Intención para la evangelización ‐

Intenciones de oración de septiembre: Oremos por una gestión justa y sostenible del agua, recurso vital, para que todos tengan acceso equitativo a ella.

"Todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre"

"Todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre" Mt 7, 7-8. No sé qué quería, pero había algo en mí que me movía a buscar, tal vez que las cosas tengan sentido, y te encontré. Me cuestionaba sobre la vida y me diste tu sabiduría para que pueda encontrar alegría y paz. Ante mis miedos y dudas, te pido que me acompañes en mi peregrinar y me das tu Espíritu Santo, el mismo que te acompaño a vos, hoy me acompaña a mí, me asiste y guía. Hoy sigo buscando más de tu Palabra, de la Verdad y el camino, con la confianza puesta en vos, Dios mío, sé que estás presente en mi vida. Ven Señor Jesús, te necesito.

Del libro de la Sabiduría 6, 12-16

Del libro de la Sabiduría 6, 12-16: La Sabiduría es luminosa y nunca pierde su brillo: se deja contemplar fácilmente por los que la aman y encontrar por los que la buscan. Ella se anticipa a darse a conocer a los que la desean. El que madruga para buscarla no se fatigará, porque la encontrará sentada a su puerta. Meditar en ella es la perfección de la prudencia, y el que se desvela por su causa pronto quedará libre de inquietudes. La Sabiduría busca por todas partes a los que son dignos de ella, se les aparece con benevolencia en los caminos y le sale al encuentro en todos sus pensamientos.

sábado, 16 de octubre de 2021

Sacrifico con sentido. Las tres S: Sacrificio, Servicio, Señorío.

 

Hola, les comparto el audio de la reflexión de las lecturas del vigésimo noveno domingo durante el año, del padre Juan José Milano, bendiciones.



«Donación gratuita de uno mismo»

  

Vigésimo noveno domingo, lecturas 17-10-21, Ciclo B  

Dios mío, envía ahora tu Espíritu sobre mí y que abra mis ojos y mis oídos a tu Palabra, que me guie y asista al meditar tus enseñanzas, para que pueda saborearla y comprenderla, para que tu Palabra penetre en mi corazón, y me conduzca a la Verdad completa. Amén  

Lectura del libro del profeta Isaías 53, 10-11

El Señor quiso aplastarlo con el sufrimiento. Si ofrece su vida en sacrificio de reparación, verá su descendencia, prolongará sus días, y la voluntad del Señor se cumplirá por medio de él.
A causa de tantas fatigas, él verá la luz y, al saberlo, quedará saciado. Mi Servidor justo justificará a muchos y cargará sobre sí las faltas de ellos.   Palabra de Dios.

Salmo 32, R. Señor, que tu amor descienda sobre nosotros, conforme a la esperanza que tenemos en ti.

La palabra del Señor es recta y él obra siempre con lealtad; él ama la justicia y el derecho, y la tierra está llena de su amor.  R.

Los ojos del Señor están fijos sobre sus fieles, sobre los que esperan en su misericordia, para librar sus vidas de la muerte y sustentarlos en el tiempo de indigencia.  R.

Nuestra alma espera en el Señor: él es nuestra ayuda y nuestro escudo.     Señor, que tu amor descienda sobre nosotros, conforme a la esperanza que tenemos en ti.  R.    

Lectura de la carta a los Hebreos 4, 14-16

Hermanos: Ya que tenemos en Jesús, el Hijo de Dios, un Sumo Sacerdote insigne que penetró en el cielo, permanezcamos firmes en la confesión de nuestra fe. Porque no tenemos un Sumo Sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades; al contrario, él fue sometido a las mismas pruebas que nosotros, a excepción del pecado.
Vayamos, entonces, confiadamente al trono de la gracia, a fin de obtener misericordia y alcanzar la gracia de un auxilio oportuno.  Palabra de Dios.
 

Santo Evangelio según san Marcos 10, 35-45

Santiago y Juan, los hijos de Zebedeo, se acercaron a Jesús y le dijeron: «Maestro, queremos que nos concedas lo que te vamos a pedir.»
Él les respondió: «¿Qué quieren que haga por ustedes?» Ellos le dijeron: «Concédenos sentarnos uno a tu derecha y el otro a tu izquierda, cuando estés en tu gloria.» 
Jesús le dijo: «No saben lo que piden. ¿Pueden beber el cáliz que yo beberé y recibir el bautismo que yo recibiré?» «Podemos», le respondieron. Entonces Jesús agregó: «Ustedes beberán el cáliz que yo beberé y recibirán el mismo bautismo que yo. En cuanto a sentarse a mi derecha o a mi izquierda, no me toca a mí concederlo, sino que esos puestos son para quienes han sido destinados.» Los otros diez, que habían oído a Santiago y a Juan, se indignaron contra ellos. Jesús los llamó y les dijo: «Ustedes saben que aquellos a quienes se considera gobernantes, dominan a las naciones como si fueran sus dueños, y los poderosos les hacen sentir su autoridad. Entre ustedes no debe suceder así. Al contrario, el que quiera ser grande, que se haga servidor de ustedes; y el que quiera ser el primero, que se haga servidor de todos. Porque el mismo Hijo del hombre no vino para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por una multitud.»  Palabra del Señor.

 Reflexión  

La Palabra de hoy sucede inmediatamente después de que Jesús anunciara por tercera vez a los apóstoles sus sufrimientos y su muerte humillante en Jerusalén.  Podemos ver que Marcos contrasta las palabras y la actitud de Jesús con la ambición y el egoísmo de alguno de los apóstoles.  Parece que cuanto más se aproxima la hora de la pasión de Jesús, más es la resistencia de sus discípulos a aceptarla.  

Nosotros estamos acostumbrados a ver a Jesús crucificado, porque desde niños tenemos esta imagen, pero en tiempos de Jesús la idea de un mesías sufriente y muerto en la cruz en manos de los odiados opresores del pueblo era totalmente ajena a la mentalidad judía y considerada como blasfemia. Es comprensible entonces que los discípulos se resistieran. Quedaron defraudados totalmente ante la muerte de Jesús y que les costó mucho descubrir su significado.  Sólo a partir de la resurrección repasarán los hechos vividos junto a Jesús y se preguntarán cómo les fue posible pasar tanto tiempo con Él sin avizorar la novedad del mensaje, como así también las discusiones tenidas acerca de los primeros puestos y otras similares, pasarán a ser signos de toda una actitud que puede en cada momento infiltrarse en el creyente.  

Decíamos anteriormente que nosotros estamos acostumbrados a ver la imagen de Jesús crucificado, pero nos podemos preguntar una vez más ¿si hemos aceptado hasta sus últimas consecuencias la actitud de Jesús y la llamada que nos hace a seguirlo?  

Tres eran los apóstoles líderes del grupo: Pedro, Santiago y Juan. Estos dos últimos hermanos entre sí, llamados por su impetuosidad “los hijos del Trueno” protagonizan el evangelio de hoy.  Suponiendo que debía estar lejos el día de la inauguración del reino de Cristo, se adelantaron al resto de sus compañeros y le dijeron a Jesús: “Maestro, queremos que hagas lo que te vamos a pedir”.

La forma es atrevida.  Saben que Jesús ahora tiene pocos seguidores y aprovechan su situación de “fieles” para exigir algo por esa fidelidad.  Están buscando una recompensa a su fe.

Se trata de una actitud muy común entre nosotros, suponemos que Dios se encuentra muy necesitado de nosotros y que de alguna manera está obligado a recompensar nuestros buenos servicios.  Mas como Dios no suele darse por aludido surge nuestra oración, al modo de los hijos del trueno: impetuosa y atrevida. No faltan los que hasta esconden una velada amenaza: “Si no me concedes tal cosa, no iré más a misa o abandonaré la Iglesia”, esta manera de proceder descubre que lejos se está de una fe concebida como servicio. 

Servir a Dios en el amor es una donación gratuita de uno mismo; quien ama por la recompensa que puede darle el amado, en realidad se ama a sí mismo.

Los apóstoles tenían una fe muy inmadura; buscaban la recompensa y seguían a Jesús por esa recompensa.  

La fe cristiana es el seguimiento de Jesús.  Es a nosotros mismos a quienes debemos exigir esto o lo otro.  De lo contrario, no solamente no superamos la etapa del Antiguo Testamento, sino que podemos con mucha facilidad convertir el cristianismo en una religión pagana con su panteón de dioses sujetos al capricho de los hombres.

Y ante la proposición de los dos hermanos, Jesús asiente… Ellos entonces, le piden dos principales carteras del nuevo gobierno.  Jesús les deja llevar las cosas hasta el preciso momento en que pueda hacerles descubrir esto “nuevo” que es la fe.  Llegado el momento les dice: “No saben lo que piden” O sea no tienen ni idea de lo absurdo del pedido, no han comprendido nada de lo que significa ser el Cristo y de lo que implica seguirlo.  

Seguir a Cristo es compartir su cruz.  Por eso, a su vez, le pregunta: “¿Son capaces de beber el cáliz que yo he de beber…?”  Lo más insólito es la respuesta de los dos: “Podemos”. No podemos dudar de la sinceridad de ambos, aunque cuando pronunciaron enfáticamente “podemos” no imaginaban todo su alcance.

Jesús confirma que ambos lo seguirán por el camino del sufrimiento, pero les aclara, para que no queden dudas, que eso no les da el derecho a alguna recompensa. Por qué el seguir a Cristo con la cruz de cada día no nos da derecho a recompensas especiales, lo explicará enseguida Jesús a todo el grupo apostólico. Hay una sola forma de seguir a Jesús, y es bebiendo su misma copa. Cada día hay que morir al propio ego, a la vanidad, al orgullo, al egoísmo, etc. Y cada vez que comulgamos, nos unimos a Cristo que derrama su vida por amor a los hombres.  

Comulgar es comprometerse a compartir el mismo gesto de Jesús.  En cada misa, Jesús vuelve a preguntarnos: ¿Puedes beber esta copa que yo bebo?  

En un grupo donde las ambiciones tratan de escalar, pronto surge la indignación y el resentimiento de los demás. Así sucedió con los otros diez.  Jesús, con toda paciencia, vuelve a catequizarlos sobre el tema del servicio a la comunidad.  Jesús no niega que los apóstoles han de ocupar en su Iglesia cierto puesto de relevancia y jerarquía. Pero la pregunta es otra: ¿Qué significa tener autoridad dentro de la Iglesia? Jesús distingue dos formas de ejercer la autoridad.  Una es la común a los gobernantes y los poderosos pues, hacen sentir que son dueños de la comunidad y lo hacen pesar. “Así no debe ser entre ustedes” En la Iglesia, la autoridad debe ser algo diametralmente distinto, incluso opuesto.  “El que quiera ser grande que se haga servidor de todo” La comunidad cristiana es la comunidad siempre lista, con ese sí alegre y generoso.  Una comunidad cristiana –con sus pastores a la cabeza- no puede esperar que le traigan problemas: debe buscarlos allí donde están para aportar una solución.  Ella debe ser la presencia viva de Cristo.  Una Iglesia servidora podrá olvidarse del sufrimiento propio, pero deberá ser la primera en levantar el grito cuando alguien, cualquier persona, sufra las injusticias propias del tiempo. El problema está en saber quiénes están dispuestos a asumir ese dolor y a derramar esa sangre.  Quienes lo hagan, tienen derecho a llamarse cristianos.  Los demás seguiremos en el catecumenado.                                                                      La grandeza del ser humano consiste en esa posibilidad que tiene de darse como Dios se da. En ese don total encuentra el hombre su plena realización.

Sínodo: Sinodalidad  

Este 9 y 10 de octubre, con la Misa de Apertura y el Momento de Reflexión, se dio inicio al Sínodo de los Obispos sobre la Sinodalidad que tiene como tema: “Por una Iglesia sinodal: comunión participación y misión”. Un itinerario que durará tres años y que está articulado en tres fases (diocesana, continental y universal).  

“Hacer sínodo significa caminar juntos en la misma dirección. Miremos a Jesús, que en primer lugar encontró en el camino al hombre rico, después escuchó sus preguntas y finalmente lo ayudó a discernir qué tenía que hacer para heredar la vida eterna”, es desde el Evangelio, de la persona de Jesús, de donde inicia la reflexión del Papa Francisco en la Misa de Apertura del Sínodo sobre la Sinodalidad. A los más de tres mil fieles, entre delegados de las Conferencias Episcopales, cardenales, obispos, sacerdotes, religiosos, religiosas, y laicos, reunidos este domingo 10 de octubre, en la Basílica de San Pedro para dar inicio a este proceso sinodal, que durará tres años y tiene tres fases, el Pontífice les propuso tres verbos como brújula para la reflexión sinodal: “Encontrar, escuchar, discernir”.  

Dios camina a nuestro lado: el Santo Padre comentando el encuentro de Jesús con el hombre rico que el Evangelio de Marcos presenta este domingo señala que, “de este modo, Jesús nos revela que Dios no habita en lugares asépticos, en lugares tranquilos, lejos de la realidad, sino que camina a nuestro lado y nos alcanza allí donde estemos, en las rutas a veces ásperas de la vida”. Por eso, hoy, al dar inicio al itinerario sinodal, comenzamos preguntándonos: ¿encarnamos el estilo de Dios, que camina en la historia y comparte las vicisitudes de la humanidad? ¿Estamos dispuestos a la aventura del camino o, temerosos ante lo incierto, preferimos refugiarnos en las excusas del “no hace falta” o del “siempre se ha hecho así”? Vatican News. 


Vigésimo primer domingo, 
“Señor, ¿A quién iremos? Tú tienes palabras de Vida eterna”  

Vigésimo segundo domingo, “Ninguna cosa externa que entra en el hombre puede mancharlo; lo que lo hace impuro es aquello que sale del hombre.”  

Vigésimo tercer domingo, «Efatá», «Ábrete.» Presencia liberadora de Dios.”  

Vigésimo Cuarto domingo, «Y ustedes ¿Quién dicen que soy yo?»

Vigésimo quinto domingo, «El que quiera ser el primero, debe hacerse el servidor de todos»

 Vigésimo sexto domingo, «No se lo impidan»

 Vigésimo séptimo domingo, «Y los dos no serán si no uno sola carne»  

Vigésimo octavo domingo, «Jesús nos llama a entregarnos a nosotros mismos»

 Aclaración: Se han consultado para la preparación del siguiente texto: El libro del Pueblo de Dios. Centro Bíblico CELAM. Dominicos.org. J. A. Pagola. Donbosco.org.ar. Hojitas anteriores.  

Círculo Bíblico San José  

“Tu palabra es una lámpara a mis pies y una luz en mi camino” Sal 119 

sábado, 9 de octubre de 2021

¿Ser o tener? Desde Dios, todo es posible. Padre Juan José Milano.

  
Hola, les comparto el audio de la reflexión de las lecturas del vigésimo octavo domingo durante el año, 10 de octubre 2021, del padre Juan José Milano.





 

«Jesús nos llama a entregarnos a nosotros mismos»

 

Vigésimo octavo domingo, Lecturas 10-10-21, Ciclo B

 Dios mío, envía ahora tu Espíritu sobre mí y que abra mis ojos y mis oídos a tu Palabra, que me guie y asista al meditar tus enseñanzas, para que pueda saborearla y comprenderla, para que tu Palabra penetre en mi corazón, y me conduzca a la Verdad completa. Amén  

Lectura del libro de la Sabiduría 7, 7-11

Oré, y me fue dada la prudencia, supliqué, y descendió sobre mí el espíritu de la Sabiduría. La referí a los cetros y a los tronos, y tuve por nada las riquezas en comparación con ella. No la igualé a la piedra más preciosa, porque todo el oro, comparado con ella, es un poco de arena; y la plata, a su lado, será considerada como barro. La amé más que a la salud y a la hermosura, y la quise más que a la luz del día, porque su resplandor no tiene ocaso. Junto con ella me vinieron todos los bienes, y ella tenía en sus manos una riqueza incalculable. Palabra de Dios

Salmo 89, R: Señor, sácianos con tu amor, y cantaremos felices.

Enséñanos a calcular nuestros años, para que nuestro corazón alcance la sabiduría. ¡Vuélvete, Señor! ¿Hasta cuándo? Ten compasión de tus servidores. R. 

Sácianos en seguida con tu amor, y cantaremos felices toda nuestra vida. Alégranos por los días en que nos afligiste, por los años en que soportamos la desgracia. R. 

Que tu obra se manifieste a tus servidores, y que tu esplendor esté sobre tus hijos.  Que descienda hasta nosotros la bondad del Señor; que el Señor, nuestro Dios, haga prosperar la obra de nuestras manos. R.  

Lectura de la carta a los hebreos 4, 12-13

La Palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que cualquier espada de doble filo: ella penetra hasta la raíz del alma y del espíritu, de las articulaciones y de la médula, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.      
Ninguna cosa creada escapa a su vista, sino que todo está desnudo y descubierto a los ojos de aquel a quien debemos rendir cuentas. 
Palabra de Dios.  

Santo Evangelio según san Marcos 10, 17-30

Cuando se puso en camino, un hombre corrió hacia él y, arrodillándose, le preguntó: «Maestro bueno, ¿qué debo hacer para heredar la Vida eterna?»       
Jesús le dijo: «¿Por qué me llamas bueno? Sólo Dios es bueno. Tú conoces los mandamientos: No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, no perjudicarás a nadie, honra a tu padre y a tu madre.»       
El hombre le respondió: «Maestro, todo eso lo he cumplido desde mi juventud.»           
Jesús lo miró con amor y le dijo: «Sólo te falta una cosa: ve, vende lo que tienes y dalo a los pobres; así tendrás un tesoro en el cielo. Después, ven y sígueme.»         
El, al oír estas palabras, se entristeció y se fue apenado, porque poseía muchos bienes.
Entonces Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos: «¡Qué difícil será para los ricos entrar en el Reino de Dios!” Los discípulos se sorprendieron por estas palabras, pero Jesús continuó diciendo: «Hijos míos, ¡qué difícil es entrar en el Reino de Dios! Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que un rico entre en el Reino de Dios.»
Los discípulos se asombraron aún más y se preguntaban unos a otros: «Entonces, ¿quién podrá salvarse?»  
Jesús, fijando en ellos su mirada, les dijo: «Para los hombres es imposible, pero no para Dios, porque para él todo es posible.» Pedro le dijo: «Tú sabes que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido.» Jesús respondió: «Les aseguro que el que haya dejado casa, hermanos y hermanas, madre y padre, hijos o campos por mí y por la Buena Noticia, desde ahora, en este mundo, recibirá el ciento por uno en casas, hermanos y hermanas, madres, hijos y campos, en medio de las persecuciones; y en el mundo futuro recibirá la Vida eterna.» Palabra del Señor.

 Reflexión 
En el evangelio de este domingo Jesús nos ayuda a revisar cómo estamos en nuestra experiencia y relación con Dios, donde no basta con observar o cumplir sus “mandamientos”, hay que ir más allá, liberarnos del miedo y vivir en el Amor que Dios nos comparte.

La Palabra siempre es eficaz y nos ayuda a mirar hacia dentro de nosotros mismos, por eso comienza ayudándonos a discernir qué es lo más importante en nuestra vida. La Sabiduría en la Escritura no consiste en conocimientos adquiridos en la universidad, es algo que viene de Dios y a Él hay que pedirla.  

La pregunta de aquel hombre del Evangelio que hemos escuchado está dentro de cada uno de nosotros: ¿Cómo se encuentra la vida, la vida en abundancia, la felicidad?  

La novedad de la fe cristiana. La fe es una experiencia personal, encuentro y seguimiento de Jesús en quien el discípulo deposita toda su confianza. No es suficiente ser bueno para ser cristiano. Jesús invita a ir más allá de la bondad. Invita a una relación de amistad con El. Amistad que se va profundizando a lo largo de la vida y que ofrece criterios para cultivar tanto la relación filial con Dios como la relación fraternal y solidaria con los demás seres humanos. En esta impactante escena, tanto el “joven” rico como Jesús han pasado de la alegría a la decepción. El joven por sentirse incapaz de abandonar sus seguridades y Jesús por haber recibido una vez más, una respuesta negativa por parte del joven que representa esa parte enorme de la humanidad de ayer y de hoy que sigue confiando su futuro y su felicidad a las riquezas, al tener y poseer. “¡Qué difícil les es entrar en el Reino de Dios a los que ponen su confianza en el dinero!”.  

Para los judíos, las riquezas habían sido siempre signo de la bendición de Dios. Jesús arremete contra ellas y nos hace ver que son la causa de muchos de nuestros males. Este fue un tema muy discutido entre los primeros cristianos. El relato nos deja ya una muestra de esta controversia.

Antes de que se ponga en camino Jesús, un desconocido se acerca corriendo. Al parecer tiene prisa para resolver su problema: «¿Qué debo hacer para heredar la vida eterna?». No le preocupan tanto los problemas de esta vida.

“Vida eterna” en tiempo de Jesús, significaba garantizar una existencia feliz más allá de la muerte. El rico ya tenía garantizada la existencia feliz en el más acá. Lo que busca en Jesús, es asegurar la misma felicidad para el más allá.

Vemos a un hombre de recta conciencia, un judío cumplidor de los Mandamientos que el Dios Padre entregó a Moisés, «Todo eso lo he cumplido desde joven», pero no era suficiente, intuía que le faltaba algo, no era feliz y recurre al que todos llamaban rabí, maestro.

Jesús "lo mira con amor", ve en su corazón y sabe que el hombre es sincero. ¿Qué le faltaba a este hombre? ¿Solamente desprenderse de sus bienes materiales? ¿Es que, Jesús condena a los ricos? Creer esto sería interpretar superficialmente la respuesta del Señor, por supuesto que el rico tiene que preocuparse por el pobre, pero Jesús va más allá, va directo al corazón. Esos bienes a los que nos aferramos somos nosotros mismos, con nuestras limitaciones, nuestros deseos de sobresalir sobre los demás. Jesús nos llama a vivir "con los pies en la tierra, pero el corazón en el cielo".  

Los mandamientos que Jesús le recuerda son los de la segunda tabla, es decir los que se refieren al prójimo, no los que se refieren directamente a Dios. Esta enseñanza es original y exclusiva de Jesús. Para cualquier judío, los más importantes eran los de la primera tabla, que se refieren a Dios. Está clara la intención de hacernos pensar en una nueva manera de religiosidad: la humanidad se manifiesta en la relación con los demás, no solamente con Dios. Es imposible tener acceso a Dios si me desentiendo del próximo que me necesita.  

¡Qué difícil será entrar en el Reino, al que pone su confianza en las riquezas! Las riquezas en sí ni son buenas ni son malas. Es absurdo pesar que Dios prefiere que pasemos necesidades. El apego a las posesiones sin tener en cuenta al pobre o, peor aún, a costa de él, es lo que impide al hombre alcanzar una meta verdaderamente humana.  

El joven se siente incapaz. Necesita bienestar, no tiene fuerzas para vivir sin su riqueza, su dinero está por encima de todo y no elige seguir a Jesús. Había venido corriendo entusiasmado hacia él, ahora se aleja triste. No conocerá nunca la alegría de colaborar con Jesús.  

Entonces, ¿quién podrá ‘salvarse’? Los discípulos siguen pensando que es imposible subsistir sin seguridades. La pregunta no se refiere a quién podrá salvarse en el más allá, como la salvación tal como la entendemos hoy, sino quién podrá mantener una vida verdaderamente humana, si se desprende de todo lo que tiene y no asegura su futuro. Así cobra sentido la respuesta de Jesús, “para los hombres, es imposible, no para Dios”.  

Hoy. La crisis económica nos está invitando a los seguidores de Jesús a dar pasos hacia una vida más justa, con menos marginados, compartiendo con los necesitados lo que tenemos y sencillamente no necesitamos para vivir con dignidad. Hemos de hacernos preguntas muy concretas si queremos seguir a Jesús en estos momentos. Por eso es importante tomarnos unos momentos para revisar nuestra relación con el dinero y el consumo.: ¿Qué lugar le damos al dinero en nuestra vida? ¿Consideramos que nuestro consumo es responsable o compulsivo y superfluo? ¿Está en nuestros pensamientos poder ayudar a los que necesitan?...

Son algunas de las preguntas que podemos hacernos en el fondo de nuestra conciencia y también en nuestras familias, comunidades cristianas. No haremos gestos heroicos, pero, si damos pequeños pasos en esta dirección, conoceremos la alegría de seguir a Jesús contribuyendo a hacer la crisis de algunos un poco más humana y llevadera. Si no es así, nos sentiremos buenos cristianos, pero a nuestra religión le faltará alegría.  

¡Jesús misericordioso en vos confío!  

*Vender todos los bienes, darlos a los pobres y seguirle. El apegamiento a las riquezas es el comienzo de todo tipo de corrupción, en todas partes: corrupción personal, corrupción en los negocios, también la pequeña corrupción comercial, corrupción política, corrupción en la educación… ¿Por qué? Porque los que viven apegados a su poder, a sus riquezas, se creen en el Paraíso, pero están encerrados, no tienen horizonte ni esperanza. ¡Y, al final, tendrán que dejarlo todo!  

¡Hay un misterio en la posesión de las riquezas! Tienen la capacidad de seducirnos y hacernos creer que estamos en el Paraíso terrenal. En cambio, ese paraíso terrenal es un lugar sin horizonte… perdiendo todas las vistas. Vivir sin horizonte es una vida estéril, vivir sin esperanza es una vida triste. El apegamiento a las riquezas nos produce tristeza y nos hace estériles. Digo apegamiento, no digo administrar bien las riquezas, porque las riquezas son para el bien común, para todos. Y si el Señor se las da a una persona es para que las emplee en bien de todos, no solo para sí mismo, no para que las encierre en su corazón porque luego se vuelve corrupto y triste. Las riquezas sin generosidad nos hacen creer que somos poderosos, como Dios. Pero, al final, nos quitan lo mejor, la esperanza.  

Sin embargo, Jesús indica en el Evangelio cuál es la manera justa de vivir una abundancia de bienes. La primera Bienaventuranza: Bienaventurados los pobres de espíritu, es decir, despojarse del apegamiento y hacer que las riquezas que el Señor nos ha dado sean para el bien común. Es la única manera. Abrir la mano, abrir el corazón, abrir el horizonte. Pero si tienes la mano cerrada, y el corazón cerrado como aquel hombre que daba banquetes y vestía lujosamente, no tienes horizontes, no ves a los demás que pasan necesidad, y acabarás como aquel hombre: alejado de Dios.

*Papa Francisco, homilía en Santa Marta, Almudí 2014

 

Vigésimo primer domingo, “Señor, ¿A quién iremos? Tú tienes palabras de Vida eterna”

 Vigésimo segundo domingo, “Ninguna cosa externa que entra en el hombre puede mancharlo; lo que lo hace impuro es aquello que sale del hombre.”  

Vigésimo tercer domingo, «Efatá», «Ábrete.» Presencia liberadora de Dios.”  

Vigésimo Cuarto domingo, «Y ustedes ¿Quién dicen que soy yo?»  

Vigésimo quinto domingo, «El que quiera ser el primero, debe hacerse el servidor de todos»  

Vigésimo sexto domingo, «No se lo impidan»  

Vigésimo séptimo domingo, «Y los dos no serán si no uno sola carne»  

Aclaración: Se han consultado para la preparación del siguiente texto: El libro del Pueblo de Dios. Centro Bíblico CELAM. Dominicos.org. J. A. Pagola. Donbosco.org.ar.  

Círculo Bíblico San José  

“Tu palabra es una lámpara a mis pies y una luz en mi camino” Sal 119  

sábado, 2 de octubre de 2021

“Yo / Tu, caminar juntos en busca de la plenitud”

  

Hola, les comparto el audio de la reflexión de las lecturas del vigésimo séptimo domingo durante el año, 3 de octubre 2021, del padre Juan José Milano. Bendiciones.



«Y los dos no serán si no uno sola carne»

 Vigésimo séptimo domingo, lecturas 3-10-21, Ciclo B  

Dios mío, envía ahora tu Espíritu sobre mí y que abra mis ojos y mis oídos a tu Palabra, que me guie y asista al meditar tus enseñanzas, para que pueda saborearla y comprenderla, para que tu Palabra penetre en mi corazón, y me conduzca a la Verdad completa. Amén  

Lectura del libro del Génesis 2, 4b.7a.18-24

Cuando el señor Dios hizo la tierra y el cielo, entonces el Señor Dios modelo al hombre con arcilla del suelo y soplo en su nariz un aliento de vida. Así el hombre se convirtió en un ser viviente. Después dijo el Señor Dios: «No conviene que el hombre esté solo. Voy a hacerle una ayuda adecuada.» Entonces el Señor Dios modeló con arcilla del suelo a todos los animales del campo y a todos los pájaros del cielo, y los presentó al hombre para ver qué nombre les pondría. Porque cada ser viviente debía tener el nombre que le pusiera el hombre. El hombre puso un nombre a todos los animales domésticos, a todas las aves del cielo y a todos los animales del campo; pero entre ellos no encontró la ayuda adecuada. Entonces el Señor Dios hizo caer sobre el hombre un profundo sueño, y cuando este se durmió, tomó una de sus costillas y cerró con carne el lugar vacío. Luego, con la costilla que había sacado del hombre, el Señor Dios formó una mujer y se la presentó al hombre. El hombre exclamó: «¡Esta sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne! Se llamará Mujer, porque ha sido sacada del hombre.» Por eso el hombre deja a su padre y a su madre y se une a su mujer, y los dos llegan a ser una sola carne. Palabra de Dios. 

Salmo 127, R. Que el Señor nos bendiga todos los días de nuestra vida.

¡Feliz el que teme al Señor y sigue sus caminos! Comerás del fruto de tu trabajo, serás feliz y todo te irá bien.  R.

Tu esposa será como una vid fecunda en el seno de tu hogar; tus hijos, como retoños de olivo alrededor de tu mesa.  R.

¡Así será bendecido el hombre que teme al Señor! ¡Que el Señor te bendiga desde Sión todos los días de tu vida.

Que contemples la paz de Jerusalén. ¡Y veas a los hijos de tus hijos!  ¡Paz a Israel!  R.  

Lectura de la carta a los Hebreos 2, 9-11

Hermanos: A aquel que fue puesto por poco tiempo debajo de los ángeles, a Jesús, ahora lo vemos coronado de gloria y esplendor, a causa de la muerte que padeció. Así, por la gracia de Dios, él experimentó la muerte en favor de todos.
Convenía, en efecto, que aquel por quien, y para quien existen todas las cosas, a fin de llevar a la gloria a un gran número de hijos, perfeccionara, por medio del sufrimiento, al jefe que los conduciría a la salvación. Porque el que santifica y los que son santificados, tienen todo un mismo origen. Por eso, él no se avergüenza de llamarlos hermanos. Palabra de Dios. 
 

Santo Evangelio según San Marcos 10, 2-16

Se acercaron algunos fariseos y, para ponerlo a prueba, le plantearon esta cuestión: «¿Es lícito al hombre divorciarse de su mujer?» Él les respondió: «¿Qué es lo que Moisés les ha ordenado?»           
Ellos dijeron: «Moisés permitió redactar una declaración de divorcio y separarse de ella.»
Entonces Jesús les respondió: «Si Moisés les dio esta prescripción fue debido a la dureza del corazón de ustedes. Pero desde el principio de la creación, Dios los hizo varón y mujer. Por eso, el hombre dejará a su padre y a su madre, y los dos no serán sino una sola carne. De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Que el hombre no separe lo que Dios ha unido.» 
Cuando regresaron a la casa, los discípulos le volvieron a preguntar sobre esto. El les dijo: «El que se divorcia de su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra aquella; y si una mujer se divorcia de su marido y se casa con otro, también comete adulterio.» Le trajeron entonces a unos niños para que los tocara, pero los discípulos los reprendieron. Al ver esto, Jesús se enojó y les dijo: «Dejen que los niños se acerquen a mí y no se lo impidan, porque el Reino de Dios pertenece a los que son como ellos. Les aseguro que el que no recibe el Reino de Dios como un niño, no entrará en él.» Después los abrazó y los bendijo, imponiéndoles las manos. Palabra del Señor.  

Reflexión:   

Los textos de este domingo nos permiten reflexionar sobre el sentido del matrimonio de acuerdo con el proyecto de Dios.  

Seguimos en el contexto de subida a Jerusalén y la instrucción a los discípulos. Los fariseos plantean a Jesús una pregunta para ponerlo a prueba. Esta vez no es una cuestión sin importancia, sino un hecho que hace sufrir mucho a las mujeres de Galilea y es motivo de vivas discusiones entre los seguidores de diversas escuelas rabínicas: «¿Le es lícito al marido separarse de su mujer?».

No se trata del divorcio moderno que conocemos hoy, sino de la situación en que vivía la mujer judía dentro del matrimonio, controlado absolutamente por el varón. Según la Ley de Moisés, el marido podía romper el contrato matrimonial y expulsar de casa a su esposa. La mujer, por el contrario, sometida en todo al varón, no podía hacer lo mismo.  

La respuesta de Jesús sorprende a todos. No entra en las discusiones de los rabinos. Invita a descubrir el proyecto original de Dios, que está por encima de leyes y normas. Esta ley «machista», en concreto, se ha impuesto en el pueblo judío por la dureza del corazón de los varones, que controlan a las mujeres y las someten a su voluntad.

Jesús ahonda en el misterio original del ser humano. Dios «los creó varón y mujer». Los dos han sido creados en igualdad, Dios no ha creado al varón con poder sobre la mujer, ni ha creado a la mujer sometida al varón, entre varones y mujeres no ha de haber dominación por parte de nadie.

Desde esta estructura original del ser humano, Jesús ofrece una visión del matrimonio que va más allá de todo lo establecido por la Ley. Mujeres y varones se unirán para «ser una sola carne» e iniciar una vida compartida en la mutua entrega, sin imposición ni sumisión.  

Este proyecto matrimonial es para Jesús la suprema expresión del amor humano. El varón no tiene derecho alguno a controlar a la mujer como si fuera su dueño. La mujer no ha de aceptar vivir sometida al varón. Es Dios mismo quien los atrae a vivir unidos por un amor libre y gratuito. Jesús concluye de manera rotunda: «Lo que Dios unió que no lo separe el hombre». Con esta posición, Jesús está destruyendo de raíz el fundamento del patriarcado bajo todas sus formas de control, sometimiento e imposición del varón sobre la mujer. No solo en el matrimonio, sino en cualquier institución civil o religiosa.  

El único enemigo del amor es el egoísmo. El afán de buscar el beneficio propio arruina toda posibilidad de relaciones verdaderamente humanas. Esta búsqueda del otro para satisfacer las necesidades de mi ego anula todas las posibilidades de una relación de pareja. Desde la perspectiva hedonista, la pareja estará fundamentada en lo que el otro me aporta, nunca en lo que yo puedo darle. La consecuencia es nefasta: las parejas sólo se mantienen mientras se consiga un equilibrio de intereses mutuos. Esta es la razón por la que más de la mitad de los matrimonios se rompen, sin contar los que hoy ni siquiera se plantean la unión estable, sino que se conforman con sacar en cada instante el mayor provecho de cualquier relación personal. Desde estas perspectivas, por mucho que sea lo que una persona me está dando, en cualquier momento puedo descubrir a otra que me puede dar más. Ya no tendré motivos para seguir con la primera. También puede darse el caso de encontrar otra persona que, dándome lo mismo, me exige menos.  

La capacidad humana consiste en la posibilidad de darse al otro y ayudarle a ser él, sintiendo que en ese darse, encuentra su propia plenitud, donde el amor consiste en darse sin esperar nada a cambio. El matrimonio va creciendo, va tomando valor con la entrega de cada uno. Hay que recordar también que el amor se vive en la vida ordinaria y repetida de lo cotidiano. Cada día vivido juntos, cada alegría y cada sufrimiento compartidos, cada problema vivido en pareja, dan consistencia real al amor.  

 “Es posible hacer que la crisis no gaste el matrimonio, sino que lo mejore”. En nuestros días el mal del matrimonio es la separación y el divorcio, mientras que en tiempos de Jesús lo era el repudio. Sin embargo, Jesús no se limita a reafirmar la ley; le añade la gracia. Esto quiere decir que los esposos cristianos no aceptan sólo el compromiso de mantenerse fieles hasta la muerte; también reciben la ayuda necesaria para hacerlo. De la muerte redentora de Cristo viene una fuerza –el Espíritu Santo- que permea todo aspecto de la vida del creyente, incluido el matrimonio. Éste incluso es elevado a la dignidad de sacramento y de imagen viva de su unión esponsalicia con la Iglesia en la cruz (Ef. 5, 31-32).  

Decir que el matrimonio es un sacramento no significa sólo que en él está permitida, es lícita y buena, la unión de los sexos significa –más todavía- decir que el matrimonio se convierte en un modo de unirse a Cristo a través del amor al otro, un verdadero camino de santificación. No podría ser de otra manera, puesto que su promesa apunta a lo definitivo: el amor tiende a la eternidad.  

La alarmante crisis que atraviesa la institución del matrimonio en nuestra sociedad está a la vista de todos. Palabras como: «estoy harto de esta vida», «me marcho», «si es así, ¡cada uno por su lado!», ya se pronuncian entre cónyuges a la primera dificultad. El matrimonio sufre en ello la mentalidad común del «usar y tirar». ¿Qué nos puede ayudar para contener esta tendencia, que causa tanto mal para la sociedad y tanta tristeza a los hijos?

San Pablo nos dice al respecto: «Si se enojan, no se dejen arrastrar al pecado ni permitan que la noche los sorprenda enojados, dando ocasión al demonio», «sopórtense los unos a los otros y perdónense mutuamente siempre que alguien tenga motivo de queja contra otro», «Ayúdense mutuamente a llevar las cargas y así cumplirán la Ley de Cristo» (Ef. 4, 26-27; Col 3, 13; Ga 6, 2).   

Lo importante que hay que entender es que, en este proceso de crisis y superaciones, el matrimonio no se gasta, sino que se afina y mejora. Si con buena voluntad y la ayuda de alguien se logran superar estas crisis, se percibe hasta qué punto el impulso y el entusiasmo de los primeros días era poca cosa, respecto al amor estable y la comunión madurados en los años. Si primero el esposo y la esposa se amaban por la satisfacción que ello les procuraba, hoy tal vez se aman un poco más con un amor de ternura, libre de egoísmo y capaz de compasión; se aman por las cosas que han pasado y sufrido juntos.  

Sacramentos del matrimonio* Este sacramento nos conduce al corazón del designio de Dios, que es un designio de alianza con su pueblo, con todos nosotros, un designio de comunión. Al inicio del libro del Génesis, el primer libro de la Biblia, como coronación del relato de la creación se dice: «Dios creó al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó, varón y mujer los creó... Por eso abandonará el varón a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne» (Gn 1, 27; 2, 24). La imagen de Dios es la pareja matrimonial: el hombre y la mujer; no sólo el hombre, no sólo la mujer, sino los dos. Esta es la imagen de Dios: el amor, la alianza de Dios con nosotros está representada en esa alianza entre el hombre y la mujer. Y esto es hermoso. Somos creados para amar, como reflejo de Dios y de su amor. Y en la unión conyugal el hombre y la mujer realizan esta vocación en el signo de la reciprocidad y de la comunión de vida plena y definitiva.

Cuando un hombre y una mujer celebran el sacramento del matrimonio, Dios, por decirlo así, se «refleja» en ellos, imprime en ellos los propios rasgos y el carácter indeleble de su amor. El matrimonio es la imagen del amor de Dios por nosotros. 

*Papa Francisco, Audiencia 2 abril 2014.


 Décimo noveno domingo, “Yo soy el pan de Vida”  

Vigésimo domingo, María, lugar de encuentro con Dios  

Vigésimo primer domingo, “Señor, ¿A quién iremos? Tú tienes palabras de Vida eterna”  

Vigésimo segundo domingo, “Ninguna cosa externa que entra en el hombre puede mancharlo; lo que lo hace impuro es aquello que sale del hombre.”  

Vigésimo tercer domingo, «Efatá», «Ábrete.» Presencia liberadora de Dios.”  

Vigésimo Cuarto domingo, «Y ustedes ¿Quién dicen que soy yo?»  

Vigésimo quinto domingo, «El que quiera ser el primero, debe hacerse el servidor de todos»  

Vigésimo sexto domingo, «No se lo impidan»  

Aclaración: Se han consultado para la preparación del siguiente texto: El libro del Pueblo de Dios. Centro Bíblico CELAM. Dominicos.org. *J. A. Pagola. Donbosco.org.ar. P. Raniero Cantalamessa.  

Círculo Bíblico San José  

“Tu palabra es una lámpara a mis pies  y una luz en mi camino” Sal 119