Intención para la evangelización ‐

Intenciones de oración de Enero: Por el don de la diversidad en la Iglesia El Papa Francisco pide rezar al Espíritu Santo “para que nos ayude a reconocer el don de los diferentes carismas dentro de las comunidades cristianas y a descubrir la riqueza de las diferentes tradiciones rituales dentro de la Iglesia Católica”.

"Todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre"

"Todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre" Mt 7, 7-8. No sé qué quería, pero había algo en mí que me movía a buscar, tal vez que las cosas tengan sentido, y te encontré. Me cuestionaba sobre la vida y me diste tu sabiduría para que pueda encontrar alegría y paz. Ante mis miedos y dudas, te pido que me acompañes en mi peregrinar y me das tu Espíritu Santo, el mismo que te acompaño a vos, hoy me acompaña a mí, me asiste y guía. Hoy sigo buscando más de tu Palabra, de la Verdad y el camino, con la confianza puesta en vos, Dios mío, sé que estás presente en mi vida. Ven Señor Jesús, te necesito.

Del libro de la Sabiduría 6, 12-16

Del libro de la Sabiduría 6, 12-16: La Sabiduría es luminosa y nunca pierde su brillo: se deja contemplar fácilmente por los que la aman y encontrar por los que la buscan. Ella se anticipa a darse a conocer a los que la desean. El que madruga para buscarla no se fatigará, porque la encontrará sentada a su puerta. Meditar en ella es la perfección de la prudencia, y el que se desvela por su causa pronto quedará libre de inquietudes. La Sabiduría busca por todas partes a los que son dignos de ella, se les aparece con benevolencia en los caminos y le sale al encuentro en todos sus pensamientos.

viernes, 28 de junio de 2013

"¡Te seguiré a dónde vayas!".


Lecturas del 30/06/13
Décimo tercer domingo durante el año
– Ciclo C –

Primer Libro de los Reyes 19,16b.19-21                
El Señor dijo a Elías: “A Eliseo, hijo de Safat, de Abel Mejolá, lo ungirás profeta en lugar de ti”. Elías partió de allí y encontró a Eliseo, hijo de Safat, que estaba arando. Delante de él había doce yuntas de bueyes, y él iba con la última. Elías pasó cerca de él y le echó encima su manto.
Eliseo dejó sus bueyes, corrió detrás de Elías y dijo: "Déjame besar a mi padre y a mi madre; luego te seguiré". Elías le respondió: "Sí, puedes ir. ¿Qué hice yo para impedírtelo?"
Eliseo dio media vuelta, tomó la yunta de bueyes y los inmoló. Luego, con los arneses de los bueyes, asó la carne y se la dio a su gente para que comieran. Después partió, fue detrás de Elías y se puso a su servicio. Palabra de Dios.

Salmo 16          
     R: Señor, tú eres la parte de mi herencia

Protégeme, Dios mío, porque me refugio en ti. Yo digo al Señor: "Señor, tú eres mi bien, no hay nada superior a ti". El Señor es la parte de mi herencia y mi cáliz, ¡tú decides mi suerte! R           
Bendeciré al Señor que me aconseja, ¡hasta de noche me instruye mi conciencia!         
Tengo siempre presente al Señor: él está a mi lado, nunca vacilaré. R  
Por eso mi corazón se alegra, se regocijan mis entrañas y todo mi ser descansa seguro: porque no me entregarás la Muerte ni dejarás que tu amigo vea el sepulcro. R               
Me harás conocer el camino de la vida, saciándome de gozo en tu presencia, de felicidad eterna a tu derecha. R    

Carta de San Pablo a los gálatas 5,1.13-18        
Hermanos: Esta es la libertad que nos ha dado Cristo. Manténganse firmes para no caer de nuevo bajo el yugo de la esclavitud.  
Ustedes, hermanos, han sido llamados para vivir en libertad, pero procuren que esta libertad no sea un pretexto para satisfacer los deseos carnales: háganse más bien servidores los unos de los otros, por medio del amor.        
Porque toda la Ley está resumida plenamente en este precepto: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. Pero si ustedes se están mordiendo y devorando mutuamente, tengan cuidado porque terminarán destruyéndose los unos a los otros.
Yo los exhortos a que se dejen conducir por el Espíritu de Dios, y así no serán arrastrados por los deseos de la carne. 
Porque la carne desea contra el espíritu y el espíritu contra la carne. Ambos luchan entre sí, y por eso, ustedes no pueden hacer todo el bien que quieren. Pero si están animados por el Espíritu, ya no están sometidos a la Ley. Palabra de Dios    

Evangelio según San Lucas 9,51-62        
Cuando estaba por cumplirse el tiempo de su elevación al cielo, Jesús se encaminó decididamente hacia Jerusalén y envió mensajeros delante de él. Ellos partieron y entraron en un pueblo de Samaría para prepararle alojamiento. Pero no lo recibieron porque se dirigía a Jerusalén.             
Cuando sus discípulos Santiago y Juan vieron esto, le dijeron: "Señor, ¿quieres que mandemos caer fuego del cielo para consumirlos?".                
Pero él se dio vuelta y los reprendió. Y se fueron a otro pueblo.            
Mientras iban caminando, alguien le dijo a Jesús: "¡Te seguiré adonde vayas!".  
Jesús le respondió: "Los zorros tienen sus cuevas y las aves del cielo sus nidos, pero el Hijo del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza".                 
Y dijo a otro: "Sígueme". El respondió: "Permíteme que vaya primero a enterrar a mi padre".        
Pero Jesús le respondió: "Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú ve a anunciar el Reino de Dios".            
Otro le dijo: "Te seguiré, Señor, pero permíteme antes despedirme de los míos".            
Jesús le respondió: "El que ha puesto la mano en el arado y mira hacia atrás, no sirve para el Reino de Dios". Palabra del Señor.        


Reflexión:
Las lecturas de hoy tienen un tema común: las exigencias de la vocación. En ellas descubrimos cómo subyace la necesidad del desprendimiento, de la renuncia, del abandono de las cosas y personas como exigencia para seguir a Jesús. Por eso, no existe respuesta a la llamada para ponerse al servicio del Reino de Dios, en aquellos que anteponen a Jesús condiciones o intereses personales. El Evangelio nos dice que el desprendimiento exigido por Jesús a los tres candidatos a su seguimiento, es radical e inmediato. Se tiene, incluso, la impresión de una cierta dureza de parte de Jesús. Pero todo está puesto bajo el signo de la urgencia.
Jesús ha iniciado “el viaje hacia Jerusalén”. Esta “subida” no se encuadra en una dimensión estrictamente geográfica, sino teológica: Jesús se encamina decididamente hacia el cumplimiento de su misión. Su vida sólo tiene un objetivo, anunciar y promover el proyecto del reino de Dios.
El viaje de Jesús a Jerusalén no es un viaje turístico. Por eso el maestro exige a los discípulos la conciencia del riesgo que comparte esa aventura: “la entrega de la propia vida”.
Los discípulos deben ser conscientes de la dificultad de la misión, de los sacrificios que comporta y de la gravedad de los compromisos que se asumen con aquella decisión. Jesús trabaja sobre las falsas ilusiones y los triunfalismos mesiánicos.
Cómo seguir a Jesús. (1) La marcha comienza mal: los samaritanos lo rechazan. Está acostumbrado: lo mismo le ha sucedido en su pueblo de Nazaret.           
Jesús sabe que no es fácil acompañarlo en su vida de profeta itinerante. Quienes lo quieran seguir tendrán que aprender a vivir como él.                
Mientras van de camino, se le acerca un desconocido. Se le ve entusiasmado:”Te seguiré adonde vayas”. Antes que nada, Jesús le hace ver que no espere de él seguridad, ventajas ni bienestar. Él mismo “no tiene dónde reclinar su cabeza”. No tiene casa, come lo que le ofrecen, duerme donde puede.      
Otro pide a Jesús que le deje ir a enterrar a su padre antes de seguirlo. Jesús le responde con un juego de palabras provocativo y enigmático:“Deja que los muertos entierren a sus muertos, tú vete a anunciar el reino de Dios”. Estas palabras desconcertantes cuestionan nuestro estilo convencional de vivir.             
Otro está dispuesto a seguirlo, pero antes se quiere despedir de su familia. Jesús le sorprende con estas palabras: “El que echa mano al arado y sigue mirando atrás no vale para el reino de Dios”. Colaborar en el proyecto de Jesús exige dedicación total, mirar hacia adelante sin distraernos, caminar hacia el futuro sin encerrarnos en el pasado.                 
No nos engañemos. El gran obstáculo que nos impide hoy a muchos cristianos seguir de verdad a Jesús es el bienestar en el que vivimos instalados. Nos da miedo tomarle en serio porque sabemos que nos exigiría vivir de manera más generosa y solidaria. Somos esclavos de nuestro pequeño bienestar. Tal vez, la crisis económica nos puede hacer más humanos y más cristianos.
Hemos de ensanchar el horizonte en el que nos movemos. La familia no lo es todo. Hay algo más importante. Si nos decidimos a seguir a Jesús, hemos de pensar también en la familia humana: nadie debería vivir sin hogar, sin patria, sin papeles, sin derechos. Todos podemos hacer algo más por un mundo más justo y fraterno.
Recientemente, el Papa Francisco nos ha advertido de algo que está pasando hoy en la Iglesia:
“Tenemos miedo a que Dios nos lleve por caminos nuevos, sacándonos de nuestros horizontes, con frecuencia limitados, cerrados y egoístas, para abrirnos a los suyos”. (1) J: A: Pagola
Por tanto, seguir a Jesús exige:
- Disponibilidad para vivir en la inseguridad: “No tener nada, no llevar nada”. No se pone el acento en la pobreza absoluta, sino en la itinerancia. El discípulo lo mismo que Jesús, no puede programar, organizar la propia vida según criterios de exigencias personales, de “confort” individual.
- Ruptura con el pasado, con las estructuras sociales, políticas, económicas y culturales que atan y generan la muerte. Es necesario que los nuevos discípulos miren adelante, que anuncien el Reino, para que se viva el proyecto de Jesús.
- Decisión irrevocable. Nada de vacilaciones, nada de componendas, ninguna concesión a las añoranzas y recuerdos del pasado, el compromiso es total, definitivo, la elección irrevocable.
Hoy, actitudes del verdadero discípulo. Ser cristiano no es solamente decir tengo fe, sino irse haciendo creyente. Con frecuencia entendemos la vida cristiana de una manera muy estática y no lo vivimos como un proceso de crecimiento constante y seguimiento a Jesús. Y, sin embargo, en realidad se es cristiano en la medida que nos atrevemos a seguir a Jesús.          
En momentos de crisis es grande la tentación de buscar seguridad, volver a posiciones fáciles y llamar de nuevo a las puertas de una religión que nos “proteja” de tantos problemas y conflictos. El creyente que lo quiera ser de verdad, ha de preguntarse ¿cómo ser cristiano hoy? Y la respuesta es la de siempre: hay que volver a Jesús.  
Hay que volver a la espiritualidad de seguimiento. Se trata de configurar nuestra vida en el seguimiento de Jesús, sin caer en la tentación de seguir otros intereses u otras corrientes que aparentemente nos pueden ofrecer una seguridad religiosa, pero que nos alejan del espíritu del Evangelio.        
Seguir a Jesús no significa seguir a un pasado ya muerto, sino tratar de vivir hoy en el espíritu que le animó a Él. Se trata de vivir hoy “con el aire de Jesús” y no “al aire que más sopla”. Cuando el creyente se esfuerza por seguir a Jesús, día a día, va experimentando de manera creciente que sin ese “seguir” a Jesús su vida sería menos vida, más inerte, más vacía y más sin sentido.    
El seguimiento de Jesús es una invitación y un don de Dios, pero al mismo tiempo exige nuestra respuesta esforzada. Es pues un don y una conquista. Una invitación de Dios, y una meta que nos debemos proponer con tesón. Pero sólo por amor, por enamoramiento de la causa de Jesús, podremos avanzar en el seguimiento. Una vez que ese amor se ha instalado en nuestras vidas, todo lo legal sigue teniendo su sentido, pero es puesto en su propio lugar: relegado a un segundo plano. «Ama y haz lo que quieras», decía san Agustín; porque si amas, no vas a hacer «lo que quieras», sino lo que debes, lo que Dios amado espera de ti. Es la libertad del amor, sus dulces ataduras.
Francisco:
  “Ser cristianos no es una casualidad sino una llamada”

El Santo Padre centró su homilía en la lectura, tomada del libro del Génesis, que habla de la discusión entre Abraham y Lot por la división de la tierra. "Cuando leo esto -dijo- pienso en el Medio Oriente y le pido tanto al Señor que nos dé a todos la sabiduría, esta sabiduría de no pelear, “yo estoy aquí y tú allí”.    

Abraham, observó el papa "había dejado su tierra para ir, no sabía dónde, pero donde el Señor le dijera". Sigue caminando, entonces, porque cree en la Palabra de Dios, que "lo había invitado a salir de su tierra". Este hombre, quizá nonagenario, mira la tierra que le indica el Señor y cree:              

"Abraham parte de su tierra con una promesa: todo su viaje es ir hacia esta promesa. Y su recorrido es también un modelo de nuestro viaje. Dios llama a Abraham, a una persona, y de esa persona hace un pueblo. Si vamos al libro del Génesis, al principio, a la Creación, vemos que Dios crea las estrellas, crea las plantas, los animales, los crea, crea, crea... Pero crea al hombre en singular, uno. Dios siempre nos habla en singular a nosotros, porque nos ha creado a su imagen y semejanza. Y Dios habla en singular. Habló a Abraham y le dio una promesa y lo invitó a salir de su tierra. Como cristianos, estamos llamados en lo singular: ¡ninguno de nosotros es cristiano por pura casualidad! ¡Nadie!".             

Hay una llamada "por el nombre, con una promesa", dijo el papa: "¡Adelante, yo estoy contigo! Camino a tu lado". Y esto, dijo, lo conocía Jesús: "Incluso en las momentos más difíciles se dirige al Padre": "Dios nos acompaña, Dios nos llama por nuestro nombre, Dios nos promete una descendencia. Y esta es un poco la seguridad del cristiano. ¡No es una casualidad, es una llamada! Una llamada que nos hace seguir adelante. Ser cristiano es un llamado de amor, de amistad; una llamada a convertirse en hijo de Dios, hermano de Jesús; a ser fecundo en la transmisión de esta llamada a los demás, a ser instrumentos de esta llamada.
Hay tantos problemas, hay momentos difíciles: ¡Jesús ha pasado por tantos! Pero siempre con esa confianza: "El Señor me ha llamado. El Señor es como yo. El Señor me ha prometido".  

Dios, reiteró el Papa, "es fiel, pues Él nunca puede renegar de sí mismo: Él es la lealtad". Y pensando en este pasaje donde Abraham "es ungido como padre, por primera vez, padre de los pueblos, pensamos también en nosotros que hemos sido ungidos en el Bautismo, y pensamos en nuestra vida cristiana":
               
"Alguien dirá: ‘Padre, soy un pecador’... Pero todos lo somos. Esto se sabe. El asunto es: pecadores, seguir adelante con el Señor, seguir adelante con la promesa que nos ha hecho, con aquella promesa de fecundidad y decirle a los demás, contarle a los demás que el Señor está con nosotros, que el Señor nos ha escogido y que Él no nos deja solos, ¡nunca! La certeza del cristiano nos hará bien. Quiera el Señor darnos, a todos nosotros, este deseo de ir hacia adelante, como lo tuvo Abraham, en medio de los problemas; pero seguir adelante con la confianza de que Él es el que me llamó, que me prometió tantas cosas bellas, ¡está conmigo!".
25 de  junio, misa diaria celebrada en la
Casa Santa Marta (AICA)
Quédate conmigo, Señor, porque Yo soy débil y necesito de tu fortaleza, para que no caiga tan frecuentemente.
Quédate conmigo, Señor, porque Tú eres mi vida y sin Ti Yo estoy sin fervor.
Quédate conmigo, Señor, porque Tú eres mi luz y sin ti yo estoy en la oscuridad. (P. Pio)
Lecturas de la semana
Lunes 1: .Gn. 18, 16-33; Sal 102; Mt. 8, 18-22.
Martes 2: Gn. 19, 15-29;  Sal 25; Mt. 8, 23-27.
Miércoles 3: Ef. 2, 19-22; Sal 116; Jn. 20, 24-29.
Jueves 4: Gn . 22, 1-1 9; Sal 114; Mt. 9, 1-8.
Viernes 5: Gn. 23, 1-4.19; 24, 1-8. 62-67; Sal 105; Mt. 9, 9-13.
Sábado 6: Gn. 27, 1-5. 15-29; Sal 134; Mt. 9, 14-17.
Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las reflexiones: El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y María. Servicio Bíblico Latinoamericano. P. Daniel Silva 2010. Misioneros Oblatos o.cc.ss
              
                                             Cuadro de texto: Círculo Bíblico San José
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viernes, 21 de junio de 2013

“Tú eres el Mesías de Dios”

                                       
Lecturas del 23/06/13
Décimo segundo domingo durante el año
– Ciclo C –
Libro de Zacarías 12,10-11.13,1                
Así habla el Señor: Derramaré sobre la casa de David y sobre los habitantes de Jerusalén un espíritu de gracia y de súplica; y ellos mirarán hacia mí. En cuanto al que ellos traspasaron, se lamentarán por él como por un hijo único y lo llorarán amargamente como se llora al primogénito. Aquel día, habrá un gran lamento en Jerusalén, como el lamento de Hadad Rimón, en la llanura de Meguido. Aquel día, habrá una fuente abierta para la casa de David y para los habitantes de Jerusalén, a fin de lavar el pecado y la impureza. Palabra de Dios.   
             
Salmo 63
R: Mi alma tiene sed de ti, Señor, Dios mío.   
Señor, tú eres mi Dios, yo te busco ardientemente; mi alma tiene sed de ti, por ti suspira mi carne como tierra sedienta, reseca y sin agua. R            
Sí, yo te contemplé en el Santuario para ver tu poder y tu gloria. Porque tu amor vale más que la vida, mis labios te alabarán. R         
Así te bendeciré mientras viva y alzaré mis manos en tu Nombre. Mi alma quedará saciada como con un manjar delicioso, y mi boca te alabará con júbilo en los labios. R    Veo que has sido mi ayuda y soy feliz a la sombra de tus alas. Mi alma está unida a ti, tu mano me sostiene. R          

Carta de San Pablo a los gálatas 3,26-29.            
Hermanos: Todos ustedes son hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús, ya que todos ustedes, que fueron bautizados en Cristo, han sido revestidos de Cristo.           
Por lo tanto, ya no hay judío ni pagano, esclavo ni hombre libre, varón ni mujer, porque todos ustedes no son más que uno en Cristo Jesús.                 
Y si ustedes pertenecen a Cristo, entonces son descendientes de Abraham, herederos en virtud de la promesa. Palabra de Dios.     

Evangelio según San Lucas 9,18-24.       
Un día en que Jesús oraba a solas y sus discípulos estaban con él, les preguntó: "¿Quién dice la gente que soy yo?".          
Ellos le respondieron: "Unos dicen que eres Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, alguno de los antiguos profetas que ha resucitado".                 
"Pero ustedes, les preguntó, ¿quién dicen que soy yo?".
Pedro, tomando la palabra, respondió: "Tú eres el Mesías de Dios". Y él les ordenó terminantemente que no lo dijeran a nadie.
"El Hijo del hombre, les dijo, debe sufrir mucho, ser rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser condenado a muerte y resucitar al tercer día".    
Después dijo a todos: "El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz cada día y me siga.             
Porque el que quiera salvar su vida, la perderá y el que pierda su vida por mí, la salvará. Palabra del Señor.            
Reflexión:
En su camino de anuncio del Reino, el Señor quiere, de manera particular instruirnos como discípulos, y siguiendo con la procesión de la vida donde somos testigos de las acciones mesiánicas de Jesús y antes de empezar su camino a Jerusalén, nos pregunta:    
                  “¿Quién dicen que soy Yo?”           
El Pueblo. La gente tiene a Jesús en una alta consideración: ve en Él a una figura profética similar a la de los grandes profetas portavoces de Dios. Se dan las mismas respuestas ya dadas anteriormente en Lc. 9,7-8 en boca de Herodes Antipas, voz oficial dentro del mundo de la política: “Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que un profeta de los antiguos había resucitado”. Las tres afirmaciones coinciden en que se trata de un “profeta”.
Los Discípulos. Enseguida Jesús les pide a los discípulos su propia respuesta personal. Se les pregunta a todos, pero es Pedro quien responde como vocero que es capaz de interpretar el sentir de todos y expresarlo:
"Tú eres el Mesías de Dios".
Se enfatiza que Jesús es el “ungido de Dios”es el Mesías-Cristo prometido que realiza las esperanzas salvíficas de su pueblo. Pero a Jesús no se le puede “capturar” en los esquemas que proyectan los deseos populares, lo primero que hay que hacer para entenderlo es entrar en sintonía con Dios para comprender su plan de salvación, su proyecto, su sueño de humanidad. Por primera vez los discípulos reconocen de manera explícita que Jesús es el Mesías.
La confesión de quién es verdaderamente Jesús, está en estrecha conexión con lo que Jesús les ha revelado de sí mismo como dador de vida en algunas escenas que los discípulos -separados de la gente- pudieron ver más de cerca: la tempestad calmada (8,22-25), la resurrección de la hija de Jairo (8,49-56), el banquete mesiánico con la multitud (9,12-17), eventos todos que fueron revelatorios solamente para los discípulos.
Por tanto, los discípulos de Jesús son aquellos que, guiados por las claves de lectura que les da el Maestro, pueden ver más profundamente los eventos y enseñanzas que el resto de la gente; son aquellos que pueden constatar, a partir de la valoración de las bendiciones que provienen del Maestro, que Él es más que un profeta; son aquellos que, teniendo como modelo a María (ver Lc. 2,19), confrontan continuamente los hechos con las enseñanzas, en otros términos: hacen el itinerario completo de la Palabra “después de haber oído, conservan la Palabra con corazón bueno y  recto, y dan fruto con perseverancia” (Lc. 8,15). Los frutos se ven en la correcta confesión de fe y en el compromiso radical con el camino de la Cruz del Mesías.
El doloroso camino del Mesías. Nuestra mirada contempla el destino doloroso de Jesús como manera concreta de asumir el camino “de Dios”, pero también, lo más  importante, que es la victoria y la vida: Jesús es un Mesías crucificado pero que resucita. Por eso, cuando el discípulo escuche el llamado de Jesús para compartir su camino tendrá que ver más allá de la renuncia la Buena Noticia de la Resurrección: “ganará la vida”.
Tres actitudes para poder compartir el camino de Jesús. “Niéguese a sí mismo”“Tome su cruz cada día” “Sígame” Es ante todo ser capaces de decirle “no” a lo que no es coherente con la opción por Jesús y que generalmente proviene de sí mismo y de las propias ambiciones, para vivir al estilo de la Cruz. Esto supone un continuo “discernimiento”. Esto no será cosa de un día sino de siempre.
El sentido de la vocación del discípulo. Jesús finalmente coloca en contraposición dos tipos de personas: Hay personas que desean preservar su vida (“Quien quiera salvar su vida…”): están ante todo preocupadas por ellas mismas, por su exclusiva felicidad, siendo capaces incluso de dejar a otra persona de lado con tal de no sacrificar los propios sueños; éste es el trasfondo de muchas situaciones de pecado.
Pues bien, Jesús dice que la persona que desee preservar su manera de vivir evitando cualquier entrega, la autonegación para optar por los valores del evangelio, esquivando el sacrificio, “perderá su vida”, o sea, quizás gozará por un rato pero no alcanzará la plenitud de la vida, e incluso se la habrá negado a otros.
Hay personas que están bien dispuestas para perder generosamente su vida (“Quien pierda su vida por mí…”), es decir, que han descubierto a Jesús y “por” Él desean vivir según los valores de su evangelio, el mayor de todos: el amor de la Cruz, que es vivir radicalmente en función de los demás.
Estas personas, paradójicamente preservan la vida. A través de la experiencia del “perder” (el “darse”) será salvada su vida en un sentido profundo porque ha alcanzado la identidad con el Maestro y con Él recorre el camino que verdaderamente conduce a la gloria. No hay que olvidar que hay una causa: la pérdida es por causa de Jesús, por lealtad personal a Jesús.  Esta lealtad no se quedará sin la contraparte en el tiempo final: “ése salvará su vida”.
Hoy. (1) ¿Quién es para nosotros ese Profeta de Galilea, que no ha dejado tras de sí escritos sino testigos? No basta que lo llamemos “Mesías de Dios”. Hemos de seguir dando pasos por el camino abierto por él, encender también hoy el fuego que quería prender en el mundo. ¿Cómo podemos hablar tanto de Él sin sentir su sed de justicia, su deseo de solidaridad, su voluntad de paz?            
¿Hemos aprendido de Jesús a llamar a Dios “Padre”, confiando en su amor incondicional y su misericordia infinita? No basta recitar el “Padrenuestro”. Hemos de sepultar para siempre fantasmas y miedos sagrados que se despiertan a veces en nosotros alejándonos de él. Y hemos de liberarnos de tantos ídolos y dioses falsos que nos hacen vivir como esclavos.                
¿Adoramos en Jesús el Misterio del Dios vivo, encarnado en medio de nosotros? No basta confesar su condición divina con fórmulas abstractas, alejadas de la vida e incapaces de tocar el corazón de los hombres y mujeres de hoy. Hemos de descubrir en sus gestos y palabras al Dios Amigo de la vida y del ser humano. ¿No es la mejor noticia que podemos comunicar hoy a quienes buscan caminos para encontrarse con él?           
¿Creemos en el amor predicado por Jesús? No basta repetir una y otra vez su mandato. Hemos de mantener siempre viva su inquietud por caminar hacia un mundo más fraterno, promoviendo un amor solidario y creativo hacia los más necesitados. ¿Qué sucedería si un día la energía del amor moviera el corazón de las religiones y las iniciativas de los pueblos?     
¿Hemos escuchado el mandato de Jesús de salir al mundo a curar? No basta predicar sus milagros. También hoy hemos de curar la vida como lo hacía él, aliviando el sufrimiento, devolviendo la dignidad a los perdidos, sanando heridas, acogiendo a los pecadores, tocando a los excluidos. ¿Dónde están sus gestos y palabras de aliento a los derrotados?  
Si Jesús tenía palabras de fuego para condenar la injusticia de los poderosos de su tiempo y la mentira de la religión del Templo, ¿por qué no nos sublevamos sus seguidores ante la destrucción diaria de tantos miles de seres humanos abatidos por el hambre, la desnutrición y nuestro olvido?
(1) tomado d J. A. Pagola
“Tú Palabra es una lámpara a mis pies y
una luz en mi camino”
Francisco, Regina Coeli:
"SOBRE LA FORTALEZA DE LOS  PRIMEROS DISCÍPULOS"
Queridos hermanos y hermanas Quisiera detenerme brevemente en la página de los Hechos de los Apóstoles que se lee en la Liturgia de este Tercer Domingo de Pascua. Este texto narra que la primera predicación de los Apóstoles en Jerusalén llenó la ciudad de la noticia que Jesús era verdaderamente resucitado, según las Escrituras, y era el Mesías anunciado por los Profetas. Los sumos sacerdotes y los jefes de la ciudad buscaron frenar el nacimiento de la comunidad de los creyentes en Cristo e hicieron encarcelar a los Apóstoles, ordenándoles de no enseñar más en su Nombre. Pero Pedro y los otros once respondieron: «Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres.
El Dios de nuestros padres ha resucitado a Jesús… lo exaltó con su poder haciéndolo Jefe y Salvador… Nosotros somos testigos de estas cosas, nosotros y el Espíritu Santo que Dios ha enviado a los que obedecen» (Hech. 5,29-32). Entonces hicieron azotar a los Apóstoles y les ordenaron nuevamente de no hablar más en nombre de Jesús. Y ellos se fueron «dichosos de haber sido considerados dignos de padecer por el nombre de Jesús (v. 41). ¿Dónde encontraban los primeros discípulos la fuerza para dar este testimonio? No sólo: ¿de dónde les venía la alegría y el coraje del anuncio, a pesar de los obstáculos y las violencias? No olvidemos que los Apóstoles eran personas simples, no eran escribas, doctores de la ley, ni pertenecían a la clase sacerdotal. ¿Cómo han podido, con sus límites y obstaculizados por las autoridades, llenar Jerusalén con sus enseñanzas? (Cfr. Hech 5, 28)
Es claro que solamente la presencia del Señor Resucitado y la acción del Espíritu Santo con ellos pueden explicar este hecho. Su fe se basaba en una experiencia tan fuerte y personal de Jesús muerto y resucitado, que no tenían miedo de nada y de ninguno, es más, veían las persecuciones como un motivo de honor, que les permitía seguir las huellas de Jesús y de parecerse a Él, testimoniándolo con la vida. Esta historia de la primera comunidad cristiana nos dice una cosa muy importante, que es válida para la Iglesia de todos los tiempos, también para nosotros: cuando una persona conoce verdaderamente Jesucristo y cree en Él, experimenta su presencia en la vida y la fuerza de la Resurrección, y no puede no comunicar esta experiencia. Y si encuentra incomprensiones o adversidades, se comporta como Jesús en su Pasión: responde con el amor y la fuerza de la vida. Rezando juntos el Regina Coeli, pidamos la ayuda de María Santísima para que la Iglesia en todo el mundo anuncie con sinceridad y coraje la Resurrección del Señor y dé testimonio válido con signos de amor fraterno. Recemos en modo particular para que los cristianos que sufren persecución sientan la presencia viva y confortante del Señor Resucitado.
14 de abril de 2013 
Fuente: Vatican News
Te ofrezco, Señor”
"Te ofrezco, Señor, mis pensamientos, ayúdame a pensar en ti.
Te ofrezco mis palabras, ayúdame a hablar de ti.
Te ofrezco mis obras, ayúdame a cumplir tu voluntad.
Te ofrezco mis penas, ayúdame a sufrir por ti.
Todo aquello que quieres Tú, Señor, lo quiero yo, precisamente porque lo quieres tú, como tú lo quieras y durante todo el tiempo que lo quieras.
Papa Clemente IX
Lecturas de la semana
Lunes 24Is.49,1-6; Sal 138; Hech. 13, 22-26; Lc. 1, 57-66.80.
Martes 25: Gn. 13, 2.5-18;  Sal 14; Mt. 7, 6. 12-14.
Miércoles 26: Gn. 15, 1-12.17-18; Sal 104; Mt. 7, 15-20.
Jueves 27: Gn. 1 6, 1-12. 15-16; Sal 105; Mt. 7, 21-29.
Viernes 28: Gn. 17, 1.9-10.15-22; Sal 127; Mt. 8,1-4.
Sábado 29Hech 12, 1-11; Sal 33; 2 Tim. 4, 6-8.17; Mt. 16, 13-19.
Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las reflexiones: El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y María. Servicio Bíblico Latinoamericano. Misioneros Oblatos o.cc.ss

Cuadro de texto: Círculo Bíblico San José
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viernes, 14 de junio de 2013

Decimo primer Domingo durante el año


“Tú palabra es una lámpara a mis pies y una luz en mi camino”
Lecturas del 16/06/13

– Ciclo C –
  Segundo libro de Samuel 12, 7-10. 13    
Entonces Natán dijo a David: Así habla el Señor, el Dios de Israel: Yo te ungí rey de Israel y te libré de las manos de Saúl; te entregué la casa de tu señor y puse a sus mujeres en tus brazos; te di la casa de Israel y de Judá, y por si esto fuera poco, añadiría otro tanto y aún más.                 
¿Por qué entonces has despreciado la palabra del Señor, haciendo lo que es malo a sus ojos? ¡Tú has matado al filo de la espada a Urías, el hitita! Has tomado por esposa a su mujer, y a él lo has hecho morir bajo la espada de los amonitas.
Por eso, la espada nunca más se apartará de tu casa, ya que me has despreciado y has tomado por esposa a la mujer de Urías, el hitita.             
David dijo a Natán: «¡He pecado contra el Señor!» Natán le respondió: «El Señor, por su parte, ha borrado tu pecado: no morirás.» Palabra de Dios. 

Salmo 31
     R. Perdona, Señor, mi culpa y mi pecado.      
¡Feliz el que ha sido absuelto de su pecado y liberado de su falta! ¡Feliz el hombre a quien el Señor no le tiene en cuenta las culpas, y en cuyo espíritu no hay doblez! R.        Pero yo reconocí mi pecado, no te escondí mi culpa, pensando: «Confesaré mis faltas al Señor.» ¡Y tú perdonaste mi culpa y mi pecado! R.               

Tú eres mi refugio, tú me libras de los peligros y me colmas con la alegría de la salvación. R.        ¡Alégrense en el Señor, regocíjense los justos! ¡Canten jubilosos los rectos de corazón! R.  

Pablo a los cristianos de Galacia 2, 16. 19-21    
Hermanos: Como sabemos que el hombre no es justificado por las obras de la Ley , sino por la fe en Jesucristo, hemos creído en él, para ser justificados por la fe en Cristo y no por las obras de la Ley : en efecto, nadie será justificado en virtud de las obras de la Ley. Pero en virtud de la Ley , he muerto a la Ley , a fin de vivir para Dios.  
Yo estoy crucificado con Cristo, y ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí: la vida que sigo viviendo en la carne, la vivo en la fe en el Hijo de Dios, que me amó y se entregó por mí.    
Yo no anulo la gracia de Dios: si la justicia viene de la Ley, Cristo ha muerto inútilmente. 
Palabra de Dios.   

Santo Evangelio según san Lucas 7, 36—8, 3     
Un fariseo invitó a Jesús a comer con él. Jesús entró en la casa y se sentó a la mesa. Entonces una mujer pecadora que vivía en la ciudad, al enterarse de que Jesús estaba comiendo en casa del fariseo, se presentó con un frasco de perfume. Y colocándose detrás de él, se puso a llorar a sus pies y comenzó a bañarlos con sus lágrimas; los secaba con sus cabellos, los cubría de besos y los ungía con perfume.    
Al ver esto, el fariseo que lo había invitado pensó: «Si este hombre fuera profeta, sabría quién es la mujer que lo toca y lo que ella es: ¡una pecadora!»        
Pero Jesús le dijo: «Simón, tengo algo que decirte.»                 
«Di, Maestro», respondió él. «Un prestamista tenía dos deudores: uno le debía quinientos denarios, el otro cincuenta. Como no tenían con qué pagar, perdonó a ambos la deuda. ¿Cuál de los dos lo amará más?»              
Simón contestó: «Pienso que aquel a quien perdonó más.»    
Jesús le dijo: «Has juzgado bien.» Y volviéndose hacia la mujer, dijo a Simón: « ¿Ves a esta mujer? Entré en tu casa y tú no derramaste agua sobre mis pies; en cambio, ella los bañó con sus lágrimas y los secó con sus cabellos. Tú no me besaste; ella, en cambio, desde que entré, no cesó de besar mis pies. Tú no ungiste mi cabeza; ella derramó perfume sobre mis pies. Por eso te digo que sus pecados, sus numerosos pecados, le han sido perdonados porque ha demostrado mucho amor. Pero aquel a quien se le perdona poco, demuestra poco amor.»                 
Después dijo a la mujer: «Tus pecados te son perdonados.»   
Los invitados pensaron: « ¿Quién es este hombre, que llega hasta perdonar los pecados?» Pero Jesús dijo a la mujer: «Tu fe te ha salvado, vete en paz.»       
Después, Jesús recorría las ciudades y los pueblos, predicando y anunciando la Buena Noticia del Reino de Dios. Lo acompañaban los Doce y también algunas mujeres que habían sido curadas de malos espíritus y enfermedades: María, llamada Magdalena, de la que habían salido siete demonios; Juana, esposa de Cusa, intendente de Herodes, Susana y muchas otras que los ayudaban con sus bienes.  
Palabra del Señor.             
Reflexión: 
El texto evangélico que compartimos este fin de semana se puede decir que tiene dos partes diferenciadas pero conectadas entres sí:             
El relato del perdón de la pecadora en casa de Simón el Fariseo (7,36-50).
El relato sumario de los que acompañan a Jesús en su misión (8,1-3).  
La pecadora en la casa del fariseo. Una mujer se atreve a estropear una sobremesa cuidadosamente preparada. La arrogante entrometida no sólo quebranta las leyes de la buena educación, sino que, además, comete una infracción de tipo religioso: un ser impuro (la mujer pecadora) no debe manchar la casa de un hombre socialmente puro (un fariseo).
Por un momento Cristo pierde su dignidad de profeta a los ojos de su anfitrión: “Si éste fuera profeta, sabría quién es esta mujer que le está tocando, y lo que es: una pecadora”.
Ante la situación que se ha presentado, Jesús utiliza el recurso de los sabios: en vez de corregir a su anfitrión, lo invita a salir de su ignorancia y a reconocer que el verdadero pecador es él; el fariseo que se cree puro.
La mujer, a nadie ha engañado: ha repetido los gestos de su oficio; la misma actitud sensual que ha tenido con todos sus amantes. Pero esta tarde sus gestos no tienen el mismo sentido. Ahora expresan su respeto y el cambio de su corazón. El perfume lo ha comprado con sus ahorros, que son el precio de su “pecado”. Y sin dudarlo rompe el vaso (cf. Mc 14,3), para que nadie pueda recuperar ni un gramo del precioso perfume.
Estalla la libertad propia del amor. En esta comida el fariseo tenía todo previsto y preparado. Pero basta con que una mujer empujada por su corazón entre sin haber sido invitada, y la sobremesa cambia del todo. El episodio revela la liberación ofrecida por Jesús.
El Mesías proclama con sus actos y palabras que el hombre ya no está condenado a la esclavitud de la ley y de una religión alienante. El cristiano es un ser liberado sobre la base de esa fe hecha amor práctico que predica Jesús: “tu fe te ha salvado”.
En la antigüedad las prostitutas eran consideradas esclavas; socialmente no existían. Sin embargo, esta tarde una prostituta escucha las palabras de absolución y de canonización, porque ha hecho el gesto sacramental, ha expresado su decisión de cambiar de vida. Así se coloca a la cabeza del Evangelio. ¿Qué otra cosa pueden significar las palabras de Cristo “tus pecados están perdonados”?

La gran actividad misionera de Jesús. Recorre pueblos y aldeas proclamando la Buena Noticia del reino de Dios. No se detiene donde tiene éxito. Quiere anunciar el reino de Dios a todos. Y anuncia con palabras y obras. En su caminar hay personas que le siguen de continuo y que colaboran en su misión. No atraviesa la tierra a solas, sino que le acompañan los doce y algunas mujeres que Él había curado de malos espíritus y enfermedades. El reino de Dios necesita braceros, braceros generosos que sepan llevar adelante la obra iniciada por Jesús. No importa mucho, parece, la condición, la altura, el sexo, el estado civil…               
Las mujeres que acompañan a Jesús. Este es un dato muy significativo, máxime si tenemos en cuenta que los rabinos judíos excluían a toda mujer del círculo de sus discípulos. Jesús mostró en todo momento una actitud radicalmente distinta a la del judaísmo oficial. Fue una actitud sin perjuicios, abierta y liberal.       
¿Quiénes son estas mujeres y quiénes representan? El hecho de mencionar a algunas de ellas por su nombre indica que se trata de un grupo muy real, como el que representan los Doce. Por otro lado, el número tres (tres nombres propios) emana una totalidad: María Magdalena, Juana, mujer de Cusa, Susana y otras muchas.       

Por primera vez, el grupo de Jesús se presenta como un grupo mixto. Por un lado, los Doce, que englobaban la totalidad de los discípulos de origen y tradición israelita, pero en calidad de nuevo Israel. Por otro, las mujeres, representantes de las clases marginadas. El segundo grupo, como le es propio por haber dado la adhesión a Jesús después de haber experimentado en su propia carne los efectos de la marginación social y religiosa, es un grupo muy liberado. María Magdalena había estado poseída por “siete demonios”, es decir, por todas las ideologías contrarias al ser humano que se pueden imaginar, y había quedado definitivamente libre de ellos. Además se dice de las tres que “habían sido curadas por El de malos espíritus y enfermedades”.
El servicio comunitario. El grupo tipificado por las mujeres no se ha quedado en la mera experiencia de la “liberación de”, sino que enseguida ha puesto sus bienes al servicio de Jesús y de todos los que le acompañan. Han pasado de la “liberación de…” a la “liberación para…”. Al lado de los Doce, que se mostraron tan reacios a aceptar el Mesías tal como lo entendía y encarnaba Jesús, hay otro grupo de seguidores, real también, que ha comprendido ya a fondo cuál es la verdadera característica de los discípulos o la marca definitiva del grupo predilecto de Jesús: el servicio comunitario.  
Lucas, que da una gran importancia a la mujer, nos muestra aquí que no se la puede reducir a ocupar en la Iglesia y en el mundo un puesto secundario. De hecho, en su evangelio, las mujeres están siempre presentes en los momentos clave: acompañan a Jesús en su misión; están al pie de la cruz cuando todos le han abandonado; son las primeras que reciben la Buena Nueva de la Resurrección y que la anuncian a los demás; están presentes en la espera del Espíritu Santo...
Alabanza: Salmo 107, 1-22.
¡Den gracias al Señor, porque es bueno, porque es eterno su amor!
Que lo digan los redimidos por el Señor, los que él rescató del poder del enemigo y congregó de todas las regiones: del norte y del sur, del oriente y el occidente; los que iban errantes por el desierto solitario, sin hallar el camino hacia un lugar habitable.
Estaban hambrientos, tenían sed y ya les faltaba el aliento; pero en la angustia invocaron al Señor, y él los libró de sus tribulaciones: los llevó por el camino recto,
y así llegaron a un lugar habitable.
Den gracias al Señor por su misericordia y por sus maravillas en favor de los hombres, porque él sació a los que sufrían sed y colmó de bienes a los hambrientos.
Estaban en tinieblas, entre sombras de muerte, encadenados y en la miseria…  pero en la angustia invocaron al Señor, y él los libró de sus tribulaciones: los sacó de las tinieblas y las sombras, e hizo pedazos sus cadenas.
Den gracias al Señor por su misericordia y por sus maravillas en favor de los hombres.
Estaban debilitados y oprimidos… Pero en la angustia invocaron al Señor, y él los libró de sus tribulaciones: envió su palabra y los sanó, salvó sus vidas del sepulcro.
Ofrézcanle sacrificios de acción de gracias y proclamen con júbilo sus obras.

Francisco:
“El trabajo es para la dignidad de la persona”

… El Libro del génesis narra que Dios creó el hombre y la mujer confiándoles la tarea de llenar la tierra y de dominarla, que no significa explotarla, sino cultivarla y custodiarla, cuidarla con la propia obra (cfr. Gen 1,28 – 2,15). El trabajo forma parte del plan de amor de Dios ¡nosotros estamos llamados a cultivar y custodiar todos los bienes de la creación y de este modo participamos en la obra de creación!
El trabajo es un elemento fundamental para la dignidad de una persona. El trabajo – para usar una imagen, nos ‘unge’ de dignidad, nos llena de dignidad; nos hace semejantes a Dios, que ha trabajado y trabaja, actúa siempre (cfr. Jn 5,17); da la capacidad de mantenerse a sí mismos, a la propia familia, de contribuir al crecimiento de la propia nación. Y aquí pienso en las dificultades que, en varios países, encuentra hoy el mundo del trabajo y de la empresa; pienso en cuantos, y no sólo jóvenes, están desempleados, muchas veces debido a una concepción economicista de la sociedad, que busca el provecho egoísta, más allá de los parámetros de la justicia social. Deseo dirigir a todos la invitación a la solidaridad y a los responsables de la cosa pública la exhortación a que realicen todo esfuerzo para dar nuevo impulso a la ocupación; ello significa preocuparse por la dignidad de la persona; pero sobre todo quisiera decir que no hay que perder la esperanza; también san José tuvo momentos difíciles, pero nunca perdió la confianza y supo superarlos, en la certeza de que Dios no nos abandona Y luego quisiera dirigirme en particular a ustedes chicos y chicas, y jóvenes: empéñense en su deber cotidiano, en el estudio, en el trabajo, en las relaciones de amistad, en la ayuda a los demás; el porvenir de ustedes depende también de cómo saben vivir estos años preciosos de la vida. No tengan miedo del compromiso, del sacrificio y no miren con miedo al futuro, mantengan viva la esperanza: siempre una luz en el horizonte. Añado una palabra sobre otra situación de trabajo que me preocupa: me refiero a lo que podríamos definir como el ‘trabajo esclavo’, el trabajo que esclaviza. Cuántas personas, en todo el mundo, son víctimas de este tipo de esclavitud, en la que es la persona la que sirve al trabajo, mientras debe ser el trabajo el que brinde un servicio a las personas para que tengan dignidad. Pido a los hermanos y hermanas en la fe y a todos los hombres y mujeres de buena voluntad una opción decidida contra la trata de personas, dentro de la cual figura el ‘trabajo esclavo’.
                                                                                                                                      Audiencia General del 1 de Mayo 2013
Lecturas de la semana
Lunes 17: 2Cor.6,  1-10; Sal 97; Mt. 5, 38-42.
Martes 18: 2Cor. 8, 1-9;  Sal 145; Mt. 5, 43-48.
Miércoles 19: 2Cor. 9, 6-11; Sal 111; Mt. 6, 1-6. 16-18.
Jueves 20: 2Cor. 11, 1-11; Sal 110; Mt. 6, 7-15.
Viernes 21: 2Cor. 11, 18.21-30; Sal 33; Mt. 6, 19-23.
Sábado 22: 2Cor. 12, 1-10; Sal 33; Mt. 6, 24-34.
Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las reflexiones: El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y María. P. Daniel Silva 2010Servicio Bíblico Latinoamericano. www.Corazones.org.

 Cuadro de texto: Círculo Bíblico San José
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viernes, 7 de junio de 2013

Décimo Domingo durante el año

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"...nos unimos también a la procesión de la vida"
 
Lecturas del 09/06/13
 
– Ciclo C –
 
Lectura primer libro de los Reyes 17, 17-24
Después que sucedió esto, el hijo de la dueña de casa cayó enfermo, y su enfermedad se agravó tanto que no quedó en él aliento de vida.
Entonces la mujer dijo a Elías:         
«¿Qué tengo que ver yo contigo hombre de Dios? ¡Has venido a mi casa para recordar mi culpa y hacer morir a mi hijo!»                  
“Dame a tu hijo,» respondió Elías. Luego lo tomó del regazo de su madre, lo subió a la habitación alta donde se alojaba y lo acostó sobre su lecho. E  invocó al Señor diciendo:
«Señor, Dios mío, ¿también a esta viuda que me ha dado albergue la  vas a afligir, haciendo morir a su hijo?»         
Después se tendió tres veces sobre el niño, invocó al Señor y dijo:      
«¡Señor, Dios mío, que vuelva la vida a este niño!»   
El Señor escuchó el clamor de Elías: el aliento vital volvió al niño y éste revivió.
Elías tomó al niño, lo bajo de la habitación alta de la casa  y se lo entregó a su madre.     
Luego dijo: «Mira, tu hijo vive.»     
La mujer dijo entonces a Elías:        
«Ahora sí reconozco que tú eres un hombre de Dios y que la palabra del Señor está verdaderamente en tu boca.» 
Palabra de Dios.
 
Salmo 29
 
R. Yo te glorifico, Señor, porque tú
me libraste.
Yo te glorifico, Señor, porque tú me libraste y no quisiste que mis enemigos se rieran de mí.
Tú, Señor, me levantaste del abismo, y me hiciste revivir, cuando estaba entre los que bajan al sepulcro. R. 
Canten al Señor, sus fieles; den gracias a su santo nombre; porque su enojo dura un instante, y su bondad, toda la vida: si por la noche se derraman lágrimas por la mañana renace la alegría. R.
“Escucha, Señor, ten piedad de mí; ven a ayudarme Señor.” Tú convertiste mi lamento en júbilo: ¡Señor, Dios mío, te daré gracias eternamente! R. 
 
Carta del apóstol Pablo a los Gálatas 1, 11-19
Quiero que sepan, hermanos, que la Buena Noticia que les prediqué no es cosa de los hombres, porque  yo no la recibí ni aprendí de ningún hombre, sino por revelación de Jesucristo. Seguramente ustedes oyeron hablar de mi conducta anterior en el Judaísmo: cómo perseguía con furor a la Iglesia de Dios y la arrasaba, y cómo aventajaba en el Judaísmo a muchos compatriotas de mi edad, en mi exceso de celo por las tradiciones paternas. Pero cuando Dios, que me eligió desde el seno de mi madre y me llamó por medio de su gracia, se complació en revelarme a su Hijo, para que yo lo anunciara entre los paganos, de inmediato, sin consultar a ningún hombre  y sin subir a Jerusalén para ver a los que eran Apóstoles antes que yo, me fui a Arabia y después regresé a Damasco.
Tres años más tarde, fui desde allí a Jerusalén para visitar a Pedro, y estuve con él quince días. No vi a ningún otro Apóstol, sino solamente a Santiago, el hermano del Señor. Palabra de Dios.
 
Santo evangelio según san Lucas 7, 11-17
En seguida, Jesús se dirigió a una ciudad llamada Naím, acompañado de sus discípulos y de una gran multitud.  Justamente cuando se acercaba a la puerta de la ciudad, llevaban a enterrar al hijo único de una mujer viuda, y mucha gente del lugar la acompañaba. Al verla, el Señor se conmovió y le dijo: «No llores». Después se acercó y tocó el féretro. Los que lo llevaban se detuvieron y Jesús dijo: «Joven, yo te lo ordeno, levántate». 
El muerto se incorporó y empezó a hablar. Y Jesús se lo entregó a su madre. Todos quedaron sobrecogidos de temor y alababan a Dios, diciendo: «Un gran profeta ha aparecido en medio de nosotros y Dios ha visitado a su Pueblo». El rumor de lo que Jesús acababa de hacer se difundió por toda la Judea y en toda la región vecina. Palabra del Señor.
 
Reflexión   
La procesión de la vida.
 
El evangelio de Lucas nos narra hoy un milagro de resurrección por parte de Jesús. Naín era, y continúa siendo, una pequeña aldea cerca de Nazaret. Jesús iba con sus discípulos cuando se cruzaron con el entierro del hijo único de una viuda. Las viudas, según la tradición bíblica, eran vulnerables, y más aún si no tenían en la familia un hijo varón que les garantizara seguridad y dignidad. Sólo el hombre garantizaba para ellas un status dentro de la sociedad, pues eran consideradas objetos de propiedad, primero del padre y luego de su marido. Eran valoradas especialmente por su condición de procreadoras. La viuda de Naín está pasando por una dura prueba. La pérdida de su hijo suponía también la pérdida de dignidad y consideración en la sociedad donde vivía, máxime cuando ya había sufrido la pérdida de su marido, que le aseguraba estabilidad y respeto. El llanto de la viuda es el grito silencioso de una mujer que siente no sólo la pérdida de su hijo sino también su destino de vulnerabilidad, exclusión y desigualdad. Es el llanto que denuncia la discriminación social.

Las dos procesiones. En la puerta de la ciudad, el evangelista describe el encuentro de dos procesiones: La procesión de la vida: encabezada por Jesús y seguida por los discípulos y una gran muchedumbre, ha comenzado en Cafarnaúm, donde el criado de un centurión fue sanado de su fiebre mortal por el poder de la Palabra de Jesús.   Esta procesión festiva está a punto de entrar a la ciudad con la buena nueva de la vida. 
La procesión de la muerte: encabezada por un joven muerto, seguida por su madre y luego por otra muchedumbre de la ciudad que se ha solidarizado con la madre.  Esta procesión triste está saliendo de la ciudad.           El evangelio no vacila al colocarnos frente a la cruel realidad:                
Primero, la muerte de una persona joven: una historia truncada en el momento de mayor vitalidad.          
Segundo, La soledad total de una madre: quien ya era viuda y además pierde lo único que le queda en la vida para su apoyo afectivo y aún económico.          
 
“Al verla, el Señor tuvo compasión de ella”. Jesús no conoce a la mujer, pero la mira detenidamente. Capta su dolor y soledad, y se conmueve hasta las entrañas. El abatimiento de aquella mujer le llega hasta dentro. Su reacción es inmediata: “No llores”. Jesús no puede ver a nadie llorando. Necesita intervenir.    
No lo piensa dos veces. Se acerca al féretro, detiene el entierro y dice al muerto: “Muchacho, a ti te lo digo, levántate”. Cuando el joven se reincorpora y comienza a hablar, Jesús “lo entrega a su madre” para que deje de llorar. De nuevo están juntos. La madre ya no estará sola.               
Todo parece sencillo. El relato no insiste en el aspecto prodigioso de lo que acaba de hacer Jesús. Invita a sus lectores a que vean en él la revelación de Dios como Misterio de compasión y Fuerza de vida, capaz de salvar incluso de la muerte. Es la compasión de Dios la que hace a Jesús tan sensible al sufrimiento de la gente.           
El encuentro con el Señor de la Vida. Pero la pérdida del hijo querido es transformada por la buena nueva de Jesús, quien se lo ofrece como don a su madre: “Y se lo dio a su madre”.  
 Los que acompañaban a la viuda en el funeral no podían darle nada más que un sentido pésame. En cambio Jesús le devuelve vivo a su hijo. Lucas enfatiza: “Tuvo compasión”. Vemos cómo el Señor cambia la procesión de la muerte en una procesión de la vida desde la fuerza de su misericordia, la cual se vuelve acción:      
(1) A la madre le dice un tajante: “No llores”, lo cual nos recuerda: “Bienaventurados los que lloráis ahora, porque reiréis” (Lc 6, 21b).                   
(2) Al joven difunto lo levanta del féretro con la fuerza resucitadora de su Palabra: “Joven a ti te digo: ¡LEVÁNTATE!”.           
 Una gran fiesta de alabanza. “Y se puso a hablar”  El joven no sólo es devuelto a la vida sino también reintegrado al mundo de las relaciones, que es donde está la esencia de la vida. La capacidad comunicativa del joven es el primer signo de su resurrección.
Pero la comunicación alcanza su nivel más alto cuando se vuelve oración.          Y una vez más el evangelio le hace eco a los coros de alabanza del pueblo que ha sido testigo de la obra de Jesús con poder (como se ha visto en Lucas 2,20 y 5,26).  
 En las bendiciones festivas de la gente, Jesús es reconocido como el que proclama la Palabra de Dios como ninguno (5,1.3.5), es decir como “un gran profeta” superior a Elías y a Eliseo: “Un gran profeta se ha levantado entre nosotros” (7,16ª). Y más aún, como presencia viva de Dios en medio de su pueblo: “Dios ha visitado a su pueblo” (7,16).          
 Y éste acontecimiento se vuelve “Palabra” de evangelización (“Y lo que se decía de él se propagó”; 7,17) que llega hasta nosotros hoy.  Es la Palabra del Evangelio que nos invita para que nos abramos a la misma experiencia de la misericordia de Jesús con los jóvenes, las madres viudas y todos los sufrientes de nuestros días, a quienes la vida les ha sido negada, para que nos unamos también a la procesión de la vida que Jesús sigue encabezandodiscretamente por los caminos de nuestra historia.             
Hoy. En la Iglesia hemos de recuperar cuanto antes la compasión como el estilo de vida propio de los seguidores de Jesús. La hemos de rescatar de una concepción sentimental y moralizante que la ha desprestigiado. La compasión que exige justicia es el gran mandato de Jesús: “Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo”.
 
Esta compasión es hoy más necesaria que nunca. Desde los centros de poder, todo se tiene en cuenta antes que el sufrimiento de las víctimas. Se funciona como si no hubiera dolientes ni perdedores. Desde las comunidades de Jesús se tiene que escuchar un grito de indignación absoluta: el sufrimiento de los inocentes ha de ser tomado en serio; no puede ser aceptado socialmente como algo normal pues es inaceptable para Dios. Él no quiere ver a nadie llorando.
 
 
Oh, Sagrado Corazón de Jesús, 
que por amor te dejaste traspasar derramando sangre y agua, te pedimos nos liberes, purifiques y nos concedas la gracia de que nuestros corazones sean transformados de corazones de piedra
a corazones de carne.
Que al contemplar el amor y sacrificio de Tu Corazón, seamos movidos a pasar del egoísmo al amor; del orgullo a la humildad; de la rebeldía a la mansedumbre.
 
Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío."
7 de Junio: Solemnidad del Sagrado Corazón
 
La solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús recuerda el misterio del amor de Dios por cada hombre y mujer. S.S. Juan Pablo II estableció que en esta solemnidad se celebre en la Iglesia la Jornada mundial por la santificación de los sacerdotes.
                                        Juan Pablo II. 10, Junio, 2004.
 
A los que vivan la devoción a su Sagrado Corazón             
A partir de la primera revelación, Santa Margarita María Alacoque sufriría todos los primeros viernes de mes, hasta su muerte, la experiencia mística de la llaga del costado de Jesús. Estos eran los momentos particularmente elegidos por el Señor para manifestarle lo que quería de ella y para descubrirle los secretos de su amable Corazón.
Propósito de la devoción: Reparación al Corazón de Jesús.
 
Promesas 
(1) Les daré todas las gracias necesarias en su estado de vida.       
(2) Estableceré la paz en sus hogares.                
(3) Los consolaré en todas sus aflicciones.         
(4) Seré su refugio en su vida y sobre todo en la muerte. 
(5) Bendeciré grandemente todas sus empresas.              
(6) Los pecadores encontrarán en Mi Corazón la fuente y el océano infinito de misericordia.       
(7) Las almas tibias crecerán en fervor.              
(8) Las almas fervorosas alcanzarán mayor perfección.    
(9) Bendeciré el hogar o sitio donde esté expuesto Mi Corazón y sea honrado.              
(10) Daré a los sacerdotes el don de tocar a los corazones más empedernidos.             
(11) Los que propaguen esta devoción, tendrán sus nombres escritos en Mi Corazón, y de Él, nunca serán borrados. 
(12) Nueve primeros viernes: Yo les prometo, en el exceso de la infinita misericordia de mi Corazón, que Mi amor todopoderoso le concederá a todos aquellos que comulguen nueve primeros viernes de mes seguidos, la gracia de la penitencia final; no morirán, en desgracia ni  sin recibir los sacramentos; Mi divino Corazón será su refugio seguro en este último momento

 Para ganar esta gracia debemos:         
1-Recibir sin interrupción la Sagrada Comunión durante nueve primeros viernes consecutivos.     
2-Tener la intención de honrar al Sagrado Corazón de Jesús y de alcanzar la perseverancia final.                 
3-Ofrecer cada Sagrada Comunión como un acto de expiación por las ofensas cometidas contra el Santísimo Sacramento      . 
4-Oración: "Oh Dios, que en el corazón de tu Hijo, herido por nuestros pecados, has depositado infinitos tesoros de caridad; te pedimos que, al rendirle el homenaje de nuestro amor, le ofrezcamos una cumplida reparación. Por Jesucristo nuestro Señor. R. Amén.       

 Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío."
 
Lecturas de la semana
Lunes 10: 2Cor.1,  1-7; Sal 33; Mt. 5, 1-12.
Martes 11: Hech. 11, 21-26; 13, 1-3;  Sal 97; Mt. 10, 7-13.
Miércoles 12: 2Cor. 3, 4-11; Sal 98; Mt. 5, 17-19.
Jueves 13: 2Cor. 3, 15—4, 1. 3-6; Sal 84; Mt. 5, 20-26.
Viernes 14: 2Cor. 4, 7-15; Sal 115;  Mt. 5, 27-32.
Sábado 15: 2Cor. 5, 14-21; Sal 102; Mt. 5, 33-37.
 
Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las reflexiones: El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y María. Servicio Bíblico Latinoamericano. Misioneros Oblatos. J. A. Pagola
Cuadro de texto: Círculo Bíblico San José
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