Intención para la evangelización ‐

Intenciones de oración de Enero: Por el don de la diversidad en la Iglesia El Papa Francisco pide rezar al Espíritu Santo “para que nos ayude a reconocer el don de los diferentes carismas dentro de las comunidades cristianas y a descubrir la riqueza de las diferentes tradiciones rituales dentro de la Iglesia Católica”.

"Todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre"

"Todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre" Mt 7, 7-8. No sé qué quería, pero había algo en mí que me movía a buscar, tal vez que las cosas tengan sentido, y te encontré. Me cuestionaba sobre la vida y me diste tu sabiduría para que pueda encontrar alegría y paz. Ante mis miedos y dudas, te pido que me acompañes en mi peregrinar y me das tu Espíritu Santo, el mismo que te acompaño a vos, hoy me acompaña a mí, me asiste y guía. Hoy sigo buscando más de tu Palabra, de la Verdad y el camino, con la confianza puesta en vos, Dios mío, sé que estás presente en mi vida. Ven Señor Jesús, te necesito.

Del libro de la Sabiduría 6, 12-16

Del libro de la Sabiduría 6, 12-16: La Sabiduría es luminosa y nunca pierde su brillo: se deja contemplar fácilmente por los que la aman y encontrar por los que la buscan. Ella se anticipa a darse a conocer a los que la desean. El que madruga para buscarla no se fatigará, porque la encontrará sentada a su puerta. Meditar en ella es la perfección de la prudencia, y el que se desvela por su causa pronto quedará libre de inquietudes. La Sabiduría busca por todas partes a los que son dignos de ella, se les aparece con benevolencia en los caminos y le sale al encuentro en todos sus pensamientos.

viernes, 5 de julio de 2013

Décimo cuarto domingo durante el año

"¡Vayan!"

Lecturas del 07/07/13
– Ciclo C –

Libro de Isaías 66,10-14.              
¡Alégrense con Jerusalén y regocíjense a causa de ella, todos los que la aman! ¡Compartan su mismo gozo los que estaban de duelo por ella, para ser amamantados y saciarse en sus pechos consoladores, para gustar las delicias de sus senos gloriosos! 
Porque así habla el Señor: Yo haré correr hacia ella la prosperidad como un río, y la riqueza de las naciones como un torrente que se desborda.             
Sus niños de pecho serán llevados en brazos y acariciados sobre las rodillas.      
Como un hombre es consolado por su madre, así yo los consolaré a ustedes, y ustedes serán consolados en Jerusalén. Al ver esto, se llenarán de gozo, y sus huesos florecerán como la hierba. La mano del Señor se manifestará a sus servidores, y a sus enemigos, su indignación. Palabra de Dios.

         
Salmo 65                        
R: ¡Aclame al Señor toda la tierra!

¡Aclame al Señor toda la tierra! ¡Canten la gloria de su Nombre! Tribútenle una alabanza gloriosa, digan al Señor: "¡Qué admirables son tus obras!". R
Toda la tierra se postra ante ti, y canta en tu honor, en honor de tu Nombre. Vengan a ver las obras del Señor, las cosas admirables que hizo por los hombres: R     
Él convirtió el Mar en tierra firme, a pie atravesaron el Río. Por eso, alegrémonos en él, que gobierna eternamente con su fuerza; R                
Los que temen al Señor, vengan a escuchar, yo les contaré lo que hizo por mí: Bendito sea Dios, que no rechazó mi oración ni apartó de mí su misericordia. R   
            
Carta de San Pablo a los gálatas 6,14-18.           
Hermanos: Yo sólo me gloriaré en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo está crucificado para mí, como yo lo estoy para el mundo. Estar circuncidado o no estarlo, no tiene ninguna importancia: lo que importa es ser una nueva criatura.      
Que todos los que practican esta norma tengan paz y misericordia, lo mismo que el Israel de Dios. Que nadie me moleste en adelante: yo llevo en mi cuerpo las cicatrices de Jesús. 
Hermanos, que la gracia de nuestro Señor Jesucristo permanezca con ustedes. Amén. Palabra de Dios.

Evangelio según San Lucas 10,1-12.17-20.           
Después de esto, el Señor designó a otros setenta y dos, y los envió de dos en dos para que lo precedieran en todas las ciudades y sitios adonde él debía ir. Y les dijo: "La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha.           
¡Vayan! Yo los envío como a ovejas en medio de lobos. No lleven dinero, ni alforja, ni calzado, y no se detengan a saludar a nadie por el camino.  
Al entrar en una casa, digan primero: '¡Que descienda la paz sobre esta casa!'. Y si hay allí alguien digno de recibirla, esa paz reposará sobre él; de lo contrario, volverá a ustedes.                 
Permanezcan en esa misma casa, comiendo y bebiendo de lo que haya, porque el que trabaja merece su salario. No vayan de casa en casa.                 
En las ciudades donde entren y sean recibidos, coman lo que les sirvan; curen a sus enfermos y digan a la gente: 'El Reino de Dios está cerca de ustedes'.
Pero en todas las ciudades donde entren y no los reciban, salgan a las plazas y digan: '¡Hasta el polvo de esta ciudad que se ha adherido a nuestros pies, lo sacudimos sobre ustedes! Sepan, sin embargo, que el Reino de Dios está cerca'. Les aseguro que en aquel Día, Sodoma será tratada menos rigurosamente que esa ciudad.   
Los setenta y dos volvieron y le dijeron llenos de gozo: "Señor, hasta los demonios se nos someten en tu Nombre". El les dijo: "Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo. Les he dado poder para caminar sobre serpientes y escorpiones y para vencer todas las fuerzas del enemigo; y nada podrá dañarlos. No se alegren, sin embargo, de que los espíritus se les sometan; alégrense más bien de que sus nombres estén escritos en el cielo". 
Palabra del Señor.              

Reflexión: 

La misión siempre nace del corazón transformado
por el amor de Dios.
La misión, se resume así: "llevar a toda persona la buena noticia: "Dios es amor" y, precisamente por este motivo, quiere salvar al mundo.
La caridad que movió al Padre a enviar a su Hijo al mundo, y al Hijo a entregarse por nosotros hasta la muerte de cruz, esa misma caridad ha sido derramada por el Espíritu Santo en el corazón de los creyentes. Cada bautizado, como sarmiento unido a la vid, puede cooperar en la misión de Jesús, que se resume así: llevar a toda persona la buena noticia: «Dios es amor» y, precisamente por este motivo, quiere salvar al mundo.
La misión surge del corazón: cuando uno se detiene a rezar ante el Crucifijo, con la mirada puesta en ese costado traspasado, no se puede dejar de experimentar dentro de uno mismo la alegría de sentir que se es amado y el deseo de amar y de hacerse instrumento de la misericordia y la reconciliación. Es lo que le sucedió, hace precisamente ochocientos años, al joven Francisco de Asís, en la pequeña iglesia de San Damián, que entonces estaba derruida. Desde lo alto del Crucifijo, custodiado ahora en la Basílica de Santa Clara, Francisco escuchó a Jesús que le decía: «Vete, repara mi casa, pues ya ves que está en ruinas». Aquella «casa» era ante todo su misma vida, que había que «reparar» mediante una auténtica conversión; era la Iglesia, no la que está hecha de ladrillos, sino de personas vivas, que siempre necesita purificación; era también toda la humanidad, en la que Dios quiere hacer su morada. (1).
Cada uno de nosotros con sus talentos y particularidades, responsables de actualizar el mensaje de Cristo en el mundo, somos enviados a anunciar la Buena Noticia. Y es un serio compromiso el que nos da Jesús, porque anunciar la Buena Noticia, además de nuestra palabra, necesita en forma imprescindible del testimonio de vida.
Por eso la preocupación de Jesús se centra en la formación de sus discípulos para la misión: siguiendo con la procesión de la Vida, la misión de los setenta y dos aparece inmediatamente después de un pasaje vocacional del domingo anterior.

La oración por la provisión de misioneros: primera actividad apostólica. "La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha”. La primera indicación práctica que Jesús da es la oración: “Rezar”. La mirada se coloca –como siempre lo hizo el mismo Jesús- en el Padre, quien es el “dueño de los sembrados”. La fuente de la misión es Dios mismo.        
El misionero debe tener siempre presente que es un “obrero”, que está al servicio de un campo de trabajo que no es suyo, que por él consagrará todas sus energías aún en el momento en que llegue a sentir que la tarea lo supera ("La cosecha es abundante”). El retrato del “obrero” que aquí aparece está muy cerca de la imagen de un campesino que trabaja de sol a sol con sus propias manos, que en cada jornada se juega su vida en la labor.         
 Un primer desaliento comienza a aparecer: aún los setenta y dos serán insuficientes para la inmensa tarea de la evangelización. Pero la actitud de confianza en Dios y de responsabilidad con el encargo los acompañarán en todo momento: los misioneros orarán con fuerte súplica repitiendo la breve oración que les enseñó Jesús, porque todo proviene de Dios y es para Dios. Entonces: la primera acción apostólica es la oración.           
Conciencia de la fragilidad pero también de donde proviene la fortaleza. Jesús mismo con su oración responde por el envío a la misión: y enseguida les describe con una sola frase el ambiente de hostilidad que le aguarda a los misioneros: “¡Vayan! Yo los envío como a ovejas en medio de lobos.”. La metáfora de los lobos y los corderos manifiesta la dolorosa desproporción.    
¿Cómo se presentarán, entonces, ante el mundo? Jesús lo dice enseguida. Los setenta y dos dependen totalmente de Dios para su protección y sostenimiento.  Ellos son enviados al viaje misionero sin ningún equipaje como signo de su fe en que Dios suplirá sus necesidades: “No lleven dinero, ni alforja, ni calzado”. Esta pobreza, que en realidad es libertad de corazón, se notará no sólo a lo largo de viaje sino en su comportamiento tanto en las casas (comerán lo que allí tengan) como en la ciudad entera.  Quien brillará ante el mundo no será entonces el misionero sino Dios, fuente de todo bien.                 
Tres ámbitos del ejercicio de la misión: Jesús describe cual debe ser el comportamiento del misionero en tres ambientes:
El camino. La sola figura del misionero en el camino, a la vista de todos, ya es diciente: es una persona despojada de los implementos necesarios para el viaje (las tres seguridades del viajero de largos trechos: la plata, el morral y el repuesto de las sandalias), que no tiene ambiciones personales y que por el contrario está completamente abandonada a la providencia de Dios, se parece  entonces a Jesús; se anuncia así la belleza de la filiación. 
La prohibición “y no se detengan a saludar a nadie por el camino”, se refiere al detenerse saludando a los amigos o familiares, en conversaciones que en el antiguo oriente se prolongaban indefinidamente; por lo tanto es una forma de volver atrás, hacia las preocupaciones mundanas, y perder la concentración en el servicio de la Palabra de Dios. La misión tiene urgencia, no da espera ni admite distracciones ni pérdida de tiempo.
La casa. Si en el camino no hay que detenerse, en una casa sí hay que hacerlo. Acerca del comportamiento en la evangelización de la casa (la familia) Jesús hace dos precisiones: “¡Que descienda la paz sobre esta casa! No se trata de un saludo cualquiera sino de la invocación de las bendiciones de Dios sobre ese hogar, las bendiciones del Evangelio que traerá prosperidad.          .             
“Permanezcan en esa misma casa, comiendo y bebiendo de lo que haya”. La evangelización de la familia pide dedicación e inserción completa: se comparte la vida de la familia. Cuando el misionero encuentra una respuesta (aunque sea la mínima) debe permanecer en esa casa poniéndose al servicio del bien de la gente. Las reglas de la hospitalidad mandan que la acogida del huésped incluya la alimentación y la dormida y esto ya es al mismo tiempo “su salario”.
Con estos dos comportamientos se indica el proceso de evangelización entero. Hay que hacer procesos de evangelización completos, no dejar tareas inconclusas, por eso: “No vayan de casa en casa”
La ciudad. En caso de acogida, se repite a gran escala lo que se ha dicho sobre la evangelización de la familia, los misioneros hacen allí lo mismo que Jesús.
Cuando los misioneros son rechazados durante la tarea misionera, se les recuerda una instrucción “¡Hasta el polvo de esta ciudad que se ha adherido a nuestros pies, lo sacudimos sobre ustedes!        “

El regreso de la misión: toda una fiesta. Los misioneros de la “paz” entran en ambientes difíciles, “como corderos en medio de lobos”, llevando la reconciliación a los caminos, a las casas y a las ciudades. Su anuncio del Reino al mismo tiempo que cura al hombre aniquila el poder del maligno. Ellos no sólo trabajan arduamente sino que también celebran gozosamente en la alegre dulzura de Jesús. Y esta certeza los acompaña siempre.       
La alegría por el éxito de la misión es una alegría diferente. El discípulo se maravilla por dos razones:     
Por la obra de Dios en la historia humana: la destrucción del mal y el destronamiento del maligno, han sido vencidas las fuerzas de la muerte; Por haber sido instrumento de esta victoria, Jesús le ha dado su “poder” y por lo tanto poseen un poder más fuerte que el de Satán.
Y porque sus nombres “están escritos en los cielos”: ellos se han ocupado de la obra de Dios, pero Dios se ha ocupado también de ellos (Él ha “escrito” sus nombres) asegurándoles su salvación en la comunión definitiva con Él en la eternidad.

Sin miedo a la novedad (2). El Papa Francisco está llamando a la Iglesia a salir de sí misma olvidando miedos e intereses propios, para ponerse en contacto con la vida real de las gentes y hacer presente el Evangelio allí donde los hombres y mujeres de hoy sufren y gozan, luchan y trabajan.                
Con su lenguaje inconfundible y sus palabras vivas y concretas, nos está abriendo los ojos para advertirnos del riesgo de una Iglesia que se asfixia en una actitud autodefensiva: “cuando la Iglesia se encierra, se enferma”; “prefiero mil veces una  Iglesia accidentada a una que esté enferma por encerrarse en sí misma”.
La consigna de Francisco es clara: “La Iglesia ha de salir de sí misma a la periferia, a dar testimonio del Evangelio y a encontrarse con los demás”. No está pensando en planteamientos teóricos, sino en pasos muy concretos: “Salgamos de nosotros mismos para encontrarnos con la pobreza”.   
El Papa sabe lo que está diciendo. Quiere arrastrar a la Iglesia actual hacia una renovación evangélica profunda. No es fácil. “La novedad nos da siempre un poco de miedo, porque nos sentimos más seguros, si tenemos todo bajo control, si somos nosotros los que construimos, programamos y planificamos nuestra vida según nuestros esquemas, seguridades y gustos”.
Pero Francisco no tiene miedo a la “novedad de Dios”. En la fiesta de Pentecostés ha formulado a toda la Iglesia una pregunta decisiva a la que tendremos que ir respondiendo en los próximos años: “¿Estamos decididos a recorrer caminos nuevos que la novedad de Dios nos presenta o nos atrincheraremos en estructuras caducas que han perdido la capacidad de respuesta? 
No quiero ocultar mi alegría al ver que el Papa Francisco nos llama a reavivar en la Iglesia el aliento evangelizador que Jesús quiso que animara siempre a sus seguidores. El evangelista Lucas nos recuerda sus consignas. “Poneos en camino”.            
No hay que esperar a nada. No hemos de retener a Jesús dentro de nuestras parroquias. Hay que darlo a conocer en la vida.
“No llevéis bolsas, alforjas ni sandalias de repuesto”. Hay que salir a la vida de manera sencilla y humilde. Sin privilegios ni estructuras de poder. El Evangelio no se impone por la fuerza. Se contagia desde la fe en Jesús y la confianza en el Padre.            
Cuando entréis en una casa, decid:”Paz a esta casa”. Esto es lo primero. Dejad a un lado las condenas, curad a los enfermos, aliviad los sufrimientos que hay en el mundo. Decid a todos que Dios está cerca y nos quiere ver trabajando por una vida más humana. Esta es la gran noticia del reino de Dios. (2) J A Pagola.
Un Mundo mejor es posible
Mi  misión, se resume así: "llevar a toda persona la buena noticia: "Dios es amor" y, precisamente por este motivo, quiere salvar al mundo.
Lecturas de la semana
Lunes 8: .Gn. 28, 10-22; Sal 90; Mt. 9, 18-26.
Martes 9: Is. 7, 10-14;  Sal Lc. 1, 46-55; Lc. 1, 39-47.
Miércoles 10: Gn. 2, 19-22; Sal 116; Jn. 20, 24-29.
Jueves 11: Gn . 41, 51-57;42, 5-7. 17-24; Sal32Mt. 10,1-7.
Viernes 12: Gn. 46, 1-7.28-30; Sal 36; Mt. 10, 16-23.
Sábado 13Gn. 49, 29-32. 50, 15-26; Sal 104; Mt. 10, 24-33.
Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las reflexiones: El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y María. Servicio Bíblico Latinoamericano. Misioneros Oblatos o.cc.ss (1). (Benedicto XVI Ángelus 2006)

Cuadro de texto: Círculo Bíblico San José
Parroquia San José:
Brandsen 4970 Villa Domínico.
http://miencuentroconjesus1.blogspot.com

Si  querés recibir la hojita por e-mail pedila:
 miencuentroconjesus@yahoo.com.ar

viernes, 28 de junio de 2013

"¡Te seguiré a dónde vayas!".


Lecturas del 30/06/13
Décimo tercer domingo durante el año
– Ciclo C –

Primer Libro de los Reyes 19,16b.19-21                
El Señor dijo a Elías: “A Eliseo, hijo de Safat, de Abel Mejolá, lo ungirás profeta en lugar de ti”. Elías partió de allí y encontró a Eliseo, hijo de Safat, que estaba arando. Delante de él había doce yuntas de bueyes, y él iba con la última. Elías pasó cerca de él y le echó encima su manto.
Eliseo dejó sus bueyes, corrió detrás de Elías y dijo: "Déjame besar a mi padre y a mi madre; luego te seguiré". Elías le respondió: "Sí, puedes ir. ¿Qué hice yo para impedírtelo?"
Eliseo dio media vuelta, tomó la yunta de bueyes y los inmoló. Luego, con los arneses de los bueyes, asó la carne y se la dio a su gente para que comieran. Después partió, fue detrás de Elías y se puso a su servicio. Palabra de Dios.

Salmo 16          
     R: Señor, tú eres la parte de mi herencia

Protégeme, Dios mío, porque me refugio en ti. Yo digo al Señor: "Señor, tú eres mi bien, no hay nada superior a ti". El Señor es la parte de mi herencia y mi cáliz, ¡tú decides mi suerte! R           
Bendeciré al Señor que me aconseja, ¡hasta de noche me instruye mi conciencia!         
Tengo siempre presente al Señor: él está a mi lado, nunca vacilaré. R  
Por eso mi corazón se alegra, se regocijan mis entrañas y todo mi ser descansa seguro: porque no me entregarás la Muerte ni dejarás que tu amigo vea el sepulcro. R               
Me harás conocer el camino de la vida, saciándome de gozo en tu presencia, de felicidad eterna a tu derecha. R    

Carta de San Pablo a los gálatas 5,1.13-18        
Hermanos: Esta es la libertad que nos ha dado Cristo. Manténganse firmes para no caer de nuevo bajo el yugo de la esclavitud.  
Ustedes, hermanos, han sido llamados para vivir en libertad, pero procuren que esta libertad no sea un pretexto para satisfacer los deseos carnales: háganse más bien servidores los unos de los otros, por medio del amor.        
Porque toda la Ley está resumida plenamente en este precepto: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. Pero si ustedes se están mordiendo y devorando mutuamente, tengan cuidado porque terminarán destruyéndose los unos a los otros.
Yo los exhortos a que se dejen conducir por el Espíritu de Dios, y así no serán arrastrados por los deseos de la carne. 
Porque la carne desea contra el espíritu y el espíritu contra la carne. Ambos luchan entre sí, y por eso, ustedes no pueden hacer todo el bien que quieren. Pero si están animados por el Espíritu, ya no están sometidos a la Ley. Palabra de Dios    

Evangelio según San Lucas 9,51-62        
Cuando estaba por cumplirse el tiempo de su elevación al cielo, Jesús se encaminó decididamente hacia Jerusalén y envió mensajeros delante de él. Ellos partieron y entraron en un pueblo de Samaría para prepararle alojamiento. Pero no lo recibieron porque se dirigía a Jerusalén.             
Cuando sus discípulos Santiago y Juan vieron esto, le dijeron: "Señor, ¿quieres que mandemos caer fuego del cielo para consumirlos?".                
Pero él se dio vuelta y los reprendió. Y se fueron a otro pueblo.            
Mientras iban caminando, alguien le dijo a Jesús: "¡Te seguiré adonde vayas!".  
Jesús le respondió: "Los zorros tienen sus cuevas y las aves del cielo sus nidos, pero el Hijo del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza".                 
Y dijo a otro: "Sígueme". El respondió: "Permíteme que vaya primero a enterrar a mi padre".        
Pero Jesús le respondió: "Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú ve a anunciar el Reino de Dios".            
Otro le dijo: "Te seguiré, Señor, pero permíteme antes despedirme de los míos".            
Jesús le respondió: "El que ha puesto la mano en el arado y mira hacia atrás, no sirve para el Reino de Dios". Palabra del Señor.        


Reflexión:
Las lecturas de hoy tienen un tema común: las exigencias de la vocación. En ellas descubrimos cómo subyace la necesidad del desprendimiento, de la renuncia, del abandono de las cosas y personas como exigencia para seguir a Jesús. Por eso, no existe respuesta a la llamada para ponerse al servicio del Reino de Dios, en aquellos que anteponen a Jesús condiciones o intereses personales. El Evangelio nos dice que el desprendimiento exigido por Jesús a los tres candidatos a su seguimiento, es radical e inmediato. Se tiene, incluso, la impresión de una cierta dureza de parte de Jesús. Pero todo está puesto bajo el signo de la urgencia.
Jesús ha iniciado “el viaje hacia Jerusalén”. Esta “subida” no se encuadra en una dimensión estrictamente geográfica, sino teológica: Jesús se encamina decididamente hacia el cumplimiento de su misión. Su vida sólo tiene un objetivo, anunciar y promover el proyecto del reino de Dios.
El viaje de Jesús a Jerusalén no es un viaje turístico. Por eso el maestro exige a los discípulos la conciencia del riesgo que comparte esa aventura: “la entrega de la propia vida”.
Los discípulos deben ser conscientes de la dificultad de la misión, de los sacrificios que comporta y de la gravedad de los compromisos que se asumen con aquella decisión. Jesús trabaja sobre las falsas ilusiones y los triunfalismos mesiánicos.
Cómo seguir a Jesús. (1) La marcha comienza mal: los samaritanos lo rechazan. Está acostumbrado: lo mismo le ha sucedido en su pueblo de Nazaret.           
Jesús sabe que no es fácil acompañarlo en su vida de profeta itinerante. Quienes lo quieran seguir tendrán que aprender a vivir como él.                
Mientras van de camino, se le acerca un desconocido. Se le ve entusiasmado:”Te seguiré adonde vayas”. Antes que nada, Jesús le hace ver que no espere de él seguridad, ventajas ni bienestar. Él mismo “no tiene dónde reclinar su cabeza”. No tiene casa, come lo que le ofrecen, duerme donde puede.      
Otro pide a Jesús que le deje ir a enterrar a su padre antes de seguirlo. Jesús le responde con un juego de palabras provocativo y enigmático:“Deja que los muertos entierren a sus muertos, tú vete a anunciar el reino de Dios”. Estas palabras desconcertantes cuestionan nuestro estilo convencional de vivir.             
Otro está dispuesto a seguirlo, pero antes se quiere despedir de su familia. Jesús le sorprende con estas palabras: “El que echa mano al arado y sigue mirando atrás no vale para el reino de Dios”. Colaborar en el proyecto de Jesús exige dedicación total, mirar hacia adelante sin distraernos, caminar hacia el futuro sin encerrarnos en el pasado.                 
No nos engañemos. El gran obstáculo que nos impide hoy a muchos cristianos seguir de verdad a Jesús es el bienestar en el que vivimos instalados. Nos da miedo tomarle en serio porque sabemos que nos exigiría vivir de manera más generosa y solidaria. Somos esclavos de nuestro pequeño bienestar. Tal vez, la crisis económica nos puede hacer más humanos y más cristianos.
Hemos de ensanchar el horizonte en el que nos movemos. La familia no lo es todo. Hay algo más importante. Si nos decidimos a seguir a Jesús, hemos de pensar también en la familia humana: nadie debería vivir sin hogar, sin patria, sin papeles, sin derechos. Todos podemos hacer algo más por un mundo más justo y fraterno.
Recientemente, el Papa Francisco nos ha advertido de algo que está pasando hoy en la Iglesia:
“Tenemos miedo a que Dios nos lleve por caminos nuevos, sacándonos de nuestros horizontes, con frecuencia limitados, cerrados y egoístas, para abrirnos a los suyos”. (1) J: A: Pagola
Por tanto, seguir a Jesús exige:
- Disponibilidad para vivir en la inseguridad: “No tener nada, no llevar nada”. No se pone el acento en la pobreza absoluta, sino en la itinerancia. El discípulo lo mismo que Jesús, no puede programar, organizar la propia vida según criterios de exigencias personales, de “confort” individual.
- Ruptura con el pasado, con las estructuras sociales, políticas, económicas y culturales que atan y generan la muerte. Es necesario que los nuevos discípulos miren adelante, que anuncien el Reino, para que se viva el proyecto de Jesús.
- Decisión irrevocable. Nada de vacilaciones, nada de componendas, ninguna concesión a las añoranzas y recuerdos del pasado, el compromiso es total, definitivo, la elección irrevocable.
Hoy, actitudes del verdadero discípulo. Ser cristiano no es solamente decir tengo fe, sino irse haciendo creyente. Con frecuencia entendemos la vida cristiana de una manera muy estática y no lo vivimos como un proceso de crecimiento constante y seguimiento a Jesús. Y, sin embargo, en realidad se es cristiano en la medida que nos atrevemos a seguir a Jesús.          
En momentos de crisis es grande la tentación de buscar seguridad, volver a posiciones fáciles y llamar de nuevo a las puertas de una religión que nos “proteja” de tantos problemas y conflictos. El creyente que lo quiera ser de verdad, ha de preguntarse ¿cómo ser cristiano hoy? Y la respuesta es la de siempre: hay que volver a Jesús.  
Hay que volver a la espiritualidad de seguimiento. Se trata de configurar nuestra vida en el seguimiento de Jesús, sin caer en la tentación de seguir otros intereses u otras corrientes que aparentemente nos pueden ofrecer una seguridad religiosa, pero que nos alejan del espíritu del Evangelio.        
Seguir a Jesús no significa seguir a un pasado ya muerto, sino tratar de vivir hoy en el espíritu que le animó a Él. Se trata de vivir hoy “con el aire de Jesús” y no “al aire que más sopla”. Cuando el creyente se esfuerza por seguir a Jesús, día a día, va experimentando de manera creciente que sin ese “seguir” a Jesús su vida sería menos vida, más inerte, más vacía y más sin sentido.    
El seguimiento de Jesús es una invitación y un don de Dios, pero al mismo tiempo exige nuestra respuesta esforzada. Es pues un don y una conquista. Una invitación de Dios, y una meta que nos debemos proponer con tesón. Pero sólo por amor, por enamoramiento de la causa de Jesús, podremos avanzar en el seguimiento. Una vez que ese amor se ha instalado en nuestras vidas, todo lo legal sigue teniendo su sentido, pero es puesto en su propio lugar: relegado a un segundo plano. «Ama y haz lo que quieras», decía san Agustín; porque si amas, no vas a hacer «lo que quieras», sino lo que debes, lo que Dios amado espera de ti. Es la libertad del amor, sus dulces ataduras.
Francisco:
  “Ser cristianos no es una casualidad sino una llamada”

El Santo Padre centró su homilía en la lectura, tomada del libro del Génesis, que habla de la discusión entre Abraham y Lot por la división de la tierra. "Cuando leo esto -dijo- pienso en el Medio Oriente y le pido tanto al Señor que nos dé a todos la sabiduría, esta sabiduría de no pelear, “yo estoy aquí y tú allí”.    

Abraham, observó el papa "había dejado su tierra para ir, no sabía dónde, pero donde el Señor le dijera". Sigue caminando, entonces, porque cree en la Palabra de Dios, que "lo había invitado a salir de su tierra". Este hombre, quizá nonagenario, mira la tierra que le indica el Señor y cree:              

"Abraham parte de su tierra con una promesa: todo su viaje es ir hacia esta promesa. Y su recorrido es también un modelo de nuestro viaje. Dios llama a Abraham, a una persona, y de esa persona hace un pueblo. Si vamos al libro del Génesis, al principio, a la Creación, vemos que Dios crea las estrellas, crea las plantas, los animales, los crea, crea, crea... Pero crea al hombre en singular, uno. Dios siempre nos habla en singular a nosotros, porque nos ha creado a su imagen y semejanza. Y Dios habla en singular. Habló a Abraham y le dio una promesa y lo invitó a salir de su tierra. Como cristianos, estamos llamados en lo singular: ¡ninguno de nosotros es cristiano por pura casualidad! ¡Nadie!".             

Hay una llamada "por el nombre, con una promesa", dijo el papa: "¡Adelante, yo estoy contigo! Camino a tu lado". Y esto, dijo, lo conocía Jesús: "Incluso en las momentos más difíciles se dirige al Padre": "Dios nos acompaña, Dios nos llama por nuestro nombre, Dios nos promete una descendencia. Y esta es un poco la seguridad del cristiano. ¡No es una casualidad, es una llamada! Una llamada que nos hace seguir adelante. Ser cristiano es un llamado de amor, de amistad; una llamada a convertirse en hijo de Dios, hermano de Jesús; a ser fecundo en la transmisión de esta llamada a los demás, a ser instrumentos de esta llamada.
Hay tantos problemas, hay momentos difíciles: ¡Jesús ha pasado por tantos! Pero siempre con esa confianza: "El Señor me ha llamado. El Señor es como yo. El Señor me ha prometido".  

Dios, reiteró el Papa, "es fiel, pues Él nunca puede renegar de sí mismo: Él es la lealtad". Y pensando en este pasaje donde Abraham "es ungido como padre, por primera vez, padre de los pueblos, pensamos también en nosotros que hemos sido ungidos en el Bautismo, y pensamos en nuestra vida cristiana":
               
"Alguien dirá: ‘Padre, soy un pecador’... Pero todos lo somos. Esto se sabe. El asunto es: pecadores, seguir adelante con el Señor, seguir adelante con la promesa que nos ha hecho, con aquella promesa de fecundidad y decirle a los demás, contarle a los demás que el Señor está con nosotros, que el Señor nos ha escogido y que Él no nos deja solos, ¡nunca! La certeza del cristiano nos hará bien. Quiera el Señor darnos, a todos nosotros, este deseo de ir hacia adelante, como lo tuvo Abraham, en medio de los problemas; pero seguir adelante con la confianza de que Él es el que me llamó, que me prometió tantas cosas bellas, ¡está conmigo!".
25 de  junio, misa diaria celebrada en la
Casa Santa Marta (AICA)
Quédate conmigo, Señor, porque Yo soy débil y necesito de tu fortaleza, para que no caiga tan frecuentemente.
Quédate conmigo, Señor, porque Tú eres mi vida y sin Ti Yo estoy sin fervor.
Quédate conmigo, Señor, porque Tú eres mi luz y sin ti yo estoy en la oscuridad. (P. Pio)
Lecturas de la semana
Lunes 1: .Gn. 18, 16-33; Sal 102; Mt. 8, 18-22.
Martes 2: Gn. 19, 15-29;  Sal 25; Mt. 8, 23-27.
Miércoles 3: Ef. 2, 19-22; Sal 116; Jn. 20, 24-29.
Jueves 4: Gn . 22, 1-1 9; Sal 114; Mt. 9, 1-8.
Viernes 5: Gn. 23, 1-4.19; 24, 1-8. 62-67; Sal 105; Mt. 9, 9-13.
Sábado 6: Gn. 27, 1-5. 15-29; Sal 134; Mt. 9, 14-17.
Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las reflexiones: El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y María. Servicio Bíblico Latinoamericano. P. Daniel Silva 2010. Misioneros Oblatos o.cc.ss
              
                                             Cuadro de texto: Círculo Bíblico San José
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viernes, 21 de junio de 2013

“Tú eres el Mesías de Dios”

                                       
Lecturas del 23/06/13
Décimo segundo domingo durante el año
– Ciclo C –
Libro de Zacarías 12,10-11.13,1                
Así habla el Señor: Derramaré sobre la casa de David y sobre los habitantes de Jerusalén un espíritu de gracia y de súplica; y ellos mirarán hacia mí. En cuanto al que ellos traspasaron, se lamentarán por él como por un hijo único y lo llorarán amargamente como se llora al primogénito. Aquel día, habrá un gran lamento en Jerusalén, como el lamento de Hadad Rimón, en la llanura de Meguido. Aquel día, habrá una fuente abierta para la casa de David y para los habitantes de Jerusalén, a fin de lavar el pecado y la impureza. Palabra de Dios.   
             
Salmo 63
R: Mi alma tiene sed de ti, Señor, Dios mío.   
Señor, tú eres mi Dios, yo te busco ardientemente; mi alma tiene sed de ti, por ti suspira mi carne como tierra sedienta, reseca y sin agua. R            
Sí, yo te contemplé en el Santuario para ver tu poder y tu gloria. Porque tu amor vale más que la vida, mis labios te alabarán. R         
Así te bendeciré mientras viva y alzaré mis manos en tu Nombre. Mi alma quedará saciada como con un manjar delicioso, y mi boca te alabará con júbilo en los labios. R    Veo que has sido mi ayuda y soy feliz a la sombra de tus alas. Mi alma está unida a ti, tu mano me sostiene. R          

Carta de San Pablo a los gálatas 3,26-29.            
Hermanos: Todos ustedes son hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús, ya que todos ustedes, que fueron bautizados en Cristo, han sido revestidos de Cristo.           
Por lo tanto, ya no hay judío ni pagano, esclavo ni hombre libre, varón ni mujer, porque todos ustedes no son más que uno en Cristo Jesús.                 
Y si ustedes pertenecen a Cristo, entonces son descendientes de Abraham, herederos en virtud de la promesa. Palabra de Dios.     

Evangelio según San Lucas 9,18-24.       
Un día en que Jesús oraba a solas y sus discípulos estaban con él, les preguntó: "¿Quién dice la gente que soy yo?".          
Ellos le respondieron: "Unos dicen que eres Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, alguno de los antiguos profetas que ha resucitado".                 
"Pero ustedes, les preguntó, ¿quién dicen que soy yo?".
Pedro, tomando la palabra, respondió: "Tú eres el Mesías de Dios". Y él les ordenó terminantemente que no lo dijeran a nadie.
"El Hijo del hombre, les dijo, debe sufrir mucho, ser rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser condenado a muerte y resucitar al tercer día".    
Después dijo a todos: "El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz cada día y me siga.             
Porque el que quiera salvar su vida, la perderá y el que pierda su vida por mí, la salvará. Palabra del Señor.            
Reflexión:
En su camino de anuncio del Reino, el Señor quiere, de manera particular instruirnos como discípulos, y siguiendo con la procesión de la vida donde somos testigos de las acciones mesiánicas de Jesús y antes de empezar su camino a Jerusalén, nos pregunta:    
                  “¿Quién dicen que soy Yo?”           
El Pueblo. La gente tiene a Jesús en una alta consideración: ve en Él a una figura profética similar a la de los grandes profetas portavoces de Dios. Se dan las mismas respuestas ya dadas anteriormente en Lc. 9,7-8 en boca de Herodes Antipas, voz oficial dentro del mundo de la política: “Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que un profeta de los antiguos había resucitado”. Las tres afirmaciones coinciden en que se trata de un “profeta”.
Los Discípulos. Enseguida Jesús les pide a los discípulos su propia respuesta personal. Se les pregunta a todos, pero es Pedro quien responde como vocero que es capaz de interpretar el sentir de todos y expresarlo:
"Tú eres el Mesías de Dios".
Se enfatiza que Jesús es el “ungido de Dios”es el Mesías-Cristo prometido que realiza las esperanzas salvíficas de su pueblo. Pero a Jesús no se le puede “capturar” en los esquemas que proyectan los deseos populares, lo primero que hay que hacer para entenderlo es entrar en sintonía con Dios para comprender su plan de salvación, su proyecto, su sueño de humanidad. Por primera vez los discípulos reconocen de manera explícita que Jesús es el Mesías.
La confesión de quién es verdaderamente Jesús, está en estrecha conexión con lo que Jesús les ha revelado de sí mismo como dador de vida en algunas escenas que los discípulos -separados de la gente- pudieron ver más de cerca: la tempestad calmada (8,22-25), la resurrección de la hija de Jairo (8,49-56), el banquete mesiánico con la multitud (9,12-17), eventos todos que fueron revelatorios solamente para los discípulos.
Por tanto, los discípulos de Jesús son aquellos que, guiados por las claves de lectura que les da el Maestro, pueden ver más profundamente los eventos y enseñanzas que el resto de la gente; son aquellos que pueden constatar, a partir de la valoración de las bendiciones que provienen del Maestro, que Él es más que un profeta; son aquellos que, teniendo como modelo a María (ver Lc. 2,19), confrontan continuamente los hechos con las enseñanzas, en otros términos: hacen el itinerario completo de la Palabra “después de haber oído, conservan la Palabra con corazón bueno y  recto, y dan fruto con perseverancia” (Lc. 8,15). Los frutos se ven en la correcta confesión de fe y en el compromiso radical con el camino de la Cruz del Mesías.
El doloroso camino del Mesías. Nuestra mirada contempla el destino doloroso de Jesús como manera concreta de asumir el camino “de Dios”, pero también, lo más  importante, que es la victoria y la vida: Jesús es un Mesías crucificado pero que resucita. Por eso, cuando el discípulo escuche el llamado de Jesús para compartir su camino tendrá que ver más allá de la renuncia la Buena Noticia de la Resurrección: “ganará la vida”.
Tres actitudes para poder compartir el camino de Jesús. “Niéguese a sí mismo”“Tome su cruz cada día” “Sígame” Es ante todo ser capaces de decirle “no” a lo que no es coherente con la opción por Jesús y que generalmente proviene de sí mismo y de las propias ambiciones, para vivir al estilo de la Cruz. Esto supone un continuo “discernimiento”. Esto no será cosa de un día sino de siempre.
El sentido de la vocación del discípulo. Jesús finalmente coloca en contraposición dos tipos de personas: Hay personas que desean preservar su vida (“Quien quiera salvar su vida…”): están ante todo preocupadas por ellas mismas, por su exclusiva felicidad, siendo capaces incluso de dejar a otra persona de lado con tal de no sacrificar los propios sueños; éste es el trasfondo de muchas situaciones de pecado.
Pues bien, Jesús dice que la persona que desee preservar su manera de vivir evitando cualquier entrega, la autonegación para optar por los valores del evangelio, esquivando el sacrificio, “perderá su vida”, o sea, quizás gozará por un rato pero no alcanzará la plenitud de la vida, e incluso se la habrá negado a otros.
Hay personas que están bien dispuestas para perder generosamente su vida (“Quien pierda su vida por mí…”), es decir, que han descubierto a Jesús y “por” Él desean vivir según los valores de su evangelio, el mayor de todos: el amor de la Cruz, que es vivir radicalmente en función de los demás.
Estas personas, paradójicamente preservan la vida. A través de la experiencia del “perder” (el “darse”) será salvada su vida en un sentido profundo porque ha alcanzado la identidad con el Maestro y con Él recorre el camino que verdaderamente conduce a la gloria. No hay que olvidar que hay una causa: la pérdida es por causa de Jesús, por lealtad personal a Jesús.  Esta lealtad no se quedará sin la contraparte en el tiempo final: “ése salvará su vida”.
Hoy. (1) ¿Quién es para nosotros ese Profeta de Galilea, que no ha dejado tras de sí escritos sino testigos? No basta que lo llamemos “Mesías de Dios”. Hemos de seguir dando pasos por el camino abierto por él, encender también hoy el fuego que quería prender en el mundo. ¿Cómo podemos hablar tanto de Él sin sentir su sed de justicia, su deseo de solidaridad, su voluntad de paz?            
¿Hemos aprendido de Jesús a llamar a Dios “Padre”, confiando en su amor incondicional y su misericordia infinita? No basta recitar el “Padrenuestro”. Hemos de sepultar para siempre fantasmas y miedos sagrados que se despiertan a veces en nosotros alejándonos de él. Y hemos de liberarnos de tantos ídolos y dioses falsos que nos hacen vivir como esclavos.                
¿Adoramos en Jesús el Misterio del Dios vivo, encarnado en medio de nosotros? No basta confesar su condición divina con fórmulas abstractas, alejadas de la vida e incapaces de tocar el corazón de los hombres y mujeres de hoy. Hemos de descubrir en sus gestos y palabras al Dios Amigo de la vida y del ser humano. ¿No es la mejor noticia que podemos comunicar hoy a quienes buscan caminos para encontrarse con él?           
¿Creemos en el amor predicado por Jesús? No basta repetir una y otra vez su mandato. Hemos de mantener siempre viva su inquietud por caminar hacia un mundo más fraterno, promoviendo un amor solidario y creativo hacia los más necesitados. ¿Qué sucedería si un día la energía del amor moviera el corazón de las religiones y las iniciativas de los pueblos?     
¿Hemos escuchado el mandato de Jesús de salir al mundo a curar? No basta predicar sus milagros. También hoy hemos de curar la vida como lo hacía él, aliviando el sufrimiento, devolviendo la dignidad a los perdidos, sanando heridas, acogiendo a los pecadores, tocando a los excluidos. ¿Dónde están sus gestos y palabras de aliento a los derrotados?  
Si Jesús tenía palabras de fuego para condenar la injusticia de los poderosos de su tiempo y la mentira de la religión del Templo, ¿por qué no nos sublevamos sus seguidores ante la destrucción diaria de tantos miles de seres humanos abatidos por el hambre, la desnutrición y nuestro olvido?
(1) tomado d J. A. Pagola
“Tú Palabra es una lámpara a mis pies y
una luz en mi camino”
Francisco, Regina Coeli:
"SOBRE LA FORTALEZA DE LOS  PRIMEROS DISCÍPULOS"
Queridos hermanos y hermanas Quisiera detenerme brevemente en la página de los Hechos de los Apóstoles que se lee en la Liturgia de este Tercer Domingo de Pascua. Este texto narra que la primera predicación de los Apóstoles en Jerusalén llenó la ciudad de la noticia que Jesús era verdaderamente resucitado, según las Escrituras, y era el Mesías anunciado por los Profetas. Los sumos sacerdotes y los jefes de la ciudad buscaron frenar el nacimiento de la comunidad de los creyentes en Cristo e hicieron encarcelar a los Apóstoles, ordenándoles de no enseñar más en su Nombre. Pero Pedro y los otros once respondieron: «Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres.
El Dios de nuestros padres ha resucitado a Jesús… lo exaltó con su poder haciéndolo Jefe y Salvador… Nosotros somos testigos de estas cosas, nosotros y el Espíritu Santo que Dios ha enviado a los que obedecen» (Hech. 5,29-32). Entonces hicieron azotar a los Apóstoles y les ordenaron nuevamente de no hablar más en nombre de Jesús. Y ellos se fueron «dichosos de haber sido considerados dignos de padecer por el nombre de Jesús (v. 41). ¿Dónde encontraban los primeros discípulos la fuerza para dar este testimonio? No sólo: ¿de dónde les venía la alegría y el coraje del anuncio, a pesar de los obstáculos y las violencias? No olvidemos que los Apóstoles eran personas simples, no eran escribas, doctores de la ley, ni pertenecían a la clase sacerdotal. ¿Cómo han podido, con sus límites y obstaculizados por las autoridades, llenar Jerusalén con sus enseñanzas? (Cfr. Hech 5, 28)
Es claro que solamente la presencia del Señor Resucitado y la acción del Espíritu Santo con ellos pueden explicar este hecho. Su fe se basaba en una experiencia tan fuerte y personal de Jesús muerto y resucitado, que no tenían miedo de nada y de ninguno, es más, veían las persecuciones como un motivo de honor, que les permitía seguir las huellas de Jesús y de parecerse a Él, testimoniándolo con la vida. Esta historia de la primera comunidad cristiana nos dice una cosa muy importante, que es válida para la Iglesia de todos los tiempos, también para nosotros: cuando una persona conoce verdaderamente Jesucristo y cree en Él, experimenta su presencia en la vida y la fuerza de la Resurrección, y no puede no comunicar esta experiencia. Y si encuentra incomprensiones o adversidades, se comporta como Jesús en su Pasión: responde con el amor y la fuerza de la vida. Rezando juntos el Regina Coeli, pidamos la ayuda de María Santísima para que la Iglesia en todo el mundo anuncie con sinceridad y coraje la Resurrección del Señor y dé testimonio válido con signos de amor fraterno. Recemos en modo particular para que los cristianos que sufren persecución sientan la presencia viva y confortante del Señor Resucitado.
14 de abril de 2013 
Fuente: Vatican News
Te ofrezco, Señor”
"Te ofrezco, Señor, mis pensamientos, ayúdame a pensar en ti.
Te ofrezco mis palabras, ayúdame a hablar de ti.
Te ofrezco mis obras, ayúdame a cumplir tu voluntad.
Te ofrezco mis penas, ayúdame a sufrir por ti.
Todo aquello que quieres Tú, Señor, lo quiero yo, precisamente porque lo quieres tú, como tú lo quieras y durante todo el tiempo que lo quieras.
Papa Clemente IX
Lecturas de la semana
Lunes 24Is.49,1-6; Sal 138; Hech. 13, 22-26; Lc. 1, 57-66.80.
Martes 25: Gn. 13, 2.5-18;  Sal 14; Mt. 7, 6. 12-14.
Miércoles 26: Gn. 15, 1-12.17-18; Sal 104; Mt. 7, 15-20.
Jueves 27: Gn. 1 6, 1-12. 15-16; Sal 105; Mt. 7, 21-29.
Viernes 28: Gn. 17, 1.9-10.15-22; Sal 127; Mt. 8,1-4.
Sábado 29Hech 12, 1-11; Sal 33; 2 Tim. 4, 6-8.17; Mt. 16, 13-19.
Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las reflexiones: El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y María. Servicio Bíblico Latinoamericano. Misioneros Oblatos o.cc.ss

Cuadro de texto: Círculo Bíblico San José
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viernes, 14 de junio de 2013

Decimo primer Domingo durante el año


“Tú palabra es una lámpara a mis pies y una luz en mi camino”
Lecturas del 16/06/13

– Ciclo C –
  Segundo libro de Samuel 12, 7-10. 13    
Entonces Natán dijo a David: Así habla el Señor, el Dios de Israel: Yo te ungí rey de Israel y te libré de las manos de Saúl; te entregué la casa de tu señor y puse a sus mujeres en tus brazos; te di la casa de Israel y de Judá, y por si esto fuera poco, añadiría otro tanto y aún más.                 
¿Por qué entonces has despreciado la palabra del Señor, haciendo lo que es malo a sus ojos? ¡Tú has matado al filo de la espada a Urías, el hitita! Has tomado por esposa a su mujer, y a él lo has hecho morir bajo la espada de los amonitas.
Por eso, la espada nunca más se apartará de tu casa, ya que me has despreciado y has tomado por esposa a la mujer de Urías, el hitita.             
David dijo a Natán: «¡He pecado contra el Señor!» Natán le respondió: «El Señor, por su parte, ha borrado tu pecado: no morirás.» Palabra de Dios. 

Salmo 31
     R. Perdona, Señor, mi culpa y mi pecado.      
¡Feliz el que ha sido absuelto de su pecado y liberado de su falta! ¡Feliz el hombre a quien el Señor no le tiene en cuenta las culpas, y en cuyo espíritu no hay doblez! R.        Pero yo reconocí mi pecado, no te escondí mi culpa, pensando: «Confesaré mis faltas al Señor.» ¡Y tú perdonaste mi culpa y mi pecado! R.               

Tú eres mi refugio, tú me libras de los peligros y me colmas con la alegría de la salvación. R.        ¡Alégrense en el Señor, regocíjense los justos! ¡Canten jubilosos los rectos de corazón! R.  

Pablo a los cristianos de Galacia 2, 16. 19-21    
Hermanos: Como sabemos que el hombre no es justificado por las obras de la Ley , sino por la fe en Jesucristo, hemos creído en él, para ser justificados por la fe en Cristo y no por las obras de la Ley : en efecto, nadie será justificado en virtud de las obras de la Ley. Pero en virtud de la Ley , he muerto a la Ley , a fin de vivir para Dios.  
Yo estoy crucificado con Cristo, y ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí: la vida que sigo viviendo en la carne, la vivo en la fe en el Hijo de Dios, que me amó y se entregó por mí.    
Yo no anulo la gracia de Dios: si la justicia viene de la Ley, Cristo ha muerto inútilmente. 
Palabra de Dios.   

Santo Evangelio según san Lucas 7, 36—8, 3     
Un fariseo invitó a Jesús a comer con él. Jesús entró en la casa y se sentó a la mesa. Entonces una mujer pecadora que vivía en la ciudad, al enterarse de que Jesús estaba comiendo en casa del fariseo, se presentó con un frasco de perfume. Y colocándose detrás de él, se puso a llorar a sus pies y comenzó a bañarlos con sus lágrimas; los secaba con sus cabellos, los cubría de besos y los ungía con perfume.    
Al ver esto, el fariseo que lo había invitado pensó: «Si este hombre fuera profeta, sabría quién es la mujer que lo toca y lo que ella es: ¡una pecadora!»        
Pero Jesús le dijo: «Simón, tengo algo que decirte.»                 
«Di, Maestro», respondió él. «Un prestamista tenía dos deudores: uno le debía quinientos denarios, el otro cincuenta. Como no tenían con qué pagar, perdonó a ambos la deuda. ¿Cuál de los dos lo amará más?»              
Simón contestó: «Pienso que aquel a quien perdonó más.»    
Jesús le dijo: «Has juzgado bien.» Y volviéndose hacia la mujer, dijo a Simón: « ¿Ves a esta mujer? Entré en tu casa y tú no derramaste agua sobre mis pies; en cambio, ella los bañó con sus lágrimas y los secó con sus cabellos. Tú no me besaste; ella, en cambio, desde que entré, no cesó de besar mis pies. Tú no ungiste mi cabeza; ella derramó perfume sobre mis pies. Por eso te digo que sus pecados, sus numerosos pecados, le han sido perdonados porque ha demostrado mucho amor. Pero aquel a quien se le perdona poco, demuestra poco amor.»                 
Después dijo a la mujer: «Tus pecados te son perdonados.»   
Los invitados pensaron: « ¿Quién es este hombre, que llega hasta perdonar los pecados?» Pero Jesús dijo a la mujer: «Tu fe te ha salvado, vete en paz.»       
Después, Jesús recorría las ciudades y los pueblos, predicando y anunciando la Buena Noticia del Reino de Dios. Lo acompañaban los Doce y también algunas mujeres que habían sido curadas de malos espíritus y enfermedades: María, llamada Magdalena, de la que habían salido siete demonios; Juana, esposa de Cusa, intendente de Herodes, Susana y muchas otras que los ayudaban con sus bienes.  
Palabra del Señor.             
Reflexión: 
El texto evangélico que compartimos este fin de semana se puede decir que tiene dos partes diferenciadas pero conectadas entres sí:             
El relato del perdón de la pecadora en casa de Simón el Fariseo (7,36-50).
El relato sumario de los que acompañan a Jesús en su misión (8,1-3).  
La pecadora en la casa del fariseo. Una mujer se atreve a estropear una sobremesa cuidadosamente preparada. La arrogante entrometida no sólo quebranta las leyes de la buena educación, sino que, además, comete una infracción de tipo religioso: un ser impuro (la mujer pecadora) no debe manchar la casa de un hombre socialmente puro (un fariseo).
Por un momento Cristo pierde su dignidad de profeta a los ojos de su anfitrión: “Si éste fuera profeta, sabría quién es esta mujer que le está tocando, y lo que es: una pecadora”.
Ante la situación que se ha presentado, Jesús utiliza el recurso de los sabios: en vez de corregir a su anfitrión, lo invita a salir de su ignorancia y a reconocer que el verdadero pecador es él; el fariseo que se cree puro.
La mujer, a nadie ha engañado: ha repetido los gestos de su oficio; la misma actitud sensual que ha tenido con todos sus amantes. Pero esta tarde sus gestos no tienen el mismo sentido. Ahora expresan su respeto y el cambio de su corazón. El perfume lo ha comprado con sus ahorros, que son el precio de su “pecado”. Y sin dudarlo rompe el vaso (cf. Mc 14,3), para que nadie pueda recuperar ni un gramo del precioso perfume.
Estalla la libertad propia del amor. En esta comida el fariseo tenía todo previsto y preparado. Pero basta con que una mujer empujada por su corazón entre sin haber sido invitada, y la sobremesa cambia del todo. El episodio revela la liberación ofrecida por Jesús.
El Mesías proclama con sus actos y palabras que el hombre ya no está condenado a la esclavitud de la ley y de una religión alienante. El cristiano es un ser liberado sobre la base de esa fe hecha amor práctico que predica Jesús: “tu fe te ha salvado”.
En la antigüedad las prostitutas eran consideradas esclavas; socialmente no existían. Sin embargo, esta tarde una prostituta escucha las palabras de absolución y de canonización, porque ha hecho el gesto sacramental, ha expresado su decisión de cambiar de vida. Así se coloca a la cabeza del Evangelio. ¿Qué otra cosa pueden significar las palabras de Cristo “tus pecados están perdonados”?

La gran actividad misionera de Jesús. Recorre pueblos y aldeas proclamando la Buena Noticia del reino de Dios. No se detiene donde tiene éxito. Quiere anunciar el reino de Dios a todos. Y anuncia con palabras y obras. En su caminar hay personas que le siguen de continuo y que colaboran en su misión. No atraviesa la tierra a solas, sino que le acompañan los doce y algunas mujeres que Él había curado de malos espíritus y enfermedades. El reino de Dios necesita braceros, braceros generosos que sepan llevar adelante la obra iniciada por Jesús. No importa mucho, parece, la condición, la altura, el sexo, el estado civil…               
Las mujeres que acompañan a Jesús. Este es un dato muy significativo, máxime si tenemos en cuenta que los rabinos judíos excluían a toda mujer del círculo de sus discípulos. Jesús mostró en todo momento una actitud radicalmente distinta a la del judaísmo oficial. Fue una actitud sin perjuicios, abierta y liberal.       
¿Quiénes son estas mujeres y quiénes representan? El hecho de mencionar a algunas de ellas por su nombre indica que se trata de un grupo muy real, como el que representan los Doce. Por otro lado, el número tres (tres nombres propios) emana una totalidad: María Magdalena, Juana, mujer de Cusa, Susana y otras muchas.       

Por primera vez, el grupo de Jesús se presenta como un grupo mixto. Por un lado, los Doce, que englobaban la totalidad de los discípulos de origen y tradición israelita, pero en calidad de nuevo Israel. Por otro, las mujeres, representantes de las clases marginadas. El segundo grupo, como le es propio por haber dado la adhesión a Jesús después de haber experimentado en su propia carne los efectos de la marginación social y religiosa, es un grupo muy liberado. María Magdalena había estado poseída por “siete demonios”, es decir, por todas las ideologías contrarias al ser humano que se pueden imaginar, y había quedado definitivamente libre de ellos. Además se dice de las tres que “habían sido curadas por El de malos espíritus y enfermedades”.
El servicio comunitario. El grupo tipificado por las mujeres no se ha quedado en la mera experiencia de la “liberación de”, sino que enseguida ha puesto sus bienes al servicio de Jesús y de todos los que le acompañan. Han pasado de la “liberación de…” a la “liberación para…”. Al lado de los Doce, que se mostraron tan reacios a aceptar el Mesías tal como lo entendía y encarnaba Jesús, hay otro grupo de seguidores, real también, que ha comprendido ya a fondo cuál es la verdadera característica de los discípulos o la marca definitiva del grupo predilecto de Jesús: el servicio comunitario.  
Lucas, que da una gran importancia a la mujer, nos muestra aquí que no se la puede reducir a ocupar en la Iglesia y en el mundo un puesto secundario. De hecho, en su evangelio, las mujeres están siempre presentes en los momentos clave: acompañan a Jesús en su misión; están al pie de la cruz cuando todos le han abandonado; son las primeras que reciben la Buena Nueva de la Resurrección y que la anuncian a los demás; están presentes en la espera del Espíritu Santo...
Alabanza: Salmo 107, 1-22.
¡Den gracias al Señor, porque es bueno, porque es eterno su amor!
Que lo digan los redimidos por el Señor, los que él rescató del poder del enemigo y congregó de todas las regiones: del norte y del sur, del oriente y el occidente; los que iban errantes por el desierto solitario, sin hallar el camino hacia un lugar habitable.
Estaban hambrientos, tenían sed y ya les faltaba el aliento; pero en la angustia invocaron al Señor, y él los libró de sus tribulaciones: los llevó por el camino recto,
y así llegaron a un lugar habitable.
Den gracias al Señor por su misericordia y por sus maravillas en favor de los hombres, porque él sació a los que sufrían sed y colmó de bienes a los hambrientos.
Estaban en tinieblas, entre sombras de muerte, encadenados y en la miseria…  pero en la angustia invocaron al Señor, y él los libró de sus tribulaciones: los sacó de las tinieblas y las sombras, e hizo pedazos sus cadenas.
Den gracias al Señor por su misericordia y por sus maravillas en favor de los hombres.
Estaban debilitados y oprimidos… Pero en la angustia invocaron al Señor, y él los libró de sus tribulaciones: envió su palabra y los sanó, salvó sus vidas del sepulcro.
Ofrézcanle sacrificios de acción de gracias y proclamen con júbilo sus obras.

Francisco:
“El trabajo es para la dignidad de la persona”

… El Libro del génesis narra que Dios creó el hombre y la mujer confiándoles la tarea de llenar la tierra y de dominarla, que no significa explotarla, sino cultivarla y custodiarla, cuidarla con la propia obra (cfr. Gen 1,28 – 2,15). El trabajo forma parte del plan de amor de Dios ¡nosotros estamos llamados a cultivar y custodiar todos los bienes de la creación y de este modo participamos en la obra de creación!
El trabajo es un elemento fundamental para la dignidad de una persona. El trabajo – para usar una imagen, nos ‘unge’ de dignidad, nos llena de dignidad; nos hace semejantes a Dios, que ha trabajado y trabaja, actúa siempre (cfr. Jn 5,17); da la capacidad de mantenerse a sí mismos, a la propia familia, de contribuir al crecimiento de la propia nación. Y aquí pienso en las dificultades que, en varios países, encuentra hoy el mundo del trabajo y de la empresa; pienso en cuantos, y no sólo jóvenes, están desempleados, muchas veces debido a una concepción economicista de la sociedad, que busca el provecho egoísta, más allá de los parámetros de la justicia social. Deseo dirigir a todos la invitación a la solidaridad y a los responsables de la cosa pública la exhortación a que realicen todo esfuerzo para dar nuevo impulso a la ocupación; ello significa preocuparse por la dignidad de la persona; pero sobre todo quisiera decir que no hay que perder la esperanza; también san José tuvo momentos difíciles, pero nunca perdió la confianza y supo superarlos, en la certeza de que Dios no nos abandona Y luego quisiera dirigirme en particular a ustedes chicos y chicas, y jóvenes: empéñense en su deber cotidiano, en el estudio, en el trabajo, en las relaciones de amistad, en la ayuda a los demás; el porvenir de ustedes depende también de cómo saben vivir estos años preciosos de la vida. No tengan miedo del compromiso, del sacrificio y no miren con miedo al futuro, mantengan viva la esperanza: siempre una luz en el horizonte. Añado una palabra sobre otra situación de trabajo que me preocupa: me refiero a lo que podríamos definir como el ‘trabajo esclavo’, el trabajo que esclaviza. Cuántas personas, en todo el mundo, son víctimas de este tipo de esclavitud, en la que es la persona la que sirve al trabajo, mientras debe ser el trabajo el que brinde un servicio a las personas para que tengan dignidad. Pido a los hermanos y hermanas en la fe y a todos los hombres y mujeres de buena voluntad una opción decidida contra la trata de personas, dentro de la cual figura el ‘trabajo esclavo’.
                                                                                                                                      Audiencia General del 1 de Mayo 2013
Lecturas de la semana
Lunes 17: 2Cor.6,  1-10; Sal 97; Mt. 5, 38-42.
Martes 18: 2Cor. 8, 1-9;  Sal 145; Mt. 5, 43-48.
Miércoles 19: 2Cor. 9, 6-11; Sal 111; Mt. 6, 1-6. 16-18.
Jueves 20: 2Cor. 11, 1-11; Sal 110; Mt. 6, 7-15.
Viernes 21: 2Cor. 11, 18.21-30; Sal 33; Mt. 6, 19-23.
Sábado 22: 2Cor. 12, 1-10; Sal 33; Mt. 6, 24-34.
Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las reflexiones: El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y María. P. Daniel Silva 2010Servicio Bíblico Latinoamericano. www.Corazones.org.

 Cuadro de texto: Círculo Bíblico San José
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