Intención para la evangelización ‐

Intenciones de oración de septiembre: Oremos por una gestión justa y sostenible del agua, recurso vital, para que todos tengan acceso equitativo a ella.

"Todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre"

"Todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre" Mt 7, 7-8. No sé qué quería, pero había algo en mí que me movía a buscar, tal vez que las cosas tengan sentido, y te encontré. Me cuestionaba sobre la vida y me diste tu sabiduría para que pueda encontrar alegría y paz. Ante mis miedos y dudas, te pido que me acompañes en mi peregrinar y me das tu Espíritu Santo, el mismo que te acompaño a vos, hoy me acompaña a mí, me asiste y guía. Hoy sigo buscando más de tu Palabra, de la Verdad y el camino, con la confianza puesta en vos, Dios mío, sé que estás presente en mi vida. Ven Señor Jesús, te necesito.

Del libro de la Sabiduría 6, 12-16

Del libro de la Sabiduría 6, 12-16: La Sabiduría es luminosa y nunca pierde su brillo: se deja contemplar fácilmente por los que la aman y encontrar por los que la buscan. Ella se anticipa a darse a conocer a los que la desean. El que madruga para buscarla no se fatigará, porque la encontrará sentada a su puerta. Meditar en ella es la perfección de la prudencia, y el que se desvela por su causa pronto quedará libre de inquietudes. La Sabiduría busca por todas partes a los que son dignos de ella, se les aparece con benevolencia en los caminos y le sale al encuentro en todos sus pensamientos.

sábado, 7 de julio de 2012


Lecturas del 8-07-12
Décimo cuarto Domingo durante el año
– Ciclo B –


"...el Mesías, el Hijo de dios, es el Carpintero, uno de nosotros"
 
Lectura de la profecía de Ezequiel 2, 2-5
Un espíritu entró en mí y me hizo permanecer de pie, y yo escuché al que me hablaba. El me dijo:
Hijo de hombre, yo te envío a los israelitas, a un pueblo de rebeldes que se han rebelado contra mí; ellos y sus padres se han sublevado contra mí hasta el día de hoy. Son hombres obstinados y de corazón endurecido aquellos a los que yo te envío, para que les digas: «Así habla el Señor.» Y sea que escuchen o se nieguen a hacerlo -porque son un pueblo rebelde- sabrán que hay un profeta en medio de ellos.   Palabra de Dios.
 
Salmo 122
R. Nuestros ojos miran al Señor, hasta que se apiade de nosotros.

Levanto mis ojos hacia ti, que habitas en el cielo.
Como los ojos de los servidores están fijos en las manos de su señor.  
R.
Y los ojos de la servidora en las manos de su dueña: así miran nuestros ojos al Señor, nuestro Dios,  hasta que se apiade de nosotros.  R.
 ¡Ten piedad, Señor,  ten piedad de nosotros, porque estamos hartos de desprecios! Nuestra alma está saturada  de la burla de los arrogantes,  del desprecio de los orgullosos.  R.

 
2º  carta de Pablo a los Corintios 12, 7-10
Hermanos: Para que la grandeza de las revelaciones no me envanezca, tengo una espina clavada en mi carne, un ángel de Satanás que me hiere. Tres veces pedí al Señor que me librara, pero él me respondió: «Te basta mi gracia, porque mi poder triunfa en la debilidad.»                
Más bien, me gloriaré de todo corazón en mi debilidad, para que resida en mí el poder de Cristo. Por eso, me complazco en mis debilidades, en los oprobios, en las privaciones, en las persecuciones y en las angustias soportadas por amor de Cristo; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte. Palabra de Dios.
 
Santo Evangelio según san Marcos 6, 1-6a
Jesús salió de allí y se dirigió a su pueblo, seguido de sus discípulos. Cuando llegó el sábado, comenzó a enseñar en la sinagoga, y la multitud que lo escuchaba estaba asombrada y decía: «¿De dónde saca todo esto? ¿Qué sabiduría es esa que le ha sido dada y esos grandes milagros que se realizan por sus manos? ¿No es acaso el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago, de José, de Judas y de Simón? ¿Y sus hermanos no viven aquí entre nosotros?» Y Jesús era para ellos un motivo de escándalo.   
Por eso les dijo: «Un profeta es despreciado solamente en su pueblo, en su familia y en su casa.» Y no pudo hacer allí ningún milagro, fuera de curar a unos pocos enfermos, imponiéndoles las manos. Y él se asombraba de su falta de fe.
Palabra del Señor.

Reflexión 
                                                                      Rechazo y fracaso en Nazaret
 
Para Marcos, la primera etapa de la vida pública de Jesús, enseñando en parábolas y actuando prodigiosamente, se desarrolla en torno al lago de Galilea y se cierra con la vuelta de su pueblo.  Los habitantes de Nazaret, los abuelos del pueblo y de sus compañeros de juegos  infantiles conocían bien a Jesús y a su familia.  Le habían visto crecer, ir a la escuela, hacerse hombre y trabajar para mantener la casa en la que vivió con sus padres.
 
Nazaret era una pequeña aldea, nunca citada en la Biblia.  Como todos los pueblos, tenía su pequeña sinagoga en donde los sábados se reunían todos para leer y comentar la Sagradas Escrituras y orar juntos.  Jesús haciendo uso del derecho de todo israelita adulto, cuando llega el sábado, va a la sinagoga y se levanta para leer la Escritura.  Sus convecinos, al oírle, se asombran. Es un asombro que resume incomprensión, escándalo y rechazo más, que entusiasmo y adhesión.
 
Cuestionan su enseñanza y sus milagros porque con ellos rebasa los límites de su situación social y familiar a que debe ajustarse. 
No le reconocen otras posibilidades que las de su pasado y su limitada situación familiar. 
Es absurdo pensar que éste, que es uno de nosotros –“el hijo de María, el hermano de Santiago, José, Judas y Simón”- sea el Mesías y en Él se pueda manifestar la liberación de Dios tantos siglos esperados.
 
¿Quién es realmente Jesús? Ni su extraordinaria sabiduría, ni sus poderosas acciones se corresponden  con la imagen y la idea que tenían de Él.
 
Bajo la figura del carpintero y del hijo de María, sus vecinos de Nazaret no supieron descubrir el profeta esperado.  Tras la normalidad de aquel carpintero no supieron descubrir la presencia del misterio de Dios.
Necesidad de pasar por el escándalo para creer. 
 
Nazaret prefigura la repulsa y ceguera de todo el pueblo.  Es como si el evangelista retara al lector a mirar hondo para que no le ocurra lo mismo.  No sólo a los jefes y letrados, también a los familiares, y ahora al pueblo llano y sencillo, se le ha escapado la profundidad del hecho Jesús: que el libertador (el Mesías) lo es de otra manera.  Las curaciones han mantenido la búsqueda, han sido una solución inmediata a sus problemas, más o menos grandes, pero no han hecho nacer la fe, no les han resultado signos de que el reino de Dios es posible.
 
Marcos nos invita a sufrir el escándalo de los paisanos de Jesús: el Mesías, el Hijo de Dios, es el carpintero, uno de  nosotros, un don nadie, de una aldea de última categoría. Quien no se haya escandalizado probablemente todavía no crea en la humanidad ni en la divinidad de Jesús.
 
En un momento u otro de nuestra vida es necesario pasar por el escándalo. No sólo se nos rompen todas nuestras imágenes distorsionadas de Dios, sino que, a la vez, se nos presenta y revela encarnado en lo débil y desconcertante, allí donde jamás hubiéramos imaginado y deseado.
 
La encarnación de Dios en Jesús, alguien de nuestra propia condición, nos descubre que Dios no es exhibicionista que se ofrece en un espectáculo, ni el ser todopoderoso que se impone y ante el que es conveniente adoptar una postura de legítima defensa.  El Dios encarnado de Jesús es el Dios cercano que no humilla, el Dios que se ha hecho pobre con el pobre y marginado con el marginado para darles vida, riqueza y libertad. Dios desconcierta.  Necesitamos librarnos de la superficialidad, de las mil distracciones que nos dispersan y hacen vivir mirando siempre a los triunfadores de nuestro mundo.
 
Sus paisanos no sólo desconfían de Jesús, sino que se  mofan de Él denominándole, en tono despectivo, “el hijo de María”.  Lo toman por un ser insignificante sin pasado ni futuro. Se muestran faltos de fe.
 
El episodio de Nazaret termina con una observación del propio evangelista: “No pudo hacer allí ningún milagro”.  Jesús no pudo hacer milagros donde tropieza con una incredulidad obstinada, ni donde las personas le buscan para sustraerse al riesgo de la fe. Por ello, Jesús no hace milagros en Nazaret.  “Sólo curó a unos pocos enfermos imponiéndoles las manos”.  Más que despertar la fe en el Reino y convertirse en inspirador de sus vidas, deja una estela de escándalo y desencanto.
 
La vida del cristiano comienza a cambiar de manera insospechada el día que descubre que Jesús es alguien que le puede enseñar a vivir, el día en que empieza a admirarle y se deja interpelar por su mensaje y practica.
 
La crisis de Jesús.  “Y se extrañó de aquella falta de fe”.  Y eso que para Jesús no es novedad el que un profeta sea rechazado por su pueblo. Por ello, empieza a cuestionarse la estrategia que ha seguido.  Jesús está perplejo. ¿Se ha equivocado de mediación para hacer creíble el Reino? ¿Debe dejar esa práctica o ha de intensificarla más?  Aquí comienza la llamada crisis de Galilea, que culminará en el capítulo 8, cuando Jesús deje de hacer milagros y de dirigirse a la gente para centrarse en la preparación de sus discípulos.
 
Toda vida abierta a Dios, aun la de Jesús, se orienta, crece y realiza a través de crisis y discernimiento.  En el ejercicio de la libertad y responsabilidad está la fidelidad a Dios, la propia realización y el mensaje de liberación.
 
Oremos para ver nuestra vida, sus fracasos y nuestra experiencia de Dios. Sufrir el escándalo y también el asombro de lo cotidiano…
 
Padre Daniel Silva
 

Galilea en tiempos de Jesús: Actividades económicas
 
Características de la región de Galilea: Galilea era un país verde y fértil, diferente de la austera pero serena montaña de Samaría, y más todavía del áspero y escabroso territorio de Judea. Los escritores del siglo I hablan de tres regiones bien definidas. Al norte, la Alta Galilea, región fronteriza, poco poblada, con alturas de hasta 1.200 metros, de acceso no siempre fácil, refugio de bandidos y malhechores huidos de la justicia y lugar de donde bajan con fuerza las aguas que dan nacimiento al Jordán. Descendiendo hacia el sur, la Baja Galilea, un territorio de colinas no muy elevadas, a cuyos pies se extiende la gran llanura de Yizreel, una de las comarcas más ricas de todo el país; en medio de ella, dos sugestivas montañas solitarias, el Tabor y el pequeño Hermón. Desperdigados por toda la zona, numerosas aldeas y pueblos agrícolas. Flavio Josefo habla de 204 pueblos en Galilea. En la región montañosa se encontraba Nazaret, y un poco más al norte, en medio de un valle encantador, Séforis, capital de Galilea durante la infancia de Jesús. La región del lago era una comarca muy rica y poblada, en tomo a un lago de agua dulce y rico en pesca. Tres importantes ciudades se asomaban a sus orillas: Cafamaún, Magdala y Tiberíades. Galilea constituía un territorio de unos 20.000 kilómetros cuadrados. A pesar de ser uno de los países más poblados de la zona, la población de Galilea en tiempos de Antipas no superaba seguramente los 150.000 habitantes.
Se piensa que el verdor de la Galilea que conoció Jesús era superior al actual. Su clima suave, los vientos húmedos del mar, que penetraban con facilidad hasta el interior, y la fertilidad de la tierra hacían de Galilea un país exuberante. Por lo que podemos saber, en los valles de Yizreel y Bet Netofá se cultivaba trigo de calidad y también cebada, que, por su sabor amargo y difícil digestión, era el pan de los más pobres. Se veían viñedos un poco por todas partes; incluso en las laderas poco escarpadas.
 
Galilea producía, al parecer, un vino excelente de tipo egeo. La viña, como es sabido, era símbolo de la “tierra prometida” e imagen tradicional de Israel. El olivo era un árbol apreciado y abundante. Las higueras, granados y árboles frutales crecían más bien en las cercanías de las aldeas o en medio de las viñas. En terrenos más húmedos y sombreados se cultivaban verduras y hortalizas.
 
Galilea era una sociedad agraria. Los contemporáneos de Jesús vivían del campo, como todos los pueblos del siglo I integrados en el Imperio. Según Josefo, “toda la región de Galilea está dedicada al cultivo, y no hay parte alguna de su suelo que esté sin aprovechar” (La guerra judía III, 43), Prácticamente toda la población vive trabajando la tierra, excepto la elite de las ciudades, que se ocupa de tareas de gobierno, administración, recaudación de impuestos o vigilancia militar, en tiempos de Jesús, la población que trabajaba en los campos de Galilea representaba el 80-90%, mientras el 5-7% podía pertenecer a la elite.
Es un trabajo duro, pues solo se puede contar con la ayuda de algunos bueyes, burros o camellos. Los campesinos de las aldeas consumen sus fuerzas arando, vendimiando o segando las mieses con la hoz. Jesús vive en medio de estos campesinos galileos. Muchas de sus parábolas parecen tener como escenario las tierras del valle de Bet Netofá, al norte de Nazaret y Séforis, no lejos del lago de Galilea (Hanson/Oakman).
 
En la región del lago, donde tanto se movió Jesús, la pesca tenía gran importancia. Las familias de Cafarnaún, Magdala o Betsaida vivían del lago. Las artes de pesca eran rudimentarias: se pescaba con distintos tipos de redes, trampas o tridentes. Bastantes utilizaban barcas; los más pobres pescaban desde la orilla. De ordinario, los pescadores no vivían una vida más cómoda que los campesinos de las aldeas. Su trabajo estaba controlado por los recaudadores de Antipas, que imponían tasas por derechos de pesca y utilización de los embarcaderos.
Jesús se integró bien en este mundo de pescadores que no era el suyo. Jesús toma pescado en sus comidas y habla de “peces”, “redes” y “pesca” en sus dichos y parábolas (fuente Q = Lucas 11,11 / / Mateo 7,10; Mateo 13,47-50; Evangelio [apócrifo] de Tomás 8,1-2).
En contra de lo que se ha podido pensar hasta hace poco, parece que ni el comercio con el exterior ni el comercio local tuvieron importancia en la Galilea que conoció Jesús. El transporte terrestre era difícil y costoso: solo se podía “negociar” con pequeños objetos de lujo. Es cierto que desde la Alta Galilea se exportaba aceite y otros productos a Tiro y a la costa fenicia, pero esta actividad nunca fue intensa.
 
José Antonio Pagola:
Jesús, aproximación histórica.
 
 
 
Lecturas de la Semana
 
Lunes 9: Is. 7,10. 14; 8, 10c;  Sal Lc. 1, 46-47;Lc. 1, 39-47.
Martes 10: Os. 8, 4-13;  Sal 113; Mt. 9, 32-38.
Miércoles 11: Os. 10, 1-3. 7-8.12; Sal 104; Mt. 10, 1-7.
Jueves 12: Os. 11, 1-9;  Sal 79; Mt. 10, 7-15.
Viernes 13:  Os. 14, 2-10; Sal 50; Mt. 10, 16-23.
Sábado 14: Is. 6, 1-8; Sal 92; Mt. 10, 24-33.
 
Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las lecturas: El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y María.
 
 
Círculo Peregrino: queremos compartir con vos la Palabra del Señor, por eso podemos ir a tu casa a visitarte a vos o algún familiar enfermo.
Lectio Divina: También podes venir para compartirla  el primer sábado de cada mes a las 16 hs. en:       
Círculo Bíblico San José
Parroquia San José:
Brandsen 4970 Villa Domínico.
 
 
Si  querés recibir la hojita por e-mail pedila a: miencuentroconjesus@yahoo.com.ar
 

sábado, 30 de junio de 2012

Décimo tercer Domingo durante el año, Dios es Dios de la vida y quiere nuestra salud y vida.


Lecturas del 1-07-12
Décimo tercer Domingo durante el año
– Ciclo B –



Libro de la Sabiduría 1, 13-15; 2, 23-24
Dios no ha hecho la muerte ni se complace en la perdición de los vivientes. El ha creado todas las cosas para que subsistan; las criaturas del mundo son saludables, no hay en ellas ningún veneno mortal y la muerte no ejerce su dominio sobre la tierra. Porque la justicia es inmortal. 
Dios creó al hombre para que fuera incorruptible y lo hizo a imagen de su propia naturaleza, pero por la envidia del demonio entró la muerte en el mundo, y los que pertenecen a él tienen que padecerla.  Palabra de Dios.
 
Salmo 29
 R. Yo te glorifico, Señor, porque tú me libraste.
 
Yo te glorifico, Señor, porque tú me libraste y no quisiste que mis enemigos se rieran de mí. 
Tú, Señor, me levantaste del Abismo y me hiciste revivir,  cuando estaba entre los que bajan al sepulcro.  R.
Canten al Señor, sus fieles; den gracias a su santo Nombre,  porque su enojo dura un instante, y su bondad, toda la vida: si por la noche se derraman lágrimas, por la mañana renace la alegría.  R.
Escucha, Señor, ten piedad de mí; ven a ayudarme, Señor. Tú convertiste mi lamento en júbilo.  ¡Señor, Dios mío, te daré gracias eternamente!  R.

2º carta de Pablo a los Corintios 8, 7. 9. 13-15
Hermanos: Ya que ustedes se distinguen en todo: en fe, en elocuencia, en ciencia, en toda clase de solicitud por los demás, y en el amor que nosotros les hemos comunicado, espero que también se distingan en generosidad. 
Ya conocen la generosidad de nuestro Señor Jesucristo que, siendo rico, se hizo pobre por nosotros, a fin de enriquecernos con su pobreza. 
No se trata de que ustedes sufran necesidad para que otros vivan en la abundancia, sino de que haya igualdad. En el caso presente, la abundancia de ustedes suple la necesidad de ellos, para que un día, la abundancia de ellos supla la necesidad de ustedes.   
Así habrá igualdad, de acuerdo con lo que dice la Escritura: El que había recogido mucho no tuvo de sobra, y el que había recogido poco no sufrió escasez.  Palabra de Dios.
 
 Santo Evangelio según san Marcos 5, 21-43
Cuando Jesús regresó en la barca a la otra orilla, una gran multitud se reunió a su alrededor, y él se quedó junto al mar. Entonces llegó uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo, y al verlo, se arrojó a sus pies, rogándole con insistencia: «Mi hijita se está muriendo; ven a imponerle las manos, para que se cure y viva.» Jesús fue con él y lo seguía una gran multitud que lo apretaba por todos lados.           
Se encontraba allí una mujer que desde hacia doce años padecía de hemorragias. Había sufrido mucho en manos de numerosos médicos y gastado todos sus bienes sin resultado; al contrario, cada vez estaba peor.
Como había oído hablar de Jesús, se le acercó por detrás, entre la multitud, y tocó su manto, porque pensaba: «Con sólo tocar su manto quedaré curada.» Inmediatamente cesó la hemorragia, y ella sintió en su cuerpo que estaba curada de su mal.»    
Jesús se dio cuenta en seguida de la fuerza que había salido de él, se dio vuelta y, dirigiéndose a la multitud, preguntó: «¿Quién tocó mi manto?» 
Sus discípulos le dijeron: «¿Ves que la gente te aprieta por todas partes y preguntas quién te ha tocado?» Pero él seguía mirando a su alrededor, para ver quién había sido. Entonces la mujer, muy asustada y temblando, porque sabía bien lo que le había ocurrido, fue a arrojarse a los pies y le confesó toda la verdad.          
Jesús le dijo: «Hija, tu fe te ha salvado. Vete en paz, y queda curada de tu enfermedad.» Todavía estaba hablando, cuando llegaron unas personas de la casa del jefe de la sinagoga y le dijeron: «Tu hija ya murió; ¿para qué vas a seguir molestando al Maestro?» Pero Jesús, sin tener en cuenta esas palabras, dijo al jefe de la sinagoga: «No temas, basta que creas.» Y sin permitir que nadie lo acompañara, excepto Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago, fue a casa del jefe de la sinagoga. Allí vio un gran alboroto, y gente que lloraba y gritaba.
Al entrar, les dijo: «¿Por qué se alborotan y lloran? La niña no está muerta, sino que duerme.» Y se burlaban de él.  Pero Jesús hizo salir a todos, y tomando consigo al padre y a la madre de la niña, y a los que venían con él, entró donde ella estaba. La tomó de la mano y le dijo: «Talitá kum», que significa: «¡Niña, yo te lo ordeno, levántate!»
En seguida la niña, que ya tenía doce años, se levantó y comenzó a caminar. Ellos, entonces, se llenaron de asombro, y él les mandó insistentemente que nadie se enterara de lo sucedido. Después dijo que le dieran de comer. Palabra del Señor.

Reflexión 
 
Historias de fe
 
Dos gestos decisivos de Jesús frente a la muerte se entrecruzan en este relato: la curación de una mujer enferma y la resurrección de la hija de Jairo.  Ambos tienen numerosos puntos en común:
 
·       En ambos relatos el beneficiario es una mujer.
·       En ambos casos hay transgresión, liberación y superación de una religión legalista que está incapacitada para curar y dar la vida.
·       En ambos la gente representa un problema para Jesús: “lo apretujaban” “se burlan de Él”
·       En ambos se descubre una actitud de reserva de Jesús ante su propia práctica: la curación de la  mujer con flujos de sangre sucede como si Él no lo hubiese querido, sin darse cuenta; y cuando trata de averiguar todo lo sucedido, remite a la mujer a su fe como causa de salud.  En el caso de la hija de Jairo parece quitar fuerza a lo que va a suceder, pues dice que no está muerta sino viva.
·       En ambos casos Jesús queda impuro según la ley por haber sido tocado por una mujer impura y por haber tocado a la niña muerta y se convierte en transmisor de impureza legal.
·       En ambos se proclama la importancia de la fe para recuperar la salud y la vida; la fe aparece como causa del paso de la muerte a la vida.
·       En ambos casos aparece Jesús como liberador y dador de vida al margen y en contra de las leyes de la Pureza.
 
Jesús es Señor y dador de vida.
 
En medio del lago, Jesús aparece como liberador del caos en la naturaleza; en tierra de paganos, como liberador del caos del corazón del hombre poseído por espíritus malignos.  Ahora de nuevo en Galilea, en medio del pueblo de Israel, se muestra liberador de la enfermedad y, sobre todo, de la muerte.  Dios es Dios de la vida y quiere nuestra salud y vida.
La mujer que tenía pérdida de sangre continúa era símbolo de la frustración vital.  Entre los judíos, el simple hecho de ser mujer era ya una marginación social y religiosa.  Pero, por su enfermedad, una menstruación continúa, esta mujer cargaba con una marginación mucho más atroz: no podía tener hijos (y, esto, en una sociedad donde a la mujer se le apreciaba fundamentalmente por su fecundidad y donde el tener hijos era signo de bendición divina, era reducirla a nada); además, religiosa y legalmente, era siempre una mujer impura y contaminante, como lo era durante la menstruación toda mujer. Era de total marginación. No podía tocar ni ser tocada.  Sin medios y sin remedio,  después de haber pasado por numerosos médicos y haber gastado inútilmente toda su fortuna. Para conseguirlo se desembaraza de los prejuicios religiosos que le impiden ponerse en contacto con en Él.  Se salta la ley pues su fe le lleva a creer que con sólo tocarle la ropa se curará.
El relato de la curación de la hija de Jairo nos muestra que la liberación que trae Jesús franquea el límite  supremo, el de la muerte. Que la liberación y el reino de Dios llegan con Jesús  es una evidencia en los primeros capítulos de Marcos.  Por eso, Jairo recurre a Jesús. Pero para él y su familia lógicamente hay un límite, el de la muerte. Si la niña ha muerto, ya no vale la pena molestar al Maestro. Jesús, sin embargo, provoca en el padre la fe en que el reino de Dios llega con todas las consecuencias.  El “mundo de la muerte” se mofa de quien en estas circunstancias continúa anunciando que el Reino llega con todas las consecuencias.  Pero el milagro se realiza porque Dios es Dios de vida y no de muerte. Ahora bien, sólo quien crea que sí vale la pena molestar al Maestro y que nunca es demasiado tarde, experimentará y descubrirá que en Jesús está la vida.
 
La fuerza de la fe
 
Dos dichos de Jesús constituyeron los pilares principales de los relatos que Marcos ha ensamblado: “Hija, tu fe te ha curado, vete en paz y sigue sana de tu tormento” “No temas, ten fe y basta”.  Estas dos frases, dichas a la mujer y al padre de la niña, ponen de manifiesto la importancia de la fe para experimentar la vida y percibir la presencia liberadora del Reino.  Sin fe no hay liberación ni puede haber gestos de vida.  La fe está dentro de estos dos hechos milagrosos, de estos dos relatos de vida.  Lo que salva no es el simple contacto físico, sino de fe.
Por la fuerza de su fe, la curada se va en paz, con plenitud interior y exterior de vida, como si hubiera vuelto a nacer.  Por la fuerza de la fe del padre, la niña se puso de pie y comenzó a andar, o sea, recupera la vida cuando ésta parecía que le había sido arrebatada.
Nada importante pasó hasta que no se llegó a un encuentro personal de Jesús.  ¿Cómo es hoy nuestra fe: una fe personal o de prestado? ¿Cómo es hoy mi fe?
A veces pasamos por alto que Jesús, más que atribuirse a sí mismo las curaciones que realiza, recuerda a los enfermos algo realmente sorprendente: “Tu fe te ha salvado”.  Quien sabe creer en el Dios de la vida y acierta confiar en Dios posee una fuerza capaz de liberarle de todo lo que deshumaniza y destruye como persona.
Cuando el Evangelio pone de manifiesto la enorme fuerza curativa de la fe, parece estar diciéndonos que no es anacrónico establecer correlación entre fe y salud, cuando ésta no queda reducida únicamente a lo fisiológico.  Sano es, en realidad, aquel que es capaz de realizar su total proyecto de vida en libertad.  Esta salud total es la que Jesús transmite: Él no se limita a curar enfermedades físicas sino a salvar.  La fe cura integralmente, o sea, salva.
Padre Daniel
 
 
Hebreos 11:1
La fe es garantía de lo que se espera;
 la prueba de las realidades que no se ven.
 
En algunos momentos de nuestra vida nos encontramos ante la realidad de nuestras limitaciones y finitud y descubrimos que sólo nos queda invocar a aquél, que no es visible a  nuestros ojos, pero que nuestra alma busca y necesita hablarle, alimentarse de Él, sentirlo al lado nuestro, y surgen expresiones como estas:
 
La marioneta de trapo (1)
 
“Si por un instante Dios se olvidara de que soy una marioneta de trapo y me regalara un trozo de vida, posiblemente no diría todo lo que pienso, pero en definitiva pensaría todo lo que digo.
Daría valor a las cosas, no por lo que valen, sino por lo que significan. Dormiría poco, soñaría más, entiendo que por cada minuto que cerramos los ojos, perdemos sesenta segundos de luz.  Andaría cuando los demás se detienen, despertaría cuando los demás duermen.  Escucharía cuando los demás hablan y ¡cómo disfrutaría de un buen helado de chocolate!
Si Dios me obsequiara un trozo de vida, vestiría sencillo, me tiraría de bruces al sol, dejando descubierto, no solamente mi cuerpo, sino mi alma.
Dios mío si yo tuviera un corazón, escribiría mi odio sobre el hielo, y esperaría a que saliera el sol.  Pintaría con un sueño de Van Gogh sobre  las estrellas un poema de Benedetti, y una canción de  Serrat sería la serenata que les ofrecería a la luna. Regaría con mis lágrimas  las rosas, para sentir el dolor de sus espinas, y el encarnado beso de sus pétalos...
Dios mío, si yo tuviera un trozo de vida...  No dejaría pasar un sólo día sin decirle a la gente que quiero, que la quiero.  Convencería a cada mujer u hombre que son mis favoritos y viviría enamorado del amor.
A los hombres les probaría ¡cuán equivocados están al pensar que dejan de enamorarse cuando envejecen, sin saber que envejecen cuando dejan de enamorarse!  A un  niño le daría alas, pero le dejaría que él solo aprendiese a volar.  A los viejos les enseñaría que la muerte no llega con la vejez, sino con el olvido.  Tantas cosas he aprendido de ustedes, los hombres...  He aprendido que  todo el mundo quiere vivir en la cima de la montaña, sin saber que la verdadera felicidad está en la forma de subir la escarpada.  He aprendido que cuando un recién nacido aprieta con su pequeño puño, por primera vez, el dedo de su padre, lo tiene atrapado por siempre.
He aprendido que un hombre sólo tiene derecho a mirar a otro hacia abajo, cuando ha de ayudarle a levantarse.  Son tantas cosas las que he podido aprender de ustedes, pero realmente de mucho no habrán de servir, porque cuando me guarden dentro de esa maleta, infelizmente me estaré muriendo.
Siempre di lo que sientes y haz lo que piensas.  Si supiera que hoy fuera la última vez que te voy a ver dormir, te abrazaría fuertemente y rezaría al Señor para poder ser el guardián de tu alma.  Si supiera que esta fuera la última vez que te vea salir por la puerta, te daría un abrazo, un beso y te llamaría de nuevo para darte más.  Si supiera que esta fuera la última vez que voy a oír tu voz, grabaría cada una de tus palabras para poder oírlas una y otra vez indefinidamente.  Si supiera que estos son los últimos minutos que te veo diría “te quiero” y no asumiría, tontamente, que ya lo sabes. 
Siempre hay un mañana y la vida nos da otra oportunidad para hacer las cosas  bien, pero por si me equivoco y hoy es todo lo que nos queda, me gustaría decirte cuanto te quiero, que nunca te olvidaré.
El mañana no le está asegurado a nadie, joven o viejo.  Hoy puede ser la última vez que veas a los que amas.  Por eso no esperes más, hazlo hoy, ya que si el mañana nunca llega, seguramente lamentarás el día que no tomaste tiempo para una sonrisa, un abrazo, un beso y que estuviste muy ocupado para concederles un último deseo.  Mantén a los que amas cerca de ti, diles al oído lo mucho que los necesitas, quiérelos y trátalos bien, toma tiempo para decirles “lo siento”, “perdóname”, “por favor”, “gracias” y todas las palabras de amor que conoces.
Nadie te recordará por tus pensamientos secretos.  Pide al Señor la fuerza y sabiduría para expresarlos.  Demuestra a tus amigos cuanto te importan.”
 
 
Lecturas de la Semana
 
Lunes 2: Am.  2,-10. 13-16;  Sal 49;  Mt. 8, 18-22.
Martes 3: Ef. 2, 19-22;  Sal 116; Jn. 20, 24-29.
Miércoles 4: Am. 5, 14 -15. 21-24; Sal 49; Mt. 8, 28-34.
Jueves 5: Am. 7, 10-17;  Sal 18; Mt. 9, 1-8.
Viernes 6:  Am. 8, 4-6. 9-12; Sal 118; Mt. 9, 9-13.
Sábado 7: Am. 9, 11-15; Sal 84; Mt. 9, 14-17.
 
Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las lecturas: El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y María. (1) Autor desconocido.
 
 
Círculo Peregrino: queremos compartir con vos la Palabra del Señor, por eso podemos ir a tu casa a visitarte a vos o algún familiar enfermo.
Lectio Divina: También podes venir para compartirla  el primer sábado de cada mes a las 16 hs. en:       
 
Círculo Bíblico San José
Parroquia San José:
Brandsen 4970 Villa Domínico.
 
 
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viernes, 22 de junio de 2012

Décimo segundo Domingo durante el año, Natividad de San Juan Bautista


Lecturas del 24-06-12

– Ciclo B –
 

 
 
«…la mano del Señor estaba con él »
 
 
Lectura del libro del profeta Isaías 49, 1-6
¡Escúchenme, costas lejanas, presten atención, pueblos remotos! El Señor me llamó desde el seno materno, desde el vientre de mi madre pronunció mi nombre. El hizo de mi boca una espada afilada, me ocultó a la sombra de su mano; hizo de mí una flecha punzante, me escondió en su aljaba. El me dijo: «Tú eres mi Servidor, Israel, por ti yo me glorificaré.» Pero yo dije: «En vano me fatigué, para nada, inútilmente, he gastado mi fuerza.» Sin embargo, mi derecho está junto al Señor y mi retribución, junto a mi Dios.
Y ahora, ha hablado el Señor, el que me formó desde el seno materno para que yo sea su Servidor, para hacer que Jacob vuelva a él y se le reúna Israel.
Yo soy valioso a los ojos del Señor y mi Dios ha sido mi fortaleza. El dice: «Es demasiado poco que seas mi Servidor para restaurar a las tribus de Jacob y hacer volver a los sobrevivientes de Israel; yo te destino a ser la luz de las naciones, para que llegue mi salvación hasta los confines de la tierra.»
Palabra de Dios.
 
Salmo 138
R. Te doy gracias porque fui formado  de manera tan admirable.
 
Señor, tú me sondeas y me conoces, tú sabes si me siento o me levanto; de lejos percibes lo que pienso,  te das cuenta si camino o si descanso,
y todos mis pasos te son familiares.  
R.

Tú creaste mis entrañas, me plasmaste en el seno de mi madre: te doy gracias porque fui formado
 de manera tan admirable. ¡Qué maravillosas son tus obras!  
R.
 
Tú conocías hasta el fondo de mi alma y nada de mi ser se te ocultaba, cuando yo era formado en lo secreto, cuando era tejido en lo profundo de la tierra.  R.
 
Lectura  de Hechos de los apóstoles   13, 22-26
Pablo decía: «Cuando Dios desechó a Saúl, les suscitó como rey a David, e; hijo de Jesé, a un hombre conforme a mi corazón que cumplirá siempre mi voluntad. De la descendencia de David hizo surgir para Israel un Salvador, qué es Jesús.
Como preparación a su venida, Juan había predicado un bautismo de penitencia a todo el pueblo de Israel. Y al final de su carrera, Juan decía: "Yo no soy el que ustedes creen, pero sepan que después de mí viene aquel a quien yo no soy digno de desatar las sandalias".
Hermanos, este mensaje de salvación está dirigido a ustedes: los descendientes de Abraham y los que temen a Dios.»   Palabra de Dios.

Santo Evangelio según san Lucas 1, 57-66. 80
Cuando llegó el tiempo en que Isabel debía ser madre, dio a luz un hijo. Al enterarse sus vecinos y parientes de la gran misericordia con que Dios la había tratado, se alegraban con ella.
A los ocho días, se reunieron para circuncidar al niño, y querían llamarlo Zacarías, como su padre; pero la madre dijo: «No, debe llamarse Juan.»
Ellos le decían: «No hay nadie en tu familia que lleve ese nombre.» 
Entonces preguntaron por señas al padre qué nombre quería que le pusieran. Este pidió una pizarra y escribió: «Su nombre es Juan.»
Todos quedaron admirados. Y en ese mismo momento, Zacarías recuperó el habla y comenzó a alabar a Dios.        
Este acontecimiento produjo una gran impresión entre la gente de los alrededores, y se lo comentaba en toda la región montañosa de Judea. Todos los que se enteraron guardaban este recuerdo en su corazón y se decían: «¿Qué llegará a ser este niño?» Porque la mano del Señor estaba con él.   
El niño iba creciendo y se fortalecía en su espíritu; y vivió en lugares desiertos hasta el día en que se manifestó a Israel.  Palabra del Señor.
  
Reflexión   
 
La Iglesia celebra el Nacimiento  de San Juan Bautista ya desde el siglo IV. Juan, hijo de Zacarías e Isabel, pariente de la Virgen, es el Precursor de Jesucristo, y a esta misión consagra su vida entera. 
"Siendo rey de Judea Herodes Antipas, hubo un sacerdote, llamado Zacarías, casado con una mujer, llamada Isabel. Los dos eran justos y guardaban la ley de Dios. No tenían hijos y ambos eran ya viejos." Así lo relata en su primer capítulo el evangelio de san Lucas.  Le tocó en suerte a Zacarías ofrecer incienso al Señor, en el templo, sobre el altar. Y ese día el ángel Gabriel le habló:
-No temas, Zacarías, porque tu oración ha sido oída. Isabel, tu mujer, dará a luz a un hijo, al cual llamarás Juan, quien será grande delante de Dios.
- ¿Cómo puedo creer lo que me dices? - exclamó Zacarías.
- Yo soy Gabriel, uno de los Ángeles que asiste delante de Dios. Y he aquí que, en castigo de tu incredulidad, permanecerás mudo y no podrás hablar hasta el día en que todas estas cosas se realicen.
El niño nació seis meses antes que  Jesucristo. Sólo entonces Zacarías volvió a hablar, y fue para alabar a Dios.
Juan significa "aquel en quien habita la gracia". 
Juan viene a ser como la línea divisoria entre los dos Testamentos, el antiguo y el nuevo. Así lo atestigua el mismo Señor, cuando dice: La ley y los profetas llegaron hasta Juan. Por tanto, él es como la personificación de lo antiguo y el anuncio de lo nuevo. Porque personifica lo antiguo, nace de padres ancianos; porque personifica lo nuevo, es declarado profeta en el seno de su madre. Aún no ha nacido y, al venir la Virgen María, salta de gozo en las entrañas de su madre. Con ello queda ya señalada su misión, aun antes de nacer; queda demostrado de quién es precursor, antes de que él lo vea. Estas cosas pertenecen al orden de lo divino y sobrepasan la capacidad de la humana pequeñez. Finalmente, nace, se le impone el nombre, queda expedita la lengua de su padre. Estos acontecimientos hay que entenderlos con toda la fuerza de su significado.
 
"El cielo debe ganarse predicando. Tú eres el precursor". Toda la  vida de Juan está colmada de gracia divina. Juan fue colmado del Espíritu Santo en el vientre de la madre, al visitarla María.
Cuando se desató la persecución de Herodes, el pequeño tenía un año y medio. Se cree que Isabel huyó a las montañas más escondidas y allí vivió cuarenta días en una cueva, mientras Zacarías perdía la vida por no querer descubrir el sitio a los sicarios de Herodes.
Hasta el momento de iniciar su misión profética, Juan permaneció mucho tiempo en el desierto. Modernas investigaciones autorizan a creer que vivió con los esenios - una secta cenobítica del desierto de Judá entregada a los ayunos y la oración -, que ya practicaban el bautismo con agua, que Juan empleó con los que iban hacia él y que simbolizaba la purificación del espíritu.
Es el primer anacoreta inmediatamente precristiano. En soledad, oyó la voz del Señor: "El cielo debe ganarse predicando. Tú eres el precursor". Así se puso Juan a predicar y a bautizar, comenzando su misión en la otra parte del Jordán.
 
¿Para qué fue enviado Juan? La santidad del precursor era reconocida por todos; vino a la existencia para señalar a los hombres que Jesús era el Mesías prometido. Por eso se lo ha llamado el último profeta del antiguo testamento.
Un día ve Juan a Jesús venir hacia él. Y entonces dice: "He aquí el cordero de Dios, que quita el pecado del mundo". Y de él diría Jesús: "Entre los hombres nacidos de mujer, ninguno hay mayor que Juan".
 
Testigos de su luz. La misión de Juan el Bautista se caracteriza sobre todo por ser el Precursor, aquel que anuncia al Señor: “vino como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por él. No era la luz, sino el que había de dar testimonio de la luz”. Así empieza San Juan su evangelio, él que conoció a Jesús gracias a la preparación que recibió de San Juan Bautista.
El cántico de Zacarías, que recoge San Lucas en el capítulo 1 de su Evangelio profetiza  la misión de San Juan como heraldo del Altísimo y precursor del Mesías:
Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo, porque irás delante del Señor a preparar los caminos, anunciando a su pueblo la salvación, el perdón de sus pecados.
 
La predicación de Juan Bautista estaba en perfecta armonía con su vida austera. “Hagan penitencia, decía, porque está cerca el reino de los Cielos”. Sus palabras, acompañadas de su ejemplo, movían a todos los que lo oían.
La santidad de San Juan, su vida sacrificada y su predicación habían hecho que algunos de sus discípulos pensaran que él era el Mesías esperado. 
Le preguntaban:
- ¿Por qué bautizas si no eres el Cristo?
Y él respondía:
- Yo bautizo con agua, pero en medio de vosotros está aquel a quien no conocéis: el que viene después de mí, al que no soy digno de desatar el calzado.
 
Con su vida y sus palabras Juan dio testimonio de la verdad, sin tener miedo a los que tenían el poder político; sin desviarse por las alabanzas de las multitudes; sin ceder a las continuas presiones de los fariseos. Perdió su vida por reprochar al rey Herodes el hecho de que conviviese con la mujer de su hermano.
 
Hoy: El Señor quiere de nosotros que también seamos como el Bautista, testigos de su luz. Es la misma misión de Juan la que Jesús nos encomienda a nosotros en estos días, para que la ejerzamos en nuestros ambientes, en nuestros hogares y en nuestros trabajos: Preparen los caminos. Sean los que anuncian a los demás la venida del Reino de Dios.
 
La coherencia entre lo que creemos y nuestra conducta es la mejor enseñanza que nos deja la vida de San Juan. Nuestra devoción por el Santo debe llevarnos a aprender de él esa unidad de vida que lo llevó a no condescender con las injusticias y las ofensas al Señor.
 
Pidamos al Señor que seamos  como Juan, “la voz que clama en el desierto”. Que seamos Señor tu voz, en medio del mundo, en el ambiente y en el lugar que has querido que transcurra la existencia de cada uno de nosotros.
 
Oh, amado Jesús, ayúdame a esparcir Tu fragancia por donde quiera que vaya. Inunda mi alma con Tu Espíritu y Vida. Penetra y posee todo mi ser tan completamente, que mi vida entera sea un resplandor de la tuya. Brilla a través de mí y permanece tan dentro de mí, que cada alma con que me encuentre pueda sentir Tu presencia en la mía.  ¡Permite que no me vean a mí, sino solamente a Jesús!         Madre Teresa de Calcuta

“Te llamé a vivir”
 
Te preguntas, hijo mío, por qué existes, por qué vives, por qué te encuentras en este mundo.
Más de una vez te he sorprendido pensando que hubiera sido mejor no haber nacido.
Tus días están teñidos de tristeza, nada motiva una esperanza.
 
Hijo; Quiero decirte claramente que fui yo quien te llamó a la vida. Yo te concebí primero en mi inteligencia. Vives en mi corazón, desde el principio.
No viniste por casualidad, ni eres fruto del azar.
 
Te llamé a vivir. A ti.  Exclusivamente a ti. Te hice irrepetible. Nadie tiene tu misma voz, Ni tus mismos ojos, Ni tus mismos rasgos interiores.
 
Te di virtudes... ¿Las ha descubierto? Te di cualidades... ¿Las conoces? Te hice hermoso con mis propias manos. Te comuniqué mi vida. Deposité en ti mi propio amor con abundancia.
 
Te hice ver el paisaje y el color. Te di el oído para que escucharas el canto De los pájaros y la voz de los hombres. Te di la palabra para decir: “PADRE”, “MADRE”, “AMIGO”, “HERMANO”.
 
Te di mi amor más profundo. No sólo te di la vida, te estoy sosteniendo en ella, tú eres mi hijo amado.
 
Te conozco cuando respiras y te cuido cuando duermes. No lo dudes, mis ojos están puestos en tus ojos, mi mano la tengo colocada sobre tu cabeza.
 
TE AMO, aunque no me ames, ya lo sabes. Podrás ir donde puedas y donde quieras, hasta allá te seguirá mi amor y te sostendrá mi diestra.
O crees que yo, como PADRE, ¿puedo olvidar a mi hijo?
 
¡Ni lo sueñes! Desde que te hice ya no te puedo dejar solo. Camino contigo y sonrío contigo.  Vivo en ti. Te lo escribo de mil maneras y te lo digo al oído. 
Y en silencio: ERES MI HIJO. TE AMO. 
                                                        DIOS
  
 
Lecturas de la Semana
 
Lunes 25: 2 Rey.  17,5-8. 13-15.18; Sal 59;  Mt. 7, 1-5.
Martes 26: 2 Rey. 19, 9- 36;  Sal 47; Mt. 7, 6. 12-14.
Miércoles 27: 2Rey. 22, 8 - 23, 3; Sal 118; Mt. 7, 15-20.
Jueves 28: 2 Rey. 24, 8-17;  Sal 78; Mt. 7, 21-29.
Viernes 29:  Hech. 12, 1-11; Sal 33; 2 Tim. 4, 6-8. 17-18. Mt. 16, 13-19.
Sábado 30: Lam. 2, 2. 10-14. 18-19; Sal 73; Mt. 8, 5-17.
 
Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las lecturas: El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y María.
 
 
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Lectio Divina: También podes venir para compartirla  el primer sábado de cada mes a las 16 hs. en:       
 
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