Intención para la evangelización ‐

Intenciones de oración de septiembre: Oremos por una gestión justa y sostenible del agua, recurso vital, para que todos tengan acceso equitativo a ella.

"Todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre"

"Todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre" Mt 7, 7-8. No sé qué quería, pero había algo en mí que me movía a buscar, tal vez que las cosas tengan sentido, y te encontré. Me cuestionaba sobre la vida y me diste tu sabiduría para que pueda encontrar alegría y paz. Ante mis miedos y dudas, te pido que me acompañes en mi peregrinar y me das tu Espíritu Santo, el mismo que te acompaño a vos, hoy me acompaña a mí, me asiste y guía. Hoy sigo buscando más de tu Palabra, de la Verdad y el camino, con la confianza puesta en vos, Dios mío, sé que estás presente en mi vida. Ven Señor Jesús, te necesito.

Del libro de la Sabiduría 6, 12-16

Del libro de la Sabiduría 6, 12-16: La Sabiduría es luminosa y nunca pierde su brillo: se deja contemplar fácilmente por los que la aman y encontrar por los que la buscan. Ella se anticipa a darse a conocer a los que la desean. El que madruga para buscarla no se fatigará, porque la encontrará sentada a su puerta. Meditar en ella es la perfección de la prudencia, y el que se desvela por su causa pronto quedará libre de inquietudes. La Sabiduría busca por todas partes a los que son dignos de ella, se les aparece con benevolencia en los caminos y le sale al encuentro en todos sus pensamientos.

jueves, 12 de septiembre de 2013

Vigésimo cuarto domingo durante el año,

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“Dios sale al encuentro de sus hijos para celebrar con gran regocijo la alegría del regreso"
 
Lecturas del 15/09/13
   Ciclo C
 
Libro del Éxodo 32,7-11.13-14.       El Señor dijo a Moisés: "Baja en seguida, porque tu pueblo, ese que hiciste salir de Egipto, se ha pervertido. Ellos se han apartado rápidamente del camino que yo les había señalado, y se han fabricado un ternero de metal fundido. Después se postraron delante de él, le ofrecieron sacrificios y exclamaron: "Este es tu Dios, Israel, el que te hizo salir de Egipto".            
Luego le siguió diciendo: "Ya veo que este es un pueblo obstinado. Por eso, déjame obrar: mi ira arderá contra ellos y los exterminaré. De ti, en cambio, suscitaré una gran nación".    
Pero Moisés trató de aplacar al Señor con estas palabras: "¿Por qué, Señor, arderá tu ira contra tu pueblo, ese pueblo que tú mismo hiciste salir de Egipto con gran firmeza y mano poderosa?
Acuérdate de Abraham, de Isaac y de Jacob, tus servidores, a quienes juraste por ti mismo diciendo: "Yo multiplicaré su descendencia como las estrellas del cielo, y les daré toda esta tierra de la que hablé, para que la tengan siempre como herencia". Y el Señor se arrepintió del mal con que había amenazado a su pueblo. Palabra de Dios.            

Salmo 50               
             R: Iré a la casa de mi Padre.               
¡Ten piedad de mí, Señor, por tu bondad, por tu gran compasión, borra mis faltas! ¡Lávame totalmente de mi culpa y purifícame de mi pecado!. R
Crea en mí, Dios mío, un corazón puro, y renueva la firmeza de mi espíritu. No me arrojes lejos de tu presencia ni retires de mí tu santo espíritu. R             Abre mis labios, Señor, y mi boca proclamará tu alabanza. Mi sacrificio es un espíritu contrito, tú no desprecias el corazón contrito y humillado. R         
Primera Carta de San Pablo a Timoteo 1,12-17.  
Querido hermano: Doy gracias a nuestro Señor Jesucristo, porque me ha fortalecido y me ha considerado digno de confianza, llamándome a su servicio a pesar de mis blasfemias, persecuciones e insolencias anteriores. Pero fui tratado con misericordia, porque cuando no tenía fe, actuaba así por ignorancia.      
Y sobreabundó en mí la gracia de nuestro Señor, junto con la fe y el amor de Cristo Jesús.            
Es doctrina cierta y digna de fe que Jesucristo vino al mundo para salvar a los pecadores, y yo soy el peor de ellos. Si encontré misericordia, fue para que Jesucristo demostrara en mí toda su paciencia, poniéndome como ejemplo de los que van a creer en él para alcanzar la Vida eterna.      
¡Al Rey eterno y universal, al Dios incorruptible, invisible y único, honor y gloria por los siglos de los siglos! Amén. Palabra de Dios.  
 Evangelio según San Lucas 15,1-10.              Todos los publicanos y pecadores se acercaban a Jesús para escucharlo. Los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: "Este hombre recibe a los pecadores y come con ellos". Jesús les dijo entonces esta parábola: "Si alguien tiene cien ovejas y pierde una, ¿no deja acaso las noventa y nueve en el campo y va a buscar la que se había perdido, hasta encontrarla?          
Y cuando la encuentra, la carga sobre sus hombros, lleno de alegría, y al llegar a su casa llama a sus amigos y vecinos, y les dice: "Alégrense conmigo, porque encontré la oveja que se me había perdido". Les aseguro que, de la misma manera, habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta, que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse".  
Y les dijo también: "Si una mujer tiene diez dracmas y pierde una, ¿no enciende acaso la lámpara, barre la casa y busca con cuidado hasta encontrarla? Y cuando la encuentra, llama a sus amigas y vecinas, y les dice: "Alégrense conmigo, porque encontré la dracma que se me había perdido".   
Les aseguro que, de la misma manera, se alegran los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierte". Palabra del Señor.        

Reflexión:
 
El evangelio de hoy nos invita a entrar en el corazón misericordioso de Jesús, descubriendo en él la revelación acerca de Dios y la fuerza atrayente de su propuesta del Reino. Jesús nos revela que a Dios le importamos mucho y que sufre y goza con nuestro destino. Él mismo es la imagen de un Dios que sale en búsqueda del pecador. El suyo es un amor primero e incondicional.

El gesto más provocativo y escandaloso de Jesús. (1) Fue, sin duda, su forma de acoger con simpatía especial a pecadoras y pecadores, excluidos por los dirigentes religiosos y marcados socialmente por su conducta al margen de la Ley. Lo que más irritaba era su costumbre de comer amistosamente con ellos. De ordinario, olvidamos que Jesús creó una situación sorprendente en la sociedad de su tiempo. Los pecadores no huyen de él. Al contrario, se sienten atraídos por su persona y su mensaje. Lucas nos dice que “los pecadores y publicanos solían acercarse a Jesús para escucharle”. Al parecer, encuentran en él una acogida y comprensión que no encuentran en ninguna otra parte.              
Mientras tanto, los sectores fariseos y los doctores de la Ley, los hombres de mayor prestigio moral y religioso ante el pueblo, solo saben criticar escandalizados el comportamiento de Jesús: “Ese acoge a los pecadores y come con ellos”.        ¿Cómo puede un hombre de Dios comer en la misma mesa con aquella gente pecadora e indeseable?     
Jesús nunca hizo caso de sus críticas. Sabía que Dios no es el Juez severo y riguroso del que hablaban con tanta seguridad aquellos maestros que ocupaban los primeros asientos en las sinagogas. El conoce bien el corazón del Padre. Dios entiende a los pecadores; ofrece su perdón a todos; no excluye a nadie; lo perdona todo. Nadie ha de oscurecer y desfigurar su perdón insondable y gratuito.       
Por eso, Jesús les ofrece su comprensión y su amistad. Aquellas prostitutas y recaudadores han de sentirse acogidos por Dios. Es lo primero. Nada tienen que temer. Pueden sentarse a su mesa, pueden beber vino y cantar cánticos junto a Jesús.             
Su acogida los va curando por dentro. Los libera de la vergüenza y la humillación. Les devuelve la alegría de vivir.   
Jesús los acoge tal como son, sin exigirles previamente nada. Les va contagiando su paz y su confianza en Dios, sin estar seguro de que responderán cambiando de conducta. Lo hace confiando totalmente en la misericordia de Dios que ya los está
esperando con los brazos abiertos, como un padre bueno que corre al encuentro de su hijo perdido.
                                                                                                                                           (1)   J. A. Pagola.
 
“Parábolas de la confrontación”. (2)  Al escuchar las parábolas del evangelio de hoy podemos contemplar a Jesús rodeado de pecadores, mal vistos y pobres. Ver su polémica, su afrontamiento, su cercanía a los marginados. Verle pronunciar estas parábolas, y al decirlas, desvelarnos el rostro de Dios y el suyo.  
Identificarse uno mismo con la oveja perdida. Verse pecador, necesitado de conversión.             
Contemplar el amor desconcertante de Dios y gozar con Él. Dios me quiere no por lo que yo hago, sino porque soy de Él. Alegrarme con su alegría, y tener plena confianza.          
Existen en ellas dos puntos de vista, dos mentalidades, dos concepciones de Dios enfrentadas. Por una parte está la conducta de Jesús abierta y dialogante, sin clasismos de pureza legal, que no huye de los pecadores sino que los busca y acepta sentarse a la mesa con ellos. Por otra parte está la reacción intelectual-legal provocada por esta conducta: el que hace eso no puede venir de Dios. Jesús quiere revelar el verdadero rostro de Dios. No se puede partir de nuestros conceptos para elaborar un Dios a nuestra medida, al contrario, hay que dejarse instruir por las enseñanzas de Jesús, revelador del Padre, y por sus pensamientos llegar al verdadero rostro de Dios.             
En estas parábolas se destruye el ídolo de una falsa divinidad, rígida en su majestad con exigencias de adoración, para poner en su lugar la realidad del verdadero Dios de Jesucristo, un Padre lleno de amor que espera día y noche o sale Él mismo al encuentro de sus hijos para celebrar con gran regocijo la alegría del regreso.              

Las parábola del evangelio de hoy subrayan: 1) La solícita atención de Dios con los pecadores y descreídos, con los marginados y mal vistos; 2) La alegría festiva de encontrar lo perdido.           
Sacadas de la realidad cotidiana, todos pueden entenderlas. La preocupación por lo perdido, el empeño en buscarla y la alegría de encontrarla, sirven para descubrir las actitudes que se dan en Dios y que Jesús está viviendo de cara a las personas marginadas y pecadoras. Muestra que Dios ama a todos, sea cual sea su conducta, en cambio. 
Para nosotros que buscamos justificaciones ante Dios y creemos saber cómo debe actuar Él, estas parábolas ponen de manifiesto que el amor de Dios va más allá de lo que pensamos. Dios obra como quien ama y está preocupado por la suerte del ser querido. Él toma la iniciativa (como el pastor y la mujer). Para Él somos algo valioso. No somos uno más. Cada uno de nosotros es único. Esta revelación debería seducir a todos, y sobre todo a las personas que están habituadas a Dios. Pero, de hecho, semejante revelación disgusta a muchos cuando no se es sensible al don gratuito.           
Hay algo que los creyentes no deberíamos olvidar nunca. Por muy perdidos que nos encontremos, por muy fracasados que nos sintamos, por muy culpables que nos veamos, siempre hay salida. Cuando nos encontramos perdidos, una cosa es segura: Dios es Alguien que busca precisamente a los perdidos. 

Si nos fijamos en Mateo 18, 12-14 comparándola con la de Lucas, el auditorio de Mateo es completamente diferente. Jesús no la dirige a sus adversarios, sino a sus discípulos. De acuerdo con esto, la conclusión tiene otro acento: “Es voluntad del Padre del cielo que no se pierda ni uno solo de estos pequeños”. Enmarcada en la amonestación de no despreciar a los pequeños y en la indicación sobre la conducta que se debe seguir con el hermano pecador. Dios quiere que nosotros nos ocupemos del hermano caído tan fielmente como el pastor de la parábola tras la oveja perdida.                 
Por eso, uno de los mensajes de estas parábolas es la gratuidad ilógica y gozosamente desconcertante de la misericordia de Dios a favor de los marginados y despreciados de aquella sociedad. Es también la condena de un mundo farisaicamente dividido en dos frentes, el de los justos y buenos u ortodoxos oficiales y el de los pecadores o malos o heterodoxos. Dios rompe nuestros esquemas, normas y costumbres.        
                                                                                                                                    (2) tomado de Pbro. Daniel Silva 2010
 
Francisco: “compartir su amor misericordioso”
 
…El Papa explicó que mucha gente se acercaba a Jesús, sobre todo después de algún hecho milagroso que lo acreditaba como Mesías, como Rey de Israel. Pero Cristo que sabía que en Jerusalén le esperaba la Cruz, no quiere engañar a nadie y repite que la senda que dibuja pasa por el sacrificio de sí mismo y el perdón de los pecados.      
“Seguir a Jesús -dijo el Pontífice- no significa participar en un desfile triunfal. Significa compartir su amor misericordioso, entrar en su gran obra de misericordia por cada ser humano y por todos los seres humanos”.                 

“El perdón universal y la misericordia pasan a través de la cruz y Jesús no quiere llevar a cabo esta obra solo: quiere involucrarnos en la misión que el Padre le ha encomendado. El discípulo de Jesús renuncia a todos los bienes porque encontró en Él el bien más grande, en el que cualquier otro bien halla su significado y su valor plenos: los lazos familiares, las otras relaciones, el trabajo, los bienes culturales y económicos”. 
 
¡Hay una guerra más profunda que todos debemos combatir! Es la decisión, fuerte y valiente, de renunciar al mal y a sus seducciones y de elegir el bien, listos para pagar en primera persona: esto es seguir a Cristo, esto es cargar con la propia cruz. Esta es la guerra profunda contra el mal. ¿De qué sirve hacer guerras, tantas guerras, si no somos capaces de combatir esta guerra profunda contra el mal? No sirve de nada”.
 
“¡La búsqueda de la paz es un camino largo y requiere paciencia y perseverancia! ¡Sigamos rezando!”
 
                                                                                                           Ciudad del vaticano, 8 de septiembre. AICA 
 
“Feliz de ti por haber creído”
 
Afiche Mes Biblia 2013 - copia
 
                                 La fe nace del encuentro con el Dios vivo, que nos llama y nos revela su amor…  Lumen Fidei Nº 4
 
Lectio Divina: ¿Qué es?
 
Continuación. La Lectio Divina como medio para la experiencia de Dios a partir de la Escritura, no se agota en el texto escrito, en sí, eso no es el fin del método, sino que partiendo del texto se busca al Señor, para encontrarlo vivo y presente en su Palabra escrita, para reconocerlo en su palabra viva en la vida de cada día.
Es por esto que la Lectio Divina, si bien trabaja el texto escrito, lo profundiza, lo reflexiona, lo reza, siempre tiene la perspectiva de la vida, siempre busca aplicar esa palabra al día a día, a hacer vida aquello que fue conocido por medio de la Escritura. Para los cristianos el texto bíblico no es meta en sí misma, no buscamos apenas conocer cosas de la Biblia para repetirlos mecánicamente, sino que la finalidad y la meta de la revelación es la adhesión consciente, libre y amorosa a Aquel que se nos ha revelado en las Escrituras. Es por esto, que decimos que la Lectio Divina nos introduce a una experiencia de Encuentro con Señor por medio de pasos que van profundizando el texto bíblico. 
 
Decimos que la Lectio Divina favorece en encuentro con el Señor, ya que la metodología no se limita ni se agota en tratar el texto en sí mismo, buscando conocer su situación, su estructura, su gramática, ni su teología. Todo esto sí se tiene en cuenta, y son la base para cualquier reflexión bíblica, de hecho, estos aspectos son considerados en la LECTURA y la MEDITACION. En la medida que se tenga información sobre el texto, será de mayor utilidad a la hora de buscar aplicar este pasaje a la propia vida, evitando así una manipulación del mensaje que nos transmite el pasaje bíblico.
 
Después de haber conocido el texto bíblico por medio de la lectura y la meditación de dicho pasaje, se pasa a la ORACIÓN Pues, una vez que uno haya tenido esa experiencia de encuentro con el Señor, que lo haya conocido, que se haya buscado el conocimiento íntimo del Señor, viendo, reflexionando, conociendo sus actitudes, su manera de ser, sus sentimientos y habernos colocado delante de Él para mirarnos a la luz de su Palabra, en la oración, uno coloca todo lo que se está viviendo en sus manos, pidiendo su ayuda y su gracia para iluminar y dar sentido a toda a la vida a la luz de la Palabra del Señor. De allí se busca el encuentro vital, personal, transformador con el Señor, por medio de la CONTEMPLACIÓN. Y esto es el punto alto, la cima y el culmen de toda la Lectio Divina. Es aquí donde uno se mete en el mundo de Dios, donde ya no hay reglas, ni estrategias, ni metodologías, donde simplemente se vive la experiencia de la gratuidad del Señor, que se da a conocer y que busca el encuentro con nosotros. Y esto es el mundo de la gracia de Dios.
Extracto tomado de CELAM, Sociedades Bíblicas Unidas
 
 
22 de septiembre
Celebración del día Bíblico Diocesano
En la parroquia Santa Faz
De 15 a 18hs.
 
Lecturas de la semana
Lunes 16:  1Tim. 2, 1-8; Sal 27; Lc. 7, 1-10.
Martes 17: 1Tim. 3, 1-13;  Sal. 100;  Lc. 7, 11-17.
Miércoles 18: 1Tim. 3, 14-16; Sal 110; Lc. 7, 31-35.
Jueves 19:  1Tim. 4, 12-16; Sal 110;  Lc. 7, 36-50.
Viernes 20: 1 Tim. 6, 2-12; Sal 48; Lc. 8, 1-3.
Sábado 21: 1Tim. 6,2-12; Sal 48; Lc. 8, 1-3.
 
Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las reflexiones: El libro del Pueblo de Dios. Misioneros Oblatos.

Círculo Bíblico San José
Parroquia San José:
Brandsen 4970 Villa Domínico.

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viernes, 6 de septiembre de 2013

Vigésimo tercer domingo durante el año, “El que no renuncie a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo"


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Lecturas del 8/09/13
  Ciclo C

Libro de la Sabiduría 9,13-18.         
¿Qué hombre puede conocer los designios de Dios o hacerse una idea de lo que quiere el Señor?      
Los pensamientos de los mortales son indecisos y sus reflexiones, precarias, porque un cuerpo corruptible pesa sobre el alma y esta morada de arcilla oprime a la mente con muchas preocupaciones. Nos cuesta conjeturar lo que hay sobre la tierra, y lo que está a nuestro alcance lo descubrimos con esfuerzo; pero ¿quién ha explorado lo que está en el cielo?              
¿Y quién habría conocido tu voluntad si tú mismo no hubieras dado la Sabiduría y enviado desde lo alto tu santo espíritu?  
Así se enderezaron los caminos de los que están sobre la tierra, así aprendieron los hombres lo que te agrada y, por la Sabiduría, fueron salvados". Palabra de Dios.               

Salmo 89               
           R: Señor, Tú has sido nuestro refugio a
                lo largo de las generaciones.           
Tú haces que los hombres vuelvan al polvo, con sólo decirles: "Vuelvan, seres humanos".           
Porque mil años son ante tus ojos como el día de ayer, que ya pasó, como una vigilia de la noche. R           
Tú los arrebatas, y son como un sueño, como la hierba que brota de mañana: por la mañana brota y florece, y por la tarde se seca y se marchita. R           Sácianos en seguida con tu amor, y cantaremos felices toda nuestra vida. Que descienda hasta nosotros la bondad del Señor; que el Señor, nuestro Dios, haga prosperar la obra de nuestras manos. R        
Carta de San Pablo a Filemón 1,9b-10.12-17.             
Queridos hermanos: Yo Pablo, ya anciano y ahora prisionero a causa de Cristo Jesús, te suplico en favor de mi hijo Onésimo, al que engendré en la prisión. Te lo envío como si fuera yo mismo.  
Con gusto lo hubiera retenido a mi lado, para que me sirviera en tu nombre mientras estoy prisionero a causa del Evangelio.            
Pero no he querido realizar nada sin tu consentimiento, para que el beneficio que me haces no sea forzado, sino voluntario.            
Tal vez, él se apartó de ti por un instante, a fin de que lo recuperes para siempre, no ya como un esclavo, sino como algo mucho mejor, como un hermano querido. Si es tan querido para mí, cuánto más lo será para ti, que estás unido a él por lazos humanos y en el Señor. Por eso, si me consideras un amigo, recíbelo como a mí mismo. Palabra de Dios.      

Evangelio según San Lucas 14,25-33.            
Junto con Jesús iba un gran gentío, y él, dándose vuelta, les dijo: "Cualquiera que venga a mí y no me ame más que a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus hermanos y hermanas, y hasta a su propia vida, no puede ser mi discípulo.
El que no carga con su cruz y me sigue, no puede ser mi discípulo.      
¿Quién de ustedes, si quiere edificar una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, para ver si tiene con qué terminarla?       
No sea que una vez puestos los cimientos, no pueda acabar y todos los que lo vean se rían de él, diciendo: 'Este comenzó a edificar y no pudo terminar'.
¿Y qué rey, cuando sale en campaña contra otro, no se sienta antes a considerar si con diez mil hombres puede enfrentar al que viene contra él con veinte mil?  
Por el contrario, mientras el otro rey está todavía lejos, envía una embajada para negociar la paz.              
De la misma manera, cualquiera de ustedes que no renuncie a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo. Palabra del Señor.      

Reflexión:
La opción de ser discípulo. En tiempos de Jesús, mucha gente le seguía, algunos como admiradores, otros quizás atraída por su proyecto.
Hoy vemos cómo Jesús les expone claramente las condiciones para llamarse “discípulo” suyo.  El discípulo debe estar dispuesto a subordinarlo todo a la adhesión al maestro para darle la prioridad al reino de Dios y estar dispuesto a llevar  la cruz que le toque, es decir hay que aceptar y sobrellevar los obstáculos del camino como consecuencia del seguimiento.

Las actitudes que se requieren: aprender a discernir con realismo y sabiduría. La necesidad de una correcta evaluación de la situación antes de emprender un proyecto tan importante, presupone un gran realismo y prudencia ante el entusiasmo inicial en la decisión por el discipulado. Se requiere, como lo ilustran las dos pequeñas parábolas que leemos hoy, el realismo del arquitecto que construye un edificio y la prudencia de un rey que enfrenta una guerra. En otras palabras, hay que evitar las falsas ilusiones, puesto que no basta la buena voluntad para ser cristiano, y hay que ser suficientemente sabio, para poder enfrentar los riesgos que este compromiso implica. Ser discípulo de Jesús comporta decisiones y riesgos que determinan la vida entera de quien hace la opción.           
Las exigencias del discipulado. San Lucas nos sigue presentando el viaje de Jesús hacia Jerusalén. Casi que podemos imaginarnos los caminos polvorientos y solitarios, a lo mejor en medio de un desierto pedregoso como el de Judá, que sube hacia el monte Sión, la anhelada meta de cualquier peregrino judío.
Jesús acaba de salir de la casa de uno de los jefes de los fariseos, donde participó en un banquete durante el cual dio su enseñanza sobre el banquete del Reino y la invitación para participar en él.    
Cuando Jesús retoma el camino, se da cuenta de que mucha gente lo sigue, entonces se da media vuelta, los mira y comienzan las palabras de Jesús.                


Posponer los otros amores.
 “Si Cualquiera que venga a mí…”. Tenemos una primera imagen positiva de la respuesta vocacional, acercarse, ahora quien da el primer paso en la repuesta a la llamada de Jesús, se le pide que también que “oiga” la palabra que le da solidez a su opción. Como leemos en el sermón de la llanura: “Todo el que venga a mí y oiga mis palabras y las ponga en práctica… es semejante a un hombre que, al edificar una casa, cavó profundamente y puso los cimientos” (Lc. 6,47).                
 “y no me ame más que…”. Siguiendo el lenguaje del Antiguo Testamento, lo que se está diciendo es que hay que colocar todos los valores de este mundo en un segundo rango, puesto que los intereses de Dios están en juego.              De ahí que se trata de una renuncia a colocar en el centro de nuestras vidas a una persona diferente de Jesús. Por eso lo mejor es traducir esta expresión entendiendo que no se trata de un descuido de los legítimos amores de la vida, sino de una subordinación de todos ellos al amor primero y frontal de Jesús.
En la opción por Jesús todos, absolutamente todos los intereses, los “siete amores” del corazón de todo ser humano: Padre, Madre, Esposa, Hijos, Hermanos, Hermanas, la propia vida quedan en segundo lugar cuando uno se compromete con el Reino de Dios.
Desde lo más profundo se reordenan, en un cambio radical, los afectos del discípulo; el centro es Jesús: amar a Jesús por encima de todas las cosas; esto implicará –puesto que se está haciendo un ejercicio de subordinación- amarlos a todos desde el amor de Jesús. 

“El que no lleve su cruz y venga en pos de mí”. El horizonte de la Cruz le da al discípulo una nueva visión de la vida. En el seguimiento de Jesús la imagen es la del discípulo que está dispuesto en todo instante a entregar la vida, con la actitud de auto-negación de quien considera que ya no tiene más negocios en esta vida (1ªCor 15,31; Rm 8,36). La frase “Venir en pos de mí” nos recuerda la manera de hablar en el Antiguo Testamento para referirse a la renuncia a los falsos dioses con el fin de ponerse confiadamente –con amor total- en los caminos de Yahveh (Dt 13,4; 1ªRe 14,8). Entonces, a Jesús no se le puede seguir sin la cruz, sin ese despojo total que identifica completamente con el Maestro –ahora resucitado- por los caminos de la vida.
Estar incondicionalmente en comunión con Jesús constituye la esencia misma del ser discípulo.

Francisco:
                            "Nunca más la guerra"         

Queridos hermanos y hermanas ¡buenos días! Hoy, quisiera hacerme intérprete del grito que sube de todas partes de la tierra, de todo pueblo, del corazón de cada uno, de la única gran familia que es la humanidad, con angustia creciente: ¡es el grito de la paz! El grito que dice con fuerza: ¡queremos un mundo de paz, queremos ser hombres y mujeres de paz, queremos que en nuestra sociedad, destrozada por divisiones y por conflictos, estalle la paz; nunca más la guerra! ¡Nunca más la guerra!

La paz es un don demasiado precioso, que debe ser promovido y tutelado. Vivo con particular sufrimiento y preocupación las tantas situaciones de conflicto que hay en nuestra tierra, pero, en estos días, mi corazón está profundamente herido por lo que está sucediendo en Siria y angustiado por los dramáticos desarrollos que se presentan. Dirijo un fuerte llamamiento por la paz, ¡un llamamiento que nace de lo íntimo de mí mismo!

¡Cuánto sufrimiento, cuánta devastación, cuánto dolor ha traído y trae el uso de las armas en aquel martirizado país, especialmente entre la población civil e inerme! ¡Pensemos en cuántos niños no podrán ver la luz del futuro! Con particular firmeza condeno el uso de las armas químicas: les digo que tengo aún fijas en la mente y en el corazón las imágenes terribles de los días pasados! ¡Hay un juicio de Dios y también un juicio de la historia sobre nuestras acciones al que no se puede escapar! Jamás el uso de la violencia lleva a la paz. ¡Guerra llama guerra, violencia llama violencia! Con toda mi fuerza, pido a las partes en conflicto que escuchen la voz de su propia conciencia, que no se cierren en sus propios intereses, sino que miren al otro como un hermano y emprendan con coraje y con decisión la vía del encuentro y de la negociación, superando la ciega contraposición.
Con la misma fuerza exhorto también a la Comunidad Internacional a hacer todo esfuerzo para promover, sin ulterior demora, iniciativas claras por la paz en esa nación, basadas en el diálogo y en la negociación, por el bien de la entera población siria. Que no se ahorre ningún esfuerzo para garantizar asistencia humanitaria a quien está afectado por este terrible conflicto, en particular a los evacuados en el país y a los numerosos prófugos en los países vecinos. Que a los agentes humanitarios, empeñados en aliviar los sufrimientos de la población, se les asegure la posibilidad de prestar la ayuda necesaria. ¿Qué podemos hacer nosotros por la paz en el mundo? Como decía el Papa Juan: a todos nos corresponde la tarea de recomponer las relaciones de convivencia en la justicia y en el amor (Cfr. Carta encíclica, Pacem in terris [11 abril de 1963]: AAS 55 [1963], 301-302). ¡Que una cadena de empeño por la paz una a todos los hombres y a las mujeres de buena voluntad! Es una invitación fuerte y urgente que dirijo a la entera Iglesia Católica, pero que extiendo a todos los cristianos de las demás Confesiones, a los hombres y mujeres de toda religión y también a aquellos hermanos y hermanas que no creen: la paz es un bien que supera toda barrera, porque es un bien de toda la humanidad. Repito con voz alta: no es la cultura del enfrentamiento, la cultura del conflicto la que construye la convivencia en los pueblos y entre los pueblos, sino la cultura del encuentro, la cultura del diálogo: éste es el único camino hacia la paz. Que el grito de la paz se eleve alto para que llegue al corazón de todos y todos dejen las armas y se dejen guiar por el anhelo de paz.
Por esto, hermanos y hermanas, he decidido convocar para toda la Iglesia el próximo 7 de septiembre, víspera de la fiesta de la Natividad de María, Reina de la Paz, una jornada de ayuno y de oración por la paz en Siria, en Oriente Medio, y en el mundo entero, y también invito a unirse a esta iniciativa, según el modo que considerarán más oportuno, a los hermanos cristianos no católicos, a los pertenecientes a las demás religiones y a los hombres de buena voluntad.

Ayúdanos, María, a superar este momento difícil y a empeñarnos a construir cada día y en todo ambiente una auténtica cultura del encuentro
y de la paz.
María, Reina de la paz, ¡ruega por nosotros!
Todos: María, Reina de la paz, ¡ruega por nosotros!

Ángelus: Plaza de San Pedro, 1 de septiembre de 2013.Septiembre Mes de la Biblia
“Feliz de ti por haber creído”

Afiche Mes Biblia 2013 - copia

Una luz por descubrir. … es urgente recuperar el carácter luminoso propio de la fe, pues cuando su llama se apaga, todas las otras luces acaban languideciendo. Y es que la característica propia de la luz de la fe es la capacidad de iluminar toda la existencia del hombre. La fe nace del encuentro con el Dios vivo, que nos llama y nos revela su amor, un amor que nos precede y en el que nos podemos apoyar para estar seguros y construir la vida. Transformados por este amor, recibimos ojos nuevos, experimentamos que en él hay una gran promesa de plenitud y se nos abre la mirada al futuro.
                                                            Lumen Fidei Nº 4

Lectio Divina: ¿Qué es?

La Lectio Divina más que un método de lectura y oración de la Biblia, es una experiencia de Dios, pues a partir del conocimiento del texto escrito, se busca la experiencia fundante que está como base de toda la revelación. En sí todo texto escrito es fruto de una experiencia vivencial del escritor sagrado que ha vivido y experimentado él o el pueblo, una experiencia de encuentro y conocimiento de Dios que lo ha marcado y ha tenido la capacidad de transmitir aquello que ha sido determinante en su vida o en el de la comunidad como ser el descubrir la presencia de Dios en los acontecimientos en la revelación explícita. Este hecho que ha sido impactante y que lo ha llevado a conocer al Señor que lo ha tocado y marcado, lo ha puesto por escrito. De ahí, que el texto en sí mismo es una experiencia de Dios, en la que el creyente al acercarse al texto escrito debería hacer su propia experiencia de Dios, partiendo del texto revelado, buscar el encuentro vivencial con el Señor.

La Lectio Divina más que un método de lectura de la Biblia es una EXPERIENCIA DE ENCUENTRO CON EL SEÑOR, pues, la dinámica interna de los pasos que sugiere no se agotan en el texto en sí, sino que lo transciende, haciendo que partiendo del texto escrito en la Biblia se busque el encuentro personal con el Señor. De ahí, que la Lectio Divina es una instancia para una experiencia espiritual, buscando rehacer y retomar la experiencia original del escritor sagrado actualizándola en la propia vida.

Este proceso de búsqueda del Señor es una experiencia mística, donde no entra únicamente lo intelectual, sino que es una experiencia de Dios en el hoy, aquí y ahora. De nada sirve conocer lo que han sentido y vivido otros personajes si uno mismo no es capaz de hacer esa experiencia. Es esto lo que posibilita y facilita la Lectio Divina, pues por medio de una lectura gradual del texto se va profundizando y adentrando en el mensaje que transmite buscando al Señor que se da a conocer por medio de esa revelación.

Extracto tomado de CELAM, Sociedades Bíblicas Unidas

22 de septiembre
Celebración del día Bíblico Diocesano
En la parroquia Santa Faz
De 15 a 18hs.

Lecturas de la semana
Lunes 9:  Col. 1, 24—2,3; Sal 61; Lc. 6, 6-11.
Martes 10: Col. 2, 6-15;  Sal. 144;  Lc. 6, 12-19.
Miércoles 11: Col. 3, 1-11; Sal 144; Lc. 6, 20-26.
Jueves 12:  Col. 3, 12-17; Sal 150;  Lc. 6, 27-38.
Viernes 13: 1 Tim. 1, 1-2.12-14; Sal 15; Lc. 6, 39-42.
Sábado 14: Num. 21, 4-9; Sal 77; Flp. 2, 6-11; Jn. 3, 13-17.

Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las reflexiones: El libro del Pueblo de Dios. Tonado de Misioneros Oblatos.
                                                               Cuadro de texto: Círculo Bíblico San José
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viernes, 30 de agosto de 2013

Vigésimo segundo domingo durante el año, "Humanizar la vida"


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Lecturas del 1/09/13
 – Ciclo C

Libro del Eclesiástico 3, 17-18. 20. 28-29               
Hijo mío, realiza tus obras con modestia y serás amado por los que agradan a Dios. Cuanto más grande seas, más humilde debes ser, y así obtendrás el favor del Señor, porque el poder del Señor es grande y él es glorificado por los humildes. 
No hay remedio para el mal del orgulloso, porque una planta maligna ha echado raíces en él. El corazón inteligente medita los proverbios y el sabio desea tener un oído atento. Palabra de Dios.             

Salmo 67             
          R. Señor, por tu bondad tú preparaste  una morada para el pobre.          
Los justos se regocijan, gritan de gozo delante del Señor y se llenan de alegría. ¡Canten al Señor, entonen un himno a su Nombre! Su Nombre es «el Señor.» R.
El Señor en su santa Morada es padre de los huérfanos y defensor de las viudas:  él instala en un hogar a los solitarios y hace salir con felicidad a los cautivos. R.  
Tú derramaste una lluvia generosa, Señor:                 
tu herencia estaba exhausta y tú la reconfortaste; allí se estableció tu familia, y tú, Señor, la afianzarás por tu bondad para con el pobre. R.               

Carta a los Hebreos 12, 18-19. 22-24      
Hermanos: Ustedes, en efecto, no se han acercado a algo tangible: fuego ardiente, oscuridad, tinieblas, tempestad, sonido de trompeta, y un estruendo tal de palabras, que aquellos que lo escuchaban no quisieron que se les siguiera hablando.  
Ustedes, en cambio, se han acercado a la montaña de Sión, a la Ciudad del Dios viviente, a la Jerusalén celestial, a una multitud de ángeles, a una fiesta solemne, a la asamblea de los primogénitos cuyos nombres están escritos en el cielo. Se han acercado a Dios, que es el Juez del universo, y a los espíritus de los justos que ya han llegado a la perfección, a Jesús, el mediador de la Nueva Alianza. Palabra de Dios.              

Santo Evangelio según san Lucas 14, 1. 7-14     
Un sábado, Jesús entró a comer en casa de uno de los principales fariseos. Ellos lo observaban atentamente. Y al notar cómo los invitados buscaban los primeros puestos, les dijo esta parábola: «Si te invitan a un banquete de bodas, no te coloques en el primer lugar, porque puede suceder que haya sido invitada otra persona más importante que tú, y cuando llegue el que los invitó a los dos, tenga que decirte: "Déjale el sitio", y así, lleno de vergüenza, tengas que ponerte en el último lugar.              
Al contrario, cuando te inviten, ve a colocarte en el último sitio, de manera que cuando llegue el que te invitó, te diga: "Amigo, acércate más", y así quedarás bien delante de todos los invitados. Porque todo el que ensalza será humillado, y el que se humilla será ensalzado.»                 
Después dijo al que lo había invitado: «Cuando des un almuerzo o una cena, no invites a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a los vecinos ricos, no sea que ellos te inviten a su vez, y así tengas tu recompensa. Al contrario, cuando des un banquete, invita a los pobres, a los lisiados, a los paralíticos, a los ciegos. ¡Feliz de ti, porque ellos no tienen cómo retribuirte, y así tendrás tu recompensa en la resurrección de los justos!» Palabra del Señor.
                               
Dios nuestro, Padre de la luz, tú has enviado al mundo tu Palabra, sabiduría que sale de tu boca, Tú has querido que tu propio Hijo, Palabra eterna que procede de ti (Jn 1,1-14), se hiciera carne y viviera  en medio de tu pueblo.
Envía ahora tu Espíritu sobre nosotros: Que Él nos dé un corazón oyente (1 Re 3,9), nos permita encontrarte en tus Santas Escrituras y engendre tu Verbo en nosotros.

Reflexión:

Jesús lleva a repensar la vida. (1) Un buen maestro siempre está enseñando. Como lo hemos venido notando en nuestra lectura del evangelio de Lucas en los domingos anteriores, Jesús en su camino hacia Jerusalén encontró en las diversas circunstancias de la vida cotidiana, la posibilidad de transmitir sus enseñanzas.

Lo importante es que al interior de cada una de las esferas de la vida humana, Jesús va introduciendo la semilla del Reino que genera una verdadera revolución en las maneras de pensar y en los hábitos que siguen reglas de comportamiento ya previamente establecidas por la cultura en sus diversos ámbitos sociales, económicos, políticos y religiosos. Jesús lleva a repensar la vida, no con simples frases de afecto sino con análisis profundos.

Jesús entra en la vida cotidiana ya configurada por cada persona y su sociedad, cuestiona y propone. Y en esta dinámica hace emerger de dentro de las conciencias desnudas la fuerza renovadora del Reino, mano creadora de su Padre en medio del mundo, y del impulso arrollador del Espíritu de amor que moldea la vida según el querer de Dios.
Jesús está en una comida. Allí cada una de sus acciones queda retratada por la lente pública, sobre todo por aquellos que ya lo consideran una persona incómoda: “Y sucedió que, habiendo ido en sábado a casa de uno de los jefes de los fariseos para comer, ellos le estaban observando”.
En torno a la comida en común se viven los grandes valores de la relacionalidad. No es simplemente el hecho “funcional” de alimentarse; en la comida compartida se ejerce la hospitalidad, se teje la amistad, se experimenta la gracia del compartir, se abre el corazón. Su anfitrión es “uno de los jefes de los fariseos”. Jesús también evangeliza estos “altos niveles” de la sociedad entrando hasta el comedor de sus propias casas.

Jesús pasa de “observado” a “observador”. A partir del análisis de dos puntos importantes del mundo de la etiqueta en los banquetes, la distribución de los puestos en la mesa y la lista de los invitados, Jesús saca dos lecciones importantes para la vida de sus discípulos.  Todo se coloca bajo una nueva lente. El problema no está en lo externo sino en la motivación interna: el honor.

Una observación: “Los invitados elegían los primeros puestos”. ¿Qué hay detrás de este comportamiento?  Una de las necesidades humanas es la estima. Esto se percibe en la aspiración al reconocimiento. El problema es cuando se busca ser superiores a los demás, tener posiciones más altas, estar más adelante. Esto último es lo que Jesús ve en los comensales de aquella mesa: quieren los puestos más visibles (a la cabecera de la mesa), los que indican superioridad.
Esto que sucede en las comidas formales también sucede en la convivencia humana y en todos los estratos sociales. No es fácil reconocerles a las otras personas nuestros mismos derechos y nuestro mismo valor. En esta feria de las vanidades, aparece el deseo de la afirmación personal mediante la comparación: lo nuestro es superior o mejor que lo de los otros. De esta comparación proviene un criterio errado de valoración.

Bajo la mirada de Dios: De ahí que el verdadero lugar del hombre es el que ocupa ante Dios y no el que puede ganar esforzándose en su propia promoción.
Lo mismo vale para las relaciones entre nosotros. Hay que evitar la autopromoción y más bien actuar desde la humildad, no nos corresponde a nosotros sino a los otros la promoción. La última palabra sobre el valor de las personas la tiene Dios. Esto ya lo había dicho María en el Magníficat: “Derribó a los potentados de sus tronos y exaltó a los humildes” (Lc. 1,52).
Todas estas actitudes provienen del fondo del corazón, por eso se retoma como conclusión de la parábola de la oración del fariseo y el publicano: “Todo el que se ensalce será humillado; y el que se humille será ensalzado” (18,14).
La lección se volverá a escuchar en la última cena, donde irónicamente los discípulos van a pelear por los puestos; Jesús les responderá con un llamado al servicio humilde, de lo cual Él es el mejor ejemplo: “¿Quién es mayor, el que está a la mesa o el que sirve? ¿No es el que está a la mesa? Pues yo estoy en medio de vosotros como el que sirve” (Lc. 22,27).

La lista de los invitados. En su enseñanza, Jesús hace un paralelo: En una primera columna coloca lo que “no”  se debe hacer (“cuando des una comida o una cena, no tomes la iniciativa de invitar a...”). En la segunda describe el comportamiento deseable (“cuando des un banquete, toma la iniciativa de invitar a...”).
En la primera lista aparecen cuatro grupos: “los amigos, los hermanos, los parientes y los vecinos ricos”. Normalmente las relaciones se establecen con personas que están al mismo nivel, esto permite el intercambio: se puede devolver la invitación o dar regalos que estén a la par de la situación. La comunión aquí se fundamenta en la posibilidad del intercambio. Con este criterio, el círculo de los invitados se reduce, llegando al exclusivismo: los pobres y los miserables quedan automáticamente excluidos.
En la segunda lista, la que Jesús recomienda, la invitación se dirige a todos aquellos que las diversas circunstancias de la vida han marginado.
Frente a los cuatro primeros grupos, Jesús propone cuatro nuevos grupos: “los pobres, los lisiados, los cojos y los ciegos”.   Se trata de personas que no tiene como corresponder con otra invitación en la tierra sino que será Dios quien lo hará en la resurrección. Con este comportamiento se reconoce en todas estas personas su igual valor y dignidad.

De esta manera, Jesús refleja una nueva manera de entender las relaciones humanas.  Según ésta, las relaciones humanas, habitualmente fundamentadas en la reciprocidad, se basan más bien en un amor unilateral, así como lo es el amor de Dios por cada hombre: Dios nos ama por encima de todo, a pesar de que no queramos o no estemos en condiciones de responderle a la altura de su amor.
Con esta enseñanza Jesús no está queriendo decir que no haya que comer con los familiares ni con los amigos; a lo que se opone rotundamente es al exclusivismo y a la marginación de los más desfavorecidos.
Hay que vencer el exclusivismo y los prejuicios derribando los muros y los círculos cerrados en las relaciones humanas. El corazón debe ensancharse para darle espacio a todos, especialmente a los desfavorecidos, los abandonados, los que sufren, y acogerlos con amor, haciéndolos parte de nuestra propia vida.
Habiendo comprendido que nuestro honor depende de la gratuidad del corazón de Dios, construiremos nuevas relaciones en el mundo que no se basan en la utilidad que nos puedan reportar sino en el valor infinito que tiene cada persona. Esta es la comunión que anticipa el modo de vivir definitivo en la resurrección.

Un mundo mejor es posible. Humanizar la vida

Sin excluir (2). Una vez más, Jesús se esfuerza por humanizar la vida rompiendo, si hace falta, esquemas y criterios de actuación que nos pueden parecer muy respetables, pero que, en el fondo, están indicando nuestra resistencia a construir ese mundo más humano y fraterno, querido por Dios.                
De ordinario, vivimos instalados en un círculo de relaciones familiares, sociales, políticas o religiosas con las que nos
 ayudamos mutuamente a cuidar de nuestros intereses dejando fuera a quienes nada nos pueden aportar. Invitamos a nuestra vida a los que, a su vez, nos pueden invitar. Eso es todo.                
Esclavos de unas relaciones interesadas, no somos conscientes de que nuestro bienestar solo se sostiene excluyendo a quienes más necesitan de nuestra solidaridad gratuita, sencillamente, para poder vivir. Hemos de escuchar los gritos evangélicos del Papa Francisco en la pequeña isla de Lampedusa: “La cultura del bienestar nos hace insensibles a los gritos de los demás”. “Hemos caído en la globalización de la indiferencia”. “Hemos perdido el sentido de la responsabilidad”.           
Los seguidores de Jesús hemos de recordar que abrir caminos al Reino de Dios no consiste en construir una sociedad más religiosa o en promover un sistema político alternativo a otros también posibles, sino, ante todo, en generar y desarrollar unas relaciones más humanas que hagan posible unas condiciones de vida digna para todos empezando por los últimos.

 
Francisco:

“Jesús es la puerta segura de nuestra salvación”

El papa Francisco recordó la invitación evangélica a reflexionar sobre el tema de la salvación, puesto que Jesús nos dice que es importante saber cuál es el camino para alcanzarla: “Jesús ilumina nuestra vida con una luz que no se apaga jamás. No es un fuego artificial, un flash…”. La luz de Jesús, indicó, “nos da paz. Así es la luz que encontramos si entramos por la puerta de Jesús”.            
Al salir Jesús de Galilea alguien se le acerca y le pregunta “Señor, ¿son pocos los que se salvan?”. “Jesús no responde directamente a la pregunta: no es importante saber cuántos se salvan, sino que más bien es importante saber cuál es el camino de la salvación”.
“Y he aquí entonces que a la pregunta Jesús responde diciendo: ‘Luchen por entrar por la puerta estrecha, porque, les digo, muchos pretenderán entrar y no podrán’. ¿Qué quiere decir Jesús? ¿Cuál es la puerta por la que debemos entrar? ¿Y por qué Jesús habla de una puerta estrecha?”.               
Francisco recordó que “la imagen de la puerta vuelve varias veces en el Evangelio y se remonta a la de la casa, a la del hogar doméstico, donde encontramos seguridad, amor y calor. Jesús nos dice que hay una puerta que nos hace entrar en la familia de Dios, en el calor de la casa de Dios, de la comunión con Él”.
“Esa puerta es el mismo Jesús. Él es la puerta. Él es el pasaje para la salvación. Él nos conduce al Padre. Y la puerta que es Jesús jamás está cerrada. Está abierta siempre y a todos sin distinción, sin exclusiones, sin privilegios”.              
El Papa resaltó que “Jesús no excluye a nadie. Alguno de ustedes quizá podrá decirme, pero Padre, yo estoy excluido, porque soy un gran pecador. He hecho cosas feas. He hecho tantas en la vida. No, no estás excluido”.
“Porque Jesús prefiere al pecador. Siempre, para perdonarlo, para amarlo. Jesús te está esperando para abrazarte, para perdonarte. No tengas miedo. Él te espera. Anímate, ten coraje para entrar por su puerta”.
El Santo Padre señaló que “todos somos invitamos a pasar esta puerta, a atravesar la puerta de la fe, a entrar en su vida, y a hacerlo entrar en nuestra vida, para que Él la transforme, la renueve, le de alegría plena y duradera”.
                                                                                                                                                                                                                                                                                      Resumen de nota AICA, 26 de agosto 2013.       

Afiche Mes Biblia 2013 - copia
Septiembre Mes de la Biblia
“Feliz de ti por haber creído”

Una luz por descubrir. … es urgente recuperar el carácter luminoso propio de la fe, pues cuando su llama se apaga, todas las otras luces acaban languideciendo. Y es que la característica propia de la luz de la fe es la capacidad de iluminar toda la existencia del hombre. La fe nace del encuentro con el Dios vivo, que nos llama y nos revela su amor, un amor que nos precede y en el que nos podemos apoyar para estar seguros y construir la vida. Transformados por este amor, recibimos ojos nuevos, experimentamos que en él hay una gran promesa de plenitud y se nos abre la mirada al futuro. Lumen Fidei Nº 4

Lecturas de la semana
Lunes 2:  1 Tes.4, 13-18; Sal 95; Lc. 4, 16-30.
Martes 3: 1Tes. 5, 1-6.9-11;  Sal. 26;  Lc. 4, 31-37.
Miércoles 4: Col. 1, 1-8; Sal 51; Lc. 4, 38-44.
Jueves 5:  Col. 1, 9-14; Sal 97;  Lc. 5,1-11.
Viernes 6: Col. 1, 15-20; Sal 99; Lc. 5, 33-39.
Sábado 7: Col. 1, 21-23; Sal 53; Lc. 6, 1-5.

Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las reflexiones: El libro del Pueblo de Dios. (1) tonado de Misioneros Oblatos. (2) tomado de la reflexión de J. A. Pagola.

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