Intención para la evangelización ‐

Intenciones de oración de septiembre: Oremos por una gestión justa y sostenible del agua, recurso vital, para que todos tengan acceso equitativo a ella.

"Todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre"

"Todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre" Mt 7, 7-8. No sé qué quería, pero había algo en mí que me movía a buscar, tal vez que las cosas tengan sentido, y te encontré. Me cuestionaba sobre la vida y me diste tu sabiduría para que pueda encontrar alegría y paz. Ante mis miedos y dudas, te pido que me acompañes en mi peregrinar y me das tu Espíritu Santo, el mismo que te acompaño a vos, hoy me acompaña a mí, me asiste y guía. Hoy sigo buscando más de tu Palabra, de la Verdad y el camino, con la confianza puesta en vos, Dios mío, sé que estás presente en mi vida. Ven Señor Jesús, te necesito.

Del libro de la Sabiduría 6, 12-16

Del libro de la Sabiduría 6, 12-16: La Sabiduría es luminosa y nunca pierde su brillo: se deja contemplar fácilmente por los que la aman y encontrar por los que la buscan. Ella se anticipa a darse a conocer a los que la desean. El que madruga para buscarla no se fatigará, porque la encontrará sentada a su puerta. Meditar en ella es la perfección de la prudencia, y el que se desvela por su causa pronto quedará libre de inquietudes. La Sabiduría busca por todas partes a los que son dignos de ella, se les aparece con benevolencia en los caminos y le sale al encuentro en todos sus pensamientos.

viernes, 7 de febrero de 2014

Presentación del Niño en el templo

 
 
“mis ojos han visto la salvación que preparaste delante de todos los pueblos”
 
Lecturas del 2-02-14
 
Presentación del  Niño en el templo 
(Ciclo A)
 
Lectura de la profecía de Malaquías 3, 1-4
Así habla el Señor Dios. Yo envío a mi mensajero, para que prepare el camino delante de mí. Y en seguida entrará en su Templo el Señor que ustedes buscan; y el Ángel de la alianza que ustedes desean ya viene, dice el Señor de los ejércitos.
¿Quién podrá soportar el Día de su venida? ¿Quién permanecerá de pie cuando aparezca? Porque él es como el fuego del fundidor y como la lejía de los lavanderos. El se sentará para fundir y purificar: purificará a los hijos de Leví y los depurará como al oro y la plata; y ellos serán para el Señor los que presentan la ofrenda conforme a la justicia.   
La ofrenda de Judá y de Jerusalén será agradable al Señor, como en los tiempos pasados, como en los primeros años. Palabra de Dios.

Salmo 23
 
R. El Rey de la gloria es el Señor de los ejércitos.
 
¡Puertas, levanten sus dinteles,  levántense, puertas eternas, para que entre el Rey de la gloria!  R.
¡Y quién es ese Rey de la gloria? Es el Señor, el fuerte, el poderoso, el Señor poderoso en los combates.  R.
¡Puertas, levanten sus dinteles, levántense, puertas eternas, para que entre el Rey de la gloria!  R.
 ¿Y quién es ese Rey de la gloria? El Rey de la gloria es el Señor de los ejércitos.  R.

Lectura de la carta a los Hebreos 2, 14-18
Ya que los hijos tienen una misma sangre y una misma carne, él también debía participar de esa condición, para reducir a la impotencia, mediante su muerte, a aquel que tenía el dominio de la muerte, es decir, al demonio, y liberar de este modo a todos los que vivían completamente esclavizados por el temor de la muerte.         
Porque él no vino para socorrer a los ángeles, sino a los descendientes de Abraham. En consecuencia, debió hacerse semejante en todo a sus hermanos, para llegar a ser un Sumo Sacerdote misericordioso y fiel en el servicio de Dios, a fin de expiar los pecados del pueblo. Y por haber experimentado personalmente la prueba y el sufrimiento, él puede ayudar a aquellos que están sometidos a la prueba. Palabra de Dios.
 
Santo Evangelio según san Lucas 2, 22-40
Cuando llegó el día fijado por la Ley de Moisés para la purificación, llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor, como está escrito en la Ley: Todo varón primogénito será consagrado al Señor. También debían ofrecer en sacrificio un par de tórtolas o de pichones de paloma, como ordena la Ley del Señor.  
Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, que era justo y piadoso, y esperaba el consuelo de Israel. El Espíritu Santo estaba en él y le había revelado que no moriría antes de ver al Mesías del Señor. Conducido por el mismo Espíritu, fue al Templo, y cuando los padres de Jesús llevaron al niño para cumplir con él las prescripciones de la Ley, Simeón lo tomó en sus brazos y alabó a Dios, diciendo:
«Ahora, Señor, puedes dejar que tu servidor muera en paz, como lo has prometido,  porque mis ojos han visto la salvación que preparaste delante de todos los pueblos: luz para iluminar a las naciones paganas y gloria de tu pueblo Israel.»
Su padre y su madre estaban admirados por lo que oían decir de él. Simeón, después de bendecirlos, dijo a María, la madre: «Este niño será causa de caída y de elevación para muchos en Israel; será signo de contradicción, y a ti misma una espada te atravesará el corazón. Así se manifestarán claramente los pensamientos íntimos de muchos.»     
Había también allí una profetisa llamada Ana, hija de Fanuel, de la familia de Aser, mujer ya entrada en años, que, casada en su juventud, había vivido siete años con su marido. Desde entonces había permanecido viuda, y tenía ochenta y cuatro años. No se apartaba del Templo, sirviendo a Dios noche y día con ayunos y oraciones. Se presentó en ese mismo momento y se puso a dar gracias a Dios. Y hablaba acerca del niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén.             
Después de cumplir todo lo que ordenaba la Ley del Señor, volvieron a su ciudad de Nazaret, en Galilea. El niño iba creciendo y se fortalecía, lleno de sabiduría, y la gracia de Dios estaba con él. Palabra del Señor.
  
Santoral: Presentación del Señor; solemnidad
 
En esta solemnidad del Señor, la Iglesia celebra a Jesús como luz del mundo.
Recuerda cuando José y María acuden al templo para dar cumplimiento a los ritos que prescribía la ley de Moisés en relación con el rescate de los primogénitos y la purificación de las parturientas.
El Espíritu Santo es protagonista destacadísimo de esta solemnidad. El Padre lo derrama sobre Simeón, quien saluda al niño Jesús no sólo como rey mesiánico de Israel, sino como luz y vida de todos los pueblos.
La piedad cristiana contempla hoy muy especialmente a María, que se asocia desde este primer acto de culto de Cristo, a la ofrenda perfecta que su hijo efectuará en la cruz; la Virgen comienza esta misión en el templo, por el misterio de su dolor y su solidaridad absoluta, de corazón a corazón, con los sentimientos del Señor Jesús.
La Iglesia ha celebrado esta fiesta desde el siglo V en adelante, aunque su introducción en Occidente es algo más tardía (siglo VII). El Señor fue conducido al templo por José y María no sólo para cumplir las exigencias de la ley antigua, que Jesús no había venido a abolir, sino a dar plenitud- espiritualizándola-, pero sobre todo para salir al encuentro de los creyentes.
El pueblo fiel se congrega hoy, como Simeón y Ana en aquellos días, por inspiración del Espíritu y busca el encuentro de su Salvador en la fracción del pan eucarístico, mientras espera su venida gloriosa.
Los cirios, o candelas, que se bendicen al comenzar la liturgia eucarística son signo de la presencia iluminadora de Jesús y simbolizan el propósito de los fieles de cumplir la ley nueva de Cristo.
Juan Pablo II enseña que cada una de las velas "recuerda el sacramento del bautismo con el que Cristo comenzó a alumbrar nuestra vida con la luz del Evangelio"; es una luz que debe purificarnos, porque Jesús llevado al templo es también ese "signo de contradicción", que profetizó el anciano Simeón, ante el cual los hombres habrán de tomar necesariamente partido. Las candelas encendidas hoy deben simbolizar, pues, nuestro anhelo de consumirnos para Cristo, siendo, como él, luz del mundo.
 
Para ayudarnos a meditar la Palabra: 

a) Según la ley de Moisés / del Señor: es una especie de estribillo, muchas veces repetido. Lucas mezcla dos prescripciones, sin mucha distinción. La purificación de la madre era prevista por el Levítico (12,2-8) y se cumplía cuarenta días después del parto. Hasta ese momento la mujer no podía acercarse a los lugares sagrados, y la ceremonia era acompañada de una ofrenda de animales pequeños, un cordero primal y un pichón o una tórtola. Sin embargo la consagración del primogénito estaba prescrita en el Éxodo 13, 11-16: y era considerada una especie de "rescate" – también con la ofrenda de pequeños animales – en recuerdo de la acción salvífica de Dios cuando libró a los israelitas de la esclavitud de Egipto. En toda la escena los padres aparecen como en el acto de presentar / ofrecer el hijo como se hacía con las víctimas y los levitas; mientras en la figura de Simeón y Ana aparece más bien Dios que ofrece /presenta al hijo para la salvación del pueblo.

b) Las figuras de Simeón y Ana: son figuras cargadas de valor simbólico. Ellos tienen la tarea del reconocimiento, que proviene tanto de la iluminación y del movimiento del Espíritu, como también de una vida llevada en la espera más intensa y confiada.
En particular a Simeón se le define como el "prosdekòmenos", a saber, uno que está todo concentrado en la espera, uno que va al encuentro para acoger. Por eso, él también aparece obediente a la ley, la del Espíritu, que lo empuja hacia el Niño, dentro del templo. También el cántico proclama manifiestamente esta su pro-existencia: ha vivido para llegar a este momento: ahora se marcha, para que otros vean también la luz y la salvación para Israel y para las gentes. A su vez Ana, con su avanzada edad, pero sobretodo con su modo de vivir (ayuno y oración) y con la proclamación de quien "esperaba", completa el cuadro. Ella es guiada por el espíritu de profecía, dócil y purificada en el corazón. Además, pertenece a la tribu más pequeña, la de Aser: signo de que los pequeños y los débiles están más dispuestos a reconocer a Jesús el Salvador. Estos dos ancianos – que son como una pareja original – son símbolos del mejor judaísmo, de la Jerusalén fiel y dócil, que espera y se alegra, y que deja desde ahora en adelante brillar la nueva luz.

c) Una espada que traspasa: en general se interpreta como anuncio de sufrimiento para María, un drama visualizado de la Dolorosa. Pero debemos más bien entender aquí a la Madre como el símbolo de Israel: Simeón intuye el drama de su pueblo, que será profundamente herido de la palabra viva y cortante del redentor (cfr Lc 12, 51-53). María representa el recorrido. Debe confiar pero atravesará dolores y obscuridad, luchas y silencios angustiosos. La historia del Mesías sufriente será dilacerante para todos, también para la Madre: no se sigue a la nueva luz destinada al mundo entero, sin pagar el precio, sin ser provocados a tomar decisiones de riesgo, sin renacer siempre de nuevo de lo alto y en novedad. Pero estas imágenes de "la espada que traspasa," del niño "que hará caer" y sacará a los corazones del sopor, no van separadas del gesto tan cargado de sentido de los dos ancianos: el uno, Simeón, toma entre los brazos el niño, para indicar que la fe es encuentro y abrazo, no idea o teorema: la otra, se hace anunciadora y enciende en "los que esperan" una fulgurante luz.
d) La vida cotidiana, epifanía de Dios: finalmente, es interesante notar que todo el episodio da relieve a las situaciones más simples y familiares: la pareja de esposos con el niño en brazos; el anciano que goza y abraza; la anciana que reza y anuncia, los oyentes que aparecen indirectamente comprometidos. También la conclusión del pasaje sagrado hace entrever el pueblo de Nazaret, el crecimiento del niño en un contexto normal, la impresión de un niño dotado de forma extraordinaria de sabiduría y bondad. El tema de la sabiduría entrelazada con la vida normal de crecimiento y en el contexto del pueblo, deja la historia como suspendida: ella se reabrirá precisamente con el tema de la sabiduría del muchacho entre los doctores del templo. Y es precisamente también el episodio que sigue inmediatamente (Lc 2, 41-52).
 
La Jornada Mundial de la Vida Consagrada: se celebra en la fiesta en que se hace memoria de la presentación que María y José hicieron de Jesús en el templo "para ofrecerlo al Señor"         .
Tiene lugar por primera vez el 2 de febrero de 1997 y tiene como objetivo ayudar a toda la Iglesia a valorar cada vez más el testimonio de quienes han elegido seguir a Cristo de cerca mediante la práctica de los consejos evangélicos y, al mismo tiempo, quiere ser para las personas consagradas una ocasión propicia para renovar los propósitos y reavivar los sentimientos que deben inspirar su entrega al Señor.        
La misión de la vida consagrada en el presente y en el futuro de la Iglesia, en el tercer milenio, no se refiere sólo a quienes han recibido este especial carisma, sino a toda la comunidad cristiana. En la exhortación apostólica post-sinodal Vita consecrata, publicada en 1996 por Juan Pablo II, escribía: "En realidad, la vida consagrada está en el corazón mismo de la Iglesia como elemento decisivo para su misión, ya que «indica la naturaleza íntima de la vocación cristiana» y la aspiración de toda la Iglesia Esposa hacia la unión con el único Esposo" (n. 3). A las personas consagradas, pues, quisiera repetir la invitación a mirar el futuro con esperanza, contando con la fidelidad de Dios y el poder de su gracia, capaz de obrar siempre nuevas maravillas: "¡Vosotros no solamente tenéis una historia gloriosa para recordar y contar, sino una gran historia que construir! Poned los ojos en el futuro, hacia el que el Espíritu os impulsa para seguir haciendo con vosotros grandes cosas" (ib., 110).
 
 
Exhortación apostólica Evangelii Gaudium:
nos invita a una nueva etapa evangelizadora marcada por la alegría
 
LA TRANSFORMACIÓN MISIONERA DE LA IGLESIA
19. La evangelización obedece al mandato misionero de Jesús: «Id y haced que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a observar todo lo que os he mandado» (Mt 28,19-20). En estos versículos se presenta el momento en el cual el Resucitado envía a los suyos a predicar el Evangelio en todo tiempo y por todas partes, de manera que la fe en Él se difunda en cada rincón de la tierra.
I. Una Iglesia en salida
20. En la Palabra de Dios aparece permanentemente este dinamismo de  «salida» que Dios quiere provocar en los creyentes. Abraham aceptó el llamado a salir hacia una tierra nueva (cf. Gn 12,1-3). Moisés escuchó el llamado de Dios: «Ve, yo te envío» (Ex3,10), e hizo salir al pueblo hacia la tierra de la promesa (cf. Ex 3,17). A Jeremías le dijo: «Adondequiera que yo te envíe irás»
(Jr 1,7). Hoy, en este «id» de Jesús, están presentes los escenarios y los desafíos siempre nuevos de la misión evangelizadora de la Iglesia, y todos somos llamados a esta nueva «salida» misionera.
Cada cristiano y cada comunidad discernirá cuál es el camino que el Señor le pide, pero todos somos invitados a aceptar este llamado: salir de la propia comodidad y atreverse a llegar a todas las periferias que necesitan la luz del Evangelio.
21. La alegría del Evangelio que llena la vida de la comunidad de los discípulos es una alegría misionera. La experimentan los setenta y dos discípulos, que regresan de la misión llenos de gozo (cf. Lc 10,17). La vive Jesús, que se estremece de gozo en el Espíritu Santo y alaba al Padre porque su revelación alcanza a los pobres y pequeñitos (cf. Lc 10,21). La sienten llenos de admiración los primeros que se convierten al escuchar predicar a los Apóstoles « cada uno en su propia lengua
» (Hch 2,6) en Pentecostés. Esa alegría es un signo de que el Evangelio ha sido anunciado y está dando fruto. Pero siempre tiene la dinámica del éxodo y del don, del salir de sí, del caminar y sembrar siempre de nuevo, siempre más allá.
El Señor dice: «Vayamos a otra parte, a predicar también en las poblaciones vecinas, porque para eso he salido» (Mc 1,38). Cuando está sembrada la semilla en un lugar, ya no se detiene para explicar mejor o para hacer más signos allí, sino que el Espíritu lo mueve a salir hacia otros pueblos.
22. La Palabra tiene en sí una potencialidad que no podemos predecir. El Evangelio habla de una semilla que, una vez sembrada, crece por sí sola también cuando el agricultor duerme (cf. Mc 4,26-29). La Iglesia debe aceptar esa libertad de la Palabra, que es eficaz a su manera, y de formas muy diversas que suelen superar nuestras previsiones y romper nuestros esquemas.
23. La intimidad de la Iglesia con Jesús es una intimidad itinerante, y la comunión «esencialmente se configura como comunión misionera». Fiel al modelo del Maestro, es vital que hoy la Iglesia salga a anunciar el Evangelio a todos, en todos los lugares, en todas las ocasiones, sin demoras, sin asco y sin miedo. La alegría del Evangelio es para todo el pueblo, no puede excluir a nadie. Así se lo anuncia el ángel a los pastores de Belén: «No temáis, porque os traigo una Buena Noticia, una gran alegría para todo el pueblo» (Lc 2,10). El Apocalipsis se refiere a «una Buena Noticia, la eterna, la que él debía anunciar a los habitantes de la tierra, a toda nación, familia, lengua
y pueblo» (Ap 14,6).
 
“Nunca perdamos la esperanza.
Jamás la apaguemos en nuestro corazón.”
 
"Ojalá Jesús te vaya marcando el camino para encontrarte con quien necesita más.
Tu corazón, cuando te encuentres con aquél que más necesita, se va a empezar a agrandar, agrandar, agrandar, porque el encuentro multiplica
la capacidad del amor, agranda el corazón".
 
Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las reflexiones: El libro del Pueblo de Dios. Lectionautas. Servicio Bíblico Latinoamericano. Catholic net.
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Cuadro de texto: Círculo Bíblico San José
Parroquia San José:
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Tercer Domingo durante el año, “Síganme, y yo los haré pescadores de hombres”

 
 
“Síganme, y yo los haré pescadores de hombres”
Lecturas del 26-01-14
 
Tercer Domingo durante el año (Año A)
 
Libro de Isaías 8, 23b - 9, 3              En un primer tiempo, el Señor humilló al país de Zabulón y al país de Neftalí, pero en el futuro llenará de gloria la ruta del mar, el otro lado del Jordán, el distrito de los paganos.
El pueblo que caminaba en las tinieblas ha visto una gran luz; sobre los que habitaban en el país de la oscuridad ha brillado una luz.
Tú has multiplicado la alegría, has acrecentado el gozo; ellos se regocijan en tu presencia, como se goza en la cosecha, como cuando reina la alegría por el reparto del botín.
Porque el yugo que pesaba sobre él, la barra sobre su espalda y el palo de su carcelero, todo eso lo has destrozado como en el día de Madián.
Palabra de Dios.
 
Salmo 26
 
R: El Señor es mi luz y mi salvación
 
El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? El Señor es el baluarte de mi vida, ¿ante quién temblaré? R      Una sola cosa he pedido al Señor, y esto es lo que quiero: vivir en la Casa del Señor todos los días de mi vida, para gozar de la dulzura del Señor y contemplar su Templo. R    Yo creo que contemplaré la bondad del Señor en la tierra de los vivientes. Espera en el Señor y sé fuerte; ten valor y espera en el Señor.  R            
1ºCarta de Pablo a los Corintios 1,10-14.16-17 
Hermanos, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, yo los exhorto a que se pongan de acuerdo: que no haya divisiones entre ustedes y vivan en perfecta armonía, teniendo la misma manera de pensar y de sentir. Porque los de la familia de Cloe me han contado que hay discordias entre ustedes. Me refiero a que cada uno afirma: «Yo soy de Pablo, yo de Apolo, yo de Cefas, yo de Cristo». ¿Acaso Cristo está dividido? ¿O es que Pablo fue crucificado por ustedes? ¿O será que ustedes fueron bautizados en el nombre de Pablo? Felizmente yo no he bautizado a ninguno de ustedes, excepto a Crispo y a Gayo.  Sí, también he bautizado a la familia de Estéfanas, pero no recuerdo haber bautizado a nadie más. Porque Cristo no me envió a bautizar, sino a anunciar la Buena Noticia, y esto sin recurrir a la elocuencia humana, para que la cruz de Cristo no pierda su eficacia.    Palabra de Dios.       
Evangelio según San Mateo 4, 12-23             
Cuando Jesús se enteró de que Juan había sido arrestado, se retiró a Galilea. Y, dejando Nazaret, se estableció en Cafarnaúm, a orillas del lago, en los confines de Zabulón y Neftalí, para que se cumpliera lo que había sido anunciado por el profeta Isaías: ¡Tierra de Zabulón, tierra de Neftalí, camino del mar, país de la Transjordania, Galilea de las naciones! El pueblo que se hallaba en tinieblas vio una gran luz; sobre los que vivían en las oscuras regiones de la muerte, se levantó una luz. A partir de ese momento, Jesús comenzó a proclamar: "Conviértanse, porque el Reino de los Cielos está cerca".       
Mientras caminaba a orillas del mar de Galilea, Jesús vio a dos hermanos: a Simón, llamado Pedro, y a su hermano Andrés, que echaban las redes al mar porque eran pescadores. Entonces les dijo: "Síganme, y yo los haré pescadores de hombres". Inmediatamente, ellos dejaron las redes y lo siguieron.    
Continuando su camino, vio a otros dos hermanos: a Santiago, hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban en la barca con Zebedeo, su padre, arreglando las redes; y Jesús los llamó. Inmediatamente, ellos dejaron la barca y a su padre, y lo siguieron.           
Jesús recorría toda la Galilea, enseñando en las sinagogas, proclamando la Buena Noticia del Reino y curando todas las enfermedades y dolencias de la gente.        Palabra del Señor.
 
Reflexión:
 
Retomando lo reflexionado en el texto del domingo anterior, cuando Juan el Bautista es puesto en la cárcel, por Herodes Antipas, Jesús se va a Galilea y se instala allí para dar cumplimiento a la profecía de Isaías que está en el Capítulo 9. Las regiones de Galilea, que vivían “en la oscuridad” ahora ven una gran luz.
 
El Señor es mi luz y mi salvación. El tema de la luz, que brilla en medio de las tinieblas es una forma muy importante para destacar en todo el ministerio de Jesús. La luz de la estrella, la luz del mesías. Y a todos los que viven en la oscuridad, Dios otorga su luz por medio de su Hijo. Jesucristo, revelación del amor del Padre, ilumina toda situación humana por dramática que ésta sea, porque él ha asumido nuestra condición humana hasta sus últimas consecuencias. Cuando Cristo ilumina nuestras almas no hay lugar en ella para el temor o el desaliento, por el contrario, en ella surge la paciencia que todo lo soporta, la fortaleza capaz de las más grandes empresas, la generosidad que no se reserva nada para sí. El alma descubre en sí capacidades hasta entonces desconocidas.
"Espera en el Señor, sé valiente, ten ánimo, espera en el Señor". Palabras que iluminan nuestra existencia muchas veces turbada por las angustias del mundo, por los temores del mal, por la incertidumbre del futuro, pero Cristo no deja de llamarnos: Vengan y síganme…
“Conviértanse, porque el Reino de los Cielos está cerca". Anuncia Jesús en su  «primera predicación» y va a ser la tónica dominante de su evangelización: la venida del Reino de Dios, como buena noticia que invita al cambio.
Y el discurso de Jesús aquí era muy sencillo, pero muy profundo: “Vuélvanse a Dios”, «cambien su vida y su corazón porque el Reino de los Cielos se ha acercado» (traduce la Biblia Latinoamericana).
 
No era sólo un anuncio, sino una con-moción: Jesús anunciaba para empujar al cambio, para animar la esperanza en el cambio que Dios mismo estaba a punto de hacer. Volverse a Dios significa un cambio radical de vida. Dejar las malas costumbres y vivir de acuerdo a como el Dios de la vida presente entre nosotros nos enseña. Esto se dice como “metánoia” es decir transformación, conversión.
 
Aquí hay una doble dirección: hay que cambiar (convertirse) «porque» viene el Reinado de Dios, y, también, hay que cambiar «para que» venga, para hacer posible que venga, porque cambiando, en nuestro cambiar, ya está viniendo ese Reinado.
 
Discipulado: Jesucristo, desde el inicio de su vida pública, llama a otros y los asocia a su misión salvífica. Jesucristo ha querido asociar a los hombres con la obra salvífica. En el evangelio de hoy lo vemos llamando a los primeros apóstoles para que lo sigan y para constituirlos pescadores de hombres. Ellos, entrando en su interior, experimentan el amor electivo de Jesús y manifiestan una disponibilidad y una generosidad ilimitada sostenidos por la gracia divina. Dejan a su padre, dejan su antiguo oficio y se ponen en camino siguiendo las huellas de Jesús. Estar convertido, es seguir a Jesús, cambiar de vida, dejarlo todo y emprender un nuevo camino.
Cristo quiso que el hombre participara en la misión redentora. Él será el verdadero y único mediador, pero los hombres, llamados por él, serán sus apóstoles quienes proclamarán el Evangelio. Los apóstoles, por su parte, van profundizando poco a poco en el significado de su participación en la misión de Cristo. La experiencia profunda de esta participación los hará exclamar: nosotros no podemos más que hablar de lo que hemos visto y oído (Hech 4,20). Esta experiencia es la que hará que san Pablo repita de mil modos que Cristo lo eligió para ser apóstol del evangelio sin ningún mérito propio, y que él tiene el deber y el derecho de predicar y ¡Hay de él si no lo hiciese!
En toda llamada de Dios se da esta participación en la misión real de Cristo, o sea el hecho de redescubrir en sí y en los demás la particular dignidad de la propia vocación. Esta dignidad se expresa en la disponibilidad para servir, según el ejemplo de Cristo, que "no ha venido para ser servido, sino para servir". Hay que mirar con infinito respeto la vocación divina a una entrega total. Así como Dios llamó en el pasado a los apóstoles, así también hoy nos sigue llamando a una vida de consagración a la extensión de su Reino.
 
El carácter central de Jesús.  La iniciativa es suya (“vio, les dijo, los llamó”), no son ellos los que se constituyeron a sí mismos discípulos, sino Jesús quien los llama.  Además el discípulo no es llamado para asimilar una doctrina, ni siquiera para vivir un proyecto de existencia, sino para solidarizarse con una persona (“síganme”).  Es la adhesión a la persona de Jesús.
 
El atractivo de la llamada de Jesús es tan fuerte que les lleva a un profundo discernimiento.  Los hace capaces de romper los lazos sociales, dejar el oficio, los medios económicos (redes y barca) y la familia (padre) para irse detrás de Él.  El oficio representa la seguridad y la identidad social; el padre representa las raíces de uno mismo.
 
El seguimiento es un camino.  Esto se representa en dos movimientos “dejar y seguir”, que indican un desplazamiento del centro de la vida.  La llamada de Jesús nos pone sobre el camino marcado por Él, para que nosotros podamos seguir tras sus huellas y proseguir su causa para vivir como hijos y anunciar su Buena Noticia, hoy y aquí, en estas condiciones actuales.
 
El seguimiento es  misión.  Dos son las coordenadas del discípulos: la comunión con el Maestro (“síganme”) y una carrera hacia el mundo (“los haré pescadores de hombres”).  La segunda nace de la primera.  Jesús no coloca a sus discípulos en un espacio separado y sectario; los envía al mundo.  Ahí es donde han de ser discípulos y testigos de la Buena Noticia.
 
La llamada puede surgir en cualquier lugar.  La llamada de los primeros discípulos se ubica a orillas del lago, por donde Jesús paseaba y donde los hombres estaban entregados a su trabajo, no se realiza en el templo: simplemente el paisaje del lago y el fondo de las duras tareas cotidianas.  La llamada de Dios llega a nuestra vida cotidiana, en el trabajo, en medios de nuestras tareas diarias.
 
Hoy
 
Algo nuevo y bueno. (1) ¿Hay todavía en ese Evangelio algo que pueda ser leído, en medio de nuestra sociedad indiferente y descreída, como algo nuevo y bueno para el hombre y la mujer de nuestros días? ¿Algo que se pueda encontrar en el Dios anunciado por Jesús y que no proporciona fácilmente la ciencia, la técnica o el progreso? ¿Cómo es posible vivir la fe en Dios en nuestros días?        
En el Evangelio de Jesús los creyentes nos encontramos con un Dios desde el que podemos sentir y vivir la vida como un regalo que tiene su origen en el misterio último de la realidad que es Amor. Para mí es bueno no sentirme solo y perdido en la existencia, ni en manos del destino o el azar. Tengo a Alguien a quien puedo agradecer la vida.            En el Evangelio de Jesús nos encontramos con un Dios que, a pesar de nuestras torpezas, nos da fuerza para defender nuestra libertad sin terminar esclavos de cualquier ídolo; para no vivir siempre a medias ni ser unos “vividores”; para ir aprendiendo formas nuevas y más humanas de trabajar y de disfrutar, de sufrir y de amar. Para mí es bueno poder contar con la fuerza de mi pequeña fe en ese Dios.        
En el Evangelio de Jesús nos encontramos con un Dios que despierta nuestra responsabilidad para no desentendernos de los demás. No podremos hacer grandes cosas, pero sabemos que hemos de contribuir a una vida más digna y más dichosa para todos pensando sobre todo en los más necesitados e indefensos. Para mí es bueno creer en un Dios que me pregunta con frecuencia qué hago por mis hermanos.           
En el Evangelio de Jesús nos encontramos con un Dios que nos ayuda a entrever que el mal, la injusticia y la muerte no tienen la última palabra. Un día todo lo que aquí no ha podido ser, lo que ha quedado a medias, nuestros anhelos más grandes y nuestros deseos más íntimos alcanzarán en Dios su plenitud. A mí me hace bien vivir y esperar mi muerte con esta confianza.  Ciertamente, cada uno de nosotros tiene que decidir cómo quiere vivir y cómo quiere morir. Cada uno ha de escuchar su propia verdad. Para mí no es lo mismo creer en Dios que no creer. A mí me hace bien poder hacer mi recorrido por este mundo sintiéndome acogido, fortalecido, perdonado y salvado por el Dios revelado en Jesús.  (1) J. A. Pagola.
Un mundo mejor es posible. Francisco:
 
Exhortación apostólica Evangelii Gaudium:
nos invita a una nueva etapa evangelizadora marcada por la alegría
 
III. La nueva evangelización para la transmisión de la fe
 
15. Juan Pablo II nos invitó a reconocer que «es necesario mantener viva la solicitud por el anuncio» a los que están alejados de Cristo, «porque ésta es la tarea primordial de la Iglesia». La actividad misionera «representa aún hoy día el mayor desafío para la Iglesia» y «la causa misionera debe ser la primera». ¿Qué sucedería si nos tomáramos realmente en serio esas palabras? Simplemente reconoceríamos que la salida misionera es el paradigma de toda obra de la Iglesia. En esta línea, los Obispos latinoamericanos afirmaron que ya «no podemos quedarnos tranquilos en espera pasiva
en nuestros templos» y que hace falta pasar «de una pastoral de mera conservación a una pastoral decididamente misionera». Esta tarea sigue siendo la fuente de las mayores alegrías para la Iglesia: «Habrá más gozo en el cielo por un solo pecador que se convierta, que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse» (Lc 15,7).
 
Propuesta y límites de esta Exhortación
16. Acepté con gusto el pedido de los Padres sinodales de redactar esta Exhortación. Al hacerlo, recojo la riqueza de los trabajos del Sínodo.
También he consultado a diversas personas, y procuro además expresar las preocupaciones que me mueven en este momento concreto de la obra evangelizadora de la Iglesia. Son innumerables los temas relacionados con la evangelización en el mundo actual que podrían desarrollarse aquí. Pero he renunciado a tratar detenidamente esas múltiples cuestiones que deben ser objeto de estudio y cuidadosa profundización. Tampoco
creo que deba esperarse del magisterio papal una palabra definitiva o completa sobre todas las cuestiones que afectan a la Iglesia y al mundo. No es conveniente que el Papa reemplace a los episcopados locales en el discernimiento de todas las problemáticas que se plantean en sus territorios. En este sentido, percibo la necesidad de avanzar en una saludable «descentralización».
 
17. Aquí he optado por proponer algunas líneas que puedan alentar y orientar en toda la Iglesia una nueva etapa evangelizadora, llena de fervor y dinamismo. Dentro de ese marco, y en base a la doctrina de la Constitución dogmática Lumen Gentium, decidí, entre otros temas, detenerme largamente en las siguientes cuestiones:
a) La reforma de la Iglesia en salida misionera.
b) Las tentaciones de los agentes pastorales.
c) La Iglesia entendida como la totalidad del Pueblo de Dios que evangeliza.
d) La homilía y su preparación.
e) La inclusión social de los pobres.
f) La paz y el diálogo social.
g) Las motivaciones espirituales para la tarea misionera.
 
18. Me extendí en esos temas con un desarrollo que quizá podrá parecernos excesivo. Pero no lo hice con la intención de ofrecer un tratado, sino sólo para mostrar la importante incidencia práctica de esos asuntos en la tarea actual de la Iglesia. Todos ellos ayudan a perfilar un determinado estilo evangelizador que invito a asumir en cualquier actividad que se realice. Y así, de esta manera, podamos acoger, en medio de nuestro compromiso diario, la exhortación de la Palabra de Dios: « Alegraos siempre en el Señor. Os lorepito, ¡alegraos! » (Flp 4,4).
“Nunca perdamos la esperanza.
Jamás la apaguemos en nuestro corazón.”
 
"Ojalá Jesús te vaya marcando el camino para encontrarte con quien necesita más.
Tu corazón, cuando te encuentres con aquél que más necesita, se va a empezar a agrandar, agrandar, agrandar, porque el encuentro multiplica
la capacidad del amor, agranda el corazón".
 
“Si los bienes materiales y el dinero se convierten en el centro de la vida, nos atrapan y nos esclavizan”
 
Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las reflexiones: El libro del Pueblo de Dios. Lectionautas. Servicio Bíblico Latinoamericano. Catholic net.
  
 
 

viernes, 17 de enero de 2014



Jesús se hizo presente en mi vida y "doy testimonio de que él es el Hijo de Dios"
Lecturas del 19-01-14
Segundo Domingo durante el año
(Ciclo A)
Libro de Isaías 49,3-6.       
El me dijo: "Tú eres mi Servidor, Israel, por ti yo me glorificaré".       
Y ahora, ha hablado el Señor, el que me formó desde el seno materno para que yo sea su Servidor, para hacer que Jacob vuelva a él y se le reúna Israel. Yo soy valioso a los ojos del Señor y mi Dios ha sido mi fortaleza.  
El dice: "Es demasiado poco que seas mi Servidor para restaurar a las tribus de Jacob y hacer volver a los sobrevivientes de Israel; yo te destino a ser la luz de las naciones, para que llegue mi salvación hasta los confines de la tierra".
Palabra de Dios.   
Salmo 39
R: Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.

Esperé confiadamente en el Señor: él se inclinó hacia mí y escuchó mi clamor.
Puso en mi boca un canto nuevo, un himno a nuestro Dios. R
Tú no quisiste víctima ni oblación; pero me diste un oído atento; no pediste holocaustos ni sacrificios, entonces dije: "Aquí estoy”. R

“En el libro de la Ley está escrito lo que tengo que hacer: yo amo, Dios mío, tu voluntad, y tu ley está en mi corazón". R     
Proclamé gozosamente tu justicia en la gran asamblea; no, no mantuve cerrados mis labios, tú lo sabes, Señor. R   
1º Carta  de San Pablo a los Corintios 1,1-3.               
Pablo, llamado a ser Apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, y el hermano Sostenes, saludan a la Iglesia de Dios que reside en Corinto, a los que han sido santificados en Cristo Jesús y llamados a ser santos, junto con todos aquellos que en cualquier parte invocan el nombre de Jesucristo, nuestro Señor, Señor de ellos y nuestro.          
Llegue a ustedes la gracia y la paz que proceden de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo. Palabra de Dios.   
Evangelio según San Juan 1,29-34.                
Al día siguiente, Juan vio acercarse a Jesús y dijo: "Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. A él me refería, cuando dije: Después de mí viene un hombre que me precede, porque existía antes que yo.    
Yo no lo conocía, pero he venido a bautizar con agua para que él fuera manifestado a Israel".     
Y Juan dio este testimonio: "He visto al Espíritu descender del cielo en forma de paloma y permanecer sobre él.  
Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: 'Aquel sobre el que veas descender el Espíritu y permanecer sobre él, ese es el que bautiza en el Espíritu Santo'.  
Yo lo he visto y doy testimonio de que él es el Hijo de Dios". Palabra del Señor.
Reflexión
El testimonio de Juan sobre Jesús
Este pasaje evangélico contiene el testimonio central de Juan Bautista sobre Jesús. Al no señalarse auditorio, su testimonio es perenne, dirigido a todas las personas de todos los tiempos y con eco permanente en la comunidad cristiana.
Juan anuncia quién es Jesús.  La primera parte es una declaración hecha al ver a Jesús que llegaba.  La segunda es un testimonio sobre él, que nace de su experiencia personal.  Juan ha visto con sus propios ojos al Espíritu que bajaba y se quedaba en Jesús.  Pero su testimonio no nace por condición humana –por dos veces Juan niega haber conocido antes  a Jesús-, sino que procede de un anuncio divino confirmado por su propia experiencia.
Dos títulos caracterizan a Jesús: “Cordero de Dios” e “Hijo de Dios”.  Y dos frases describen su actividad: “el que quita el pecado del mundo” y “el que bautiza con Espíritu Santo”. Jesús es el Cordero de Dios por ser Hijo de Dios, el don de Dios a la humanidad.  Y el objeto de ese don de Dios es hacer posible que el mundo escape de la muerte y obtenga la vida.  Más adelante, en el Evangelio, se nos dirá: “Así mostró Dios su amor al mundo, enviando a su Hijo único, para que tenga vida eterna y no perezca ninguno de los que creen en Él” (Jn 3, 16)
El titulo de Cordero de Dios hace referencia al cordero pascual, cuya sangre liberó al pueblo de la muerte y cuya carne fue comida por el pueblo al comienzo de su éxodo de Egipto. (Ex. 12, 1-4).  Utilizando un símbolo de la cultura del pueblo, el cordero, Juan describe la misión del Mesías; Él será, con su muerte, el liberador y el alimento de los que le sigan en el éxodo que va a realizar. Es una nueva época pascual, pues tiene la alegría de la libertad, y representa la verdadera alianza de Dios con la humanidad.
La expresión “que quita el pecado del mundo” describe la liberación que va efectuar Dios por medio de Jesús.  Hay que  notar que el pecado del mundo ya existe antes de que Jesús comience su actividad; eliminarlo va a ser su misión.  En consecuencia, el pecado no se identifica con la no adhesión a Jesús.  El pecado del mundo es el rechazo de la palabra-vida que interpela a la humanidad ya antes de la llegada histórica en Jesús.  El pecado consiste en oponerse a la vida que Dios comunica frustrando así su proyecto creador.
Para su misión Jesús ha recibido la unción de Mesías, que es plenitud del Espíritu y comunicación personal de Dios.  Él es por eso “Hijo de Dios”, Dios entre los hombres, el enviado del Padre, el que ha bajado del cielo, la Palabra encarnada.  Participando de la plenitud que Él posee, los que se adhieren a Él nacerán del Espíritu (eso es el bautismo con Espíritu) y recibirán la fuerza de vida que los liberará de la opresión del pecado.
Juan al declararlo hace una invitación a los hombres y mujeres de toda época; les hace saber que en Jesús se encuentra la vida, que por Él pueden liberarse de la opresión y el pecado.
Son bastantes los cristianos que llevan en el fondo de su ser la caricatura de un Dios desfigurado que tiene poco que ver con el verdadero rostro del Dios que nos ha revelado en Jesús. Todavía no han comprendido que Dios no es un dictador celoso de nuestra felicidad, controlador implacable de nuestros pecados, sino una mano tendida con ternura, empeñada en quitar el pecado del mundo.
Son bastantes los cristianos que necesitan liberarse de un grave malentendido; las cosas no son malas porque Dios ha querido que sean pecados.  Es exactamente al revés.  Precisamente porque son malas y destruyen nuestra felicidad, son pecados que Dios quiere quitar del corazón del mundo y del corazón de cada hombre y mujer.
Por eso, cuando Juan nos presenta a Jesús como “el que quita el pecado del mundo”, no está pensando en una acción moralizante, una especie de saneamiento de costumbres.  Está anunciándonos que Dios está a nuestro lado frente al mal.  Que, en Jesús, Dios nos ofrece su amor, su apoyo, su alegría, para liberarnos del mal y vivir en plenitud.
Con frecuencia los cristianos hemos olvidado algo que es nuclear en el Evangelio.  El pecado no es solamente algo que puede ser perdonado, sino algo que debe “ser quitado” y arrancado de la humanidad.  Jesús se presenta como alguien que “quita el pecado del mundo”.  Alguien que no solamente ofrece el perdón, sino también la posibilidad de ir quitando el pecado, la injusticia y el mal que se apodera de los seres humanos.  La conclusión es evidente: creer en Jesús no consiste sólo en abrirse al perdón de Dios.  Seguir a Jesús es comprometerse en su lucha y su esfuerzo por quitar el pecado, que domina a los hombres y mujeres, y todas sus desastrosas consecuencias.
Los cristianos de hoy no somos conscientes de la profunda contradicción que se da en el interior de nuestra vida cuando la apatía y la indiferencia apagan en nosotros el fuego del Espíritu.  Parecemos hombres y mujeres que, por decirlo con palabras del Bautista, han sido “bautizados con agua” pero a los que falta todavía “ser bautizados en el Espíritu Santo y fuego”.  Es necesario gustar y saborear a Dios sumergiéndose en el Espíritu.
La única razón de ser una comunidad cristiana es dar testimonio de Jesucristo.  Dicho de otra forma; actualizar hoy en sociedad el misterio del amor liberador de Dios manifestado en Cristo.  La Iglesia no tiene otra justificación.  Y hemos de recordar que no todo lo que vivimos y hacemos los creyentes testimonia a su favor, ni todo de la misma manera.  La Iglesia puede atraer hacia Dios, pero puede también alejar.  Difícilmente seremos testigos de Dios si no manifestamos su amor salvador y liberador. 
Tal vez una de las tragedias del mundo actual, tan radicalizado en muchos aspectos, es no contar con experiencias de “fe radical” y de “testigos vivos” de Dios. 
La figura del Bautista, testigo verdadero de Jesucristo, nos obliga a hacernos la pregunta:
¿Ayuda mi vida a alguien a creer en Dios?
Hoy, en mi vida:
Saber reconocer, como Juan Bautista, dentro de un bautismo masivo-en la normalidad de la vida, en los acontecimientos de hoy, en ese que se acerca o se aleja…- al que quita el pecado del mundo, al que bautiza en el Espíritu, al que nos da la vida, identidad y esperanza, el que cura nuestras heridas.
Recordar  a todos los que han hecho y hacen posible mi fe, a todos los que han dado a conocer a Jesucristo y han hecho de mí una persona nueva.  Recordar y agradecer su testimonio –sus palabras, sus hechos, su vida, su fe. 
Creo y vivo esto gracias a otras muchas personas que han creído, gracias a esta iglesia que me parece pobre y reaccionaria, gracias a esta comunidad que no acaba de consolidarse.
Aprender a ser.  Mirando a Juan, mirando a Jesús, dejándose conducir por el Espíritu.  Se aprende a ser sabiendo, estar en el mundo, en la historia, en la vida, viviendo nuestra vocación anunciando y bautizando, dando esperanza, acercando un poco más el reino de Dios a nuestra realidad, a nuestro pueblo, a nuestra casa…
Tomar conciencia de que hay algo que nos impide vivir en plenitud.  Es una realidad social y estructural que llamamos pecado, y de la cual necesitamos ser liberados.  Y hay alguien que nos libera, que nos ofrece espacios abiertos y caminos de libertad, que rompe nuestras cadenas y nos pone sobre las alas del Espíritu.  Alguien que nos habla y espera que acojamos su oferta.
Y si es necesario, vivir la invernada sin perder la esperanza.  El hielo de la indiferencia social nos está cercando.  Dios aparece como algo superfluo y no necesario.  La fe se ha desligado de lo social y hasta de la vida.  El pecado, hasta como término, ha desaparecido.  Ser cristiano no se estila y hasta parece decir y aporta poco.  La Iglesia es referencia ambigua… Quizá  haga falta mucho tiempo y paciencia para superar la invernada y fundir ese hielo que hoy congela la vida…  Orar es una forma de dar calor al corazón y mantener viva la esperanza.
Pbro. Daniel Silva. (2011)
Quédate conmigo, Señor.
Quédate conmigo, Señor, porque es necesario tenerte presente para que Yo no te pueda olvidar. Tú sabes que tan fácilmente te abandono.
Quédate conmigo, Señor, porque Yo soy débil y necesito de tu fortaleza, para que no caiga tan frecuentemente.
Quédate conmigo, Señor, porque Tú eres mi vida y sin Ti Yo estoy sin fervor.
Quédate conmigo, Señor, porque Tú eres mi luz y sin ti yo estoy en la oscuridad.
Quédate conmigo, Señor, para mostrarme tu voluntad.
Quédate conmigo, Señor, para que yo pueda escuchar Tú voz y seguirte.
Quédate conmigo, Señor, porque yo deseo amarte mucho y siempre estar en tu compañía.
Quédate conmigo, Señor, porque se hace tarde y el día se está terminando, y la vida pasa. Es necesario que renueve mi fortaleza, para que yo no pare en el camino y por eso yo te necesito.
Se está haciendo tarde y tengo miedo de la oscuridad, las tentaciones, la aridez, la cruz, los sufrimientos. Oh como te necesito, mi Jesús, en esta noche de exilio.
Quédate conmigo, esta noche, Jesús, en la vida con todos los peligros, yo te necesito. Déjame reconocerte como lo hicieron tus discípulos en la partición del pan, para que la Comunión Eucarística sea la luz que dispersa la oscuridad, la fuerza que me sostiene, el único gozo de mi corazón.  Amén.         P. Pío
Exhortación apostólica Evangelii Gaudium:
nos invita a una nueva etapa evangelizadora marcada por la alegría
III. La nueva evangelización para la transmisión de la fe
14. En la escucha del Espíritu, que nos ayuda a reconocer comunitariamente los signos de los tiempos, del 7 al 28 de octubre de 2012 se celebró la XIII Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos sobre el tema La nueva evangelización para la transmisión de la fe cristiana. Allí se recordó que la nueva evangelización convoca a todos y se realiza fundamentalmente en tres ámbitos.
En primer lugar, mencionemos el ámbito de la pastoral ordinaria, «animada por el fuego del Espíritu, para encender los corazones de los fieles que regularmente frecuentan la comunidad y que se reúnen en el día del Señor para nutrirse de su Palabra y del Pan de vida eterna». También se incluyen en este ámbito los fieles que conservan una fe católica intensa y sincera, expresándola de diversas maneras, aunque no participen frecuentemente del culto. Esta pastoral se orienta al crecimiento de los creyentes, de manera que respondan cada vez mejor y con toda su vida al amor de Dios.
En segundo lugar, recordemos el ámbito de «las personas bautizadas que no viven las exigencias del Bautismo», no tienen una pertenencia cordial a la Iglesia y ya no experimentan el consuelo de la fe. La Iglesia, como madre siempre atenta, se empeña para que vivan una conversión que les devuelva la alegría de la fe y el deseo de comprometerse con el Evangelio.
Finalmente, remarquemos que la evangelización está esencialmente conectada con la proclamación del Evangelio a quienes no conocen a Jesucristo o siempre lo han rechazado. Muchos de ellos buscan a Dios secretamente, movidos por la nostalgia de su rostro, aun en países de antigua tradición cristiana. Todos tienen el derecho de recibir el Evangelio. Los cristianos tienen el deber de anunciarlo sin excluir a nadie, no como quien impone una nueva obligación, sino como quien comparte una alegría, señala un horizonte bello, ofrece un banquete deseable. La Iglesia no crece por proselitismo sino «por atracción».
15. Juan Pablo II nos invitó a reconocer que «es necesario mantener viva la solicitud por el anuncio» a los que están alejados de Cristo, «porque ésta es la tarea primordial de la Iglesia». La actividad misionera «representa aún hoy día el mayor desafío para la Iglesia» y «la causa misioneradebe ser la primera». ¿Qué sucedería si nos tomáramos realmente en serio esas palabras? Simplemente reconoceríamos que la salida misionera es el paradigma de toda obra de la Iglesia. En esta línea, los Obispos latinoamericanos afirmaron que ya «no podemos quedarnos tranquilos en espera pasiva en nuestros templos» y que hace falta pasar «de una pastoral de mera conservación a una pastoral decididamente misionera». Esta tarea sigue siendo la fuente de las mayores alegrías para la Iglesia: «Habrá más gozo en el cielo por un solo pecador que se convierta, que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse» (Lc 15,7).
“José, fiel y justo quien prefirió creer al señor en vez de escuchar las voces de la duda y del orgullo humano”
“Nunca perdamos la esperanza.
Jamás la apaguemos en nuestro corazón.”
"Ojalá Jesús te vaya marcando el camino para encontrarte con quien necesita más.
Tu corazón, cuando te encuentres con aquél que más necesita, se va a empezar a agrandar, agrandar, agrandar, porque el encuentro multiplica
la capacidad del amor, agranda el corazón".
“Si los bienes materiales y el dinero se convierten en el centro de la vida, nos atrapan y nos esclavizan”
"Lo importante -puntualizó- no es mirar desde lejos o ayudarlo desde lejos, sino ir al encuentro. Eso es lo cristiano, lo que nos enseña Jesús. Ir al encuentro de los más necesitados. Como Jesús que iba siempre al encuentro de la gente. Él iba a encontrarlos".
Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las reflexiones: El libro del Pueblo de Dios.