Intención para la evangelización ‐

Intenciones de oración de septiembre: Oremos por una gestión justa y sostenible del agua, recurso vital, para que todos tengan acceso equitativo a ella.

"Todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre"

"Todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre" Mt 7, 7-8. No sé qué quería, pero había algo en mí que me movía a buscar, tal vez que las cosas tengan sentido, y te encontré. Me cuestionaba sobre la vida y me diste tu sabiduría para que pueda encontrar alegría y paz. Ante mis miedos y dudas, te pido que me acompañes en mi peregrinar y me das tu Espíritu Santo, el mismo que te acompaño a vos, hoy me acompaña a mí, me asiste y guía. Hoy sigo buscando más de tu Palabra, de la Verdad y el camino, con la confianza puesta en vos, Dios mío, sé que estás presente en mi vida. Ven Señor Jesús, te necesito.

Del libro de la Sabiduría 6, 12-16

Del libro de la Sabiduría 6, 12-16: La Sabiduría es luminosa y nunca pierde su brillo: se deja contemplar fácilmente por los que la aman y encontrar por los que la buscan. Ella se anticipa a darse a conocer a los que la desean. El que madruga para buscarla no se fatigará, porque la encontrará sentada a su puerta. Meditar en ella es la perfección de la prudencia, y el que se desvela por su causa pronto quedará libre de inquietudes. La Sabiduría busca por todas partes a los que son dignos de ella, se les aparece con benevolencia en los caminos y le sale al encuentro en todos sus pensamientos.

sábado, 9 de abril de 2016

Tercer Domingo de Pascua


«¿Me amas?» 

Lecturas del 10 - 04 - 16 – Ciclo C –

Hechos de los Apóstoles 5, 27b-32. 40b-41
El Sumo Sacerdote les dijo: «Nosotros les  habíamos prohibido expresamente predicar en ese Nombre, y ustedes han llenado Jerusalén con su doctrina. ¡Así quieren hacer recaer sobre nosotros la sangre de ese hombre!»   
Pedro, junto con los Apóstoles, respondió: «Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres. El Dios de nuestros padres ha resucitado a Jesús, al que ustedes hicieron morir suspendiéndolo del patíbulo. A él, Dios lo exaltó con su poder, haciéndolo Jefe y Salvador, a fin de conceder a Israel la conversión y el perdón de los pecados.
Nosotros somos testigos de estas cosas, nosotros y el Espíritu Santo que Dios ha enviado a los que le obedecen.»  
Después de hacerlos azotar, les prohibieron hablar en el nombre de Jesús y los soltaron. Los Apóstoles, por su parte, salieron del Sanedrín, dichosos de haber sido considerados dignos de padecer por el nombre de Jesús.   
Palabra de Dios.

Salmo 29
R. Yo te glorifico, Señor, porque tú me libraste.

Yo te glorifico, Señor, porque tú me libraste y no quisiste que mis enemigos se rieran de mí. 
Tú, Señor, me levantaste del Abismo y me hiciste revivir, cuando estaba entre los que bajan al sepulcro.  R.

Canten al Señor, sus fieles; den gracias a su santo Nombre, porque su enojo dura un instante, y su bondad, toda la vida: si por la noche se derraman lágrimas, por la mañana renace la alegría.  R.
«Escucha, Señor, ten piedad de mí;  ven a ayudarme, Señor.»  Tú convertiste mi lamento en júbilo. ¡Señor, Dios mío, te daré gracias eternamente!  R.

Lectura del libro del Apocalipsis 5, 11-14
Yo, Juan, oí la voz de una multitud de Ángeles que estaban alrededor del trono, de los Seres Vivientes y de los Ancianos. Su número se contaba por miles y millones, y exclamaban con voz potente: «El Cordero que ha sido inmolado es digno de recibir el poder y la riqueza, la sabiduría, la fuerza y el honor, la gloria y la alabanza.»
También oí que todas las criaturas que están en el cielo, sobre la tierra, debajo de ella y en el mar, y todo lo que hay en ellos, decían:
«Al que está sentado sobre el trono y al Cordero, alabanza, honor, gloria y poder, por los siglos de los siglos.»       
Los cuatro Seres Vivientes decían: «íAmén!», y los Ancianos se postraron en actitud de adoración.  Palabra de Dios.
Ven Espíritu   Santo, ven padre de los pobres,
ven fuego divino, ven.
Ven a regar lo que está seco en nuestras vidas, ven.
Ven a fortalecer lo que está débil,
a sanar lo que está enfermo, ven.
Santo Evangelio según san Juan 21, 1-19
Jesús se apareció otra vez a los discípulos a orillas del mar de Tiberíades. Sucedió así: estaban juntos Simón Pedro, Tomás, llamado el Mellizo, Natanael, el de Caná de Galilea, los hijos de Zebedeo y otros dos discípulos.
Simón Pedro les dijo: «Voy a pescar.» Ellos le respondieron: «Vamos también nosotros.»
Salieron y subieron a la barca. Pero esa noche no pescaron nada.
Al amanecer, Jesús estaba en la orilla, aunque los discípulos no sabían que era él. Jesús les dijo: «Muchachos, ¿tienen algo para comer?»               
Ellos respondieron: «No.» El les dijo: «Tiren la red a la derecha de la barca y encontrarán.» Ellos la tiraron y se llenó tanto de peces que no podían arrastrarla. El discípulo al que Jesús amaba dijo a Pedro: «íEs el Señor!» Cuando Simón Pedro oyó que era el Señor, se ciñó la túnica, que era lo único que llevaba puesto, y se tiró al agua. Los otros discípulos fueron en la barca, arrastrando la red con los peces, porque estaban sólo a unos cien metros de la orilla.
Al bajar a tierra vieron que había fuego preparado, un pescado sobre las brasas y pan. Jesús les dijo: «Traigan algunos de los pescados que acaban de sacar.»  
Simón Pedro subió a la barca y sacó la red a tierra, llena de peces grandes: eran ciento cincuenta y tres y, a pesar de ser tantos, la red no se rompió. Jesús les dijo: «Vengan a comer.»
Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: «¿Quién eres?», porque sabían que era el Señor. Jesús se acercó, tomó el pan y se lo dio, e hizo lo mismo con el pescado.             
Esta fue la tercera vez que Jesús resucitado se apareció a sus discípulos.
Después de comer, Jesús dijo a Simón Pedro: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que estos?»
El le respondió: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero.» Jesús le dijo: «Apacienta mis corderos.»
Le volvió a decir por segunda vez: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas?»
El le respondió: «Sí, Señor, sabes que te quiero.» Jesús le dijo: «Apacienta mis ovejas.»
Le preguntó por tercera vez: «Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?»  Pedro se entristeció de que por tercera vez le preguntara si lo quería, y le dijo: «Señor, tú lo sabes todo; sabes que te quiero.»           
Jesús le dijo: «Apacienta mis ovejas. Te aseguro que cuando eras joven tú mismo te vestías e ibas a donde querías. Pero cuando seas viejo, extenderás tus brazos, y otro te atará y te llevará a donde no quieras.»              
De esta manera, indicaba con qué muerte Pedro debía glorificar a Dios. Y después de hablar así, le dijo: «Sígueme.» Palabra del Señor.


Dios mío, envía ahora tu Espíritu sobre mi y que abra mis ojos y mis oídos a tu Palabra, que me guie y asista al meditar tus enseñanzas, para que pueda  saborearla y comprenderla, para que tu Palabra  penetre en mi corazón, y me conduzca a la Verdad completa. Amén

 Reflexión:

Un encuentro solemne de Jesús  en su gloria de resucitado.  Se trata de su tercera manifestación, marcada por el papel principal de Pedro: nombrado en primer lugar, toma la iniciativa de  la pesca, se precipita el primero hacia Jesús y arrastra a la orilla la red que no se rompe (símbolo…de lo que habría de ser la Iglesia), a pesar del enorme peso de los 153 peces. 
El almuerzo ofrecido por Jesús hace pensar inevitablemente en la Eucaristía en la que todo cristiano se acerca al resucitado, lo reconoce y entra en comunión con Él.
Algunos detalles simbólicos nos permiten acceder a lo que se llama “escatología”, los fines últimos.  Vemos a Jesús “a la orilla del lago” en la tierra firme de la eternidad, mientras que los discípulos (los apóstoles de todos los tiempos) bregan en las aguas de la vida terrena.  Dirigidos por Pedro, son pescadores de hombres (los peces grandes), pero no pueden pescar nada sin Jesús. Así, pues, la eternidad será ese cara a cara con Jesús y el banquete con Él, o sea la entrada en su vida y en su gozo. 

Pero, como San Juan no deja de repetir, es aquí abajo donde todo se juega.  Cada día que pasa es infinitamente precioso y decisivo, porque podemos acumular citas con Cristo que nos preparen para el encuentro final.  Jesús nos ha dicho: “Cada vez que ayudas a alguien con amor, te encuentras conmigo” (Mt. 25, 40).  Y cada vez que nos acercamos a la Eucaristía, a la oración, al Evangelio, tenemos una cita con Él.

Lo esencial es ese movimiento que arroja hacia Cristo, como a Pedro: “Cuando comprendió que era el Señor, se tiró al agua”.  El mismo impulso que nos ha llevado en cada una de estas meditaciones nos arrojará algún día a sus brazos.  Para un encuentro muy largo.  

“Señor, tú conoces todo...” Pedro recobró su confianza cuando Jesús le dijo por tres veces: «Apacienta mis ovejas».
Y, al mismo tiempo él, Simón, confesó por tres veces su amor por Jesús, reparando así su triple negación durante la pasión. Pedro siente todavía dentro de sí el resquemor de la herida de aquella decepción causada a su Señor en la noche de la traición. Ahora que él pregunta: «¿Me amas?», Pedro no confía en sí mismo y en sus propias fuerzas, sino en Jesús y en su divina misericordia: «Señor, tú conoces todo; tú sabes que te quiero» . Y aquí desaparece el miedo, la inseguridad, la pusilanimidad. Pedro ha experimentado que la fidelidad de Dios es más grande que nuestras infidelidades y más fuerte que nuestras negaciones. Se da cuenta de que la fidelidad del Señor aparta nuestros temores y supera toda imaginación humana.

También hoy, a nosotros, Jesús nos pregunta: «¿Me amas?». Lo hace precisamente porque conoce nuestros miedos y fatigas. Pedro nos muestra el camino: fiarse de él, que «sabe todo» de nosotros, no confiando en nuestra capacidad de serle fieles a él, sino en su fidelidad inquebrantable. Jesús nunca nos abandona, porque no puede negarse a sí mismo (cf. 2 Tm 2,13). Es fiel. La fidelidad que Dios nos confirma incesantemente a nosotros…, es la fuente de nuestra confianza y nuestra paz, más allá de nuestros méritos. La fidelidad del Señor para con nosotros mantiene encendido nuestro deseo de servirle y de servir a los hermanos en la caridad.

El amor de Jesús debe ser suficiente para Pedro. Él no debe ceder a la tentación de la curiosidad, de la envidia, como cuando, al ver a Juan cerca de allí, preguntó a Jesús: «Señor, y éste, ¿qué?» (Jn 21,21). Pero Jesús, frente a estas tentaciones, le respondió: «¿A ti qué? Tú, sígueme» (Jn 21,22). Esta experiencia de Pedro es un mensaje importante también para nosotros, queridos hermanos... El Señor repite hoy, a mí, a ustedes y a todos: «Sígueme». No pierdas tiempo en preguntas o chismes inútiles; no te entretengas en lo secundario, sino mira a lo esencial y sígueme. Sígueme a pesar de las dificultades. Sígueme en la predicación del Evangelio. Sígueme en el testimonio de una vida que corresponda al don de la gracia del Bautismo y la Ordenación. Sígueme en el hablar de mí a aquellos con los que vives, día tras día, en el esfuerzo del trabajo, del diálogo y de la amistad. Sígueme en el anuncio del Evangelio a todos, especialmente a los últimos, para que a nadie le falte la Palabra de vida, que libera de todo miedo y da confianza en la fidelidad de Dios. Tú, sígueme.
Francisco, Vaticano 2014.

Cuento: “un regalo, para que puedan disfrutarlo todos”

Pasó la Semana Santa....y todo parece volver a la normalidad...¿Cómo vivimos este tiempo pascual que estamos transitando? ¿Con las mismas ganas y voluntad con la que hemos celebrado la resurrección de Cristo? ¿Nos sentimos portadores de un precioso mensaje de salvación que no debe dejar de anunciarse?
Los invito a compartir un relato que nos permitirá reflexionar un poco más sobre el tema:
"Cuando Dios repartió las cualidades a los animales, los picaflores se encontraron entre los más beneficiados.
Algunos cuentan que, el día en que estos agradables pajaritos recibieron toda su belleza y la gracia para volar, fueron, todos juntos, a dar una vuelta por diversos rincones de la creación. Así fue que descubrieron un hermoso lago de aguas quietas donde se reflejaban como si fuera un gran espejo. Al advertir que eran ellos, los picaflores, los que formaban las hermosas imágenes que aparecían sobre las aguas, no podían dejar de mirarse.
La bandada pasaba horas y horas, observándose y alegrándose por todo lo que Dios les había dado. Pero, con el transcurso de los días y entretenidos en su vuelo, no paraban ni para comer, entonces fueron adelgazando y su danza perdió la gracia que tenía originalmente.
Los picaflores empezaron a preocuparse y convocaron a una gran reunión para buscar soluciones.
Después de intercambiar ideas, decidieron enviar a uno de ellos, para que hablara con el mismísimo Dios.
-¿Qué hacen ustedes con los dones que recibieron?-preguntó Dios Padre.
El picaflor le contó que pasaba el día deleitándose sobrevolando el lago y agradeciendo con su danza esos dones que habían recibido. Dios les dijo:
-Eso me parece muy bien, pero siempre que yo hago un regalo, es para que puedan disfrutarlo todas mis criaturas. Vayan al campo, busquen las flores, aliméntense de ellas y lleven el polen de una a otra. Ellas los están esperando.
El jovencito comunicó a los demás el mensaje de Dios, y desde ese día, no sólo los picaflores disfrutan de las virtudes recibidas, sino también todos aquellos que los vemos volando por los jardines".

(De "Cuentos rápidos para leer despacio 2", María Inés Casalá-Juan Carlos Pisano-SAN PABLO).


Un Mundo mejor es posible: Francisco

Cuando juzgamos a otro ¿recordamos que también somos pecadores?
 “Cuántas veces nosotros decimos: ‘Éste es un pecador, éste ha hecho esto, aquello…’ y juzgamos a los demás. ¿Y tú? Cada uno de nosotros debería preguntarse: ‘si éste es un pecador. ¿Y yo?

Por ello, dijo que “no debemos temer en reconocernos y confesarnos pecadores”. “Todos somos pecadores, pero todos somos perdonados: todos tenemos la posibilidad de recibir este perdón que es la misericordia de Dios”.
“¡El sacramento de la Reconciliación hace actual para cada uno la fuerza del perdón que brota de la Cruz y renueva en nuestra vida la gracia de la misericordia que Jesús nos ha traído! No debemos temer nuestras miserias: no debemos temer a nuestras miserias. Cada uno de nosotros tiene las suyas. La potencia del amor del Crucificado no conoce obstáculos y no se acaba jamás. Y esta misericordia borra nuestras miserias” ACIprensa marzo 2016.

Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las reflexiones: El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y María: P. Daniel Silva.  J. A. Pagola.

 

sábado, 26 de marzo de 2016

Santas Pascuas de Resurrección


“Nosotros somos testigos de su resurrección”.
Lecturas del 27 - 03 - 16
– Ciclo C –

Hechos de los apóstoles 10, 34a. 37-43        
Pedro, tomando la palabra, dijo: «Ustedes ya saben qué ha ocurrido en toda Judea, comenzando por Galilea, después del bautismo que predicaba Juan: cómo Dios ungió a Jesús de Nazaret con el Espíritu Santo, llenándolo de poder. El pasó haciendo el bien y curando a todos los que habían caído en poder del demonio, porque Dios estaba con él.             
Nosotros somos testigos de todo lo que hizo en el país de los judíos y en Jerusalén. Y ellos lo mataron, suspendiéndolo de un patíbulo. Pero Dios lo resucitó al tercer día y le concedió que se manifestara, no a todo el pueblo, sino a testigos elegidos de antemano por Dios: a nosotros, que comimos y bebimos con él, después de su resurrección.               
Y nos envió a predicar al pueblo, y a atestiguar que él fue constituido por Dios Juez de vivos y muertos. Todos los profetas dan testimonio de él, declarando que los que creen en él reciben el perdón de los pecados, en virtud de su Nombre.» Palabra de Dios.    

Salmo 117,   R. Este es el día que hizo el Señor: alegrémonos y regocijémonos en él.         
¡Den gracias al Señor, porque es bueno, porque es eterno su amor! Que lo diga el pueblo de Israel: ¡es eterno su amor! R.              La mano del Señor es sublime, la mano del Señor hace proezas. No, no moriré: viviré para publicar lo que hizo el Señor. R.                La piedra que desecharon los constructores es ahora la piedra angular. Esto ha sido hecho por el Señor y es admirable a nuestros ojos. R.                
Carta de Pablo a los Colosenses 3, 1-4          Hermanos: Ya que ustedes han resucitado con Cristo, busquen los bienes del cielo donde Cristo está sentado a la derecha de Dios. 
Tengan el pensamiento puesto en las cosas celestiales y no en las de la tierra. Porque ustedes están muertos, y su vida está desde ahora oculta con Cristo en Dios. Cuando se manifieste Cristo, que es nuestra vida, entonces ustedes también aparecerán con él, llenos de gloria.               
Palabra de Dios.   
SecuenciaCristianos, ofrezcamos al Cordero pascual nuestro sacrificio de alabanza. El Cordero ha redimido a las ovejas: Cristo, el inocente, reconcilió a los pecadores con el Padre.         
La muerte y la vida se enfrentaron en un duelo admirable: el Rey de la vida estuvo muerto, y ahora vive.
Dinos, María Magdalena, ¿qué viste en el camino? He visto el sepulcro del Cristo viviente y la gloria del Señor resucitado.  
He visto a los ángeles, testigos del milagro, he visto el sudario y las vestiduras. Ha resucitado a Cristo, mi esperanza, y precederá a los discípulos en Galilea.         
Sabemos que Cristo resucitó realmente; tú, Rey victorioso, ten piedad de nosotros.       

Santo Evangelio según san Juan 20, 1-9       
El primer día de la semana, de madrugada, cuando todavía estaba oscuro, María Magdalena fue al sepulcro y vio que la piedra había sido sacada. Corrió al encuentro de Simón Pedro y del otro discípulo al que Jesús amaba, y les dijo: «Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto.»      
Pedro y el otro discípulo salieron y fueron al sepulcro. Corrían los dos juntos, pero el otro discípulo corrió más rápidamente que Pedro y llegó antes. Asomándose al sepulcro, vio las vendas en el suelo, aunque no entró. Después llegó Simón Pedro, que lo seguía, y entró en el sepulcro; vio las vendas en el suelo, y también el sudario que había cubierto su cabeza; este no estaba con las vendas, sino enrollado en un lugar aparte. Luego entró el otro discípulo, que había llegado antes al sepulcro: él también vio y creyó.    
Todavía no habían comprendido que, según la Escritura, él debía resucitar de entre los muertos. Palabra del Señor.             
Dios mío, envía ahora tu Espíritu sobre mi y que abra mis ojos y mis oídos a tu Palabra, que me guie y asista al meditar tus enseñanzas, para que pueda  saborearla y comprenderla, para que tu Palabra  penetre en mi corazón, y me conduzca a la Verdad completa. Amén

Ven Espíritu   Santo, ven padre de los pobres, ven fuego divino, ven.

Reflexión 

¡Cristo vive!

Esta es la gran verdad que llena de contenido nuestra fe.  Jesús, que murió en la cruz, ha resucitado. Ha triunfado sobre la muerte, sobre el poder de las tinieblas, sobre el dolor y  la angustia. Por eso el Tiempo Pascual es tiempo de alegría.

En este Domingo de Pascua gritamos con todas nuestras fuerzas y desde lo más profundo de nuestro corazón:
“¡Cristo ha resucitado de entre los muertos dándonos a todos la vida!”.

Este es el Domingo que le da sentido a todos los domingos en el que, con la ayuda del Espíritu Santo, queremos hacer una proclamación de júbilo y de victoria que sea capaz de asumir nuestros dolores y los transforme en esperanza, que nos convenza de una vez por todas, que la muerte no es la última palabra en nuestra existencia.

A la luz de esta certeza hoy brota lo mejor de nosotros mismos e irradia con todo su esplendor nuestra fe como discípulos de Jesús.                  Efectivamente, somos cristianos porque creemos que Jesús ha resucitado de la muerte, está vivo, está en medio de nosotros, está presente en nuestro caminar histórico, es manantial de vida nueva y primicia de nuestra participación en la naturaleza divina, lo nuestro es fundirnos como una pequeña gota de agua en el inmenso mar del corazón de Dios.
La Buena Nueva de la Resurrección de Jesús es palabra poderosa que impulsa nuestra vida.
Por eso en este Tiempo de Pascua que estamos comenzando tenemos que abrirle un surco en nuestro corazón a la Palabra, para que la fuerza de vida que ella contiene sea savia que corra por todas las dimensiones de nuestra existencia y se transforme en frutos de vida nueva.

Es así como la Buena Noticia de que Cristo ha resucitado cala  hondo;  se  entreteje  con  nuestras dudas, con nuestra tristeza, delatando nuestra pobre visión de la vida y mostrándonos el gran horizonte de Dios desde donde podemos comprender el sentido y el valor de todas las cosas.  Cristo resucitado se hunde en nuestro corazón y desata una gran batalla interior entre la vida y la muerte, entre la esperanza y la desesperación, entre la resignación y la consolación

En la mañana del domingo la única preocupación de los tres discípulos del Señor –María, Pedro y el Discípulo amado- es buscar al Señor, a Jesús muerto sobre la Cruz por amor pero resucitado de entre los muertos para la salvación de toda la humanidad. El amor los mueve a buscar al Resucitado en ese estupor que sabe entrever en los signos el cumplimiento de las promesas de Dios y de las expectativas humanas. Entre todos, cada uno con su aporte, van delineando un camino de fe pascual.

“El Señor ha resucitado, no temamos vivir como resucitados”. Por nuestro encuentro con el resucitado, somos liberados, purificados, perdonados, reconciliados. A partir de este momento ya no somos simples espectadores, a partir de este encuentro vivencial somos protagonistas de esta acción sagrada y salvífica.             
La iniciativa salvadora de Dios reclama de nuestra parte una respuesta personal que no debe quedar en meros gestos individuales, externos y aislados. Abarca toda nuestra vida. Provoca una renovación total; un cambio profundo, definitivo, que debe estar presente en los criterios, los juicios, las actitudes, los comportamientos y los compromisos. Es mucho más que la adhesión a un “código de convivencia y buenas costumbres”         
La Pascua de Jesús debe incidir en nuestra propia Pascua. Este es su mensaje: “Permanezcan en mi amor para que den fruto”. El fruto consiste en “que se amen unos a otros” (Jn 13,34).    
“Que se amen como yo los he amado”. Y “Nadie tiene mayor amor que dar la vida por los amigos”. (Jn.15, 13).       

La Pascua de Jesús debe incidir en nuestra propia Pascua. Este es su mensaje: “Permanezcan en mi amor para que den fruto”. El fruto consiste en “que se amen unos a otros” (Jn 13,34).    
“Que se amen como yo los he amado”. Y “Nadie tiene mayor amor que dar la vida por los amigos”. (Jn.15, 13).       

Creer en el resucitado. No habían entendido que él debía de resucitar de entre los muertos.
Esta mañana de Pascua nos debe recordar que la fe en Jesucristo resucitado es mucho más que el asentimiento a una fórmula del credo. Incluso, mucho más que la afirmación de algo extraordinario que le aconteció al muerto Jesús hace aproximadamente dos mil años.
Creer en el Resucitado es creer que ahora Cristo está vivo, lleno de fuerza y creatividad, impulsando la vida hacia su último destino y liberando a la humanidad de caer en el caos definitivo.

Creer en el Resucitado es creer que Jesús está vivo y que se hace presente de alguna manera en medio de los creyentes. Es participar activamente en los encuentros y las tareas de la comunidad cristiana, sabiendo con gozo que cuando dos o tres nos reunimos en su nombre, allí está ya él poniendo esperanza en nuestras vidas.

Creer en el Resucitado es descubrir que nuestra oración no es un monólogo vacío, sin interlocutor que escuche nuestra invocación, sino diálogo con alguien vivo que está junto a nosotros en la misma raíz de la vida.

Creer en el Resucitado es dejarnos interpelar por su palabra viva recogida en los evangelios, e ir descubriendo prácticamente que sus palabras son «espíritu y vida» para el que sabe alimentarse de ellas.
Creer en el Resucitado es tener la experiencia personal de que hoy todavía Jesús tiene fuerza para cambiar nuestras vidas, resucitar todo lo bueno que hay en nosotros e irnos liberando de todo lo que mata nuestra libertad.

Creer en el Resucitado es saber verlo aparecer vivo en el último y más pequeño de los hombres, llamándonos a la fraternidad y la solidaridad con el hermano pobre.

Creer en el Resucitado es creer que Él es «el primogénito de entre los muertos» en el que se inicia ya nuestra resurrección y en el que se nos abren ya las verdaderas posibilidades de vivir eternamente.

Creer en el Resucitado es creer que ni el sufrimiento ni la injusticia, ni el cáncer ni el infarto, ni la metralleta, la opresión o la muerte tienen la última palabra. La última palabra la tiene el Resucitado, Señor de la vida y la muerte.

«Yo soy la Resurrección y la Vida… y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás.” (Jn 11, 25)

“Misericordia y consolación”
“Dios no está ausente, ni siquiera hoy en estas dramáticas situaciones, Dios está cerca, y hace obras grandes de salvación para quien confía en Él. No se debe ceder a la desesperación, sino continuar a estar seguros que el bien vence al mal y que el Señor secará toda lágrima y nos liberará de todo temor”, Papa Francisco en la Audiencia General del tercer miércoles de marzo.

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Felices Santas Pascuas

El circulo Bíblico San José quiere en este momento tan especial de nuestras vidas agradecer a Dios por todos las gracias recibidas en estos años: por el Espíritu Santo que nos asiste en nuestro peregrinar, por su Palabra que nos trae sabiduría para que día a  día nos guie en cada ambiente que nos toca vivir,  el saber que estamos siempre acompañados por la oración de todos los que nos consideramos hijos de Dios, por la bendita comunidad de San José, por nuestro Pastor parroquial y por todos aquellos que participan en esta hojita semanal.
No podemos dejar de decir que creemos que un mundo mejor es posible, creemos que acompañados por el Dios de la vida, que venció a la muerte una vez y para siempre, nada es imposible, por eso con nuestro corazón gozoso por la resurrección del Señor queremos decirte que tengas una Feliz Santa Pascua y que juntos podamos llevar la buena nueva que nos trajo Jesús a todos aquellos que la necesiten.
Círculo Bíblico San José

Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las reflexiones: El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y María: Misioneros Oblatos. P. Daniel Silva.  José Antonio Pagola.


Rectángulo redondeado: Lectio Divina: los Sábados 17 hs. en:
        
Círculo Bíblico San José
Parroquia San José: Brandsen 4970
 V. Domínico.

Si  querés recibir la hojita por e-mail pedila:
miencuentroconjesus@yahoo.com.ar
www.facebook.com/miencuentroconjesussanjose

Adoración al Santísimo Sacramento:

En el nombre del Padre y  del Hijo y del Espíritu santo, amén.

Y le pedimos al ES que nos asista y guié en esta adoración al santísimo Sacramento:

1)      Oración:
Ven Espíritu Santo, ven padre de los pobres, ven fuego divino, ven.
Ven a regar lo que está seco en nuestras vidas, ven.
Ven a fortalecer lo que está débil, a sanar lo que está enfermo, ven.
Ven a romper mis cadenas, ven a iluminar mis tinieblas, ven.
Ven porque te necesito, porque todo mi ser te reclama.
Espíritu Santo, dulce huésped del alma, ven, ven Señor” Amén   
                           

 Compartimos el versículo que más nos llegó. 


2)      Oración:
Ven a mí, Espíritu Santo, Espíritu de sabiduría: dame mirada y oído interior, para que no me apegue a las cosas materiales, sino que busque siempre las realidades del Espíritu.
Ven a mí, Espíritu Santo, Espíritu de amor: haz que mi corazón siempre sea capaz de más caridad.
Ven a mí, Espíritu Santo, Espíritu de verdad: concédeme llegar al conocimiento de la verdad en toda su plenitud.

Compartimos el versículo que más nos llegó.


3)      Canción:

Ven Espíritu de Dios. Inúndame de amor y ayúdame a  seguir.
Ven y dame tu calor quema mi corazón enséñame a servir.

 

Ven Espíritu de Dios. Ven a mi ser. Ven a mi vida.

Ven Espíritu de Dios, Ven a morar. Maranathá.

Con la vida que me das te invoca mi dolor aclama a mi Señor.
Ven y cambia mi existir, transforma mi penar en glorias hacia TI.

4)                  Meditamos:

Queremos acompañarte Señor a lo largo de esta noche, pero no acompañarte un tiempo de reloj, el tiempo como  tal no importa tanto, sino con en el Espíritu que nos enseñaste a vivir cada momento de nuestras vidas. Queremos estar más cerca de tu entrega, acompañarte Señor es poco, mejor es unirnos a vos,  poner nuestro corazón junto al tuyo, no solamente mirarte y aceptarlo, si no sentirlo en lo más profundo de nuestro ser, quedándonos no solamente con el dolor  que sentís, si no con el AMOR por él cual hiciste todo.


Ven Espíritu Santo. Llénanos de tu luz y de tu amor para poder acompañar al señor en este momento.

Señor Jesús te vimos recorriendo las aldeas de Galilea, allí viviste los mejores momentos de tu vida. La gente sencilla se conmovía ante tu mensaje de un Dios bueno y misericordioso. Los pobres se sentían defendidos. Los enfermos y desvalidos agradecían a Dios Padre tu poder de curar y aliviar su sufrimiento. Sin embargo no te quedaste para siempre entre aquellas gentes que te querían tanto.

Nos explicaste su decisión: «tengo que ir a Jerusalén», era necesario anunciar la Buena Noticia de Dios y su proyecto de un mundo más justo, en el centro mismo de la religión judía. Era peligroso. Sabías que «allí ibas a padecer mucho». Los dirigentes religiosos y las autoridades del templo te iban a ejecutar, pero confiabas en el Padre: que te «resucitaría al tercer día».

5)      Meditamos:

Getsemaní es la noche triste de Jesús, la hora crítica. Una hora que duró una eternidad. Jesús entró en agonía y su agonía traspasa los siglos.
Getsemaní es noche oscura, es soledad.
Getsemaní es ceguera e ingratitud de los amigos.
Getsemaní es angustia, es silencio.
Getsemaní es tristeza de muerte, es súplica desgarrada.
Getsemaní es lucha con Dios, hasta dejarse vencer, es cercanía de algún ángel bueno.
Getsemaní es victoria del sí, del sí que nos salva.

En Getsemaní, te vimos con un sudor de sangre, causa de la angustia en que estabas sumido. Se diría que era el alma el que sudaba, sangre de las venas del alma. Los aspectos dolorosos de la pasión, nos oprimen, nos conmueven, pero hay también aspectos amorosos donde Dios nos hace saber que su ternura y misericordia son eternas.

Tu misericordia, Señor, es lo más fuerte.
Tu misericordia, Señor, sostiene al mundo.
Tu misericordia, Señor, es infinitamente más grande que el abismo de nuestras miserias. Tu misericordia, Señor, no tiene límite, ni fondo.
Tu misericordia, Señor, es nuestra esperanza.
Tu misericordia, Señor, es lo que nos salva.

Pero Getsemaní no fue; Getsemaní es, sigue existiendo y en algunos casos está a nuestro lado, aunque no queramos verlo.
Getsemaní está: En todo aquel que sufre dolores en su cuerpo o angustia en su alma.
En aquel que está discriminado y excluido socialmente.
En el que está crucificado en una cama o una silla de ruedas.
En el que fracasa una y otra vez.
En el torturado o injustamente encarcelado.
En el desocupado porque no encuentra trabajo.
En el que vive en la miseria a causa de la injusticia y la corrupción, en los chicos desnutridos y en los ancianos olvidados.
En el que lucha por liberarse de sus dependencias.
En la mujer esclavizada y utilizada.
En el que ha perdido la ilusión y la esperanza.
En el niño prostituido, que ya no ríe, pero también en el ser abortado que ya no vivirá.

Señor Jesús: sabemos que tocas nuestro corazón en la hora difícil, para que nadie se sienta solo en la noche triste, para que todos encuentren la mano amiga en los momentos de crisis, que tu debilidad nos haga fuertes y tu oscuridad encienda nuestra fe.

6)      Canción: Salmo 18 
        
Yo te amo, Señor mi fortaleza, mi roca, mi valuarte, mi liberador, la peña en que me amparo, mi escudo y mi fuerza, mi salvador.  
En el templo se escuchó mi voz, clamé por Ti en mi angustia, extendiste tu mano y no caí, no caí.
Tu poder del enemigo me libró. Las olas de la ...........       
Ven Espíritu de Dios. Ven a mi ser. Ven a mi vida. Ven Espíritu de Dios, Ven a morar. Maranathá.

7)      Palabra del Señor:  Jn 1, 1-5. 9-11


“Al principio existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios.
Al principio estaba junto a Dios. Todas las cosas fueron hechas por medio de la Palabra y sin ella no se hizo nada de todo lo que existe.
En ella estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.
La luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la percibieron”...
La Palabra era la luz verdadera, que al venir a este mundo, ilumina a todo hombre.
Ella estaba en el mundo, y el mundo fue hecho por medio de ella y el mundo no la conoció. Vino a los suyos, y los suyos no la recibieron.

Espíritu de Dios ayúdanos a meditar  en nuestro interior:
Señor Vos que viniste a rescatarnos, que diste tu vida por nosotros, sabemos que la agonía que vemos en tu rostro fue por el AMOR que nos tenes. Señor te pedimos que nos ayudes a meditar sobre estas preguntas que surgen en nuestro peregrinar:

¿En todo este tiempo que te hiciste presente en nuestras vidas, reconocimos tu palabra como la luz verdadera?  ¿es nuestra guía en cada situación que nos toca vivir? 
¿Qué significa entregar nuestra vida y morir a nuestro yo, para que a igual que vos podamos vivir de acuerdo a la voluntad del Padre?

Significa entregar nuestros modos de ver las cosas, para que sean los modos de Dios y no los nuestros los que rijan nuestra vida. Significa entregar nuestros planes, para pedirle a Dios que nos muestre sus planes para nuestra vida, y realizar esos planes y no los nuestros. Significa entregar nuestra voluntad a Dios, para que sea Su Voluntad y no la nuestra la que dirija nuestra existencia en la tierra.

Que nuestro Dios que es fuente de amor, colme nuestro interior con su Paz.
Que Jesucristo, Amor que se entrega haga de nosotros un instrumento de reconciliación.
Que el Espíritu Santo, vínculo y unidad haga de nuestros corazones ardientes impulso de comunión.
Que el Señor nos bendiga y nos guarde y haga de nosotros una bendición para los demás.

8)      Canción: “en m Mí Getsemaní”

Para que mi amor no sea un sentimiento tan solo un deslumbramiento pasajero.
Para no gastar mis palabras más mías ni vaciar de contenido mi te quiero.
Quiero hundir más hondo mi raíz en ti y cimentar en solidez éste, mi afecto pues mi corazón que es inquieto y es frágil sólo acierta si se abraza a tus proyectos

Más allá de mis miedos, más allá de mi inseguridad quiero darte mi respuesta: aquí estoy, para hacer Tu voluntad para que mi amor sea decirte sí  hasta el final.

9)      Jn 1, 16-18.

De su plenitud, todos nosotros hemos participado y hemos recibido gracia sobre gracia: porque la ley fue dada por medio de Moisés, pero la gracia y la verdad nos han llegado por Jesucristo.
El que lo ha revelado es el hijo único, que está en el seno del Padre.

Reflexión: Sabemos que la vida diaria nos agobia, sabemos que pagaste un alto precio por nosotros, por eso queremos comprometernos hoy ante vos a vivir nuestra vida guiados por tu Palabra y asistidos por el Espíritu santo que nos has dado.
Sabemos que no estamos solos, sabemos que bajo la fragilidad de la Ostia, con los ojos de la fe, veo ante mí a mi Dios, mí Señor, mi Redentor, al creador del cielo y de la tierra, a mí Todo. Señor haznos semejantes a Ti.

“Te rogamos, Señor Dios nuestro, que tu gracia nos ayude, para que vivamos siempre de aquel mismo amor, que movió a tu Hijo a entregarse a la muerte por la salvación del mundo”.
Vamos a pedirle a Dios, que Cristo desde la Cruz, nos atraiga a Él, para que sin temor muramos con Él al pecado para resucitar con Él a la Vida Eterna.                

Ven Espíritu de Dios. Ven a mi ser. Ven a mi vida. Ven Espíritu de Dios, Ven a morar. Maranathá.

10)   Palabra del Señor: Jn 1, 14

Y la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros. Y nosotros hemos visto su gloria, la gloria que recibe del Padre como Hijo único lleno de gracia y de verdad...

Reflexión:
“Debemos aprender a celebrar la Eucaristía, aprender a conocer de cerca a Jesucristo, el Dios con rostro humano; entrar realmente en contacto con él, aprender a escucharlo; aprender a dejarlo entrar en nosotros. Porque la comunión sacramental es precisamente esta inter-penetración entre dos personas. No tomo un pedazo de pan o de carne; tomo o abro mi corazón para que entre el Resucitado en mi ser, para que esté dentro de mí y no sólo fuera de mí; para que así hable dentro de mí y transforme mi ser; para que me dé el sentido de la justicia, el celo por el Evangelio y la fuerza de llevar la luz de Dios a este mundo.

La iniciativa salvadora de Dios reclama de nuestra parte una respuesta personal que no debe quedar en meros gestos individuales, externos y aislados. Abarca toda nuestra vida. Provoca una renovación total; un cambio profundo, definitivo, que debe estar presente en los criterios, los juicios, las actitudes, los comportamientos y los compromisos. Es mucho más que la adhesión a un “código de convivencia y buenas costumbres”….

Señor queremos recordar y vivir lo que nos dijiste:

 “Permanezcan en mi amor para que den fruto”.
 El fruto consiste en “que se amen unos a otros”
                                                                       (Jn 13,34).
 “Que se amen como yo los he amado”. Y “Nadie tiene mayor amor que dar la vida por los amigos”. 
                                                                      (Jn.15, 13)
Queremos decirte que cuentes con nosotros, nos sentimos tus amigos:

"Te ofrezco, Señor, mis pensamientos, ayúdame a pensar en ti;
Te ofrezco mis palabras, ayúdame a hablar de ti.
Te ofrezco mis obras, ayúdame a cumplir tu voluntad
Te ofrezco mis penas, ayúdame a sufrir por ti.
Todo aquello que quieres Tú, Señor, lo quiero yo, precisamente porque lo quieres tú, como tú lo quieras y durante todo el tiempo que lo quieras.     

Oh, amado Jesús

Ayúdame a esparcir Tu fragancia por donde quiera que vaya. Inunda mi alma con Tu Espíritu y Vida.
Penetra y posee todo mi ser tan completamente, que mi vida entera sea un resplandor de la tuya. Brilla a través de mí y permanece tan dentro de mí, que cada alma con que me encuentre pueda sentir Tu presencia en la mía.  ¡Permite que no me vean a mí, sino solamente a Jesús!

 Quédate conmigo y empezaré a resplandecer como Tú,  a brillar tanto que pueda ser una luz para los demás.

La luz oh, Jesús, vendrá toda de Ti, nada de ella será mía;  serás Tú quien resplandezca sobre los demás a través de mí. Brillando sobre quienes me rodean, permíteme alabarte como más te gusta.

Permíteme predicarte sin predicar, no con palabras sino a través de mi ejemplo, a través de la fuerza atractiva, de la influencia armoniosa de todo lo que haga, de la inefable plenitud del amor que existe en mi corazón por Ti.
Amén. Madre Teresa de Calcuta

 

11)   Canción: Nadie te ama como yo


Cuanto he esperado este momento. Cuanto he esperado que estuvieras así.

Cuanto he esperado que me hablaras. Cuanto he esperado que vinieras a mí. Yo sé bien lo que has vivido. Yo sé bien lo que has llorado. Yo sé bien lo que has sufrido. Pues de tu lado no me he ido.

Pues nadie te ama como yo, pues nadie te ama como yo. Mira la cruz, esa es mi más
grande prueba. Nadie te ama como yo.
Mira la cruz, fue por Tí, fue porque te amo.
Nadie te ama como yo.

Yo sé bien lo que me dices. Aunque a veces ni me hablas. Yo sé bien lo que en ti sientes. Aunque nunca lo compartas.
Yo a tu lado he caminado. Junto a ti siempre yo he ido. Aunque a veces te he cargado. Yo he sido tu mejor amigo.

Terminamos rezando la oración que Jesús nos enseño:
Padre Nuestro.

Dios te salve María  / Dios te salve María / Dios te salve María.