Intención para la evangelización ‐

Intenciones de oración de septiembre: Oremos por una gestión justa y sostenible del agua, recurso vital, para que todos tengan acceso equitativo a ella.

"Todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre"

"Todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre" Mt 7, 7-8. No sé qué quería, pero había algo en mí que me movía a buscar, tal vez que las cosas tengan sentido, y te encontré. Me cuestionaba sobre la vida y me diste tu sabiduría para que pueda encontrar alegría y paz. Ante mis miedos y dudas, te pido que me acompañes en mi peregrinar y me das tu Espíritu Santo, el mismo que te acompaño a vos, hoy me acompaña a mí, me asiste y guía. Hoy sigo buscando más de tu Palabra, de la Verdad y el camino, con la confianza puesta en vos, Dios mío, sé que estás presente en mi vida. Ven Señor Jesús, te necesito.

Del libro de la Sabiduría 6, 12-16

Del libro de la Sabiduría 6, 12-16: La Sabiduría es luminosa y nunca pierde su brillo: se deja contemplar fácilmente por los que la aman y encontrar por los que la buscan. Ella se anticipa a darse a conocer a los que la desean. El que madruga para buscarla no se fatigará, porque la encontrará sentada a su puerta. Meditar en ella es la perfección de la prudencia, y el que se desvela por su causa pronto quedará libre de inquietudes. La Sabiduría busca por todas partes a los que son dignos de ella, se les aparece con benevolencia en los caminos y le sale al encuentro en todos sus pensamientos.

domingo, 1 de marzo de 2009

Lecturas del septimo domingo durante el año

Lecturas del 22/02/09 –Ciclo B–
7° domingo durante el año

«Nunca hemos visto nada igual.»

Profeta Isaías 43, 18-19. 21-22. 24b-25

Así habla el Señor: No se acuerden de las cosas pasadas, no piensen en las cosas antiguas; yo estoy por hacer algo nuevo: ya está germinando, ¿no se dan cuenta? Sí, pondré un camino en el desierto y ríos en la estepa. El Pueblo que yo me formé para que pregonara mi alabanza.Pero tú no me has invocado, Jacob, porque te cansaste de mí, Israel. ¡Me has abrumado, en cambio, con tus pecados, me has cansado con tus iniquidades! Pero soy yo, sólo yo, el que borro tus crímenes por consideración a mí, y ya no me acordaré de tus pecados. Palabra de Dios.

SALMO 40

R. Sáname, Señor, porque pequé contra ti.

Feliz el que se ocupa del débil y del pobre:el Señor lo librará en el momento del peligro. El Señor lo protegerá y le dará larga vida, lo hará dichoso en la tierra y no lo entregará a la avidez de sus enemigos. R.

El Señor lo sostendrá en su lecho de dolor y le devolverá la salud. Yo dije: «Ten piedad de mí, Señor, sáname, porque pequé contra ti.» R.

Tú me sostuviste a causa de mi integridad, y me mantienes para siempre en tu presencia. ¡Bendito sea el Señor, el Dios de Israel, desde siempre y para siempre! R.

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Corinto 1, 18-22

Hermanos: Les aseguro, por la fidelidad de Dios, que nuestro lenguaje con ustedes no es hoy «sí», y mañana «no.» Porque el Hijo de Dios, Jesucristo, el que nosotros hemos anunciado entre ustedes - tanto Silvano y Timoteo, como yo mismo - no fue «sí» y «no», sino solamente «sí.» En efecto, todas las promesas de Dios encuentran su «sí» en Jesús, de manera que por él decimos «Amén» a Dios, para gloria suya. Y es Dios el que nos reconforta en Cristo, a nosotros y a ustedes; el que nos ha ungido, el que también nos ha marcado con su sello y ha puesto en nuestros corazones las primicias del Espíritu. Palabra de Dios.

Santo Evangelio según san Marcos 2, 1-12

Unos días después, Jesús volvió a Cafarnaún y se difundió la noticia de que estaba en la casa. Se reunió tanta gente, que no había más lugar ni siguiera delante de la puerta, y él les anunciaba la Palabra. Le trajeron entonces a un paralítico, llevándolo entre cuatro hombres. Y como no podían acercarlo a él, a causa de la multitud, levantaron el techo sobre el lugar donde Jesús estaba, y haciendo un agujero descolgaron la camilla con el paralítico.
Al ver la fe de esos hombres, Jesús dijo al paralítico: «Hijo, tus pecados te son perdonados.» Unos escribas que estaban sentados allí pensaban en su interior: « ¿Qué está diciendo este hombre? ¡Está blasfemando! ¿Quién puede perdonar los pecados, sino sólo Dios?» Jesús, advirtiendo en seguida que pensaban así, les dijo: « ¿Qué están pensando? ¿Qué es más fácil, decir al paralítico: "Tus pecados te son perdonados", o "Levántate, toma tu camilla y camina"? Para que ustedes sepan que el Hijo de hombre tiene sobre la tierra el poder de perdonar los pecados -dijo al paralítico- yo te lo mando, levántate, toma tu camilla y vete a tu casa.» El se levantó en seguida, tomó su camilla y salió a la vista de todos. La gente quedó asombrada y glorificaba a Dios, diciendo: «Nunca hemos visto nada igual.»
Palabra del Señor.

Reflexión

Jesucristo hoy se revela como el Dios que tiene el “poder” para liberar al hombre del pecado y hacer que pueda caminar nuevamente, renovado en cuerpo y alma.
El texto evangélico de este domingo nos presenta a Jesús regresando a Cafarnaúm y corre la voz de que está en casa, es interesante notar la “popularidad” que va adquiriendo el Señor entre la gente. Son tantos los que acuden a Él que no queda lugar disponible ni en el interior ni en el frente de la casa. Las casas de aquellas poblaciones contaban con patios comunes, de modo que una buena cantidad de personas podía agruparse en las entradas. Jesús continúa con su tarea de anunciar a todos los hombres la Buena Nueva.
Él se pone a enseñar, pero sobreviene una interrupción: cuatro hombres han traído a un paralítico y al no encontrar paso subieron y abrieron un agujero por el techo, por donde lo descuelgan. Detengámonos un poco en ellos: El primero está impedido, su enfermedad le obliga a depender totalmente de los demás. Por estar enfermo seguramente es rechazado, tenido por impuro y pecador. Los hombres que lo traen han sido arriesgados al ponerlo en medio de la multitud.
Jesús parte de la relación cultural existente entre pecado-castigo y enfermedad: “Tus pecados te son perdonados”. La liberación de la culpa está directamente relacionada con la recuperación de la salud.
Los escribas presentes, reaccionan: la sociedad judía estaba estructurada sobre la base de la exclusión; no parecía haber posibilidad de cambio, ni alternativa para los excluidos, salvo una exigente carga de tributos y ritos de purificación que en su gran mayoría les resultaba imposible cumplir. Jesús rescata a la persona misma, el poder oculto y real de aquel hombre de levantarse por sí mismo, de superar la parálisis en la que la culpa y el rechazo social lo habían sumido. Él revive, se hace dueño de sí al levantar por sí mismo la camilla en la que antes yacía, y regresa a casa con nueva vida.

En el v. 5 aparecen dos detalles interesantes que van a marcar el núcleo de todo el relato:
· En primer lugar Jesús percibe la “gran confianza” (literalmente “la fe”) de “aquellos hombres” (no se dice explícitamente pero podemos presuponer que se refiere a los cuatro “camilleros” y al hombre enfermo también).
· En segundo lugar le dice al paralítico que sus pecados son perdonados cuando en realidad nadie le dijo que el enfermo necesitaba perdón. Jesús lo llama “amigo” (“hijo”; tengamos presente que esta denominación al enfermo ya indica la divinidad de Jesús dado que es una alocución propia de Dios al hombre).
En los v. 6-7 aparece la reacción de los maestros de la ley que “piensan” (pero no dicen nada) que Jesús está cometiendo una blasfemia dado que solo Dios puede perdonar los pecados. Lo cual es absolutamente cierto…
Jesús en un gesto soberano y divino (solo Dios conoce los pensamientos de los hombres), desnuda las elucubraciones de los maestros de la Ley y se planta con autoridad dejando en claro que Él tiene autoridad aquí en la tierra para perdonar los pecados (v. 10).
Esta afirmación es lo central de todo el relato. Notemos que Jesús se autodenomina “Hijo del
Hombre”, es un título cristológico que ya expresa de por sí la divinidad de Jesús.
Jesús se dirige de nuevo al paralítico ratificando su accionar pero haciéndolo con las nuevas palabras: “Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa”. El enfermo es sanado ante la vista de todos los presentes. Todos se quedan admirados y alaban a Dios por lo que han visto y oído.
Como el domingo pasado, estamos ante esa unidad de palabra y acción, de teoría y práctica, de decir y hacer. Como solemos decir, «no hay nada más práctico que una buena teoría», y «nunca se ha entendido del todo una teoría, hasta que no se ha experimentado y dominado su práctica». Jesús es maestro de esa unidad. Y sus discípulos también lo hemos de ser. Tenemos un mensaje de salvación que hay que anunciar, pero que también hay que realizar, aunque sea con gestos simbólicos. «El Reino» no sólo debe ser anunciado (hablado, dicho, informado), sino construido (hecho, implantado, promovido, luchado). La Buena Noticia no sólo tiene que ser anunciada, sino mostrada, primero en nuestra propia vida, también en la comunidad, y, hasta donde nos dejen, en la sociedad.

En este texto Jesús centra su misión en lo más importante que viene a traer: vencer el pecado con el perdón. La sanación exterior de la enfermedad del paralítico es como un sacramento claro y revelador de la curación interna de este enfermo. El centro del pasaje es el perdón de los pecados, su marco es la curación del paralítico. El mal más horrendo no está en la enfermedad en sí, sino en el pecado que daña y destruye el corazón del hombre.
La “gran” buena noticia que nos hace gustar este evangelio es que Jesús es Dios y tiene el poder de perdonar los pecados no sólo en “el cielo” sino aquí en la tierra.
Catecismo: Sólo Dios perdona el pecado

1441. Sólo Dios perdona los pecados (cf Mc 2,7). Porque Jesús es el Hijo de Dios, dice de sí mismo: "El Hijo del hombre tiene poder de perdonar los pecados en la tierra" (Mc 2,10) y ejerce ese poder divino: "Tus pecados están perdonados" (Mc 2,5; Lc 7,48). Más aún, en virtud de su autoridad divina, Jesús confiere este poder a los hombres (cf Jn 20,21-23) para que lo ejerzan en su nombre.

1442. Cristo quiso que toda su Iglesia, tanto en su oración como en su vida y su obra, fuera el signo y el instrumento del perdón y de la reconciliación que nos adquirió al precio de su sangre. Sin embargo, confió el ejercicio del poder de absolución al ministerio apostólico, que está encargado del "ministerio de la reconciliación" (2 Cor 5,18). El apóstol es enviado "en nombre de Cristo", y "es Dios mismo" quien, a través de él, exhorta y suplica: "Dejaos reconciliar con Dios" (2 Co 5,20).

Preguntas para la meditación: ¿qué me dice?

El centro del pasaje es el perdón de los pecados, su marco es la curación del paralítico, al escuchar la palabra de Jesús dicha directamente a mi corazón: “Amigo/Hijo te perdono tus pecados”, me propongo examinar serenamente mi vida, preguntándome ¿qué cosas hoy me “paralizan” impidiéndome vivir libremente?

Jesucristo perdona los pecados, pero no detiene su acción liberadora sólo ahí, sino que luego cura al paralítico, liberándole también de su enfermedad. Esta liberación integral e integradora, es obra de Dios, pero nosotros, cristianos, hemos sido llamados para facilitar esta obra divina, ¿Cómo vivo hoy en mis ambientes la actitud “misionera” de estas cuatro personas que llevan el enfermo ante Jesús?
Oración:

CONSAGRACIÓN AL CORAZÓN INMACULADO DE MARIA

Virgen María, Madre de Dios y Madre nuestra, a vuestro Corazón Inmaculado nos consagramos, en acto de entrega total al Señor.
Por Vos seremos llevados a Cristo, y por Él y con Él seremos llevados a Dios Padre.
Caminaremos a la luz de la fe, y haremos todo para que el mundo crea que Jesucristo es el Enviado del Padre.
Con Él queremos llevar el Amor y la Salvación hasta los confines del mundo.
Bajo la maternal protección de vuestro Corazón Inmaculado, seremos un solo pueblo con Cristo. Seremos testimonio de su Resurrección. Por Él seremos llevados al Padre, para gloria de la Santísima Trinidad, a quien adoramos, alabamos y bendecimos. Amén.

Demos gracias a Dios, que es nuestra roca, sigamos a Jesús con entereza, si nuestra fe vacila, si ella es poca, su Espíritu de amor nos dará fuerza. Amén. (Himno de la Liturgia de las Horas)

Lecturas de la semana:

LUNES 23: Eclesiástico 1, 1-10; Salmo 92; Marcos 9, 14-29-
MARTES 24: Eclesiástico 2, 1-11; Salmo 36; Marcos 9, 30-37.
Joel 2, 12-18; Salmo 50; Mateo 6, 1-6.16-18.
MIERCOLES 25: Joel 2, 12-18; Salmo 50; Segunda Corintios 5, 20—6,2; Mateo 6, 1-6; 16-18. ”Miércoles de Cenizas”.
JUEVES 26: Deuteronomio 30, 15-20; Salmo 1; Lucas 9, 22-25:
VIERNES 27: Isaías 58, 1-9ª; Salmo 50; Mateo 9, 14-15.
SABADO 28: Isaías 58, 9b-14; Salmo 85; Lc 5, 27-32.
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Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las reflexiones que acompañan las lecturas, textos de distintos autores: El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y Maria, Catholic.net, Homilia.com. “Claves de Lectio Divina” Proyecto Lectionautas CEBIPAL/CELAM – SOCIEDADES BIBLICAS NIDAS Pbro. Lic. Gabriel MESTRE, Hno. Ricardo Grzona, frp.

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Te esperamos los sábados 17:30 h.
para leer la Biblia en la Parroquia San José: Brandsen 4970 Villa Dominico
Círculo Bíblico San José miencuentroconjesus@yahoo.com.ar

sábado, 14 de febrero de 2009

Lecturas del sexto domingo durante el año

Lecturas del 15/02/09 –Ciclo B–
6° domingo durante el año

“Jesús, conmovido, extendió la mano y lo tocó”

Lectura libro del Levítico 13, 1-2. 45-46

El Señor dijo a Moisés y a Aarón:
Cuando aparezca en la piel de una persona una hinchazón, una erupción o una mancha lustrosa, que hacen previsible un caso de lepra, la persona será llevada al sacerdote Aarón o a uno de sus hijos, los sacerdotes. La persona afectada de lepra llevará la ropa desgarrada y los cabellos sueltos; se cubrirá hasta la boca e irá gritando: «¡Impuro, impuro!».
Será impuro mientras dure su afección. Por ser impuro, vivirá apartado y su morada estará fuera del campamento. Palabra de Dios.

Salmo 31

R. Señor, tú eres mi refugio,
y me colmas con la alegría de la salvación.

¡Feliz el que ha sido absuelto de su pecado y liberado de su falta! ¡Feliz el hombre a quien el Señor no le tiene en cuenta las culpas, y en cuyo espíritu no hay doblez! R.
Pero yo reconocí mi pecado, no te escondí mi culpa, pensando: «Confesaré mis faltas al Señor.» ¡Y tú perdonaste mi culpa y mi pecado! R.
¡Alégrense en el Señor, regocíjense los justos! ¡Canten jubilosos los rectos de corazón! R.

Lectura de la primera carta del apóstol San Pablo a los cristianos de Corinto 10, 31--11, 1

Hermanos: En resumen, sea que ustedes coman, sea que beban, o cualquier cosa que hagan, háganlo todo para la gloria de Dios. No sean motivo de escándalo ni para los judíos ni para los paganos ni tampoco para la Iglesia de Dios. Hagan como yo, que me esfuerzo por complacer a todos en todas las cosas, no buscando mi interés personal, sino el del mayor número, para que puedan salvarse. Sigan mi ejemplo, así como yo sigo el ejemplo de Cristo. Palabra de Dios.

Santo Evangelio según San Marcos 1, 40-45

En aquel tiempo: Se le acercó un leproso para pedirle ayuda y, cayendo de rodillas, le dijo: «Si quieres, puedes purificarme.» Jesús, conmovido, extendió la mano y lo tocó, diciendo: «Lo quiero, queda purificado.»
En seguida la lepra desapareció y quedó purificado. Jesús lo despidió, advirtiéndole severamente: «No le digas nada a nadie, pero ve a presentarte al sacerdote y entrega por tu purificación la ofrenda que ordenó Moisés, para que les sirva de testimonio.»
Sin embargo, apenas se fue, empezó a proclamarlo a todo el mundo, divulgando lo sucedido, de tal manera que Jesús ya no podía entrar públicamente en ninguna ciudad, sino que debía quedarse afuera, en lugares desiertos. Y acudían a él de todas partes. Palabra del Señor.

Reflexión

Jesús, en medio de su misión se encuentra con un leproso, un hombre arriesgado, que se atreve a romper una norma que lo obligaba a permanecer alejado de la ciudad. Esta norma es la que nos recuerda la primera lectura, del Levítico, en la tradición judía la enfermedad era interpretada como una maldición divina, un castigo, una consecuencia del pecado de la persona enferma, o de su familia. La lepra común, por su contagio, estaba regulada por una rígida normativa que excluía a la persona afectada de la vida social, para evitar el contagio. (Ha durado muchos siglos la falsa creencia de que la lepra fuese tan fácilmente contagiable). Los sacerdotes tenían la función de examinar las llagas del enfermo, y en caso de diagnosticarlas efectivamente como síntomas de la presencia de lepra, la persona era declarada impura, con lo que resultaba condenada a salir de la población, a comenzar a vivir en soledad, a malvivir indignamente, gritando por los caminos «¡impuro, impuro!» para evitar encontrarse con personas sanas a las que poder contagiar. En realidad, todo el sistema normativo religioso generaba una permanente exclusión de las personas por motivos de sexo, salud, condición social, edad, religión, nacionalidad. El pobre “leproso” cargaba, por el hecho de serlo, con tres grandes dificultades que lo convertían en un marginado y excluido por excelencia:
• En primer lugar la enfermedad en sí: molesta, desagradable, crónica, dolorosa y, en algunos casos, mortal.
• En segundo lugar la expulsión de la familia y de la comunidad por motivos de contagio. Se obligaba a los enfermos de lepra a vivir fuera de las aldeas con algún cencerro o elemento sonante que indicara de lejos su presencia para que nadie “sano” se acercara.
• En tercer lugar la impureza ritual y religiosa que no le permitía rendir culto a Dios. La declaración de impureza ritual ubicaba al leproso como fruto del pecado. Por algún trasfondo religioso muy primitivo asociado a la superstición, se identificaba automática y fácilmente enfermedad-pecado como contrapuesto a salud-santidad. En definitiva el “leproso” se sentía rechazado por Dios, por su familia y por la comunidad.
Este hombre, cansado de su condición, se acerca a Jesús y se arrodilla, poniendo en él toda su confianza: «Si quieres, puedes limpiarme». Jesús, se compadece y lo toca, rompiendo no sólo una costumbre, sino una norma religiosa sumamente rígida. Jesús se salta la ley que margina y excluye a la persona. Jesús pone a la persona por encima de la ley, incluso de la ley religiosa. La religión de Jesús no está contra la vida, sino, al contrario, pone en el centro la vida de las personas.
Es increíble que Jesús toque al leproso rompiendo todas las prescripciones de la ley (cfr. por ejemplo Lev 13-14). Jesús deja que un impuro llegue hasta Él. El Señor “toca” al “intocable” y lejos de quedar contaminado o enfermo comunica su propia pureza sanándolo (literalmente purificándolo o limpiándolo). Se manifiesta así el poder de Dios.
Es interesante que Jesús envíe a los sacerdotes para ratificar la sanación. Con la misma autoridad que lo curó ahora lo envía para presentarse ante las autoridades religiosas como ordena la Ley. De esta forma el Señor manifiesta dos cosas: en primer lugar que tiene el poder de curar a los enfermos; en segundo lugar que perciban como no elimina la ley sino que la hace cumplir en su sentido originario.
A la luz de todo el relato podemos ver con claridad que más que el milagro de curación en sí lo que a Jesús le interesa, y el evangelista marca con claridad, es el cambio de situación religiosa de aquel que era considerado impuro.
El leproso representa en definitiva a la humanidad alejada de Dios y en situación de impureza.
Para tener presente: Puede llamar la atención la insistencia de Jesús, en este y en otros relatos de milagro relatados en Marcos, con respecto a la orden que da, de no contar a nadie lo que ha sucedido. Esta “cuestión” ha sido llamada por los estudiosos de la Biblia como “secreto mesiánico”. Tiene por objeto dejar en claro qué tipo de mesianismo Jesús encarna: no se trata de un mesías político-social de tipo terreno que viene a liberar al pueblo del poder romano sino del mesías escatológico que viene a liberar al pueblo de todos los males. El mesianismo de Jesús no será de tipo glorioso, ni vendrá a restaurar la dinastía davídica nuevamente en la tierra; el mesianismo de Jesús es un mesianismo “sufriente” que pasa necesariamente por la cruz y el anonadamiento.
Pero este hombre no hace caso de tal secreto, rompe el silencio, y se pone a pregonar con entusiasmo su experiencia de liberación, toma la decisión autónoma de divulgar la Buena Noticia. Esto hace que Jesús no pueda ya presentarse en público en las ciudades sino en los lugares apartados, pues al asumir la causa de los excluidos, Jesús se convierte en un excluido más. Sin embargo, allí a las afueras, está brotando la nueva vida y quienes logran descubrirlo van también allí a buscar a Jesús.
Es una página recurrente en los evangelios: Jesús cura, sana a los enfermos. No sólo predica, sino que cura. Palabras y hechos. Anuncio y construcción. Teoría y praxis. Liberación integral: espiritual y corporal. Y ésa es su religión: el amor, el amor liberador, está por encima de toda ley. La ley consiste precisamente en amar y liberar, por encima de todo.

Preguntas para la meditación: ¿qué me dice?

En el evangelio vemos como una persona cansada de su situación se le acerca a Jesús para pedirle ayuda y, cayendo de rodillas, le dice: «Si quieres, puedes purificarme». Jesús, conmovido, extendió la mano y lo tocó, diciendo: «Lo quiero, queda purificado».
¿Percibo con claridad que hoy Jesús tiene compasión de mí y de mis enfermedades?
¿Cuáles son hoy mis “lepras”? ¿Cuáles son las “lepras” de las familias, de los jóvenes, de nuestro ambiente y de la sociedad?
¿Le ofrezco a Jesús mis “lepras” para que Él extienda su mano y me toque con su gracia y poder?
¿Percibo que además del milagro de curación en sí lo que a Jesús le interesa es el cambio de mi situación espiritual, antes y después de encontrarme con Él?
“Jesús lo despidió, advirtiéndole, no le digas nada a nadie lo sucedido” Sin embargo, apenas se fue, empezó a proclamarlo a todo el mundo, divulgando lo sucedido.
¿Doy testimonio en mis ambientes de mi experiencia de sanación y de los cambios en mi vida que ha realizado el Señor?

Oración: PREFACIO COMÚN VIII Jesús, Buen Samaritano:

V. El Señor esté con ustedes
R. Y con tu espíritu.
V. Levantemos el corazón.
R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.
V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R. Es justo y necesario.
En verdad es justo darte gracias, y deber nuestro alabarte, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, en todos los momentos y circunstancias de la vida, en la salud y en la enfermedad, en el sufrimiento y en el gozo, por tu siervo, Jesús, nuestro Redentor.
Porque él, en su vida terrena, pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el mal.
También hoy, como buen samaritano, se acerca a todo hombre que sufre en su cuerpo o en su espíritu, y cura sus heridas con el aceite del consuelo y el vino de la esperanza.
Por este don de tu gracia, incluso cuando nos vemos sumergidos en la noche del dolor, vislumbramos la luz pascual en tu Hijo, muerto y resucitado. Por eso, unidos a los ángeles y a los santos, cantamos a una voz el himno de tu gloria.

¿Cómo interiorizo el mensaje?

Con la humildad del leproso sanado podemos repetir pausadamente, para suscitar un momento de contemplación, los cuatro verbos que de una u otra forma expresan lo que Jesús hace en este hombre:
 Señor tu puedes sanarme…
 Señor tu puedes curarme…
 Señor tu puedes limpiarme…
 Señor tu puedes purificarme…

Lecturas de la semana:

LUNES 16: Génesis 4, 1-15.25; Salmo 49; Marcos 8, 11-13.
MARTES 17: Génesis 6, 5-8;7, 1-5.10; Salmo 28; Marcos 8, 14-21.
MIERCOLES 18: Génesis 8, 6-13.20-22; Salmo 115; Marcos 8, 22-26.
JUEVES 19: Génesis 9, 1-13; Salmo 101; Marcos 8, 27-33.
VIERNES 20: Génesis 11, 1-9; Salmo 32; Marcos 8, 34—9,1.
SABADO 21: Hechos 11, 1-7; Salmo 144; Marcos 9, 2-13.

Catecismo: Jesús escucha la oración.

2616 La oración a Jesús ya ha sido escuchada por él durante su ministerio, a través de los signos que anticipan el poder de su muerte y de su resurrección: Jesús escucha la oración de fe expresada en palabras (el leproso: cf Mc 1, 40-41; Jairo: cf Mc 5, 36; la cananea: cf Mc 7, 29; el buen ladrón: cf Lc 23, 39-43), o en silencio (los portadores del paralítico: cf Mc 2, 5; la hemorroísa que toca su vestido: cf Mc 5, 28; las lágrimas y el perfume de la pecadora: cf Lc 7, 37-38). La petición apremiante de los ciegos: "¡Ten piedad de nosotros, Hijo de David!" (Mt 9, 27) o "¡Hijo de David, ten compasión de mí!" (Mc 10, 48) ha sido recogida en la tradición de la Oración a Jesús: "¡Jesús, Cristo, Hijo de Dios, Señor, ten piedad de mí!" Curando enfermedades o perdonando pecados, Jesús siempre responde a la plegaria que le suplican con fe: "Ve en paz, ¡tu fe te ha salvado!".
San Agustín resume admirablemente las tres dimensiones de la oración de Jesús: "Ora por nosotros como sacerdote nuestro; ora en nosotros como cabeza nuestra; a Él dirige nuestra oración como a Dios nuestro. Reconozcamos, por tanto, en Él nuestras voces; y la voz de Él, en nosotros", Sal 85, 1; cf IGLH 7).
Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las reflexiones que acompañan las lecturas, textos de distintos autores: El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y Maria, Catholic.net, Homilia.com. “Claves de Lectio Divina” Proyecto Lectionautas CEBIPAL/CELAM – SOCIEDADES BIBLICAS NIDAS Pbro. Lic. Gabriel MESTRE, Hno. Ricardo Grzona, frp.

Te esperamos los sábados 17:30 h.
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sábado, 7 de febrero de 2009

Lecturas del quinto domingo durante el año

Lecturas del 8/02/09 –Ciclo B–
5° domingo durante el año

“la tomó de la mano y la hizo levantar”

Lectura del libro de Job 7, 1-4. 6-7

Job habló diciendo: ¿No es una servidumbre la vida del hombre sobre la tierra? ¿No son sus jornadas las de un asalariado? Como un esclavo que suspira por la sombra, como un asalariado que espera su jornal, así me han tocado en herencia meses vacíos, me han sido asignadas noches de dolor. Al acostarme, pienso: « ¿Cuándo me levantaré?» Pero la noche se hace muy larga y soy presa de la inquietud hasta la aurora. Mis días corrieron más veloces que una lanzadera: al terminarse el hilo, llegaron a su fin. Recuerda que mi vida es un soplo y que mis ojos no verán más la felicidad.
Palabra de Dios.

Salmo 146
R. Alaben al Señor, que sana a los que están afligidos.

¡Qué bueno es cantar a nuestro Dios,
qué agradable y merecida es su alabanza!
El Señor reconstruye a Jerusalén y congrega a los dispersos de Israel. R.
Sana a los que están afligidos y les venda las heridas. El cuenta el número de las estrellas y llama a cada una por su nombre. R.
Nuestro Señor es grande y poderoso,
su inteligencia no tiene medida. El Señor eleva a los oprimidos y humilla a los malvados hasta el polvo. R.

Lectura primera carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Corinto 9, 16-19. 22-23

Hermanos: Si anuncio el Evangelio, no lo hago para gloriarme: al contrario, es para mí una necesidad imperiosa. ¡Ay de mí si no predicara el Evangelio! Si yo realizara esta tarea por iniciativa propia, merecería ser recompensado, pero si lo hago por necesidad, quiere decir que se me ha confiado una misión. ¿Cuál es entonces mi recompensa? Predicar gratuitamente la Buena Noticia, renunciando al derecho que esa Buena Noticia me confiere. En efecto, siendo libre, me hice esclavo de todos, para ganar al mayor número posible. Y me hice débil con los débiles, para ganar a los débiles. Me hice todo para todos, para ganar por lo menos a algunos, a cualquier precio. Y todo esto, por amor a la Buena Noticia, a fin de poder participar de sus bienes. Palabra de Dios.

Santo Evangelio según san Marcos 1, 29-39

Jesús salió de la sinagoga, fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, y se lo dijeron de inmediato. El se acercó, la tomó de la mano y la hizo levantar. Entonces ella no tuvo más fiebre y se puso a servirlos.
Al atardecer, después de ponerse el sol, le llevaron a todos los enfermos y endemoniados, y la ciudad entera se reunió delante de la puerta.
Jesús curó a muchos enfermos, que sufrían de diversos males, y expulsó a muchos demonios; pero a estos no los dejaba hablar, porque sabían quién era él. Por la mañana, antes que amaneciera, Jesús se levantó, salió y fue a un lugar desierto; allí estuvo orando.
Simón salió a buscarlo con sus compañeros, y cuando lo encontraron, le dijeron: «Todos te andan buscando.»
El les respondió: «Vayamos a otra parte, a predicar también en las poblaciones vecinas, porque para eso he salido.» Y fue predicando en las sinagogas de toda la Galilea y expulsando demonios. Palabra del Señor.

Reflexión

Uno de los temas que destaca las lecturas de este quinto domingo del tiempo ordinario es el del sufrimiento del hombre, que encuentra su refugio y su liberación en Jesucristo.

Job habla de su vida en términos dramáticos y pesimistas. Considera su vida como una milicia, como una esclavitud, como un trabajo que se le ha impuesto y busca solo un poco de sombra, de paz, de serenidad. Su herencia la ve como una nueva carga, por eso, el futuro se le presenta incierto y amenazador: mis días corren más que una lanzadera y se consumen sin esperanza. Parecería que Job exagera su desgracia o que ha perdido su fe. En realidad, se trata la expresión de un corazón afligido por el dolor, penetrado por el sufrimiento y que clama a Dios desde su propia miseria.
El grito de Job es seguramente cercano y presente en la vida diaria de muchos hombres y mujeres en todos los rincones del planeta, que enfrentan una vida de lucha y dificultad.

El salmo nos muestra cómo se puede pasar de esta lamentación desesperada a una confianza profunda en Dios; el Señor sana los corazones destrozados, venda sus heridas. A la oración del hombre atribulado, Dios responde de manera excepcional con su enviado, Jesucristo. Él es el liberador en el sentido más profundo de la palabra. Él es el redentor que tiene que anunciar la buena nueva por todas las aldeas. Así Jesús recorre la Galilea predicando en las sinagogas y expulsando a los demonios, porque para eso ha venido.

Esto es precisamente lo que hace Jesús en el evangelio de Marcos: entrar en la vida de las personas, ser uno de ellos en su cotidianidad. El domingo pasado, lo vimos sanando a un endemoniado. Hoy, lo acompañamos con Santiago, Juan y Andrés a la casa de Pedro. La casa, el lugar íntimo donde se comparte el techo, la mesa. Allí se encuentra con una anciana enferma, la suegra de Pedro, Jesús se acerca, la toma de la mano y la levanta. Un gesto tan simple como es, el acercarse, y tomarla de la mano hace el milagro de recuperar a esta mujer, que no sólo recupera su salud, sino su capacidad de servicio.

Al atardecer muchos vinieron a buscarlo, y relata el evangelista que Jesús continuó sanando. Era común en la época de Jesús que los enfermos fueran tenidos por malditos o poseídos por espíritus malos, de manera que eran alejados, excluidos y nadie se atrevía a acercarse a ellos. Jesús, al contrario, se entrega con amor y dedicación a su cuidado, siendo su servidor. La práctica de curación, la lucha contra el mal, es decir, la praxis de liberación del ser humano, es la práctica habitual de Jesús.

El sufrimiento humano sólo encuentra una respuesta en el amor de Dios que ha mostrado su omnipotencia de la manera más misteriosa, es decir, a través del anonadamiento voluntario y en la resurrección de su Hijo, por los cuales ha vencido el mal. Hay que tener la plena certeza, aun en medio de grandes y prolongadas tribulaciones, que Dios Padre, en Cristo, vence el mal y la muerte y que las apariencias de este mundo pasan para dar lugar a la patria celestial.

Jesús, muy de mañana se retira a orar a un lugar desierto. Para el evangelista parece que el apostolado de Jesús quedaría incompleto si no se ofrece el momento de la oración. Marcos no da una información precisa de la oración de Jesús, nos indica que Jesús ora con frecuencia y que lo hace a solas en lugar desierto. Jesús se preparaba para el combate apostólico de la predicación y, más tarde de la pasión, en la oración, en el encuentro con el Padre.
El corazón del hombre está hecho para buscar y amar a Dios, y el Señor facilita ese encuentro, pues Él busca también a cada persona. Hay, han habido y habrán muchos hombres y mujeres en el mundo, pero ni a uno solo de ellos lo deja de llamar el Señor. Nosotros, como Jesús nos lo enseña en el Evangelio, vayamos a su encuentro en la oración, que es nuestro diálogo personal con Él.

Orar es tomarse el tiempo para escuchar, para meditar en silencio la palabra de Dios, es acallar nuestros deseos para no poner más atención que en Dios, que está presente secretamente, y para unirnos a su voluntad.
El pasaje del Evangelio nos revela que después de la oración al Padre, Jesús va a predicar a las sinagogas de toda la Galilea.
Todo aquel que, como Jesús, se dedique al apostolado, debe acudir a la oración para obtener allí, la fuerza para luchar, la fuerza para resistir, la fuerza para perseverar en el camino

Preguntas para la meditación: ¿qué me dice?

La oración como elevación de nuestra mente y nuestro corazón hacia Dios ilumina y fortalece todo nuestro caminar.
Al ver a Jesús orar nos viene a la mente la necesidad que tenemos también nosotros de retirarnos a orar. Nos podemos preguntar: ¿cómo es mi oración? ¿Reservo todos los días algún momento para conversar con Dios? ¿Para pedirle que me ilumine en la toma de mis decisiones? ¿Por todos aquellos que entrarán en contacto con migo? ¿Por todos aquellos que sufren? ¿Acudo a la oración para pedirle valor y así cumplir mi vocación como padre o madre de familia, como persona consagrada a Cristo?

Hoy Continúan siendo actuales las palabras que San Agustín escribió al comienzo de sus Confesiones: “Nos has creado, Señor, para Tí y nuestro corazón no encuentra sosiego hasta que descansa en Ti”, por eso es importante reflexionar lo que dicen los apóstoles a Jesús: “Todos te andan buscando”. ¿Cómo vivo hoy la búsqueda de Jesús?
¿En qué gestos concretos nos hacemos cercanos a los hermanos que sufren o están marginados de la sociedad?

Dice san Ambrosio: El Señor ha venido como médico de los que están enfermos. Él mismo afirma: "no son los sanos los que tienen necesidad del médico, sino los enfermos; no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores". Pero, ¿acaso ha venido a llamarlos para que perseveren en su estado? ¿O más bien para una conversión que los haga salir de su precedente condición, que constituía una enfermedad…….? ¿Siento la necesidad de salir de mi situación actual y pasar a una mejor, ayudado por el Señor? ¿Qué es lo que me impide hacerlo?

Catecismo: Jesús ora

2599 El Hijo de Dios hecho hombre también aprendió a orar conforme a su corazón de hombre. El aprende de su madre las fórmulas de oración; de ella, que conservaba todas las "maravillas " del Todopoderoso y las meditaba en su corazón (cf Lc 1, 49; 2, 19; 2, 51). Lo aprende en las palabras y en los ritmos de la oración de su pueblo, en la sinagoga de Nazaret y en el Templo. Pero su oración brota de una fuente secreta distinta, como lo deja presentir a la edad de los doce años: "Yo debía estar en las cosas de mi Padre" (Lc 2, 49). Aquí comienza a revelarse la novedad de la oración en la plenitud de los tiempos: la oración filial, que el Padre esperaba de sus hijos va a ser vivida por fin por el propio Hijo único en su Humanidad, con y para los hombres.

Oración:

Se cuenta que un pequeño pueblo alemán, que quedó prácticamente destruido durante la segunda guerra mundial, tenía en una iglesia un crucifijo muy antiguo, del que los fieles del lugar eran muy devotos. Cuando iniciaron la reconstrucción de la iglesia, los campesinos encontraron esa magnífica talla, sin brazos, entre los escombros. No sabían muy bien qué hacer; unos eran partidarios de poner el mismo crucifijo, restaurado con brazos nuevos. A otros les parecía mejor encargar una réplica del antiguo. Por fin, después de muchas dudas, decidieron colocar la talla que siempre había estado en el altar, tal como había sido hallada, pero con la siguiente inscripción: “Mis brazos son ustedes”. Así se la encuentra todavía hoy en esa iglesia.
Afirmados en la oración frente al Señor, nos convertimos en los brazos de Dios en el mundo. Él ha querido tener necesidad de los hombres.

María, pureza en vuelo, Virgen de vírgenes, danos la gracia de ser humanos sin olvidarnos del cielo.
Enséñanos a vivir; ayúdenos tu oración; danos en la tentación la gracia de resistir.

Honor a la Trinidad por esta limpia victoria.
Y gloria por esta gloria que alegra la cristiandad. Amén.
Himno de la Liturgia de las Horas - Primeras Vísperas de la Fiesta de la Presentación del Señor.

Lecturas de la semana:

LUNES 9: Génesis 1, 1-19; Salmo 103; Marcos 6, 53-56.
MARTES 10: Génesis 1, 20—2,4a; Salmo 8; Marcos 7, 1-13.
MIERCOLES 11: Génesis 2, 4b-9.15-17; Salmo 103; Marcos 7, 14-23.
JUEVES 12: Génesis 2, 18-25; Salmo 127; Marcos 7, 24-30.
VIERNES 13: Génesis 3, 1-8; Salmo 31; Marcos 7, 31-37.
SABADO 14: Génesis 3, 9-24; Salmo 89; Marcos 8, 1-10.
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Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las reflexiones que acompañan las lecturas, textos de distintos autores: El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y Maria, Catholic.net, Homilia.com. “Claves para Lectio Divina para Jóvenes” Proyecto Lectionautas CEBIPAL/CELAM – SOCIEDADES BIBLICAS UNIDAS Hno. Ricardo Grzona, frp.
Impresión Librería “Del Rocío” Av. Mitre 6199 – Wilde – 4207-4785

Te esperamos los sábados 17:30 h.
para leer la Biblia en la Parroquia San José: Brandsen 4970 Villa Dominico
Círculo Bíblico San José miencuentroconjesus@yahoo.com.ar

sábado, 31 de enero de 2009

Lecturas del Cuarto domingo durante el año

Lecturas del 1/02/09 –Ciclo B–

4° domingo durante el año

“Todos estaban asombrados de su enseñanza”

Lectura libro del Deuteronomio 18, 15-20

Moisés dijo al pueblo: El Señor, tu Dios, te suscitará un profeta como yo; lo hará surgir de entre ustedes, de entre tus hermanos, y es a él a quien escucharán. Esto es precisamente lo que pediste al Señor, tu Dios, en el Horeb, el día de la asamblea, cuando dijiste: «No quiero seguir escuchando la voz del Señor, mi Dios, ni miraré más este gran fuego, porque de lo contrario moriré».
Entonces el Señor me dijo: «Lo que acaban de decir está muy bien. Por eso, suscitaré entre sus hermanos un profeta semejante a ti, pondré mis palabras en su boca, y él dirá todo lo que yo le ordene. Al que no escuche mis palabras, las que este profeta pronuncie en mi Nombre, yo mismo le pediré cuenta. Y si un profeta se atreve a pronunciar en mi Nombre una palabra que yo no le he ordenado decir, o si habla en nombre de otros dioses, ese profeta morirá.» Palabra de Dios.

Salmo 94:

R. Ojalá hoy escuchen la voz del Señor:
«No endurezcan su corazón.»

¡Vengan, cantemos con júbilo al Señor,
aclamemos a la Roca que nos salva!
¡Lleguemos hasta él dándole gracias,
aclamemos con música al Señor! R.

¡Entren, inclinémonos para adorarlo!
¡Doblemos la rodilla ante el Señor que nos creó! Porque él es nuestro Dios,
y nosotros, el pueblo que él apacienta,
las ovejas conducidas por su mano. R.

Ojalá hoy escuchen la voz del Señor: «No endurezcan su corazón como en Meribá,
como en el día de Masá, en el desierto, cuando sus padres me tentaron y provocaron, aunque habían visto mis obras.» R.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Corinto 7,32-35

Hermanos: Yo quiero que ustedes vivan sin inquietudes. El que no tiene mujer se preocupa de las cosas del Señor, buscando cómo agradar al Señor. En cambio, el que tienen mujer se preocupa de las cosas de este mundo, buscando cómo agradar a su mujer, y así su corazón está dividido. También la mujer soltera, lo mismo que la virgen, se preocupa de las cosas del Señor, tratando de ser santa en el cuerpo y en el espíritu. La mujer casada, en cambio, se preocupa de las cosas de este mundo, buscando cómo agradar a su marido.
Les he dicho estas cosas para el bien de ustedes, no para ponerles un obstáculo, sino para que ustedes hagan lo que es más conveniente y se entreguen totalmente al Señor. Palabra de Dios.

Santo Evangelio según San Marcos 1, 21-28

Jesús entró en Cafarnaúm, y cuando llegó el sábado, fue a la sinagoga y comenzó a enseñar. Todos estaban asombrados de su enseñanza, porque les enseñaba como quien tiene autoridad y no como los escribas. Y había en la sinagoga un hombre poseído de un espíritu impuro, que comenzó a gritar: «¿Qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido para acabar con nosotros? Ya sé quién eres: el Santo de Dios.» Pero Jesús lo increpó, diciendo: «Cállate y sal de este hombre.» El espíritu impuro lo sacudió violentamente y, dando un gran alarido, salió de ese hombre.
Todos quedaron asombrados y se preguntaban unos a otros: « ¿Qué es esto? ¡Enseña de una manera nueva, llena de autoridad; da órdenes a los espíritus impuros, y estos le obedecen!» Y su fama se extendió rápidamente por todas partes, en toda la región de Galilea. Palabra del Señor.

Reflexión

Jesús es presentado por san Marcos como el maestro "que enseña con autoridad", "una enseñanza nueva". No es una enseñanza cualquiera, sino la de un profeta, al estilo de Moisés, prototipo del profetismo en la mente de los israelitas, maestro y forjador de su pueblo.
Una vez que Jesús forma el primer núcleo de sus colaboradores (cfr. Mc 1,16-20), comienza su “actuación pública” en la Sinagoga de Cafarnaúm enfrentándose con un “espíritu malo”. Lo hace un día sábado, día especial consagrado al Señor por la fe judía.
Como cualquier varón adulto Jesús es invitado a enseñar en esta celebración donde la gente queda sorprendida porque habla con autoridad. En un primer nivel este “hablar con autoridad” tiene que ver con el hecho de que Jesús no se apoya en otros maestros para dejar su enseñanza. Él mismo hace la interpretación correcta de la Escritura, de la Palabra de Dios.
Pero además hay otro sentido más profundo de este, hablar con autoridad, que tiene que ver con el personaje del espíritu malo que aparece en escena.
El “espíritu malo” (en el original griego del Nuevo Testamento es pneumati akatharto) representa al mal en todas sus formas: el pecado, el Diablo, la mentira, la destrucción del hombre, los que buscan destrozar la obra de Dios… todo lo malo y negativo que nos podamos imaginar.
El espíritu malo, que le hace mal al hombre que lo posee, ante la presencia de Jesús se descontrola de manera violenta revelando la identidad del mismo Jesús. Le dice con claridad que lo conoce y que es el Hijo de Dios. En este contexto Jesús reacciona enérgicamente e impele al espíritu malo para dos cosas: en primer lugar que se calle y, en segundo lugar, que salga del hombre. Lo que Jesús dijo se cumplió de manera total y definitiva…
Aquí aparece la reacción de la gente que tiene que ver con la autoridad de Jesús. El asombro, al menos en este caso, no es tanto por el contenido doctrinal nuevo que presenta Jesús, sino por la nueva enseñanza que va acompañada del poder. Habla y lo que dice se cumple… Ahí radica la autoridad de Jesús, en definitiva la autoridad de Dios. Su palabra no es hueca, no es mera expresión externa sino que goza de una efectividad especial que lo acredita como Aquél que tiene autoridad. Jesús es realmente el Hijo de Dios y lo que dice se cumple. Esta es la enseñanza nueva que comienza a asombrar y a cautivar a los miembros más sencillos del pueblo. Así se diferencia la palabra de Jesús de la de los maestros de la ley (v. 22).
Jesús no solo anuncia la llegada del Reino de Dios, sus obras, sus milagros, sus signos ratifican y confirman la llegada del Reino. Esta actitud de Jesús hace que Él se convierta en un verdadero interrogante para los hombres y mujeres que lo escuchan y lo ven. De hecho, en los dos primeros capítulos de Marcos se señala con claridad como Jesús va ganando “popularidad” y se va acreditando como el que habla con autoridad.
Es importante destacar también el poder de Jesús sobre el mal en todas sus formas. Muchas veces a través de los distintos medios de comunicación se percibe una presentación del mal como más poderoso que el mismo Dios. Nuestra fe cristiana, en este texto y en muchos otros, en la reflexión teológica y espiritual de la Tradición de la Iglesia, nos enseña que el poder de Dios siempre es más fuerte que el del Diablo y el de cualquier forma de mal que pueda existir.

Para tener presente: la sinagoga es la asamblea de fieles judíos y el lugar de culto y estudios del Judaísmo. El término proviene del latín sinagoga, y éste griego synagoge (reunión, congregación). En hebreo se llama Bet ha Keneset o “lugar de reunión”. Es una institución muy antigua, se piensa que ellas se remontan a la antigua Babilonia del siglo VI a.C. El número de sinagogas creció al establecerse la lectura pública de la Escritura.

La Constitución Dei Verbum del Concilio Vaticano II insiste en varios apartados sobre esta autoridad de Jesús señalando que él se revela y revela al Reino en “palabras y obras”.

DV N° 4. Después que Dios habló muchas veces y de muchas maneras por los profetas, "últimamente, en estos días, nos habló por su Hijo" (Heb., 1, 1-2), pues envió a su Hijo, es decir, al Verbo eterno, que ilumina a todos los hombres, para que viviera entre ellos y les manifestara los secretos de Dios (cf. Jn., 1, 1-18); Jesucristo, pues, el Verbo hecho carne, "hombre enviado a los hombres", "habla palabras de Dios" (Jn., 3, 34) y lleva a cabo la obra de la salvación que el Padre le confió (cf. Jn., 5, 36; 17, 4). Por tanto, Jesucristo –ver al cual es ver al Padre (cf. Jn., 14, 9),- con toda su presencia y manifestación de sí mismo, con sus palabras y obras, señales y milagros, y, sobre todo, con su muerte y resurrección gloriosa de entre los muertos, con el envío, finalmente, del Espíritu de verdad, completa la revelación y confirma con testimonio divino que Dios está con nosotros para librarnos de las tinieblas del pecado y de la muerte y resucitarnos a la vida eterna.

Preguntas para la meditación: ¿qué me dice?

¿Cómo me llega a mí la enseñanza de Jesús en la actualidad? ¿Qué valor le doy a la Palabra de Dios en la Escritura, en la enseñanza del Magisterio de la Iglesia y en la vivencia de las celebraciones litúrgicas?

¿Ofrezco a Jesús los “espíritus malos” de mi corazón para que él los “calle” y los “saque” con su poder?

Jesús actuaba de tal manera que nadie quedaba indiferente ante él; unos lo admiraban, otros no podían soportar su libertad y su cercanía a Dios Padre. Mi actuación, la de mi comunidad, ¿interpela a la gente que nos ve y nos rodea, impresiona, cuestiona, hace reflexionar, alegra, libera, trae paz, justicia y esperanza, o deja indiferentes a los demás?

Catecismo: Los signos del Reino de Dios

547 Jesús acompaña sus palabras con numerosos "milagros, prodigios y signos" (Hch 2, 22) que manifiestan que el Reino está presente en El. Ellos atestiguan que Jesús es el Mesías anunciado (cf, Lc 7, 18-23).

548 Los signos que lleva a cabo Jesús testimonian que el Padre le ha enviado (cf. Jn 5, 36; 10, 25). Invitan a creer en Jesús (cf. Jn 10, 38). Concede lo que le piden a los que acuden a él con fe (cf. Mc 5, 25-34; 10, 52; etc.). Por tanto, los milagros fortalecen la fe en Aquél que hace las obras de su Padre: éstas testimonian que él es Hijo de Dios (cf. Jn 10, 31-38). Pero también pueden ser "ocasión de escándalo" (Mt 11, 6). ………….

549 Al liberar a algunos hombres de los males terrenos del hambre (cf. Jn 6, 5-15), de la injusticia (cf. Lc 19, 8), de la enfermedad y de la muerte (cf. Mt 11,5), Jesús realizó unos signos mesiánicos; no obstante, no vino para abolir todos los males aquí abajo (cf. LC 12, 13. 14; Jn 18, 36), sino a liberar a los hombres de la esclavitud más grave, la del pecado (cf. Jn 8, 34-36), que es el obstáculo en su vocación de hijos de Dios y causa de todas sus servidumbres humanas.

Oración:
Cuando la luz del sol es ya poniente, gracias, Señor, es nuestra melodía; recibe, como ofrenda, amablemente, nuestro dolor, trabajo y alegría.
Si poco fue el amor en nuestro empeño de darle vida al día que fenece, convierta en realidad lo que fue un sueño tu gran amor que todo lo engrandece.
Tu cruz, Señor, redime nuestra suerte de pecadora en justa, e ilumina la senda de la vida y de la muerte del hombre que en la fe lucha y camina.
Jesús, Hijo del Padre, cuando avanza la noche oscura sobre nuestro día, concédenos la paz y la esperanza de esperar cada noche tu gran día. Amén.

Liturgia de las Horas, Himno para las Completas


Lecturas de la semana:

LUNES 2: Malaquías 3, 1-4; Salmo 23; Lucas 2, 22-32. “Presentación del Señor”

MARTES 3: Hebreos 12, 1-4; Salmo 21; Marcos 5, 21-43.

MIERCOLES 4: Hebreos 12, 4-7.11-15; Salmo 102; Marcos 6, 1-6.

JUEVES 5: Hebreos 12, 18-19.21-24; Salmo 47; Marcos, 6,7-13.

VIERNES 7: Hebreos 13, 1-8; Salmo 26; Marcos 6, 14-29.

SABADO 8: Hebreos 13, 15-17. 20-21; Salmo 22; Marcos 6, 30-34.

Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las reflexiones que acompañan las lecturas, textos de distintos autores: El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y Maria, Catholic.net, Homilia.com. “Claves para Lectio Divina para Jóvenes” Proyecto Lectionautas CEBIPAL/CELAM – SOCIEDADES BIBLICAS UNIDAS Hno. Ricardo Grzona, frp.

Impresión Librería “Del Rocío” Av. Mitre 6199 – Wilde – 4207-4785



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domingo, 25 de enero de 2009

Lecturas del Tercer Domingo durante el año

Lecturas del 25/01/09 –Ciclo B– 3° domingo durante el año

“Inmediatamente, ellos dejaron sus redes y lo siguieron.”

Lectura de la profecía de Jonás 3, 1-5. 10

La palabra del Señor fue dirigida por segunda vez a Jonás, en estos términos: «Parte ahora mismo para Nínive, la gran ciudad, y anúnciale el mensaje que yo te indicaré.» Jonás partió para Nínive, conforme a la palabra del Señor. Nínive era una ciudad enormemente grande: se necesitaban tres días para recorrerla. Jonás comenzó a internarse en la ciudad y caminó durante todo un día, proclamando: «Dentro de cuarenta días, Nínive será destruida.»
Los ninivitas creyeron en Dios, decretaron un ayuno y se vistieron con ropa de penitencia, desde el más grande hasta el más pequeño. Al ver todo lo que los ninivitas hacían para convertirse de su mala conducta, Dios se arrepintió de las amenazas que les había hecho y no las cumplió. Palabra de Dios.

Salmo 24

R. Muéstrame, Señor, tus caminos.

Muéstrame, Señor, tus caminos, enséñame tus senderos. Guíame por el camino de tu fidelidad; enséñame, porque tú eres mi Dios y mi salvador. R.

Acuérdate, Señor, de tu compasión y de tu amor, porque son eternos. Por tu bondad, Señor, acuérdate de mí según tu fidelidad. R.

El Señor es bondadoso y recto: por eso muestra el camino a los extraviados;
él guía a los humildes para que obren rectamente y enseña su camino a los pobres. R.

Lectura de la primera carta del apóstol S. Pablo a los cristianos de Corinto 7, 29-31

Lo que quiero decir, hermanos, es esto: queda poco tiempo. Mientras tanto, los que tienen mujer vivan como si no la tuvieran; los que lloran, como si no lloraran; los que se alegran, como si no se alegraran; los que compran, como si no poseyeran nada; los que disfrutan del mundo, como si no disfrutaran. Porque la apariencia de este mundo es pasajera. Palabra de Dios.

Santo Evangelio según san Marcos 1, 14-20

Después que Juan fue arrestado, Jesús se dirigió a Galilea. Allí proclamaba la Buena Noticia de Dios, diciendo: «El tiempo se ha cumplido: el Reino de Dios está cerca. Conviértanse y crean en la Buena Noticia.»
Mientras iba por la orilla del mar de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés, que echaban las redes en el agua, porque eran pescadores. Jesús les dijo: «Síganme, y yo los haré pescadores de hombres.» Inmediatamente, ellos dejaron sus redes y lo siguieron. Y avanzando un poco, vio a Santiago, hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban también en su barca arreglando las redes. En seguida los llamó, y ellos, dejando en la barca a su padre Zebedeo con los jornaleros, lo siguieron. Palabra del Señor.

Reflexión:
Después de narrarnos los comienzos del evangelio con Juan Bautista, con la unción mesiánica de Jesús en el río Jordán y con sus tentaciones en el desierto, Marcos nos relata, la actividad pública de Jesús; es el humilde carpintero de Nazaret que ahora recorre su región, predicando en las aldeas y ciudades, en los cruces de los caminos, en las sinagogas y en las plazas. Su voz llega a quien quiera oírlo, sin excluir a nadie, sin exigir nada a cambio. Una voz desnuda y vibrante como la de los antiguos profetas. Marcos resume el entero contenido de la predicación de Jesús en estos dos momentos: el reinado de Dios ha comenzado - es que se ha cumplido el plazo de su espera - y ante el reinado de Dios sólo cabe convertirse, acogerlo, aceptarlo con fe.

¿De qué rey hablaba ahora Jesús? Del anunciado por los profetas y anhelado por los justos. Un rey divino que garantizaría a los pobres y a los humildes la justicia y el derecho, y excluiría de su vista a los violentos y a los opresores. Un rey universal que anularía las fronteras entre los pueblos y haría confluir a su monte santo a todas las naciones, incluso a las más bárbaras y sanguinarias, para instaurar en el mundo una era de paz y fraternidad, sólo comparable a la era de antes del pecado.

Este «reinado de Dios» que Jesús anunciaba hace más de 2000 años por Galilea, sigue siendo la esperanza de todos los pobres de la tierra. Ese reino que ya está en marcha desde que Jesús lo proclamara, porque lo siguen anunciando sus discípulos, los que Él llamó en su seguimiento para confiarles la tarea de pescar en las redes del Reino a los seres humanos de buena voluntad. Es el Reino que proclama la Iglesia y que todos los cristianos del mundo se afanan por construir de mil maneras, todas ellas reflejo de la voluntad amorosa de Dios: curando a los enfermos, dando pan a los hambrientos, calmando la sed de los sedientos, enseñando al que no sabe, perdonando a los pecadores y acogiéndolos en la mesa fraterna; denunciando, con palabras y actitudes, a los violentos, opresores e injustos.

A nosotros corresponde, como a Jonás, a Pablo y al mismo Jesús, retomar las banderas del reinado de Dios y anunciarlo en nuestros tiempos y en nuestras sociedades; a todos los que sufren y a todos los que oprimen y deben convertirse, para que la voluntad amorosa de Dios se cumpla para todos los seres del universo.

Dios quiere la conversión. Puesto que Dios ama al hombre y desea que éste sea feliz, quiere que se convierta y viva. Convertirse significa dejar el camino equivocado de una felicidad aparente y enderezar los pasos hacia el camino del bien, de la verdad y de la plenitud.

La conversión es a la vez una llamada y una respuesta. Dios nos llama a convertirnos y el hombre responde con la conversión, gracias al don de la fe. En base a la fe en Dios, el hombre se convierte y vive la experiencia nueva de vivir orientado hacia Él. La fe que previene la conversión, también la acompaña y la sigue para dar frutos de conversión en la conducta y vida diarias. Una conversión sin el acompañamiento de la fe no sería otra cosa sino un puro y momentáneo sentimiento, un "fervorín" suscitado por una experiencia fuerte. Es decir, se reduciría a algo superficial y desprovisto de futuro. Sin embargo, cuando la conversión se funda en la fe y es acompañada por ésta, entonces lo más natural es que culmine con el seguimiento: ir pisando las mismas huellas de Cristo en el camino de la vida. En tiempo de Jesús, eran los discípulos los que escogían al rabino o maestro; Jesús hace lo contrario; es él quien elige y dice a sus elegidos: sigue mis pasos, camina tras mis huellas. Así serás mi verdadero discípulo.

Para poder seguir con la posta del Reinado de Dios las lecturas del tercer domingo nos presentan a Jonás y a los apóstoles que responden sin demora al llamado del Señor, libres de ataduras para seguir a Cristo.

En el pasaje del Evangelio encontramos la llamada que Jesús hace a Pedro, Andrés, a Santiago y a Juan.

Los cuatro apóstoles que llama el Señor en este pasaje eran pescadores, y Jesús los encuentra trabajando, pescando o arreglando las redes. Para estos apóstoles, las redes lo eran todo, pues eran los instrumentos de trabajo y de su sustento diario. Al recibir el llamado, estos hombres, al instante, dejaron todo para seguir al Señor.

Para seguir a Cristo es necesario que no exista en nosotros un apegamiento por los bienes materiales y por los valores del mundo. El Señor nos pide a todos los cristianos, en el estado en que nos ha llamado, un desprendimiento efectivo de nosotros mismos, de lo que tenemos y de lo que usamos. El Concilio Vaticano II nos advierte al respecto, diciéndonos: “Vigilen todos para ordenar rectamente sus afectos, no sea que en el uso de las cosas de este mundo y en el apego a las riquezas, encuentren un obstáculo que los aparte, contra el espíritu de pobreza evangélica, de la búsqueda de la perfecta caridad”.

El desprendimiento que nos pide Cristo no es un desprecio absoluto a los bienes materiales, que son buenos si se adquieren y utilizan conforme a la voluntad de Dios y siguiendo las enseñanzas de Jesús: “Busquen primero el reino de Dios y su justicia, y lo demás se les dará por añadidura”. Pero esta enseñanza no es compatible con un corazón dividido, que busca compartir el amor a Dios con el amor a los bienes, a la comodidad y al aburguesamiento, porque muy pronto termina desalojando a Dios del corazón y cayendo prisionero de los bienes de la tierra, que ahí sí se convierten en males.

A la tendencia natural que todos tenemos por aferrarnos, se une la carrera desenfrenada por la posesión cada vez mayor de bienes, una clara ambición, no al legítimo confort, sino al lujo, a no privarse de nada placentero, a un comportamiento individualista, como si estas fueran la meta más importante en nuestras vidas. Este es el modo de vida que parece extenderse cada vez más en nuestras sociedades. Y esta es una gran presión a la que con mucha frecuencia contribuyen los medios de comunicación y económicos, en la que no debemos caer si queremos de verdad mantenernos libres de ataduras para seguir a Cristo.

Catecismo: "El Reino de Dios está cerca"

541 "Después que Juan fue preso, marchó Jesús a Galilea; y proclamaba la Buena Nueva de Dios: El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca; convertíos y creed en la Buena Nueva" (Mc 1, 15). "Cristo, por tanto, para hacer la voluntad del Padre, inauguró en la tierra el Reino de los cielos" (LG 3). Pues bien, la voluntad del Padre es "elevar a los hombres a la participación de la vida divina" (LG 2). Lo hace reuniendo a los hombres en torno a su Hijo, Jesucristo. Esta reunión es la Iglesia, que es sobre la tierra "el germen y el comienzo de este Reino" (LG 5).

542 Cristo es el corazón mismo de esta reunión de los hombres como "familia de Dios". Los convoca en torno a él por su palabra, por sus señales que manifiestan el reino de Dios, por el envío de sus discípulos. Sobre todo, él realizará la venida de su Reino por medio del gran Misterio de su Pascua: su muerte en la Cruz y su Resurrección. "Cuando yo sea levantado de la tierra, atraeré a todos hacia mí" (Jn. 12, 32). A esta unión con Cristo están llamados todos los hombres (cf. LG 3).

Preguntas para la meditación: ¿qué me dice?

¿En qué situaciones de mi pasado y de mi presente siento que Jesús sale a mi encuentro en el camino de mi vida?

¿Cómo he respondido esas llamadas? ¿Sin demora, como Jonás y los apóstoles o sentí que no podía seguirlo al señor porque hay otras cosas “primero” que tengo que hacer?

¿Qué situaciones hoy hacen que no me encuentre libre de ataduras para seguir a Cristo?

Oración:
Vamos a pedirle hoy al Señor que, a ejemplo de los apóstoles, no permitamos nunca que los bienes de la tierra constituyan un impedimento para acudir sin demoras a su llamado.
Libra mis ojos de la muerte; dales la luz, que es su destino. Yo, como el ciego del camino, pido un milagro para verte.
Haz de esta piedra de mis manos una herramienta constructiva, cura su fiebre posesiva y ábrela al bien de mis hermanos.
Haz que mi pie vaya ligero. Da de tu pan y de tu vaso al que te sigue, paso a paso, por lo más duro del sendero.
Que yo comprenda, Señor mío, al que se queja y retrocede; que el corazón no se me quede desentendidamente frío.
Guarda mi fe del enemigo. ¡Tantos me dicen que estás muerto!
Y entre la sombra y el desierto dame tu mano y ven conmigo. Amén.

Liturgia de las Horas - Himnos de las Vísperas del Lunes de la Primera Semana

Lecturas de la semana:

LUNES 26: Tito 1, 1-5; Salmo 95; Lucas 10, 1-9.

MARTES 27: Hebreos 10, 1-10; Salmo 39; Marcos 3, 31-35.

MIERCOLES 28: Hebreos 10, 11-18; Salmo 109; Marcos 4, 1-20.

JUEVES 29: Hebreos 10, 19-25; Salmo 23; Marcos, 4,21-25.

VIERNES 30: Hebreos 10, 32-39; Salmo 36; Marcos 4. 26-34.

SABADO 31: Hebreos 11, 1-2. 8-19; Salmo Lc. 1,69-70.71-72.73-75; Marcos 4, 35-40.

Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las reflexiones que acompañan las lecturas, textos de distintos autores: El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y Maria, Catholic.net, Homilia.com. “Claves para Lectio Divina para Jóvenes” Proyecto Lectionautas CEBIPAL/CELAM – SOCIEDADES BIBLICAS UNIDAS Hno. Ricardo Grzona, frp.

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domingo, 18 de enero de 2009

Lecturas del segundo domingo durante el Año

Lecturas del 18/01/09 –Ciclo B–

2° domingo durante el año

“Rabbí ¿dónde vives?”

Lectura 1° libro de Samuel 3, 3b-10. 19

Samuel estaba acostado en el Templo del Señor, donde se encontraba el Arca de Dios. El Señor llamó a Samuel, y él respondió: «Aquí estoy.» Samuel fue corriendo adonde estaba Elí y le dijo: «Aquí estoy, porque me has llamado.» Pero Elí le dijo: «Yo no te llamé; vuelve a acostarte.» Y él se fue a acostar.
El Señor llamó a Samuel una vez más. El se levantó, fue adonde estaba Elí y le dijo: «Aquí estoy, porque me has llamado.» Elí le respondió: «Yo no te llamé, hijo mío; vuelve a acostarte.» Samuel aún no conocía al Señor, y la palabra del Señor todavía no le había sido revelada. El Señor llamó a Samuel por tercera vez. El se levantó, fue adonde estaba Elí y le dijo: «Aquí estoy, porque me has llamado.» Entonces Elí comprendió que era el Señor el que llamaba al joven, y dijo a Samuel: «Ve a acostarte, y si alguien te llama, tú dirás: Habla, Señor, porque tu servidor escucha.» Y Samuel fue a acostarse en su sitio. Entonces vino el Señor, se detuvo, y llamó como las otras veces: «¡Samuel, Samuel!» El respondió: «Habla, porque tu servidor escucha.» Samuel creció; el Señor estaba con él, y no dejó que cayera por tierra ninguna de sus palabras. Palabra de Dios.

SALMO 39

R. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.

Esperé confiadamente en el Señor: él se inclinó hacia mí y escuchó mi clamor. Puso en mi boca un canto nuevo, un himno a nuestro Dios. R.

Tú no quisiste víctima ni oblación; pero me diste un oído atento; no pediste holocaustos ni sacrificios, entonces dije: «Aquí estoy.» R.

«En el libro de la Ley está escrito lo que tengo que hacer: yo amo, Dios mío, tu voluntad, y tu ley está en mi corazón.» R.

Proclamé gozosamente tu justicia en la gran asamblea; no, no mantuve cerrados mis labios, tú lo sabes, Señor. R.

Lectura 1° carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Corinto 6, 13c-15a. 17-20

Hermanos: El cuerpo no es para la fornicación, sino para el Señor, y el Señor es para el cuerpo. Y Dios que resucitó al Señor, nos resucitará también a nosotros con su poder. ¿No saben acaso que sus cuerpos son miembros de Cristo? El que se une al Señor se hace un solo espíritu con él.
Eviten la fornicación. Cualquier otro pecado cometido por el hombre es exterior a su cuerpo, pero el que fornica peca contra su propio cuerpo. ¿O no saben que sus cuerpos son templo del Espíritu Santo, que habita en ustedes y que han recibido de Dios?
Por lo tanto, ustedes no se pertenecen, sino que han sido comprados, ¡y a qué precio! Glorifiquen entonces a Dios en sus cuerpos.
Palabra de Dios.

Lectura S. Evangelio según san Juan 1, 35-42

Estaba Juan otra vez allí con dos de sus discípulos y, mirando a Jesús que pasaba, dijo: «Este es el Cordero de Dios.»
Los dos discípulos, al oírlo hablar así, siguieron a Jesús. El se dio vuelta y, viendo que lo seguían, les preguntó: «¿Qué quieren?» Ellos le respondieron: «Rabbí -que traducido significa Maestro- ¿dónde vives?»
«Vengan y lo verán», les dijo. Fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él ese día. Era alrededor de las cuatro de la tarde.
Uno de los dos que oyeron las palabras de Juan y siguieron a Jesús era Andrés, el hermano de Simón Pedro. Al primero que encontró fue a su propio hermano Simón, y le dijo: «Hemos encontrado al Mesías», que traducido significa Cristo. Entonces lo llevó a donde estaba Jesús. Jesús lo miró y le dijo: Tú eres Simón, el hijo de Juan: tú te llamarás Cefas», que traducido significa Pedro. Palabra del Señor.

Reflexión

La fe conlleva un proyecto de vida, un camino, un recorrido que se realiza día a día, en todos los momentos de la existencia y que requiere una actitud permanente de escucha, discernimiento, búsqueda y fidelidad. Actitudes a las que nos invitan las lecturas en este domingo.

El libro de Samuel nos presenta la infancia del joven Samuel en el templo al cual fue consagrado por su madre en virtud de una promesa. El niño duerme, pero una voz lo llama, creyendo que es su maestro Elí, con ingenua obediencia se levanta tres veces en la noche acudiendo a su llamado. Samuel no conoce aún a Yahvé pero sabe de la constancia en la obediencia, sabe acudir al llamado, una vez más, aun cuando en las primeras ocasiones perecía haberse despertado en vano. Elí, comprendió que era Yahvé quien llamaba al niño y le enseñó entonces a crear la actitud de la escucha: “Habla señor, que tu siervo escucha”.

La vida actual está llena de ruidos, palabras que van y vienen, mensajes que se cruzan y con frecuencia los seres humanos perdemos la capacidad del silencio, la capacidad de escuchar en nuestro interior la voz de Dios que nos habita. Dios puede continuar siendo aquel desconocido de quien hablamos o a quien afirmamos, creer pero con quien pocas veces nos encontramos en la intimidad del corazón.

Este texto sobre Samuel niño se ha aplicado muchas veces al tema de la “vocación”, palabra que significa “llamado”. Toda persona, en el proceso de su maduración, llega un día a percibir la seducción de unos valores que le llaman, que con una voz imprecisa al principio, le invitan a salir de sí y a consagrar su vida a una gran causa. Esas voces vagas o difícilmente reconocibles, con frecuencia provienen de la fuente honda que será capaz más tarde de centrar toda nuestra vida. No hay mayor don en la vida que haber encontrado la vocación, que es tanto como haberse encontrado a sí mismo, haber encontrado la razón de la propia vida, el amor de la vida. No hay mayor infortunio que no encontrar la razón de la vida, no encontrar una causa por la que vivir (que siempre es, a la vez, una causa por la que morir).

En el evangelio de hoy, Juan nos relata el encuentro de los primeros discípulos con Jesús. Es una importante escena de transición donde se “pasa” del Antiguo al Nuevo Testamento. Donde Juan Bautista reconoce en Jesús al Mesías esperado y por ello no retiene a sus discípulos para sí, sino que los orienta hacia Jesús. Juan comienza a “decrecer” para que Jesús “crezca”. El Bautista guía y dirige a sus discípulos hacia el “más Fuerte”… En este contexto Juan Bautista define a Jesús en el versículo 36 como el Cordero de Dios.

La palabra “cordero” evoca en el Israel de la época de Jesús la idea de sacrificio donde este animal (ganado menor) era utilizado para los diversos sacrificios y recordaba los “grandes sacrificios” en la historia del pueblo (1. sacrificio diario en el Templo, mañana y tarde; 2. sacrificio en lugar de Isaac; 3. sacrifico en la noche de Pascua; 4. sacrificio del servidor sufriente que se ofrece por los pecados).

Jesús es claramente el Cordero de Dios pero no en el mismo plano que los sacrificios de la historia de Israel, nombrados más arriba. Su venida, de hecho, suprime por parte de Dios la necesidad de los ritos antiguos dado que Él mismo ofrece y es la “víctima perfecta” que da la reconciliación plena y total a los hombres con Dios.

Es interesante la pregunta de Jesús a los dos discípulos de Juan que lo siguen: ¿qué quieren? Ellos responderán a su vez con otra pregunta: ¿dónde vives, Maestro? La respuesta de Jesús no se deja esperar: Síganme y lo verán. Estos dos discípulos quieren saber algo acerca de Jesús, y reciben como respuesta una invitación a hacer experiencia de encuentro, tienen que seguirlo y lo verán. Tal vez los discípulos buscaban un conocimiento más superficial, querrían conocer “datos” sobre Jesús. El Señor va más allá y los invita a tener un encuentro vivo y vital con Él. Nos dice el evangelista que se quedaron todo el día.

Estos buscadores desean entrar en la vida del Maestro, estar con él, formar parte de él. Y Jesús no se protege guardando las distancias, sino que los acoge y los invita a su morada. Este gesto simbólico se ha comentado siempre como una de las condiciones de la evangelización; no basta dar palabras sino hechos, no teorías sino vivencias, no hablar de la buena noticia sino mostrar cómo la vive uno mismo. O sea, la evangelización no tiene que ser una lección teórica, sino un testimonio, el evangelizador no es un profesor que da una lección, sino un testigo que ofrece su propio testimonio personal.

El impacto de la vivencia, del testimonio, conmueve a los discípulos, y ellos se convierten en mensajeros que atraerán a nuevos discípulos.

En el v. 40 se nos cuenta que uno de los discípulos era Andrés, el hermano de Simón Pedro. La experiencia del encuentro con Jesús fue tan intensa que lo primero que hace es buscar a su hermano y decirle que ha encontrado al Mesías.

La presentación realizada por Juan Bautista desencadena una suerte de admirables comunicadores que unos a otros se van pasando el impostergable descubrimiento. Quienes han tenido la gracia extraordinaria de estar con Cristo invitan a otros a tener la misma experiencia. No podemos callar lo que hemos visto y oído nos dirá la Primera Carta de Juan (1,1-4).

Es el caso de Pedro, cuyo encuentro con Jesús lo transforma en una nueva persona simbolizada por el nuevo nombre que recibe del maestro. Es claro que con la llegada de Jesús, el Mesías, el Cristo, la espera del Pueblo llega a su fin: los hombres se encuentran “cara a cara” con el Dios que viene a salvarlos.

Seguir a Jesús, caminar con él, no puede hacerse sino por haber tenido una experiencia de encuentro con él. Nuestro corazón, y el de los demás, sólo se conmueven por las teorías vividas, por la vivencia y el testimonio personal.

Para tener presente: Mesías (v. 41) es la castellanización del término hebreo Mesiaj que significa “Ungido”. Cristo es la castellanización del término griego Cristós que significa también “Ungido”. Además este último término paso a ser “nombre propio” del mismo Jesús. Es decir que en un nivel las palabras Mesías, Cristo y Ungido pueden ser sinónimos y equivalentes.

Catecismo:

606 El Hijo de Dios "bajado del cielo no para hacer su voluntad sino la del Padre que le ha enviado" (Jn. 6, 38), "al entrar en este mundo, dice: ... He aquí que vengo... para hacer, oh Dios, tu voluntad ... En virtud de esta voluntad somos santificados, merced a la oblación de una vez para siempre del cuerpo de Jesucristo" (Hb. 10, 5-10). Desde el primer instante de su Encarnación el Hijo acepta el designio divino de salvación en su misión redentora: "Mi alimento es hacer la voluntad del que me ha enviado y llevar a cabo su obra" (Jn. 4, 34). El sacrificio de Jesús "por los pecados del mundo entero" (1 Jn. 2, 2), es la expresión de su comunión de amor con el Padre: "El Padre me ama porque doy mi vida" (Jn. 10, 17). "El mundo ha de saber que amo al Padre y que obro según el Padre me ha ordenado" (Jn 14, 31).

Preguntas para la meditación: ¿qué me dice?

El Señor nos invita a tener un encuentro vivo y vital con Él. “Síganme y lo verán (¿dónde vives, Maestro?). Nos dice el evangelista que se quedaron los discípulos todo el día con Él.

¿Cuál es mi experiencia personal de encuentro con el Señor, acepto que todo el día me acompañe en todo lo que hago?

¿Qué le respondería hoy a Jesús si el me pregunta qué quiero, qué deseo?

¿La experiencia de encuentro con Jesús me transforma en un comunicador de su presencia a los demás hermanos a igual que Andrés? ¿A quiénes de manera particular deberé contarles hoy que he encontrado al Mesías, al Cristo?

Oración:

Podemos reflexionar el texto del Papa Benedicto XVI en Deus caritas est 1, que ilumina de manera particular esta invitación del Evangelio de hoy a vivir la fe cristiana como un encuentro con Jesucristo:
…No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva…

Lecturas de la semana:
LUNES 19: Hebreos 5, 1-10; Salmo 109; Marcos 2, 18-22.

MARTES 20: Hebreos 6, 10-20; Salmo 110; Marcos 2, 23-28.

MIERCOLES 21: Hebreos 7, 1-3.15-17; Salmo 109; Marcos 3, 1-6.

JUEVES 22: Hebreos 7, 25—8, 6; Salmo 39; Marcos, 3,7-12.

VIERNES 23: Hebreos 8, 6-13; Salmo 84; Marcos 3. 13-19.

SABADO 24: Hebreos 9, 2-3. 11-14; Salmo 46; Marcos 3, 20-21.

Nota: Basado en El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y Maria, Catholic.net, Homilia.com. “Claves para Lectio Divina para Jóvenes” Proyecto Lectionautas CEBIPAL/CELAM – SOCIEDADES BIBLICAS UNIDAS Hno. Ricardo Grzona, frp.

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sábado, 10 de enero de 2009

Lecturas el Bautismo del Señor

Lecturas del 11/01/09 –Ciclo B–El Bautismo del Señor

Lectura libro del profeta Isaías 55, 1-11

Así habla el Señor: ¡Vengan a tomar agua, todos los sedientos, y el que no tenga dinero, venga también! 1Coman gratuitamente su ración de trigo, y sin pagar, tomen vino y leche. ¿Por qué gastan dinero en algo que no alimenta y sus ganancias, en algo que no sacia? 2Háganme caso, y comerán buena comida, se deleitarán con sabrosos manjares. Presten atención y vengan a mí, escuchen bien y vivirán. 3Yo haré con ustedes una alianza eterna, obra de mi inquebrantable amor a David. Yo lo he puesto como testigo para los pueblos, jefe y soberano de naciones. Tú llamarás a una nación que no conocías, y una nación que no te conocía correrá hacia ti, a causa del Señor, tu Dios, y por el Santo de Israel, que te glorifica. ¡Busquen al Señor mientras se deja encontrar, llámenlo mientras está cerca! Que el malvado abandone su camino y el hombre perverso, sus pensamientos; 7 que vuelva al Señor, y él le tendrá compasión, a nuestro Dios, que es generoso en perdonar. Porque los pensamientos de ustedes no son los míos, ni los caminos de ustedes son mis caminos –oráculo del Señor–. Como el cielo se alza por encima de la tierra, así sobrepasan mis caminos y mis pensamientos a los caminos y a los pensamientos de ustedes.
Así como la lluvia y la nieve descienden del cielo y no vuelven a él sin haber empapado la tierra, sin haberla fecundado y hecho germinar, para que dé la semilla al sembrador y el pan al que come, así sucede con la palabra que sale de mi boca: ella no vuelve a mí estéril, sino que realiza todo lo que yo quiero y cumple la misión que yo le encomendé. Palabra del Dios.



Salmo Is. 12, 2-6
R. Sacarán agua con alegría 3de las fuentes de la salvación.

Este es el Dios de mi salvación:yo tengo confianza y no temo, 2porque el Señor es mi fuerza y mi protección; él fue mi salvación. R

Ustedes sacarán agua con alegría de las fuentes de la salvación. R4

Den gracias al Señor, invoquen su Nombre, anuncien entre los pueblos sus proezas, proclamen qué sublime es su Nombre. R

Canten al Señor porque ha hecho algo grandioso: ¡que sea conocido en toda la tierra! ¡Aclama y grita de alegría, habitante de Sión, porque es grande en medio de ti el Santo de Israel! R

Lectura primera carta Ap. San juan 5, 1-9

Queridos hermanos: El que cree que Jesús es el Cristo ha nacido de Dios; y el que ama al Padre ama también al que ha nacido de él. La señal de que amamos a los hijos de Dios es que amamos a Dios y cumplimos sus mandamientos. El amor a Dios consiste en cumplir sus mandamientos, y sus mandamientos no son una carga, porque el que ha nacido de Dios, vence al mundo. Y la victoria que triunfa sobre el mundo es nuestra fe. ¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios?

Jesucristo vino por el agua y por la sangre; no solamente con el agua, sino con el agua y con la sangre. Y el Espíritu da testimonio 6porque el Espíritu es la verdad. Son tres los que dan testimonio: el Espíritu, el agua y la sangre; y los tres están de acuerdo. Si damos fe al testimonio de los hombres, con mayor razón tenemos que aceptar el testimonio de Dios. Y Dios ha dado testimonio de su Hijo. Palabra del Dios.

Lectura S. Evangelio seg S. Marcos 1, 7-11

Juan predicaba diciendo: «Detrás de mí vendrá el que es más poderoso que yo, y yo ni siquiera soy digno de ponerme a sus pies para desatar la correa de sus sandalias. Yo los he bautizado a ustedes con agua, pero él los bautizará con el Espíritu Santo». En aquellos días, Jesús llegó desde Nazaret de Galilea y fue bautizado por Juan en el Jordán. Y al salir del agua, vio que los cielos se abrían y que el Espíritu Santo descendía sobre él como una paloma; y una voz desde el cielo dijo: «Tú eres mi Hijo muy querido, en ti tengo puesta toda mi predilección». Palabra del Señor.

Reflexión

El hombre, sediento de Dios. El hombre es un ser naturalmente sediento: sediento de gozo y felicidad, sediento de justicia y de paz, sediento de eternidad, sediento de Dios. "El deseo de Dios está inscripto en el corazón del hombre, porque el hombre ha sido creado por Dios y para Dios; y Dios no cesa de atraer al hombre hacia sí, y sólo en Dios encontrará el hombre la verdad y la dicha de no cesar de buscar" (CIC 27). Esta sed de Dios nadie la puede apagar, si no es el mismo Dios. Por eso, Dios, a través de Isaías, invita y exhorta a los hombres; "Venid por agua todos los sedientos... prestad atención, venid a mí; escuchadme y viviréis".

Este domingo la Liturgia de la Iglesia eleva nuestra mirada a Jesús que es bautizado en el Jordán. Puede resultarnos un poco llamativo que Jesús sea bautizado con un bautismo de purificación como el que realizaba Juan. Aunque sea llamativo es así, se señala una vez más la solidaridad de Dios con el hombre, con la humanidad pecadora a tal punto que Jesús, que es Dios y no tiene pecado, se pone en la “fila de los pecadores” para señalarnos cuan cerca nuestro está.

El agua que apaga la sed del hombre es el agua del bautismo. Jesús, prototipo de todo ser humano, quiso sumergirse en esas aguas de purificación, no por ser él pecador, sino por haber cargado con el pecado del mundo. Es importante recordar que la palabra bautismo viene de una raíz griega que significa “inmersión” o “sumergirse”.

El Bautismo cristiano es una inmersión, un sumergirse en Cristo y en su gracia como espacio de salvación.

El “bautismo de Jesús” es un relato cuyo género literario es el de teofanía (teo=Dios; fanía=manifestar): hay una clara manifestación de Jesús como Dios, como el Hijo querido y predilecto del Padre. Los cielos que se abren, la paloma, la voz que viene del cielo… todos signos de que el relato es una teofanía, una manifestación del poder y la centralidad de Dios.

Jesús no necesita una purificación bautismal porque es Dios y no tiene pecado. Sin embargo, como una consecuencia más del misterio de la Encarnación, se somete también a este bautismo donde lo que sucede, como dicen y recuerdan muchos autores de espiritualidad, no son “las aguas” las que santifican a Jesús sino al revés, es Jesús quien santifica “las aguas” que derraman sobre Él. Aquí queda de manifiesto la diferencia entre el mero bautismo de purificación (ritual) y el Bautismo Cristiano (verdadero sacramento). En el sacramento recibimos la misma vida trinitaria en nuestro corazón a la vez que se borra en nosotros el pecado original.

Pensar en el Bautismo de Jesucristo, el Dios-hecho-hombre, nos debe llenar de gran humildad; si todo un Dios se humilla hasta pedir el Bautismo de conversión que San Juan Bautista impartía a los pecadores convertidos, ¿qué no nos corresponde a nosotros, que somos pecadores de verdad?

Recordar el Bautismo del Dios-Hombre es recordar la necesidad que tenemos de conversión, de cambiar de vida, de cambiar de manera de ser, de pensar y de actuar, para asemejarnos cada vez más a Jesucristo. Es recordar la necesidad que tenemos de purificar nuestras almas en las aguas del arrepentimiento y de la confesión de nuestros pecados.

Es recordar que en todo momento y bajo cualquier circunstancia necesitamos la humildad y la docilidad que nos llevan a buscar la Voluntad de Dios por encima de cualquier otra cosa.

Que nuestra vida se convierta en una continúa entrega a la Voluntad de Dios, de manera que así como los cielos se abrieron para Jesús, al recibir el Bautismo de Juan, se abran también para nosotros en el momento de nuestro paso a la otra vida. Así podremos escuchar la voz del Padre reconociéndonos también como hijos suyos en quienes se complace, porque siguiendo a su Hijo Jesucristo, hemos buscado hacer su Voluntad.

Catecismo:

536 El bautismo de Jesús es, por su parte, la aceptación y la inauguración de su misión de Siervo doliente. Se deja contar entre los pecadores (cf. Is 53, 12); es ya "el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo" (Jn 1, 29); anticipa ya el "bautismo" de su muerte sangrienta (cf Mc 10, 38; Lc 12, 50). Viene ya a "cumplir toda justicia"(Mt 3, 15), es decir, se somete enteramente a la voluntad de su Padre: por amor acepta el bautismo de muerte para la remisión de nuestros pecados (cf. Mt 26, 39). A esta aceptación responde la voz del Padre que pone toda su complacencia en su Hijo (cf. Lc 3, 22; Is 42, 1). El Espíritu que Jesús posee en plenitud desde su concepción viene a "posarse" sobre él (Jn 1, 32-33; cf. Is 11, 2). De él manará este Espíritu para toda la humanidad. ….

537 Por el bautismo, el cristiano se asimila sacramentalmente a Jesús que anticipa en su bautismo su muerte y su resurrección: debe entrar en este misterio de rebajamiento humilde y de arrepentimiento, descender al agua con Jesús, para subir con él, renacer del agua y del Espíritu para convertirse, en el Hijo, en hijo amado del Padre y "vivir una vida nueva" (Rm 6, 4).

Enterrémonos con Cristo por el Bautismo, para resucitar con él; descendamos con él para ser ascendidos con él; ascendamos con él para ser glorificados con él (S. Gregorio Nacianc. Or. 40, 9).

Todo lo que aconteció en Cristo nos enseña que después del baño de agua, el Espíritu Santo desciende sobre nosotros desde lo alto del cielo y que, adoptados por la Voz del Padre, llegamos a ser hijos de Dios. (S. Hilario, Mat 2).

Preguntas para la meditación ¿Qué me dice?

En aquellos días, Jesús llegó desde Nazaret de Galilea y fue bautizado por Juan en el Jordán.

¿Guarda el bautismo de Jesús alguna relación con nuestro bautismo?

¿Tengo presente que he sido bautizado por Jesús en el Espíritu Santo cuando recibí el Sacramento del Bautismo?

¿Busco acercarme al Sacramento de la Reconciliación para renovar la gracia bautismal en mi corazón?

Oración:

Invocación al Espíritu Santo

Ven, Espíritu Santo,

llena los corazones de tus fieles

y enciende en ellos el fuego de tu amor.

L./ Envía tu Espíritu y todo será creado.

R./ Y renueva la faz de la tierra.



Oh Dios, que has iluminado

los corazones de tus hijos

con la luz del Espíritu Santo;

haznos dóciles a sus inspiraciones,

para gustar siempre el bien

y gozar de su consuelo.

Por Jesucristo nuestro Señor.

Amén.


Lecturas de la semana:

LUNES 12: 1 Hebreos 1, 1-6; Salmo 96; Marcos 1, 14-20.

MARTES 13: Hebreos 2, 5-12; Salmo 8; Marcos 1, 21-28.

MIERCOLES 14: Hebreos 2, 14-18; Salmo 104; Marcos 1, 29-39.

JUEVES 15: Hebreos 3, 7-14; Salmo 94; Marcos, 1,40-45.

VIERNES 16: Hebreos 4, 1-5.11; Salmo 77; Marcos 2. 1-12.

SABADO 17: 1 Hebreos 4, 12-16; Salmo 18; Marcos 2, 13-17.


Nota: Basado en El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y Maria, Catholic.net, Homilia.com. “Claves para Lectio Divina para Jóvenes” Proyecto Lectionautas CEBIPAL/CELAM – SOCIEDADES BIBLICAS UNIDAS Hno. Ricardo Grzona, frp.

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domingo, 28 de diciembre de 2008

Lecturas La Sagrada Familia de Jesús, María y José

del 28/12/08 –Ciclo B–La Sagrada Familia de Jesús, María y José

Lectura del libro del Génesis 15, 1-6; 21, 1-3

En aquellos días, la palabra del Señor llegó a Abrám en una visión, en estos términos: “No temas, Abrám. Yo soy para ti un escudo. Tu recompensa será muy grande”. “Señor, respondió Abrám, ¿para qué me darás algo, si yo sigo sin tener hijos, y el heredero de mi casa será Eliezer de Damasco?”. Después añadió: “Tú no me has dado un descendiente, y un servidor de mi casa será mi heredero”. Entonces el Señor le dirigió esta palabra: “No, ese no será tu heredero; tu heredero será alguien que nacerá de ti”. Luego lo llevó afuera y continuó diciéndole: “Mira hacia el cielo y, si puedes, cuenta las estrellas”. Y añadió: “Así será tu descendencia”.
Abrám creyó en el Señor, y el Señor se lo tuvo en cuenta para su justificación. El Señor visitó a Sara como lo había dicho, y obró con ella conforme a su promesa. En el momento anunciado por Dios, Sara concibió y dio un hijo a Abraham, que ya era anciano. Cuando nació el niño que le dio Sara, Abraham le puso el nombre de Isaac. Palabra del Dios.

Salmo 104

R. El Señor es nuestro Dios, se acuerda eternamente de su alianza.
¡Den gracias al Señor, invoquen su Nombre, hagan conocer entre los pueblos sus proezas; canten al Señor con instrumentos musicales, pregonen todas sus maravillas! R

¡Gloríense en su santo Nombre, alégrense los que buscan al Señor! ¡Recurran al Señor y a su poder, busquen constantemente su rostro. R

Recuerden las maravillas que él obró, sus portentos y los juicios de su boca. Descendientes de Abraham, su servidor, hijos de Jacob, su elegido. R

Él se acuerda eternamente de su alianza, de la palabra que dio por mil generaciones, del pacto que selló con Abraham, del juramento que hizo a Isaac. R

Lectura carta a los Hebreos 11, 8. 11-12. 17-19

Hermanos: Por la fe, Abraham, obedeciendo al llamado de Dios, partió hacia el lugar que iba a recibir en herencia, sin saber a dónde iba. También por la fe, Sara recibió el poder de concebir, a pesar de su edad avanzada, porque juzgó digno de fe al que se lo prometía. Y por eso, de un solo hombre, y de un hombre ya cercano a la muerte, nació una descendencia numerosa como las estrellas del cielo e incontable como la arena que está a la orilla del mar.
Por la fe, Abraham, cuando fue puesto a prueba presentó a Isaac como ofrenda: él ofrecía a su hijo único, al heredero de las promesas, a aquel de quien se había anunciado: De Isaac nacerá la descendencia que llevará tu nombre. Y lo ofreció, porque pensaba que Dios tenía poder, aun para resucitar a los muertos. Por eso recuperó a su hijo, y esto fue como un símbolo. Palabra de Dios.

Lectura S. Evangelio según S. Lucas 2, 22-40

Cuando llegó el día fijado por la Ley de Moisés para la purificación, llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor, como está escrito en la Ley: Todo varón primogénito será consagrado al Señor. También debían ofrecer en sacrificio un par de tórtolas o de pichones de paloma, como ordena la Ley del Señor.
Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, que era justo y piadoso, y esperaba el consuelo de Israel. El Espíritu Santo estaba en él y le había revelado que no moriría antes de ver al Mesías del Señor. Conducido por el mismo Espíritu, fue al Templo, y cuando los padres de Jesús llevaron al niño para cumplir con él las prescripciones de la Ley, Simeón lo tomó en sus brazos y alabó a Dios, diciendo: «Ahora, Señor, puedes dejar que tu servidor muera en paz, como lo has prometido, porque mis ojos han visto la salvación que preparaste delante de todos los pueblos: luz para iluminar a las naciones paganas y gloria de tu pueblo Israel».
Su padre y su madre estaban admirados por lo que oían decir de él. Simeón, después de bendecirlos, dijo a María, la madre: «Este niño será causa de caída y de elevación para muchos en Israel; será signo de contradicción, y a ti misma una espada te atravesará el corazón. Así se manifestarán claramente los pensamientos íntimos de muchos».
Había también allí una profetisa llamada Ana, hija de Fanuel, de la familia de Aser, mujer ya entrada en años, que, casada en su juventud, había vivido siete años con su marido. Desde entonces había permanecido viuda, y tenía ochenta y cuatro años. No se apartaba del Templo, sirviendo a Dios noche y día con ayunos y oraciones. Se presentó en ese mismo momento y se puso a dar gracias a Dios. Y hablaba acerca del niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén.
Después de cumplir todo lo que ordenaba la Ley del Señor, volvieron a su ciudad de Nazaret, en Galilea. El niño iba creciendo y se fortalecía, lleno de sabiduría, y la gracia de Dios estaba con él. Palabra del Señor

Reflexión:

La Iglesia nos presenta el domingo posterior a la Navidad, la fiesta de la Sagrada Familia. Muy importante porque nos recuerda que Jesús al hacerse hombre, lo hace en el seno de una familia, con su cultura religiosa y sus tradiciones. Y aquí se los observa en este texto cumpliendo tres rituales del pueblo de Israel. El primero es el de la circuncisión del niño, a los 8 días de nacido, donde se le impone el nombre. El segundo es la presentación al templo para consagrar a Dios todos los primogénitos como mandaba la ley. El tercero era la purificación de la madre, luego de la gestación.
Otro tema de las lecturas de este domingo es la Fe, donde Abraham, por su fe en Dios obtiene de Él la promesa de una descendencia tan numerosa como las estrellas del cielo. Por esa fe, como afirma Pablo en la carta a los hebreos, está dispuesto incluso a sacrificar a su hijo único, garantía de la promesa recibida. Del mismo modo, Simeón, varón justo y temeroso de Dios, por su confianza en Aquel que nunca olvida sus promesas, (Salmo) alcanza la promesa de contemplar con sus ojos al Salvador esperado por Israel. María y José viven también inmersos en un designio divino que pide de ambos toda su fe y su esperanza. Ellos se admiran ante el designio que Dios ha preparado para su Hijo y lo viven en medio de una vida sencilla en Nazaret en la que contemplan a su Hijo crecer y fortalecerse en sabiduría.

Fe como adhesión personal a Dios. La fe, comenta el catecismo de la Iglesia Católica N° 176, “es una adhesión personal del hombre a Dios que se revela. Comprende una adhesión de la inteligencia y de la voluntad a la Revelación que Dios ha hecho de sí mismo mediante sus obras y palabras”. De esta fe, la Iglesia al celebrar hoy la fiesta de la Sagrada familia, hace referencia a Abraham, el padre de todos los creyentes, precisamente por su capacidad de escucha atenta a Dios y por someterse libremente a la palabra escuchada. Él, al ponerse en camino sin saber exactamente hacia dónde dirigirse y estar dispuesto a sacrificar a su hijo Isaac, prueba y garantía que el Señor le había dado de su compañía y bendición, da su asentimiento con todo su ser a Dios que se revela (cf Dei Verbum 5): su inteligencia, su voluntad y, sobre todo, su corazón, centro de su persona. La fe es un don de Dios, un obsequio libre de la razón pero nunca contraria a la razón. Más aún, la fe ilumina la razón abriéndole horizontes más amplios y profundos de manera que ésta puede llegar ahí donde por si sola no puede ni alcanza. (Cf. Fides et Ratio 16). También la familia de Nazaret vive con fe los planes divinos. Sin duda alguna no los comprenden del todo, pero los guardan dentro de su corazón sin evadirlos, viviendo en las tinieblas de la noche como ese primer peregrino que salió de su tierra sin saber qué rumbo había de tomar. Se adhieren al beneplácito de Dios dejando en un segundo plano los planes personales, los propios gustos, los propios criterios. Adhieren por completo sus vidas a Él aprendiendo a prescindir de sí mediante un acto pleno de abandono y confianza, fundados en Él que es la verdad misma que no puede ni engañarse ni engañarnos. Se adhieren a Dios por la fe.
Venerar el don y el misterio de la vida. “La familia está llamada a esto a lo largo de la vida de sus miembros, desde el nacimiento hasta la muerte. La familia es verdaderamente el santuario de la vida..., el ámbito donde la vida, don de Dios, puede ser acogida y protegida de manera adecuada contra los múltiples ataques a que está expuesta, y puede desarrollarse según las exigencias de un auténtico crecimiento humano” Con estas palabras, la encíclica Centesimus annus nº 39, quiere destacar la misión tan alta de toda familia humana. En realidad, Jesús ha querido formar parte de una familia natural para participar de algún modo misterioso de la gran familia humana María y José, acogiendo a Jesús como un don de Dios, y acompañándole en su crecimiento integral como hombre (cfr. Lc 2, 52) son modelo de aquel amor responsable y generoso que los padres, como partícipes del poder creador de Dios, han de ofrecer a sus hijos. Esto es importante sobre todo en el mundo presente, en el que “el papel de la familia en la edificación de la cultura de la vida es determinante e insustituible.” (Evangelium Vitae,92).

Catecismo: 533

La vida oculta de Nazaret permite a todos entrar en comunión con Jesús a través de los caminos más ordinarios de la vida humana:
Nazaret es la escuela donde se comienza a entender la vida de Jesús: la escuela del Evangelio...
Una lección de silencio ante todo. Que nazca en nosotros la estima del silencio, esta condición del espíritu admirable e inestimable...
Una lección de vida familiar. Que Nazaret nos enseñe lo que es la familia, su comunión de amor, su austera y sencilla belleza, su carácter sagrado e inviolable...
Una lección de trabajo. Nazaret, oh casa del "Hijo del Carpintero", aquí es donde querríamos comprender y celebrar la ley severa y redentora del trabajo humano...; cómo querríamos, en fin, saludar aquí a todos los trabajadores del mundo entero y enseñarles su gran modelo, su hermano divino (Pablo VI, discurso 5 enero 1964 en Nazaret).


Preguntas para la meditación ¿Qué me dice?

El Evangelio nos recuerda que Jesús al hacerse hombre, lo hace en el seno de una familia, con su cultura religiosa y sus tradiciones y nos dice que, “El niño iba creciendo y se fortalecía, lleno de sabiduría, y la gracia de Dios estaba con él” acompañado siempre por Maria y José
Cómo vivimos hoy, en nuestros ambientes donde desarrollamos nuestra vida diaria, ¿generamos un
clima donde se respira la sabiduría de Dios y en nuestros actos se ve reflejada la gracia recibida del Señor?

¿Tenemos Fe que en nuestro seno familiar a igual que en la Sagrada Familia se hace presente Dios para llevarnos por el camino donde la vida, don de Dios, puede ser acogida y protegida de manera adecuada contra los múltiples ataques a que está expuesta? ¿Por qué?

Oración:

Señor Jesús, queremos agradecerte que vinieras a la tierra a compartir con nosotros la vida.
Te pedimos que nos ayudes a escuchar tu voz. A ser dóciles al Espíritu Santo.
Queremos pedirte muy especialmente hoy por todas las familias del mundo, en especial por la que sabemos que sufren.
Concédenos Señor, una mesa y un hogar, amor para trabajar, padres a quienes querer
y una sonrisa que dar.
Que en nosotros reine la luz y la paz, para que transmitamos luz y paz a todas las familias que nos rodean. Amén

Lecturas de la semana:

LUNES 29: 1 Carta de San Juan 2, 3-11; Salmo 95; Lucas 2, 22-35.
MARTES 30: 1 Carta de San Juan 2, 12-17; Salmo 95; Lucas 2, 22. 36-40.
MIERCOLES 31: 1 Carta de San Juan 2, 18-21; Salmo 95; Juan 1, 1-18.
JUEVES 1: Números 6, 22-27; Salmo 66; Gálatas 4, 4-7; Lucas 2, 16-21
VIERNES 2: 1 Carta de San Juan 2, 22-28; Salmo 97; Juan 1, 19-28.
SABADO 3: 1 Carta de San Juan 2, 29—3, 6. Salmo 97; Juan 1, 29-34.
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Nota: Basado en El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y Maria, Catholic.net, Servicio Bíblico Latinoamericano, a. “Claves para Lectio Divina para Jóvenes” Proyecto Lectionautas CEBIPAL/CELAM – SOCIEDADES BIBLICAS UNIDAS Hno. Ricardo Grzona, frp.
Impresión Librería “Del Rocío” Av. Mitre 6199 – Wilde – 4207-4785

Te esperamos los sábados 17:30 h.
para leer la Biblia en la Parroquia San José: Brandsen 4970 Villa Dominico
Círculo Bíblico San José miencuentroconjesus@yahoo.com.ar