.
MARTES 3: Isaías 55, 10-11; Salmo 33; Mateo 6, 7-15.
MIERCOLES 4: Jonás 3, 1-10; Salmo 50; Segunda Lucas 11, 29-32.
JUEVES 5: Ester 4, 12. 14-16. 23-25; Salmo 137; Mateo 7, 7-12.
VIERNES 6: Ezequiel 18, 21-28; Salmo 129; Mateo 5, 20-26.
SABADO 7: Deuteronomio 26, 16-19; Salmo 118; Mateo 5, 43-48.
Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las reflexiones que acompañan las lecturas, textos de distintos autores: El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y Maria, Catholic.net, Homilia.com. “Claves de Lectio Divina” Proyecto Lectionautas CEBIPAL/CELAM – SOCIEDADES BIBLICAS NIDAS Pbro. Lic. Gabriel MESTRE, Hno. Ricardo Grzona, frp. Anselm Grün y Meinrad Dufner, “La salud como tarea espiritual”.
Te esperamos los sábados 17:30 h.
para leer la Biblia en la Parroquia San José: Brandsen 4970 Villa Dominico.
Círculo Bíblico San José
Lecturas del septimo domingo durante el año
Lecturas del 22/02/09 –Ciclo B–
7° domingo durante el año
«Nunca hemos visto nada igual.»
Profeta Isaías 43, 18-19. 21-22. 24b-25
Así habla el Señor: No se acuerden de las cosas pasadas, no piensen en las cosas antiguas; yo estoy por hacer algo nuevo: ya está germinando, ¿no se dan cuenta? Sí, pondré un camino en el desierto y ríos en la estepa. El Pueblo que yo me formé para que pregonara mi alabanza.Pero tú no me has invocado, Jacob, porque te cansaste de mí, Israel. ¡Me has abrumado, en cambio, con tus pecados, me has cansado con tus iniquidades! Pero soy yo, sólo yo, el que borro tus crímenes por consideración a mí, y ya no me acordaré de tus pecados. Palabra de Dios.
SALMO 40
R. Sáname, Señor, porque pequé contra ti.
Feliz el que se ocupa del débil y del pobre:el Señor lo librará en el momento del peligro. El Señor lo protegerá y le dará larga vida, lo hará dichoso en la tierra y no lo entregará a la avidez de sus enemigos. R.
El Señor lo sostendrá en su lecho de dolor y le devolverá la salud. Yo dije: «Ten piedad de mí, Señor, sáname, porque pequé contra ti.» R.
Tú me sostuviste a causa de mi integridad, y me mantienes para siempre en tu presencia. ¡Bendito sea el Señor, el Dios de Israel, desde siempre y para siempre! R.
Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Corinto 1, 18-22
Hermanos: Les aseguro, por la fidelidad de Dios, que nuestro lenguaje con ustedes no es hoy «sí», y mañana «no.» Porque el Hijo de Dios, Jesucristo, el que nosotros hemos anunciado entre ustedes - tanto Silvano y Timoteo, como yo mismo - no fue «sí» y «no», sino solamente «sí.» En efecto, todas las promesas de Dios encuentran su «sí» en Jesús, de manera que por él decimos «Amén» a Dios, para gloria suya. Y es Dios el que nos reconforta en Cristo, a nosotros y a ustedes; el que nos ha ungido, el que también nos ha marcado con su sello y ha puesto en nuestros corazones las primicias del Espíritu. Palabra de Dios.
Santo Evangelio según san Marcos 2, 1-12
Unos días después, Jesús volvió a Cafarnaún y se difundió la noticia de que estaba en la casa. Se reunió tanta gente, que no había más lugar ni siguiera delante de la puerta, y él les anunciaba la Palabra. Le trajeron entonces a un paralítico, llevándolo entre cuatro hombres. Y como no podían acercarlo a él, a causa de la multitud, levantaron el techo sobre el lugar donde Jesús estaba, y haciendo un agujero descolgaron la camilla con el paralítico.
Al ver la fe de esos hombres, Jesús dijo al paralítico: «Hijo, tus pecados te son perdonados.» Unos escribas que estaban sentados allí pensaban en su interior: « ¿Qué está diciendo este hombre? ¡Está blasfemando! ¿Quién puede perdonar los pecados, sino sólo Dios?» Jesús, advirtiendo en seguida que pensaban así, les dijo: « ¿Qué están pensando? ¿Qué es más fácil, decir al paralítico: "Tus pecados te son perdonados", o "Levántate, toma tu camilla y camina"? Para que ustedes sepan que el Hijo de hombre tiene sobre la tierra el poder de perdonar los pecados -dijo al paralítico- yo te lo mando, levántate, toma tu camilla y vete a tu casa.» El se levantó en seguida, tomó su camilla y salió a la vista de todos. La gente quedó asombrada y glorificaba a Dios, diciendo: «Nunca hemos visto nada igual.»
Palabra del Señor.
Reflexión
Jesucristo hoy se revela como el Dios que tiene el “poder” para liberar al hombre del pecado y hacer que pueda caminar nuevamente, renovado en cuerpo y alma.
El texto evangélico de este domingo nos presenta a Jesús regresando a Cafarnaúm y corre la voz de que está en casa, es interesante notar la “popularidad” que va adquiriendo el Señor entre la gente. Son tantos los que acuden a Él que no queda lugar disponible ni en el interior ni en el frente de la casa. Las casas de aquellas poblaciones contaban con patios comunes, de modo que una buena cantidad de personas podía agruparse en las entradas. Jesús continúa con su tarea de anunciar a todos los hombres la Buena Nueva.
Él se pone a enseñar, pero sobreviene una interrupción: cuatro hombres han traído a un paralítico y al no encontrar paso subieron y abrieron un agujero por el techo, por donde lo descuelgan. Detengámonos un poco en ellos: El primero está impedido, su enfermedad le obliga a depender totalmente de los demás. Por estar enfermo seguramente es rechazado, tenido por impuro y pecador. Los hombres que lo traen han sido arriesgados al ponerlo en medio de la multitud.
Jesús parte de la relación cultural existente entre pecado-castigo y enfermedad: “Tus pecados te son perdonados”. La liberación de la culpa está directamente relacionada con la recuperación de la salud.
Los escribas presentes, reaccionan: la sociedad judía estaba estructurada sobre la base de la exclusión; no parecía haber posibilidad de cambio, ni alternativa para los excluidos, salvo una exigente carga de tributos y ritos de purificación que en su gran mayoría les resultaba imposible cumplir. Jesús rescata a la persona misma, el poder oculto y real de aquel hombre de levantarse por sí mismo, de superar la parálisis en la que la culpa y el rechazo social lo habían sumido. Él revive, se hace dueño de sí al levantar por sí mismo la camilla en la que antes yacía, y regresa a casa con nueva vida.
En el v. 5 aparecen dos detalles interesantes que van a marcar el núcleo de todo el relato:
· En primer lugar Jesús percibe la “gran confianza” (literalmente “la fe”) de “aquellos hombres” (no se dice explícitamente pero podemos presuponer que se refiere a los cuatro “camilleros” y al hombre enfermo también).
· En segundo lugar le dice al paralítico que sus pecados son perdonados cuando en realidad nadie le dijo que el enfermo necesitaba perdón. Jesús lo llama “amigo” (“hijo”; tengamos presente que esta denominación al enfermo ya indica la divinidad de Jesús dado que es una alocución propia de Dios al hombre).
En los v. 6-7 aparece la reacción de los maestros de la ley que “piensan” (pero no dicen nada) que Jesús está cometiendo una blasfemia dado que solo Dios puede perdonar los pecados. Lo cual es absolutamente cierto…
Jesús en un gesto soberano y divino (solo Dios conoce los pensamientos de los hombres), desnuda las elucubraciones de los maestros de la Ley y se planta con autoridad dejando en claro que Él tiene autoridad aquí en la tierra para perdonar los pecados (v. 10).
Esta afirmación es lo central de todo el relato. Notemos que Jesús se autodenomina “Hijo del
Hombre”, es un título cristológico que ya expresa de por sí la divinidad de Jesús.
Jesús se dirige de nuevo al paralítico ratificando su accionar pero haciéndolo con las nuevas palabras: “Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa”. El enfermo es sanado ante la vista de todos los presentes. Todos se quedan admirados y alaban a Dios por lo que han visto y oído.
Como el domingo pasado, estamos ante esa unidad de palabra y acción, de teoría y práctica, de decir y hacer. Como solemos decir, «no hay nada más práctico que una buena teoría», y «nunca se ha entendido del todo una teoría, hasta que no se ha experimentado y dominado su práctica». Jesús es maestro de esa unidad. Y sus discípulos también lo hemos de ser. Tenemos un mensaje de salvación que hay que anunciar, pero que también hay que realizar, aunque sea con gestos simbólicos. «El Reino» no sólo debe ser anunciado (hablado, dicho, informado), sino construido (hecho, implantado, promovido, luchado). La Buena Noticia no sólo tiene que ser anunciada, sino mostrada, primero en nuestra propia vida, también en la comunidad, y, hasta donde nos dejen, en la sociedad.
En este texto Jesús centra su misión en lo más importante que viene a traer: vencer el pecado con el perdón. La sanación exterior de la enfermedad del paralítico es como un sacramento claro y revelador de la curación interna de este enfermo. El centro del pasaje es el perdón de los pecados, su marco es la curación del paralítico. El mal más horrendo no está en la enfermedad en sí, sino en el pecado que daña y destruye el corazón del hombre.
La “gran” buena noticia que nos hace gustar este evangelio es que Jesús es Dios y tiene el poder de perdonar los pecados no sólo en “el cielo” sino aquí en la tierra.
Catecismo: Sólo Dios perdona el pecado
1441. Sólo Dios perdona los pecados (cf Mc 2,7). Porque Jesús es el Hijo de Dios, dice de sí mismo: "El Hijo del hombre tiene poder de perdonar los pecados en la tierra" (Mc 2,10) y ejerce ese poder divino: "Tus pecados están perdonados" (Mc 2,5; Lc 7,48). Más aún, en virtud de su autoridad divina, Jesús confiere este poder a los hombres (cf Jn 20,21-23) para que lo ejerzan en su nombre.
1442. Cristo quiso que toda su Iglesia, tanto en su oración como en su vida y su obra, fuera el signo y el instrumento del perdón y de la reconciliación que nos adquirió al precio de su sangre. Sin embargo, confió el ejercicio del poder de absolución al ministerio apostólico, que está encargado del "ministerio de la reconciliación" (2 Cor 5,18). El apóstol es enviado "en nombre de Cristo", y "es Dios mismo" quien, a través de él, exhorta y suplica: "Dejaos reconciliar con Dios" (2 Co 5,20).
Preguntas para la meditación: ¿qué me dice?
El centro del pasaje es el perdón de los pecados, su marco es la curación del paralítico, al escuchar la palabra de Jesús dicha directamente a mi corazón: “Amigo/Hijo te perdono tus pecados”, me propongo examinar serenamente mi vida, preguntándome ¿qué cosas hoy me “paralizan” impidiéndome vivir libremente?
Jesucristo perdona los pecados, pero no detiene su acción liberadora sólo ahí, sino que luego cura al paralítico, liberándole también de su enfermedad. Esta liberación integral e integradora, es obra de Dios, pero nosotros, cristianos, hemos sido llamados para facilitar esta obra divina, ¿Cómo vivo hoy en mis ambientes la actitud “misionera” de estas cuatro personas que llevan el enfermo ante Jesús?
Oración:
CONSAGRACIÓN AL CORAZÓN INMACULADO DE MARIA
Virgen María, Madre de Dios y Madre nuestra, a vuestro Corazón Inmaculado nos consagramos, en acto de entrega total al Señor.
Por Vos seremos llevados a Cristo, y por Él y con Él seremos llevados a Dios Padre.
Caminaremos a la luz de la fe, y haremos todo para que el mundo crea que Jesucristo es el Enviado del Padre.
Con Él queremos llevar el Amor y la Salvación hasta los confines del mundo.
Bajo la maternal protección de vuestro Corazón Inmaculado, seremos un solo pueblo con Cristo. Seremos testimonio de su Resurrección. Por Él seremos llevados al Padre, para gloria de la Santísima Trinidad, a quien adoramos, alabamos y bendecimos. Amén.
Demos gracias a Dios, que es nuestra roca, sigamos a Jesús con entereza, si nuestra fe vacila, si ella es poca, su Espíritu de amor nos dará fuerza. Amén. (Himno de la Liturgia de las Horas)
Lecturas de la semana:
LUNES 23: Eclesiástico 1, 1-10; Salmo 92; Marcos 9, 14-29-
MARTES 24: Eclesiástico 2, 1-11; Salmo 36; Marcos 9, 30-37.
Joel 2, 12-18; Salmo 50; Mateo 6, 1-6.16-18.
MIERCOLES 25: Joel 2, 12-18; Salmo 50; Segunda Corintios 5, 20—6,2; Mateo 6, 1-6; 16-18. ”Miércoles de Cenizas”.
JUEVES 26: Deuteronomio 30, 15-20; Salmo 1; Lucas 9, 22-25:
VIERNES 27: Isaías 58, 1-9ª; Salmo 50; Mateo 9, 14-15.
SABADO 28: Isaías 58, 9b-14; Salmo 85; Lc 5, 27-32.
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Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las reflexiones que acompañan las lecturas, textos de distintos autores: El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y Maria, Catholic.net, Homilia.com. “Claves de Lectio Divina” Proyecto Lectionautas CEBIPAL/CELAM – SOCIEDADES BIBLICAS NIDAS Pbro. Lic. Gabriel MESTRE, Hno. Ricardo Grzona, frp.
Impresión Librería “Del Rocío” Av. Mitre 6199 – Wilde – 4207-4785
Te esperamos los sábados 17:30 h.
para leer la Biblia en la Parroquia San José: Brandsen 4970 Villa Dominico
Círculo Bíblico San José miencuentroconjesus@yahoo.com.ar
7° domingo durante el año
«Nunca hemos visto nada igual.»
Profeta Isaías 43, 18-19. 21-22. 24b-25
Así habla el Señor: No se acuerden de las cosas pasadas, no piensen en las cosas antiguas; yo estoy por hacer algo nuevo: ya está germinando, ¿no se dan cuenta? Sí, pondré un camino en el desierto y ríos en la estepa. El Pueblo que yo me formé para que pregonara mi alabanza.Pero tú no me has invocado, Jacob, porque te cansaste de mí, Israel. ¡Me has abrumado, en cambio, con tus pecados, me has cansado con tus iniquidades! Pero soy yo, sólo yo, el que borro tus crímenes por consideración a mí, y ya no me acordaré de tus pecados. Palabra de Dios.
SALMO 40
R. Sáname, Señor, porque pequé contra ti.
Feliz el que se ocupa del débil y del pobre:el Señor lo librará en el momento del peligro. El Señor lo protegerá y le dará larga vida, lo hará dichoso en la tierra y no lo entregará a la avidez de sus enemigos. R.
El Señor lo sostendrá en su lecho de dolor y le devolverá la salud. Yo dije: «Ten piedad de mí, Señor, sáname, porque pequé contra ti.» R.
Tú me sostuviste a causa de mi integridad, y me mantienes para siempre en tu presencia. ¡Bendito sea el Señor, el Dios de Israel, desde siempre y para siempre! R.
Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Corinto 1, 18-22
Hermanos: Les aseguro, por la fidelidad de Dios, que nuestro lenguaje con ustedes no es hoy «sí», y mañana «no.» Porque el Hijo de Dios, Jesucristo, el que nosotros hemos anunciado entre ustedes - tanto Silvano y Timoteo, como yo mismo - no fue «sí» y «no», sino solamente «sí.» En efecto, todas las promesas de Dios encuentran su «sí» en Jesús, de manera que por él decimos «Amén» a Dios, para gloria suya. Y es Dios el que nos reconforta en Cristo, a nosotros y a ustedes; el que nos ha ungido, el que también nos ha marcado con su sello y ha puesto en nuestros corazones las primicias del Espíritu. Palabra de Dios.
Santo Evangelio según san Marcos 2, 1-12
Unos días después, Jesús volvió a Cafarnaún y se difundió la noticia de que estaba en la casa. Se reunió tanta gente, que no había más lugar ni siguiera delante de la puerta, y él les anunciaba la Palabra. Le trajeron entonces a un paralítico, llevándolo entre cuatro hombres. Y como no podían acercarlo a él, a causa de la multitud, levantaron el techo sobre el lugar donde Jesús estaba, y haciendo un agujero descolgaron la camilla con el paralítico.
Al ver la fe de esos hombres, Jesús dijo al paralítico: «Hijo, tus pecados te son perdonados.» Unos escribas que estaban sentados allí pensaban en su interior: « ¿Qué está diciendo este hombre? ¡Está blasfemando! ¿Quién puede perdonar los pecados, sino sólo Dios?» Jesús, advirtiendo en seguida que pensaban así, les dijo: « ¿Qué están pensando? ¿Qué es más fácil, decir al paralítico: "Tus pecados te son perdonados", o "Levántate, toma tu camilla y camina"? Para que ustedes sepan que el Hijo de hombre tiene sobre la tierra el poder de perdonar los pecados -dijo al paralítico- yo te lo mando, levántate, toma tu camilla y vete a tu casa.» El se levantó en seguida, tomó su camilla y salió a la vista de todos. La gente quedó asombrada y glorificaba a Dios, diciendo: «Nunca hemos visto nada igual.»
Palabra del Señor.
Reflexión
Jesucristo hoy se revela como el Dios que tiene el “poder” para liberar al hombre del pecado y hacer que pueda caminar nuevamente, renovado en cuerpo y alma.
El texto evangélico de este domingo nos presenta a Jesús regresando a Cafarnaúm y corre la voz de que está en casa, es interesante notar la “popularidad” que va adquiriendo el Señor entre la gente. Son tantos los que acuden a Él que no queda lugar disponible ni en el interior ni en el frente de la casa. Las casas de aquellas poblaciones contaban con patios comunes, de modo que una buena cantidad de personas podía agruparse en las entradas. Jesús continúa con su tarea de anunciar a todos los hombres la Buena Nueva.
Él se pone a enseñar, pero sobreviene una interrupción: cuatro hombres han traído a un paralítico y al no encontrar paso subieron y abrieron un agujero por el techo, por donde lo descuelgan. Detengámonos un poco en ellos: El primero está impedido, su enfermedad le obliga a depender totalmente de los demás. Por estar enfermo seguramente es rechazado, tenido por impuro y pecador. Los hombres que lo traen han sido arriesgados al ponerlo en medio de la multitud.
Jesús parte de la relación cultural existente entre pecado-castigo y enfermedad: “Tus pecados te son perdonados”. La liberación de la culpa está directamente relacionada con la recuperación de la salud.
Los escribas presentes, reaccionan: la sociedad judía estaba estructurada sobre la base de la exclusión; no parecía haber posibilidad de cambio, ni alternativa para los excluidos, salvo una exigente carga de tributos y ritos de purificación que en su gran mayoría les resultaba imposible cumplir. Jesús rescata a la persona misma, el poder oculto y real de aquel hombre de levantarse por sí mismo, de superar la parálisis en la que la culpa y el rechazo social lo habían sumido. Él revive, se hace dueño de sí al levantar por sí mismo la camilla en la que antes yacía, y regresa a casa con nueva vida.
En el v. 5 aparecen dos detalles interesantes que van a marcar el núcleo de todo el relato:
· En primer lugar Jesús percibe la “gran confianza” (literalmente “la fe”) de “aquellos hombres” (no se dice explícitamente pero podemos presuponer que se refiere a los cuatro “camilleros” y al hombre enfermo también).
· En segundo lugar le dice al paralítico que sus pecados son perdonados cuando en realidad nadie le dijo que el enfermo necesitaba perdón. Jesús lo llama “amigo” (“hijo”; tengamos presente que esta denominación al enfermo ya indica la divinidad de Jesús dado que es una alocución propia de Dios al hombre).
En los v. 6-7 aparece la reacción de los maestros de la ley que “piensan” (pero no dicen nada) que Jesús está cometiendo una blasfemia dado que solo Dios puede perdonar los pecados. Lo cual es absolutamente cierto…
Jesús en un gesto soberano y divino (solo Dios conoce los pensamientos de los hombres), desnuda las elucubraciones de los maestros de la Ley y se planta con autoridad dejando en claro que Él tiene autoridad aquí en la tierra para perdonar los pecados (v. 10).
Esta afirmación es lo central de todo el relato. Notemos que Jesús se autodenomina “Hijo del
Hombre”, es un título cristológico que ya expresa de por sí la divinidad de Jesús.
Jesús se dirige de nuevo al paralítico ratificando su accionar pero haciéndolo con las nuevas palabras: “Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa”. El enfermo es sanado ante la vista de todos los presentes. Todos se quedan admirados y alaban a Dios por lo que han visto y oído.
Como el domingo pasado, estamos ante esa unidad de palabra y acción, de teoría y práctica, de decir y hacer. Como solemos decir, «no hay nada más práctico que una buena teoría», y «nunca se ha entendido del todo una teoría, hasta que no se ha experimentado y dominado su práctica». Jesús es maestro de esa unidad. Y sus discípulos también lo hemos de ser. Tenemos un mensaje de salvación que hay que anunciar, pero que también hay que realizar, aunque sea con gestos simbólicos. «El Reino» no sólo debe ser anunciado (hablado, dicho, informado), sino construido (hecho, implantado, promovido, luchado). La Buena Noticia no sólo tiene que ser anunciada, sino mostrada, primero en nuestra propia vida, también en la comunidad, y, hasta donde nos dejen, en la sociedad.
En este texto Jesús centra su misión en lo más importante que viene a traer: vencer el pecado con el perdón. La sanación exterior de la enfermedad del paralítico es como un sacramento claro y revelador de la curación interna de este enfermo. El centro del pasaje es el perdón de los pecados, su marco es la curación del paralítico. El mal más horrendo no está en la enfermedad en sí, sino en el pecado que daña y destruye el corazón del hombre.
La “gran” buena noticia que nos hace gustar este evangelio es que Jesús es Dios y tiene el poder de perdonar los pecados no sólo en “el cielo” sino aquí en la tierra.
Catecismo: Sólo Dios perdona el pecado
1441. Sólo Dios perdona los pecados (cf Mc 2,7). Porque Jesús es el Hijo de Dios, dice de sí mismo: "El Hijo del hombre tiene poder de perdonar los pecados en la tierra" (Mc 2,10) y ejerce ese poder divino: "Tus pecados están perdonados" (Mc 2,5; Lc 7,48). Más aún, en virtud de su autoridad divina, Jesús confiere este poder a los hombres (cf Jn 20,21-23) para que lo ejerzan en su nombre.
1442. Cristo quiso que toda su Iglesia, tanto en su oración como en su vida y su obra, fuera el signo y el instrumento del perdón y de la reconciliación que nos adquirió al precio de su sangre. Sin embargo, confió el ejercicio del poder de absolución al ministerio apostólico, que está encargado del "ministerio de la reconciliación" (2 Cor 5,18). El apóstol es enviado "en nombre de Cristo", y "es Dios mismo" quien, a través de él, exhorta y suplica: "Dejaos reconciliar con Dios" (2 Co 5,20).
Preguntas para la meditación: ¿qué me dice?
El centro del pasaje es el perdón de los pecados, su marco es la curación del paralítico, al escuchar la palabra de Jesús dicha directamente a mi corazón: “Amigo/Hijo te perdono tus pecados”, me propongo examinar serenamente mi vida, preguntándome ¿qué cosas hoy me “paralizan” impidiéndome vivir libremente?
Jesucristo perdona los pecados, pero no detiene su acción liberadora sólo ahí, sino que luego cura al paralítico, liberándole también de su enfermedad. Esta liberación integral e integradora, es obra de Dios, pero nosotros, cristianos, hemos sido llamados para facilitar esta obra divina, ¿Cómo vivo hoy en mis ambientes la actitud “misionera” de estas cuatro personas que llevan el enfermo ante Jesús?
Oración:
CONSAGRACIÓN AL CORAZÓN INMACULADO DE MARIA
Virgen María, Madre de Dios y Madre nuestra, a vuestro Corazón Inmaculado nos consagramos, en acto de entrega total al Señor.
Por Vos seremos llevados a Cristo, y por Él y con Él seremos llevados a Dios Padre.
Caminaremos a la luz de la fe, y haremos todo para que el mundo crea que Jesucristo es el Enviado del Padre.
Con Él queremos llevar el Amor y la Salvación hasta los confines del mundo.
Bajo la maternal protección de vuestro Corazón Inmaculado, seremos un solo pueblo con Cristo. Seremos testimonio de su Resurrección. Por Él seremos llevados al Padre, para gloria de la Santísima Trinidad, a quien adoramos, alabamos y bendecimos. Amén.
Demos gracias a Dios, que es nuestra roca, sigamos a Jesús con entereza, si nuestra fe vacila, si ella es poca, su Espíritu de amor nos dará fuerza. Amén. (Himno de la Liturgia de las Horas)
Lecturas de la semana:
LUNES 23: Eclesiástico 1, 1-10; Salmo 92; Marcos 9, 14-29-
MARTES 24: Eclesiástico 2, 1-11; Salmo 36; Marcos 9, 30-37.
Joel 2, 12-18; Salmo 50; Mateo 6, 1-6.16-18.
MIERCOLES 25: Joel 2, 12-18; Salmo 50; Segunda Corintios 5, 20—6,2; Mateo 6, 1-6; 16-18. ”Miércoles de Cenizas”.
JUEVES 26: Deuteronomio 30, 15-20; Salmo 1; Lucas 9, 22-25:
VIERNES 27: Isaías 58, 1-9ª; Salmo 50; Mateo 9, 14-15.
SABADO 28: Isaías 58, 9b-14; Salmo 85; Lc 5, 27-32.
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Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las reflexiones que acompañan las lecturas, textos de distintos autores: El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y Maria, Catholic.net, Homilia.com. “Claves de Lectio Divina” Proyecto Lectionautas CEBIPAL/CELAM – SOCIEDADES BIBLICAS NIDAS Pbro. Lic. Gabriel MESTRE, Hno. Ricardo Grzona, frp.
Impresión Librería “Del Rocío” Av. Mitre 6199 – Wilde – 4207-4785
Te esperamos los sábados 17:30 h.
para leer la Biblia en la Parroquia San José: Brandsen 4970 Villa Dominico
Círculo Bíblico San José miencuentroconjesus@yahoo.com.ar
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Reflexiones a la luz de la Palabra de Dios
sábado, 14 de febrero de 2009
Lecturas del sexto domingo durante el año
Lecturas del 15/02/09 –Ciclo B–
6° domingo durante el año
“Jesús, conmovido, extendió la mano y lo tocó”
Lectura libro del Levítico 13, 1-2. 45-46
El Señor dijo a Moisés y a Aarón:
Cuando aparezca en la piel de una persona una hinchazón, una erupción o una mancha lustrosa, que hacen previsible un caso de lepra, la persona será llevada al sacerdote Aarón o a uno de sus hijos, los sacerdotes. La persona afectada de lepra llevará la ropa desgarrada y los cabellos sueltos; se cubrirá hasta la boca e irá gritando: «¡Impuro, impuro!».
Será impuro mientras dure su afección. Por ser impuro, vivirá apartado y su morada estará fuera del campamento. Palabra de Dios.
Salmo 31
R. Señor, tú eres mi refugio,
y me colmas con la alegría de la salvación.
¡Feliz el que ha sido absuelto de su pecado y liberado de su falta! ¡Feliz el hombre a quien el Señor no le tiene en cuenta las culpas, y en cuyo espíritu no hay doblez! R.
Pero yo reconocí mi pecado, no te escondí mi culpa, pensando: «Confesaré mis faltas al Señor.» ¡Y tú perdonaste mi culpa y mi pecado! R.
¡Alégrense en el Señor, regocíjense los justos! ¡Canten jubilosos los rectos de corazón! R.
Lectura de la primera carta del apóstol San Pablo a los cristianos de Corinto 10, 31--11, 1
Hermanos: En resumen, sea que ustedes coman, sea que beban, o cualquier cosa que hagan, háganlo todo para la gloria de Dios. No sean motivo de escándalo ni para los judíos ni para los paganos ni tampoco para la Iglesia de Dios. Hagan como yo, que me esfuerzo por complacer a todos en todas las cosas, no buscando mi interés personal, sino el del mayor número, para que puedan salvarse. Sigan mi ejemplo, así como yo sigo el ejemplo de Cristo. Palabra de Dios.
Santo Evangelio según San Marcos 1, 40-45
En aquel tiempo: Se le acercó un leproso para pedirle ayuda y, cayendo de rodillas, le dijo: «Si quieres, puedes purificarme.» Jesús, conmovido, extendió la mano y lo tocó, diciendo: «Lo quiero, queda purificado.»
En seguida la lepra desapareció y quedó purificado. Jesús lo despidió, advirtiéndole severamente: «No le digas nada a nadie, pero ve a presentarte al sacerdote y entrega por tu purificación la ofrenda que ordenó Moisés, para que les sirva de testimonio.»
Sin embargo, apenas se fue, empezó a proclamarlo a todo el mundo, divulgando lo sucedido, de tal manera que Jesús ya no podía entrar públicamente en ninguna ciudad, sino que debía quedarse afuera, en lugares desiertos. Y acudían a él de todas partes. Palabra del Señor.
Reflexión
Jesús, en medio de su misión se encuentra con un leproso, un hombre arriesgado, que se atreve a romper una norma que lo obligaba a permanecer alejado de la ciudad. Esta norma es la que nos recuerda la primera lectura, del Levítico, en la tradición judía la enfermedad era interpretada como una maldición divina, un castigo, una consecuencia del pecado de la persona enferma, o de su familia. La lepra común, por su contagio, estaba regulada por una rígida normativa que excluía a la persona afectada de la vida social, para evitar el contagio. (Ha durado muchos siglos la falsa creencia de que la lepra fuese tan fácilmente contagiable). Los sacerdotes tenían la función de examinar las llagas del enfermo, y en caso de diagnosticarlas efectivamente como síntomas de la presencia de lepra, la persona era declarada impura, con lo que resultaba condenada a salir de la población, a comenzar a vivir en soledad, a malvivir indignamente, gritando por los caminos «¡impuro, impuro!» para evitar encontrarse con personas sanas a las que poder contagiar. En realidad, todo el sistema normativo religioso generaba una permanente exclusión de las personas por motivos de sexo, salud, condición social, edad, religión, nacionalidad. El pobre “leproso” cargaba, por el hecho de serlo, con tres grandes dificultades que lo convertían en un marginado y excluido por excelencia:
• En primer lugar la enfermedad en sí: molesta, desagradable, crónica, dolorosa y, en algunos casos, mortal.
• En segundo lugar la expulsión de la familia y de la comunidad por motivos de contagio. Se obligaba a los enfermos de lepra a vivir fuera de las aldeas con algún cencerro o elemento sonante que indicara de lejos su presencia para que nadie “sano” se acercara.
• En tercer lugar la impureza ritual y religiosa que no le permitía rendir culto a Dios. La declaración de impureza ritual ubicaba al leproso como fruto del pecado. Por algún trasfondo religioso muy primitivo asociado a la superstición, se identificaba automática y fácilmente enfermedad-pecado como contrapuesto a salud-santidad. En definitiva el “leproso” se sentía rechazado por Dios, por su familia y por la comunidad.
Este hombre, cansado de su condición, se acerca a Jesús y se arrodilla, poniendo en él toda su confianza: «Si quieres, puedes limpiarme». Jesús, se compadece y lo toca, rompiendo no sólo una costumbre, sino una norma religiosa sumamente rígida. Jesús se salta la ley que margina y excluye a la persona. Jesús pone a la persona por encima de la ley, incluso de la ley religiosa. La religión de Jesús no está contra la vida, sino, al contrario, pone en el centro la vida de las personas.
Es increíble que Jesús toque al leproso rompiendo todas las prescripciones de la ley (cfr. por ejemplo Lev 13-14). Jesús deja que un impuro llegue hasta Él. El Señor “toca” al “intocable” y lejos de quedar contaminado o enfermo comunica su propia pureza sanándolo (literalmente purificándolo o limpiándolo). Se manifiesta así el poder de Dios.
Es interesante que Jesús envíe a los sacerdotes para ratificar la sanación. Con la misma autoridad que lo curó ahora lo envía para presentarse ante las autoridades religiosas como ordena la Ley. De esta forma el Señor manifiesta dos cosas: en primer lugar que tiene el poder de curar a los enfermos; en segundo lugar que perciban como no elimina la ley sino que la hace cumplir en su sentido originario.
A la luz de todo el relato podemos ver con claridad que más que el milagro de curación en sí lo que a Jesús le interesa, y el evangelista marca con claridad, es el cambio de situación religiosa de aquel que era considerado impuro.
El leproso representa en definitiva a la humanidad alejada de Dios y en situación de impureza.
Para tener presente: Puede llamar la atención la insistencia de Jesús, en este y en otros relatos de milagro relatados en Marcos, con respecto a la orden que da, de no contar a nadie lo que ha sucedido. Esta “cuestión” ha sido llamada por los estudiosos de la Biblia como “secreto mesiánico”. Tiene por objeto dejar en claro qué tipo de mesianismo Jesús encarna: no se trata de un mesías político-social de tipo terreno que viene a liberar al pueblo del poder romano sino del mesías escatológico que viene a liberar al pueblo de todos los males. El mesianismo de Jesús no será de tipo glorioso, ni vendrá a restaurar la dinastía davídica nuevamente en la tierra; el mesianismo de Jesús es un mesianismo “sufriente” que pasa necesariamente por la cruz y el anonadamiento.
Pero este hombre no hace caso de tal secreto, rompe el silencio, y se pone a pregonar con entusiasmo su experiencia de liberación, toma la decisión autónoma de divulgar la Buena Noticia. Esto hace que Jesús no pueda ya presentarse en público en las ciudades sino en los lugares apartados, pues al asumir la causa de los excluidos, Jesús se convierte en un excluido más. Sin embargo, allí a las afueras, está brotando la nueva vida y quienes logran descubrirlo van también allí a buscar a Jesús.
Es una página recurrente en los evangelios: Jesús cura, sana a los enfermos. No sólo predica, sino que cura. Palabras y hechos. Anuncio y construcción. Teoría y praxis. Liberación integral: espiritual y corporal. Y ésa es su religión: el amor, el amor liberador, está por encima de toda ley. La ley consiste precisamente en amar y liberar, por encima de todo.
Preguntas para la meditación: ¿qué me dice?
En el evangelio vemos como una persona cansada de su situación se le acerca a Jesús para pedirle ayuda y, cayendo de rodillas, le dice: «Si quieres, puedes purificarme». Jesús, conmovido, extendió la mano y lo tocó, diciendo: «Lo quiero, queda purificado».
¿Percibo con claridad que hoy Jesús tiene compasión de mí y de mis enfermedades?
¿Cuáles son hoy mis “lepras”? ¿Cuáles son las “lepras” de las familias, de los jóvenes, de nuestro ambiente y de la sociedad?
¿Le ofrezco a Jesús mis “lepras” para que Él extienda su mano y me toque con su gracia y poder?
¿Percibo que además del milagro de curación en sí lo que a Jesús le interesa es el cambio de mi situación espiritual, antes y después de encontrarme con Él?
“Jesús lo despidió, advirtiéndole, no le digas nada a nadie lo sucedido” Sin embargo, apenas se fue, empezó a proclamarlo a todo el mundo, divulgando lo sucedido.
¿Doy testimonio en mis ambientes de mi experiencia de sanación y de los cambios en mi vida que ha realizado el Señor?
Oración: PREFACIO COMÚN VIII Jesús, Buen Samaritano:
V. El Señor esté con ustedes
R. Y con tu espíritu.
V. Levantemos el corazón.
R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.
V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R. Es justo y necesario.
En verdad es justo darte gracias, y deber nuestro alabarte, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, en todos los momentos y circunstancias de la vida, en la salud y en la enfermedad, en el sufrimiento y en el gozo, por tu siervo, Jesús, nuestro Redentor.
Porque él, en su vida terrena, pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el mal.
También hoy, como buen samaritano, se acerca a todo hombre que sufre en su cuerpo o en su espíritu, y cura sus heridas con el aceite del consuelo y el vino de la esperanza.
Por este don de tu gracia, incluso cuando nos vemos sumergidos en la noche del dolor, vislumbramos la luz pascual en tu Hijo, muerto y resucitado. Por eso, unidos a los ángeles y a los santos, cantamos a una voz el himno de tu gloria.
¿Cómo interiorizo el mensaje?
Con la humildad del leproso sanado podemos repetir pausadamente, para suscitar un momento de contemplación, los cuatro verbos que de una u otra forma expresan lo que Jesús hace en este hombre:
Señor tu puedes sanarme…
Señor tu puedes curarme…
Señor tu puedes limpiarme…
Señor tu puedes purificarme…
Lecturas de la semana:
LUNES 16: Génesis 4, 1-15.25; Salmo 49; Marcos 8, 11-13.
MARTES 17: Génesis 6, 5-8;7, 1-5.10; Salmo 28; Marcos 8, 14-21.
MIERCOLES 18: Génesis 8, 6-13.20-22; Salmo 115; Marcos 8, 22-26.
JUEVES 19: Génesis 9, 1-13; Salmo 101; Marcos 8, 27-33.
VIERNES 20: Génesis 11, 1-9; Salmo 32; Marcos 8, 34—9,1.
SABADO 21: Hechos 11, 1-7; Salmo 144; Marcos 9, 2-13.
Catecismo: Jesús escucha la oración.
2616 La oración a Jesús ya ha sido escuchada por él durante su ministerio, a través de los signos que anticipan el poder de su muerte y de su resurrección: Jesús escucha la oración de fe expresada en palabras (el leproso: cf Mc 1, 40-41; Jairo: cf Mc 5, 36; la cananea: cf Mc 7, 29; el buen ladrón: cf Lc 23, 39-43), o en silencio (los portadores del paralítico: cf Mc 2, 5; la hemorroísa que toca su vestido: cf Mc 5, 28; las lágrimas y el perfume de la pecadora: cf Lc 7, 37-38). La petición apremiante de los ciegos: "¡Ten piedad de nosotros, Hijo de David!" (Mt 9, 27) o "¡Hijo de David, ten compasión de mí!" (Mc 10, 48) ha sido recogida en la tradición de la Oración a Jesús: "¡Jesús, Cristo, Hijo de Dios, Señor, ten piedad de mí!" Curando enfermedades o perdonando pecados, Jesús siempre responde a la plegaria que le suplican con fe: "Ve en paz, ¡tu fe te ha salvado!".
San Agustín resume admirablemente las tres dimensiones de la oración de Jesús: "Ora por nosotros como sacerdote nuestro; ora en nosotros como cabeza nuestra; a Él dirige nuestra oración como a Dios nuestro. Reconozcamos, por tanto, en Él nuestras voces; y la voz de Él, en nosotros", Sal 85, 1; cf IGLH 7).
Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las reflexiones que acompañan las lecturas, textos de distintos autores: El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y Maria, Catholic.net, Homilia.com. “Claves de Lectio Divina” Proyecto Lectionautas CEBIPAL/CELAM – SOCIEDADES BIBLICAS NIDAS Pbro. Lic. Gabriel MESTRE, Hno. Ricardo Grzona, frp.
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6° domingo durante el año
“Jesús, conmovido, extendió la mano y lo tocó”
Lectura libro del Levítico 13, 1-2. 45-46
El Señor dijo a Moisés y a Aarón:
Cuando aparezca en la piel de una persona una hinchazón, una erupción o una mancha lustrosa, que hacen previsible un caso de lepra, la persona será llevada al sacerdote Aarón o a uno de sus hijos, los sacerdotes. La persona afectada de lepra llevará la ropa desgarrada y los cabellos sueltos; se cubrirá hasta la boca e irá gritando: «¡Impuro, impuro!».
Será impuro mientras dure su afección. Por ser impuro, vivirá apartado y su morada estará fuera del campamento. Palabra de Dios.
Salmo 31
R. Señor, tú eres mi refugio,
y me colmas con la alegría de la salvación.
¡Feliz el que ha sido absuelto de su pecado y liberado de su falta! ¡Feliz el hombre a quien el Señor no le tiene en cuenta las culpas, y en cuyo espíritu no hay doblez! R.
Pero yo reconocí mi pecado, no te escondí mi culpa, pensando: «Confesaré mis faltas al Señor.» ¡Y tú perdonaste mi culpa y mi pecado! R.
¡Alégrense en el Señor, regocíjense los justos! ¡Canten jubilosos los rectos de corazón! R.
Lectura de la primera carta del apóstol San Pablo a los cristianos de Corinto 10, 31--11, 1
Hermanos: En resumen, sea que ustedes coman, sea que beban, o cualquier cosa que hagan, háganlo todo para la gloria de Dios. No sean motivo de escándalo ni para los judíos ni para los paganos ni tampoco para la Iglesia de Dios. Hagan como yo, que me esfuerzo por complacer a todos en todas las cosas, no buscando mi interés personal, sino el del mayor número, para que puedan salvarse. Sigan mi ejemplo, así como yo sigo el ejemplo de Cristo. Palabra de Dios.
Santo Evangelio según San Marcos 1, 40-45
En aquel tiempo: Se le acercó un leproso para pedirle ayuda y, cayendo de rodillas, le dijo: «Si quieres, puedes purificarme.» Jesús, conmovido, extendió la mano y lo tocó, diciendo: «Lo quiero, queda purificado.»
En seguida la lepra desapareció y quedó purificado. Jesús lo despidió, advirtiéndole severamente: «No le digas nada a nadie, pero ve a presentarte al sacerdote y entrega por tu purificación la ofrenda que ordenó Moisés, para que les sirva de testimonio.»
Sin embargo, apenas se fue, empezó a proclamarlo a todo el mundo, divulgando lo sucedido, de tal manera que Jesús ya no podía entrar públicamente en ninguna ciudad, sino que debía quedarse afuera, en lugares desiertos. Y acudían a él de todas partes. Palabra del Señor.
Reflexión
Jesús, en medio de su misión se encuentra con un leproso, un hombre arriesgado, que se atreve a romper una norma que lo obligaba a permanecer alejado de la ciudad. Esta norma es la que nos recuerda la primera lectura, del Levítico, en la tradición judía la enfermedad era interpretada como una maldición divina, un castigo, una consecuencia del pecado de la persona enferma, o de su familia. La lepra común, por su contagio, estaba regulada por una rígida normativa que excluía a la persona afectada de la vida social, para evitar el contagio. (Ha durado muchos siglos la falsa creencia de que la lepra fuese tan fácilmente contagiable). Los sacerdotes tenían la función de examinar las llagas del enfermo, y en caso de diagnosticarlas efectivamente como síntomas de la presencia de lepra, la persona era declarada impura, con lo que resultaba condenada a salir de la población, a comenzar a vivir en soledad, a malvivir indignamente, gritando por los caminos «¡impuro, impuro!» para evitar encontrarse con personas sanas a las que poder contagiar. En realidad, todo el sistema normativo religioso generaba una permanente exclusión de las personas por motivos de sexo, salud, condición social, edad, religión, nacionalidad. El pobre “leproso” cargaba, por el hecho de serlo, con tres grandes dificultades que lo convertían en un marginado y excluido por excelencia:
• En primer lugar la enfermedad en sí: molesta, desagradable, crónica, dolorosa y, en algunos casos, mortal.
• En segundo lugar la expulsión de la familia y de la comunidad por motivos de contagio. Se obligaba a los enfermos de lepra a vivir fuera de las aldeas con algún cencerro o elemento sonante que indicara de lejos su presencia para que nadie “sano” se acercara.
• En tercer lugar la impureza ritual y religiosa que no le permitía rendir culto a Dios. La declaración de impureza ritual ubicaba al leproso como fruto del pecado. Por algún trasfondo religioso muy primitivo asociado a la superstición, se identificaba automática y fácilmente enfermedad-pecado como contrapuesto a salud-santidad. En definitiva el “leproso” se sentía rechazado por Dios, por su familia y por la comunidad.
Este hombre, cansado de su condición, se acerca a Jesús y se arrodilla, poniendo en él toda su confianza: «Si quieres, puedes limpiarme». Jesús, se compadece y lo toca, rompiendo no sólo una costumbre, sino una norma religiosa sumamente rígida. Jesús se salta la ley que margina y excluye a la persona. Jesús pone a la persona por encima de la ley, incluso de la ley religiosa. La religión de Jesús no está contra la vida, sino, al contrario, pone en el centro la vida de las personas.
Es increíble que Jesús toque al leproso rompiendo todas las prescripciones de la ley (cfr. por ejemplo Lev 13-14). Jesús deja que un impuro llegue hasta Él. El Señor “toca” al “intocable” y lejos de quedar contaminado o enfermo comunica su propia pureza sanándolo (literalmente purificándolo o limpiándolo). Se manifiesta así el poder de Dios.
Es interesante que Jesús envíe a los sacerdotes para ratificar la sanación. Con la misma autoridad que lo curó ahora lo envía para presentarse ante las autoridades religiosas como ordena la Ley. De esta forma el Señor manifiesta dos cosas: en primer lugar que tiene el poder de curar a los enfermos; en segundo lugar que perciban como no elimina la ley sino que la hace cumplir en su sentido originario.
A la luz de todo el relato podemos ver con claridad que más que el milagro de curación en sí lo que a Jesús le interesa, y el evangelista marca con claridad, es el cambio de situación religiosa de aquel que era considerado impuro.
El leproso representa en definitiva a la humanidad alejada de Dios y en situación de impureza.
Para tener presente: Puede llamar la atención la insistencia de Jesús, en este y en otros relatos de milagro relatados en Marcos, con respecto a la orden que da, de no contar a nadie lo que ha sucedido. Esta “cuestión” ha sido llamada por los estudiosos de la Biblia como “secreto mesiánico”. Tiene por objeto dejar en claro qué tipo de mesianismo Jesús encarna: no se trata de un mesías político-social de tipo terreno que viene a liberar al pueblo del poder romano sino del mesías escatológico que viene a liberar al pueblo de todos los males. El mesianismo de Jesús no será de tipo glorioso, ni vendrá a restaurar la dinastía davídica nuevamente en la tierra; el mesianismo de Jesús es un mesianismo “sufriente” que pasa necesariamente por la cruz y el anonadamiento.
Pero este hombre no hace caso de tal secreto, rompe el silencio, y se pone a pregonar con entusiasmo su experiencia de liberación, toma la decisión autónoma de divulgar la Buena Noticia. Esto hace que Jesús no pueda ya presentarse en público en las ciudades sino en los lugares apartados, pues al asumir la causa de los excluidos, Jesús se convierte en un excluido más. Sin embargo, allí a las afueras, está brotando la nueva vida y quienes logran descubrirlo van también allí a buscar a Jesús.
Es una página recurrente en los evangelios: Jesús cura, sana a los enfermos. No sólo predica, sino que cura. Palabras y hechos. Anuncio y construcción. Teoría y praxis. Liberación integral: espiritual y corporal. Y ésa es su religión: el amor, el amor liberador, está por encima de toda ley. La ley consiste precisamente en amar y liberar, por encima de todo.
Preguntas para la meditación: ¿qué me dice?
En el evangelio vemos como una persona cansada de su situación se le acerca a Jesús para pedirle ayuda y, cayendo de rodillas, le dice: «Si quieres, puedes purificarme». Jesús, conmovido, extendió la mano y lo tocó, diciendo: «Lo quiero, queda purificado».
¿Percibo con claridad que hoy Jesús tiene compasión de mí y de mis enfermedades?
¿Cuáles son hoy mis “lepras”? ¿Cuáles son las “lepras” de las familias, de los jóvenes, de nuestro ambiente y de la sociedad?
¿Le ofrezco a Jesús mis “lepras” para que Él extienda su mano y me toque con su gracia y poder?
¿Percibo que además del milagro de curación en sí lo que a Jesús le interesa es el cambio de mi situación espiritual, antes y después de encontrarme con Él?
“Jesús lo despidió, advirtiéndole, no le digas nada a nadie lo sucedido” Sin embargo, apenas se fue, empezó a proclamarlo a todo el mundo, divulgando lo sucedido.
¿Doy testimonio en mis ambientes de mi experiencia de sanación y de los cambios en mi vida que ha realizado el Señor?
Oración: PREFACIO COMÚN VIII Jesús, Buen Samaritano:
V. El Señor esté con ustedes
R. Y con tu espíritu.
V. Levantemos el corazón.
R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.
V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R. Es justo y necesario.
En verdad es justo darte gracias, y deber nuestro alabarte, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, en todos los momentos y circunstancias de la vida, en la salud y en la enfermedad, en el sufrimiento y en el gozo, por tu siervo, Jesús, nuestro Redentor.
Porque él, en su vida terrena, pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el mal.
También hoy, como buen samaritano, se acerca a todo hombre que sufre en su cuerpo o en su espíritu, y cura sus heridas con el aceite del consuelo y el vino de la esperanza.
Por este don de tu gracia, incluso cuando nos vemos sumergidos en la noche del dolor, vislumbramos la luz pascual en tu Hijo, muerto y resucitado. Por eso, unidos a los ángeles y a los santos, cantamos a una voz el himno de tu gloria.
¿Cómo interiorizo el mensaje?
Con la humildad del leproso sanado podemos repetir pausadamente, para suscitar un momento de contemplación, los cuatro verbos que de una u otra forma expresan lo que Jesús hace en este hombre:
Señor tu puedes sanarme…
Señor tu puedes curarme…
Señor tu puedes limpiarme…
Señor tu puedes purificarme…
Lecturas de la semana:
LUNES 16: Génesis 4, 1-15.25; Salmo 49; Marcos 8, 11-13.
MARTES 17: Génesis 6, 5-8;7, 1-5.10; Salmo 28; Marcos 8, 14-21.
MIERCOLES 18: Génesis 8, 6-13.20-22; Salmo 115; Marcos 8, 22-26.
JUEVES 19: Génesis 9, 1-13; Salmo 101; Marcos 8, 27-33.
VIERNES 20: Génesis 11, 1-9; Salmo 32; Marcos 8, 34—9,1.
SABADO 21: Hechos 11, 1-7; Salmo 144; Marcos 9, 2-13.
Catecismo: Jesús escucha la oración.
2616 La oración a Jesús ya ha sido escuchada por él durante su ministerio, a través de los signos que anticipan el poder de su muerte y de su resurrección: Jesús escucha la oración de fe expresada en palabras (el leproso: cf Mc 1, 40-41; Jairo: cf Mc 5, 36; la cananea: cf Mc 7, 29; el buen ladrón: cf Lc 23, 39-43), o en silencio (los portadores del paralítico: cf Mc 2, 5; la hemorroísa que toca su vestido: cf Mc 5, 28; las lágrimas y el perfume de la pecadora: cf Lc 7, 37-38). La petición apremiante de los ciegos: "¡Ten piedad de nosotros, Hijo de David!" (Mt 9, 27) o "¡Hijo de David, ten compasión de mí!" (Mc 10, 48) ha sido recogida en la tradición de la Oración a Jesús: "¡Jesús, Cristo, Hijo de Dios, Señor, ten piedad de mí!" Curando enfermedades o perdonando pecados, Jesús siempre responde a la plegaria que le suplican con fe: "Ve en paz, ¡tu fe te ha salvado!".
San Agustín resume admirablemente las tres dimensiones de la oración de Jesús: "Ora por nosotros como sacerdote nuestro; ora en nosotros como cabeza nuestra; a Él dirige nuestra oración como a Dios nuestro. Reconozcamos, por tanto, en Él nuestras voces; y la voz de Él, en nosotros", Sal 85, 1; cf IGLH 7).
Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las reflexiones que acompañan las lecturas, textos de distintos autores: El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y Maria, Catholic.net, Homilia.com. “Claves de Lectio Divina” Proyecto Lectionautas CEBIPAL/CELAM – SOCIEDADES BIBLICAS NIDAS Pbro. Lic. Gabriel MESTRE, Hno. Ricardo Grzona, frp.
Te esperamos los sábados 17:30 h.
para leer la Biblia en la Parroquia San José: Brandsen 4970 Villa Dominico
Círculo Bíblico San José miencuentroconjesus@yahoo.com.ar
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Reflexiones a la luz de la Palabra de Dios
sábado, 7 de febrero de 2009
Lecturas del quinto domingo durante el año
Lecturas del 8/02/09 –Ciclo B–
5° domingo durante el año
“la tomó de la mano y la hizo levantar”
Lectura del libro de Job 7, 1-4. 6-7
Job habló diciendo: ¿No es una servidumbre la vida del hombre sobre la tierra? ¿No son sus jornadas las de un asalariado? Como un esclavo que suspira por la sombra, como un asalariado que espera su jornal, así me han tocado en herencia meses vacíos, me han sido asignadas noches de dolor. Al acostarme, pienso: « ¿Cuándo me levantaré?» Pero la noche se hace muy larga y soy presa de la inquietud hasta la aurora. Mis días corrieron más veloces que una lanzadera: al terminarse el hilo, llegaron a su fin. Recuerda que mi vida es un soplo y que mis ojos no verán más la felicidad.
Palabra de Dios.
Salmo 146
R. Alaben al Señor, que sana a los que están afligidos.
¡Qué bueno es cantar a nuestro Dios,
qué agradable y merecida es su alabanza!
El Señor reconstruye a Jerusalén y congrega a los dispersos de Israel. R.
Sana a los que están afligidos y les venda las heridas. El cuenta el número de las estrellas y llama a cada una por su nombre. R.
Nuestro Señor es grande y poderoso,
su inteligencia no tiene medida. El Señor eleva a los oprimidos y humilla a los malvados hasta el polvo. R.
Lectura primera carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Corinto 9, 16-19. 22-23
Hermanos: Si anuncio el Evangelio, no lo hago para gloriarme: al contrario, es para mí una necesidad imperiosa. ¡Ay de mí si no predicara el Evangelio! Si yo realizara esta tarea por iniciativa propia, merecería ser recompensado, pero si lo hago por necesidad, quiere decir que se me ha confiado una misión. ¿Cuál es entonces mi recompensa? Predicar gratuitamente la Buena Noticia, renunciando al derecho que esa Buena Noticia me confiere. En efecto, siendo libre, me hice esclavo de todos, para ganar al mayor número posible. Y me hice débil con los débiles, para ganar a los débiles. Me hice todo para todos, para ganar por lo menos a algunos, a cualquier precio. Y todo esto, por amor a la Buena Noticia, a fin de poder participar de sus bienes. Palabra de Dios.
Santo Evangelio según san Marcos 1, 29-39
Jesús salió de la sinagoga, fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, y se lo dijeron de inmediato. El se acercó, la tomó de la mano y la hizo levantar. Entonces ella no tuvo más fiebre y se puso a servirlos.
Al atardecer, después de ponerse el sol, le llevaron a todos los enfermos y endemoniados, y la ciudad entera se reunió delante de la puerta.
Jesús curó a muchos enfermos, que sufrían de diversos males, y expulsó a muchos demonios; pero a estos no los dejaba hablar, porque sabían quién era él. Por la mañana, antes que amaneciera, Jesús se levantó, salió y fue a un lugar desierto; allí estuvo orando.
Simón salió a buscarlo con sus compañeros, y cuando lo encontraron, le dijeron: «Todos te andan buscando.»
El les respondió: «Vayamos a otra parte, a predicar también en las poblaciones vecinas, porque para eso he salido.» Y fue predicando en las sinagogas de toda la Galilea y expulsando demonios. Palabra del Señor.
Reflexión
Uno de los temas que destaca las lecturas de este quinto domingo del tiempo ordinario es el del sufrimiento del hombre, que encuentra su refugio y su liberación en Jesucristo.
Job habla de su vida en términos dramáticos y pesimistas. Considera su vida como una milicia, como una esclavitud, como un trabajo que se le ha impuesto y busca solo un poco de sombra, de paz, de serenidad. Su herencia la ve como una nueva carga, por eso, el futuro se le presenta incierto y amenazador: mis días corren más que una lanzadera y se consumen sin esperanza. Parecería que Job exagera su desgracia o que ha perdido su fe. En realidad, se trata la expresión de un corazón afligido por el dolor, penetrado por el sufrimiento y que clama a Dios desde su propia miseria.
El grito de Job es seguramente cercano y presente en la vida diaria de muchos hombres y mujeres en todos los rincones del planeta, que enfrentan una vida de lucha y dificultad.
El salmo nos muestra cómo se puede pasar de esta lamentación desesperada a una confianza profunda en Dios; el Señor sana los corazones destrozados, venda sus heridas. A la oración del hombre atribulado, Dios responde de manera excepcional con su enviado, Jesucristo. Él es el liberador en el sentido más profundo de la palabra. Él es el redentor que tiene que anunciar la buena nueva por todas las aldeas. Así Jesús recorre la Galilea predicando en las sinagogas y expulsando a los demonios, porque para eso ha venido.
Esto es precisamente lo que hace Jesús en el evangelio de Marcos: entrar en la vida de las personas, ser uno de ellos en su cotidianidad. El domingo pasado, lo vimos sanando a un endemoniado. Hoy, lo acompañamos con Santiago, Juan y Andrés a la casa de Pedro. La casa, el lugar íntimo donde se comparte el techo, la mesa. Allí se encuentra con una anciana enferma, la suegra de Pedro, Jesús se acerca, la toma de la mano y la levanta. Un gesto tan simple como es, el acercarse, y tomarla de la mano hace el milagro de recuperar a esta mujer, que no sólo recupera su salud, sino su capacidad de servicio.
Al atardecer muchos vinieron a buscarlo, y relata el evangelista que Jesús continuó sanando. Era común en la época de Jesús que los enfermos fueran tenidos por malditos o poseídos por espíritus malos, de manera que eran alejados, excluidos y nadie se atrevía a acercarse a ellos. Jesús, al contrario, se entrega con amor y dedicación a su cuidado, siendo su servidor. La práctica de curación, la lucha contra el mal, es decir, la praxis de liberación del ser humano, es la práctica habitual de Jesús.
El sufrimiento humano sólo encuentra una respuesta en el amor de Dios que ha mostrado su omnipotencia de la manera más misteriosa, es decir, a través del anonadamiento voluntario y en la resurrección de su Hijo, por los cuales ha vencido el mal. Hay que tener la plena certeza, aun en medio de grandes y prolongadas tribulaciones, que Dios Padre, en Cristo, vence el mal y la muerte y que las apariencias de este mundo pasan para dar lugar a la patria celestial.
Jesús, muy de mañana se retira a orar a un lugar desierto. Para el evangelista parece que el apostolado de Jesús quedaría incompleto si no se ofrece el momento de la oración. Marcos no da una información precisa de la oración de Jesús, nos indica que Jesús ora con frecuencia y que lo hace a solas en lugar desierto. Jesús se preparaba para el combate apostólico de la predicación y, más tarde de la pasión, en la oración, en el encuentro con el Padre.
El corazón del hombre está hecho para buscar y amar a Dios, y el Señor facilita ese encuentro, pues Él busca también a cada persona. Hay, han habido y habrán muchos hombres y mujeres en el mundo, pero ni a uno solo de ellos lo deja de llamar el Señor. Nosotros, como Jesús nos lo enseña en el Evangelio, vayamos a su encuentro en la oración, que es nuestro diálogo personal con Él.
Orar es tomarse el tiempo para escuchar, para meditar en silencio la palabra de Dios, es acallar nuestros deseos para no poner más atención que en Dios, que está presente secretamente, y para unirnos a su voluntad.
El pasaje del Evangelio nos revela que después de la oración al Padre, Jesús va a predicar a las sinagogas de toda la Galilea.
Todo aquel que, como Jesús, se dedique al apostolado, debe acudir a la oración para obtener allí, la fuerza para luchar, la fuerza para resistir, la fuerza para perseverar en el camino
Preguntas para la meditación: ¿qué me dice?
La oración como elevación de nuestra mente y nuestro corazón hacia Dios ilumina y fortalece todo nuestro caminar.
Al ver a Jesús orar nos viene a la mente la necesidad que tenemos también nosotros de retirarnos a orar. Nos podemos preguntar: ¿cómo es mi oración? ¿Reservo todos los días algún momento para conversar con Dios? ¿Para pedirle que me ilumine en la toma de mis decisiones? ¿Por todos aquellos que entrarán en contacto con migo? ¿Por todos aquellos que sufren? ¿Acudo a la oración para pedirle valor y así cumplir mi vocación como padre o madre de familia, como persona consagrada a Cristo?
Hoy Continúan siendo actuales las palabras que San Agustín escribió al comienzo de sus Confesiones: “Nos has creado, Señor, para Tí y nuestro corazón no encuentra sosiego hasta que descansa en Ti”, por eso es importante reflexionar lo que dicen los apóstoles a Jesús: “Todos te andan buscando”. ¿Cómo vivo hoy la búsqueda de Jesús?
¿En qué gestos concretos nos hacemos cercanos a los hermanos que sufren o están marginados de la sociedad?
Dice san Ambrosio: El Señor ha venido como médico de los que están enfermos. Él mismo afirma: "no son los sanos los que tienen necesidad del médico, sino los enfermos; no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores". Pero, ¿acaso ha venido a llamarlos para que perseveren en su estado? ¿O más bien para una conversión que los haga salir de su precedente condición, que constituía una enfermedad…….? ¿Siento la necesidad de salir de mi situación actual y pasar a una mejor, ayudado por el Señor? ¿Qué es lo que me impide hacerlo?
Catecismo: Jesús ora
2599 El Hijo de Dios hecho hombre también aprendió a orar conforme a su corazón de hombre. El aprende de su madre las fórmulas de oración; de ella, que conservaba todas las "maravillas " del Todopoderoso y las meditaba en su corazón (cf Lc 1, 49; 2, 19; 2, 51). Lo aprende en las palabras y en los ritmos de la oración de su pueblo, en la sinagoga de Nazaret y en el Templo. Pero su oración brota de una fuente secreta distinta, como lo deja presentir a la edad de los doce años: "Yo debía estar en las cosas de mi Padre" (Lc 2, 49). Aquí comienza a revelarse la novedad de la oración en la plenitud de los tiempos: la oración filial, que el Padre esperaba de sus hijos va a ser vivida por fin por el propio Hijo único en su Humanidad, con y para los hombres.
Oración:
Se cuenta que un pequeño pueblo alemán, que quedó prácticamente destruido durante la segunda guerra mundial, tenía en una iglesia un crucifijo muy antiguo, del que los fieles del lugar eran muy devotos. Cuando iniciaron la reconstrucción de la iglesia, los campesinos encontraron esa magnífica talla, sin brazos, entre los escombros. No sabían muy bien qué hacer; unos eran partidarios de poner el mismo crucifijo, restaurado con brazos nuevos. A otros les parecía mejor encargar una réplica del antiguo. Por fin, después de muchas dudas, decidieron colocar la talla que siempre había estado en el altar, tal como había sido hallada, pero con la siguiente inscripción: “Mis brazos son ustedes”. Así se la encuentra todavía hoy en esa iglesia.
Afirmados en la oración frente al Señor, nos convertimos en los brazos de Dios en el mundo. Él ha querido tener necesidad de los hombres.
María, pureza en vuelo, Virgen de vírgenes, danos la gracia de ser humanos sin olvidarnos del cielo.
Enséñanos a vivir; ayúdenos tu oración; danos en la tentación la gracia de resistir.
Honor a la Trinidad por esta limpia victoria.
Y gloria por esta gloria que alegra la cristiandad. Amén.
Himno de la Liturgia de las Horas - Primeras Vísperas de la Fiesta de la Presentación del Señor.
Lecturas de la semana:
LUNES 9: Génesis 1, 1-19; Salmo 103; Marcos 6, 53-56.
MARTES 10: Génesis 1, 20—2,4a; Salmo 8; Marcos 7, 1-13.
MIERCOLES 11: Génesis 2, 4b-9.15-17; Salmo 103; Marcos 7, 14-23.
JUEVES 12: Génesis 2, 18-25; Salmo 127; Marcos 7, 24-30.
VIERNES 13: Génesis 3, 1-8; Salmo 31; Marcos 7, 31-37.
SABADO 14: Génesis 3, 9-24; Salmo 89; Marcos 8, 1-10.
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Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las reflexiones que acompañan las lecturas, textos de distintos autores: El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y Maria, Catholic.net, Homilia.com. “Claves para Lectio Divina para Jóvenes” Proyecto Lectionautas CEBIPAL/CELAM – SOCIEDADES BIBLICAS UNIDAS Hno. Ricardo Grzona, frp.
Impresión Librería “Del Rocío” Av. Mitre 6199 – Wilde – 4207-4785
Te esperamos los sábados 17:30 h.
para leer la Biblia en la Parroquia San José: Brandsen 4970 Villa Dominico
Círculo Bíblico San José miencuentroconjesus@yahoo.com.ar
5° domingo durante el año
“la tomó de la mano y la hizo levantar”
Lectura del libro de Job 7, 1-4. 6-7
Job habló diciendo: ¿No es una servidumbre la vida del hombre sobre la tierra? ¿No son sus jornadas las de un asalariado? Como un esclavo que suspira por la sombra, como un asalariado que espera su jornal, así me han tocado en herencia meses vacíos, me han sido asignadas noches de dolor. Al acostarme, pienso: « ¿Cuándo me levantaré?» Pero la noche se hace muy larga y soy presa de la inquietud hasta la aurora. Mis días corrieron más veloces que una lanzadera: al terminarse el hilo, llegaron a su fin. Recuerda que mi vida es un soplo y que mis ojos no verán más la felicidad.
Palabra de Dios.
Salmo 146
R. Alaben al Señor, que sana a los que están afligidos.
¡Qué bueno es cantar a nuestro Dios,
qué agradable y merecida es su alabanza!
El Señor reconstruye a Jerusalén y congrega a los dispersos de Israel. R.
Sana a los que están afligidos y les venda las heridas. El cuenta el número de las estrellas y llama a cada una por su nombre. R.
Nuestro Señor es grande y poderoso,
su inteligencia no tiene medida. El Señor eleva a los oprimidos y humilla a los malvados hasta el polvo. R.
Lectura primera carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Corinto 9, 16-19. 22-23
Hermanos: Si anuncio el Evangelio, no lo hago para gloriarme: al contrario, es para mí una necesidad imperiosa. ¡Ay de mí si no predicara el Evangelio! Si yo realizara esta tarea por iniciativa propia, merecería ser recompensado, pero si lo hago por necesidad, quiere decir que se me ha confiado una misión. ¿Cuál es entonces mi recompensa? Predicar gratuitamente la Buena Noticia, renunciando al derecho que esa Buena Noticia me confiere. En efecto, siendo libre, me hice esclavo de todos, para ganar al mayor número posible. Y me hice débil con los débiles, para ganar a los débiles. Me hice todo para todos, para ganar por lo menos a algunos, a cualquier precio. Y todo esto, por amor a la Buena Noticia, a fin de poder participar de sus bienes. Palabra de Dios.
Santo Evangelio según san Marcos 1, 29-39
Jesús salió de la sinagoga, fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, y se lo dijeron de inmediato. El se acercó, la tomó de la mano y la hizo levantar. Entonces ella no tuvo más fiebre y se puso a servirlos.
Al atardecer, después de ponerse el sol, le llevaron a todos los enfermos y endemoniados, y la ciudad entera se reunió delante de la puerta.
Jesús curó a muchos enfermos, que sufrían de diversos males, y expulsó a muchos demonios; pero a estos no los dejaba hablar, porque sabían quién era él. Por la mañana, antes que amaneciera, Jesús se levantó, salió y fue a un lugar desierto; allí estuvo orando.
Simón salió a buscarlo con sus compañeros, y cuando lo encontraron, le dijeron: «Todos te andan buscando.»
El les respondió: «Vayamos a otra parte, a predicar también en las poblaciones vecinas, porque para eso he salido.» Y fue predicando en las sinagogas de toda la Galilea y expulsando demonios. Palabra del Señor.
Reflexión
Uno de los temas que destaca las lecturas de este quinto domingo del tiempo ordinario es el del sufrimiento del hombre, que encuentra su refugio y su liberación en Jesucristo.
Job habla de su vida en términos dramáticos y pesimistas. Considera su vida como una milicia, como una esclavitud, como un trabajo que se le ha impuesto y busca solo un poco de sombra, de paz, de serenidad. Su herencia la ve como una nueva carga, por eso, el futuro se le presenta incierto y amenazador: mis días corren más que una lanzadera y se consumen sin esperanza. Parecería que Job exagera su desgracia o que ha perdido su fe. En realidad, se trata la expresión de un corazón afligido por el dolor, penetrado por el sufrimiento y que clama a Dios desde su propia miseria.
El grito de Job es seguramente cercano y presente en la vida diaria de muchos hombres y mujeres en todos los rincones del planeta, que enfrentan una vida de lucha y dificultad.
El salmo nos muestra cómo se puede pasar de esta lamentación desesperada a una confianza profunda en Dios; el Señor sana los corazones destrozados, venda sus heridas. A la oración del hombre atribulado, Dios responde de manera excepcional con su enviado, Jesucristo. Él es el liberador en el sentido más profundo de la palabra. Él es el redentor que tiene que anunciar la buena nueva por todas las aldeas. Así Jesús recorre la Galilea predicando en las sinagogas y expulsando a los demonios, porque para eso ha venido.
Esto es precisamente lo que hace Jesús en el evangelio de Marcos: entrar en la vida de las personas, ser uno de ellos en su cotidianidad. El domingo pasado, lo vimos sanando a un endemoniado. Hoy, lo acompañamos con Santiago, Juan y Andrés a la casa de Pedro. La casa, el lugar íntimo donde se comparte el techo, la mesa. Allí se encuentra con una anciana enferma, la suegra de Pedro, Jesús se acerca, la toma de la mano y la levanta. Un gesto tan simple como es, el acercarse, y tomarla de la mano hace el milagro de recuperar a esta mujer, que no sólo recupera su salud, sino su capacidad de servicio.
Al atardecer muchos vinieron a buscarlo, y relata el evangelista que Jesús continuó sanando. Era común en la época de Jesús que los enfermos fueran tenidos por malditos o poseídos por espíritus malos, de manera que eran alejados, excluidos y nadie se atrevía a acercarse a ellos. Jesús, al contrario, se entrega con amor y dedicación a su cuidado, siendo su servidor. La práctica de curación, la lucha contra el mal, es decir, la praxis de liberación del ser humano, es la práctica habitual de Jesús.
El sufrimiento humano sólo encuentra una respuesta en el amor de Dios que ha mostrado su omnipotencia de la manera más misteriosa, es decir, a través del anonadamiento voluntario y en la resurrección de su Hijo, por los cuales ha vencido el mal. Hay que tener la plena certeza, aun en medio de grandes y prolongadas tribulaciones, que Dios Padre, en Cristo, vence el mal y la muerte y que las apariencias de este mundo pasan para dar lugar a la patria celestial.
Jesús, muy de mañana se retira a orar a un lugar desierto. Para el evangelista parece que el apostolado de Jesús quedaría incompleto si no se ofrece el momento de la oración. Marcos no da una información precisa de la oración de Jesús, nos indica que Jesús ora con frecuencia y que lo hace a solas en lugar desierto. Jesús se preparaba para el combate apostólico de la predicación y, más tarde de la pasión, en la oración, en el encuentro con el Padre.
El corazón del hombre está hecho para buscar y amar a Dios, y el Señor facilita ese encuentro, pues Él busca también a cada persona. Hay, han habido y habrán muchos hombres y mujeres en el mundo, pero ni a uno solo de ellos lo deja de llamar el Señor. Nosotros, como Jesús nos lo enseña en el Evangelio, vayamos a su encuentro en la oración, que es nuestro diálogo personal con Él.
Orar es tomarse el tiempo para escuchar, para meditar en silencio la palabra de Dios, es acallar nuestros deseos para no poner más atención que en Dios, que está presente secretamente, y para unirnos a su voluntad.
El pasaje del Evangelio nos revela que después de la oración al Padre, Jesús va a predicar a las sinagogas de toda la Galilea.
Todo aquel que, como Jesús, se dedique al apostolado, debe acudir a la oración para obtener allí, la fuerza para luchar, la fuerza para resistir, la fuerza para perseverar en el camino
Preguntas para la meditación: ¿qué me dice?
La oración como elevación de nuestra mente y nuestro corazón hacia Dios ilumina y fortalece todo nuestro caminar.
Al ver a Jesús orar nos viene a la mente la necesidad que tenemos también nosotros de retirarnos a orar. Nos podemos preguntar: ¿cómo es mi oración? ¿Reservo todos los días algún momento para conversar con Dios? ¿Para pedirle que me ilumine en la toma de mis decisiones? ¿Por todos aquellos que entrarán en contacto con migo? ¿Por todos aquellos que sufren? ¿Acudo a la oración para pedirle valor y así cumplir mi vocación como padre o madre de familia, como persona consagrada a Cristo?
Hoy Continúan siendo actuales las palabras que San Agustín escribió al comienzo de sus Confesiones: “Nos has creado, Señor, para Tí y nuestro corazón no encuentra sosiego hasta que descansa en Ti”, por eso es importante reflexionar lo que dicen los apóstoles a Jesús: “Todos te andan buscando”. ¿Cómo vivo hoy la búsqueda de Jesús?
¿En qué gestos concretos nos hacemos cercanos a los hermanos que sufren o están marginados de la sociedad?
Dice san Ambrosio: El Señor ha venido como médico de los que están enfermos. Él mismo afirma: "no son los sanos los que tienen necesidad del médico, sino los enfermos; no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores". Pero, ¿acaso ha venido a llamarlos para que perseveren en su estado? ¿O más bien para una conversión que los haga salir de su precedente condición, que constituía una enfermedad…….? ¿Siento la necesidad de salir de mi situación actual y pasar a una mejor, ayudado por el Señor? ¿Qué es lo que me impide hacerlo?
Catecismo: Jesús ora
2599 El Hijo de Dios hecho hombre también aprendió a orar conforme a su corazón de hombre. El aprende de su madre las fórmulas de oración; de ella, que conservaba todas las "maravillas " del Todopoderoso y las meditaba en su corazón (cf Lc 1, 49; 2, 19; 2, 51). Lo aprende en las palabras y en los ritmos de la oración de su pueblo, en la sinagoga de Nazaret y en el Templo. Pero su oración brota de una fuente secreta distinta, como lo deja presentir a la edad de los doce años: "Yo debía estar en las cosas de mi Padre" (Lc 2, 49). Aquí comienza a revelarse la novedad de la oración en la plenitud de los tiempos: la oración filial, que el Padre esperaba de sus hijos va a ser vivida por fin por el propio Hijo único en su Humanidad, con y para los hombres.
Oración:
Se cuenta que un pequeño pueblo alemán, que quedó prácticamente destruido durante la segunda guerra mundial, tenía en una iglesia un crucifijo muy antiguo, del que los fieles del lugar eran muy devotos. Cuando iniciaron la reconstrucción de la iglesia, los campesinos encontraron esa magnífica talla, sin brazos, entre los escombros. No sabían muy bien qué hacer; unos eran partidarios de poner el mismo crucifijo, restaurado con brazos nuevos. A otros les parecía mejor encargar una réplica del antiguo. Por fin, después de muchas dudas, decidieron colocar la talla que siempre había estado en el altar, tal como había sido hallada, pero con la siguiente inscripción: “Mis brazos son ustedes”. Así se la encuentra todavía hoy en esa iglesia.
Afirmados en la oración frente al Señor, nos convertimos en los brazos de Dios en el mundo. Él ha querido tener necesidad de los hombres.
María, pureza en vuelo, Virgen de vírgenes, danos la gracia de ser humanos sin olvidarnos del cielo.
Enséñanos a vivir; ayúdenos tu oración; danos en la tentación la gracia de resistir.
Honor a la Trinidad por esta limpia victoria.
Y gloria por esta gloria que alegra la cristiandad. Amén.
Himno de la Liturgia de las Horas - Primeras Vísperas de la Fiesta de la Presentación del Señor.
Lecturas de la semana:
LUNES 9: Génesis 1, 1-19; Salmo 103; Marcos 6, 53-56.
MARTES 10: Génesis 1, 20—2,4a; Salmo 8; Marcos 7, 1-13.
MIERCOLES 11: Génesis 2, 4b-9.15-17; Salmo 103; Marcos 7, 14-23.
JUEVES 12: Génesis 2, 18-25; Salmo 127; Marcos 7, 24-30.
VIERNES 13: Génesis 3, 1-8; Salmo 31; Marcos 7, 31-37.
SABADO 14: Génesis 3, 9-24; Salmo 89; Marcos 8, 1-10.
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Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las reflexiones que acompañan las lecturas, textos de distintos autores: El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y Maria, Catholic.net, Homilia.com. “Claves para Lectio Divina para Jóvenes” Proyecto Lectionautas CEBIPAL/CELAM – SOCIEDADES BIBLICAS UNIDAS Hno. Ricardo Grzona, frp.
Impresión Librería “Del Rocío” Av. Mitre 6199 – Wilde – 4207-4785
Te esperamos los sábados 17:30 h.
para leer la Biblia en la Parroquia San José: Brandsen 4970 Villa Dominico
Círculo Bíblico San José miencuentroconjesus@yahoo.com.ar
sábado, 31 de enero de 2009
Lecturas del Cuarto domingo durante el año
Lecturas del 1/02/09 –Ciclo B–
4° domingo durante el año
“Todos estaban asombrados de su enseñanza”
Lectura libro del Deuteronomio 18, 15-20
Moisés dijo al pueblo: El Señor, tu Dios, te suscitará un profeta como yo; lo hará surgir de entre ustedes, de entre tus hermanos, y es a él a quien escucharán. Esto es precisamente lo que pediste al Señor, tu Dios, en el Horeb, el día de la asamblea, cuando dijiste: «No quiero seguir escuchando la voz del Señor, mi Dios, ni miraré más este gran fuego, porque de lo contrario moriré».
Entonces el Señor me dijo: «Lo que acaban de decir está muy bien. Por eso, suscitaré entre sus hermanos un profeta semejante a ti, pondré mis palabras en su boca, y él dirá todo lo que yo le ordene. Al que no escuche mis palabras, las que este profeta pronuncie en mi Nombre, yo mismo le pediré cuenta. Y si un profeta se atreve a pronunciar en mi Nombre una palabra que yo no le he ordenado decir, o si habla en nombre de otros dioses, ese profeta morirá.» Palabra de Dios.
Salmo 94:
R. Ojalá hoy escuchen la voz del Señor:
«No endurezcan su corazón.»
¡Vengan, cantemos con júbilo al Señor,
aclamemos a la Roca que nos salva!
¡Lleguemos hasta él dándole gracias,
aclamemos con música al Señor! R.
¡Entren, inclinémonos para adorarlo!
¡Doblemos la rodilla ante el Señor que nos creó! Porque él es nuestro Dios,
y nosotros, el pueblo que él apacienta,
las ovejas conducidas por su mano. R.
Ojalá hoy escuchen la voz del Señor: «No endurezcan su corazón como en Meribá,
como en el día de Masá, en el desierto, cuando sus padres me tentaron y provocaron, aunque habían visto mis obras.» R.
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Corinto 7,32-35
Hermanos: Yo quiero que ustedes vivan sin inquietudes. El que no tiene mujer se preocupa de las cosas del Señor, buscando cómo agradar al Señor. En cambio, el que tienen mujer se preocupa de las cosas de este mundo, buscando cómo agradar a su mujer, y así su corazón está dividido. También la mujer soltera, lo mismo que la virgen, se preocupa de las cosas del Señor, tratando de ser santa en el cuerpo y en el espíritu. La mujer casada, en cambio, se preocupa de las cosas de este mundo, buscando cómo agradar a su marido.
Les he dicho estas cosas para el bien de ustedes, no para ponerles un obstáculo, sino para que ustedes hagan lo que es más conveniente y se entreguen totalmente al Señor. Palabra de Dios.
Santo Evangelio según San Marcos 1, 21-28
Jesús entró en Cafarnaúm, y cuando llegó el sábado, fue a la sinagoga y comenzó a enseñar. Todos estaban asombrados de su enseñanza, porque les enseñaba como quien tiene autoridad y no como los escribas. Y había en la sinagoga un hombre poseído de un espíritu impuro, que comenzó a gritar: «¿Qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido para acabar con nosotros? Ya sé quién eres: el Santo de Dios.» Pero Jesús lo increpó, diciendo: «Cállate y sal de este hombre.» El espíritu impuro lo sacudió violentamente y, dando un gran alarido, salió de ese hombre.
Todos quedaron asombrados y se preguntaban unos a otros: « ¿Qué es esto? ¡Enseña de una manera nueva, llena de autoridad; da órdenes a los espíritus impuros, y estos le obedecen!» Y su fama se extendió rápidamente por todas partes, en toda la región de Galilea. Palabra del Señor.
Reflexión
Jesús es presentado por san Marcos como el maestro "que enseña con autoridad", "una enseñanza nueva". No es una enseñanza cualquiera, sino la de un profeta, al estilo de Moisés, prototipo del profetismo en la mente de los israelitas, maestro y forjador de su pueblo.
Una vez que Jesús forma el primer núcleo de sus colaboradores (cfr. Mc 1,16-20), comienza su “actuación pública” en la Sinagoga de Cafarnaúm enfrentándose con un “espíritu malo”. Lo hace un día sábado, día especial consagrado al Señor por la fe judía.
Como cualquier varón adulto Jesús es invitado a enseñar en esta celebración donde la gente queda sorprendida porque habla con autoridad. En un primer nivel este “hablar con autoridad” tiene que ver con el hecho de que Jesús no se apoya en otros maestros para dejar su enseñanza. Él mismo hace la interpretación correcta de la Escritura, de la Palabra de Dios.
Pero además hay otro sentido más profundo de este, hablar con autoridad, que tiene que ver con el personaje del espíritu malo que aparece en escena.
El “espíritu malo” (en el original griego del Nuevo Testamento es pneumati akatharto) representa al mal en todas sus formas: el pecado, el Diablo, la mentira, la destrucción del hombre, los que buscan destrozar la obra de Dios… todo lo malo y negativo que nos podamos imaginar.
El espíritu malo, que le hace mal al hombre que lo posee, ante la presencia de Jesús se descontrola de manera violenta revelando la identidad del mismo Jesús. Le dice con claridad que lo conoce y que es el Hijo de Dios. En este contexto Jesús reacciona enérgicamente e impele al espíritu malo para dos cosas: en primer lugar que se calle y, en segundo lugar, que salga del hombre. Lo que Jesús dijo se cumplió de manera total y definitiva…
Aquí aparece la reacción de la gente que tiene que ver con la autoridad de Jesús. El asombro, al menos en este caso, no es tanto por el contenido doctrinal nuevo que presenta Jesús, sino por la nueva enseñanza que va acompañada del poder. Habla y lo que dice se cumple… Ahí radica la autoridad de Jesús, en definitiva la autoridad de Dios. Su palabra no es hueca, no es mera expresión externa sino que goza de una efectividad especial que lo acredita como Aquél que tiene autoridad. Jesús es realmente el Hijo de Dios y lo que dice se cumple. Esta es la enseñanza nueva que comienza a asombrar y a cautivar a los miembros más sencillos del pueblo. Así se diferencia la palabra de Jesús de la de los maestros de la ley (v. 22).
Jesús no solo anuncia la llegada del Reino de Dios, sus obras, sus milagros, sus signos ratifican y confirman la llegada del Reino. Esta actitud de Jesús hace que Él se convierta en un verdadero interrogante para los hombres y mujeres que lo escuchan y lo ven. De hecho, en los dos primeros capítulos de Marcos se señala con claridad como Jesús va ganando “popularidad” y se va acreditando como el que habla con autoridad.
Es importante destacar también el poder de Jesús sobre el mal en todas sus formas. Muchas veces a través de los distintos medios de comunicación se percibe una presentación del mal como más poderoso que el mismo Dios. Nuestra fe cristiana, en este texto y en muchos otros, en la reflexión teológica y espiritual de la Tradición de la Iglesia, nos enseña que el poder de Dios siempre es más fuerte que el del Diablo y el de cualquier forma de mal que pueda existir.
Para tener presente: la sinagoga es la asamblea de fieles judíos y el lugar de culto y estudios del Judaísmo. El término proviene del latín sinagoga, y éste griego synagoge (reunión, congregación). En hebreo se llama Bet ha Keneset o “lugar de reunión”. Es una institución muy antigua, se piensa que ellas se remontan a la antigua Babilonia del siglo VI a.C. El número de sinagogas creció al establecerse la lectura pública de la Escritura.
La Constitución Dei Verbum del Concilio Vaticano II insiste en varios apartados sobre esta autoridad de Jesús señalando que él se revela y revela al Reino en “palabras y obras”.
DV N° 4. Después que Dios habló muchas veces y de muchas maneras por los profetas, "últimamente, en estos días, nos habló por su Hijo" (Heb., 1, 1-2), pues envió a su Hijo, es decir, al Verbo eterno, que ilumina a todos los hombres, para que viviera entre ellos y les manifestara los secretos de Dios (cf. Jn., 1, 1-18); Jesucristo, pues, el Verbo hecho carne, "hombre enviado a los hombres", "habla palabras de Dios" (Jn., 3, 34) y lleva a cabo la obra de la salvación que el Padre le confió (cf. Jn., 5, 36; 17, 4). Por tanto, Jesucristo –ver al cual es ver al Padre (cf. Jn., 14, 9),- con toda su presencia y manifestación de sí mismo, con sus palabras y obras, señales y milagros, y, sobre todo, con su muerte y resurrección gloriosa de entre los muertos, con el envío, finalmente, del Espíritu de verdad, completa la revelación y confirma con testimonio divino que Dios está con nosotros para librarnos de las tinieblas del pecado y de la muerte y resucitarnos a la vida eterna.
Preguntas para la meditación: ¿qué me dice?
¿Cómo me llega a mí la enseñanza de Jesús en la actualidad? ¿Qué valor le doy a la Palabra de Dios en la Escritura, en la enseñanza del Magisterio de la Iglesia y en la vivencia de las celebraciones litúrgicas?
¿Ofrezco a Jesús los “espíritus malos” de mi corazón para que él los “calle” y los “saque” con su poder?
Jesús actuaba de tal manera que nadie quedaba indiferente ante él; unos lo admiraban, otros no podían soportar su libertad y su cercanía a Dios Padre. Mi actuación, la de mi comunidad, ¿interpela a la gente que nos ve y nos rodea, impresiona, cuestiona, hace reflexionar, alegra, libera, trae paz, justicia y esperanza, o deja indiferentes a los demás?
Catecismo: Los signos del Reino de Dios
547 Jesús acompaña sus palabras con numerosos "milagros, prodigios y signos" (Hch 2, 22) que manifiestan que el Reino está presente en El. Ellos atestiguan que Jesús es el Mesías anunciado (cf, Lc 7, 18-23).
548 Los signos que lleva a cabo Jesús testimonian que el Padre le ha enviado (cf. Jn 5, 36; 10, 25). Invitan a creer en Jesús (cf. Jn 10, 38). Concede lo que le piden a los que acuden a él con fe (cf. Mc 5, 25-34; 10, 52; etc.). Por tanto, los milagros fortalecen la fe en Aquél que hace las obras de su Padre: éstas testimonian que él es Hijo de Dios (cf. Jn 10, 31-38). Pero también pueden ser "ocasión de escándalo" (Mt 11, 6). ………….
549 Al liberar a algunos hombres de los males terrenos del hambre (cf. Jn 6, 5-15), de la injusticia (cf. Lc 19, 8), de la enfermedad y de la muerte (cf. Mt 11,5), Jesús realizó unos signos mesiánicos; no obstante, no vino para abolir todos los males aquí abajo (cf. LC 12, 13. 14; Jn 18, 36), sino a liberar a los hombres de la esclavitud más grave, la del pecado (cf. Jn 8, 34-36), que es el obstáculo en su vocación de hijos de Dios y causa de todas sus servidumbres humanas.
Oración:
Cuando la luz del sol es ya poniente, gracias, Señor, es nuestra melodía; recibe, como ofrenda, amablemente, nuestro dolor, trabajo y alegría.
Si poco fue el amor en nuestro empeño de darle vida al día que fenece, convierta en realidad lo que fue un sueño tu gran amor que todo lo engrandece.
Tu cruz, Señor, redime nuestra suerte de pecadora en justa, e ilumina la senda de la vida y de la muerte del hombre que en la fe lucha y camina.
Jesús, Hijo del Padre, cuando avanza la noche oscura sobre nuestro día, concédenos la paz y la esperanza de esperar cada noche tu gran día. Amén.
Liturgia de las Horas, Himno para las Completas
Lecturas de la semana:
LUNES 2: Malaquías 3, 1-4; Salmo 23; Lucas 2, 22-32. “Presentación del Señor”
MARTES 3: Hebreos 12, 1-4; Salmo 21; Marcos 5, 21-43.
MIERCOLES 4: Hebreos 12, 4-7.11-15; Salmo 102; Marcos 6, 1-6.
JUEVES 5: Hebreos 12, 18-19.21-24; Salmo 47; Marcos, 6,7-13.
VIERNES 7: Hebreos 13, 1-8; Salmo 26; Marcos 6, 14-29.
SABADO 8: Hebreos 13, 15-17. 20-21; Salmo 22; Marcos 6, 30-34.
Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las reflexiones que acompañan las lecturas, textos de distintos autores: El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y Maria, Catholic.net, Homilia.com. “Claves para Lectio Divina para Jóvenes” Proyecto Lectionautas CEBIPAL/CELAM – SOCIEDADES BIBLICAS UNIDAS Hno. Ricardo Grzona, frp.
Impresión Librería “Del Rocío” Av. Mitre 6199 – Wilde – 4207-4785
Te esperamos los sábados 17:30 h.
para leer la Biblia en la Parroquia San José: Brandsen 4970 Villa Dominico
Círculo Bíblico San José miencuentroconjesus@yahoo.com.ar
4° domingo durante el año
“Todos estaban asombrados de su enseñanza”
Lectura libro del Deuteronomio 18, 15-20
Moisés dijo al pueblo: El Señor, tu Dios, te suscitará un profeta como yo; lo hará surgir de entre ustedes, de entre tus hermanos, y es a él a quien escucharán. Esto es precisamente lo que pediste al Señor, tu Dios, en el Horeb, el día de la asamblea, cuando dijiste: «No quiero seguir escuchando la voz del Señor, mi Dios, ni miraré más este gran fuego, porque de lo contrario moriré».
Entonces el Señor me dijo: «Lo que acaban de decir está muy bien. Por eso, suscitaré entre sus hermanos un profeta semejante a ti, pondré mis palabras en su boca, y él dirá todo lo que yo le ordene. Al que no escuche mis palabras, las que este profeta pronuncie en mi Nombre, yo mismo le pediré cuenta. Y si un profeta se atreve a pronunciar en mi Nombre una palabra que yo no le he ordenado decir, o si habla en nombre de otros dioses, ese profeta morirá.» Palabra de Dios.
Salmo 94:
R. Ojalá hoy escuchen la voz del Señor:
«No endurezcan su corazón.»
¡Vengan, cantemos con júbilo al Señor,
aclamemos a la Roca que nos salva!
¡Lleguemos hasta él dándole gracias,
aclamemos con música al Señor! R.
¡Entren, inclinémonos para adorarlo!
¡Doblemos la rodilla ante el Señor que nos creó! Porque él es nuestro Dios,
y nosotros, el pueblo que él apacienta,
las ovejas conducidas por su mano. R.
Ojalá hoy escuchen la voz del Señor: «No endurezcan su corazón como en Meribá,
como en el día de Masá, en el desierto, cuando sus padres me tentaron y provocaron, aunque habían visto mis obras.» R.
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Corinto 7,32-35
Hermanos: Yo quiero que ustedes vivan sin inquietudes. El que no tiene mujer se preocupa de las cosas del Señor, buscando cómo agradar al Señor. En cambio, el que tienen mujer se preocupa de las cosas de este mundo, buscando cómo agradar a su mujer, y así su corazón está dividido. También la mujer soltera, lo mismo que la virgen, se preocupa de las cosas del Señor, tratando de ser santa en el cuerpo y en el espíritu. La mujer casada, en cambio, se preocupa de las cosas de este mundo, buscando cómo agradar a su marido.
Les he dicho estas cosas para el bien de ustedes, no para ponerles un obstáculo, sino para que ustedes hagan lo que es más conveniente y se entreguen totalmente al Señor. Palabra de Dios.
Santo Evangelio según San Marcos 1, 21-28
Jesús entró en Cafarnaúm, y cuando llegó el sábado, fue a la sinagoga y comenzó a enseñar. Todos estaban asombrados de su enseñanza, porque les enseñaba como quien tiene autoridad y no como los escribas. Y había en la sinagoga un hombre poseído de un espíritu impuro, que comenzó a gritar: «¿Qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido para acabar con nosotros? Ya sé quién eres: el Santo de Dios.» Pero Jesús lo increpó, diciendo: «Cállate y sal de este hombre.» El espíritu impuro lo sacudió violentamente y, dando un gran alarido, salió de ese hombre.
Todos quedaron asombrados y se preguntaban unos a otros: « ¿Qué es esto? ¡Enseña de una manera nueva, llena de autoridad; da órdenes a los espíritus impuros, y estos le obedecen!» Y su fama se extendió rápidamente por todas partes, en toda la región de Galilea. Palabra del Señor.
Reflexión
Jesús es presentado por san Marcos como el maestro "que enseña con autoridad", "una enseñanza nueva". No es una enseñanza cualquiera, sino la de un profeta, al estilo de Moisés, prototipo del profetismo en la mente de los israelitas, maestro y forjador de su pueblo.
Una vez que Jesús forma el primer núcleo de sus colaboradores (cfr. Mc 1,16-20), comienza su “actuación pública” en la Sinagoga de Cafarnaúm enfrentándose con un “espíritu malo”. Lo hace un día sábado, día especial consagrado al Señor por la fe judía.
Como cualquier varón adulto Jesús es invitado a enseñar en esta celebración donde la gente queda sorprendida porque habla con autoridad. En un primer nivel este “hablar con autoridad” tiene que ver con el hecho de que Jesús no se apoya en otros maestros para dejar su enseñanza. Él mismo hace la interpretación correcta de la Escritura, de la Palabra de Dios.
Pero además hay otro sentido más profundo de este, hablar con autoridad, que tiene que ver con el personaje del espíritu malo que aparece en escena.
El “espíritu malo” (en el original griego del Nuevo Testamento es pneumati akatharto) representa al mal en todas sus formas: el pecado, el Diablo, la mentira, la destrucción del hombre, los que buscan destrozar la obra de Dios… todo lo malo y negativo que nos podamos imaginar.
El espíritu malo, que le hace mal al hombre que lo posee, ante la presencia de Jesús se descontrola de manera violenta revelando la identidad del mismo Jesús. Le dice con claridad que lo conoce y que es el Hijo de Dios. En este contexto Jesús reacciona enérgicamente e impele al espíritu malo para dos cosas: en primer lugar que se calle y, en segundo lugar, que salga del hombre. Lo que Jesús dijo se cumplió de manera total y definitiva…
Aquí aparece la reacción de la gente que tiene que ver con la autoridad de Jesús. El asombro, al menos en este caso, no es tanto por el contenido doctrinal nuevo que presenta Jesús, sino por la nueva enseñanza que va acompañada del poder. Habla y lo que dice se cumple… Ahí radica la autoridad de Jesús, en definitiva la autoridad de Dios. Su palabra no es hueca, no es mera expresión externa sino que goza de una efectividad especial que lo acredita como Aquél que tiene autoridad. Jesús es realmente el Hijo de Dios y lo que dice se cumple. Esta es la enseñanza nueva que comienza a asombrar y a cautivar a los miembros más sencillos del pueblo. Así se diferencia la palabra de Jesús de la de los maestros de la ley (v. 22).
Jesús no solo anuncia la llegada del Reino de Dios, sus obras, sus milagros, sus signos ratifican y confirman la llegada del Reino. Esta actitud de Jesús hace que Él se convierta en un verdadero interrogante para los hombres y mujeres que lo escuchan y lo ven. De hecho, en los dos primeros capítulos de Marcos se señala con claridad como Jesús va ganando “popularidad” y se va acreditando como el que habla con autoridad.
Es importante destacar también el poder de Jesús sobre el mal en todas sus formas. Muchas veces a través de los distintos medios de comunicación se percibe una presentación del mal como más poderoso que el mismo Dios. Nuestra fe cristiana, en este texto y en muchos otros, en la reflexión teológica y espiritual de la Tradición de la Iglesia, nos enseña que el poder de Dios siempre es más fuerte que el del Diablo y el de cualquier forma de mal que pueda existir.
Para tener presente: la sinagoga es la asamblea de fieles judíos y el lugar de culto y estudios del Judaísmo. El término proviene del latín sinagoga, y éste griego synagoge (reunión, congregación). En hebreo se llama Bet ha Keneset o “lugar de reunión”. Es una institución muy antigua, se piensa que ellas se remontan a la antigua Babilonia del siglo VI a.C. El número de sinagogas creció al establecerse la lectura pública de la Escritura.
La Constitución Dei Verbum del Concilio Vaticano II insiste en varios apartados sobre esta autoridad de Jesús señalando que él se revela y revela al Reino en “palabras y obras”.
DV N° 4. Después que Dios habló muchas veces y de muchas maneras por los profetas, "últimamente, en estos días, nos habló por su Hijo" (Heb., 1, 1-2), pues envió a su Hijo, es decir, al Verbo eterno, que ilumina a todos los hombres, para que viviera entre ellos y les manifestara los secretos de Dios (cf. Jn., 1, 1-18); Jesucristo, pues, el Verbo hecho carne, "hombre enviado a los hombres", "habla palabras de Dios" (Jn., 3, 34) y lleva a cabo la obra de la salvación que el Padre le confió (cf. Jn., 5, 36; 17, 4). Por tanto, Jesucristo –ver al cual es ver al Padre (cf. Jn., 14, 9),- con toda su presencia y manifestación de sí mismo, con sus palabras y obras, señales y milagros, y, sobre todo, con su muerte y resurrección gloriosa de entre los muertos, con el envío, finalmente, del Espíritu de verdad, completa la revelación y confirma con testimonio divino que Dios está con nosotros para librarnos de las tinieblas del pecado y de la muerte y resucitarnos a la vida eterna.
Preguntas para la meditación: ¿qué me dice?
¿Cómo me llega a mí la enseñanza de Jesús en la actualidad? ¿Qué valor le doy a la Palabra de Dios en la Escritura, en la enseñanza del Magisterio de la Iglesia y en la vivencia de las celebraciones litúrgicas?
¿Ofrezco a Jesús los “espíritus malos” de mi corazón para que él los “calle” y los “saque” con su poder?
Jesús actuaba de tal manera que nadie quedaba indiferente ante él; unos lo admiraban, otros no podían soportar su libertad y su cercanía a Dios Padre. Mi actuación, la de mi comunidad, ¿interpela a la gente que nos ve y nos rodea, impresiona, cuestiona, hace reflexionar, alegra, libera, trae paz, justicia y esperanza, o deja indiferentes a los demás?
Catecismo: Los signos del Reino de Dios
547 Jesús acompaña sus palabras con numerosos "milagros, prodigios y signos" (Hch 2, 22) que manifiestan que el Reino está presente en El. Ellos atestiguan que Jesús es el Mesías anunciado (cf, Lc 7, 18-23).
548 Los signos que lleva a cabo Jesús testimonian que el Padre le ha enviado (cf. Jn 5, 36; 10, 25). Invitan a creer en Jesús (cf. Jn 10, 38). Concede lo que le piden a los que acuden a él con fe (cf. Mc 5, 25-34; 10, 52; etc.). Por tanto, los milagros fortalecen la fe en Aquél que hace las obras de su Padre: éstas testimonian que él es Hijo de Dios (cf. Jn 10, 31-38). Pero también pueden ser "ocasión de escándalo" (Mt 11, 6). ………….
549 Al liberar a algunos hombres de los males terrenos del hambre (cf. Jn 6, 5-15), de la injusticia (cf. Lc 19, 8), de la enfermedad y de la muerte (cf. Mt 11,5), Jesús realizó unos signos mesiánicos; no obstante, no vino para abolir todos los males aquí abajo (cf. LC 12, 13. 14; Jn 18, 36), sino a liberar a los hombres de la esclavitud más grave, la del pecado (cf. Jn 8, 34-36), que es el obstáculo en su vocación de hijos de Dios y causa de todas sus servidumbres humanas.
Oración:
Cuando la luz del sol es ya poniente, gracias, Señor, es nuestra melodía; recibe, como ofrenda, amablemente, nuestro dolor, trabajo y alegría.
Si poco fue el amor en nuestro empeño de darle vida al día que fenece, convierta en realidad lo que fue un sueño tu gran amor que todo lo engrandece.
Tu cruz, Señor, redime nuestra suerte de pecadora en justa, e ilumina la senda de la vida y de la muerte del hombre que en la fe lucha y camina.
Jesús, Hijo del Padre, cuando avanza la noche oscura sobre nuestro día, concédenos la paz y la esperanza de esperar cada noche tu gran día. Amén.
Liturgia de las Horas, Himno para las Completas
Lecturas de la semana:
LUNES 2: Malaquías 3, 1-4; Salmo 23; Lucas 2, 22-32. “Presentación del Señor”
MARTES 3: Hebreos 12, 1-4; Salmo 21; Marcos 5, 21-43.
MIERCOLES 4: Hebreos 12, 4-7.11-15; Salmo 102; Marcos 6, 1-6.
JUEVES 5: Hebreos 12, 18-19.21-24; Salmo 47; Marcos, 6,7-13.
VIERNES 7: Hebreos 13, 1-8; Salmo 26; Marcos 6, 14-29.
SABADO 8: Hebreos 13, 15-17. 20-21; Salmo 22; Marcos 6, 30-34.
Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las reflexiones que acompañan las lecturas, textos de distintos autores: El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y Maria, Catholic.net, Homilia.com. “Claves para Lectio Divina para Jóvenes” Proyecto Lectionautas CEBIPAL/CELAM – SOCIEDADES BIBLICAS UNIDAS Hno. Ricardo Grzona, frp.
Impresión Librería “Del Rocío” Av. Mitre 6199 – Wilde – 4207-4785
Te esperamos los sábados 17:30 h.
para leer la Biblia en la Parroquia San José: Brandsen 4970 Villa Dominico
Círculo Bíblico San José miencuentroconjesus@yahoo.com.ar
domingo, 25 de enero de 2009
Lecturas del Tercer Domingo durante el año
Lecturas del 25/01/09 –Ciclo B– 3° domingo durante el año
“Inmediatamente, ellos dejaron sus redes y lo siguieron.”
Lectura de la profecía de Jonás 3, 1-5. 10
La palabra del Señor fue dirigida por segunda vez a Jonás, en estos términos: «Parte ahora mismo para Nínive, la gran ciudad, y anúnciale el mensaje que yo te indicaré.» Jonás partió para Nínive, conforme a la palabra del Señor. Nínive era una ciudad enormemente grande: se necesitaban tres días para recorrerla. Jonás comenzó a internarse en la ciudad y caminó durante todo un día, proclamando: «Dentro de cuarenta días, Nínive será destruida.»
Los ninivitas creyeron en Dios, decretaron un ayuno y se vistieron con ropa de penitencia, desde el más grande hasta el más pequeño. Al ver todo lo que los ninivitas hacían para convertirse de su mala conducta, Dios se arrepintió de las amenazas que les había hecho y no las cumplió. Palabra de Dios.
Salmo 24
R. Muéstrame, Señor, tus caminos.
Muéstrame, Señor, tus caminos, enséñame tus senderos. Guíame por el camino de tu fidelidad; enséñame, porque tú eres mi Dios y mi salvador. R.
Acuérdate, Señor, de tu compasión y de tu amor, porque son eternos. Por tu bondad, Señor, acuérdate de mí según tu fidelidad. R.
El Señor es bondadoso y recto: por eso muestra el camino a los extraviados;
él guía a los humildes para que obren rectamente y enseña su camino a los pobres. R.
Lectura de la primera carta del apóstol S. Pablo a los cristianos de Corinto 7, 29-31
Lo que quiero decir, hermanos, es esto: queda poco tiempo. Mientras tanto, los que tienen mujer vivan como si no la tuvieran; los que lloran, como si no lloraran; los que se alegran, como si no se alegraran; los que compran, como si no poseyeran nada; los que disfrutan del mundo, como si no disfrutaran. Porque la apariencia de este mundo es pasajera. Palabra de Dios.
Santo Evangelio según san Marcos 1, 14-20
Después que Juan fue arrestado, Jesús se dirigió a Galilea. Allí proclamaba la Buena Noticia de Dios, diciendo: «El tiempo se ha cumplido: el Reino de Dios está cerca. Conviértanse y crean en la Buena Noticia.»
Mientras iba por la orilla del mar de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés, que echaban las redes en el agua, porque eran pescadores. Jesús les dijo: «Síganme, y yo los haré pescadores de hombres.» Inmediatamente, ellos dejaron sus redes y lo siguieron. Y avanzando un poco, vio a Santiago, hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban también en su barca arreglando las redes. En seguida los llamó, y ellos, dejando en la barca a su padre Zebedeo con los jornaleros, lo siguieron. Palabra del Señor.
Reflexión:
Después de narrarnos los comienzos del evangelio con Juan Bautista, con la unción mesiánica de Jesús en el río Jordán y con sus tentaciones en el desierto, Marcos nos relata, la actividad pública de Jesús; es el humilde carpintero de Nazaret que ahora recorre su región, predicando en las aldeas y ciudades, en los cruces de los caminos, en las sinagogas y en las plazas. Su voz llega a quien quiera oírlo, sin excluir a nadie, sin exigir nada a cambio. Una voz desnuda y vibrante como la de los antiguos profetas. Marcos resume el entero contenido de la predicación de Jesús en estos dos momentos: el reinado de Dios ha comenzado - es que se ha cumplido el plazo de su espera - y ante el reinado de Dios sólo cabe convertirse, acogerlo, aceptarlo con fe.
¿De qué rey hablaba ahora Jesús? Del anunciado por los profetas y anhelado por los justos. Un rey divino que garantizaría a los pobres y a los humildes la justicia y el derecho, y excluiría de su vista a los violentos y a los opresores. Un rey universal que anularía las fronteras entre los pueblos y haría confluir a su monte santo a todas las naciones, incluso a las más bárbaras y sanguinarias, para instaurar en el mundo una era de paz y fraternidad, sólo comparable a la era de antes del pecado.
Este «reinado de Dios» que Jesús anunciaba hace más de 2000 años por Galilea, sigue siendo la esperanza de todos los pobres de la tierra. Ese reino que ya está en marcha desde que Jesús lo proclamara, porque lo siguen anunciando sus discípulos, los que Él llamó en su seguimiento para confiarles la tarea de pescar en las redes del Reino a los seres humanos de buena voluntad. Es el Reino que proclama la Iglesia y que todos los cristianos del mundo se afanan por construir de mil maneras, todas ellas reflejo de la voluntad amorosa de Dios: curando a los enfermos, dando pan a los hambrientos, calmando la sed de los sedientos, enseñando al que no sabe, perdonando a los pecadores y acogiéndolos en la mesa fraterna; denunciando, con palabras y actitudes, a los violentos, opresores e injustos.
A nosotros corresponde, como a Jonás, a Pablo y al mismo Jesús, retomar las banderas del reinado de Dios y anunciarlo en nuestros tiempos y en nuestras sociedades; a todos los que sufren y a todos los que oprimen y deben convertirse, para que la voluntad amorosa de Dios se cumpla para todos los seres del universo.
Dios quiere la conversión. Puesto que Dios ama al hombre y desea que éste sea feliz, quiere que se convierta y viva. Convertirse significa dejar el camino equivocado de una felicidad aparente y enderezar los pasos hacia el camino del bien, de la verdad y de la plenitud.
La conversión es a la vez una llamada y una respuesta. Dios nos llama a convertirnos y el hombre responde con la conversión, gracias al don de la fe. En base a la fe en Dios, el hombre se convierte y vive la experiencia nueva de vivir orientado hacia Él. La fe que previene la conversión, también la acompaña y la sigue para dar frutos de conversión en la conducta y vida diarias. Una conversión sin el acompañamiento de la fe no sería otra cosa sino un puro y momentáneo sentimiento, un "fervorín" suscitado por una experiencia fuerte. Es decir, se reduciría a algo superficial y desprovisto de futuro. Sin embargo, cuando la conversión se funda en la fe y es acompañada por ésta, entonces lo más natural es que culmine con el seguimiento: ir pisando las mismas huellas de Cristo en el camino de la vida. En tiempo de Jesús, eran los discípulos los que escogían al rabino o maestro; Jesús hace lo contrario; es él quien elige y dice a sus elegidos: sigue mis pasos, camina tras mis huellas. Así serás mi verdadero discípulo.
Para poder seguir con la posta del Reinado de Dios las lecturas del tercer domingo nos presentan a Jonás y a los apóstoles que responden sin demora al llamado del Señor, libres de ataduras para seguir a Cristo.
En el pasaje del Evangelio encontramos la llamada que Jesús hace a Pedro, Andrés, a Santiago y a Juan.
Los cuatro apóstoles que llama el Señor en este pasaje eran pescadores, y Jesús los encuentra trabajando, pescando o arreglando las redes. Para estos apóstoles, las redes lo eran todo, pues eran los instrumentos de trabajo y de su sustento diario. Al recibir el llamado, estos hombres, al instante, dejaron todo para seguir al Señor.
Para seguir a Cristo es necesario que no exista en nosotros un apegamiento por los bienes materiales y por los valores del mundo. El Señor nos pide a todos los cristianos, en el estado en que nos ha llamado, un desprendimiento efectivo de nosotros mismos, de lo que tenemos y de lo que usamos. El Concilio Vaticano II nos advierte al respecto, diciéndonos: “Vigilen todos para ordenar rectamente sus afectos, no sea que en el uso de las cosas de este mundo y en el apego a las riquezas, encuentren un obstáculo que los aparte, contra el espíritu de pobreza evangélica, de la búsqueda de la perfecta caridad”.
El desprendimiento que nos pide Cristo no es un desprecio absoluto a los bienes materiales, que son buenos si se adquieren y utilizan conforme a la voluntad de Dios y siguiendo las enseñanzas de Jesús: “Busquen primero el reino de Dios y su justicia, y lo demás se les dará por añadidura”. Pero esta enseñanza no es compatible con un corazón dividido, que busca compartir el amor a Dios con el amor a los bienes, a la comodidad y al aburguesamiento, porque muy pronto termina desalojando a Dios del corazón y cayendo prisionero de los bienes de la tierra, que ahí sí se convierten en males.
A la tendencia natural que todos tenemos por aferrarnos, se une la carrera desenfrenada por la posesión cada vez mayor de bienes, una clara ambición, no al legítimo confort, sino al lujo, a no privarse de nada placentero, a un comportamiento individualista, como si estas fueran la meta más importante en nuestras vidas. Este es el modo de vida que parece extenderse cada vez más en nuestras sociedades. Y esta es una gran presión a la que con mucha frecuencia contribuyen los medios de comunicación y económicos, en la que no debemos caer si queremos de verdad mantenernos libres de ataduras para seguir a Cristo.
Catecismo: "El Reino de Dios está cerca"
541 "Después que Juan fue preso, marchó Jesús a Galilea; y proclamaba la Buena Nueva de Dios: El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca; convertíos y creed en la Buena Nueva" (Mc 1, 15). "Cristo, por tanto, para hacer la voluntad del Padre, inauguró en la tierra el Reino de los cielos" (LG 3). Pues bien, la voluntad del Padre es "elevar a los hombres a la participación de la vida divina" (LG 2). Lo hace reuniendo a los hombres en torno a su Hijo, Jesucristo. Esta reunión es la Iglesia, que es sobre la tierra "el germen y el comienzo de este Reino" (LG 5).
542 Cristo es el corazón mismo de esta reunión de los hombres como "familia de Dios". Los convoca en torno a él por su palabra, por sus señales que manifiestan el reino de Dios, por el envío de sus discípulos. Sobre todo, él realizará la venida de su Reino por medio del gran Misterio de su Pascua: su muerte en la Cruz y su Resurrección. "Cuando yo sea levantado de la tierra, atraeré a todos hacia mí" (Jn. 12, 32). A esta unión con Cristo están llamados todos los hombres (cf. LG 3).
Preguntas para la meditación: ¿qué me dice?
¿En qué situaciones de mi pasado y de mi presente siento que Jesús sale a mi encuentro en el camino de mi vida?
¿Cómo he respondido esas llamadas? ¿Sin demora, como Jonás y los apóstoles o sentí que no podía seguirlo al señor porque hay otras cosas “primero” que tengo que hacer?
¿Qué situaciones hoy hacen que no me encuentre libre de ataduras para seguir a Cristo?
Oración:
Vamos a pedirle hoy al Señor que, a ejemplo de los apóstoles, no permitamos nunca que los bienes de la tierra constituyan un impedimento para acudir sin demoras a su llamado.
Libra mis ojos de la muerte; dales la luz, que es su destino. Yo, como el ciego del camino, pido un milagro para verte.
Haz de esta piedra de mis manos una herramienta constructiva, cura su fiebre posesiva y ábrela al bien de mis hermanos.
Haz que mi pie vaya ligero. Da de tu pan y de tu vaso al que te sigue, paso a paso, por lo más duro del sendero.
Que yo comprenda, Señor mío, al que se queja y retrocede; que el corazón no se me quede desentendidamente frío.
Guarda mi fe del enemigo. ¡Tantos me dicen que estás muerto!
Y entre la sombra y el desierto dame tu mano y ven conmigo. Amén.
Liturgia de las Horas - Himnos de las Vísperas del Lunes de la Primera Semana
Lecturas de la semana:
LUNES 26: Tito 1, 1-5; Salmo 95; Lucas 10, 1-9.
MARTES 27: Hebreos 10, 1-10; Salmo 39; Marcos 3, 31-35.
MIERCOLES 28: Hebreos 10, 11-18; Salmo 109; Marcos 4, 1-20.
JUEVES 29: Hebreos 10, 19-25; Salmo 23; Marcos, 4,21-25.
VIERNES 30: Hebreos 10, 32-39; Salmo 36; Marcos 4. 26-34.
SABADO 31: Hebreos 11, 1-2. 8-19; Salmo Lc. 1,69-70.71-72.73-75; Marcos 4, 35-40.
Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las reflexiones que acompañan las lecturas, textos de distintos autores: El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y Maria, Catholic.net, Homilia.com. “Claves para Lectio Divina para Jóvenes” Proyecto Lectionautas CEBIPAL/CELAM – SOCIEDADES BIBLICAS UNIDAS Hno. Ricardo Grzona, frp.
Impresión Librería “Del Rocío” Av. Mitre 6199 – Wilde – 4207-4785
Te esperamos los sábados 17:30 h.
para leer la Biblia en la Parroquia San José: Brandsen 4970 Villa Dominico
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“Inmediatamente, ellos dejaron sus redes y lo siguieron.”
Lectura de la profecía de Jonás 3, 1-5. 10
La palabra del Señor fue dirigida por segunda vez a Jonás, en estos términos: «Parte ahora mismo para Nínive, la gran ciudad, y anúnciale el mensaje que yo te indicaré.» Jonás partió para Nínive, conforme a la palabra del Señor. Nínive era una ciudad enormemente grande: se necesitaban tres días para recorrerla. Jonás comenzó a internarse en la ciudad y caminó durante todo un día, proclamando: «Dentro de cuarenta días, Nínive será destruida.»
Los ninivitas creyeron en Dios, decretaron un ayuno y se vistieron con ropa de penitencia, desde el más grande hasta el más pequeño. Al ver todo lo que los ninivitas hacían para convertirse de su mala conducta, Dios se arrepintió de las amenazas que les había hecho y no las cumplió. Palabra de Dios.
Salmo 24
R. Muéstrame, Señor, tus caminos.
Muéstrame, Señor, tus caminos, enséñame tus senderos. Guíame por el camino de tu fidelidad; enséñame, porque tú eres mi Dios y mi salvador. R.
Acuérdate, Señor, de tu compasión y de tu amor, porque son eternos. Por tu bondad, Señor, acuérdate de mí según tu fidelidad. R.
El Señor es bondadoso y recto: por eso muestra el camino a los extraviados;
él guía a los humildes para que obren rectamente y enseña su camino a los pobres. R.
Lectura de la primera carta del apóstol S. Pablo a los cristianos de Corinto 7, 29-31
Lo que quiero decir, hermanos, es esto: queda poco tiempo. Mientras tanto, los que tienen mujer vivan como si no la tuvieran; los que lloran, como si no lloraran; los que se alegran, como si no se alegraran; los que compran, como si no poseyeran nada; los que disfrutan del mundo, como si no disfrutaran. Porque la apariencia de este mundo es pasajera. Palabra de Dios.
Santo Evangelio según san Marcos 1, 14-20
Después que Juan fue arrestado, Jesús se dirigió a Galilea. Allí proclamaba la Buena Noticia de Dios, diciendo: «El tiempo se ha cumplido: el Reino de Dios está cerca. Conviértanse y crean en la Buena Noticia.»
Mientras iba por la orilla del mar de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés, que echaban las redes en el agua, porque eran pescadores. Jesús les dijo: «Síganme, y yo los haré pescadores de hombres.» Inmediatamente, ellos dejaron sus redes y lo siguieron. Y avanzando un poco, vio a Santiago, hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban también en su barca arreglando las redes. En seguida los llamó, y ellos, dejando en la barca a su padre Zebedeo con los jornaleros, lo siguieron. Palabra del Señor.
Reflexión:
Después de narrarnos los comienzos del evangelio con Juan Bautista, con la unción mesiánica de Jesús en el río Jordán y con sus tentaciones en el desierto, Marcos nos relata, la actividad pública de Jesús; es el humilde carpintero de Nazaret que ahora recorre su región, predicando en las aldeas y ciudades, en los cruces de los caminos, en las sinagogas y en las plazas. Su voz llega a quien quiera oírlo, sin excluir a nadie, sin exigir nada a cambio. Una voz desnuda y vibrante como la de los antiguos profetas. Marcos resume el entero contenido de la predicación de Jesús en estos dos momentos: el reinado de Dios ha comenzado - es que se ha cumplido el plazo de su espera - y ante el reinado de Dios sólo cabe convertirse, acogerlo, aceptarlo con fe.
¿De qué rey hablaba ahora Jesús? Del anunciado por los profetas y anhelado por los justos. Un rey divino que garantizaría a los pobres y a los humildes la justicia y el derecho, y excluiría de su vista a los violentos y a los opresores. Un rey universal que anularía las fronteras entre los pueblos y haría confluir a su monte santo a todas las naciones, incluso a las más bárbaras y sanguinarias, para instaurar en el mundo una era de paz y fraternidad, sólo comparable a la era de antes del pecado.
Este «reinado de Dios» que Jesús anunciaba hace más de 2000 años por Galilea, sigue siendo la esperanza de todos los pobres de la tierra. Ese reino que ya está en marcha desde que Jesús lo proclamara, porque lo siguen anunciando sus discípulos, los que Él llamó en su seguimiento para confiarles la tarea de pescar en las redes del Reino a los seres humanos de buena voluntad. Es el Reino que proclama la Iglesia y que todos los cristianos del mundo se afanan por construir de mil maneras, todas ellas reflejo de la voluntad amorosa de Dios: curando a los enfermos, dando pan a los hambrientos, calmando la sed de los sedientos, enseñando al que no sabe, perdonando a los pecadores y acogiéndolos en la mesa fraterna; denunciando, con palabras y actitudes, a los violentos, opresores e injustos.
A nosotros corresponde, como a Jonás, a Pablo y al mismo Jesús, retomar las banderas del reinado de Dios y anunciarlo en nuestros tiempos y en nuestras sociedades; a todos los que sufren y a todos los que oprimen y deben convertirse, para que la voluntad amorosa de Dios se cumpla para todos los seres del universo.
Dios quiere la conversión. Puesto que Dios ama al hombre y desea que éste sea feliz, quiere que se convierta y viva. Convertirse significa dejar el camino equivocado de una felicidad aparente y enderezar los pasos hacia el camino del bien, de la verdad y de la plenitud.
La conversión es a la vez una llamada y una respuesta. Dios nos llama a convertirnos y el hombre responde con la conversión, gracias al don de la fe. En base a la fe en Dios, el hombre se convierte y vive la experiencia nueva de vivir orientado hacia Él. La fe que previene la conversión, también la acompaña y la sigue para dar frutos de conversión en la conducta y vida diarias. Una conversión sin el acompañamiento de la fe no sería otra cosa sino un puro y momentáneo sentimiento, un "fervorín" suscitado por una experiencia fuerte. Es decir, se reduciría a algo superficial y desprovisto de futuro. Sin embargo, cuando la conversión se funda en la fe y es acompañada por ésta, entonces lo más natural es que culmine con el seguimiento: ir pisando las mismas huellas de Cristo en el camino de la vida. En tiempo de Jesús, eran los discípulos los que escogían al rabino o maestro; Jesús hace lo contrario; es él quien elige y dice a sus elegidos: sigue mis pasos, camina tras mis huellas. Así serás mi verdadero discípulo.
Para poder seguir con la posta del Reinado de Dios las lecturas del tercer domingo nos presentan a Jonás y a los apóstoles que responden sin demora al llamado del Señor, libres de ataduras para seguir a Cristo.
En el pasaje del Evangelio encontramos la llamada que Jesús hace a Pedro, Andrés, a Santiago y a Juan.
Los cuatro apóstoles que llama el Señor en este pasaje eran pescadores, y Jesús los encuentra trabajando, pescando o arreglando las redes. Para estos apóstoles, las redes lo eran todo, pues eran los instrumentos de trabajo y de su sustento diario. Al recibir el llamado, estos hombres, al instante, dejaron todo para seguir al Señor.
Para seguir a Cristo es necesario que no exista en nosotros un apegamiento por los bienes materiales y por los valores del mundo. El Señor nos pide a todos los cristianos, en el estado en que nos ha llamado, un desprendimiento efectivo de nosotros mismos, de lo que tenemos y de lo que usamos. El Concilio Vaticano II nos advierte al respecto, diciéndonos: “Vigilen todos para ordenar rectamente sus afectos, no sea que en el uso de las cosas de este mundo y en el apego a las riquezas, encuentren un obstáculo que los aparte, contra el espíritu de pobreza evangélica, de la búsqueda de la perfecta caridad”.
El desprendimiento que nos pide Cristo no es un desprecio absoluto a los bienes materiales, que son buenos si se adquieren y utilizan conforme a la voluntad de Dios y siguiendo las enseñanzas de Jesús: “Busquen primero el reino de Dios y su justicia, y lo demás se les dará por añadidura”. Pero esta enseñanza no es compatible con un corazón dividido, que busca compartir el amor a Dios con el amor a los bienes, a la comodidad y al aburguesamiento, porque muy pronto termina desalojando a Dios del corazón y cayendo prisionero de los bienes de la tierra, que ahí sí se convierten en males.
A la tendencia natural que todos tenemos por aferrarnos, se une la carrera desenfrenada por la posesión cada vez mayor de bienes, una clara ambición, no al legítimo confort, sino al lujo, a no privarse de nada placentero, a un comportamiento individualista, como si estas fueran la meta más importante en nuestras vidas. Este es el modo de vida que parece extenderse cada vez más en nuestras sociedades. Y esta es una gran presión a la que con mucha frecuencia contribuyen los medios de comunicación y económicos, en la que no debemos caer si queremos de verdad mantenernos libres de ataduras para seguir a Cristo.
Catecismo: "El Reino de Dios está cerca"
541 "Después que Juan fue preso, marchó Jesús a Galilea; y proclamaba la Buena Nueva de Dios: El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca; convertíos y creed en la Buena Nueva" (Mc 1, 15). "Cristo, por tanto, para hacer la voluntad del Padre, inauguró en la tierra el Reino de los cielos" (LG 3). Pues bien, la voluntad del Padre es "elevar a los hombres a la participación de la vida divina" (LG 2). Lo hace reuniendo a los hombres en torno a su Hijo, Jesucristo. Esta reunión es la Iglesia, que es sobre la tierra "el germen y el comienzo de este Reino" (LG 5).
542 Cristo es el corazón mismo de esta reunión de los hombres como "familia de Dios". Los convoca en torno a él por su palabra, por sus señales que manifiestan el reino de Dios, por el envío de sus discípulos. Sobre todo, él realizará la venida de su Reino por medio del gran Misterio de su Pascua: su muerte en la Cruz y su Resurrección. "Cuando yo sea levantado de la tierra, atraeré a todos hacia mí" (Jn. 12, 32). A esta unión con Cristo están llamados todos los hombres (cf. LG 3).
Preguntas para la meditación: ¿qué me dice?
¿En qué situaciones de mi pasado y de mi presente siento que Jesús sale a mi encuentro en el camino de mi vida?
¿Cómo he respondido esas llamadas? ¿Sin demora, como Jonás y los apóstoles o sentí que no podía seguirlo al señor porque hay otras cosas “primero” que tengo que hacer?
¿Qué situaciones hoy hacen que no me encuentre libre de ataduras para seguir a Cristo?
Oración:
Vamos a pedirle hoy al Señor que, a ejemplo de los apóstoles, no permitamos nunca que los bienes de la tierra constituyan un impedimento para acudir sin demoras a su llamado.
Libra mis ojos de la muerte; dales la luz, que es su destino. Yo, como el ciego del camino, pido un milagro para verte.
Haz de esta piedra de mis manos una herramienta constructiva, cura su fiebre posesiva y ábrela al bien de mis hermanos.
Haz que mi pie vaya ligero. Da de tu pan y de tu vaso al que te sigue, paso a paso, por lo más duro del sendero.
Que yo comprenda, Señor mío, al que se queja y retrocede; que el corazón no se me quede desentendidamente frío.
Guarda mi fe del enemigo. ¡Tantos me dicen que estás muerto!
Y entre la sombra y el desierto dame tu mano y ven conmigo. Amén.
Liturgia de las Horas - Himnos de las Vísperas del Lunes de la Primera Semana
Lecturas de la semana:
LUNES 26: Tito 1, 1-5; Salmo 95; Lucas 10, 1-9.
MARTES 27: Hebreos 10, 1-10; Salmo 39; Marcos 3, 31-35.
MIERCOLES 28: Hebreos 10, 11-18; Salmo 109; Marcos 4, 1-20.
JUEVES 29: Hebreos 10, 19-25; Salmo 23; Marcos, 4,21-25.
VIERNES 30: Hebreos 10, 32-39; Salmo 36; Marcos 4. 26-34.
SABADO 31: Hebreos 11, 1-2. 8-19; Salmo Lc. 1,69-70.71-72.73-75; Marcos 4, 35-40.
Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las reflexiones que acompañan las lecturas, textos de distintos autores: El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y Maria, Catholic.net, Homilia.com. “Claves para Lectio Divina para Jóvenes” Proyecto Lectionautas CEBIPAL/CELAM – SOCIEDADES BIBLICAS UNIDAS Hno. Ricardo Grzona, frp.
Impresión Librería “Del Rocío” Av. Mitre 6199 – Wilde – 4207-4785
Te esperamos los sábados 17:30 h.
para leer la Biblia en la Parroquia San José: Brandsen 4970 Villa Dominico
Círculo Bíblico San José miencuentroconjesus@yahoo.com.ar
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