Intención para la evangelización ‐

Intenciones de oración de septiembre: Oremos por una gestión justa y sostenible del agua, recurso vital, para que todos tengan acceso equitativo a ella.

"Todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre"

"Todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre" Mt 7, 7-8. No sé qué quería, pero había algo en mí que me movía a buscar, tal vez que las cosas tengan sentido, y te encontré. Me cuestionaba sobre la vida y me diste tu sabiduría para que pueda encontrar alegría y paz. Ante mis miedos y dudas, te pido que me acompañes en mi peregrinar y me das tu Espíritu Santo, el mismo que te acompaño a vos, hoy me acompaña a mí, me asiste y guía. Hoy sigo buscando más de tu Palabra, de la Verdad y el camino, con la confianza puesta en vos, Dios mío, sé que estás presente en mi vida. Ven Señor Jesús, te necesito.

Del libro de la Sabiduría 6, 12-16

Del libro de la Sabiduría 6, 12-16: La Sabiduría es luminosa y nunca pierde su brillo: se deja contemplar fácilmente por los que la aman y encontrar por los que la buscan. Ella se anticipa a darse a conocer a los que la desean. El que madruga para buscarla no se fatigará, porque la encontrará sentada a su puerta. Meditar en ella es la perfección de la prudencia, y el que se desvela por su causa pronto quedará libre de inquietudes. La Sabiduría busca por todas partes a los que son dignos de ella, se les aparece con benevolencia en los caminos y le sale al encuentro en todos sus pensamientos.

domingo, 20 de julio de 2014

Lecturas del 20-07-14


 
“La fuerza transformadora del Reino.”
 
– Ciclo A –
 
Libro de la Sabiduría 12, 13. 16-19
Fuera de ti, no hay otro Dios que cuide de todos, a quien tengas que probar que tus juicios no son injustos.  Porque tu fuerza es el principio de tu justicia, y tu dominio sobre todas las cosas te hace indulgente con todos.
Tú muestras tu fuerza cuando alguien no cree en la plenitud de tu poder, y confundes la temeridad de aquellos que la conocen. Pero, como eres dueño absoluto de tu fuerza, juzgas con serenidad y nos gobiernas con gran indulgencia, porque con sólo quererlo puedes ejercer tu poder. Al obrar así, tú enseñaste a tu pueblo que el justo debe ser amigo de los hombres y colmaste a tus hijos de una feliz esperanza, porque, después del pecado, das lugar al arrepentimiento.
Palabra de Dios.
 
Salmo 85
 
R. Tú, Señor, eres bueno e indulgente.
 
Tú, Señor, eres bueno e indulgente, rico en misericordia con aquellos que te invocan: ¡atiende, Señor, a mi plegaria, escucha la voz de mi súplica!  R.
 
Todas las naciones que has creado vendrán a postrarse delante de ti, y glorificarán tu Nombre, Señor,  porque tú eres grande, Dios mío,  y eres el único que hace maravillas.  R. 
Tú, Señor, Dios compasivo y bondadoso,     
 lento para enojarte, rico en amor y fidelidad, vuelve hacia mí tu rostro y ten piedad de mí. Fortalece a tu servidor, salva al hijo de tu servidora. R. 
 
Carta de Pablo a los Romanos 8, 26-27
Hermanos: El Espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad porque no sabemos orar como es debido; pero el Espíritu intercede por nosotros con gemidos inefables. Y el que sondea los corazones conoce el deseo del Espíritu y sabe que su intercesión en favor de los santos está de acuerdo con la voluntad divina. Palabra de Dios.

Evangelio según san Mateo 13, 24-43
Jesús propuso a la gente otra parábola: «El Reino de los Cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero mientras todos dormían vino su enemigo, sembró cizaña en medio del trigo y se fue. Cuando creció el trigo y aparecieron las espigas, también apareció la cizaña. Los peones fueron a ver entonces al propietario y le dijeron: "Señor, ¿no habías sembrado buena semilla en tu campo? ¿Cómo es que ahora hay cizaña en él? 
El les respondió: "Esto lo ha hecho algún enemigo. Los peones replicaron: "¿Quieres que vayamos a arrancarla?    
"No, les dijo el dueño, porque al arrancar la cizaña, corren el peligro de arrancar también el trigo. Dejen que crezcan juntos hasta la cosecha, y entonces diré a los cosechadores: Arranquen primero la cizaña y átenla en manojos para quemarla, y luego recojan el trigo en mi granero."»       
También les propuso otra parábola: «El Reino de los Cielos se parece a un grano de mostaza que un hombre sembró en su campo. En realidad, esta es la más pequeña de las semillas, pero cuando crece es la más grande de las hortalizas y se convierte en un arbusto, de tal manera que los pájaros del cielo van a cobijarse en sus ramas.»            
Después les dijo esta otra parábola: 
«El Reino de los Cielos se parece a un poco de levadura que una mujer mezcla con gran cantidad de harina, hasta que fermenta toda la masa.» Todo esto lo decía Jesús a la muchedumbre por medio de parábolas, y no les hablaba sin parábolas, para que se cumpliera lo anunciado por el Profeta: Hablaré en parábolas anunciaré cosas que estaban ocultas desde la creación del mundo.              
Entonces, dejando a la multitud, Jesús regresó a la casa; sus discípulos se acercaron y le dijeron: «Explícanos la parábola de la cizaña en el campo.» El les respondió: «El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los que pertenecen al Reino; la cizaña son los que pertenecen al Maligno, y el enemigo que la siembra es el demonio; la cosecha es el fin del mundo y los cosechadores son los ángeles.  
Así como se arranca la cizaña y se la quema en el fuego, de la misma manera sucederá al fin del mundo. El Hijo del hombre enviará a sus ángeles, y estos quitarán de su Reino todos los escándalos y a los que hicieron el mal, y los arrojarán en el horno ardiente: allí habrá llanto y rechinar de dientes. Entonces los justos resplandecerán como el sol en el Reino de su Padre. ¡El que tenga oídos, que oiga!»  Palabra del Señor.
 
 
Rectángulo redondeado: Ven a mí, Espíritu Santo, Espíritu de verdad: concédeme llegar al conocimiento de la verdad en toda su plenitud.
 
Reflexión: 
 
Parábolas de la cizaña. Esta parábola sólo se encuentra en Mateo, Marcos y Lucas no la traen.  Cuenta una escena de la vida cotidiana en palestina: el dueño del campo siembra buena semilla; el enemigo que trata de perjudicarle sembrando cizaña en medio del trigo; la relación entre el amo y sus siervos… Todo parece normal, excepto la sorprendente reacción del dueño del campo: “Dejen que ambas semillas crezcan juntas”.  Esto es lo que más debió chocar a los oyentes de Jesús.  Seguramente les hizo pensar si la extraña decisión del dueño del campo era acertada.  Y aquí su mensaje central.
 
¿Por qué esta parábola? Jesús  no reunió una comunidad de puros sino que dirigía su mensaje a los pecadores.  Esta actitud provocó entre sus adversarios una dura oposición.  Con esta parábola, Jesús justifica su actuación: mientras llega el memento final, hay tiempo para la conversión y la misericordia.  La parábola muestra que el reino de Dios se hace presente en la ambigüedad de la historia y que el comienzo de éste no supone la erradicación del mal.  Hay que esperar hasta el final para distinguir el grano bueno de las plantas inútiles.  Mientras tanto, el juicio sobre cada grupo o persona está en suspenso.  Todos pueden transformarse y mejorar.  La división del mundo, de las personas, de las realidades de los grupos en buenos y malos, queda descalificada. Frente a la impaciencia de los que no pueden ver juntos el bien y el mal, está la paciencia histórica.  Éste  y todos los tiempos de paciencia histórica, de espera paciente y lúcida, de aguante activo. No precipitemos los juicios, no nos hagamos jueces definitivos.  El fácil recurso a dividir a las personas en buenas y malas no sólo es simple e inexacto, sino que vulnera también los criterios del Reino.
 
La cuestión no es ya si el trigo y la cizaña pueden crecer juntos o no sino el discernimiento que tendrá lugar en el día del juicio.  El juicio final, descrito con la simbología de aquella época, sirve para asegurar que la destrucción del mal llegará realmente un día.
 
El problema del mal es uno de los que más ha preocupado siempre a la humanidad. ¿Qué sentido tiene? ¿Cuál es su origen? ¿Quién es su responsable? ¿Por qué nos viene? ¿Cómo puede Dios permitir tanta desgracia entre personas inocentes?
Esta parábola parece afirmar que la presencia del mal no es como una ciega e inevitable fatalidad. 
¡Un enemigo sembró la cizaña mientras el dueño y la gente dormían! Hay causas, decisiones, opciones… muchas veces intrahistóricas, humanas…
 
Otra  observación a tener en cuenta: Demasiadas veces buscamos demonios o chivos expiatorios para echarles la culpa y dar así una explicación cómoda a los males propios o ajenos.  Es lo más fácil.  No asumimos la parte de responsabilidad que nos corresponde y, en consecuencia, no ponemos los remedios precisos.  Tendemos a juzgar y condenar al vecino sin cuestionar nuestra propia conducta.  En este marco cobra sentido la sorprendente reacción del amo de la finca, que deja crecer juntas la buena y la mala semilla. Con ello, Jesús vino a decirnos que es preciso ser cautos y pacientes; que no hemos de convertirnos principalmente en jueces, y que el juicio corresponde en última instancia, a Dios.
 
El grano de mostaza y la levadura. Estas dos parábolas casi son gemelas en contenido y forma.  El aspecto más llamativo en ambas es el contraste que existe entre la situación inicial y el resultado final.
 
A través de estas comparaciones, Jesús habla del Reino que ha comenzado con su vida y su praxis.  Su presencia es por ahora germinal, su apariencia, como la del grano de mostaza y la levadura, es insignificante, pero lleva dentro una fuerza transformadora que ha prendido ya en la historia, y su crecimiento es irreversible.  He aquí la fuerza y la debilidad del Reino iniciado por Jesús.  Esta es la paradoja del Evangelio, que aparece fuertemente acentuada por el contraste entre el grano de mostaza que se siembra y el árbol que se hace, y entre la pequeña cantidad de levadura y la enorme cantidad de harina (medio quintal=unos 39 kg) que acabó de fermentar.  Para Mateo, que conocía ya el éxito de la misión cristiana entre los paganos, estas parábolas representan una confirmación del camino emprendido y un estímulo para seguir haciendo presente en medio del mundo la fuerza transformadora del Reino.
 
Las dos parábolas destacan también la acción histórica de los seres humanos: “el reino de los cielos se parece a un grano de mostaza que sembró un hombre”; “el reino de los cielos se parece a un poco de levadura que metió una mujer”.  O sea, que reino de Dios necesita su realización, el trabajo y la acción de los hombres y mujeres.  Nuestra vida, nuestro compromiso histórico, nuestra acción política no es ajena a la presencia del Reino.
 
La levadura introducida en la masa es, ante todo, el mismo Jesús: no tuvo una actuación espectacular, sino que se metió en el seno de los problemas del pueblo y actuó con sencillez, desde a dentro de ellos. 
Se hizo cargo de la realidad, cargó con ella y se encargó de ella.  Su fuerza parecía pequeña, y fácilmente lo eliminaron, pero en su debilidad se escondía la fuerza transformadora de Dios.
Dios  obra desde dentro de la masa, en el corazón de la historia, no al margen de las realidades humanas y sociales... Por eso el Reino surge cuando la levadura se introduce en la masa.  Si la levadura no se mezcla e introduce en las realidades sociales, en el corazón del mundo, esta sociedad no fermentará y seguirá sin ser Reino.
 
¡Ser fermento de humanidad, en el corazón del mundo! Para trabajar de esta forma es preciso llenarse de Jesús, seguir a Jesús.
 
Oración.
 
Señor, gracias por darme tu palabra,  gracias porque esta es la brújula que conduce mi vida, y sin ella estoy extraviado.
Tú eres Señor, el sembrador y dueño de la tierra, en ti Señor encuentro la semilla que debe germinar en mi corazón, para poder ser fuerte con un árbol donde puedan anidar los pájaros.
 
Arranca de mi corazón la cizaña que en el descuido he dejado crecer en mi espíritu.
 
Dame fuerza Señor, para infundir tu palabra en todos los lugares donde me envíes.
Señor gracias por explicarnos las escrituras,  gracias por revelarnos los secretos para poder llegar a ti y no ser quemados como la cizaña.
Danos un espíritu fuerte como el tuyo Señor para poder estar alertas a las invitaciones del maligno. 
Amén
 
Francisco v
 
Francisco: En el Amor de Dios
un mundo mejor es posible
 
Cuando el hombre pierde su humanidad ¿qué nos espera? Pasa lo que yo llamo en lenguaje común una política, una sociología, una actitud del ‘descarte’”.
 
“Se descartan los niños, porque el nivel de natalidad -por lo menos aquí en Europa- lo conocemos todos; se descartan los ancianos porque no sirven. ¿Y entonces? Se descarta toda una generación de jóvenes y esto es gravísimo. He visto una cifra: 75 millones de jóvenes, menores de 25 años, sin trabajo. Los jóvenes 'ni-ni': ni estudian. Ni trabajan. No estudian porque no tienen posibilidad y no trabajan porque no hay trabajo. ¡Es otro descarte! ¿Cuál será el próximo? Detengámonos a tiempo ¡por favor!”
 
El Santo Padre recordó que “se descarta lo que no sirve porque el ser humano no está en el centro. Y cuando el hombre no está en el centro, hay algo que sí lo está y el hombre está a su servicio. La idea es, entonces, la de salvar al hombre, en el sentido de que vuelva al centro: al centro de la sociedad, al centro de los pensamientos, al centro de la reflexión. Llevar otra vez al hombre al centro”.
 
"Les quiero pedir un favor: caminemos todos juntos, cuidémonos los unos a los otros, cuídense entre ustedes, no se hagan daño; ¡cuídense! Cuiden la vida, cuiden la familia, cuiden la naturaleza, cuiden los niños, cuiden a los viejos. Que no haya odio, que no haya peleas. Dejen de lado la envidia y no le saquen el cuero a nadie; dialoguen, vayan creciendo en el corazón y acérquense a Dios".
 
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Aclaración: Se han utilizado para la preparación de esta hoja: El libro del Pueblo de Dios. Reflexiones del P. Fidel Oñoro, cjm Centro Bíblico del CELAM. P. Daniel Silva. Servicio Bíblico Latinoamericano.
 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

sábado, 12 de julio de 2014

Lecturas del 13-07-14

 
 
“El hombre que escucha la Palabra y la comprende, es el  que produce frutos...”

 Décimo quinto domingo durante el año  – Ciclo A –
 
 
Libro del profeta Isaías 55, 10-11Así habla el Señor: Así como la lluvia y la nieve descienden del cielo y no vuelven a él sin haber empapado la tierra, sin haberla fecundado y hecho germinar, para que dé la semilla al sembrador y el pan al que come, así sucede con la palabra que sale de mi boca: ella no vuelve a mí estéril, sino que realiza todo lo que yo quiero y cumple la misión que yo le encomendé. Palabra de Dios.

Salmo 64 
 
R. La semilla cayó en tierra fértil y produjo fruto.
Visitas la tierra, la haces fértil y la colmas de riquezas;  los canales de Dios desbordan de agua,  y así preparas sus trigales.  R.
 
Riegas los surcos de la tierra, emparejas sus terrones; la ablandas con  aguaceros y bendices sus brotes.  R.
 
Tú coronas el año con tus bienes,  y a tu paso rebosa la abundancia; rebosan los pastos del desierto  y las colinas se ciñen de alegría.  R.
 
Las praderas se cubren de rebaños y los valles se revisten de trigo: todos ellos aclaman y cantan.  R.
 
Pablo a los cristianos de Roma 8, 18-23
Hermanos: Yo considero que los sufrimientos del tiempo presente no pueden compararse con la gloria futura que se revelará en nosotros. En efecto, toda la creación espera ansiosamente esta revelación de los hijos de Dios.
Ella quedó sujeta a la vanidad, no voluntariamente, sino por causa de quien la sometió, pero conservando una esperanza. Porque también la creación será liberada de la esclavitud de la corrupción para participar de la gloriosa libertad de los hijos de Dios. Sabemos que la creación entera, hasta el presente, gime y sufre dolores de parto. Y no sólo ella: también nosotros, que poseemos las primicias del Espíritu, gemimos interiormente anhelando que se realice la redención de nuestro cuerpo. Palabra de Dios.
 
Evangelio según san Mateo 13, 1-23
Aquel día, Jesús salió de la casa y se sentó a orillas del mar. Una gran multitud se reunió junto a él, de manera que debió subir a una barca y sentarse en ella, mientras la multitud permanecía en la costa. Entonces él les habló extensamente por medio de parábolas.            
Les decía: «El sembrador salió a sembrar. Al esparcir las semillas, algunas cayeron al borde del camino y los pájaros las comieron. Otras cayeron en terreno pedregoso, donde no había mucha tierra, y brotaron en seguida, porque la tierra era poco profunda; pero cuando salió el sol, se quemaron y, por falta de raíz, se secaron. Otras cayeron entre espinas, y estas, al crecer, las ahogaron. Otras cayeron en tierra buena y dieron fruto: unas cien, otras sesenta, otras treinta. ¡El que tenga oídos, que oiga!» 
Los discípulos se acercaron y le dijeron: «¿Por qué les hablas por medio de parábolas?»              
El les respondió: «A ustedes se les ha concedido conocer los misterios del Reino de los Cielos, pero a ellos no. Porque a quien tiene, se le dará más todavía y tendrá en abundancia, pero al que no tiene, se le quitará aun lo que tiene. Por eso les hablo por medio de parábolas: porque miran y no ven, oyen y no escuchan ni entienden. Y así se cumple en ellos la profecía de Isaías, que dice:
Por más que oigan, no comprenderán, por más que vean, no conocerán. Porque el corazón de este pueblo se ha endurecido, tienen tapados sus oídos y han cerrado sus ojos, para que sus ojos no vean, y sus oídos no oigan, y su corazón no comprenda, y no se conviertan, y yo no los cure.    
Felices, en cambio, los ojos de ustedes, porque ven; felices sus oídos, porque oyen. Les aseguro que muchos profetas y justos desearon ver lo que ustedes ven, y no lo vieron; oír lo que ustedes oyen, y no lo oyeron.              
Escuchen, entonces, lo que significa la parábola del sembrador.           
Cuando alguien oye la Palabra del Reino y no la comprende, viene el Maligno y arrebata lo que había sido sembrado en su corazón: este es el que recibió la semilla al borde del camino. El que la recibe en terreno pedregoso es el hombre que, al escuchar la Palabra, la acepta en seguida con alegría, pero no la deja echar raíces, porque es inconstante: en cuanto sobreviene una tribulación o una persecución a causa de la Palabra, inmediatamente sucumbe.     
El que recibe la semilla entre espinas es el hombre que escucha la Palabra, pero las preocupaciones del mundo y la seducción de las riquezas la ahogan, y no puede dar fruto.    
Y el que la recibe en tierra fértil es el hombre que escucha la Palabra y la comprende. Este produce fruto, ya sea cien, ya sesenta, ya treinta por uno.» Palabra del Señor.
 
Dios mío:
Abre mi espíritu y dame inteligencia, en vano leeré o escucharé tu Palabra si Tú no haces que penetre en mi corazón.
Concédeme ardor para buscarla, docilidad para aceptarla y fidelidad para cumplirla. Amén
 
Reflexión
 
Cultivemos la semilla de la Palabra en lo profundo del corazón
 
El texto del profeta Isaías que hoy leemos  nos presenta una comparación que subraya el papel fundamental de la palabra de Dios para que se verifique la eficacia de su obra o acción. La palabra de Dios es entonces la lluvia que hace fecundos incluso los terrenos más áridos y duros. Se describe todo el ciclo completo del agua, desde su precipitación como gotas en las nubes, pasando por su acción benéfica en el terreno cultivado, hasta su retorno al cielo, lista para emprender de nuevo su cometido. De igual forma la palabra de Dios, que parte rauda de la boca de Dios, hace fértil el campo que la recibe y realiza el cometido para el que fue enviada.
 
El evangelio de Mateo complementa esta imagen tan poderosa y sugestiva con la ‘parábola del sembrador’. En esta parábola los elementos decisivos son la excelente calidad de la semilla y la disposición del terreno. El sembrador lanza una semilla de excelente calidad y lo hace con la generosidad y esperanza de quien ama su campo de cultivo. No ahorra esfuerzo ni semillas; las coloca incluso en lugares en donde no cabría esperar ningún resultado ya que su interés no es conservarla sino esperar que esa semilla haga fructificar todos los sectores de su parcela.
El comportamiento del sembrador, que es un profesional en la materia, ciertamente parece extraño cuando deja caer algunas semillas en terreno impropio para el cultivo.  Sin embargo, esto corresponde a la realidad del evangelio: antes que la calidad de la tierra, lo que vale es la calidad de la semilla. Así obraba Jesús: arrojaba su semilla en corazones sobre los cuales los fariseos ya habían dado su dictamen negativo y consideraban excluidas de la salvación.
Entonces la imagen de un sembrador arrojando las semillas en los tres primeros terrenos es un retrato de la obra de Jesús quien no ha venido “a llamar a justos, sino a pecadores” (Mt 9,13). Ante todo se proclama la bondad de Dios, quien no tiene límites para ofrecer sus bendiciones (Mt 6,45), pero esto implica de parte de cada hombre el hacerse a sí mismo “buena tierra” para que la semilla de la Palabra pueda crecer.
 
La buena disposición de cada pedazo de la parcela constituye el factor decisivo para el éxito de la empresa. La semilla es buena, pero no siempre el terreno responde de la misma manera.
 
La disposición del terreno se refiere a la actitud de las personas. Algunas se dejan cultivar y ofrecen una tierra apta donde la semilla echa raíces profundas. Otras, en cambio, ofrecen terrenos donde la semilla se pierde por exceso de dureza, por descuido, superficialidad o negligencia. Tanto el grupo representado por los buenos terrenos, como el grupo representado por los terrenos no receptivos, hacen parte de la misma parcela. Los dos están en la misma geografía, en la misma historia y en el mismo momento. No hay excusa válida para justificar la falta de acogida y de respuesta.
 
Esta parábola se refiere a una realidad de la comunidad cristiana sobre la que ya se había hecho una profunda recepción. En la comunidad, representada por la parcela, se encuentran terrenos, es decir personas, con diferentes actitudes y proyectos. No se puede saber de antemano que respuesta va a dar cada quien. Lo único que se sabe es que el sembrador reparte con generosidad su fértil semilla. Sin embargo, en el desarrollo del proceso de cultivo se sabe quién es apto y quién no. Pero no basados en criterios arbitrarios, sino en el fruto que cada quien muestra. La expresión ‘dar frutos’ tiene un valor muy preciso en la Biblia y se refiere siempre a la respuesta positiva del ser humano al proyecto de Dios. Pero no a cualquier proyecto presentado en nombre de Dios, sino a la propuesta que Jesús de Nazaret ha llamado ‘reino de Dios’. Es decir, una experiencia humana donde sea posible al amor solidario, la libertad para hacer el bien y la justicia responsable.
 
La parábola del sembrador nos pone en contacto con la profecía consoladora de Isaías. La palabra de Dios actúa en la historia humana en las personas que cultivan el terreno sorprendente del amor solidario, de la escucha atenta del hermano y del servicio generoso y desinteresado a los excluidos. La palabra de Dios se hace fecunda en las comunidades y personas que asumen una actitud responsable ante la historia y no permiten que la ‘buena nueva del evangelio’ se convierta en consigna barata ni en cliché de espiritualizaciones alienadoras y superfluas.
 
Pablo, en la Carta a los Romanos, nos propone esta misma reflexión: la creación, el terreno fértil que Dios ha dado al ser humano en la historia (Gn 2, 4-25), aguarda con impaciencia la realización de la obra de Cristo en toda la humanidad. La propuesta de Jesús nos abre a la esperanza de un futuro en el que la Humanidad se reconoce en la justicia y en el amor solidario y no en la muerte y la guerra.
 
El estilo de Jesús en el anuncio de la buena nueva del Reino.
Así siembra Jesús su mensaje. Lo ven salir todas las mañanas a anunciar la Buena Noticia de Dios. Siembra su Palabra entre la gente sencilla que lo acoge, y también entre los escribas y fariseos que lo rechazan. Nunca se desalienta. Su siembra no será estéril.      
Desbordados por una fuerte crisis religiosa, podemos pensar que el Evangelio ha perdido su fuerza original y que el mensaje de Jesús ya no tiene garra para atraer la atención del hombre o la mujer de hoy.       
¿Es el Evangelio el que ha perdido fuerza humanizadora? ¿O somos nosotros los que lo estamos anunciando con una fe débil y vacilante?
No es Jesús el que ha perdido poder de atracción. Somos nosotros los que lo desvirtuamos con nuestras incoherencias y contradicciones.             
El Papa Francisco dice que, cuando un cristiano no vive una adhesión fuerte a Jesús, “pronto pierde el entusiasmo y deja de estar seguro de lo que transmite, le falta fuerza y pasión. Y una persona que no está convencida, entusiasmada, segura, enamorada, no convence a nadie”.    
Evangelizar no es propagar una doctrina, sino hacer presente en medio de la sociedad y en el corazón de las personas la fuerza humanizadora y salvadora de Jesús. Y esto no se puede hacer de cualquier manera. Lo más decisivo no es el número de predicadores, catequistas y enseñantes de religión, sino la calidad evangélica que podamos irradiar los cristianos.
 
¿Qué contagiamos? ¿Indiferencia o fe convencida? ¿Mediocridad o pasión por una vida más humana? cfr. J. A. Pagola


Francisco: En el Amor de Dios un mundo mejor es posible
 
Francisco v
 
El Papa Francisco nos dice que Jesús invita a todos a ir hacia Él, especialmente a los que sufren más y a quienes tienen el “corazón vacío y sin Dios”.
 
La indiferencia: ¡Cuánto daño hace a los necesitados la indiferencia humana! Y aún peor la de los cristianos. En los márgenes de la sociedad hay muchos hombres y mujeres probados por la indigencia, pero también por las insatisfacciones de la vida y las frustraciones. 
 
Una vez que recibimos el alivio y consuelo de Cristo, “estamos llamados también nosotros a ser alivio y consuelo para los hermanos, con actitud mansa y humilde, a imitación del Maestro”.
 
“El amor nos hace semejantes, crea igualdad, derriba los muros y las distancias. Y Dios hizo esto con nosotros. Jesús, en efecto, «trabajó con manos de hombre, pensó con inteligencia de hombre, obró con voluntad de hombre, amó con corazón de hombre”.
 
“Si los bienes materiales y el dinero se convierten en el centro de la vida, nos atrapan y nos esclavizan”
 
“Nunca se dejen vencer por el desánimo. Nuestra alegría no es algo que nace de tener tantas cosas, sino de haber encontrado a una persona, Jesús; que está entre nosotros”.            
 
“Y, por favor, ¡no se dejen robar la esperanza!, ¡no dejen robar la esperanza! Esa que nos da Jesús”.
 
Oración
 
Señor, se que has tomado la iniciativa de sembrar en los corazones de cada ser humano tus enseñanzas, por eso recurro a Ti para que me ayudes  a comprender tus caminos,  quiero que mi corazón sea tierra buena para Tu Palabra.
 
Ayúdame a dejar que la semilla que has plantado en mí, me transforme en Tu discípulo, que sea rama de tu árbol, de fruto dulce como la miel, compartiendo tu Reino de amor con todos aquellos que lo necesiten.
Te doy gracias Señor por ser mi maestro y confiarme tus enseñanzas.  Amén
 
 
Aclaración: Se han utilizado para la preparación de esta hoja: El libro del Pueblo de Dios. Reflexiones del P. Fidel Oñoro, cjm Centro Bíblico del CELAM. Lectionautas.com. Servicio Bíblico Latinoamericano.

  
 
  

viernes, 4 de julio de 2014

Lecturas del 6-07-14

 

 
 
“Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados,  y yo los aliviaré”
 
Décimo cuarto domingo durante el año  – Ciclo A –
 
Profecía de Zacarías 9, 9-10
Así habla el Señor: ¡Alégrate mucho, hija de Sión! ¡Grita de júbilo, hija de Jerusalén! Mira que tu Rey viene hacia ti; él es justo y victorioso, es humilde y está montado sobre un asno, sobre la cría de un asna. El suprimirá los carros de Efraím y los caballos de Jerusalén; el arco de guerra será suprimido y proclamará la paz a las naciones.
Su dominio se extenderá de un mar hasta el otro, y desde el Río hasta los confines de la tierra. Palabra de Dios.

Salmo 144
 
R. Bendeciré tu nombre eternamente,  Dios mío, el único Rey.
 
Te alabaré, Dios mío, a ti, el único Rey, y bendeciré tu Nombre eternamente;  día tras día te bendeciré,  y alabaré tu Nombre sin cesar.  R.
El Señor es bondadoso y compasivo,  lento para enojarse y de gran misericordia;  el Señor es bueno con todos y tiene compasión de todas sus criaturas.  R.
Que todas tus obras te den gracias, Señor,  y tus fieles te bendigan; que anuncien la gloria de tu reino y proclamen tu poder.  R.
El Señor es fiel en todas sus palabras  y bondadoso en todas sus acciones.  El Señor sostiene a los que caen y endereza a los que están encorvados.  R.
 San Pablo a los  Romanos 8, 9. 11-13
Hermanos: Ustedes no están animados por la carne sino por el espíritu, dado que el Espíritu de Dios habita en ustedes. El que no tiene el Espíritu de Cristo no puede ser de Cristo. Y si el Espíritu de aquel que resucitó a Jesús habita en ustedes, el que resucitó a Cristo Jesús también dará vida a sus cuerpos mortales, por medio del mismo Espíritu que habita en ustedes. 
Hermanos, nosotros no somos deudores de la carne, para vivir de una manera carnal. Si ustedes viven según la carne, morirán. Al contrario, si hacen morir las obras de la carne por medio del Espíritu, entonces vivirán. 
Palabra de Dios.
 
Evangelio según san Mateo 11, 25-30
Jesús dijo: Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, por haber ocultado estas cosas a los sabios y a los prudentes y haberlas revelado a los pequeños. Sí, Padre, porque así lo has querido.                
Todo me ha sido dado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo sino el Padre, así como  nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. 
Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y yo los aliviaré. Carguen sobre ustedes mi yugo y aprendan de mí, porque soy paciente y humilde de corazón, y así encontrarán alivio. Porque mi yugo es suave y mi carga liviana. Palabra del Señor.
 
Ven Espíritu   Santo, ven a fortalecer lo que está débil, a sanar lo que está enfermo, ven.
 
Rectángulo redondeado: Mi encuentro con Jesús.
 
Señor Jesús, envía tu Espíritu, para que Él nos ayude a leer la Biblia del mismo modo con el cual Tú la has leído a los discípulos en el camino de Emaús. 
Con la luz de la Palabra, escrita en la Biblia, Tú les ayudaste a descubrir la presencia de Dios en los acontecimientos dolorosos de tu condena y muerte. Así, la cruz, que parecía ser el final de toda esperanza, apareció para ellos como fuente de vida y resurrección.

Crea en nosotros el silencio para escuchar tu voz en la Creación y en la Escritura, en los acontecimientos y en las personas, sobre todo en los pobres y en los que sufren. 
Tu palabra nos oriente a fin de que también nosotros, como los discípulos de Emaús, podamos experimentar la fuerza de tu resurrección y testimoniar a los otros que Tú estás vivo en medio de nosotros como fuente de fraternidad, de justicia y de paz. 
Te lo pedimos a Ti, Jesús, Hijo de María, que nos has revelado al Padre y enviado tu Espíritu.                     

Amén.
 
Reflexión:
 
El Reino revelado a los pequeños
 
Mientras Jesús realiza su Misión, aparecen incomprensiones y resistencias que Jesús debe afrontar. Juan Bautista, que miraba a Jesús con una mirada del pasado, no lo comprende (Mt 11, 1-15). El pueblo, que miraba a Jesús sólo por interés, no es capaz de entenderlo (Mt 11, 16-19). Las grandes ciudades en torno al lago, que habían oído la predicación y habían visto los milagros, no quieren abrirse a su mensaje (Mt 11, 20-24). Los escribas y doctores que juzgaban todo a partir de su ciencia, no son capaces de entender la predicación de Jesús (Mt 11,25). Ni siquiera los parientes lo entienden (Mt 12,46-50). Sólo los pequeños entienden y aceptan la buena nueva del Reino. Los otros quieren sacrificios, pero Jesús quiere misericordia (Mt 12,8). La resistencia contra Jesús lleva a los fariseos a intentar matarlo (Mt 12,9-14). Ellos lo llaman Beelzebul (Mt 12, 22-32). Pero Jesús no cede; él continúa asumiendo la misión del Siervo, descripto por el profeta Isaías (Is 43, 1-4). Así, este contexto sugiere que la aceptación de la buena nueva por parte de los pequeños es la realización de la profecía de Isaías. En el contexto del Evangelio de Mateo de hoy, los sabios y prudentes son, los maestros de la ley, los fariseos y sumos sacerdotes, es decir, la minoría,  que detenta el poder social y religioso, gente importante y religiosa, segura de sí misma, que desprecia al pueblo marginado, y el término pequeños nos indica el contexto de exclusión que reinaba en aquella época y son ellos que  han sabido recibir la revelación de Jesús  y han acogido.
 
Jesús es el Mesías esperado, pero es diverso de lo que la mayoría imaginaba. No es el Mesías glorioso nacionalista, ni siquiera un juez severo, ni un Mesías rey poderoso. Sino que es el Mesías humilde y siervo que "no rompe la caña cascada, ni apagará la mecha humeante" (Mt 12,20). Él proseguirá luchando, hasta cuando la justicia y el derecho prevalezcan en el mundo (Mt 12,18. 20-21). La acogida del Reino por parte de los pequeños es la luz que brilla (Mt 5,14), es la sal que da sabor (Mt 5,13), es el grano de mostaza que (una vez convertido en árbol grande) permitirá a las aves del cielo anidar entre sus ramas (Mt 13, 31-32).
 
De frente a la acogida del mensaje del Reino por parte de los pequeños, Jesús tiene un gran gozo, y espontáneamente, transforma su gozo en una oración al Padre: "Te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque ocultaste estas cosas a los sabios y discretos y las revelaste a los pequeñuelos. Sí, Padre, porque así lo has querido".
Los sabios, los doctores de aquel tiempo, habían creado una serie de leyes en torno a la pureza legal, que después imponían al pueblo en nombre de Dios (Mt 15, 1-9). Ellos pensaban que Dios exigía todas estas observancias, para que el pueblo pudiese tener paz. Pero la ley del amor, revelada por Jesús, afirmaba lo contrario. De hecho, lo que cuenta, no es lo que hacemos por Dios, sino más bien, ¡lo que Dios, en su gran misericordia, hace por nosotros!
 
Los pequeños oían esta nueva noticia y se alegraban. Los sabios y doctores no conseguían entender tal clase de enseñanza. Hoy, como en aquel tiempo, Jesús está enseñando muchas cosas a los pobres y a los pequeños. Los sabios e inteligentes harán bien en convertirse en discípulos de estos pequeños.
El origen de la nueva Ley: Jesús trata de aproximarnos a su singular relación con el Padre.  El Hijo conoce al Padre, y sabe lo que el Padre quería. El Padre conoce al Hijo en profundidad y lo manifiesta en dos momentos culminantes de su vida, en los que a través de una voz del cielo revela su condición de Hijo único y amado –el bautismo y la transfiguración-. Dios ha manifestado a los pequeños gratuitamente estas cosas.
 
Jesús invita a todos aquéllos que están cansados y les promete su descanso. El pueblo de aquel tiempo, vivía cansado, bajo el doble peso de los impuestos y de las observancias exigidas por las leyes de pureza. Y Jesús dice: " Carguen sobre ustedes mi yugo y aprendan de mí, porque soy paciente y humilde de corazón, y así encontrarán alivio. Porque mi yugo es suave y mi carga liviana". A través del Profeta Jeremías Dios había invitado al pueblo a investigar en el pasado para conocer qué camino bueno podría dar descanso a las almas (Jer. 6,16). Este camino bueno aparece ahora en Cristo. Jesús ofrece descanso a las almas. Él es el camino.
 
En esta invitación resuenan las palabras tan bellas de Isaías que consolaba al pueblo cansado por el destierro (Is 55,1-3). Esta invitación está en relación con la Sabiduría Divina, que convoca en torno a sí a las personas (Sir 24,18-19) afirmando que "sus caminos son caminos deleitosos y son paz todas sus sendas" (Prov. 3, 17).
 
También dice: "La sabiduría exalta a sus hijos y acoge a los que la buscan. El que la ama, ama la vida, y los que madrugan para salir a su encuentro, serán llenos de alegría" (Sir 4, 11-12). Esta invitación revela un aspecto importante del rostro de Dios, la ternura y el acogimiento que consuela, revitaliza las personas y les hace sentir bien. ¡Jesús es el alivio que Dios ofrece al pueblo fatigado!
 
Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón. Hemos de aprender de Jesús a vivir como él. Jesús no complica nuestra vida. La hace más clara y más sencilla, más humilde y más sana. Ofrece descanso. No propone nunca a sus seguidores algo que él no haya vivido. Nos llama a seguirlo por el mismo camino que él ha recorrido. Por eso puede entender nuestras dificultades y nuestros esfuerzos, puede perdonar nuestras torpezas y errores, animándonos siempre a levantarnos.  
Jesús muestra su especial afecto invitándonos a hacernos discípulos, liberándonos de miedos y presiones; hace crecer nuestra libertad, no nuestras servidumbres; despierta en nosotros la confianza, nunca la tristeza; nos atrae hacia el amor, no hacia las leyes y preceptos. Nos invita a vivir haciendo el bien.
 
Somos algo mucho más importantes que nuestro trabajo, oficio, cargo, profesión.  Somos seres hechos para vivir, amar, reír, descansar, ser, servir…
Descansar es reconciliarse con la vida, disfrutar del regalo de la existencia, reencontrarse con lo mejor de nosotros mismos.  Para encontrar descanso no hay que recorrer largas distancia.  Basta recorrer la que nos lleva a encontrar la paz en nuestro corazón.  Si ahí no la encontramos, inútil buscarla en otra parte del mundo.
Necesitamos salir al aire libre.  Salir de nuestros egoísmos y mezquindades, y abrirnos a la vida y a las personas.  Los creyentes sabemos que un Dios acogido en nuestra vida, como amigo querido y cercano, es camino de pacificación, de liberación y de descanso. 
 
El estilo de Jesús en el anuncio de la buena nueva del Reino.
 
En su modo de anunciar la buena nueva del Reino, Jesús revela una gran pasión por el Padre y por el pueblo humillado. Diferente de los doctores de su tiempo, Jesús anuncia la buena nueva de Dios, en cualquier lugar en donde encuentra gente que lo escucha. En las sinagogas durante la celebración de la Palabra (Mt 4,23). En las casas de los amigos (Mt 13,36). Caminando por los caminos con los discípulos (Mt 12,1-8). En el mar, a lo largo de las playas, sentado en la barca (Mt 13,1-3). Sobre la montaña donde proclama las bienaventuranzas (Mt 5,1). En las plazas de los pueblos y de las ciudades, donde el pueblo transporta a los enfermos (Mt 14,34-36). También en el templo de Jerusalén durante las peregrinaciones (Mt 26,35). En Jesús ¡todo es revelación de lo que dentro le anima! No sólo anuncia la buena nueva del Reino, sino que Él es una prueba viva del Reino. En Él aparece ya lo que acontece cuando una persona humana deja que Dios reine y tome posesión de su vida.
 
 
Francisco: En el Amor de Dios
un mundo mejor es posible
 
Jesús descansa en su centro más profundo: el de sentirse Hijo amado, y hermanado en aquellos mismos pequeños que recibieron de sus manos ese amor del Padre. Ese amor alivia, suaviza, apacienta y en él la vida deja de ser una carga. La solidaridad fraternal que crea quita el agobio y ese peso desmedido con el que nuestra propia presunción y obstinación ahogan el alma. Dios nos hermana en Jesucristo, para que su amor cuidadoso, paciente, estimulante, nos libere de la ceguera y coraza del propio orgullo y vanidad, revelándonos que, en ese Amor, una vida distinta es posible…
 
…La sabiduría de nuestro pueblo, silencioso y trabajador, sin otra condición social más que la de ser humildes.
La sabiduría de los que cargan la cruz del sufrimiento, de la injusticia, de las condiciones de vida con que se enfrentan al levantarse todas las mañanas para sacrificarse por los propios.
La sabiduría de los que cargan la cruz de su enfermedad, de sus dolencias y pérdidas poniendo el hombro como Cristo.
La sabiduría de “miles de mujeres y de hombres que hacen filas para viajar y trabajar honradamente, para llevar el pan de cada día a la mesa, para ahorrar e ir de a poco comprando ladrillos y así mejorar la casa… Miles y miles de niños con sus guardapolvos desfilan por pasillos y calles en ida y vuelta de casa a la escuela, y de ésta a casa. Mientras tanto los abuelos, quienes atesoran la sabiduría popular, se reúnen a compartir y a contar anécdotas”.
Pasarán las crisis y los manipuleos; el desprecio de los poderosos los arrinconarán con miseria, les ofrecerán el suicidio de la droga, el descontrol y la violencia; los tentarán con el odio del resentimiento vengativo. Pero ellos, los humildes, cualquiera sea su posición y condición social, apelarán a la sabiduría del que se siente hijo de un Dios que no es distante, que los acompaña con la Cruz y los anima con la Resurrección en esos milagros, los logros cotidianos, que los animan a disfrutar de las alegrías del compartir y celebrar.
 
Los que saborean esta mística, los sabios de lo pequeño, ellos son los que recurren a Aquél que los alivia, al abrazo tierno de Dios en el perdón o en la entrega solidaria de muchos que, en distintas actividades, dan de la riqueza de sí.
 
Porque la Palabra llena de amor, aunque sea en un gesto, libera. Libera del yugo que nos imponemos cuando nos proponemos lo imposible, nos castigamos con lo irrealizable, nos atosigamos hasta deprimirnos con nuestras ambiciones y necesidad de ser reconocidos, de resaltar, o con nuestra mendicidad de afecto: no es otra cosa el acumular poder y riqueza. La sabiduría del humilde no las necesita, sabe que él vale por sí mismo, se siente amado por su Padre y Creador, aun ante el desprecio, el abandono, la humillación.
Así nos lo enseñó el Maestro de la humildad, el que llevó ligero su Cruz a la Pasión…
 
Card. J.M. Bergoglio s.j. Tedeum del 25 de mayo 2011
 
Aclaración: Se han utilizado para la preparación de esta hoja: El libro del Pueblo de Dios. Reflexiones del P. Fidel Oñoro, cjm Centro Bíblico del CELAM. Pbro. Daniel Silva. Y  J. A Pagola.