Intención para la evangelización ‐

Intenciones de oración de septiembre: Oremos por una gestión justa y sostenible del agua, recurso vital, para que todos tengan acceso equitativo a ella.

"Todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre"

"Todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre" Mt 7, 7-8. No sé qué quería, pero había algo en mí que me movía a buscar, tal vez que las cosas tengan sentido, y te encontré. Me cuestionaba sobre la vida y me diste tu sabiduría para que pueda encontrar alegría y paz. Ante mis miedos y dudas, te pido que me acompañes en mi peregrinar y me das tu Espíritu Santo, el mismo que te acompaño a vos, hoy me acompaña a mí, me asiste y guía. Hoy sigo buscando más de tu Palabra, de la Verdad y el camino, con la confianza puesta en vos, Dios mío, sé que estás presente en mi vida. Ven Señor Jesús, te necesito.

Del libro de la Sabiduría 6, 12-16

Del libro de la Sabiduría 6, 12-16: La Sabiduría es luminosa y nunca pierde su brillo: se deja contemplar fácilmente por los que la aman y encontrar por los que la buscan. Ella se anticipa a darse a conocer a los que la desean. El que madruga para buscarla no se fatigará, porque la encontrará sentada a su puerta. Meditar en ella es la perfección de la prudencia, y el que se desvela por su causa pronto quedará libre de inquietudes. La Sabiduría busca por todas partes a los que son dignos de ella, se les aparece con benevolencia en los caminos y le sale al encuentro en todos sus pensamientos.

sábado, 30 de junio de 2012

Décimo tercer Domingo durante el año, Dios es Dios de la vida y quiere nuestra salud y vida.


Lecturas del 1-07-12
Décimo tercer Domingo durante el año
– Ciclo B –



Libro de la Sabiduría 1, 13-15; 2, 23-24
Dios no ha hecho la muerte ni se complace en la perdición de los vivientes. El ha creado todas las cosas para que subsistan; las criaturas del mundo son saludables, no hay en ellas ningún veneno mortal y la muerte no ejerce su dominio sobre la tierra. Porque la justicia es inmortal. 
Dios creó al hombre para que fuera incorruptible y lo hizo a imagen de su propia naturaleza, pero por la envidia del demonio entró la muerte en el mundo, y los que pertenecen a él tienen que padecerla.  Palabra de Dios.
 
Salmo 29
 R. Yo te glorifico, Señor, porque tú me libraste.
 
Yo te glorifico, Señor, porque tú me libraste y no quisiste que mis enemigos se rieran de mí. 
Tú, Señor, me levantaste del Abismo y me hiciste revivir,  cuando estaba entre los que bajan al sepulcro.  R.
Canten al Señor, sus fieles; den gracias a su santo Nombre,  porque su enojo dura un instante, y su bondad, toda la vida: si por la noche se derraman lágrimas, por la mañana renace la alegría.  R.
Escucha, Señor, ten piedad de mí; ven a ayudarme, Señor. Tú convertiste mi lamento en júbilo.  ¡Señor, Dios mío, te daré gracias eternamente!  R.

2º carta de Pablo a los Corintios 8, 7. 9. 13-15
Hermanos: Ya que ustedes se distinguen en todo: en fe, en elocuencia, en ciencia, en toda clase de solicitud por los demás, y en el amor que nosotros les hemos comunicado, espero que también se distingan en generosidad. 
Ya conocen la generosidad de nuestro Señor Jesucristo que, siendo rico, se hizo pobre por nosotros, a fin de enriquecernos con su pobreza. 
No se trata de que ustedes sufran necesidad para que otros vivan en la abundancia, sino de que haya igualdad. En el caso presente, la abundancia de ustedes suple la necesidad de ellos, para que un día, la abundancia de ellos supla la necesidad de ustedes.   
Así habrá igualdad, de acuerdo con lo que dice la Escritura: El que había recogido mucho no tuvo de sobra, y el que había recogido poco no sufrió escasez.  Palabra de Dios.
 
 Santo Evangelio según san Marcos 5, 21-43
Cuando Jesús regresó en la barca a la otra orilla, una gran multitud se reunió a su alrededor, y él se quedó junto al mar. Entonces llegó uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo, y al verlo, se arrojó a sus pies, rogándole con insistencia: «Mi hijita se está muriendo; ven a imponerle las manos, para que se cure y viva.» Jesús fue con él y lo seguía una gran multitud que lo apretaba por todos lados.           
Se encontraba allí una mujer que desde hacia doce años padecía de hemorragias. Había sufrido mucho en manos de numerosos médicos y gastado todos sus bienes sin resultado; al contrario, cada vez estaba peor.
Como había oído hablar de Jesús, se le acercó por detrás, entre la multitud, y tocó su manto, porque pensaba: «Con sólo tocar su manto quedaré curada.» Inmediatamente cesó la hemorragia, y ella sintió en su cuerpo que estaba curada de su mal.»    
Jesús se dio cuenta en seguida de la fuerza que había salido de él, se dio vuelta y, dirigiéndose a la multitud, preguntó: «¿Quién tocó mi manto?» 
Sus discípulos le dijeron: «¿Ves que la gente te aprieta por todas partes y preguntas quién te ha tocado?» Pero él seguía mirando a su alrededor, para ver quién había sido. Entonces la mujer, muy asustada y temblando, porque sabía bien lo que le había ocurrido, fue a arrojarse a los pies y le confesó toda la verdad.          
Jesús le dijo: «Hija, tu fe te ha salvado. Vete en paz, y queda curada de tu enfermedad.» Todavía estaba hablando, cuando llegaron unas personas de la casa del jefe de la sinagoga y le dijeron: «Tu hija ya murió; ¿para qué vas a seguir molestando al Maestro?» Pero Jesús, sin tener en cuenta esas palabras, dijo al jefe de la sinagoga: «No temas, basta que creas.» Y sin permitir que nadie lo acompañara, excepto Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago, fue a casa del jefe de la sinagoga. Allí vio un gran alboroto, y gente que lloraba y gritaba.
Al entrar, les dijo: «¿Por qué se alborotan y lloran? La niña no está muerta, sino que duerme.» Y se burlaban de él.  Pero Jesús hizo salir a todos, y tomando consigo al padre y a la madre de la niña, y a los que venían con él, entró donde ella estaba. La tomó de la mano y le dijo: «Talitá kum», que significa: «¡Niña, yo te lo ordeno, levántate!»
En seguida la niña, que ya tenía doce años, se levantó y comenzó a caminar. Ellos, entonces, se llenaron de asombro, y él les mandó insistentemente que nadie se enterara de lo sucedido. Después dijo que le dieran de comer. Palabra del Señor.

Reflexión 
 
Historias de fe
 
Dos gestos decisivos de Jesús frente a la muerte se entrecruzan en este relato: la curación de una mujer enferma y la resurrección de la hija de Jairo.  Ambos tienen numerosos puntos en común:
 
·       En ambos relatos el beneficiario es una mujer.
·       En ambos casos hay transgresión, liberación y superación de una religión legalista que está incapacitada para curar y dar la vida.
·       En ambos la gente representa un problema para Jesús: “lo apretujaban” “se burlan de Él”
·       En ambos se descubre una actitud de reserva de Jesús ante su propia práctica: la curación de la  mujer con flujos de sangre sucede como si Él no lo hubiese querido, sin darse cuenta; y cuando trata de averiguar todo lo sucedido, remite a la mujer a su fe como causa de salud.  En el caso de la hija de Jairo parece quitar fuerza a lo que va a suceder, pues dice que no está muerta sino viva.
·       En ambos casos Jesús queda impuro según la ley por haber sido tocado por una mujer impura y por haber tocado a la niña muerta y se convierte en transmisor de impureza legal.
·       En ambos se proclama la importancia de la fe para recuperar la salud y la vida; la fe aparece como causa del paso de la muerte a la vida.
·       En ambos casos aparece Jesús como liberador y dador de vida al margen y en contra de las leyes de la Pureza.
 
Jesús es Señor y dador de vida.
 
En medio del lago, Jesús aparece como liberador del caos en la naturaleza; en tierra de paganos, como liberador del caos del corazón del hombre poseído por espíritus malignos.  Ahora de nuevo en Galilea, en medio del pueblo de Israel, se muestra liberador de la enfermedad y, sobre todo, de la muerte.  Dios es Dios de la vida y quiere nuestra salud y vida.
La mujer que tenía pérdida de sangre continúa era símbolo de la frustración vital.  Entre los judíos, el simple hecho de ser mujer era ya una marginación social y religiosa.  Pero, por su enfermedad, una menstruación continúa, esta mujer cargaba con una marginación mucho más atroz: no podía tener hijos (y, esto, en una sociedad donde a la mujer se le apreciaba fundamentalmente por su fecundidad y donde el tener hijos era signo de bendición divina, era reducirla a nada); además, religiosa y legalmente, era siempre una mujer impura y contaminante, como lo era durante la menstruación toda mujer. Era de total marginación. No podía tocar ni ser tocada.  Sin medios y sin remedio,  después de haber pasado por numerosos médicos y haber gastado inútilmente toda su fortuna. Para conseguirlo se desembaraza de los prejuicios religiosos que le impiden ponerse en contacto con en Él.  Se salta la ley pues su fe le lleva a creer que con sólo tocarle la ropa se curará.
El relato de la curación de la hija de Jairo nos muestra que la liberación que trae Jesús franquea el límite  supremo, el de la muerte. Que la liberación y el reino de Dios llegan con Jesús  es una evidencia en los primeros capítulos de Marcos.  Por eso, Jairo recurre a Jesús. Pero para él y su familia lógicamente hay un límite, el de la muerte. Si la niña ha muerto, ya no vale la pena molestar al Maestro. Jesús, sin embargo, provoca en el padre la fe en que el reino de Dios llega con todas las consecuencias.  El “mundo de la muerte” se mofa de quien en estas circunstancias continúa anunciando que el Reino llega con todas las consecuencias.  Pero el milagro se realiza porque Dios es Dios de vida y no de muerte. Ahora bien, sólo quien crea que sí vale la pena molestar al Maestro y que nunca es demasiado tarde, experimentará y descubrirá que en Jesús está la vida.
 
La fuerza de la fe
 
Dos dichos de Jesús constituyeron los pilares principales de los relatos que Marcos ha ensamblado: “Hija, tu fe te ha curado, vete en paz y sigue sana de tu tormento” “No temas, ten fe y basta”.  Estas dos frases, dichas a la mujer y al padre de la niña, ponen de manifiesto la importancia de la fe para experimentar la vida y percibir la presencia liberadora del Reino.  Sin fe no hay liberación ni puede haber gestos de vida.  La fe está dentro de estos dos hechos milagrosos, de estos dos relatos de vida.  Lo que salva no es el simple contacto físico, sino de fe.
Por la fuerza de su fe, la curada se va en paz, con plenitud interior y exterior de vida, como si hubiera vuelto a nacer.  Por la fuerza de la fe del padre, la niña se puso de pie y comenzó a andar, o sea, recupera la vida cuando ésta parecía que le había sido arrebatada.
Nada importante pasó hasta que no se llegó a un encuentro personal de Jesús.  ¿Cómo es hoy nuestra fe: una fe personal o de prestado? ¿Cómo es hoy mi fe?
A veces pasamos por alto que Jesús, más que atribuirse a sí mismo las curaciones que realiza, recuerda a los enfermos algo realmente sorprendente: “Tu fe te ha salvado”.  Quien sabe creer en el Dios de la vida y acierta confiar en Dios posee una fuerza capaz de liberarle de todo lo que deshumaniza y destruye como persona.
Cuando el Evangelio pone de manifiesto la enorme fuerza curativa de la fe, parece estar diciéndonos que no es anacrónico establecer correlación entre fe y salud, cuando ésta no queda reducida únicamente a lo fisiológico.  Sano es, en realidad, aquel que es capaz de realizar su total proyecto de vida en libertad.  Esta salud total es la que Jesús transmite: Él no se limita a curar enfermedades físicas sino a salvar.  La fe cura integralmente, o sea, salva.
Padre Daniel
 
 
Hebreos 11:1
La fe es garantía de lo que se espera;
 la prueba de las realidades que no se ven.
 
En algunos momentos de nuestra vida nos encontramos ante la realidad de nuestras limitaciones y finitud y descubrimos que sólo nos queda invocar a aquél, que no es visible a  nuestros ojos, pero que nuestra alma busca y necesita hablarle, alimentarse de Él, sentirlo al lado nuestro, y surgen expresiones como estas:
 
La marioneta de trapo (1)
 
“Si por un instante Dios se olvidara de que soy una marioneta de trapo y me regalara un trozo de vida, posiblemente no diría todo lo que pienso, pero en definitiva pensaría todo lo que digo.
Daría valor a las cosas, no por lo que valen, sino por lo que significan. Dormiría poco, soñaría más, entiendo que por cada minuto que cerramos los ojos, perdemos sesenta segundos de luz.  Andaría cuando los demás se detienen, despertaría cuando los demás duermen.  Escucharía cuando los demás hablan y ¡cómo disfrutaría de un buen helado de chocolate!
Si Dios me obsequiara un trozo de vida, vestiría sencillo, me tiraría de bruces al sol, dejando descubierto, no solamente mi cuerpo, sino mi alma.
Dios mío si yo tuviera un corazón, escribiría mi odio sobre el hielo, y esperaría a que saliera el sol.  Pintaría con un sueño de Van Gogh sobre  las estrellas un poema de Benedetti, y una canción de  Serrat sería la serenata que les ofrecería a la luna. Regaría con mis lágrimas  las rosas, para sentir el dolor de sus espinas, y el encarnado beso de sus pétalos...
Dios mío, si yo tuviera un trozo de vida...  No dejaría pasar un sólo día sin decirle a la gente que quiero, que la quiero.  Convencería a cada mujer u hombre que son mis favoritos y viviría enamorado del amor.
A los hombres les probaría ¡cuán equivocados están al pensar que dejan de enamorarse cuando envejecen, sin saber que envejecen cuando dejan de enamorarse!  A un  niño le daría alas, pero le dejaría que él solo aprendiese a volar.  A los viejos les enseñaría que la muerte no llega con la vejez, sino con el olvido.  Tantas cosas he aprendido de ustedes, los hombres...  He aprendido que  todo el mundo quiere vivir en la cima de la montaña, sin saber que la verdadera felicidad está en la forma de subir la escarpada.  He aprendido que cuando un recién nacido aprieta con su pequeño puño, por primera vez, el dedo de su padre, lo tiene atrapado por siempre.
He aprendido que un hombre sólo tiene derecho a mirar a otro hacia abajo, cuando ha de ayudarle a levantarse.  Son tantas cosas las que he podido aprender de ustedes, pero realmente de mucho no habrán de servir, porque cuando me guarden dentro de esa maleta, infelizmente me estaré muriendo.
Siempre di lo que sientes y haz lo que piensas.  Si supiera que hoy fuera la última vez que te voy a ver dormir, te abrazaría fuertemente y rezaría al Señor para poder ser el guardián de tu alma.  Si supiera que esta fuera la última vez que te vea salir por la puerta, te daría un abrazo, un beso y te llamaría de nuevo para darte más.  Si supiera que esta fuera la última vez que voy a oír tu voz, grabaría cada una de tus palabras para poder oírlas una y otra vez indefinidamente.  Si supiera que estos son los últimos minutos que te veo diría “te quiero” y no asumiría, tontamente, que ya lo sabes. 
Siempre hay un mañana y la vida nos da otra oportunidad para hacer las cosas  bien, pero por si me equivoco y hoy es todo lo que nos queda, me gustaría decirte cuanto te quiero, que nunca te olvidaré.
El mañana no le está asegurado a nadie, joven o viejo.  Hoy puede ser la última vez que veas a los que amas.  Por eso no esperes más, hazlo hoy, ya que si el mañana nunca llega, seguramente lamentarás el día que no tomaste tiempo para una sonrisa, un abrazo, un beso y que estuviste muy ocupado para concederles un último deseo.  Mantén a los que amas cerca de ti, diles al oído lo mucho que los necesitas, quiérelos y trátalos bien, toma tiempo para decirles “lo siento”, “perdóname”, “por favor”, “gracias” y todas las palabras de amor que conoces.
Nadie te recordará por tus pensamientos secretos.  Pide al Señor la fuerza y sabiduría para expresarlos.  Demuestra a tus amigos cuanto te importan.”
 
 
Lecturas de la Semana
 
Lunes 2: Am.  2,-10. 13-16;  Sal 49;  Mt. 8, 18-22.
Martes 3: Ef. 2, 19-22;  Sal 116; Jn. 20, 24-29.
Miércoles 4: Am. 5, 14 -15. 21-24; Sal 49; Mt. 8, 28-34.
Jueves 5: Am. 7, 10-17;  Sal 18; Mt. 9, 1-8.
Viernes 6:  Am. 8, 4-6. 9-12; Sal 118; Mt. 9, 9-13.
Sábado 7: Am. 9, 11-15; Sal 84; Mt. 9, 14-17.
 
Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las lecturas: El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y María. (1) Autor desconocido.
 
 
Círculo Peregrino: queremos compartir con vos la Palabra del Señor, por eso podemos ir a tu casa a visitarte a vos o algún familiar enfermo.
Lectio Divina: También podes venir para compartirla  el primer sábado de cada mes a las 16 hs. en:       
 
Círculo Bíblico San José
Parroquia San José:
Brandsen 4970 Villa Domínico.
 
 
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viernes, 22 de junio de 2012

Décimo segundo Domingo durante el año, Natividad de San Juan Bautista


Lecturas del 24-06-12

– Ciclo B –
 

 
 
«…la mano del Señor estaba con él »
 
 
Lectura del libro del profeta Isaías 49, 1-6
¡Escúchenme, costas lejanas, presten atención, pueblos remotos! El Señor me llamó desde el seno materno, desde el vientre de mi madre pronunció mi nombre. El hizo de mi boca una espada afilada, me ocultó a la sombra de su mano; hizo de mí una flecha punzante, me escondió en su aljaba. El me dijo: «Tú eres mi Servidor, Israel, por ti yo me glorificaré.» Pero yo dije: «En vano me fatigué, para nada, inútilmente, he gastado mi fuerza.» Sin embargo, mi derecho está junto al Señor y mi retribución, junto a mi Dios.
Y ahora, ha hablado el Señor, el que me formó desde el seno materno para que yo sea su Servidor, para hacer que Jacob vuelva a él y se le reúna Israel.
Yo soy valioso a los ojos del Señor y mi Dios ha sido mi fortaleza. El dice: «Es demasiado poco que seas mi Servidor para restaurar a las tribus de Jacob y hacer volver a los sobrevivientes de Israel; yo te destino a ser la luz de las naciones, para que llegue mi salvación hasta los confines de la tierra.»
Palabra de Dios.
 
Salmo 138
R. Te doy gracias porque fui formado  de manera tan admirable.
 
Señor, tú me sondeas y me conoces, tú sabes si me siento o me levanto; de lejos percibes lo que pienso,  te das cuenta si camino o si descanso,
y todos mis pasos te son familiares.  
R.

Tú creaste mis entrañas, me plasmaste en el seno de mi madre: te doy gracias porque fui formado
 de manera tan admirable. ¡Qué maravillosas son tus obras!  
R.
 
Tú conocías hasta el fondo de mi alma y nada de mi ser se te ocultaba, cuando yo era formado en lo secreto, cuando era tejido en lo profundo de la tierra.  R.
 
Lectura  de Hechos de los apóstoles   13, 22-26
Pablo decía: «Cuando Dios desechó a Saúl, les suscitó como rey a David, e; hijo de Jesé, a un hombre conforme a mi corazón que cumplirá siempre mi voluntad. De la descendencia de David hizo surgir para Israel un Salvador, qué es Jesús.
Como preparación a su venida, Juan había predicado un bautismo de penitencia a todo el pueblo de Israel. Y al final de su carrera, Juan decía: "Yo no soy el que ustedes creen, pero sepan que después de mí viene aquel a quien yo no soy digno de desatar las sandalias".
Hermanos, este mensaje de salvación está dirigido a ustedes: los descendientes de Abraham y los que temen a Dios.»   Palabra de Dios.

Santo Evangelio según san Lucas 1, 57-66. 80
Cuando llegó el tiempo en que Isabel debía ser madre, dio a luz un hijo. Al enterarse sus vecinos y parientes de la gran misericordia con que Dios la había tratado, se alegraban con ella.
A los ocho días, se reunieron para circuncidar al niño, y querían llamarlo Zacarías, como su padre; pero la madre dijo: «No, debe llamarse Juan.»
Ellos le decían: «No hay nadie en tu familia que lleve ese nombre.» 
Entonces preguntaron por señas al padre qué nombre quería que le pusieran. Este pidió una pizarra y escribió: «Su nombre es Juan.»
Todos quedaron admirados. Y en ese mismo momento, Zacarías recuperó el habla y comenzó a alabar a Dios.        
Este acontecimiento produjo una gran impresión entre la gente de los alrededores, y se lo comentaba en toda la región montañosa de Judea. Todos los que se enteraron guardaban este recuerdo en su corazón y se decían: «¿Qué llegará a ser este niño?» Porque la mano del Señor estaba con él.   
El niño iba creciendo y se fortalecía en su espíritu; y vivió en lugares desiertos hasta el día en que se manifestó a Israel.  Palabra del Señor.
  
Reflexión   
 
La Iglesia celebra el Nacimiento  de San Juan Bautista ya desde el siglo IV. Juan, hijo de Zacarías e Isabel, pariente de la Virgen, es el Precursor de Jesucristo, y a esta misión consagra su vida entera. 
"Siendo rey de Judea Herodes Antipas, hubo un sacerdote, llamado Zacarías, casado con una mujer, llamada Isabel. Los dos eran justos y guardaban la ley de Dios. No tenían hijos y ambos eran ya viejos." Así lo relata en su primer capítulo el evangelio de san Lucas.  Le tocó en suerte a Zacarías ofrecer incienso al Señor, en el templo, sobre el altar. Y ese día el ángel Gabriel le habló:
-No temas, Zacarías, porque tu oración ha sido oída. Isabel, tu mujer, dará a luz a un hijo, al cual llamarás Juan, quien será grande delante de Dios.
- ¿Cómo puedo creer lo que me dices? - exclamó Zacarías.
- Yo soy Gabriel, uno de los Ángeles que asiste delante de Dios. Y he aquí que, en castigo de tu incredulidad, permanecerás mudo y no podrás hablar hasta el día en que todas estas cosas se realicen.
El niño nació seis meses antes que  Jesucristo. Sólo entonces Zacarías volvió a hablar, y fue para alabar a Dios.
Juan significa "aquel en quien habita la gracia". 
Juan viene a ser como la línea divisoria entre los dos Testamentos, el antiguo y el nuevo. Así lo atestigua el mismo Señor, cuando dice: La ley y los profetas llegaron hasta Juan. Por tanto, él es como la personificación de lo antiguo y el anuncio de lo nuevo. Porque personifica lo antiguo, nace de padres ancianos; porque personifica lo nuevo, es declarado profeta en el seno de su madre. Aún no ha nacido y, al venir la Virgen María, salta de gozo en las entrañas de su madre. Con ello queda ya señalada su misión, aun antes de nacer; queda demostrado de quién es precursor, antes de que él lo vea. Estas cosas pertenecen al orden de lo divino y sobrepasan la capacidad de la humana pequeñez. Finalmente, nace, se le impone el nombre, queda expedita la lengua de su padre. Estos acontecimientos hay que entenderlos con toda la fuerza de su significado.
 
"El cielo debe ganarse predicando. Tú eres el precursor". Toda la  vida de Juan está colmada de gracia divina. Juan fue colmado del Espíritu Santo en el vientre de la madre, al visitarla María.
Cuando se desató la persecución de Herodes, el pequeño tenía un año y medio. Se cree que Isabel huyó a las montañas más escondidas y allí vivió cuarenta días en una cueva, mientras Zacarías perdía la vida por no querer descubrir el sitio a los sicarios de Herodes.
Hasta el momento de iniciar su misión profética, Juan permaneció mucho tiempo en el desierto. Modernas investigaciones autorizan a creer que vivió con los esenios - una secta cenobítica del desierto de Judá entregada a los ayunos y la oración -, que ya practicaban el bautismo con agua, que Juan empleó con los que iban hacia él y que simbolizaba la purificación del espíritu.
Es el primer anacoreta inmediatamente precristiano. En soledad, oyó la voz del Señor: "El cielo debe ganarse predicando. Tú eres el precursor". Así se puso Juan a predicar y a bautizar, comenzando su misión en la otra parte del Jordán.
 
¿Para qué fue enviado Juan? La santidad del precursor era reconocida por todos; vino a la existencia para señalar a los hombres que Jesús era el Mesías prometido. Por eso se lo ha llamado el último profeta del antiguo testamento.
Un día ve Juan a Jesús venir hacia él. Y entonces dice: "He aquí el cordero de Dios, que quita el pecado del mundo". Y de él diría Jesús: "Entre los hombres nacidos de mujer, ninguno hay mayor que Juan".
 
Testigos de su luz. La misión de Juan el Bautista se caracteriza sobre todo por ser el Precursor, aquel que anuncia al Señor: “vino como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por él. No era la luz, sino el que había de dar testimonio de la luz”. Así empieza San Juan su evangelio, él que conoció a Jesús gracias a la preparación que recibió de San Juan Bautista.
El cántico de Zacarías, que recoge San Lucas en el capítulo 1 de su Evangelio profetiza  la misión de San Juan como heraldo del Altísimo y precursor del Mesías:
Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo, porque irás delante del Señor a preparar los caminos, anunciando a su pueblo la salvación, el perdón de sus pecados.
 
La predicación de Juan Bautista estaba en perfecta armonía con su vida austera. “Hagan penitencia, decía, porque está cerca el reino de los Cielos”. Sus palabras, acompañadas de su ejemplo, movían a todos los que lo oían.
La santidad de San Juan, su vida sacrificada y su predicación habían hecho que algunos de sus discípulos pensaran que él era el Mesías esperado. 
Le preguntaban:
- ¿Por qué bautizas si no eres el Cristo?
Y él respondía:
- Yo bautizo con agua, pero en medio de vosotros está aquel a quien no conocéis: el que viene después de mí, al que no soy digno de desatar el calzado.
 
Con su vida y sus palabras Juan dio testimonio de la verdad, sin tener miedo a los que tenían el poder político; sin desviarse por las alabanzas de las multitudes; sin ceder a las continuas presiones de los fariseos. Perdió su vida por reprochar al rey Herodes el hecho de que conviviese con la mujer de su hermano.
 
Hoy: El Señor quiere de nosotros que también seamos como el Bautista, testigos de su luz. Es la misma misión de Juan la que Jesús nos encomienda a nosotros en estos días, para que la ejerzamos en nuestros ambientes, en nuestros hogares y en nuestros trabajos: Preparen los caminos. Sean los que anuncian a los demás la venida del Reino de Dios.
 
La coherencia entre lo que creemos y nuestra conducta es la mejor enseñanza que nos deja la vida de San Juan. Nuestra devoción por el Santo debe llevarnos a aprender de él esa unidad de vida que lo llevó a no condescender con las injusticias y las ofensas al Señor.
 
Pidamos al Señor que seamos  como Juan, “la voz que clama en el desierto”. Que seamos Señor tu voz, en medio del mundo, en el ambiente y en el lugar que has querido que transcurra la existencia de cada uno de nosotros.
 
Oh, amado Jesús, ayúdame a esparcir Tu fragancia por donde quiera que vaya. Inunda mi alma con Tu Espíritu y Vida. Penetra y posee todo mi ser tan completamente, que mi vida entera sea un resplandor de la tuya. Brilla a través de mí y permanece tan dentro de mí, que cada alma con que me encuentre pueda sentir Tu presencia en la mía.  ¡Permite que no me vean a mí, sino solamente a Jesús!         Madre Teresa de Calcuta

“Te llamé a vivir”
 
Te preguntas, hijo mío, por qué existes, por qué vives, por qué te encuentras en este mundo.
Más de una vez te he sorprendido pensando que hubiera sido mejor no haber nacido.
Tus días están teñidos de tristeza, nada motiva una esperanza.
 
Hijo; Quiero decirte claramente que fui yo quien te llamó a la vida. Yo te concebí primero en mi inteligencia. Vives en mi corazón, desde el principio.
No viniste por casualidad, ni eres fruto del azar.
 
Te llamé a vivir. A ti.  Exclusivamente a ti. Te hice irrepetible. Nadie tiene tu misma voz, Ni tus mismos ojos, Ni tus mismos rasgos interiores.
 
Te di virtudes... ¿Las ha descubierto? Te di cualidades... ¿Las conoces? Te hice hermoso con mis propias manos. Te comuniqué mi vida. Deposité en ti mi propio amor con abundancia.
 
Te hice ver el paisaje y el color. Te di el oído para que escucharas el canto De los pájaros y la voz de los hombres. Te di la palabra para decir: “PADRE”, “MADRE”, “AMIGO”, “HERMANO”.
 
Te di mi amor más profundo. No sólo te di la vida, te estoy sosteniendo en ella, tú eres mi hijo amado.
 
Te conozco cuando respiras y te cuido cuando duermes. No lo dudes, mis ojos están puestos en tus ojos, mi mano la tengo colocada sobre tu cabeza.
 
TE AMO, aunque no me ames, ya lo sabes. Podrás ir donde puedas y donde quieras, hasta allá te seguirá mi amor y te sostendrá mi diestra.
O crees que yo, como PADRE, ¿puedo olvidar a mi hijo?
 
¡Ni lo sueñes! Desde que te hice ya no te puedo dejar solo. Camino contigo y sonrío contigo.  Vivo en ti. Te lo escribo de mil maneras y te lo digo al oído. 
Y en silencio: ERES MI HIJO. TE AMO. 
                                                        DIOS
  
 
Lecturas de la Semana
 
Lunes 25: 2 Rey.  17,5-8. 13-15.18; Sal 59;  Mt. 7, 1-5.
Martes 26: 2 Rey. 19, 9- 36;  Sal 47; Mt. 7, 6. 12-14.
Miércoles 27: 2Rey. 22, 8 - 23, 3; Sal 118; Mt. 7, 15-20.
Jueves 28: 2 Rey. 24, 8-17;  Sal 78; Mt. 7, 21-29.
Viernes 29:  Hech. 12, 1-11; Sal 33; 2 Tim. 4, 6-8. 17-18. Mt. 16, 13-19.
Sábado 30: Lam. 2, 2. 10-14. 18-19; Sal 73; Mt. 8, 5-17.
 
Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las lecturas: El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y María.
 
 
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viernes, 15 de junio de 2012

Décimo primer Domingo durante el año, «El Reino de Dios es como… »


Lecturas del 17-06-12

– Ciclo B –
 
 

 

Lectura de la profecía de Ezequiel 17, 22-24
Así habla el Señor: Yo también tomaré la copa de un gran cedro, cortaré un brote de la más alta de sus ramas, y lo plantaré en una montaña muy elevada:  Lo plantaré en la montaña más alta de Israel. El echará ramas y producirá frutos, y se convertirá en un magnífico cedro. Pájaros de todas clases anidarán en él, habitarán a la sombra de sus ramas.
Y todos los árboles del campo sabrán que yo, el Señor, humillo al árbol elevado y exalto al árbol humillado, hago secar el árbol verde y reverdecer al árbol seco. Yo, el Señor, lo he dicho y lo haré.
Palabra de Dios.

Salmo 91
R. Es bueno darte gracias, Señor.
 
Es bueno dar gracias al Señor, y cantar, Dios Altísimo, a tu Nombre; proclamar tu amor de madrugada, y tu fidelidad en las vigilias de la noche.  R.El justo florecerá como la palmera, crecerá como los cedros del Líbano: trasplantado en la Casa del Señor, florecerá en los atrios de nuestro Dios.  R.
En la vejez seguirá dando frutos, se mantendrá fresco y frondoso, para proclamar qué justo es el Señor, mi Roca, en quien no existe la maldad.  R.
 
2º carta de San Pablo a los Corintios 5, 6-10
Hermanos: Nosotros nos sentimos plenamente seguros, sabiendo que habitar en este cuerpo es vivir en el exilio, lejos del Señor; porque nosotros caminamos en la fe y todavía no vemos claramente.
Sí, nos sentimos plenamente seguros, y por eso, preferimos dejar este cuerpo para estar junto al Señor; en definitiva, sea que vivamos en este cuerpo o fuera de él, nuestro único deseo es agradarlo.
Porque todos debemos comparecer ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba, de acuerdo con sus obras buenas o malas, lo que mereció durante su vida mortal.
Palabra de Dios.
 
Santo Evangelio según san Marcos 4, 26-34
Jesús decía a la multitud: «El Reino de Dios es como un hombre que echa la semilla en la tierra: sea que duerma o se levante, de noche y de día, la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo. La tierra por sí misma produce primero un tallo, luego una espiga, y al fin grano abundante en la espiga. Cuando el fruto está a punto, él aplica en seguida la hoz, porque ha llegado el tiempo de la cosecha.» También decía: « ¿Con qué podríamos comparar el Reino de Dios? ¿Qué parábola nos servirá para representarlo? Se parece a un grano de mostaza. Cuando se la siembra, es la más pequeña de todas las semillas de la tierra, pero, una vez sembrada, crece y llega a ser la más grande de todas las hortalizas, y extiende tanto sus ramas que los pájaros del cielo se cobijan a su sombra.»
Y con muchas parábolas como estas les anunciaba la Palabra, en la medida en que ellos podían comprender. No les hablaba sino en parábolas, pero a sus propios discípulos, en privado, les explicaba todo.  Palabra del Señor.

Reflexión:
 
En el evangelio de hoy el tema del Reino es el protagonista de las parábolas de Jesús. En realidad sabemos que el tema del Reino fue la pasión, la manía, el estribillo, la obsesión de Jesús. Porque fue también «Su Causa», la Causa por la que vivió y luchó, la causa por la que fue perseguido, capturado, condenado y ejecutado. Para comprender a Jesús, no hay nada más importante que tratar de comprender el Reino y la relación de Jesús con él. Es por eso que nos preguntamos ¿qué es el Reino de Dios?
 
Jesús se presenta con su Mensaje al pueblo (1) Después de treinta años (Lc. 3,22) de vida escondida en Nazaret, Jesús se presenta al pueblo con su mensaje (Lc. 4,18). En Nazaret, Él ha convivido largos años (Lc. 2,51-52) con los campesinos de Galilea, explotados por el sistema de los impuestos heredados de los persas y de los griegos y por el latifundio creado por los romanos.
Él era carpintero (Mc. 6,3). Mientras crecía (Lc. 2,40) en sabiduría, edad y estatura delante de Dios y de los hombres, presenciaba las explosiones de violencia tan numerosas, entonces en Galilea, la progresiva organización de los guerrilleros zelotes, la transferencia de la capital de su región a Tiberíades, las tentativas infructuosas de los romanos para reducir a la obediencia al pueblo rebelde de Galilea.
Veía cómo los escribas y fariseos reunían y organizaban al pueblo en torno a las sinagogas, enseñándoles la tradición de los antiguos Mc. (7,1-5), dándoles fuerza para resistir, preparándolos para la próxima venida del Mesías, aguardada por todos como inminente. Veía también cómo ellos, en lugar de enseñar la ley de Dios y mostrar el rostro verdadero del Padre, los escondían tras una cortina espesa de normas y obligaciones que hacían imposible la observancia de la ley para los pobres (Mc. 7,6-13). Estos se veían condenados por sus líderes como ignorantes (Jn 7,49) y pecadores y que el Reino de Dios no era para ellos.
 
Veía también Jesús la piedad confusa y resistente de los pobres, tan bien expresada en el cántico de María (Lc. 1,46-55) y en la esperanza difusa de un nuevo éxodo. Los pobres esperaban que llegase el tiempo de la liberación prometida desde los tiempos antiguos.
Creciendo en medio de esta realidad conflictiva de explotación económica, de explosiones sociales, de desintegración creciente de las instituciones, de explosiones mesiánicas, Jesús, unido al Padre, se convierte en alumno de los acontecimientos, descubre dentro de ellos la llegada de la hora de Dios y anuncia al pueblo: "El plazo se ha vencido. El Reino de Dios está cerca. Conviértanse y crean en la Buena Nueva" (Mc. 1,15).
 
Jesús presenta su programa de predicación del Reino en la sinagoga de Nazaret: "El Espíritu del Señor está sobre mí: el Señor me consagró por su Espíritu. Me envió a traer la Buena Nueva a los pobres, a anunciar a los cautivos su libertad y devolver la luz a los ciegos; a despedir libres a los oprimidos y a proclamar un año de  gracia del Señor" (Lc. 4,18-19).
 
Según el evangelio de Marcos la Buena Nueva del Reino anunciada por Jesús tiene como primer efecto reunir a las personas en torno a Jesús y entre sí, esto es, la formación de comunidades (Mc. 1,16-20). El segundo efecto es hacer nacer conciencia crítica en el pueblo oprimido frente a sus líderes (Mc. 1,21-22). El tercer efecto es combatir el poder del mal, expulsarlo, y así liberar al hombre (Mc. 1,23-28). El cuarto es restaurar y salvar la vida del pueblo para el servicio (Mc. 1,29-34). El quinto efecto es permanecer unido a la raíz que es el Padre, a través de la oración (Mc. 1,35). El sexto es mantener la conciencia de la misión y no encerrarse en los resultados obtenidos (Mc. 1,36-39). El séptimo resultado es liberar y reintegrar en la sociedad a los marginados ((Mc. 1,40-45).
Jesús se presenta como el que viene a realizar las esperanzas del pueblo fomentadas y alimentadas, a lo largo de los siglos, por los profetas. El se presenta como el Mesías-Siervo anunciado por Isaías (Is 42,1-9; 61,1-2). Propone la realización del Año del Jubileo, es decir, "el año de gracia del Señor".
Experimentar la Presencia del Reino. En el evangelio de hoy Jesús, nos cuenta dos pequeñas historias que acontecen todos los días en la vida de la gente de su pueblo,  se sirve de las cosas pequeñas para actuar en el mundo y en las almas de los hombres.
Es precioso ver cómo Jesús busca en la vida y en los acontecimientos de la gente de su entorno, elementos e imágenes que puedan ayudarlos a percibir y experimentar la presencia del Reino. Con el motivo de descubrir las cosas de Dios en la vida diaria, ya que lo extraordinario de Dios se esconde en las cosas ordinarias y comunes de la vida de cada día. La gente entendía las cosas de la vida. En las parábolas recibía la llave para abrirla y encontrar los signos de Dios.
La gran virtud de las parábolas es la de superar los obstáculos más obvios e inmediatos del entendimiento. Una parábola es un arco que se eleva por el aire y cae justo en su objetivo, evadiendo los obstáculos, enfocándose a su meta. Las parábolas de Jesús tienen un efecto similar. Frente a las interpretaciones oscuras y cargadas de sanciones con las que los maestros de la ley solían responder a sus interlocutores, las palabras de Jesús se imponen con una claridad demoledora. Frente a las intrincadas y sofisticadas interpretaciones de los maestros griegos, las enseñanzas de Jesús se presentan con una evidencia incontrovertible. Las palabras de Jesús hablan de la vida cotidiana: el campesino que salva su cosecha; de la persona que al cocinar administra con tino y prudencia la sal.
 
El Reino de Dios es Dios. (2) En las enseñanzas de Jesús está implícito - como una condición fundamentalmente propia - el anuncio del Dios viviente. La palabra clave del anuncio de Jesús es: Reino de Dios. Sin embargo, Reino de Dios no es una cosa, una estructura social o política, una utopía. El Reino de Dios es Dios. Reino de Dios quiere decir: Dios existe. Dios vive. Dios está presente y actúa en el mundo, en nuestra vida - en mi vida. Dios no es una lejana "causa última", Dios no es el "gran arquitecto" del deísmo que ha construido la máquina del mundo y ahora estaría fuera - por el contrario Dios es la realidad más presente y decisiva en cada acto de mi vida, en cada momento de la historia.-
 
La primera parábola habla de la fuerza interna de la semilla, que opera prácticamente sin que el campesino se percate. Si la semilla encuentra las condiciones favorables, florecerá. La labor del campesino se limita a preparar el terreno para que ofrezca esas condiciones que hacen posible el cultivo; a los cuidados indispensables para que la semilla germine y se fortalezca, y a la acción oportuna para cosechar los frutos. De manera semejante opera la acción del cristiano, favoreciendo la implantación de la semilla del Reino.
 
La siembra de la semilla (3). El Señor ha escogido la figura de una semilla para explicarnos la presencia oculta del reino entre nosotros. Mirando una semilla nos damos cuenta de que ya tenemos la planta o el árbol en nuestras manos, pero no inmediatamente sino después de una espera y una evolución. La semilla contiene ya en ella la planta que deberá ser, pero sólo en germen, con  una potencia que puede desarrollarse hasta llegar a tener una dimensión miles de veces mayor que la que tenía en sus comienzos.
 
Así  es el reino de Dios. Fue implantado por Jesús cuando derramó su Palabra, reunió a los primeros discípulos y entregó su vida para morir y resucitar por nosotros. En la persona de Jesús se hizo presente el reino, y Él es el comienzo de la nueva humanidad. En la pequeña comunidad de los discípulos se comienza a vivir la nueva creación y se ven signos de que el reino ya está viniendo. Entre los cristianos se hace presente el Padre otorgando su perdón y su amor. Jesús congrega en su cuerpo resucitado a todos los creyentes para  que formen una nueva comunidad donde todos sean hijos de Dios y hermanos entre sí. El Espíritu de Dios suscita los carismas y hace producir frutos de santidad. Cada vez que los discípulos se reúnen es para escuchar la palabra de Dios y para participar en el comienzo del banquete del cielo, recibiendo el pan en el que se hace presente el mismo Jesús como alimento de vida eterna. La comunidad debe llevar ya los rasgos de alegría y de libertad que caracteriza a los hijos de Dios, el amor mutuo tiene que ser el aspecto más destacado en la vida de los cristianos.
 
Pero si es verdad que todos esos rasgos indican de alguna manera que el reino se está haciendo presente en medio de los hombres, también es verdad que esos rasgos son muy modestos, y que además se dan con muchos contrastes y limitaciones porque junto  a los ejemplos de santidad se verifican también las sombras del pecado. 
 
Pero las parábolas de Jesús nos enseñan que a pesar de todas estas sombras, el reino ya está presente y –aunque nos haga esperar- llegará el momento en que se manifestará en su plenitud.
La  semilla de mostaza (3). La segunda parábola de esta lectura trata también sobre una semilla, pero en este caso, no es una semilla de trigo sino de mostaza. Se señala a propósito que es la más pequeña de las semillas que hay en el mundo. En realidad es una semilla muy pequeña, que mide aproximadamente un milímetro, pero que al crecer es un arbusto bastante considerable (en la zona del lago de Galilea llega a tener aproximadamente un metro y medio o dos metros), que contrasta con sus comienzos.
Como la parábola anterior, también ésta termina con una frase de un profeta. En este caso es una expresión del libro de profeta Ezequiel, tomada de la perícopa que se ha proclamado en la primera lectura de este día, en la que se describe el reino futuro como un gran cedro que será plantado en la tierra de Israel, y será tan grande que los pájaros irán a habitar a su sombra.
Esta parábola parece continuar y completar la idea ya anunciada en la precedente. En este caso se quiere mostrar el contraste entre los humildes comienzos y la grandeza del final. Con la parábola se responde a los impacientes que dudan de la venida del reino porque todavía no ven sus signos o ven que lo que se presenta como reino es todavía algo muy pequeño o muy humilde.
A los contemporáneos de Jesús se les decía que el reino ya se hacía presente. Pero solamente veían a Jesús, que aparentemente no era más que un hombre como los demás. Era necesaria la fe para comprender que en Él estaba realmente el mismo Dios.
También a los primeros discípulos de los apóstoles se les enseñaba que la comunidad que había fundado Jesús debía mostrar los primeros signos de la presencia del reino. Vivir en la Iglesia era comenzar a vivir con el espíritu del reino, ya que éste se debía manifestar en el grupo de los seguidores de Jesús. Pero esta comunidad cristiana primitiva era muy modesta, tenía muchas deficiencias y además sufría persecuciones. Muchos impacientes se sentían con derecho a preguntarse si era verdad que el reino se estaba haciendo presente en la comunidad cristiana, ya que los signos eran tan poco promisorios.

 
Hoy. No nos deben desanimar los obstáculos del medio que nos rodea. El Señor cuenta con nosotros para transformar el lugar donde se desenvuelve nuestro vivir cotidiano. No dejemos de llevar a cabo aquello que está en nuestras manos, aunque nos parezca poca cosa -tan poca cosa como unos insignificantes granos de mostaza- porque el Señor mismo hará crecer nuestro empeño, y la oración y el sacrificio que hayamos puesto, darán sus frutos.
El Reino de Dios, incluye en sí mismo un principio de desarrollo, una fuerza interna, que lo llevará hasta su total perfección; pero ese desarrollo del Reino, no es algo que deba realizarse prescindiendo de nosotros, sino que somos nosotros los que debemos poner las condiciones necesarias, para que el Reino llegue a su total desarrollo en nosotros y en los demás.
Habrá muchos fracasos, habrá luchas, pero el crecimiento del reino de Dios, tiene el éxito asegurado.
 
Por eso hoy vamos a pedirle al Señor, que pongamos nuestro esfuerzo, pequeño, insignificante, al servicio de su Reino. Y pidamos a María, Madre de los apóstoles, que nos ayude a perseverar en nuestras tareas apostólicas, para que crezcan como la planta nacida de la semilla de mostaza.
 
Lecturas de la Semana
Lunes 18: 1 Rey  21,1-9; Sal 5;  Mt. 5, 38-42.
Martes 19: 1 Rey. 21, 17-29;  Sal 50; Mt. 5, 43-48.
Miércoles 20: 2Rey. 2, 1. 6-14; Sal 30; Mt. 6, 1-6. 16-18.
Jueves 21: Ecle. 48, 1-14;  Sal 96; Mt. 6, 7-15.
Viernes 22:  2 Rey 11, 1-18. 20; Sal 131; Mt. 6, 19-23.
Sábado 23: 2 Crón. 24, 17-25; Sal 88; Mt. 6, 24-34.
 
Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las lecturas: El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y María. (1) Carlos Mesters, La practica liberadora de Jesús. (2)Cardenal Joseph Ratzinger. (3) Luis H. Rivas: Jesús habla a su Pueblo
 
 
Círculo Peregrino: queremos compartir con vos la Palabra del Señor, por eso podemos ir a tu casa a visitarte a vos o algún familiar enfermo.
Lectio Divina: También podes venir para compartirla  el primer sábado de cada mes a las 16 hs. en:       
 
Círculo Bíblico San José
Parroquia San José:
Brandsen 4970 Villa Domínico.
 
 
Si  querés recibir la hojita por e-mail pedila a: miencuentroconjesus@yahoo.com.ar