Lecturas del 04-04-10 – Ciclo C –
Hechos de los apóstoles 10, 34a. 37-43
Pedro, tomando la palabra, dijo: «Ustedes ya saben qué ha ocurrido en toda Judea, comenzando por Galilea, después del bautismo que predicaba Juan: cómo Dios ungió a Jesús de Nazaret con el Espíritu Santo, llenándolo de poder. El pasó haciendo el bien y curando a todos los que habían caído en poder del demonio, porque Dios estaba con él.
Nosotros somos testigos de todo lo que hizo en el país de los judíos y en Jerusalén. Y ellos lo mataron, suspendiéndolo de un patíbulo. Pero Dios lo resucitó al tercer día y le concedió que se manifestara, no a todo el pueblo, sino a testigos elegidos de antemano por Dios: a nosotros, que comimos y bebimos con él, después de su resurrección.
Y nos envió a predicar al pueblo, y a atestiguar que él fue constituido por Dios Juez de vivos y muertos. Todos los profetas dan testimonio de él, declarando que los que creen en él reciben el perdón de los pecados, en virtud de su Nombre.» Palabra de Dios.
Salmo 117
R. Este es el día que hizo el Señor:
alegrémonos y regocijémonos en él.
¡Den gracias al Señor, porque es bueno, porque es eterno su amor! Que lo diga el pueblo de Israel: ¡es eterno su amor! R.
La mano del Señor es sublime, la mano del Señor hace proezas. No, no moriré: viviré para publicar lo que hizo el Señor. R.
La piedra que desecharon los constructores es ahora la piedra angular. Esto ha sido hecho por el Señor y es admirable a nuestros ojos. R.
Carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Colosas 3, 1-4
Hermanos:
Ya que ustedes han resucitado con Cristo, busquen los bienes del cielo donde Cristo está sentado a la derecha de Dios.
Tengan el pensamiento puesto en las cosas celestiales y no en las de la tierra. Porque ustedes están muertos, y su vida está desde ahora oculta con Cristo en Dios. Cuando se manifieste Cristo, que es nuestra vida, entonces ustedes también aparecerán con él, llenos de gloria.
Palabra de Dios.
SECUENCIA
Cristianos, ofrezcamos al Cordero pascual
nuestro sacrificio de alabanza. El Cordero ha redimido a las ovejas: Cristo, el inocente, reconcilió a los pecadores con el Padre.
La muerte y la vida se enfrentaron en un duelo admirable: el Rey de la vida estuvo muerto, y ahora vive.
Dinos, María Magdalena, ¿qué viste en el camino? He visto el sepulcro del Cristo viviente y la gloria del Señor resucitado.
He visto a los ángeles, testigos del milagro, he visto el sudario y las vestiduras. Ha resucitado a Cristo, mi esperanza, y precederá a los discípulos en Galilea.
Sabemos que Cristo resucitó realmente; tú, Rey victorioso, ten piedad de nosotros.
Santo Evangelio según san Juan 20, 1-9
El primer día de la semana, de madrugada, cuando todavía estaba oscuro, María Magdalena fue al sepulcro y vio que la piedra había sido sacada. Corrió al encuentro de Simón Pedro y del otro discípulo al que Jesús amaba, y les dijo: «Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto.»
Pedro y el otro discípulo salieron y fueron al sepulcro. Corrían los dos juntos, pero el otro discípulo corrió más rápidamente que Pedro y llegó antes. Asomándose al sepulcro, vio las vendas en el suelo, aunque no entró. Después llegó Simón Pedro, que lo seguía, y entró en el sepulcro; vio las vendas en el suelo, y también el sudario que había cubierto su cabeza; este no estaba con las vendas, sino enrollado en un lugar aparte. Luego entró el otro discípulo, que había llegado antes al sepulcro: él también vio y creyó.
Todavía no habían comprendido que, según la Escritura , él debía resucitar de entre los muertos. Palabra del Señor.
Reflexión
Hay hombres --lo vemos en el fenómeno de los terroristas suicidas-- que mueren por una causa equivocada o incluso inicua, considerando sin razón que es buena.
Por sí misma, la muerte de Cristo no testimonia la verdad de su causa, sino sólo el hecho de que Él creía en la verdad de ella. La muerte de Cristo es testimonio supremo de su caridad, pero no de su verdad. Ésta es testimoniada adecuadamente sólo por la resurrección. «La fe de los cristianos -dice San Agustín- es la Resurrección de Cristo. No es gran cosa creer que Jesús ha muerto; esto lo creen también los paganos; todos lo creen. Lo verdaderamente grande es creer que ha resucitado».
Ateniéndonos al objetivo que nos ha guiado hasta aquí, estamos obligados a dejar de lado, de momento, la fe, para atenernos a la historia. Desearíamos buscar respuesta al interrogante: ¿podemos o no definir la resurrección de Cristo como un evento histórico, en el sentido común del término, esto es, «realmente ocurrido»?
Lo que se ofrece a la consideración del historiador y le permite hablar de la resurrección son dos hechos: primero, la imprevista e inexplicable fe de los discípulos, una fe tan tenaz como para resistir hasta la prueba del martirio; segundo, la explicación que, de tal fe, nos han dejado los interesados, esto es, los discípulos. En el momento decisivo, cuando Jesús fue prendido y ajusticiado, los discípulos no alimentaban esperanza alguna de una resurrección. Huyeron y dieron por acabado el caso de Jesús.
Entonces tuvo que intervenir algo que en poco tiempo no sólo provocó el cambio radical de su estado de ánimo, sino que les llevó también a una actividad del todo nueva y a la fundación de la Iglesia. Este «algo» es el núcleo histórico de la fe de Pascua.
El testimonio más antiguo de la resurrección es el de Pablo, y dice así: «Os he transmitido, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados según las Escrituras; que fue sepultado y resucitó al tercer día según las Escrituras; que se apareció a Pedro y luego a los Doce. Después se apareció a más de quinientos hermanos a la vez, de los que la mayor parte viven todavía, si bien algunos han muerto. Luego se apareció a Santiago, y más tarde a todos los apóstoles. Y después de todos se me apareció a mí, como si de un hijo nacido a destiempo se tratara» (1 Corintios 15, 3-8).
La fecha en la que se escribieron estas palabras es el 56 o 57 d.C. El núcleo central del texto, sin embargo, está constituido por un credo anterior que San Pablo dice haber recibido él mismo de otros. Teniendo en cuenta que Pablo conoció tales fórmulas inmediatamente después de su conversión, podemos situarlas en torno al año 35 d.C., eso es, unos cinco o seis años después de la muerte de Cristo. Testimonio, por lo tanto, de raro valor histórico.
Los relatos de los evangelistas se escribieron algunas décadas más tarde y reflejan una fase ulterior de la reflexión de la Iglesia. El núcleo central del testimonio, sin embargo, permanece intacto: el Señor ha resucitado y se ha aparecido vivo.
A ello se añade un elemento nuevo, tal vez determinado por preocupación apologética y por ello de menor valor histórico: la insistencia sobre el hecho del sepulcro vacío.
Para los Evangelios el hecho decisivo siguen siendo las apariciones del Resucitado.
Las apariciones, además, testimonian también la nueva dimensión del Resucitado, su modo de ser «según el Espíritu», que es nuevo y diferente respecto al modo de existir anterior, «según la carne». Él, por ejemplo, puede ser reconocido no por cualquiera que le vea, sino sólo por aquél a quien Él mismo se dé a conocer. Su corporeidad es diferente de la de antes. Está libre de las leyes físicas: entra y sale con las puertas cerradas; aparece y desaparece.
Los discípulos no pudieron engañarse: eran gente concreta, pescadores, lo contrario de personas dadas a las visiones. En un primer momento no creen; Jesús debe casi vencer su resistencia: « ¡tardos de corazón en creer!». Tampoco pudieron querer engañar a los demás. Todos sus intereses se oponían a ello; habrían sido los primeros en sentirse engañados por Jesús. Si Él no hubiera resucitado, ¿para qué afrontar las persecuciones y la muerte por Él? ¿Qué provecho material podían sacar?
Negado el carácter histórico, esto es, el carácter objetivo y no sólo el subjetivo, de la resurrección, el nacimiento de la Iglesia y de la fe se convierte en un misterio más inexplicable que la resurrección misma.
Se ha observado justamente: «La idea de que el imponente edificio de la historia del cristianismo sea como una enorme pirámide puesta en vilo sobre un hecho insignificante es ciertamente menos creíble que la afirmación de que todo el evento –o sea, el dato de hecho más el significado inherente a él- realmente haya ocupado un lugar en la historia comparable al que le atribuye el Nuevo Testamento».
¿Cuál es entonces el punto de llegada de la investigación histórica a propósito de la resurrección? Podemos percibirlo en las palabras de los discípulos de Emaús: algunos discípulos, la mañana de Pascua, fueron al sepulcro de Jesús y encontraron que las cosas estaban como habían referido las mujeres,
quienes habían acudido antes que ellos, «pero a Él no le vieron». También la historia se acerca al sepulcro de Jesús y debe constatar que las cosas están como los testigos dijeron. Pero a Él, al resucitado, no lo ve.
No basta constatar históricamente, es necesario ver al Resucitado, y esto no lo puede dar la historia, sino sólo la fe.
El ángel que se apareció a las mujeres, la mañana de Pascua, les dijo: « ¿Por qué buscáis entre los muertos al que está vivo?» (Lucas 24, 5).
Les confieso que al término de estas reflexiones siento este reproche como si se dirigiera también a mí. Como si el ángel me dijera: « ¿Por qué te empeñas a buscar entre los muertos argumentos humanos de la historia, al que está vivo y actúa en la Iglesia y en el mundo? Ve mejor y di a tus hermanos que Él ha resucitado».
Pbro. Carlos Ontivero
“El Señor ha resucitado, no temamos vivir como resucitados” (1)
Por el misterio pascual de Jesús somos liberados, purificados, perdonados, reconciliados. Ya no somos simples espectadores, sino protagonistas y colaboradores de esta acción sagrada y salvífica.
La iniciativa salvadora de Dios reclama de nuestra parte una respuesta personal que no debe quedar en meros gestos individuales, externos y aislados. Abarca toda nuestra vida. Provoca una renovación total; un cambio profundo, definitivo, que debe estar presente en los criterios, los juicios, las actitudes, los comportamientos y los compromisos. Es mucho más que la adhesión a un “código de convivencia y buenas costumbres”….
La Pascua de Jesús debe incidir en nuestra propia Pascua. Este es su mensaje: “Permanezcan en mi amor para que den fruto”. El fruto consiste en “que se amen unos a otros” (Jn 13,34).
“Que se amen como yo los he amado”. Y “Nadie tiene mayor amor que dar la vida por los amigos”. (Jn.15, 13)
Por esta razón aprendamos a vivir sólo de su Amor. Es la vocación suprema del hombre. A su amor, respondamos con su mismo amor. Sin límites.
(1) Esta segunda parte tomada del mensaje de Pascua 2009 de Mons. Rubén Oscar Frassia Obispo diócesis de Avellaneda Lanús!
Lecturas de la semana:
LUNES 5: Hechos apóstoles 2, 14.22-32; Sal. 15; Mateo 28, 8-15.
MARTES 6: Hechos apóstoles 2, 36-41; Sal. 32; Juan 20, 11-18.
MIERCOLES 7: Hechos de los apóstoles 3, 1-10; Sal. 104; Lucas 24, 13-35
JUEVES 8: Hechos apóstoles 3, 11-26; Sal. 8; Lucas 24, 35-48.
VIERNES 9: Hechos apóstoles 4, 1-12; Sal. 117; Juan 21, 1-14.
SABADO 1: Hechos apóstoles 4, 13-21; Sal. 117; Marcos 16, 9-15.
Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las lecturas: El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y Maria
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¡Con su Palabra, Jesús se nos revela y sale a nuestro encuentro, para que experimentemos al Dios de la vida!
Intención para la evangelización ‐
Intenciones de oración de septiembre: Oremos por una gestión justa y sostenible del agua, recurso vital, para que todos tengan acceso equitativo a ella.
"Todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre"
"Todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre" Mt 7, 7-8.
No sé qué quería, pero había algo en mí que me movía a buscar, tal vez que las cosas tengan sentido, y te encontré. Me cuestionaba sobre la vida y me diste tu sabiduría para que pueda encontrar alegría y paz. Ante mis miedos y dudas, te pido que me acompañes en mi peregrinar y me das tu Espíritu Santo, el mismo que te acompaño a vos, hoy me acompaña a mí, me asiste y guía.
Hoy sigo buscando más de tu Palabra, de la Verdad y el camino, con la confianza puesta en vos, Dios mío, sé que estás presente en mi vida. Ven Señor Jesús, te necesito.
Del libro de la Sabiduría 6, 12-16
Del libro de la Sabiduría 6, 12-16: La Sabiduría es luminosa y nunca pierde su brillo: se deja contemplar fácilmente por los que la aman y encontrar por los que la buscan. Ella se anticipa a darse a conocer a los que la desean.
El que madruga para buscarla no se fatigará, porque la encontrará sentada a su puerta. Meditar en ella es la perfección de la prudencia, y el que se desvela por su causa pronto quedará libre de inquietudes.
La Sabiduría busca por todas partes a los que son dignos de ella, se les aparece con benevolencia en los caminos y le sale al encuentro en todos sus pensamientos.
viernes, 2 de abril de 2010
martes, 30 de marzo de 2010
Domingo de Ramos
Lecturas del 28-03-10 – Ciclo C –
Lectura del libro del profeta Isaías 50, 4-7
El mismo Señor me ha dado una lengua de discípulo, para que yo sepa reconfortar al fatigado con una palabra de aliento. Cada mañana, él despierta mi oído para que yo escuche como un discípulo.
El Señor abrió mi oído y yo no me resistí ni me volví atrás. Ofrecí mi espalda a los que me golpeaban y mis mejillas, a los que me arrancaban la barba; no retiré mi rostro cuando me ultrajaban y escupían.
Pero el Señor viene en mi ayuda: por eso, no quedé confundido; por eso, endurecí mi rostro como el pedernal, y sé muy bien que no seré defraudado. Palabra de Dios.
Salmo 21
R. Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?
Los que me ven, se burlan de mí,
hacen una mueca y mueven la cabeza, diciendo: «Confió en el Señor, que él lo libre; que lo salve, si lo quiere tanto.» R.
Me rodea una jauría de perros, me asalta una banda de malhechores; taladran mis manos y mis pies. Yo puedo contar todos mis huesos. R.
Se reparten entre sí mi ropa y sortean mi túnica. Pero tú, Señor, no te quedes lejos; tú que eres mi fuerza, ven pronto a socorrerme. R.
Yo anunciaré tu Nombre a mis hermanos, te alabaré en medio de la asamblea: «Alábenlo, los que temen al Señor; glorifíquenlo, descendientes de Jacob; témanlo, descendientes de Israel.» R.
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Filipos 2, 6-11
Jesucristo, que era de condición divina, no consideró esta igualdad con Dios como algo que debía guardar celosamente: al contrario, se anonadó a sí mismo, tomando la condición de servidor y haciéndose semejante a los hombres. Y presentándose con aspecto humano, se humilló hasta aceptar por obediencia la muerte y muerte de cruz. Por eso, Dios lo exaltó y le dio el Nombre que está sobre todo nombre, para que al nombre de Jesús, se doble toda rodilla en el cielo, en la tierra y en los abismos, y toda lengua proclame para gloria de Dios Padre: «Jesucristo es el Señor.» Palabra de Dios
Pasión de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 22,66c.23, 1b-49
Llevaron a Jesús ante el tribunal y le dijeron: «Dinos si eres el Mesías». Él les dijo: «Si yo les respondo, ustedes no me creerán, y si los interrogo, no me responderán. Pero en adelante, el Hijo del hombre se sentará a la derecha de Dios todopoderoso». Todos preguntaron: «¿Entonces eres el Hijo de Dios?». Jesús respondió: «Tienen razón, yo lo soy». Ellos dijeron: «¿Acaso necesitamos otro testimonio? Nosotros mismos lo hemos oído de su propia boca».
Después se levantó toda la asamblea y lo llevaron ante Pilato. Y comenzaron a acusarlo, diciendo: «Hemos encontrado a este hombre incitando a nuestro pueblo a la rebelión, impidiéndole pagar los impuestos al Emperador y pretendiendo ser el rey Mesías». Pilato lo interrogó, diciendo: «¿Eres tú el rey de los judíos?». «Tú lo dices», le respondió Jesús. Pilato dijo a los sumos sacerdotes y a la multitud: «No encuentro en este hombre ningún motivo de condena». Pero ellos insistían: «Subleva al pueblo con su enseñanza en toda la Judea. Comenzó en Galilea y ha llegado hasta aquí». Al oír esto, Pilato preguntó si ese hombre era galileo. Y habiéndose asegurado de que pertenecía a la jurisdicción de Herodes, se lo envió. En esos días, también Herodes se encontraba en Jerusalén.
Herodes se alegró mucho al ver a Jesús. Hacía tiempo que deseaba verlo, por lo que había oído decir de él, y esperaba que hiciera algún prodigio en su presencia. Le hizo muchas preguntas, pero Jesús no le respondió nada. Entre tanto, los sumos sacerdotes y los escribas estaban allí y lo acusaban con vehemencia. Herodes y sus guardias, después de tratarlo con desprecio y ponerlo en ridículo, lo cubrieron con un magnífico manto y lo enviaron de nuevo a Pilato. Y ese mismo día, Herodes y Pilato, que estaban enemistados, se hicieron amigos.
Pilato convocó a los sumos sacerdotes, a los jefes y al pueblo, y les dijo: «Ustedes me han traído a este hombre, acusándolo de incitar al pueblo a la rebelión. Pero yo lo interrogué delante de ustedes y no encontré ningún motivo de condena en los cargos de que lo acusan; ni tampoco Herodes, ya que él lo ha devuelto a este tribunal. Como ven, este hombre no ha hecho nada que merezca la muerte. Después de darle un escarmiento, lo dejaré en libertad».
Pero la multitud comenzó a gritar: «¡Que muera este hombre! ¡Suéltanos a Barrabás!». A Barrabás lo habían encarcelado por una sedición que tuvo lugar en la ciudad y por homicidio.
Pilato volvió a dirigirles la palabra con la intención de poner en libertad a Jesús. Pero ellos seguían gritando: «¡Crucifícalo! ¡Crucifícalo!». Por tercera vez les dijo: «¿Qué mal ha hecho este hombre? No encuentro en él nada que merezca la muerte. Después de darle un escarmiento, lo dejaré en libertad». Pero ellos insistían a gritos, reclamando que fuera crucificado, y el griterío se hacía cada vez más violento. Al fin, Pilato resolvió acceder al pedido del pueblo. Dejó en libertad al que ellos pedían, al que había sido encarcelado por sedición y homicidio, y a Jesús lo entregó al arbitrio de ellos.
Cuando lo llevaban, detuvieron a un tal Simón de Cirene, que volvía del campo, y lo cargaron con la cruz, para que la llevara detrás de Jesús. Lo seguían muchos del pueblo y un buen número de mujeres, que se golpeaban el pecho y se lamentaban por él. Pero Jesús, volviéndose hacia ellas, les dijo: «¡Hijas de Jerusalén!, no lloren por mí; lloren más bien por ustedes y por sus hijos. Porque se acerca el tiempo en que se dirá: ¡Felices las estériles, felices los senos que no concibieron y los pechos que no amamantaron! Entonces se dirá a las montañas: ¡Caigan sobre nosotros!, y a los cerros: ¡Sepúltennos! Porque si así tratan a la leña verde, ¿qué será de la leña seca?». Con él llevaban también a otros dos malhechores, para ser ejecutados.
Cuando llegaron al lugar llamado «del Cráneo», lo crucificaron junto con los malhechores, uno a su derecha y el otro a su izquierda. Jesús decía: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen». Después se repartieron sus vestiduras, sorteándolas entre ellos.
El pueblo permanecía allí y miraba. Sus jefes, burlándose, decían: «Ha salvado a otros: ¡que se salve a sí mismo, si es el Mesías de Dios, el Elegido!». También los soldados se burlaban de él y, acercándose para ofrecerle vinagre, le decían: «Si eres el rey de los judíos, ¡sálvate a ti mismo!». Sobre su cabeza había una inscripción: «Este es el rey de los judíos».
Uno de los malhechores crucificados lo insultaba, diciendo: «¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros». Pero el otro lo increpaba, diciéndole: «¿No tienes temor de Dios, tú que sufres la misma pena que él? Nosotros la sufrimos justamente, porque pagamos nuestras culpas, pero él no ha hecho nada malo». Y decía: «Jesús, acuérdate de mí cuando vengas a establecer tu Reino». Él le respondió: «Yo te aseguro que hoy estarás conmigo en el Paraíso».
Era alrededor del mediodía. El sol se eclipsó y la oscuridad cubrió toda la tierra hasta las tres de la tarde. El velo del Templo se rasgó por el medio. Jesús, con un grito, exclamó: «Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu». Y diciendo esto, expiró.
Cuando el centurión vio lo que había pasado, alabó a Dios, exclamando: «Realmente este hombre era un justo». Y la multitud que se había reunido para contemplar el espectáculo, al ver lo sucedido, regresaba golpeándose el pecho.
Todos sus amigos y las mujeres que lo habían acompañado desde Galilea permanecían a distancia, contemplando lo sucedido. Palabra del Señor.
Reflexión:
SEMANA SANTA
Los últimos días de Cuaresma
Durante la Cuaresma la Iglesia nos exhorta a una solidaridad particular con todos los que sufren y que de cualquier modo experimentan la pobreza, la miseria, la injusticia, la persecución.
En la última semana de Cuaresma la Iglesia nos exhorta a una particular y excepcional solidaridad con el mismo Cristo paciente, es la semana propiamente dicha de la Pasión del Señor, la Semana Santa.
Detenerse ante Cristo que sufre, encontrar en sí mismo la solidaridad con El, he aquí el deber y la necesidad de cada corazón humano, he aquí la prueba de la sensibilidad humana. La Semana Santa es el tiempo de la apertura más amplia de la Iglesia a la humanidad y a la vez el tiempo cumbre de la evangelización. Al solidarizarnos con el Cristo que sufre y muere, experimentamos la cercanía de lo divino y lo humano. Dios ha decidido hablarnos con el lenguaje del amor, que es más fuerte que la muerte. Juan Pablo II
DOMINGO DE RAMOS
ENTRADA SOLEMNE EN JERUSALEN
1° No es una procesión religiosa, sino una manifestación
Durante la fiesta de Pascua, en primavera, se congregaban en Jerusalén miles de peregrinos venidos del resto del país y de la diáspora (=judíos dispersos por otros países). El ambiente de la ciudad en esos días era de efervescencia nacionalista y llamativa alegría. La Pascua era la fiesta judía por excelencia, conmemoración anual de la liberación del pueblo de la esclavitud egipcia. Su celebración ponía al rojo vivo las expectativas políticas del pueblo, sus ansias de liberación y esperanza mesiánica. Era una ocasión apta para movilizaciones populares de todo tipo.
Jesús tuvo que ser muy consciente de este clima y aprovechó la ocasión que se presentaba para realizar un importante gesto profético en el mismo centro del bastión político-religioso de sus enemigos en Jerusalén, y en su mismo corazón, que era el Templo.
Los hechos narrados por este Evangelio fueron sin duda una auténtica manifestación popular, masiva y enardecida, en la que se mezclaban los más profundos sentimientos de la fe del pueblo en Dios liberador y en su Mesías, con los sentimientos nacionalistas y políticos de los más diversos signos. No se trata, pues, de una procesión religiosa ordenada, con palmas que se agitan pacíficamente al ritmo de los cantos religiosos. Aquello fue un verdadero tumulto.
2° Su mensaje: Un Mesías humilde y pacifico
El relato de Lucas, a través de gestos narrados y signos empleados, transmiten nuevamente una imagen del Mesías que rompe algunos esquemas:
a) Jesús hace una entrada en Jerusalén, no con el aire triunfal de los vencedores sino en son de paz, con la sencillez de un Rey/Mesías que viene a servir a su pueblo, sin emplear para nada el poder y la violencia. Eso es lo que significa el “entrar montado sobre un asno”, en vez de hacerlo sobre un brioso caballo, como los príncipes y generales. Con su gesto profético, Jesús se presenta como el Mesías pacifico y humilde de Zacarías (9, 9-10).
b) El gesto de “enviar a sus discípulos a la aldea de enfrente a desatar y traer un asno en que nadie se ha montado nunca” tiene su significado. Todo hace referencia al texto de Zacarías sobre el Mesías y su entrada humilde y pacífica en Jerusalén. “Desató el asno” es símbolo de desatar la profecía que había permanecido “atada” hasta entonces, porque nadie le interesaba un Mesías de esta índole. Jesús intenta que sus discípulos, con la acción de desatar el asno abran los ojos y comprendan el estilo pacífico, humilde y liberador de su mesianismo. Es el Mesías que inaugura un tiempo nuevo, en el que la profecía queda liberada.
c) “La gente extendían sus mantos sobre el camino a medida que iba avanzando”. Con este gesto reconocen a Jesús como Rey/Mesías, renuncian a su poder, a sus ideologías, y le rinden homenaje, ya que el manto es signo de poder y dignidad.
d) Pero ante un Mesías de esta índole, hay división de opiniones, “Los discípulos en masa, entusiasmados, se pusieron a alabar a Dios a gritos, por todos los milagros que habían visto. A la reacción positiva de los discípulos-si bien no todos entienden de este modo al Mesías pacifico- se contrapone la de “algunos fariseos” que, dirigiéndose a Jesús, quieren que reprenda a sus discípulos. Como siempre, los que están seguros de sí mismos tienen la osadía de censurar todo, como si todo el mundo tuviera que pensar como ellos.
3° ¡Si también tú comprendieras en este día lo que lleva a la paz!
…Jesús termina con el llanto y con esta profecía. “Pero no, no tienes ojos para verlo”. “Llegará un día…”. Cuando Lucas escribe este Evangelio, ya los romanos habían destruido Jerusalén, matado a muchos de sus habitantes y vendidos a los supervivientes como esclavos en Roma. Fue el gran desastre del pueblo judío en el año 70.
El Reino que Jesús trae pasa por el cambio en la escala de valores. La paz es lo que construye la nueva sociedad, y no el poder y la fuerza.
4° Gestos proféticos
Hay cosas en Jesús que nos desconciertan. Es más, diríamos que las hace a propósito para eso; como si con ellas nos estuviera queriendo decir algo. Una de esas cosas desconcertantes es su entrada en Jerusalén montado en un burro. Es un gesto cargado de sentido. Con El nos da unas claves de interpretación y unas coordenadas precisas para comprender quién es El, cuál es su mesianismo y su buena noticia. Como todos los gestos proféticos, tienen el valor de crear adhesiones y recelos, de romper con la indiferencia, de ponernos en la tesitura de optar.
Hoy día somos propensos a calcular, normativizar y cumplir. No queremos sentirnos desconcertados. Todo lo que se salga de la línea tendemos a devaluarlo, a quitarle fuerza. El ser prudentes, el ser razonables, guía muchas de nuestras decisiones y acciones… Nos faltan gestos proféticos: acciones que hablen con claridad y hondura, acciones que interroguen a las personas, acciones que nos desinstalen, acciones que nos sorprendan y agarren… faltan gestos proféticos entre nosotros: eclesiales, comunitarios, personales… Vivimos una fe sabida, conocida, ritual izada, sin sobresaltos… sin profetismo.
Nos proponemos a reflexionar:
- Yo también participo en la manifestación. Me preparo para ella. Recuerdo los hechos liberadores y constructores de paz que suceden en el mundo, y a quienes los protagonizan. Aclamo a Jesús por todo ello. ¿Cuál es mi grito, mi cántico?
- Me siento parte de una muchedumbre que experimenta la liberación, que participa en ella, que vence obstáculos y se convierte, poco a poco, en zona liberada del Reino y de un mundo justo, solidario y pacifico
- ¿Qué gestos proféticos puedo llevar a cabo? Todos podemos hacer que nuestra vida tenga otra dimensión. Todos podemos asumir otro talante, otra actitud. Todos podemos llevar a cabo acciones proféticas, acciones que rompan la tranquilidad en la que estamos instalados. Todos podemos… ¡Todos debemos! ¡Todos necesitamos!
- Contemplo y escucho a Jesús. Veo sus gestos. Dejo que resuenen sus palabras.
Pbro. Daniel Silva.
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Lectura del libro del profeta Isaías 50, 4-7
El mismo Señor me ha dado una lengua de discípulo, para que yo sepa reconfortar al fatigado con una palabra de aliento. Cada mañana, él despierta mi oído para que yo escuche como un discípulo.
El Señor abrió mi oído y yo no me resistí ni me volví atrás. Ofrecí mi espalda a los que me golpeaban y mis mejillas, a los que me arrancaban la barba; no retiré mi rostro cuando me ultrajaban y escupían.
Pero el Señor viene en mi ayuda: por eso, no quedé confundido; por eso, endurecí mi rostro como el pedernal, y sé muy bien que no seré defraudado. Palabra de Dios.
Salmo 21
R. Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?
Los que me ven, se burlan de mí,
hacen una mueca y mueven la cabeza, diciendo: «Confió en el Señor, que él lo libre; que lo salve, si lo quiere tanto.» R.
Me rodea una jauría de perros, me asalta una banda de malhechores; taladran mis manos y mis pies. Yo puedo contar todos mis huesos. R.
Se reparten entre sí mi ropa y sortean mi túnica. Pero tú, Señor, no te quedes lejos; tú que eres mi fuerza, ven pronto a socorrerme. R.
Yo anunciaré tu Nombre a mis hermanos, te alabaré en medio de la asamblea: «Alábenlo, los que temen al Señor; glorifíquenlo, descendientes de Jacob; témanlo, descendientes de Israel.» R.
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Filipos 2, 6-11
Jesucristo, que era de condición divina, no consideró esta igualdad con Dios como algo que debía guardar celosamente: al contrario, se anonadó a sí mismo, tomando la condición de servidor y haciéndose semejante a los hombres. Y presentándose con aspecto humano, se humilló hasta aceptar por obediencia la muerte y muerte de cruz. Por eso, Dios lo exaltó y le dio el Nombre que está sobre todo nombre, para que al nombre de Jesús, se doble toda rodilla en el cielo, en la tierra y en los abismos, y toda lengua proclame para gloria de Dios Padre: «Jesucristo es el Señor.» Palabra de Dios
Pasión de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 22,66c.23, 1b-49
Llevaron a Jesús ante el tribunal y le dijeron: «Dinos si eres el Mesías». Él les dijo: «Si yo les respondo, ustedes no me creerán, y si los interrogo, no me responderán. Pero en adelante, el Hijo del hombre se sentará a la derecha de Dios todopoderoso». Todos preguntaron: «¿Entonces eres el Hijo de Dios?». Jesús respondió: «Tienen razón, yo lo soy». Ellos dijeron: «¿Acaso necesitamos otro testimonio? Nosotros mismos lo hemos oído de su propia boca».
Después se levantó toda la asamblea y lo llevaron ante Pilato. Y comenzaron a acusarlo, diciendo: «Hemos encontrado a este hombre incitando a nuestro pueblo a la rebelión, impidiéndole pagar los impuestos al Emperador y pretendiendo ser el rey Mesías». Pilato lo interrogó, diciendo: «¿Eres tú el rey de los judíos?». «Tú lo dices», le respondió Jesús. Pilato dijo a los sumos sacerdotes y a la multitud: «No encuentro en este hombre ningún motivo de condena». Pero ellos insistían: «Subleva al pueblo con su enseñanza en toda la Judea. Comenzó en Galilea y ha llegado hasta aquí». Al oír esto, Pilato preguntó si ese hombre era galileo. Y habiéndose asegurado de que pertenecía a la jurisdicción de Herodes, se lo envió. En esos días, también Herodes se encontraba en Jerusalén.
Herodes se alegró mucho al ver a Jesús. Hacía tiempo que deseaba verlo, por lo que había oído decir de él, y esperaba que hiciera algún prodigio en su presencia. Le hizo muchas preguntas, pero Jesús no le respondió nada. Entre tanto, los sumos sacerdotes y los escribas estaban allí y lo acusaban con vehemencia. Herodes y sus guardias, después de tratarlo con desprecio y ponerlo en ridículo, lo cubrieron con un magnífico manto y lo enviaron de nuevo a Pilato. Y ese mismo día, Herodes y Pilato, que estaban enemistados, se hicieron amigos.
Pilato convocó a los sumos sacerdotes, a los jefes y al pueblo, y les dijo: «Ustedes me han traído a este hombre, acusándolo de incitar al pueblo a la rebelión. Pero yo lo interrogué delante de ustedes y no encontré ningún motivo de condena en los cargos de que lo acusan; ni tampoco Herodes, ya que él lo ha devuelto a este tribunal. Como ven, este hombre no ha hecho nada que merezca la muerte. Después de darle un escarmiento, lo dejaré en libertad».
Pero la multitud comenzó a gritar: «¡Que muera este hombre! ¡Suéltanos a Barrabás!». A Barrabás lo habían encarcelado por una sedición que tuvo lugar en la ciudad y por homicidio.
Pilato volvió a dirigirles la palabra con la intención de poner en libertad a Jesús. Pero ellos seguían gritando: «¡Crucifícalo! ¡Crucifícalo!». Por tercera vez les dijo: «¿Qué mal ha hecho este hombre? No encuentro en él nada que merezca la muerte. Después de darle un escarmiento, lo dejaré en libertad». Pero ellos insistían a gritos, reclamando que fuera crucificado, y el griterío se hacía cada vez más violento. Al fin, Pilato resolvió acceder al pedido del pueblo. Dejó en libertad al que ellos pedían, al que había sido encarcelado por sedición y homicidio, y a Jesús lo entregó al arbitrio de ellos.
Cuando lo llevaban, detuvieron a un tal Simón de Cirene, que volvía del campo, y lo cargaron con la cruz, para que la llevara detrás de Jesús. Lo seguían muchos del pueblo y un buen número de mujeres, que se golpeaban el pecho y se lamentaban por él. Pero Jesús, volviéndose hacia ellas, les dijo: «¡Hijas de Jerusalén!, no lloren por mí; lloren más bien por ustedes y por sus hijos. Porque se acerca el tiempo en que se dirá: ¡Felices las estériles, felices los senos que no concibieron y los pechos que no amamantaron! Entonces se dirá a las montañas: ¡Caigan sobre nosotros!, y a los cerros: ¡Sepúltennos! Porque si así tratan a la leña verde, ¿qué será de la leña seca?». Con él llevaban también a otros dos malhechores, para ser ejecutados.
Cuando llegaron al lugar llamado «del Cráneo», lo crucificaron junto con los malhechores, uno a su derecha y el otro a su izquierda. Jesús decía: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen». Después se repartieron sus vestiduras, sorteándolas entre ellos.
El pueblo permanecía allí y miraba. Sus jefes, burlándose, decían: «Ha salvado a otros: ¡que se salve a sí mismo, si es el Mesías de Dios, el Elegido!». También los soldados se burlaban de él y, acercándose para ofrecerle vinagre, le decían: «Si eres el rey de los judíos, ¡sálvate a ti mismo!». Sobre su cabeza había una inscripción: «Este es el rey de los judíos».
Uno de los malhechores crucificados lo insultaba, diciendo: «¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros». Pero el otro lo increpaba, diciéndole: «¿No tienes temor de Dios, tú que sufres la misma pena que él? Nosotros la sufrimos justamente, porque pagamos nuestras culpas, pero él no ha hecho nada malo». Y decía: «Jesús, acuérdate de mí cuando vengas a establecer tu Reino». Él le respondió: «Yo te aseguro que hoy estarás conmigo en el Paraíso».
Era alrededor del mediodía. El sol se eclipsó y la oscuridad cubrió toda la tierra hasta las tres de la tarde. El velo del Templo se rasgó por el medio. Jesús, con un grito, exclamó: «Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu». Y diciendo esto, expiró.
Cuando el centurión vio lo que había pasado, alabó a Dios, exclamando: «Realmente este hombre era un justo». Y la multitud que se había reunido para contemplar el espectáculo, al ver lo sucedido, regresaba golpeándose el pecho.
Todos sus amigos y las mujeres que lo habían acompañado desde Galilea permanecían a distancia, contemplando lo sucedido. Palabra del Señor.
Reflexión:
SEMANA SANTA
Los últimos días de Cuaresma
Durante la Cuaresma la Iglesia nos exhorta a una solidaridad particular con todos los que sufren y que de cualquier modo experimentan la pobreza, la miseria, la injusticia, la persecución.
En la última semana de Cuaresma la Iglesia nos exhorta a una particular y excepcional solidaridad con el mismo Cristo paciente, es la semana propiamente dicha de la Pasión del Señor, la Semana Santa.
Detenerse ante Cristo que sufre, encontrar en sí mismo la solidaridad con El, he aquí el deber y la necesidad de cada corazón humano, he aquí la prueba de la sensibilidad humana. La Semana Santa es el tiempo de la apertura más amplia de la Iglesia a la humanidad y a la vez el tiempo cumbre de la evangelización. Al solidarizarnos con el Cristo que sufre y muere, experimentamos la cercanía de lo divino y lo humano. Dios ha decidido hablarnos con el lenguaje del amor, que es más fuerte que la muerte. Juan Pablo II
DOMINGO DE RAMOS
ENTRADA SOLEMNE EN JERUSALEN
1° No es una procesión religiosa, sino una manifestación
Durante la fiesta de Pascua, en primavera, se congregaban en Jerusalén miles de peregrinos venidos del resto del país y de la diáspora (=judíos dispersos por otros países). El ambiente de la ciudad en esos días era de efervescencia nacionalista y llamativa alegría. La Pascua era la fiesta judía por excelencia, conmemoración anual de la liberación del pueblo de la esclavitud egipcia. Su celebración ponía al rojo vivo las expectativas políticas del pueblo, sus ansias de liberación y esperanza mesiánica. Era una ocasión apta para movilizaciones populares de todo tipo.
Jesús tuvo que ser muy consciente de este clima y aprovechó la ocasión que se presentaba para realizar un importante gesto profético en el mismo centro del bastión político-religioso de sus enemigos en Jerusalén, y en su mismo corazón, que era el Templo.
Los hechos narrados por este Evangelio fueron sin duda una auténtica manifestación popular, masiva y enardecida, en la que se mezclaban los más profundos sentimientos de la fe del pueblo en Dios liberador y en su Mesías, con los sentimientos nacionalistas y políticos de los más diversos signos. No se trata, pues, de una procesión religiosa ordenada, con palmas que se agitan pacíficamente al ritmo de los cantos religiosos. Aquello fue un verdadero tumulto.
2° Su mensaje: Un Mesías humilde y pacifico
El relato de Lucas, a través de gestos narrados y signos empleados, transmiten nuevamente una imagen del Mesías que rompe algunos esquemas:
a) Jesús hace una entrada en Jerusalén, no con el aire triunfal de los vencedores sino en son de paz, con la sencillez de un Rey/Mesías que viene a servir a su pueblo, sin emplear para nada el poder y la violencia. Eso es lo que significa el “entrar montado sobre un asno”, en vez de hacerlo sobre un brioso caballo, como los príncipes y generales. Con su gesto profético, Jesús se presenta como el Mesías pacifico y humilde de Zacarías (9, 9-10).
b) El gesto de “enviar a sus discípulos a la aldea de enfrente a desatar y traer un asno en que nadie se ha montado nunca” tiene su significado. Todo hace referencia al texto de Zacarías sobre el Mesías y su entrada humilde y pacífica en Jerusalén. “Desató el asno” es símbolo de desatar la profecía que había permanecido “atada” hasta entonces, porque nadie le interesaba un Mesías de esta índole. Jesús intenta que sus discípulos, con la acción de desatar el asno abran los ojos y comprendan el estilo pacífico, humilde y liberador de su mesianismo. Es el Mesías que inaugura un tiempo nuevo, en el que la profecía queda liberada.
c) “La gente extendían sus mantos sobre el camino a medida que iba avanzando”. Con este gesto reconocen a Jesús como Rey/Mesías, renuncian a su poder, a sus ideologías, y le rinden homenaje, ya que el manto es signo de poder y dignidad.
d) Pero ante un Mesías de esta índole, hay división de opiniones, “Los discípulos en masa, entusiasmados, se pusieron a alabar a Dios a gritos, por todos los milagros que habían visto. A la reacción positiva de los discípulos-si bien no todos entienden de este modo al Mesías pacifico- se contrapone la de “algunos fariseos” que, dirigiéndose a Jesús, quieren que reprenda a sus discípulos. Como siempre, los que están seguros de sí mismos tienen la osadía de censurar todo, como si todo el mundo tuviera que pensar como ellos.
3° ¡Si también tú comprendieras en este día lo que lleva a la paz!
…Jesús termina con el llanto y con esta profecía. “Pero no, no tienes ojos para verlo”. “Llegará un día…”. Cuando Lucas escribe este Evangelio, ya los romanos habían destruido Jerusalén, matado a muchos de sus habitantes y vendidos a los supervivientes como esclavos en Roma. Fue el gran desastre del pueblo judío en el año 70.
El Reino que Jesús trae pasa por el cambio en la escala de valores. La paz es lo que construye la nueva sociedad, y no el poder y la fuerza.
4° Gestos proféticos
Hay cosas en Jesús que nos desconciertan. Es más, diríamos que las hace a propósito para eso; como si con ellas nos estuviera queriendo decir algo. Una de esas cosas desconcertantes es su entrada en Jerusalén montado en un burro. Es un gesto cargado de sentido. Con El nos da unas claves de interpretación y unas coordenadas precisas para comprender quién es El, cuál es su mesianismo y su buena noticia. Como todos los gestos proféticos, tienen el valor de crear adhesiones y recelos, de romper con la indiferencia, de ponernos en la tesitura de optar.
Hoy día somos propensos a calcular, normativizar y cumplir. No queremos sentirnos desconcertados. Todo lo que se salga de la línea tendemos a devaluarlo, a quitarle fuerza. El ser prudentes, el ser razonables, guía muchas de nuestras decisiones y acciones… Nos faltan gestos proféticos: acciones que hablen con claridad y hondura, acciones que interroguen a las personas, acciones que nos desinstalen, acciones que nos sorprendan y agarren… faltan gestos proféticos entre nosotros: eclesiales, comunitarios, personales… Vivimos una fe sabida, conocida, ritual izada, sin sobresaltos… sin profetismo.
Nos proponemos a reflexionar:
- Yo también participo en la manifestación. Me preparo para ella. Recuerdo los hechos liberadores y constructores de paz que suceden en el mundo, y a quienes los protagonizan. Aclamo a Jesús por todo ello. ¿Cuál es mi grito, mi cántico?
- Me siento parte de una muchedumbre que experimenta la liberación, que participa en ella, que vence obstáculos y se convierte, poco a poco, en zona liberada del Reino y de un mundo justo, solidario y pacifico
- ¿Qué gestos proféticos puedo llevar a cabo? Todos podemos hacer que nuestra vida tenga otra dimensión. Todos podemos asumir otro talante, otra actitud. Todos podemos llevar a cabo acciones proféticas, acciones que rompan la tranquilidad en la que estamos instalados. Todos podemos… ¡Todos debemos! ¡Todos necesitamos!
- Contemplo y escucho a Jesús. Veo sus gestos. Dejo que resuenen sus palabras.
Pbro. Daniel Silva.
Te esperamos los sábados 17:00 h.
Para Compartir la Palabra de Jesús,
en la Parroquia San José:
Brandsen 4970 Villa Dominico.
Círculo Bíblico San José
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viernes, 19 de marzo de 2010
Quinto Domingo de Cuaresma, …“El que no tenga pecado, que arroje la primera piedra”
Lecturas del 21-03-10 – Ciclo C –
Lectura libro del profeta Isaías 43, 16-21
Así habla el Señor, el que abrió un camino a través del mar y un sendero entre las aguas impetuosas; el que hizo salir carros de guerra y caballos, todo un ejército de hombres aguerridos; ellos quedaron tendidos, no se levantarán, se extinguieron, se consumieron como una mecha.
No se acuerden de las cosas pasadas, no piensen en las cosas antiguas; yo estoy por hacer algo nuevo: ya está germinando, ¿no se dan cuenta?
Sí, pondré un camino en el desierto y ríos en la estepa.Me glorificarán las fieras salvajes, los chacales y los avestruces; porque haré brotar agua en el desierto y ríos en la estepa, para dar de beber a mí Pueblo, mi elegido, el Pueblo que yo me formé para que pregonara mi alabanza.
Palabra de Dios.
Salmo 125
R. ¡Grandes cosas hizo el Señor por nosotros
y estamos rebosantes de alegría!
Cuando el Señor cambió la suerte de Sión, nos parecía que soñábamos: nuestra boca se llenó de risas y nuestros labios, de canciones. R.
Hasta los mismos paganos decían: «¡El Señor hizo por ellos grandes cosas!» ¡Grandes cosas hizo el Señor por nosotros y estamos rebosantes de alegría! R.
¡Cambia, Señor, nuestra suerte como los torrentes del Négueb! Los que siembran entre lágrimas cosecharán entre canciones. R.
El sembrador va llorando cuando esparce la semilla, pero vuelve cantando cuando trae las gavillas. R.
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Filipos 3, 8-14
Hermanos: Todo me parece una desventaja comparado con el inapreciable conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor.
Por él, he sacrificado todas las cosas, a las que considero como desperdicio, con tal de ganar a Cristo y estar unido a él, no con mi propia justicia -la que procede de la Ley- sino con aquella que nace de la fe en Cristo, la que viene de Dios y se funda en la fe.
Así podré conocerlo a él, conocer el poder de su resurrección y participar de sus sufrimientos, hasta hacerme semejante a él en la muerte, a fin de llegar, si es posible, a la resurrección de entre los muertos.
Esto no quiere decir que haya alcanzado la meta ni logrado la perfección, pero sigo mi carrera con la esperanza de alcanzarla, habiendo sido yo mismo alcanzado por Cristo Jesús.
Hermanos, yo no pretendo haberlo alcanzado. Digo solamente esto: olvidándome del camino recorrido, me lanzo hacia adelante y corro en dirección a la meta, para alcanzar el premio del llamado celestial que Dios me ha hecho en Cristo Jesús. Palabra de Dios.
Lectura s. Evangelio según san Juan 8, 1-11
Jesús fue al monte de los Olivos. Al amanecer volvió al Templo, y todo el pueblo acudía a él. Entonces se sentó y comenzó a enseñarles.
Los escribas y los fariseos le trajeron a una mujer que había sido sorprendida en adulterio y, poniéndola en medio de todos, dijeron a Jesús: «Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. Moisés, en la Ley, nos ordenó apedrear a esta clase de mujeres. Y tú, ¿qué dices?» Decían esto para ponerlo a prueba, a fin de poder acusarlo.
Pero Jesús, inclinándose, comenzó a escribir en el suelo con el dedo.
Como insistían, se enderezó y les dijo: «El que no tenga pecado, que arroje la primera piedra.» E inclinándose nuevamente, siguió escribiendo en el suelo.
Al oír estas palabras, todos se retiraron, uno tras otro, comenzando por los más ancianos. Jesús quedó solo con la mujer, que permanecía allí, e incorporándose, le preguntó: «Mujer, ¿dónde están tus acusadores? ¿Alguien te ha condenado?»
Ella le respondió: «Nadie, Señor.»
«Yo tampoco te condeno, le dijo Jesús. Vete, no peques más en adelante.»
Palabra del Señor.
Reflexión:
JESUS, MISERICORDIA DEL PADRE
La mujer adúltera
Para entender mejor el texto
En Israel, el adulterio era tenido por delito público y falta contra lo prescripto por Dios. La ley lo castigaba con la muerte, tal como aparece en el Levítico 20. Pero la tradición y las costumbres hicieron de esta ley, como de tantas otras, una interpretación machista. Ya así, el adulterio del hombre casado sólo era tal si tenía relaciones con una mujer casada, pro si ésta era soltera, esclava o prostituta, no se consideraba como adulterio su falta. Para la mujer casada, bastaba que tuviera relaciones con cualquier hombre. Por otra parte, la mujer sospechosa de adulterio era sometida a una prueba pública a tomar aguas amargas. Si se le hinchaba el vientre era cierto el adulterio; si no sentía malestares, todo quedaba en falsa sospecha (Números 5, 11-31). Esta prueba la realizaban los sacerdotes. El hombre no podía ser sometido a semejante rito. En todo caso, comprobado el adulterio, los pecadores-él y/o ella-debían ser apedreados por la comunidad.
El Evangelio pone de relieve muchas veces el contraste que se da entre nuestros juicios sobre los demás (severos) y sobre nosotros mismos (indulgentes). También se observa la diferencia entre el juicio del sistema imperante (implacable) y el de Dios (misericordioso). En este pasaje vemos a los letrados y fariseos representan la dureza de una actitud antievangélica. “La mujer sorprendida en adulterio” es la imagen de un pueblo que no es inocente, pero que es habitualmente maltratado por quienes lo dominan, y maltratado en nombre de la Ley de Dios. La narración tiene de trasfondo la trampa tendida a Jesús por sus enemigos: o absolución (contra la Ley judía) o condenación (contra la ley romana, que prohibía a los judíos matar por su cuenta). El juicio de Jesús, sin embargo, es doble: a los acusadores les devuelve su pecado, y a la acusada le da el perdón, la paz y un futuro nuevo. Este modo de obrar nos manifiesta el rostro de Dios.
Un pasaje en el que hay mucho que aprender
La acogida de la pecadora. También Dios, en vez de condenar al pecador, lo acoge para que se rehabilite. La imagen de la mujer adultera junto a Jesús puede representar cualquier comunidad cristiana, a cualquiera de nosotros, que necesitamos y somos acogidos más allá de lo que nos atrevemos a pedir, más allá de lo que la sociedad y la ley nos ofrece.
Llamar las cosas por sus nombres. Jesús llama pecado al pecado: “Vete y en adelante no vuelvas a pecar” esto tiene su importancia en una sociedad y cultura que trata hasta de borrar la palabra pecado de su lenguaje. Jesús le da importancia. Su acogida, su perdón, no es una exculpación sino una rehabilitación.
Jesús pone en evidencia a los acusadores. No sabemos lo que escribía en el suelo, sobre la tierra, pero algo nos hace sospechar al ver que los acusadores se fueron marchando, empezando por los más viejos… Además lo dice con claridad: “El que no tenga pecado, que tire la primera piedra”.
No supervalorar el pecado sexual. Jesús fue siempre misericordioso, comprensivo, tolerante con esa amplia gama de debilidades humanas relacionadas con el sexo y con la astuta supervivencia de los pobres. En cambio, fue mucho más duro con la hipocresía y la injusticia de los más fuertes y poderosos. Nunca llamó “raza de víboras” a los que la religión oficial calificaba de pecadores y malditos, sino que ese insulto lo reservó precisamente para los dirigentes. Por desgracia, muchas veces, la Iglesia ha supervalorado el pecado sexual. Jesús no le quita importancia pero, desde luego, no se la da más que a otros. La comunidad cristiana debe saber localizar, al igual que Jesús, el auténtico pecado que separa de Dios y nos aisla de los hermanos.
Orar siempre con misericordia. Los acusadores niegan a la mujer adúltera la posibilidad de un cambio. No le dan porvenir. Bajo las piedras, que sostienen en las manos impacientes, no intentan sólo sepultar el pasado, sino la persona misma de Jesús, con su misericordia y perdón, liquida definitivamente el pasado y entrega a la pecadora un futuro intacto. El castigo querido por fariseos y letrados es estéril: el perdón de Jesús es creativo. Aquellos echan en cara a la mujer su culpa vergonzante, emiten juicios severos sobre los demás en relación con su culpabilidad. Jesús, no condenándola, la rehabilita como persona ante Dios, ante los demás y ante ella misma.
Lanza piedras. Qué cómodo es juzgar a las personas desde los criterios seguros. Hay personas de bien y gente indeseable; personas con solvencia y gente con antecedentes penales; bienhechores de la sociedad y malhechores, ciudadanos y emigrantes. Qué fácil y que injusto puede ser apelar a la ley para condenar a tantas personas marginadas y excluidas o incapacitadas para vivir integradas en nuestras sociedad conforme a “ley del ciudadano ideal”.
Hay comportamientos que socialmente no son admitidos. Por ejemplo, no se ve bien a las personas que están enganchadas a la droga, o a las que han caído en la prostitución, y rápidamente pasamos a enjuiciarlas: “son unas viciosas, gente de mal vivir”… solemos juzgar a los demás según nuestro modo de ver las cosas, de acuerdo a nuestra forma personal de situarnos ante la vida: “ese no sabe organizarse”, “aquella derrocha el dinero”,” vaya ideas que tiene éste”…
¿A qué tipo de personas suele juzgar con más dureza nuestra sociedad?
¿¡Qué se dice de ellas?
Y tú, ¿a quién juzgas más duramente?
• las pedradas que yo he recibido…
• las piedras que yo he lanzado.
• las piedras con las que la sociedad golpea la vida de muchas personas…
Frente a tantos enjuiciamientos y condenas fáciles, Jesús nos invita a no condenar fríamente a los demás desde la pura objetividad de una ley, sino comprenderlos desde nuestra propia conducta personal.
Antes de arrojar piedras contra nadie, hemos de saber juzgar nuestro propio pecado. Quizás descubramos entonces que lo que muchas personas necesitan no es la condena de la ley sino que alguien les ayude y les ofrezca una posibilidad de rehabilitación.
Lo que la mujer adultera necesitaba no eran piedras, sino un corazón misericordioso y una mano amiga que le ayudara a levantarse.
Cuaresma nos invita a que dejemos las piedras en el suelo…
P. Daniel Silva
En este tiempo propicio para la reconciliación, pidamos a María que nos ayude a poner en práctica las enseñanzas de este Evangelio: Que condenemos al pecado pero nunca al pecador, y que, como la mujer adúltera, tomemos la decisión firme de acudir en estos días de preparación para la Pascua, a recibir el perdón del Señor mediante el sacramento de la Confesión.
Avisos Parroquiales:
Se encuentra abierta la inscripción para:
Primera Comunión, se necesita estar cursando como mínimo tercer grado.
Confirmación, estar cursando quinto grado.
Anotarse de lunes a viernes de 17 a 19 hs. En secretaría parroquial.
19 de Marzo: San José. Ver programa con los horarios de las Fiestas Patronales.
Lecturas de la semana:
Lunes 22: Dn. 13, 1-9.15-17.19-30.33-62; Sal. 22; Jn. 8, 12-20.
Martes 23: Nm. 21, 4-9; Sal. 101; Jn. 8, 21-30.
Miércoles 24: Dn. 3,14-20. 91-92. 95; Sal. Dn. 3, 52-56; Jn. 8, 31-42.
Jueves 25: Is. 7, 10-14. 8, 10; Sal. 39; Heb. 10, 4-10; Lc. 1.26-38.
Viernes 26: Jr. 20, 10-13; 88; Sal. 17; Jn. 10, 31-42.
Sábado 27: Ez. 37, 21-28; Sal. Jr. 31, 10-23; Jn. 11, 45-57.
Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las reflexiones que acompañan las lecturas, textos de distintos autores: El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y Maria.
Te esperamos los sábados 17:00 h.
Para Compartir la Palabra de Jesús,
en la Parroquia San José:
Brandsen 4970 Villa Dominico.
Círculo Bíblico San José
miencuentroconjesus@yahoo.com.ar
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Lectura libro del profeta Isaías 43, 16-21
Así habla el Señor, el que abrió un camino a través del mar y un sendero entre las aguas impetuosas; el que hizo salir carros de guerra y caballos, todo un ejército de hombres aguerridos; ellos quedaron tendidos, no se levantarán, se extinguieron, se consumieron como una mecha.
No se acuerden de las cosas pasadas, no piensen en las cosas antiguas; yo estoy por hacer algo nuevo: ya está germinando, ¿no se dan cuenta?
Sí, pondré un camino en el desierto y ríos en la estepa.Me glorificarán las fieras salvajes, los chacales y los avestruces; porque haré brotar agua en el desierto y ríos en la estepa, para dar de beber a mí Pueblo, mi elegido, el Pueblo que yo me formé para que pregonara mi alabanza.
Palabra de Dios.
Salmo 125
R. ¡Grandes cosas hizo el Señor por nosotros
y estamos rebosantes de alegría!
Cuando el Señor cambió la suerte de Sión, nos parecía que soñábamos: nuestra boca se llenó de risas y nuestros labios, de canciones. R.
Hasta los mismos paganos decían: «¡El Señor hizo por ellos grandes cosas!» ¡Grandes cosas hizo el Señor por nosotros y estamos rebosantes de alegría! R.
¡Cambia, Señor, nuestra suerte como los torrentes del Négueb! Los que siembran entre lágrimas cosecharán entre canciones. R.
El sembrador va llorando cuando esparce la semilla, pero vuelve cantando cuando trae las gavillas. R.
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Filipos 3, 8-14
Hermanos: Todo me parece una desventaja comparado con el inapreciable conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor.
Por él, he sacrificado todas las cosas, a las que considero como desperdicio, con tal de ganar a Cristo y estar unido a él, no con mi propia justicia -la que procede de la Ley- sino con aquella que nace de la fe en Cristo, la que viene de Dios y se funda en la fe.
Así podré conocerlo a él, conocer el poder de su resurrección y participar de sus sufrimientos, hasta hacerme semejante a él en la muerte, a fin de llegar, si es posible, a la resurrección de entre los muertos.
Esto no quiere decir que haya alcanzado la meta ni logrado la perfección, pero sigo mi carrera con la esperanza de alcanzarla, habiendo sido yo mismo alcanzado por Cristo Jesús.
Hermanos, yo no pretendo haberlo alcanzado. Digo solamente esto: olvidándome del camino recorrido, me lanzo hacia adelante y corro en dirección a la meta, para alcanzar el premio del llamado celestial que Dios me ha hecho en Cristo Jesús. Palabra de Dios.
Lectura s. Evangelio según san Juan 8, 1-11
Jesús fue al monte de los Olivos. Al amanecer volvió al Templo, y todo el pueblo acudía a él. Entonces se sentó y comenzó a enseñarles.
Los escribas y los fariseos le trajeron a una mujer que había sido sorprendida en adulterio y, poniéndola en medio de todos, dijeron a Jesús: «Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. Moisés, en la Ley, nos ordenó apedrear a esta clase de mujeres. Y tú, ¿qué dices?» Decían esto para ponerlo a prueba, a fin de poder acusarlo.
Pero Jesús, inclinándose, comenzó a escribir en el suelo con el dedo.
Como insistían, se enderezó y les dijo: «El que no tenga pecado, que arroje la primera piedra.» E inclinándose nuevamente, siguió escribiendo en el suelo.
Al oír estas palabras, todos se retiraron, uno tras otro, comenzando por los más ancianos. Jesús quedó solo con la mujer, que permanecía allí, e incorporándose, le preguntó: «Mujer, ¿dónde están tus acusadores? ¿Alguien te ha condenado?»
Ella le respondió: «Nadie, Señor.»
«Yo tampoco te condeno, le dijo Jesús. Vete, no peques más en adelante.»
Palabra del Señor.
Reflexión:
JESUS, MISERICORDIA DEL PADRE
La mujer adúltera
Para entender mejor el texto
En Israel, el adulterio era tenido por delito público y falta contra lo prescripto por Dios. La ley lo castigaba con la muerte, tal como aparece en el Levítico 20. Pero la tradición y las costumbres hicieron de esta ley, como de tantas otras, una interpretación machista. Ya así, el adulterio del hombre casado sólo era tal si tenía relaciones con una mujer casada, pro si ésta era soltera, esclava o prostituta, no se consideraba como adulterio su falta. Para la mujer casada, bastaba que tuviera relaciones con cualquier hombre. Por otra parte, la mujer sospechosa de adulterio era sometida a una prueba pública a tomar aguas amargas. Si se le hinchaba el vientre era cierto el adulterio; si no sentía malestares, todo quedaba en falsa sospecha (Números 5, 11-31). Esta prueba la realizaban los sacerdotes. El hombre no podía ser sometido a semejante rito. En todo caso, comprobado el adulterio, los pecadores-él y/o ella-debían ser apedreados por la comunidad.
El Evangelio pone de relieve muchas veces el contraste que se da entre nuestros juicios sobre los demás (severos) y sobre nosotros mismos (indulgentes). También se observa la diferencia entre el juicio del sistema imperante (implacable) y el de Dios (misericordioso). En este pasaje vemos a los letrados y fariseos representan la dureza de una actitud antievangélica. “La mujer sorprendida en adulterio” es la imagen de un pueblo que no es inocente, pero que es habitualmente maltratado por quienes lo dominan, y maltratado en nombre de la Ley de Dios. La narración tiene de trasfondo la trampa tendida a Jesús por sus enemigos: o absolución (contra la Ley judía) o condenación (contra la ley romana, que prohibía a los judíos matar por su cuenta). El juicio de Jesús, sin embargo, es doble: a los acusadores les devuelve su pecado, y a la acusada le da el perdón, la paz y un futuro nuevo. Este modo de obrar nos manifiesta el rostro de Dios.
Un pasaje en el que hay mucho que aprender
La acogida de la pecadora. También Dios, en vez de condenar al pecador, lo acoge para que se rehabilite. La imagen de la mujer adultera junto a Jesús puede representar cualquier comunidad cristiana, a cualquiera de nosotros, que necesitamos y somos acogidos más allá de lo que nos atrevemos a pedir, más allá de lo que la sociedad y la ley nos ofrece.
Llamar las cosas por sus nombres. Jesús llama pecado al pecado: “Vete y en adelante no vuelvas a pecar” esto tiene su importancia en una sociedad y cultura que trata hasta de borrar la palabra pecado de su lenguaje. Jesús le da importancia. Su acogida, su perdón, no es una exculpación sino una rehabilitación.
Jesús pone en evidencia a los acusadores. No sabemos lo que escribía en el suelo, sobre la tierra, pero algo nos hace sospechar al ver que los acusadores se fueron marchando, empezando por los más viejos… Además lo dice con claridad: “El que no tenga pecado, que tire la primera piedra”.
No supervalorar el pecado sexual. Jesús fue siempre misericordioso, comprensivo, tolerante con esa amplia gama de debilidades humanas relacionadas con el sexo y con la astuta supervivencia de los pobres. En cambio, fue mucho más duro con la hipocresía y la injusticia de los más fuertes y poderosos. Nunca llamó “raza de víboras” a los que la religión oficial calificaba de pecadores y malditos, sino que ese insulto lo reservó precisamente para los dirigentes. Por desgracia, muchas veces, la Iglesia ha supervalorado el pecado sexual. Jesús no le quita importancia pero, desde luego, no se la da más que a otros. La comunidad cristiana debe saber localizar, al igual que Jesús, el auténtico pecado que separa de Dios y nos aisla de los hermanos.
Orar siempre con misericordia. Los acusadores niegan a la mujer adúltera la posibilidad de un cambio. No le dan porvenir. Bajo las piedras, que sostienen en las manos impacientes, no intentan sólo sepultar el pasado, sino la persona misma de Jesús, con su misericordia y perdón, liquida definitivamente el pasado y entrega a la pecadora un futuro intacto. El castigo querido por fariseos y letrados es estéril: el perdón de Jesús es creativo. Aquellos echan en cara a la mujer su culpa vergonzante, emiten juicios severos sobre los demás en relación con su culpabilidad. Jesús, no condenándola, la rehabilita como persona ante Dios, ante los demás y ante ella misma.
Lanza piedras. Qué cómodo es juzgar a las personas desde los criterios seguros. Hay personas de bien y gente indeseable; personas con solvencia y gente con antecedentes penales; bienhechores de la sociedad y malhechores, ciudadanos y emigrantes. Qué fácil y que injusto puede ser apelar a la ley para condenar a tantas personas marginadas y excluidas o incapacitadas para vivir integradas en nuestras sociedad conforme a “ley del ciudadano ideal”.
Hay comportamientos que socialmente no son admitidos. Por ejemplo, no se ve bien a las personas que están enganchadas a la droga, o a las que han caído en la prostitución, y rápidamente pasamos a enjuiciarlas: “son unas viciosas, gente de mal vivir”… solemos juzgar a los demás según nuestro modo de ver las cosas, de acuerdo a nuestra forma personal de situarnos ante la vida: “ese no sabe organizarse”, “aquella derrocha el dinero”,” vaya ideas que tiene éste”…
¿A qué tipo de personas suele juzgar con más dureza nuestra sociedad?
¿¡Qué se dice de ellas?
Y tú, ¿a quién juzgas más duramente?
• las pedradas que yo he recibido…
• las piedras que yo he lanzado.
• las piedras con las que la sociedad golpea la vida de muchas personas…
Frente a tantos enjuiciamientos y condenas fáciles, Jesús nos invita a no condenar fríamente a los demás desde la pura objetividad de una ley, sino comprenderlos desde nuestra propia conducta personal.
Antes de arrojar piedras contra nadie, hemos de saber juzgar nuestro propio pecado. Quizás descubramos entonces que lo que muchas personas necesitan no es la condena de la ley sino que alguien les ayude y les ofrezca una posibilidad de rehabilitación.
Lo que la mujer adultera necesitaba no eran piedras, sino un corazón misericordioso y una mano amiga que le ayudara a levantarse.
Cuaresma nos invita a que dejemos las piedras en el suelo…
P. Daniel Silva
En este tiempo propicio para la reconciliación, pidamos a María que nos ayude a poner en práctica las enseñanzas de este Evangelio: Que condenemos al pecado pero nunca al pecador, y que, como la mujer adúltera, tomemos la decisión firme de acudir en estos días de preparación para la Pascua, a recibir el perdón del Señor mediante el sacramento de la Confesión.
Avisos Parroquiales:
Se encuentra abierta la inscripción para:
Primera Comunión, se necesita estar cursando como mínimo tercer grado.
Confirmación, estar cursando quinto grado.
Anotarse de lunes a viernes de 17 a 19 hs. En secretaría parroquial.
19 de Marzo: San José. Ver programa con los horarios de las Fiestas Patronales.
Lecturas de la semana:
Lunes 22: Dn. 13, 1-9.15-17.19-30.33-62; Sal. 22; Jn. 8, 12-20.
Martes 23: Nm. 21, 4-9; Sal. 101; Jn. 8, 21-30.
Miércoles 24: Dn. 3,14-20. 91-92. 95; Sal. Dn. 3, 52-56; Jn. 8, 31-42.
Jueves 25: Is. 7, 10-14. 8, 10; Sal. 39; Heb. 10, 4-10; Lc. 1.26-38.
Viernes 26: Jr. 20, 10-13; 88; Sal. 17; Jn. 10, 31-42.
Sábado 27: Ez. 37, 21-28; Sal. Jr. 31, 10-23; Jn. 11, 45-57.
Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las reflexiones que acompañan las lecturas, textos de distintos autores: El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y Maria.
Te esperamos los sábados 17:00 h.
Para Compartir la Palabra de Jesús,
en la Parroquia San José:
Brandsen 4970 Villa Dominico.
Círculo Bíblico San José
miencuentroconjesus@yahoo.com.ar
http://miencuentroconjesus1.blogspot.com
domingo, 14 de marzo de 2010
Cuarto Domingo de Cuaresma, “Ahora mismo iré a la casa de mi padre y le diré: Padre, pequé contra el Cielo y contra ti…”
Lecturas del 14-03-10 – Ciclo C –
Libro de Josué 4,19; 5, 9a. 10-12
El pueblo salió del Jordán el día diez del primer mes, y estableció su campamento en Guilgal, en el extremo oriental de Jericó.
El Señor dijo a Josué: «Hoy he quitado de encima de ustedes el oprobio de Egipto.»
Los israelitas acamparon en Guilgal, y el catorce del mes, por la tarde, celebraron la Pascua en la llanura de Jericó.
Al día siguiente de la Pascua, comieron de los productos del país -pan sin levadura y granos tostados- ese mismo día.
El maná dejó de caer al día siguiente, cuando comieron los productos del país. Ya no hubo más maná para los israelitas, y aquel año comieron los frutos de la tierra de Canaán. Palabra de Dios.
Salmo 33
R. ¡Gusten y vean que bueno es el Señor!
Bendeciré al Señor en todo tiempo, su alabanza estará siempre en mis labios.
Mi alma se gloría en el Señor: que lo oigan los humildes y se alegren. R.
Glorifiquen conmigo al Señor, alabemos su Nombre todos juntos.
Busqué al Señor: él me respondió y me libró de todos mis temores. R.
Miren hacia él y quedarán resplandecientes, y sus rostros no se avergonzarán.
Este pobre hombre invocó al Señor: él lo escuchó y lo salvó de sus angustias. R.
Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Corinto 5, 17-21
Hermanos:
El que vive en Cristo es una nueva criatura: lo antiguo ha desaparecido, un ser nuevo se ha hecho presente.
Y todo esto procede de Dios, que nos reconcilió con él por intermedio de Cristo y nos confió el ministerio de la reconciliación. Porque es Dios el que estaba en Cristo, reconciliando al mundo consigo, no teniendo en cuenta los pecados de los hombres, y confiándonos la palabra de la reconciliación.
Nosotros somos, entonces, embajadores de Cristo, y es Dios el que exhorta a los hombres por intermedio nuestro.
Por eso, les suplicamos en nombre de Cristo: Déjense reconciliar con Dios.
A aquel que no conoció el pecado, Dios lo identificó con el pecado en favor nuestro, a fin de que nosotros seamos justificados por él.
Palabra de Dios.
S. Evangelio según san Lucas 15, 1-3. 11-32
Todos los publícanos y pecadores se acercaban a Jesús para escucharlo. Los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: «Este hombre recibe a los pecadores y come con ellos.» Jesús les dijo entonces esta parábola:
«Un hombre tenía dos hijos. El menor de ellos dijo a su padre: "Padre, dame la parte de herencia que me corresponde." Y el padre les repartió sus bienes. Pocos días después, el hijo menor recogió todo lo que tenía y se fue a un país lejano, donde malgastó sus bienes en una vida licenciosa.
Ya había gastado todo, cuando sobrevino mucha miseria en aquel país, y comenzó a sufrir privaciones.
Entonces se puso al servicio de uno de los habitantes de esa región, que lo envió a su campo para cuidar cerdos. El hubiera deseado calmar su hambre con las bellotas que comían los cerdos, pero nadie se las daba.
Entonces recapacitó y dijo: "¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan en abundancia, y yo estoy aquí muriéndome de hambre!" Ahora mismo iré a la casa de mi padre y le diré: "Padre, pequé contra el Cielo y contra ti; ya no merezco ser llamado hijo tuyo, trátame como a uno de tus jornaleros."
Entonces partió y volvió a la casa de su padre. Cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió profundamente, corrió a su encuentro, lo abrazó y lo besó.
El joven le dijo: "Padre, pequé contra el Cielo y contra ti; no merezco ser llamado hijo tuyo."
Pero el padre dijo a sus servidores: "Traigan enseguida la mejor ropa y vístanlo, pónganle un anillo en el dedo y sandalias en los pies. Traigan el ternero engordado y mátenlo. Comamos y festejemos, porque mi hijo estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y fue encontrado." Y comenzó la fiesta.
El hijo mayor estaba en el campo. Al volver, ya cerca de la casa, oyó la música y los coros que acompañaban la danza. Y llamando a uno de los sirvientes, le preguntó qué significaba eso.
El le respondió: "Tu hermano ha regresado, y tu padre hizo matar el ternero engordado, porque lo ha recobrado sano y salvo."
El se enojó y no quiso entrar. Su padre salió para rogarle que entrara, pero él le respondió: "Hace tantos años que te sirvo sin haber desobedecido jamás ni una sola de tus órdenes, y nunca me diste un cabrito para hacer una fiesta con mis amigos. ¡Y ahora que ese hijo tuyo ha vuelto, después de haber gastado tus bienes con mujeres, haces matar para él el ternero engordado!"
Pero el padre le dijo: "Hijo mío, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo. Es justo que haya fiesta y alegría, porque tu hermano estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido encontrado."» Palabra del Señor
Reflexión
A través de esta lectura nuestro Señor dirige una emotiva llamada a la conversión, a recomenzar con un nuevo ardor en nuestra vida cristiana, la parábola del “Padre misericordioso”, nos deja una enseñanza y es que nuestro Padre, siempre nos espera, la vuelta a Dios es siempre posible, por disparatados que hayan sido nuestros caminos en el pasado. Tomar conciencia que vamos por el camino incorrecto (arrepentirse), volver a transitar el camino de Dios (convertirse), recomenzar: tres etapas necesarias y sucesivas en el itinerario de nuestra vida espiritual.
"Dejaos reconciliar con Dios", he aquí una clave de lectura de los textos litúrgicos de este domingo de cuaresma. En la primera lectura Dios se reconcilia con su pueblo, concediéndole entrar en la tierra prometida, después de cuarenta años de vagar sin rumbo por el desierto. En la parábola evangélica el padre se reconcilia con el hijo menor, y, aunque no tan claramente, también con el hijo mayor. Finalmente, en la segunda lectura, san Pablo nos enseña que Dios nos ha reconciliado consigo mismo por medio de Cristo y nos ha confiado el ministerio de la reconciliación.
Todo, en esta parábola, es sorprendente; nunca había sido descrito Dios a los hombres con estos rasgos. Tiene un poder increíble para actuar en la mente, en el corazón, en la fantasía, en la memoria. Sabe tocar los puntos más diversos: el arrepentimiento, la vergüenza, la nostalgia.
¿Pero quiénes eran los pecadores, qué categoría de personas era designada con este término?
Los fariseos tenían una visión propia de la ley y de lo que es conforme o contrario a ella, y consideraban réprobos a todos los que no se conformaban con su rígida interpretación de la ley. Pecadores, en resumen, eran para ellos todos los que no seguían sus tradiciones y dictámenes.
Jesús condena este proceder estableciendo por cuenta propia cuál es la verdadera justicia y despreciar a los demás, negándoles hasta la posibilidad de cambiar.
Jesús se opuso a las empalizadas que se levantaban en el cuerpo de Israel, por las cuales algunos israelitas eran tratados como si estuvieran fuera de la alianza y excluidos de la gracia de Dios.
El evangelio comienza diciendo “Un hombre tenía dos hijos” y podemos preguntarnos a cuál de los dos hijos nos gustaría parecernos: uno no había sabido entregar su alma; el otro no había sabido entregar su corazón. Ambos han entristecido a su padre; ambos se han mostrado duros con él; ambos han ignorado su bondad. Uno por su desobediencia y el otro “a pesar” de su obediencia.
¿A cuál nos gustaría parecernos? ¿Al dilapidador? ¿Al calculador?
No hay en la parábola un tercer hijo al que pudiéramos referirnos y, por lo tanto, nos vemos obligados a convenir en que somos el uno o el otro... o tal vez el uno “y” el otro.
Se nos muestran dos hijos muy singulares, pero también un padre singular, un padre que no hace nada para oponerse al capricho insolente y estúpido de su hijo menor, sin reprocharle nada. Y el final de la historia no es más edificante que el comienzo. Cuando el hijo mayor se niega a tomar parte en el banquete, es el padre quien tiene que molestarse en rogarle que entre.
¿Qué clase de casa es ésa, en la que son los hijos los que mandan? ¿Cuándo se decidirá de una vez ese padre a decir: “quiero”, “mando”?
Parece realmente que este padre es un padre que no ha sabido educar a sus hijos.
Pero...., no nos encontramos en una casa de la tierra. Ese padre que pide en lugar de mandar, que da y no sabe decir no, que perdona en lugar de castigar... Ese padre que no tiene igual aquí abajo: es nuestro Padre del Cielo. Ese Padre de quien San Juan nos ha dado a conocer el nombre: “Dios es amor”.
Es fácil reconocerlo en la parábola. Ese Dios que calla y desaparece, ese Dios que da y que perdona... nos ha puesto una sola ley: amarás. El amor, es la única ley en la casa del Padre.
Pero el amor tiene por condición la libertad. No hay ser humano que pueda ser obligado a amar. La libertad es condición del amor. Dios, que nos ama y porque nos ama, y porque espera de nosotros amor y no quiere de nosotros más que amor; ha corrido el gran riesgo del amor; y para nosotros el gran riesgo de la libertad.
Tenemos –quizás por desgracia-, ese prodigioso y triste poder de negarle o regatearle a Dios nuestro amor. Es la historia de esos dos hijos de la parábola: la historia del pecado. Nuestra propia historia.
El hijo menor abandonó a su padre, no porque deseara llevar una vida disoluta, sino porque no quería seguir obedeciendo a su padre; Su pecado comenzó el día en que dejó de amar a su padre por encima de todo y más que a sí mismo. El pecado estuvo antes en su espíritu. Ahí es donde siempre hay que descubrir el pecado.
Después del pecado del rebelde, del infiel;... viene el pecado discreto, insospechado, el pecado de la mayor parte de nosotros, el pecado del hijo mayor, pues él era exteriormente el modelo de obediencia.
Ese hijo no ha desobedecido nunca, justo al revés que el hijo menor. Se le podría citar como ejemplo; Detrás de ese exterior suyo virtuoso, se muestran de repente los malos sentimientos. En un instante, ese modelo de obediencia va a revelarse como ambicioso, envidioso, avaro, malvado, duro.
Asimismo pasa con nosotros. Quizás nos toman por mejores que los demás. Nosotros mismos pensamos con naturalidad que, cuando se habla de pecadores, se trata de los demás.
Es un buen momento para preguntarnos ¿Cómo no sentimos nosotros? Todos somos egoístas, todos somos pecadores. Habría motivos para desesperarse, si nuestro Señor no hubiera venido a llamar a los pecadores y si a los justos.
Por eso nuestra parábola termina con alegría que se desborda y se convierte en fiesta. Aquel padre no cabe en sí y no sabe qué inventar: ordena sacar el vestido de lujo, el anillo con el sello de familia, matar el ternero cebado, y dice a todos: «Comamos y celebremos una fiesta, porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido hallado».
Pidamos al Señor hoy, la gracia de una sincera conversión que nos haga capaces de volver a Dios, desde el lugar en que estemos hoy.
Avisos Parroquiales:
Se encuentra abierta la inscripción para:
Primera Comunión, se necesita estar cursando como mínimo tercer grado.
Confirmación, estar cursando quinto grado.
Anotarse de lunes a viernes de 17 a 19 hs. En secretaría parroquial.
19 de Marzo: San José. Ver programa con los horarios de las Fiestas Patronales.
Lecturas de la semana:
Lunes 15: Is. 65, 17-21; Sal. 29; Jn. 4, 43-54.
Martes 16: Ez. 47, 1-9.12; Sal. 45; Jn. 5, 1-3.5-16.
Miércoles 17: Is. 48, 8-15; Sal. 144; Jn. 5, 17-30.
Jueves 18: Ex. 32, 7-14; Sal. 105; Jn. 5, 31-47.
Viernes 19: 2Sm. 7,4-5ª.12-14ª.16; Sal. 88; Rm. 4, 13. 16-18.22; Mt. 1, 16. 18-21.24a.
Sábado 20: Jr. 11, 18-20; Sal. 7; Jn. 7, 40-53.
Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las reflexiones que acompañan las lecturas, textos de distintos autores: El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y Maria y reflexiones del P. Raniero Cantalamessa.
Te esperamos los sábados 17:00 h.
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Libro de Josué 4,19; 5, 9a. 10-12
El pueblo salió del Jordán el día diez del primer mes, y estableció su campamento en Guilgal, en el extremo oriental de Jericó.
El Señor dijo a Josué: «Hoy he quitado de encima de ustedes el oprobio de Egipto.»
Los israelitas acamparon en Guilgal, y el catorce del mes, por la tarde, celebraron la Pascua en la llanura de Jericó.
Al día siguiente de la Pascua, comieron de los productos del país -pan sin levadura y granos tostados- ese mismo día.
El maná dejó de caer al día siguiente, cuando comieron los productos del país. Ya no hubo más maná para los israelitas, y aquel año comieron los frutos de la tierra de Canaán. Palabra de Dios.
Salmo 33
R. ¡Gusten y vean que bueno es el Señor!
Bendeciré al Señor en todo tiempo, su alabanza estará siempre en mis labios.
Mi alma se gloría en el Señor: que lo oigan los humildes y se alegren. R.
Glorifiquen conmigo al Señor, alabemos su Nombre todos juntos.
Busqué al Señor: él me respondió y me libró de todos mis temores. R.
Miren hacia él y quedarán resplandecientes, y sus rostros no se avergonzarán.
Este pobre hombre invocó al Señor: él lo escuchó y lo salvó de sus angustias. R.
Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Corinto 5, 17-21
Hermanos:
El que vive en Cristo es una nueva criatura: lo antiguo ha desaparecido, un ser nuevo se ha hecho presente.
Y todo esto procede de Dios, que nos reconcilió con él por intermedio de Cristo y nos confió el ministerio de la reconciliación. Porque es Dios el que estaba en Cristo, reconciliando al mundo consigo, no teniendo en cuenta los pecados de los hombres, y confiándonos la palabra de la reconciliación.
Nosotros somos, entonces, embajadores de Cristo, y es Dios el que exhorta a los hombres por intermedio nuestro.
Por eso, les suplicamos en nombre de Cristo: Déjense reconciliar con Dios.
A aquel que no conoció el pecado, Dios lo identificó con el pecado en favor nuestro, a fin de que nosotros seamos justificados por él.
Palabra de Dios.
S. Evangelio según san Lucas 15, 1-3. 11-32
Todos los publícanos y pecadores se acercaban a Jesús para escucharlo. Los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: «Este hombre recibe a los pecadores y come con ellos.» Jesús les dijo entonces esta parábola:
«Un hombre tenía dos hijos. El menor de ellos dijo a su padre: "Padre, dame la parte de herencia que me corresponde." Y el padre les repartió sus bienes. Pocos días después, el hijo menor recogió todo lo que tenía y se fue a un país lejano, donde malgastó sus bienes en una vida licenciosa.
Ya había gastado todo, cuando sobrevino mucha miseria en aquel país, y comenzó a sufrir privaciones.
Entonces se puso al servicio de uno de los habitantes de esa región, que lo envió a su campo para cuidar cerdos. El hubiera deseado calmar su hambre con las bellotas que comían los cerdos, pero nadie se las daba.
Entonces recapacitó y dijo: "¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan en abundancia, y yo estoy aquí muriéndome de hambre!" Ahora mismo iré a la casa de mi padre y le diré: "Padre, pequé contra el Cielo y contra ti; ya no merezco ser llamado hijo tuyo, trátame como a uno de tus jornaleros."
Entonces partió y volvió a la casa de su padre. Cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió profundamente, corrió a su encuentro, lo abrazó y lo besó.
El joven le dijo: "Padre, pequé contra el Cielo y contra ti; no merezco ser llamado hijo tuyo."
Pero el padre dijo a sus servidores: "Traigan enseguida la mejor ropa y vístanlo, pónganle un anillo en el dedo y sandalias en los pies. Traigan el ternero engordado y mátenlo. Comamos y festejemos, porque mi hijo estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y fue encontrado." Y comenzó la fiesta.
El hijo mayor estaba en el campo. Al volver, ya cerca de la casa, oyó la música y los coros que acompañaban la danza. Y llamando a uno de los sirvientes, le preguntó qué significaba eso.
El le respondió: "Tu hermano ha regresado, y tu padre hizo matar el ternero engordado, porque lo ha recobrado sano y salvo."
El se enojó y no quiso entrar. Su padre salió para rogarle que entrara, pero él le respondió: "Hace tantos años que te sirvo sin haber desobedecido jamás ni una sola de tus órdenes, y nunca me diste un cabrito para hacer una fiesta con mis amigos. ¡Y ahora que ese hijo tuyo ha vuelto, después de haber gastado tus bienes con mujeres, haces matar para él el ternero engordado!"
Pero el padre le dijo: "Hijo mío, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo. Es justo que haya fiesta y alegría, porque tu hermano estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido encontrado."» Palabra del Señor
Reflexión
A través de esta lectura nuestro Señor dirige una emotiva llamada a la conversión, a recomenzar con un nuevo ardor en nuestra vida cristiana, la parábola del “Padre misericordioso”, nos deja una enseñanza y es que nuestro Padre, siempre nos espera, la vuelta a Dios es siempre posible, por disparatados que hayan sido nuestros caminos en el pasado. Tomar conciencia que vamos por el camino incorrecto (arrepentirse), volver a transitar el camino de Dios (convertirse), recomenzar: tres etapas necesarias y sucesivas en el itinerario de nuestra vida espiritual.
"Dejaos reconciliar con Dios", he aquí una clave de lectura de los textos litúrgicos de este domingo de cuaresma. En la primera lectura Dios se reconcilia con su pueblo, concediéndole entrar en la tierra prometida, después de cuarenta años de vagar sin rumbo por el desierto. En la parábola evangélica el padre se reconcilia con el hijo menor, y, aunque no tan claramente, también con el hijo mayor. Finalmente, en la segunda lectura, san Pablo nos enseña que Dios nos ha reconciliado consigo mismo por medio de Cristo y nos ha confiado el ministerio de la reconciliación.
Todo, en esta parábola, es sorprendente; nunca había sido descrito Dios a los hombres con estos rasgos. Tiene un poder increíble para actuar en la mente, en el corazón, en la fantasía, en la memoria. Sabe tocar los puntos más diversos: el arrepentimiento, la vergüenza, la nostalgia.
¿Pero quiénes eran los pecadores, qué categoría de personas era designada con este término?
Los fariseos tenían una visión propia de la ley y de lo que es conforme o contrario a ella, y consideraban réprobos a todos los que no se conformaban con su rígida interpretación de la ley. Pecadores, en resumen, eran para ellos todos los que no seguían sus tradiciones y dictámenes.
Jesús condena este proceder estableciendo por cuenta propia cuál es la verdadera justicia y despreciar a los demás, negándoles hasta la posibilidad de cambiar.
Jesús se opuso a las empalizadas que se levantaban en el cuerpo de Israel, por las cuales algunos israelitas eran tratados como si estuvieran fuera de la alianza y excluidos de la gracia de Dios.
El evangelio comienza diciendo “Un hombre tenía dos hijos” y podemos preguntarnos a cuál de los dos hijos nos gustaría parecernos: uno no había sabido entregar su alma; el otro no había sabido entregar su corazón. Ambos han entristecido a su padre; ambos se han mostrado duros con él; ambos han ignorado su bondad. Uno por su desobediencia y el otro “a pesar” de su obediencia.
¿A cuál nos gustaría parecernos? ¿Al dilapidador? ¿Al calculador?
No hay en la parábola un tercer hijo al que pudiéramos referirnos y, por lo tanto, nos vemos obligados a convenir en que somos el uno o el otro... o tal vez el uno “y” el otro.
Se nos muestran dos hijos muy singulares, pero también un padre singular, un padre que no hace nada para oponerse al capricho insolente y estúpido de su hijo menor, sin reprocharle nada. Y el final de la historia no es más edificante que el comienzo. Cuando el hijo mayor se niega a tomar parte en el banquete, es el padre quien tiene que molestarse en rogarle que entre.
¿Qué clase de casa es ésa, en la que son los hijos los que mandan? ¿Cuándo se decidirá de una vez ese padre a decir: “quiero”, “mando”?
Parece realmente que este padre es un padre que no ha sabido educar a sus hijos.
Pero...., no nos encontramos en una casa de la tierra. Ese padre que pide en lugar de mandar, que da y no sabe decir no, que perdona en lugar de castigar... Ese padre que no tiene igual aquí abajo: es nuestro Padre del Cielo. Ese Padre de quien San Juan nos ha dado a conocer el nombre: “Dios es amor”.
Es fácil reconocerlo en la parábola. Ese Dios que calla y desaparece, ese Dios que da y que perdona... nos ha puesto una sola ley: amarás. El amor, es la única ley en la casa del Padre.
Pero el amor tiene por condición la libertad. No hay ser humano que pueda ser obligado a amar. La libertad es condición del amor. Dios, que nos ama y porque nos ama, y porque espera de nosotros amor y no quiere de nosotros más que amor; ha corrido el gran riesgo del amor; y para nosotros el gran riesgo de la libertad.
Tenemos –quizás por desgracia-, ese prodigioso y triste poder de negarle o regatearle a Dios nuestro amor. Es la historia de esos dos hijos de la parábola: la historia del pecado. Nuestra propia historia.
El hijo menor abandonó a su padre, no porque deseara llevar una vida disoluta, sino porque no quería seguir obedeciendo a su padre; Su pecado comenzó el día en que dejó de amar a su padre por encima de todo y más que a sí mismo. El pecado estuvo antes en su espíritu. Ahí es donde siempre hay que descubrir el pecado.
Después del pecado del rebelde, del infiel;... viene el pecado discreto, insospechado, el pecado de la mayor parte de nosotros, el pecado del hijo mayor, pues él era exteriormente el modelo de obediencia.
Ese hijo no ha desobedecido nunca, justo al revés que el hijo menor. Se le podría citar como ejemplo; Detrás de ese exterior suyo virtuoso, se muestran de repente los malos sentimientos. En un instante, ese modelo de obediencia va a revelarse como ambicioso, envidioso, avaro, malvado, duro.
Asimismo pasa con nosotros. Quizás nos toman por mejores que los demás. Nosotros mismos pensamos con naturalidad que, cuando se habla de pecadores, se trata de los demás.
Es un buen momento para preguntarnos ¿Cómo no sentimos nosotros? Todos somos egoístas, todos somos pecadores. Habría motivos para desesperarse, si nuestro Señor no hubiera venido a llamar a los pecadores y si a los justos.
Por eso nuestra parábola termina con alegría que se desborda y se convierte en fiesta. Aquel padre no cabe en sí y no sabe qué inventar: ordena sacar el vestido de lujo, el anillo con el sello de familia, matar el ternero cebado, y dice a todos: «Comamos y celebremos una fiesta, porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido hallado».
Pidamos al Señor hoy, la gracia de una sincera conversión que nos haga capaces de volver a Dios, desde el lugar en que estemos hoy.
Avisos Parroquiales:
Se encuentra abierta la inscripción para:
Primera Comunión, se necesita estar cursando como mínimo tercer grado.
Confirmación, estar cursando quinto grado.
Anotarse de lunes a viernes de 17 a 19 hs. En secretaría parroquial.
19 de Marzo: San José. Ver programa con los horarios de las Fiestas Patronales.
Lecturas de la semana:
Lunes 15: Is. 65, 17-21; Sal. 29; Jn. 4, 43-54.
Martes 16: Ez. 47, 1-9.12; Sal. 45; Jn. 5, 1-3.5-16.
Miércoles 17: Is. 48, 8-15; Sal. 144; Jn. 5, 17-30.
Jueves 18: Ex. 32, 7-14; Sal. 105; Jn. 5, 31-47.
Viernes 19: 2Sm. 7,4-5ª.12-14ª.16; Sal. 88; Rm. 4, 13. 16-18.22; Mt. 1, 16. 18-21.24a.
Sábado 20: Jr. 11, 18-20; Sal. 7; Jn. 7, 40-53.
Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las reflexiones que acompañan las lecturas, textos de distintos autores: El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y Maria y reflexiones del P. Raniero Cantalamessa.
Te esperamos los sábados 17:00 h.
Para Compartir la Palabra de Jesús,
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viernes, 5 de marzo de 2010
Tercer Domingo de Cuaresma, “Señor, déjala todavía este año…”
Lecturas del 7-03-10 – Ciclo C –
Libro del Éxodo 3, 1-8a. 13-15
Moisés, que apacentaba las ovejas de su suegro Jetró, el sacerdote de Madián, llevó una vez el rebaño más allá del desierto y llegó a la montaña de Dios, al Horeb. Allí se le apareció el Ángel del Señor en una llama de fuego, que salía de en medio de la zarza.
Al ver que la zarza ardía sin consumirse, Moisés pensó: «Voy a observar este grandioso espectáculo. ¿Por qué será que la zarza no se consume?»
Cuando el Señor vio que él se apartaba del camino para mirar, lo llamó desde la zarza, diciendo: «íMoisés, Moisés!». «Aquí estoy», respondió él. Entonces Dios le dijo: «No te acerques hasta aquí. Quítate las sandalias, porque el suelo que estás pisando es una tierra santa.» Luego siguió diciendo: «Yo soy el Dios de tu padre, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob.»
Moisés se cubrió el rostro porque tuvo miedo de ver a Dios.
El Señor dijo: «Yo he visto la opresión de mi pueblo, que está en Egipto, y he oído los gritos de dolor, provocados por sus capataces. Sí, conozco muy bien sus sufrimientos. Por eso he bajado a librarlo del poder de los egipcios y a hacerlo subir, desde aquel país, a una tierra fértil y espaciosa, a una tierra que mana leche y miel.
»Moisés dijo a Dios: «Si me presento ante los israelitas y les digo que el Dios de sus padres me envió a ellos, me preguntarán cuál es su nombre. Y entonces, ¿qué les responderé?»
Dios dijo a Moisés: «Yo soy el que soy.» Luego añadió: «Tú hablarás así a los israelitas: "Yo soy" me envió a ustedes.» Y continuó diciendo a Moisés: «Tu hablarás así a los israelitas: El Señor, el Dios de sus padres, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob, es el que me envía. Este es mi nombre para siempre, y así será invocado en todos los tiempos futuros.» Palabra de Dios.
Salmo 102
R. El Señor es bondadoso y compasivo.
Bendice al Señor, alma mía, que todo mi ser bendiga a su santo Nombre; bendice al Señor, alma mía, y nunca olvides sus beneficios. R.
El perdona todas tus culpas y cura todas tus dolencias; rescata tu vida del sepulcro, te corona de amor y de ternura. R.
El Señor hace obras de justicia y otorga el derecho a los oprimidos; él mostró sus caminos a Moisés y sus proezas al pueblo de Israel. R.
El Señor es bondadoso y compasivo, lento para enojarse y de gran misericordia cuanto se alza el cielo sobre la tierra, así de inmenso es su amor por los que lo temen. R.
Primera carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Corinto 10, 1-6. 10-12
Hermanos: No deben ignorar, hermanos, que todos nuestros padres fueron guiados por la nube y todos atravesaron el mar; y para todos, la marcha bajo la nube y el paso del mar, fue un bautismo que los unió a Moisés. También todos comieron la misma comida y bebieron la misma bebida espiritual. En efecto, bebían el agua de una roca espiritual que los acompañaba, y esa roca era Cristo. A pesar de esto, muy pocos de ellos fueron agradables a Dios, porque sus cuerpos quedaron tendidos en el desierto.
Todo esto aconteció simbólicamente para ejemplo nuestro, a fin de que no nos dejemos arrastrar por los malos deseos, como lo hicieron nuestros padres. No nos rebelemos contra Dios, como algunos de ellos, por lo cual murieron víctimas del Ángel exterminador. Todo esto les sucedió simbólicamente, y está escrito para que nos sirva de lección a los que vivimos en el tiempo final. Por eso, el que se cree muy seguro, ¡cuídese de no caer!
Palabra de Dios.
Santo Evangelio según s. Lucas 13, 1-9
En ese momento se presentaron unas personas que comentaron a Jesús el caso de aquellos galileos, cuya sangre Pilato mezcló con la de las víctimas de sus sacrificios. El les respondió:
« ¿Creen ustedes que esos galileos sufrieron todo esto porque eran más pecadores que los demás? Les aseguro que no, y si ustedes no se convierten, todos acabarán de la misma manera. ¿O creen que las dieciocho personas que murieron cuando se desplomó la torre de Siloé, eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén? Les aseguro que no, y si ustedes no se convierten, todos acabarán de la misma manera.» Les dijo también esta parábola: «Un hombre tenía una higuera plantada en su viña. Fue a buscar frutos y no los encontró. Dijo entonces al viñador: "Hace tres años que vengo a buscar frutos en esta higuera y no los encuentro. Córtala, ¿para qué malgastar la tierra?"
Pero él respondió: "Señor, déjala todavía este año; yo removeré la tierra alrededor de ella y la abonaré. Puede ser que así dé frutos en adelante. Si no, la cortarás."» Palabra del Señor.
Reflexión:
Enmienda o ruina.
Parábola de la higuera estéril
Para entender este pasaje hay que tener en cuenta el clima que se respiraba en torno a Jesús, debido a sus hechos y palabras. Éste era, entusiasmo, conflicto y división. El mismo acaba de decir: “¿Piensan que he venido a traer paz a la tierra? Les digo que no, división y nada más.
La escena comienza con una información dada a Jesús; se presentan algunos a contarle que Pilatos había hecho matar a unos galileos mientras ofrecían el sacrificio. ¿Por qué esta información? ¿Qué sentido tiene? No cabe duda de que es una advertencia y amenaza soterrada. Vienen a decirle: Tú y tu gente acabarán como esos galileos, ya que son galileos y se comportan como ellos. Quienes le informan ya han emitido su veredicto: son unos pecadores. Pero Jesús les advierte severamente: “Esos galileos no eran más pecadores que los demás, todos ustedes perecerán también, si no se enmiendan. Acto segundo, pasa a la carga y pone en evidencia a sus informadores que han tratado de darle “buenos consejos”. Les interpela directamente: “Y aquellos dieciocho que murieron aplastados por la torre de Siloé, ¿piensan que eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén? Les digo que no, y, si no se convierten, todos ustedes perecerán también”.
Informe contra informe. A los que habían recordado, como galileo que era y conflictivo, el castigo ejemplar infligido por Pilatos a unos galileos nacionalistas agitadores. Jesús les recuerda, la muerte como accidente de unos conciudadanos suyos, accidente que ellos consideraban en su casuística como castigo de Dios. Sus informadores no son menos culpables que aquella pobre gente que ellos han inculpado sin motivo.
Saber interpretar los signos de los tiempos
Entre los judíos era muy corriente creer que las desgracias personales, las catástrofes, las enfermedades, etc., eran castigos de Dios por los pecados cometidos. Era una teoría muy favorable para las clases pudientes que se daban el lujo de presentar su bienestar como bendición de Dios. Jesús aprovecha dos desgraciados sucesos que acaban de acontecer, para que sus contemporáneos comprendan que tales desgracias son ajenas a la voluntad de Dios y no significan que uno sea pecador. Pero a la vez, les insta a saber leer la historia, hasta los acontecimientos cotidianos, desde la óptica de Dios.
Hoy, para personas pocos dados a meterse en problemas, a acontecimientos como éstos no dicen más que casualidad o responsabilidad de las propias víctimas, u ocasión para que reflexionen otros. Jesús, sin embargo, enfoca estos hechos brutos y vulgares hacia una interpretación personal, los acontecimientos históricos no son castigos de Dios, sino una invitación a la conversión. Todos necesitamos cambiar para recibir el Reino de Dios que ya está presente.
En las palabras de Jesús resuena, también, algo que ya ha salido en otros pasajes; hay que saber discernir los signos de los tiempos, porque Dios nos habla a través de los acontecimientos históricos, por más vulgares que sean. El Vaticano II en su constitución “Gozo y esperanza”, afirma que “es deber permanente de la Iglesia escrutar a fondo los signos de los tiempos e interpretarlos a la luz del Evangelio.
Los cristianos, por participar como creyentes en una Iglesia que vive en la sociedad, hemos de saber leer evangélicamente los acontecimientos que tienen una determinada orientación y que, en esencia más profunda, son reveladores de vida y justicia. Pero sólo si estamos presentes en el mundo los podremos percibir. Ahora bien, los acontecimientos pueden ser objeto de diversas interpretaciones, según diversas ideologías y el lugar social desde el que miremos. En sí mismos, los signos de los tiempos son ambiguos, como ambiguo es todo lo humano, ya que pueden ser signo de la acción de Dios o sombra de un ídolo soberbio. Sólo desde el Evangelio podrá la Iglesia y podremos los cristianos, descifrar en los signos de los tiempos los designios de Dios.
Parábola de la higuera estéril
La higuera es en la Biblia, figura del Pueblo de Israel. Los que escuchaban a Jesús entendieron el mensaje de la parábola, iba para ellos. Pero ésta sigue teniendo plena actualidad. Es necesario que nos la apliquemos nosotros, individualmente y como comunidad que no dé fruto no tiene razón de ser, por mucha hojarasca que ostente. Todos podemos ser ese árbol baldío, lleno de hojas, aparentemente verde y, sin embargo, completamente inútil.
El Dios de la vida piensa cortar la higuera. Pero todavía existe un resquicio de esperanza. Hay alguien, el viñador (Jesús mismo), que pide al amo una nueva oportunidad.
Quizás la higuera, con cuidado especial, dé fruto.
Jesús suplica por su pueblo y por cada comunidad cristiana. Y se compromete con ella: “Entretanto yo la cavaré y le echaré estiércol”. Siempre espera contra toda esperanza: “Si en adelante diera fruto, vivimos todavía el tiempo de la paciencia y misericordia de Dios.
La parábola pone de manifiesto que cambiar o no cambiar no es un juego de palabras. Es un problema de vida o de muerte. Ante el Reino de Dios hay que decidirse. Y se nos habla de urgencia, porque el tiempo pasa y estamos en la encrucijada.
Reflexionamos:
-Se habla de pecados “de la sociedad”, que resultan ser pecados de nadie o de los otros, cuando en realidad son una suma de pecados de todos. Unos desencadenan guerras frías o calientes, y otros son las víctimas. Unos taponan los oídos a los gritos molestos de la verdad para abrirlos a las fábulas, escándalos y gritos de la sociedad de consumo.
-Puede haber familias en las que el egoísmo se impone al amor dejando bloqueado el camino hacia Dios y hacia la convivencia ciudadana.
-Una sociedad que se propone como objeto de su educación (?) instruir para ganar en lugar de desarrollar todas las potencialidades de la persona, se convierten en un campo de competencia con ventaja siempre del más fuerte en lugar de una sociedad más justa, pacífica y fraternal.
-Y si los dirigentes “pasan” del orden de los valores religiosos y morales; están preparando o dan ya por hecho todo lo que la sociedad necesita para consumar su catástrofe.
Jesús pone la conversión como prevención de esos males. “Conversión” es un cambio de mentalidad, una radical orientación del hombre a Dios y un alejamiento de todo lo que obstaculiza la acción de Dios.
Las catástrofes naturales son también signos de los tiempos a través de los cuales quiere Dios hacer oír su voz.
P. Daniel Silva
Avisos Parroquiales:
Se encuentra abierta la inscripción para:
Primera Comunión, se necesita estar cursando como mínimo tercer grado.
Confirmación, estar cursando quinto grado.
Anotarse de lunes a viernes de 17 a 19 hs. En secretaría parroquial.
19 de Marzo: San José, nuestras fiestas patronales.
Lecturas de la semana:
Lunes 8: 2Re. 5, 1-15; Sal. 41; Lc. 4, 24-30.
Martes 9: Dn. 3, 25. 34-43; Sal. 24; Mt. 18, 21-35.
Miércoles 10: Dt. 4, 1. 5-9; Sal. 147; Mt. 5, 17-19.
Jueves 11: Jr. 7, 23-28; Sal. 94; Lc. 11, 14-23.
Viernes 12:Os. 14, 2-10; Sal. 80; Mt. 12, 28b-34, 45-46.
Sábado 13: Os. 6, 1-6; Sal. 50; Lc. 18, 9-14.
Te esperamos los sábados 17:00 h.
Para Compartir la Palabra de Jesús,
en la Parroquia San José:
Brandsen 4970 Villa Dominico.
Círculo Bíblico San José
miencuentroconjesus@yahoo.com.ar
Libro del Éxodo 3, 1-8a. 13-15
Moisés, que apacentaba las ovejas de su suegro Jetró, el sacerdote de Madián, llevó una vez el rebaño más allá del desierto y llegó a la montaña de Dios, al Horeb. Allí se le apareció el Ángel del Señor en una llama de fuego, que salía de en medio de la zarza.
Al ver que la zarza ardía sin consumirse, Moisés pensó: «Voy a observar este grandioso espectáculo. ¿Por qué será que la zarza no se consume?»
Cuando el Señor vio que él se apartaba del camino para mirar, lo llamó desde la zarza, diciendo: «íMoisés, Moisés!». «Aquí estoy», respondió él. Entonces Dios le dijo: «No te acerques hasta aquí. Quítate las sandalias, porque el suelo que estás pisando es una tierra santa.» Luego siguió diciendo: «Yo soy el Dios de tu padre, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob.»
Moisés se cubrió el rostro porque tuvo miedo de ver a Dios.
El Señor dijo: «Yo he visto la opresión de mi pueblo, que está en Egipto, y he oído los gritos de dolor, provocados por sus capataces. Sí, conozco muy bien sus sufrimientos. Por eso he bajado a librarlo del poder de los egipcios y a hacerlo subir, desde aquel país, a una tierra fértil y espaciosa, a una tierra que mana leche y miel.
»Moisés dijo a Dios: «Si me presento ante los israelitas y les digo que el Dios de sus padres me envió a ellos, me preguntarán cuál es su nombre. Y entonces, ¿qué les responderé?»
Dios dijo a Moisés: «Yo soy el que soy.» Luego añadió: «Tú hablarás así a los israelitas: "Yo soy" me envió a ustedes.» Y continuó diciendo a Moisés: «Tu hablarás así a los israelitas: El Señor, el Dios de sus padres, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob, es el que me envía. Este es mi nombre para siempre, y así será invocado en todos los tiempos futuros.» Palabra de Dios.
Salmo 102
R. El Señor es bondadoso y compasivo.
Bendice al Señor, alma mía, que todo mi ser bendiga a su santo Nombre; bendice al Señor, alma mía, y nunca olvides sus beneficios. R.
El perdona todas tus culpas y cura todas tus dolencias; rescata tu vida del sepulcro, te corona de amor y de ternura. R.
El Señor hace obras de justicia y otorga el derecho a los oprimidos; él mostró sus caminos a Moisés y sus proezas al pueblo de Israel. R.
El Señor es bondadoso y compasivo, lento para enojarse y de gran misericordia cuanto se alza el cielo sobre la tierra, así de inmenso es su amor por los que lo temen. R.
Primera carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Corinto 10, 1-6. 10-12
Hermanos: No deben ignorar, hermanos, que todos nuestros padres fueron guiados por la nube y todos atravesaron el mar; y para todos, la marcha bajo la nube y el paso del mar, fue un bautismo que los unió a Moisés. También todos comieron la misma comida y bebieron la misma bebida espiritual. En efecto, bebían el agua de una roca espiritual que los acompañaba, y esa roca era Cristo. A pesar de esto, muy pocos de ellos fueron agradables a Dios, porque sus cuerpos quedaron tendidos en el desierto.
Todo esto aconteció simbólicamente para ejemplo nuestro, a fin de que no nos dejemos arrastrar por los malos deseos, como lo hicieron nuestros padres. No nos rebelemos contra Dios, como algunos de ellos, por lo cual murieron víctimas del Ángel exterminador. Todo esto les sucedió simbólicamente, y está escrito para que nos sirva de lección a los que vivimos en el tiempo final. Por eso, el que se cree muy seguro, ¡cuídese de no caer!
Palabra de Dios.
Santo Evangelio según s. Lucas 13, 1-9
En ese momento se presentaron unas personas que comentaron a Jesús el caso de aquellos galileos, cuya sangre Pilato mezcló con la de las víctimas de sus sacrificios. El les respondió:
« ¿Creen ustedes que esos galileos sufrieron todo esto porque eran más pecadores que los demás? Les aseguro que no, y si ustedes no se convierten, todos acabarán de la misma manera. ¿O creen que las dieciocho personas que murieron cuando se desplomó la torre de Siloé, eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén? Les aseguro que no, y si ustedes no se convierten, todos acabarán de la misma manera.» Les dijo también esta parábola: «Un hombre tenía una higuera plantada en su viña. Fue a buscar frutos y no los encontró. Dijo entonces al viñador: "Hace tres años que vengo a buscar frutos en esta higuera y no los encuentro. Córtala, ¿para qué malgastar la tierra?"
Pero él respondió: "Señor, déjala todavía este año; yo removeré la tierra alrededor de ella y la abonaré. Puede ser que así dé frutos en adelante. Si no, la cortarás."» Palabra del Señor.
Reflexión:
Enmienda o ruina.
Parábola de la higuera estéril
Para entender este pasaje hay que tener en cuenta el clima que se respiraba en torno a Jesús, debido a sus hechos y palabras. Éste era, entusiasmo, conflicto y división. El mismo acaba de decir: “¿Piensan que he venido a traer paz a la tierra? Les digo que no, división y nada más.
La escena comienza con una información dada a Jesús; se presentan algunos a contarle que Pilatos había hecho matar a unos galileos mientras ofrecían el sacrificio. ¿Por qué esta información? ¿Qué sentido tiene? No cabe duda de que es una advertencia y amenaza soterrada. Vienen a decirle: Tú y tu gente acabarán como esos galileos, ya que son galileos y se comportan como ellos. Quienes le informan ya han emitido su veredicto: son unos pecadores. Pero Jesús les advierte severamente: “Esos galileos no eran más pecadores que los demás, todos ustedes perecerán también, si no se enmiendan. Acto segundo, pasa a la carga y pone en evidencia a sus informadores que han tratado de darle “buenos consejos”. Les interpela directamente: “Y aquellos dieciocho que murieron aplastados por la torre de Siloé, ¿piensan que eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén? Les digo que no, y, si no se convierten, todos ustedes perecerán también”.
Informe contra informe. A los que habían recordado, como galileo que era y conflictivo, el castigo ejemplar infligido por Pilatos a unos galileos nacionalistas agitadores. Jesús les recuerda, la muerte como accidente de unos conciudadanos suyos, accidente que ellos consideraban en su casuística como castigo de Dios. Sus informadores no son menos culpables que aquella pobre gente que ellos han inculpado sin motivo.
Saber interpretar los signos de los tiempos
Entre los judíos era muy corriente creer que las desgracias personales, las catástrofes, las enfermedades, etc., eran castigos de Dios por los pecados cometidos. Era una teoría muy favorable para las clases pudientes que se daban el lujo de presentar su bienestar como bendición de Dios. Jesús aprovecha dos desgraciados sucesos que acaban de acontecer, para que sus contemporáneos comprendan que tales desgracias son ajenas a la voluntad de Dios y no significan que uno sea pecador. Pero a la vez, les insta a saber leer la historia, hasta los acontecimientos cotidianos, desde la óptica de Dios.
Hoy, para personas pocos dados a meterse en problemas, a acontecimientos como éstos no dicen más que casualidad o responsabilidad de las propias víctimas, u ocasión para que reflexionen otros. Jesús, sin embargo, enfoca estos hechos brutos y vulgares hacia una interpretación personal, los acontecimientos históricos no son castigos de Dios, sino una invitación a la conversión. Todos necesitamos cambiar para recibir el Reino de Dios que ya está presente.
En las palabras de Jesús resuena, también, algo que ya ha salido en otros pasajes; hay que saber discernir los signos de los tiempos, porque Dios nos habla a través de los acontecimientos históricos, por más vulgares que sean. El Vaticano II en su constitución “Gozo y esperanza”, afirma que “es deber permanente de la Iglesia escrutar a fondo los signos de los tiempos e interpretarlos a la luz del Evangelio.
Los cristianos, por participar como creyentes en una Iglesia que vive en la sociedad, hemos de saber leer evangélicamente los acontecimientos que tienen una determinada orientación y que, en esencia más profunda, son reveladores de vida y justicia. Pero sólo si estamos presentes en el mundo los podremos percibir. Ahora bien, los acontecimientos pueden ser objeto de diversas interpretaciones, según diversas ideologías y el lugar social desde el que miremos. En sí mismos, los signos de los tiempos son ambiguos, como ambiguo es todo lo humano, ya que pueden ser signo de la acción de Dios o sombra de un ídolo soberbio. Sólo desde el Evangelio podrá la Iglesia y podremos los cristianos, descifrar en los signos de los tiempos los designios de Dios.
Parábola de la higuera estéril
La higuera es en la Biblia, figura del Pueblo de Israel. Los que escuchaban a Jesús entendieron el mensaje de la parábola, iba para ellos. Pero ésta sigue teniendo plena actualidad. Es necesario que nos la apliquemos nosotros, individualmente y como comunidad que no dé fruto no tiene razón de ser, por mucha hojarasca que ostente. Todos podemos ser ese árbol baldío, lleno de hojas, aparentemente verde y, sin embargo, completamente inútil.
El Dios de la vida piensa cortar la higuera. Pero todavía existe un resquicio de esperanza. Hay alguien, el viñador (Jesús mismo), que pide al amo una nueva oportunidad.
Quizás la higuera, con cuidado especial, dé fruto.
Jesús suplica por su pueblo y por cada comunidad cristiana. Y se compromete con ella: “Entretanto yo la cavaré y le echaré estiércol”. Siempre espera contra toda esperanza: “Si en adelante diera fruto, vivimos todavía el tiempo de la paciencia y misericordia de Dios.
La parábola pone de manifiesto que cambiar o no cambiar no es un juego de palabras. Es un problema de vida o de muerte. Ante el Reino de Dios hay que decidirse. Y se nos habla de urgencia, porque el tiempo pasa y estamos en la encrucijada.
Reflexionamos:
-Se habla de pecados “de la sociedad”, que resultan ser pecados de nadie o de los otros, cuando en realidad son una suma de pecados de todos. Unos desencadenan guerras frías o calientes, y otros son las víctimas. Unos taponan los oídos a los gritos molestos de la verdad para abrirlos a las fábulas, escándalos y gritos de la sociedad de consumo.
-Puede haber familias en las que el egoísmo se impone al amor dejando bloqueado el camino hacia Dios y hacia la convivencia ciudadana.
-Una sociedad que se propone como objeto de su educación (?) instruir para ganar en lugar de desarrollar todas las potencialidades de la persona, se convierten en un campo de competencia con ventaja siempre del más fuerte en lugar de una sociedad más justa, pacífica y fraternal.
-Y si los dirigentes “pasan” del orden de los valores religiosos y morales; están preparando o dan ya por hecho todo lo que la sociedad necesita para consumar su catástrofe.
Jesús pone la conversión como prevención de esos males. “Conversión” es un cambio de mentalidad, una radical orientación del hombre a Dios y un alejamiento de todo lo que obstaculiza la acción de Dios.
Las catástrofes naturales son también signos de los tiempos a través de los cuales quiere Dios hacer oír su voz.
P. Daniel Silva
Avisos Parroquiales:
Se encuentra abierta la inscripción para:
Primera Comunión, se necesita estar cursando como mínimo tercer grado.
Confirmación, estar cursando quinto grado.
Anotarse de lunes a viernes de 17 a 19 hs. En secretaría parroquial.
19 de Marzo: San José, nuestras fiestas patronales.
Lecturas de la semana:
Lunes 8: 2Re. 5, 1-15; Sal. 41; Lc. 4, 24-30.
Martes 9: Dn. 3, 25. 34-43; Sal. 24; Mt. 18, 21-35.
Miércoles 10: Dt. 4, 1. 5-9; Sal. 147; Mt. 5, 17-19.
Jueves 11: Jr. 7, 23-28; Sal. 94; Lc. 11, 14-23.
Viernes 12:Os. 14, 2-10; Sal. 80; Mt. 12, 28b-34, 45-46.
Sábado 13: Os. 6, 1-6; Sal. 50; Lc. 18, 9-14.
Te esperamos los sábados 17:00 h.
Para Compartir la Palabra de Jesús,
en la Parroquia San José:
Brandsen 4970 Villa Dominico.
Círculo Bíblico San José
miencuentroconjesus@yahoo.com.ar
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Reflexiones a la luz de la Palabra de Dios
domingo, 28 de febrero de 2010
Segundo Domingo de Cuaresma, “…permanecieron despiertos y vieron la gloria de Jesús”
Lecturas del 28-02-10 – Ciclo C –
Libro del Génesis 15, 5-12. 17-18
Dios llevó a Abrám afuera y continuó diciéndole: «Mira hacia el cielo y si puedes, cuenta las estrellas.» Y añadió: «Así será tu descendencia.» Abrám creyó en el Señor, y el Señor se lo tuvo en cuenta para su justificación.
Entonces el Señor le dijo: «Yo soy el Señor que te hice salir de Ur de los caldeos para darte en posesión esta tierra.»
«Señor, respondió Abrám, ¿cómo sabré que la voy a poseer?». El Señor le respondió: «Tráeme una ternera, una cabra y un carnero, todos ellos de tres años, y también una tórtola y un pichón de paloma.» El trajo todos estos animales, los cortó por la mitad y puso cada mitad una frente a otra, pero no dividió los pájaros. Las aves de rapiña se abalanzaron sobre los animales muertos, pero Abrám las espantó. Al ponerse el sol, Abrám cayó en un profundo sueño, y lo invadió un gran temor, una densa oscuridad. Cuando se puso el sol y estuvo completamente oscuro, un horno humeante y una antorcha encendida pasaron en medio de los animales descuartizados. Aquel día, el Señor hizo una alianza con Abrám diciendo: «Yo he dado esta tierra a tu descendencia, desde el Torrente de Egipto hasta el Gran Río, el río Eufrates.» Palabra de Dios.
Salmo 26
R."El Señor es mi luz y mi salvación."
El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? El Señor es el baluarte de mi vida, ¿ante quién temblaré? R.
Escúchame, Señor, que te invoco en alta voz, apiádate de mí y respóndeme. Mi corazón sabe que dijiste: "Busquen mi rostro." R.
Yo busco tu rostro, Señor, no lo apartes de mí. No alejes con ira a tu servidor, tú que eres mi ayuda; no me dejes ni me abandones, mi Dios y mi salvador. R.
Yo creo que contemplaré la bondad del Señor en la tierra de los vivientes. Espera en el Señor, y sé fuerte, ten valor y espera en el Señor. R.
Lectura la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Filipos 3, 17-4, 1
Sigan mi ejemplo, hermanos, y observen atentamente a los que siguen el ejemplo que yo les he dado. Porque ya les advertí frecuentemente y ahora les repito llorando: hay muchos que se portan como enemigos de la cruz de Cristo. Su fin es la perdición, su dios es el vientre, su gloria está en aquello que los cubre de vergüenza, y no aprecian sino las cosas de la tierra. En cambio, nosotros somos ciudadanos del cielo, y esperamos ardientemente que venga de allí como Salvador el Señor Jesucristo. El transformará nuestro pobre cuerpo mortal, haciéndolo semejante a su cuerpo glorioso, con el poder que tiene para poner todas las cosas bajo su dominio.
Por eso, hermanos míos muy queridos, a quienes tanto deseo ver, ustedes que son mi alegría y mi corona, amados míos, perseveren firmemente en el Señor.
Palabra de Dios.
Evangelio según san Lucas 9, 28b-36
Jesús tomó a Pedro, Juan y Santiago, y subió a la montaña para orar. Mientras oraba, su rostro cambió de aspecto y sus vestiduras se volvieron de una blancura deslumbrante. Y dos hombres conversaban con él: eran Moisés y Elías, que aparecían revestidos de gloria y hablaban de la partida de Jesús, que iba a cumplirse en Jerusalén.
Pedro y sus compañeros tenían mucho sueño, pero permanecieron despiertos, y vieron la gloria de Jesús y a los dos hombres que estaban con él.
Mientras estos se alejaban, Pedro dijo a Jesús: «Maestro, ¡qué bien estamos aquí! Hagamos tres carpas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.»
El no sabía lo que decía. Mientras hablaba, una nube los cubrió con su sombra y al entrar en ella, los discípulos se llenaron de temor. Desde la nube se oyó entonces una voz que decía: «Este es mi Hijo, el Elegido, escúchenlo.» Y cuando se oyó la voz, Jesús estaba solo. Los discípulos callaron y durante todo ese tiempo no dijeron a nadie lo que habían visto. Palabra del Señor.
Reflexión:
ESCUCHAR SOLO A JESÚS
“Mientras oraba se transfiguró su rostro”
Lucas es el evangelista de la oración como marco de los grandes acontecimientos que relata. Nadie encuentra a Dios si no le busca y la búsqueda de Dios tiene un nombre: oración. Que nadie vea misterios en los datos estadísticos en aumento de los que niegan a Dios, para los que pierden relieve la presencia de Dios, que es más bien una ausencia, y la realidad de Dios no es más que un concepto impreciso. ¿Qué es lo que pierden cuando pierden la fe? ¿Creyeron alguna vez? ¿Qué es lo que niegan los que niegan a Dios?
De algún modo, alguna vez en la vida es necesaria una experiencia de Dios como alguien cercano y personal que dé a conocer quién es El y qué significa para mí. Tal es la experiencia de los tres discípulos privilegiados en el acontecimiento del Tabor.
¿Quién es Jesús? Las tentaciones del desierto ponen bien en relieve su perfil humano. Si siente hambre y es tentado, se trata de un hombre. Si aparece en el esplendor de la gloria y es ratificado por la voz del cielo, se trata del Hijo de Dios. Verdadero Dios y verdadero Hombre. Como hombre siente su vida amenazada por la tentación de usar su poder en beneficio propio para acumular pan, imagen y poder. Pero Èl vive una vida de servicio y no de dominio, no intenta poner a Dios a servicio de su vanidad sino servirle en todo por amor llevando a la práctica sus planes. Tal era el núcleo de las tentaciones.
La Transfiguración demuestra que tenía razón y su conducta es aprobada por el Padre lleno de amor. Con mirada retrospectiva desde la fe pascual podemos decir:
• La dicha de los otros tiene primacía sobre el egoísmo propio.
• Servir hace más dichoso que dominar.
• Una vida ansiada firmemente en Dios vence a la muerte.
El desconcierto
Los tres discípulos no entendieron. Pedro se limitó a decir cosas banales sin saber lo que decía. Este Evangelio no pretende ilusionar a nadie con vanas esperanzas. A la transfiguración sigue el anuncio de la Pasión y el sitio de Pedro no es la paz de la altura sino el ajetreo del llano, transmitiendo su experiencia hasta morir por Él. La marca de esta experiencia quedó plenamente en su vida: “Oímos la voz bajada del cielo los que con El estábamos en el monte santo” (2 Pe 1,18). Y San Juan: “Lo que hemos visto y oído les anunciamos a ustedes” (1 Jn 1,3)
Al lado de las grandes o pequeñas alegrías, tiene la vida su buena ración de disgustos. Es entonces, quizá más que en otros momentos, cuando hay que mirarle y oírle. Quizás su figura se transfigura y su palabra tranquiliza y reconforta. Los apóstoles se llenaron primero de miedo pero luego deseaban quedarse siempre allí.
La transfiguración de la vida se da sólo cuando se le mira, se le oye, se permanece a su lado o se marcha con Èl por el camino de la cruz. El dolor puede ser un buen testimonio de fe.
Quedarse con Él o abandonarle
Fue la doble experiencia de los apóstoles. El abandono es la triste experiencia de muchos cristianos. De los que se autodenominan católicos muchos se preocupan mucho más por el pan que por la Palabra de Dios, y más por el Dios folclórico y utilitario de algunas ocasiones que por el Dios objeto de adoración, amor y servicio permanente.
Ocurre preguntar quién es para ellos ese Dios a quien abandonan o niegan, qué saben y qué experiencia tienen de Él, que significa abandonar a quien nunca han poseído. ¿Ha llegado Dios alguna vez a significar alguien importante en su vida? Un Dios de vagos conceptos no es el Dios de la fe cristiana que dicen abandonar. Los apóstoles tuvieron experiencias de Él, luego desapareció la esperanza y la fe pero quedó el amor que produjo el milagro del reencuentro. Pablo lo encontró camino a Damasco y no lo abandonó jamás.
A Dios no se le conoce sin comprometerse con Él a la manera de un aséptico espectador. Pórtate con los demás partiendo del principio del amor al prójimo, perdona como si Dios te hubiera perdonado, ora como si Dios te oyera, óyele como si Él te hablara directamente. Haz la prueba y si Dios se te manifiesta lo has ganado todo; si no, no habrás perdido nada.
La respuesta no puede darse a la ligera en el tiempo de una predicación dominical. Exige tiempo de reflexión en paz dialogada con amigos, con la familia, con tu confesor.
Una pista para formarse un juicio pueden darla estas preguntas:
• ¿Cuál es la dicha en la que sueñas?
• ¿Cómo reaccionas ante la dicha de los otros?
• ¿Qué es lo que más ardientemente pides a Dios?
La Transfiguración y la Cuaresma
La Iglesia nos regala este hermoso texto para que no nos quedemos solamente con el aspecto del dolor, sino que entendamos que la Pasión es un paso para su gloria.
Todos hemos sido invitados a entrar en la lucha contra la tentación; el llamado de cargar con la cruz para llegar a ser verdaderos discípulos. El seguimiento de Jesús es camino de renuncia y de dolor y cruz, pero también se lo sigue hasta donde El va (camino de la gloria al Padre, la gloria de los hijos de Dios).
Cuando Jesús aborda el camino a Jerusalén (=hacia su muerte) y los discípulos acaban de recibir la enseñanza de la cruz, compañera inseparable del Mesías y de su seguimiento, tanto Jesús como Pedro, Juan y Santiago se les otorga una experiencia que para nosotros en nuestro corazón de la vida misma está cargada de incertidumbres y de cruz, en medio de los conflictos de la historia, es ahí se nos hace patente la hondura del Hijo de Dios, del Mesías. El discípulo y todo cristiano, ha de estar atento a estas señales de Dios. Hemos de saber aceptarlas, discernirlas, acogerlas, vivirlas… afrontar la realidad y que nadie se refugie de continuo en la montaña.
P. Daniel Silva
Pidamos hoy al Señor que nos ayude a "transfigurarnos",... a transformar y a mejorar vuestras vidas a luz de su gracia,... a caminar juntos en presencia del Señor y ser fieles a Cristo, no sólo en este tiempo de Cuaresma del año del Jubileo, sino también durante toda vuestra vida.
Lecturas de la semana:
Lunes 1: Dn. 9, 4b-10; Sal. 78; Lc. 6, 36-38.
Martes 2: Is. 1, 10.16-20; Sal. 49; Mt. 23, 1-12.
Miércoles 3: Jr. 18, 18-20; Sal. 30; Mt. 20, 17-28.
Jueves 4: Jr. 17, 5-10; Sal. 1; Lc. 16, 19-31.
Viernes 5:Gn. 37, 3-28; Sal. 104; Mt. 21, 33-43, 45-46.
Sábado 6: Mq. 7, 14-15.18-20; Sal. 102; Lc. 15, 1-3. 11-32.
Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las reflexiones que acompañan las lecturas, textos de distintos autores: El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y Maria, Catholic.net, Servicio Bíblico latinoamericano. “Claves de Lectio Divina” Proyecto Lectionautas CEBIPAL/CELAM.
Te esperamos los sábados 17:00 h.
Para Compartir la Palabra de Jesús,
en la Parroquia San José:
Brandsen 4970 Villa Dominico.
Círculo Bíblico San José
miencuentroconjesus@yahoo.com.ar
Libro del Génesis 15, 5-12. 17-18
Dios llevó a Abrám afuera y continuó diciéndole: «Mira hacia el cielo y si puedes, cuenta las estrellas.» Y añadió: «Así será tu descendencia.» Abrám creyó en el Señor, y el Señor se lo tuvo en cuenta para su justificación.
Entonces el Señor le dijo: «Yo soy el Señor que te hice salir de Ur de los caldeos para darte en posesión esta tierra.»
«Señor, respondió Abrám, ¿cómo sabré que la voy a poseer?». El Señor le respondió: «Tráeme una ternera, una cabra y un carnero, todos ellos de tres años, y también una tórtola y un pichón de paloma.» El trajo todos estos animales, los cortó por la mitad y puso cada mitad una frente a otra, pero no dividió los pájaros. Las aves de rapiña se abalanzaron sobre los animales muertos, pero Abrám las espantó. Al ponerse el sol, Abrám cayó en un profundo sueño, y lo invadió un gran temor, una densa oscuridad. Cuando se puso el sol y estuvo completamente oscuro, un horno humeante y una antorcha encendida pasaron en medio de los animales descuartizados. Aquel día, el Señor hizo una alianza con Abrám diciendo: «Yo he dado esta tierra a tu descendencia, desde el Torrente de Egipto hasta el Gran Río, el río Eufrates.» Palabra de Dios.
Salmo 26
R."El Señor es mi luz y mi salvación."
El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? El Señor es el baluarte de mi vida, ¿ante quién temblaré? R.
Escúchame, Señor, que te invoco en alta voz, apiádate de mí y respóndeme. Mi corazón sabe que dijiste: "Busquen mi rostro." R.
Yo busco tu rostro, Señor, no lo apartes de mí. No alejes con ira a tu servidor, tú que eres mi ayuda; no me dejes ni me abandones, mi Dios y mi salvador. R.
Yo creo que contemplaré la bondad del Señor en la tierra de los vivientes. Espera en el Señor, y sé fuerte, ten valor y espera en el Señor. R.
Lectura la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Filipos 3, 17-4, 1
Sigan mi ejemplo, hermanos, y observen atentamente a los que siguen el ejemplo que yo les he dado. Porque ya les advertí frecuentemente y ahora les repito llorando: hay muchos que se portan como enemigos de la cruz de Cristo. Su fin es la perdición, su dios es el vientre, su gloria está en aquello que los cubre de vergüenza, y no aprecian sino las cosas de la tierra. En cambio, nosotros somos ciudadanos del cielo, y esperamos ardientemente que venga de allí como Salvador el Señor Jesucristo. El transformará nuestro pobre cuerpo mortal, haciéndolo semejante a su cuerpo glorioso, con el poder que tiene para poner todas las cosas bajo su dominio.
Por eso, hermanos míos muy queridos, a quienes tanto deseo ver, ustedes que son mi alegría y mi corona, amados míos, perseveren firmemente en el Señor.
Palabra de Dios.
Evangelio según san Lucas 9, 28b-36
Jesús tomó a Pedro, Juan y Santiago, y subió a la montaña para orar. Mientras oraba, su rostro cambió de aspecto y sus vestiduras se volvieron de una blancura deslumbrante. Y dos hombres conversaban con él: eran Moisés y Elías, que aparecían revestidos de gloria y hablaban de la partida de Jesús, que iba a cumplirse en Jerusalén.
Pedro y sus compañeros tenían mucho sueño, pero permanecieron despiertos, y vieron la gloria de Jesús y a los dos hombres que estaban con él.
Mientras estos se alejaban, Pedro dijo a Jesús: «Maestro, ¡qué bien estamos aquí! Hagamos tres carpas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.»
El no sabía lo que decía. Mientras hablaba, una nube los cubrió con su sombra y al entrar en ella, los discípulos se llenaron de temor. Desde la nube se oyó entonces una voz que decía: «Este es mi Hijo, el Elegido, escúchenlo.» Y cuando se oyó la voz, Jesús estaba solo. Los discípulos callaron y durante todo ese tiempo no dijeron a nadie lo que habían visto. Palabra del Señor.
Reflexión:
ESCUCHAR SOLO A JESÚS
“Mientras oraba se transfiguró su rostro”
Lucas es el evangelista de la oración como marco de los grandes acontecimientos que relata. Nadie encuentra a Dios si no le busca y la búsqueda de Dios tiene un nombre: oración. Que nadie vea misterios en los datos estadísticos en aumento de los que niegan a Dios, para los que pierden relieve la presencia de Dios, que es más bien una ausencia, y la realidad de Dios no es más que un concepto impreciso. ¿Qué es lo que pierden cuando pierden la fe? ¿Creyeron alguna vez? ¿Qué es lo que niegan los que niegan a Dios?
De algún modo, alguna vez en la vida es necesaria una experiencia de Dios como alguien cercano y personal que dé a conocer quién es El y qué significa para mí. Tal es la experiencia de los tres discípulos privilegiados en el acontecimiento del Tabor.
¿Quién es Jesús? Las tentaciones del desierto ponen bien en relieve su perfil humano. Si siente hambre y es tentado, se trata de un hombre. Si aparece en el esplendor de la gloria y es ratificado por la voz del cielo, se trata del Hijo de Dios. Verdadero Dios y verdadero Hombre. Como hombre siente su vida amenazada por la tentación de usar su poder en beneficio propio para acumular pan, imagen y poder. Pero Èl vive una vida de servicio y no de dominio, no intenta poner a Dios a servicio de su vanidad sino servirle en todo por amor llevando a la práctica sus planes. Tal era el núcleo de las tentaciones.
La Transfiguración demuestra que tenía razón y su conducta es aprobada por el Padre lleno de amor. Con mirada retrospectiva desde la fe pascual podemos decir:
• La dicha de los otros tiene primacía sobre el egoísmo propio.
• Servir hace más dichoso que dominar.
• Una vida ansiada firmemente en Dios vence a la muerte.
El desconcierto
Los tres discípulos no entendieron. Pedro se limitó a decir cosas banales sin saber lo que decía. Este Evangelio no pretende ilusionar a nadie con vanas esperanzas. A la transfiguración sigue el anuncio de la Pasión y el sitio de Pedro no es la paz de la altura sino el ajetreo del llano, transmitiendo su experiencia hasta morir por Él. La marca de esta experiencia quedó plenamente en su vida: “Oímos la voz bajada del cielo los que con El estábamos en el monte santo” (2 Pe 1,18). Y San Juan: “Lo que hemos visto y oído les anunciamos a ustedes” (1 Jn 1,3)
Al lado de las grandes o pequeñas alegrías, tiene la vida su buena ración de disgustos. Es entonces, quizá más que en otros momentos, cuando hay que mirarle y oírle. Quizás su figura se transfigura y su palabra tranquiliza y reconforta. Los apóstoles se llenaron primero de miedo pero luego deseaban quedarse siempre allí.
La transfiguración de la vida se da sólo cuando se le mira, se le oye, se permanece a su lado o se marcha con Èl por el camino de la cruz. El dolor puede ser un buen testimonio de fe.
Quedarse con Él o abandonarle
Fue la doble experiencia de los apóstoles. El abandono es la triste experiencia de muchos cristianos. De los que se autodenominan católicos muchos se preocupan mucho más por el pan que por la Palabra de Dios, y más por el Dios folclórico y utilitario de algunas ocasiones que por el Dios objeto de adoración, amor y servicio permanente.
Ocurre preguntar quién es para ellos ese Dios a quien abandonan o niegan, qué saben y qué experiencia tienen de Él, que significa abandonar a quien nunca han poseído. ¿Ha llegado Dios alguna vez a significar alguien importante en su vida? Un Dios de vagos conceptos no es el Dios de la fe cristiana que dicen abandonar. Los apóstoles tuvieron experiencias de Él, luego desapareció la esperanza y la fe pero quedó el amor que produjo el milagro del reencuentro. Pablo lo encontró camino a Damasco y no lo abandonó jamás.
A Dios no se le conoce sin comprometerse con Él a la manera de un aséptico espectador. Pórtate con los demás partiendo del principio del amor al prójimo, perdona como si Dios te hubiera perdonado, ora como si Dios te oyera, óyele como si Él te hablara directamente. Haz la prueba y si Dios se te manifiesta lo has ganado todo; si no, no habrás perdido nada.
La respuesta no puede darse a la ligera en el tiempo de una predicación dominical. Exige tiempo de reflexión en paz dialogada con amigos, con la familia, con tu confesor.
Una pista para formarse un juicio pueden darla estas preguntas:
• ¿Cuál es la dicha en la que sueñas?
• ¿Cómo reaccionas ante la dicha de los otros?
• ¿Qué es lo que más ardientemente pides a Dios?
La Transfiguración y la Cuaresma
La Iglesia nos regala este hermoso texto para que no nos quedemos solamente con el aspecto del dolor, sino que entendamos que la Pasión es un paso para su gloria.
Todos hemos sido invitados a entrar en la lucha contra la tentación; el llamado de cargar con la cruz para llegar a ser verdaderos discípulos. El seguimiento de Jesús es camino de renuncia y de dolor y cruz, pero también se lo sigue hasta donde El va (camino de la gloria al Padre, la gloria de los hijos de Dios).
Cuando Jesús aborda el camino a Jerusalén (=hacia su muerte) y los discípulos acaban de recibir la enseñanza de la cruz, compañera inseparable del Mesías y de su seguimiento, tanto Jesús como Pedro, Juan y Santiago se les otorga una experiencia que para nosotros en nuestro corazón de la vida misma está cargada de incertidumbres y de cruz, en medio de los conflictos de la historia, es ahí se nos hace patente la hondura del Hijo de Dios, del Mesías. El discípulo y todo cristiano, ha de estar atento a estas señales de Dios. Hemos de saber aceptarlas, discernirlas, acogerlas, vivirlas… afrontar la realidad y que nadie se refugie de continuo en la montaña.
P. Daniel Silva
Pidamos hoy al Señor que nos ayude a "transfigurarnos",... a transformar y a mejorar vuestras vidas a luz de su gracia,... a caminar juntos en presencia del Señor y ser fieles a Cristo, no sólo en este tiempo de Cuaresma del año del Jubileo, sino también durante toda vuestra vida.
Lecturas de la semana:
Lunes 1: Dn. 9, 4b-10; Sal. 78; Lc. 6, 36-38.
Martes 2: Is. 1, 10.16-20; Sal. 49; Mt. 23, 1-12.
Miércoles 3: Jr. 18, 18-20; Sal. 30; Mt. 20, 17-28.
Jueves 4: Jr. 17, 5-10; Sal. 1; Lc. 16, 19-31.
Viernes 5:Gn. 37, 3-28; Sal. 104; Mt. 21, 33-43, 45-46.
Sábado 6: Mq. 7, 14-15.18-20; Sal. 102; Lc. 15, 1-3. 11-32.
Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las reflexiones que acompañan las lecturas, textos de distintos autores: El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y Maria, Catholic.net, Servicio Bíblico latinoamericano. “Claves de Lectio Divina” Proyecto Lectionautas CEBIPAL/CELAM.
Te esperamos los sábados 17:00 h.
Para Compartir la Palabra de Jesús,
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Brandsen 4970 Villa Dominico.
Círculo Bíblico San José
miencuentroconjesus@yahoo.com.ar
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Reflexiones a la luz de la Palabra de Dios
sábado, 20 de febrero de 2010
Primer Domingo de Cuaresma, “El hombre no vive solamente de pan"
Lecturas del 21-02-10 – Ciclo C –
Libro del Deuteronomio 26, 4-10
Moisés habló al pueblo diciendo:
«El sacerdote tomará la canasta que tú le entregues, la depositará ante el altar, y tú pronunciarás estas palabras en presencia del Señor, tu Dios: "Mi padre era un arameo errante que bajó a Egipto y se refugió allí con unos pocos hombres, pero luego se convirtió en una nación grande, fuerte y numerosa. Los egipcios nos maltrataron, nos oprimieron y nos impusieron una dura servidumbre. Entonces pedimos auxilio al Señor, el Dios de nuestros padres, y él escuchó nuestra voz. El vio nuestra miseria, nuestro cansancio y nuestra opresión, y nos hizo salir de Egipto con el poder de su mano y la fuerza de su brazo, en medio de un gran terror, de signos y prodigios. El nos trajo a este lugar y nos dio esta tierra que mana leche y miel. Por eso ofrezco ahora las primicias de los frutos del suelo, que tú, Señor, me diste." Tu depositarás las primicias ante el Señor, tu Dios, y te postrarás delante de él.» Palabra de Dios.
Salmo 90
R. Estás conmigo, Señor, en el peligro.
Tú que vives al amparo del Altísimo y resides a la sombra del Todopoderoso, di al Señor: «Mi refugio y mi baluarte, mi Dios, en quien confío.» R.
No te alcanzará ningún mal, ninguna plaga se acercará a tu carpa, porque él te encomendó a sus ángeles para que te cuiden en todos tus caminos. R.
Ellos te llevarán en sus manos para que no tropieces contra ninguna piedra; caminarás sobre leones y víboras, pisotearás cachorros de león y serpientes. R.
«El se entregó a mí, por eso, yo lo libraré; lo protegeré, porque conoce mi Nombre; me invocará, y yo le responderé. Estaré con él en el peligro, lo defenderé y lo glorificaré.» R.
Lectura primera carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Roma 10, 5-13
Hermanos: Moisés escribe acerca de la justicia que proviene de la Ley: El hombre que la practica vivirá por ella. En cambio, la justicia que proviene de la fe habla así: No digas en tu corazón: ¿Quién subirá al cielo?, esto es para hacer descender a Cristo. O bien ¿Quién descenderá al Abismo?, esto es para hacer subir a Cristo de entre los muertos. ¿Qué es lo que dice la justicia?: La palabra está cerca de ti, en tu boca y en tu corazón, es decir, la palabra de la fe que nosotros predicamos. Porque si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor y crees en tu corazón que Dios lo resucitó de entre los muertos, serás salvado. Con el corazón se cree para alcanzar la justicia, y con la boca se confiesa para obtener la salvación. Así lo afirma la Escritura: El que cree en él, no quedará confundido. Porque no hay distinción entre judíos y los que no lo son: todos tienen el mismo Señor, que colma de bienes a quienes lo invocan. Ya que todo el que invoque el nombre del Señor se salvará. Palabra de Dios.
Santo Evangelio según san Lucas 4, 1-13
Jesús, lleno del Espíritu Santo, regresó de las orillas del Jordán y fue conducido por el Espíritu al desierto, donde fue tentado por el demonio durante cuarenta días. No comió nada durante esos días, y al cabo de ellos tuvo hambre. El demonio le dijo entonces: «Si tú eres Hijo de Dios, manda a esta piedra que se convierta en pan.» Pero Jesús le respondió: «Dice la Escritura: El hombre no vive solamente de pan.» Luego el demonio lo llevó a un lugar más alto, le mostró en un instante todos los reinos de la tierra y le dijo: «Te daré todo este poder y el esplendor de estos reinos, porque me han sido entregados, y yo los doy a quien quiero. Si tú te postras delante de mí, todo eso te pertenecerá.» Pero Jesús le respondió: «Está escrito: Adorarás al Señor, tu Dios, y a él solo rendirás culto.»
Después el demonio lo condujo a Jerusalén, lo puso en la parte más alta del Templo y le dijo: «Si tú eres Hijo de Dios, tírate de aquí abajo, porque está escrito: El dará órdenes a sus ángeles para que ellos te cuiden. Y también: Ellos te llevarán en sus manos para que tu pie no tropiece con ninguna piedra.»
Pero Jesús le respondió: «Está escrito: No tentarás al Señor, tu Dios.»
Una vez agotadas todas las formas de tentación, el demonio se alejó de él, hasta el momento oportuno. Palabra del Señor.
Reflexión
El tiempo de Cuaresma que comenzó esta semana con las celebraciones del Miércoles de Ceniza (conviértete y cree en el Evangelio), tiene como telón de fondo el relato de la Palabra de hoy. Jesús, antes de comenzar los años de su vida pública, movido por el Espíritu Santo (Bautismo) se retira al desierto, en total ayuno durante cuarenta días, al final de los cuales es tentado por el demonio. En el Evangelio se relatan las tentaciones a que el mismo Jesús estuvo sometido.
La Cuaresma conmemora los cuarenta días que pasó Jesús en el desierto, como preparación de esos años de predicación que culminan en la Cruz y en la Gloria de la Pascua. Fueron cuarenta días de oración, de ayuno y de penitencia, al cabo de los cuales tuvo lugar la escena que nos relata el Evangelio de la misa de hoy.
San Lucas dice expresamente que el Señor no comió nada durante los cuarenta días y las cuarenta noches. En este largo período vivió unido a Su Padre y contemplando el comienzo de su predicación.
Moisés había procedido de modo semejante antes de promulgar, en nombre de Dios, la antigua ley del Sinaí. También Elías caminó cuarenta días en el desierto para llevar a cabo su misión de renovar el cumplimiento de la Ley. Jesús quiso también prepararse de un modo semejante para proclamar su doctrina.
Después de estos días en los que la naturaleza humana de Jesús se encuentra debilitada, se acercó el demonio para tenderle la primera trampa. El evangelio nos muestra al demonio acercándose de un modo insidioso. La imagen del Mesías que tiene el demonio es semejante a la que tenían muchos judíos de aquel tiempo: un gran profeta, pero hombre al fin y al cabo.
Jesús quiso someterse a las tres tentaciones que ordinariamente más estragos hacen en los hombres: la falta de templanza, la soberbia y la avaricia. Quiso darnos un ejemplo de fortaleza contra las intenciones de nuestro enemigo de perder nuestra alma por uno de esos caminos.
Cuaresma, tiempo de "parar la máquina", de serenidad, de "mirar para adentro"... y ¡¡¡preguntarnos tantas cosas!!! En nuestros días, ¡cuántas caídas!, ¡cuántas infidelidades!, ¡cuántas injusticias! Es tiempo de descubrir cuánto tenemos que cambiar.
El Evangelio de Lucas, nos pone a Jesús en paralelo con el pueblo de Israel. En las mismas circunstancias en las que el pueblo fue infiel, Jesús sale adelante; y para resaltar el paralelo entre ambas situaciones, el evangelista recurre al desierto y a citas del Deuteronomio. Allí donde Israel cayó, allí Jesús sale adelante. Más que un acontecimiento es una plataforma, un programa: unidos a Jesús nada tenemos que temer, sólo el amor cuenta. Deberíamos aprovechar la Cuaresma para revisar cuántos desencuentros, cuántas infidelidades, cuántas injusticias... Pero, al revisarlas, corregirlas; es que la Cuaresma es tiempo de conversión, y conversión significa caminar, camino de vuelta al Padre.
Cuaresma, tiempo de volverse a Dios, y de volverse a tantos hermanos despreciados, olvidados, oprimidos... Tiempo de justicia, de verdad, de liberación...
Mientras el pueblo de Israel, en la tentación no fue fiel y cedió, ahora nos encontramos a Jesús en la misma situación, en la misma tentación. ¡Y triunfa!
Jesús aparece en el Evangelio de hoy como el que vence la tentación. Porque es posible vencerla. Muchas voces, de dentro y de fuera buscan separarnos de Dios, de sus proyectos, de sus caminos. Pero hay una voz más fuerte, más firme, que puede vencer esas otras voces si disponemos el corazón para escucharla. Hace falta tener un oído muy fino, un silencio atento, un corazón dócil.
Para eso existe la Cuaresma, para que sepamos mirar la vida, y mirarnos en la vida; para que sepamos prestar atención a los caminos y proyectos que nos rodean, y enfrentarlos con los caminos y proyectos de Dios.
Para eso existe la Cuaresma, para que apaguemos los ruidos que aturden y ensordecen, para que acallemos las voces que esconden la voz de Dios, para no escuchar cantos de sirenas que nos hablan de la felicidad de comprar, de poseer o de determinados caminos, sino que podamos oír la voz del amor, la voz que se grita en el silencio y el desierto.
Para eso existe la Cuaresma para volver a las fuentes, para volver a la fidelidad primera, “como un niño frente a Dios".
¿Y nuestra Cuaresma? Tantas veces habremos dicho: “Cuaresma, tiempo de confesión”, pero ¿de qué sirve si no es un cambio de vida, un cambio de camino? ¿Qué Cuaresma vive el que no vive? La Cuaresma es tiempo de desierto, pero de desierto en medio del ruido y del mundo, en medio del pecado y la infidelidad, en medio de la gente... Es allí donde estoy invitado a encontrarme con Dios y los hermanos, allí donde debo retomar el camino.
El centro, el corazón de la Cuaresma: ¡los hermanos! Revisemos nuestro servicio, nuestro amor, nuestro compromiso liberador; así revisaremos nuestra fe; así viviremos espiritualmente nuestra Cuaresma.
Quien afirme no tener pecado es un mentiroso dice san Juan. Quien decide a devolverle a Dios su lugar, empieza a preparar el camino para una vida coherente con los proyectos de Dios. El tiempo de la cuaresma que comenzamos, es un ¡detente!, un mirar para adentro, es reconocer que hemos caminado sin Dios buena parte de nuestra vida... Pero, casi podemos decir que a Dios no le importa: la gravedad de nuestra ruptura, no le importa qué tan dios nos sentimos. Le importa que estemos decididos a vencer el pecado en el seguimiento de Jesús, a vencer el pecado con la Palabra de Dios.
Lecturas de la semana:
Lunes 22: 1Pe. 5, 1-4; Sal. 22; Mt. 16, 13-19.
Martes 23: Is. 55, 10-11; Sal. 33; Mt. 6, 7-15.
Miércoles 24: Jon. 3, 1-10; Sal. 50; Lc. 11, 29-32.
Jueves 25: Est. 14, 1. 3-5, 12-14; Sal. 137; Mt. 7, 7-12.
Viernes 26:Ez. 18, 21-28;Sal. 129; Mt.5, 20-26.
Sábado 27: Dt. 26, 16-19; Sal 118; Mt. 5, 43-48.
Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las reflexiones que acompañan las lecturas, textos de distintos autores: El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y Maria, Catholic.net, Servicio Bíblico latinoamericano. “Claves de Lectio Divina” Proyecto Lectionautas CEBIPAL/CELAM.
Impresión Librería “Del Rocío” Av. Mitre 6199 – Wilde – 4207-4785
Te esperamos los sábados 17:00 h.
Para Compartir la Palabra de Jesús,
en la Parroquia San José: Brandsen 4970
Villa Dominico. Círculo Bíblico San José
miencuentroconjesus@yahoo.com.ar
http://miencuentroconjesus1.blogspot.com/
Libro del Deuteronomio 26, 4-10
Moisés habló al pueblo diciendo:
«El sacerdote tomará la canasta que tú le entregues, la depositará ante el altar, y tú pronunciarás estas palabras en presencia del Señor, tu Dios: "Mi padre era un arameo errante que bajó a Egipto y se refugió allí con unos pocos hombres, pero luego se convirtió en una nación grande, fuerte y numerosa. Los egipcios nos maltrataron, nos oprimieron y nos impusieron una dura servidumbre. Entonces pedimos auxilio al Señor, el Dios de nuestros padres, y él escuchó nuestra voz. El vio nuestra miseria, nuestro cansancio y nuestra opresión, y nos hizo salir de Egipto con el poder de su mano y la fuerza de su brazo, en medio de un gran terror, de signos y prodigios. El nos trajo a este lugar y nos dio esta tierra que mana leche y miel. Por eso ofrezco ahora las primicias de los frutos del suelo, que tú, Señor, me diste." Tu depositarás las primicias ante el Señor, tu Dios, y te postrarás delante de él.» Palabra de Dios.
Salmo 90
R. Estás conmigo, Señor, en el peligro.
Tú que vives al amparo del Altísimo y resides a la sombra del Todopoderoso, di al Señor: «Mi refugio y mi baluarte, mi Dios, en quien confío.» R.
No te alcanzará ningún mal, ninguna plaga se acercará a tu carpa, porque él te encomendó a sus ángeles para que te cuiden en todos tus caminos. R.
Ellos te llevarán en sus manos para que no tropieces contra ninguna piedra; caminarás sobre leones y víboras, pisotearás cachorros de león y serpientes. R.
«El se entregó a mí, por eso, yo lo libraré; lo protegeré, porque conoce mi Nombre; me invocará, y yo le responderé. Estaré con él en el peligro, lo defenderé y lo glorificaré.» R.
Lectura primera carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Roma 10, 5-13
Hermanos: Moisés escribe acerca de la justicia que proviene de la Ley: El hombre que la practica vivirá por ella. En cambio, la justicia que proviene de la fe habla así: No digas en tu corazón: ¿Quién subirá al cielo?, esto es para hacer descender a Cristo. O bien ¿Quién descenderá al Abismo?, esto es para hacer subir a Cristo de entre los muertos. ¿Qué es lo que dice la justicia?: La palabra está cerca de ti, en tu boca y en tu corazón, es decir, la palabra de la fe que nosotros predicamos. Porque si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor y crees en tu corazón que Dios lo resucitó de entre los muertos, serás salvado. Con el corazón se cree para alcanzar la justicia, y con la boca se confiesa para obtener la salvación. Así lo afirma la Escritura: El que cree en él, no quedará confundido. Porque no hay distinción entre judíos y los que no lo son: todos tienen el mismo Señor, que colma de bienes a quienes lo invocan. Ya que todo el que invoque el nombre del Señor se salvará. Palabra de Dios.
Santo Evangelio según san Lucas 4, 1-13
Jesús, lleno del Espíritu Santo, regresó de las orillas del Jordán y fue conducido por el Espíritu al desierto, donde fue tentado por el demonio durante cuarenta días. No comió nada durante esos días, y al cabo de ellos tuvo hambre. El demonio le dijo entonces: «Si tú eres Hijo de Dios, manda a esta piedra que se convierta en pan.» Pero Jesús le respondió: «Dice la Escritura: El hombre no vive solamente de pan.» Luego el demonio lo llevó a un lugar más alto, le mostró en un instante todos los reinos de la tierra y le dijo: «Te daré todo este poder y el esplendor de estos reinos, porque me han sido entregados, y yo los doy a quien quiero. Si tú te postras delante de mí, todo eso te pertenecerá.» Pero Jesús le respondió: «Está escrito: Adorarás al Señor, tu Dios, y a él solo rendirás culto.»
Después el demonio lo condujo a Jerusalén, lo puso en la parte más alta del Templo y le dijo: «Si tú eres Hijo de Dios, tírate de aquí abajo, porque está escrito: El dará órdenes a sus ángeles para que ellos te cuiden. Y también: Ellos te llevarán en sus manos para que tu pie no tropiece con ninguna piedra.»
Pero Jesús le respondió: «Está escrito: No tentarás al Señor, tu Dios.»
Una vez agotadas todas las formas de tentación, el demonio se alejó de él, hasta el momento oportuno. Palabra del Señor.
Reflexión
El tiempo de Cuaresma que comenzó esta semana con las celebraciones del Miércoles de Ceniza (conviértete y cree en el Evangelio), tiene como telón de fondo el relato de la Palabra de hoy. Jesús, antes de comenzar los años de su vida pública, movido por el Espíritu Santo (Bautismo) se retira al desierto, en total ayuno durante cuarenta días, al final de los cuales es tentado por el demonio. En el Evangelio se relatan las tentaciones a que el mismo Jesús estuvo sometido.
La Cuaresma conmemora los cuarenta días que pasó Jesús en el desierto, como preparación de esos años de predicación que culminan en la Cruz y en la Gloria de la Pascua. Fueron cuarenta días de oración, de ayuno y de penitencia, al cabo de los cuales tuvo lugar la escena que nos relata el Evangelio de la misa de hoy.
San Lucas dice expresamente que el Señor no comió nada durante los cuarenta días y las cuarenta noches. En este largo período vivió unido a Su Padre y contemplando el comienzo de su predicación.
Moisés había procedido de modo semejante antes de promulgar, en nombre de Dios, la antigua ley del Sinaí. También Elías caminó cuarenta días en el desierto para llevar a cabo su misión de renovar el cumplimiento de la Ley. Jesús quiso también prepararse de un modo semejante para proclamar su doctrina.
Después de estos días en los que la naturaleza humana de Jesús se encuentra debilitada, se acercó el demonio para tenderle la primera trampa. El evangelio nos muestra al demonio acercándose de un modo insidioso. La imagen del Mesías que tiene el demonio es semejante a la que tenían muchos judíos de aquel tiempo: un gran profeta, pero hombre al fin y al cabo.
Jesús quiso someterse a las tres tentaciones que ordinariamente más estragos hacen en los hombres: la falta de templanza, la soberbia y la avaricia. Quiso darnos un ejemplo de fortaleza contra las intenciones de nuestro enemigo de perder nuestra alma por uno de esos caminos.
Cuaresma, tiempo de "parar la máquina", de serenidad, de "mirar para adentro"... y ¡¡¡preguntarnos tantas cosas!!! En nuestros días, ¡cuántas caídas!, ¡cuántas infidelidades!, ¡cuántas injusticias! Es tiempo de descubrir cuánto tenemos que cambiar.
El Evangelio de Lucas, nos pone a Jesús en paralelo con el pueblo de Israel. En las mismas circunstancias en las que el pueblo fue infiel, Jesús sale adelante; y para resaltar el paralelo entre ambas situaciones, el evangelista recurre al desierto y a citas del Deuteronomio. Allí donde Israel cayó, allí Jesús sale adelante. Más que un acontecimiento es una plataforma, un programa: unidos a Jesús nada tenemos que temer, sólo el amor cuenta. Deberíamos aprovechar la Cuaresma para revisar cuántos desencuentros, cuántas infidelidades, cuántas injusticias... Pero, al revisarlas, corregirlas; es que la Cuaresma es tiempo de conversión, y conversión significa caminar, camino de vuelta al Padre.
Cuaresma, tiempo de volverse a Dios, y de volverse a tantos hermanos despreciados, olvidados, oprimidos... Tiempo de justicia, de verdad, de liberación...
Mientras el pueblo de Israel, en la tentación no fue fiel y cedió, ahora nos encontramos a Jesús en la misma situación, en la misma tentación. ¡Y triunfa!
Jesús aparece en el Evangelio de hoy como el que vence la tentación. Porque es posible vencerla. Muchas voces, de dentro y de fuera buscan separarnos de Dios, de sus proyectos, de sus caminos. Pero hay una voz más fuerte, más firme, que puede vencer esas otras voces si disponemos el corazón para escucharla. Hace falta tener un oído muy fino, un silencio atento, un corazón dócil.
Para eso existe la Cuaresma, para que sepamos mirar la vida, y mirarnos en la vida; para que sepamos prestar atención a los caminos y proyectos que nos rodean, y enfrentarlos con los caminos y proyectos de Dios.
Para eso existe la Cuaresma, para que apaguemos los ruidos que aturden y ensordecen, para que acallemos las voces que esconden la voz de Dios, para no escuchar cantos de sirenas que nos hablan de la felicidad de comprar, de poseer o de determinados caminos, sino que podamos oír la voz del amor, la voz que se grita en el silencio y el desierto.
Para eso existe la Cuaresma para volver a las fuentes, para volver a la fidelidad primera, “como un niño frente a Dios".
¿Y nuestra Cuaresma? Tantas veces habremos dicho: “Cuaresma, tiempo de confesión”, pero ¿de qué sirve si no es un cambio de vida, un cambio de camino? ¿Qué Cuaresma vive el que no vive? La Cuaresma es tiempo de desierto, pero de desierto en medio del ruido y del mundo, en medio del pecado y la infidelidad, en medio de la gente... Es allí donde estoy invitado a encontrarme con Dios y los hermanos, allí donde debo retomar el camino.
El centro, el corazón de la Cuaresma: ¡los hermanos! Revisemos nuestro servicio, nuestro amor, nuestro compromiso liberador; así revisaremos nuestra fe; así viviremos espiritualmente nuestra Cuaresma.
Quien afirme no tener pecado es un mentiroso dice san Juan. Quien decide a devolverle a Dios su lugar, empieza a preparar el camino para una vida coherente con los proyectos de Dios. El tiempo de la cuaresma que comenzamos, es un ¡detente!, un mirar para adentro, es reconocer que hemos caminado sin Dios buena parte de nuestra vida... Pero, casi podemos decir que a Dios no le importa: la gravedad de nuestra ruptura, no le importa qué tan dios nos sentimos. Le importa que estemos decididos a vencer el pecado en el seguimiento de Jesús, a vencer el pecado con la Palabra de Dios.
Lecturas de la semana:
Lunes 22: 1Pe. 5, 1-4; Sal. 22; Mt. 16, 13-19.
Martes 23: Is. 55, 10-11; Sal. 33; Mt. 6, 7-15.
Miércoles 24: Jon. 3, 1-10; Sal. 50; Lc. 11, 29-32.
Jueves 25: Est. 14, 1. 3-5, 12-14; Sal. 137; Mt. 7, 7-12.
Viernes 26:Ez. 18, 21-28;Sal. 129; Mt.5, 20-26.
Sábado 27: Dt. 26, 16-19; Sal 118; Mt. 5, 43-48.
Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las reflexiones que acompañan las lecturas, textos de distintos autores: El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y Maria, Catholic.net, Servicio Bíblico latinoamericano. “Claves de Lectio Divina” Proyecto Lectionautas CEBIPAL/CELAM.
Impresión Librería “Del Rocío” Av. Mitre 6199 – Wilde – 4207-4785
Te esperamos los sábados 17:00 h.
Para Compartir la Palabra de Jesús,
en la Parroquia San José: Brandsen 4970
Villa Dominico. Círculo Bíblico San José
miencuentroconjesus@yahoo.com.ar
http://miencuentroconjesus1.blogspot.com/
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Reflexiones a la luz de la Palabra de Dios
domingo, 14 de febrero de 2010
Sexto Domingo durante el Año, “¡Felices ustedes, los pobres, porque el Reino de Dios les pertenece!”
Lecturas del 14-02-10 – Ciclo C –
Lectura libro del profeta Jeremías 17, 5-8
Así habla el Señor: ¡Maldito el hombre que confía en el hombre y busca su apoyo en la carne, mientras su corazón se aparta del Señor! El es como un matorral en la estepa que no ve llegar la felicidad; habita en la aridez del desierto, en una tierra salobre e inhóspita.
¡Bendito el hombre que confía en el Señor y en él tiene puesta su confianza! El es como un árbol plantado al borde de las aguas, que extiende sus raíces hacia la corriente; no teme cuando llega el calor y su follaje se mantiene frondoso; no se inquieta en un año de sequía y nunca deja de dar fruto. Palabra de Dios.
Salmo 1
R. ¡Feliz el que pone en el Señor toda su confianza!
¡Feliz el hombre que no sigue el consejo de los malvados, ni se detiene en el camino de los pecadores, ni se sienta en la reunión de los impíos, sino que se complace en la ley del Señor y la medita de día y de noche! R.
El es como un árbol plantado al borde de las aguas, que produce fruto a su debido tiempo, y cuyas hojas nunca se marchitan: todo lo que haga le saldrá bien. R.
No sucede así con los malvados: ellos son como paja que se lleva el viento.
Porque el Señor cuida el camino de los justos,
pero el camino de los malvados termina mal. R.
Primera carta del apóstol San Pablo a los cristianos de Corinto 15, 12. 16-20
Hermanos: Si se anuncia que Cristo resucitó de entre los muertos, ¿cómo algunos de ustedes afirman que los muertos no resucitan? Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó. Y si Cristo no resucitó, la fe de ustedes es inútil y sus pecados no han sido perdonados.
En consecuencia, los que murieron con la fe en Cristo han perecido para siempre. Si nosotros hemos puesto nuestra esperanza en Cristo solamente para esta vida, seríamos los hombres más dignos de lástima. Pero no, Cristo resucitó de entre los muertos, el primero de todos. Palabra de Dios.
Evangelio según San Lucas 6, 12-13, 17. 20-26
En aquel tiempo, Jesús se retiró para orar, y pasó toda la noche en oración con Dios. Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos y eligió a doce de ello, a los que dio el nombre de Apóstoles. Al bajar con ellos se detuvo en una llanura. Estaban allí muchos de sus discípulos y una gran muchedumbre que había llegado de toda la Judea, de Jerusalén y de la región costera de Tiro y Sidón. Entonces Jesús, fijando la mirada en sus discípulos, dijo: « ¡Felices ustedes, los pobres, porque el Reino de Dios les pertenece!
¡Felices ustedes, los que ahora tienen hambre, porque serán saciados! ¡Felices ustedes, los que ahora lloran, porque reirán! ¡Felices ustedes, cuando los hombres los odien, los excluyan, los insulten y los proscriban, considerándolos infames a causa del Hijo del hombre! ¡Alégrense y llénense de gozo en ese día, porque la recompensa de ustedes será grande en el cielo. De la misma manera los padres de ellos trataban a los profetas! Pero ¡ay de ustedes los ricos, porque ya tienen su consuelo! ¡Ay de ustedes, los que ahora están satisfechos, porque tendrán hambre! ¡Ay de ustedes, los que ahora ríen, porque conocerán la aflicción y las lágrimas!
¡Ay de ustedes cuando todos los elogien! ¡De la misma manera los padres de ellos trataban a los falsos profetas!» Palabra del Señor.
Reflexión
Las lecturas de este domingo nos proclaman y nos llevan a reflexionar sobre como ser dichosos, ser felices, ser benditos, ser bendecidos, ser bienaventurados…
El texto de Jeremías presenta el contraste entre el que confía y busca apoyo en «un hombre» o «en la carne», y el que confía o tiene su corazón en el Señor. Entones, ¿la invitación es a no confiar en el otro? No. Aquí se entiende hombre como carne, que significa debilidad y caducidad humana manifestada en el egoísmo, la corrupción, etc. Por tanto, la invitación de Jeremías es a no confiar en las autoridades de su tiempo que se han hecho débiles, por no defender la Causa de Dios que son los débiles, sino la causa de los poderosos de su tiempo. En este sentido, el que confía en la carne será estéril, es decir, no produce, no aporta, no contribuye al crecimiento de nada. Por eso es maldito. En cambio el que opta por Dios, será siempre una fuente de agua viva que permite crecer, multiplicar, compartir, y sobre todo, no dejar nunca de dar fruto.
En la primera parte del Evangelio es interesante destacar como el Señor ora intensamente antes de tomar las grandes decisiones de su ministerio. Tiene que elegir a sus colaboradores más directos, a los Apóstoles… Entonces se pasa toda la noche en oración, hablando con Dios, su Padre.
En la segunda parte percibimos que en la llanura hay muchas personas. Algunos han llegado de Judea y de Jerusalén. Otros, incluso, llegados de Tiro y Sidón que son dos ciudades paganas. Es una gran multitud que “representa” a todos.
En la tercera parte las Bienaventuranzas con los pobres de protagonistas y las malaventuranzas (ayes) con los ricos como destinatarios, continúan el plan programático de Jesús en el evangelio de Lucas.
La bienaventuranza clave es la de los pobres, ya que las otras se entienden en relación a ésta. Son los pobres los que tienen hambre, los que lloran o son perseguidos. Lucas recuerda la promesa del AT de un Dios que venía a actuar a favor de los oprimidos (Is 49,9.13), los que tienen a Dios como único defensor (Is 58,6-7) que claman constantemente a Dios (Sal 72; 107,41; 113,7-8). Todas estas promesas van a ser cumplidas en Jesús, quien ha definido desde el principio su programa misionero en favor de los pobres y oprimidos (Lc 4,16-21. Cf. Is 61,1-3).
¿Dios, entonces, nos quiere pobres?, y ¿qué tipo de pobres? Los pobres no son bienaventurados por ser pobres, sino porque asumiendo tal condición, por situación o solidaridad, buscan dejar de serlo.
La pobreza cristiana va ligada a la promesa del reino de Dios, es decir a tener a Dios como rey. Este reinado se convierte en la mayor riqueza, porque es tener a Dios de nuestro lado, es tener la certeza de que Dios está aquí, en esta tierra de injusticias y desigualdades, encarnado en el rostro de cada pobre, invitándonos a asumir su causa. La causa es también la causa del Reino.
Y disfrutaremos el Reino cuando no haya empobrecidos carentes de sus necesidades básicas, sino «pobres en el Señor» que son todos los que mantienen la riqueza de un pueblo basada en el amor, la justicia, la fraternidad y la paz.
En otras palabras, “Pobres no son los miserables sino los que libremente renuncian a considerar el dinero como valor supremo -un ídolo- y optan por construir una sociedad justa, eliminando la causa de la injusticia. Son los que se dan cuenta de que aquello que ellos consideraban un valor -éxito, dinero, eficacia, posición social, poder- de hecho va contra el ser humano.
El reino de Dios es la sociedad alternativa que Jesús se propone llevar a término. La proclama del reino no la efectúa desde la cima del monte, sino desde el «llano», en el mismo plano en que se halla la sociedad construida a partir de los falsos valores de la riqueza y el poder.
La vida moral, los mandamientos, las exigencias del evangelio no son “una carga”, no son una imposición para hacernos más pesada la vida… sino que son el camino a la bienaventuranza, a la bendición, a la dicha, a la verdadera felicidad…
Lo llamativo es que esta felicidad, dicha y bendición se puede dar en las circunstancias más adversas para los hombres y las mujeres de todos los tiempos: los pobres (ver 20); los que pasan hambre y están tristes (ver 21); y los que son odiados y maltratados (vers 22).
¿Por qué es esto así? Porque la felicidad y la dicha verdadera están solo en Dios. Lamentablemente muchos buscan la felicidad al margen de Dios… y no la encuentran. Lo que encuentran es una “felicidad aparente”, o un “espejo de la felicidad”, o una “caricatura de la felicidad”. Será algarabía exterior… será diversión… Pero no auténtica alegría cristiana. Lo sorprendente de la alegría y la felicidad cristiana es que pueda coexistir, y de hecho coexista con el dolor y el sufrimiento. En medio del dolor y el sufrimiento misteriosamente puedo ser feliz porque descubro que mi vida está en manos de Dios si me abro a Él. Ni la enfermedad, ni los poderes más oscuros del mal de nuestro mundo podrán dañar nuestra interioridad si nos abrimos a Dios y a su misterio que nos llama y nos da las fuerzas para ser bendecidos, dichosos, bienaventurados, gozosos, alegres y felices en el Señor.
No resulta difícil imaginarse la impresión de desconcierto y hasta de decepción, que estas palabras de Jesús pudieron causar entre quienes le escuchaban. El Señor acaba de formular el espíritu nuevo que había venido a traer a la tierra; un espíritu que constituía un cambio completo de valoraciones humanas como las de los fariseos, que veían en la felicidad en la tierra la bendición y premio de Dios, y en la infelicidad y desgracia, el castigo. Jesús propone otro camino. Exalta y beatifica la pobreza cristiana, la misericordia, y la humildad. Hoy en día vemos que continúa existiendo un desconcierto por el contraste que surge entre las penas que llevan consigo el camino de las bienaventuranzas, y la felicidad que promete Jesús.
El pensamiento fundamental que Jesús quería inculcar en sus oyentes era este: “sólo el servir a Dios hace al hombre feliz”. En medio de la pobreza, del dolor, del abandono, podemos decir como San Pablo: “Sobreabundo de gozo en todas mis tribulaciones”. Y por el contrario, un hombre puede ser totalmente desgraciado aunque nade en la opulencia y viva en la posesión de todos los placeres de la tierra.
La última parte del evangelio tiene que ver con la perspectiva contraria que a lo que veíamos en el punto anterior: los ricos cómodos y tranquilos que no piensan en sus hermanos y no comparten (versículo 24); los que tienen mucho que comer y no se apiadan del hambriento (versículo 25); y los que ríen en su abundancia y no son solidarios con los que están tristes (versículo 25). Por no haber sido capaces de abrirse a Dios y a los hermanos no van a vivir la felicidad auténtica sino la eterna oscuridad de una vida sin Dios.
Estas lamentaciones son un signo del amor de Dios por los ricos, como las bienaventuranzas lo son por los pobres, pues ama a todos, aunque de distinta manera. A los unos les asegura que destruirá las estructuras de la injusticia, y a los otros les advierte que las riquezas traen consigo la muerte.
El reino significa una nueva sociedad; Dios bendice a los pobres, pero no la pobreza.
En su predicación el Señor no nos enseño a que debemos evitar los medios oportunos para curar el dolor, la enfermedad, la pobreza o la injusticia.
Pero las Bienaventuranzas nos enseñan que el verdadero éxito de nuestra vida está en amar y cumplir la voluntad de Dios sobre nosotros.
Nos muestran el único camino capaz de llevar al hombre a vivir con la plena dignidad humana que corresponde a su condición de persona. En una época en que tantas cosas empujan hacia la degradación personal, las Bienaventuranzas son una invitación a la rectitud y a la dignidad de vida.
Pidamos a María, nuestra Madre que nos guíe por el camino de las Bienaventuranzas, para que, con ella, siempre sigamos a Jesús
Avisos parroquiales
El miércoles 17 de febrero comienza la Cuaresma se impondrán las cenizas en la misa de las 19 hs. Es día de Ayuno y Abstinencia.
Preguntas para la meditación Qué me dice?
¿A qué me lleva hoy en mi vida la actitud de oración de Jesús en este texto?
¿Qué entiendo por “pobres de espíritu” en el sentido evangélico del término?
¿Me comprometo según mis posibilidades con el pobre, el hambriento y el triste y desalentado?
¿Qué actitudes concretas de compromiso estoy cultivando en este sentido?
En medio de las tristezas de la vida: ¿busco que el Señor sea la raíz de mi alegría?
Lecturas de la semana:
Lunes 15: Sant. 1, 1-11; Sal. 118; Mc. 8, 11-13-
Martes 16: Sant. 1, 12-18; Sal. 93; Mc. 8, 14-21.
Miércoles 17: Jl. 2, 12-18; Sal. 50; 2Cor. 5, 20-6,2
Jueves 18: Dt. 30, 15-20; Sal. 1, Lc. 9, 22-25.
Viernes 19: Is. 58, 1-9ª; Sal. 50; Mt. 9, 14-15
Sábado 20: Is. 58, 9b-14; Sal. 85; Lc. 5, 27-32.
Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las reflexiones que acompañan las lecturas, textos de distintos autores: El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y Maria, Catholic.net, Servicio Bíblico latinoamericano. “Claves de Lectio Divina” Proyecto Lectionautas CEBIPAL/CELAM.
Impresión Librería “Del Rocío” Av. Mitre 6199 – Wilde – 4207-4785
Te esperamos los sábados 17:00 h.
Para Compartir la Palabra de Jesús,
en la Parroquia San José: Brandsen 4970
Villa Dominico. Círculo Bíblico San José
miencuentroconjesus@yahoo.com.ar
Lectura libro del profeta Jeremías 17, 5-8
Así habla el Señor: ¡Maldito el hombre que confía en el hombre y busca su apoyo en la carne, mientras su corazón se aparta del Señor! El es como un matorral en la estepa que no ve llegar la felicidad; habita en la aridez del desierto, en una tierra salobre e inhóspita.
¡Bendito el hombre que confía en el Señor y en él tiene puesta su confianza! El es como un árbol plantado al borde de las aguas, que extiende sus raíces hacia la corriente; no teme cuando llega el calor y su follaje se mantiene frondoso; no se inquieta en un año de sequía y nunca deja de dar fruto. Palabra de Dios.
Salmo 1
R. ¡Feliz el que pone en el Señor toda su confianza!
¡Feliz el hombre que no sigue el consejo de los malvados, ni se detiene en el camino de los pecadores, ni se sienta en la reunión de los impíos, sino que se complace en la ley del Señor y la medita de día y de noche! R.
El es como un árbol plantado al borde de las aguas, que produce fruto a su debido tiempo, y cuyas hojas nunca se marchitan: todo lo que haga le saldrá bien. R.
No sucede así con los malvados: ellos son como paja que se lleva el viento.
Porque el Señor cuida el camino de los justos,
pero el camino de los malvados termina mal. R.
Primera carta del apóstol San Pablo a los cristianos de Corinto 15, 12. 16-20
Hermanos: Si se anuncia que Cristo resucitó de entre los muertos, ¿cómo algunos de ustedes afirman que los muertos no resucitan? Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó. Y si Cristo no resucitó, la fe de ustedes es inútil y sus pecados no han sido perdonados.
En consecuencia, los que murieron con la fe en Cristo han perecido para siempre. Si nosotros hemos puesto nuestra esperanza en Cristo solamente para esta vida, seríamos los hombres más dignos de lástima. Pero no, Cristo resucitó de entre los muertos, el primero de todos. Palabra de Dios.
Evangelio según San Lucas 6, 12-13, 17. 20-26
En aquel tiempo, Jesús se retiró para orar, y pasó toda la noche en oración con Dios. Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos y eligió a doce de ello, a los que dio el nombre de Apóstoles. Al bajar con ellos se detuvo en una llanura. Estaban allí muchos de sus discípulos y una gran muchedumbre que había llegado de toda la Judea, de Jerusalén y de la región costera de Tiro y Sidón. Entonces Jesús, fijando la mirada en sus discípulos, dijo: « ¡Felices ustedes, los pobres, porque el Reino de Dios les pertenece!
¡Felices ustedes, los que ahora tienen hambre, porque serán saciados! ¡Felices ustedes, los que ahora lloran, porque reirán! ¡Felices ustedes, cuando los hombres los odien, los excluyan, los insulten y los proscriban, considerándolos infames a causa del Hijo del hombre! ¡Alégrense y llénense de gozo en ese día, porque la recompensa de ustedes será grande en el cielo. De la misma manera los padres de ellos trataban a los profetas! Pero ¡ay de ustedes los ricos, porque ya tienen su consuelo! ¡Ay de ustedes, los que ahora están satisfechos, porque tendrán hambre! ¡Ay de ustedes, los que ahora ríen, porque conocerán la aflicción y las lágrimas!
¡Ay de ustedes cuando todos los elogien! ¡De la misma manera los padres de ellos trataban a los falsos profetas!» Palabra del Señor.
Reflexión
Las lecturas de este domingo nos proclaman y nos llevan a reflexionar sobre como ser dichosos, ser felices, ser benditos, ser bendecidos, ser bienaventurados…
El texto de Jeremías presenta el contraste entre el que confía y busca apoyo en «un hombre» o «en la carne», y el que confía o tiene su corazón en el Señor. Entones, ¿la invitación es a no confiar en el otro? No. Aquí se entiende hombre como carne, que significa debilidad y caducidad humana manifestada en el egoísmo, la corrupción, etc. Por tanto, la invitación de Jeremías es a no confiar en las autoridades de su tiempo que se han hecho débiles, por no defender la Causa de Dios que son los débiles, sino la causa de los poderosos de su tiempo. En este sentido, el que confía en la carne será estéril, es decir, no produce, no aporta, no contribuye al crecimiento de nada. Por eso es maldito. En cambio el que opta por Dios, será siempre una fuente de agua viva que permite crecer, multiplicar, compartir, y sobre todo, no dejar nunca de dar fruto.
En la primera parte del Evangelio es interesante destacar como el Señor ora intensamente antes de tomar las grandes decisiones de su ministerio. Tiene que elegir a sus colaboradores más directos, a los Apóstoles… Entonces se pasa toda la noche en oración, hablando con Dios, su Padre.
En la segunda parte percibimos que en la llanura hay muchas personas. Algunos han llegado de Judea y de Jerusalén. Otros, incluso, llegados de Tiro y Sidón que son dos ciudades paganas. Es una gran multitud que “representa” a todos.
En la tercera parte las Bienaventuranzas con los pobres de protagonistas y las malaventuranzas (ayes) con los ricos como destinatarios, continúan el plan programático de Jesús en el evangelio de Lucas.
La bienaventuranza clave es la de los pobres, ya que las otras se entienden en relación a ésta. Son los pobres los que tienen hambre, los que lloran o son perseguidos. Lucas recuerda la promesa del AT de un Dios que venía a actuar a favor de los oprimidos (Is 49,9.13), los que tienen a Dios como único defensor (Is 58,6-7) que claman constantemente a Dios (Sal 72; 107,41; 113,7-8). Todas estas promesas van a ser cumplidas en Jesús, quien ha definido desde el principio su programa misionero en favor de los pobres y oprimidos (Lc 4,16-21. Cf. Is 61,1-3).
¿Dios, entonces, nos quiere pobres?, y ¿qué tipo de pobres? Los pobres no son bienaventurados por ser pobres, sino porque asumiendo tal condición, por situación o solidaridad, buscan dejar de serlo.
La pobreza cristiana va ligada a la promesa del reino de Dios, es decir a tener a Dios como rey. Este reinado se convierte en la mayor riqueza, porque es tener a Dios de nuestro lado, es tener la certeza de que Dios está aquí, en esta tierra de injusticias y desigualdades, encarnado en el rostro de cada pobre, invitándonos a asumir su causa. La causa es también la causa del Reino.
Y disfrutaremos el Reino cuando no haya empobrecidos carentes de sus necesidades básicas, sino «pobres en el Señor» que son todos los que mantienen la riqueza de un pueblo basada en el amor, la justicia, la fraternidad y la paz.
En otras palabras, “Pobres no son los miserables sino los que libremente renuncian a considerar el dinero como valor supremo -un ídolo- y optan por construir una sociedad justa, eliminando la causa de la injusticia. Son los que se dan cuenta de que aquello que ellos consideraban un valor -éxito, dinero, eficacia, posición social, poder- de hecho va contra el ser humano.
El reino de Dios es la sociedad alternativa que Jesús se propone llevar a término. La proclama del reino no la efectúa desde la cima del monte, sino desde el «llano», en el mismo plano en que se halla la sociedad construida a partir de los falsos valores de la riqueza y el poder.
La vida moral, los mandamientos, las exigencias del evangelio no son “una carga”, no son una imposición para hacernos más pesada la vida… sino que son el camino a la bienaventuranza, a la bendición, a la dicha, a la verdadera felicidad…
Lo llamativo es que esta felicidad, dicha y bendición se puede dar en las circunstancias más adversas para los hombres y las mujeres de todos los tiempos: los pobres (ver 20); los que pasan hambre y están tristes (ver 21); y los que son odiados y maltratados (vers 22).
¿Por qué es esto así? Porque la felicidad y la dicha verdadera están solo en Dios. Lamentablemente muchos buscan la felicidad al margen de Dios… y no la encuentran. Lo que encuentran es una “felicidad aparente”, o un “espejo de la felicidad”, o una “caricatura de la felicidad”. Será algarabía exterior… será diversión… Pero no auténtica alegría cristiana. Lo sorprendente de la alegría y la felicidad cristiana es que pueda coexistir, y de hecho coexista con el dolor y el sufrimiento. En medio del dolor y el sufrimiento misteriosamente puedo ser feliz porque descubro que mi vida está en manos de Dios si me abro a Él. Ni la enfermedad, ni los poderes más oscuros del mal de nuestro mundo podrán dañar nuestra interioridad si nos abrimos a Dios y a su misterio que nos llama y nos da las fuerzas para ser bendecidos, dichosos, bienaventurados, gozosos, alegres y felices en el Señor.
No resulta difícil imaginarse la impresión de desconcierto y hasta de decepción, que estas palabras de Jesús pudieron causar entre quienes le escuchaban. El Señor acaba de formular el espíritu nuevo que había venido a traer a la tierra; un espíritu que constituía un cambio completo de valoraciones humanas como las de los fariseos, que veían en la felicidad en la tierra la bendición y premio de Dios, y en la infelicidad y desgracia, el castigo. Jesús propone otro camino. Exalta y beatifica la pobreza cristiana, la misericordia, y la humildad. Hoy en día vemos que continúa existiendo un desconcierto por el contraste que surge entre las penas que llevan consigo el camino de las bienaventuranzas, y la felicidad que promete Jesús.
El pensamiento fundamental que Jesús quería inculcar en sus oyentes era este: “sólo el servir a Dios hace al hombre feliz”. En medio de la pobreza, del dolor, del abandono, podemos decir como San Pablo: “Sobreabundo de gozo en todas mis tribulaciones”. Y por el contrario, un hombre puede ser totalmente desgraciado aunque nade en la opulencia y viva en la posesión de todos los placeres de la tierra.
La última parte del evangelio tiene que ver con la perspectiva contraria que a lo que veíamos en el punto anterior: los ricos cómodos y tranquilos que no piensan en sus hermanos y no comparten (versículo 24); los que tienen mucho que comer y no se apiadan del hambriento (versículo 25); y los que ríen en su abundancia y no son solidarios con los que están tristes (versículo 25). Por no haber sido capaces de abrirse a Dios y a los hermanos no van a vivir la felicidad auténtica sino la eterna oscuridad de una vida sin Dios.
Estas lamentaciones son un signo del amor de Dios por los ricos, como las bienaventuranzas lo son por los pobres, pues ama a todos, aunque de distinta manera. A los unos les asegura que destruirá las estructuras de la injusticia, y a los otros les advierte que las riquezas traen consigo la muerte.
El reino significa una nueva sociedad; Dios bendice a los pobres, pero no la pobreza.
En su predicación el Señor no nos enseño a que debemos evitar los medios oportunos para curar el dolor, la enfermedad, la pobreza o la injusticia.
Pero las Bienaventuranzas nos enseñan que el verdadero éxito de nuestra vida está en amar y cumplir la voluntad de Dios sobre nosotros.
Nos muestran el único camino capaz de llevar al hombre a vivir con la plena dignidad humana que corresponde a su condición de persona. En una época en que tantas cosas empujan hacia la degradación personal, las Bienaventuranzas son una invitación a la rectitud y a la dignidad de vida.
Pidamos a María, nuestra Madre que nos guíe por el camino de las Bienaventuranzas, para que, con ella, siempre sigamos a Jesús
Avisos parroquiales
El miércoles 17 de febrero comienza la Cuaresma se impondrán las cenizas en la misa de las 19 hs. Es día de Ayuno y Abstinencia.
Preguntas para la meditación Qué me dice?
¿A qué me lleva hoy en mi vida la actitud de oración de Jesús en este texto?
¿Qué entiendo por “pobres de espíritu” en el sentido evangélico del término?
¿Me comprometo según mis posibilidades con el pobre, el hambriento y el triste y desalentado?
¿Qué actitudes concretas de compromiso estoy cultivando en este sentido?
En medio de las tristezas de la vida: ¿busco que el Señor sea la raíz de mi alegría?
Lecturas de la semana:
Lunes 15: Sant. 1, 1-11; Sal. 118; Mc. 8, 11-13-
Martes 16: Sant. 1, 12-18; Sal. 93; Mc. 8, 14-21.
Miércoles 17: Jl. 2, 12-18; Sal. 50; 2Cor. 5, 20-6,2
Jueves 18: Dt. 30, 15-20; Sal. 1, Lc. 9, 22-25.
Viernes 19: Is. 58, 1-9ª; Sal. 50; Mt. 9, 14-15
Sábado 20: Is. 58, 9b-14; Sal. 85; Lc. 5, 27-32.
Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las reflexiones que acompañan las lecturas, textos de distintos autores: El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y Maria, Catholic.net, Servicio Bíblico latinoamericano. “Claves de Lectio Divina” Proyecto Lectionautas CEBIPAL/CELAM.
Impresión Librería “Del Rocío” Av. Mitre 6199 – Wilde – 4207-4785
Te esperamos los sábados 17:00 h.
Para Compartir la Palabra de Jesús,
en la Parroquia San José: Brandsen 4970
Villa Dominico. Círculo Bíblico San José
miencuentroconjesus@yahoo.com.ar
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