Intención para la evangelización ‐

Intenciones de oración de septiembre: Oremos por una gestión justa y sostenible del agua, recurso vital, para que todos tengan acceso equitativo a ella.

"Todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre"

"Todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre" Mt 7, 7-8. No sé qué quería, pero había algo en mí que me movía a buscar, tal vez que las cosas tengan sentido, y te encontré. Me cuestionaba sobre la vida y me diste tu sabiduría para que pueda encontrar alegría y paz. Ante mis miedos y dudas, te pido que me acompañes en mi peregrinar y me das tu Espíritu Santo, el mismo que te acompaño a vos, hoy me acompaña a mí, me asiste y guía. Hoy sigo buscando más de tu Palabra, de la Verdad y el camino, con la confianza puesta en vos, Dios mío, sé que estás presente en mi vida. Ven Señor Jesús, te necesito.

Del libro de la Sabiduría 6, 12-16

Del libro de la Sabiduría 6, 12-16: La Sabiduría es luminosa y nunca pierde su brillo: se deja contemplar fácilmente por los que la aman y encontrar por los que la buscan. Ella se anticipa a darse a conocer a los que la desean. El que madruga para buscarla no se fatigará, porque la encontrará sentada a su puerta. Meditar en ella es la perfección de la prudencia, y el que se desvela por su causa pronto quedará libre de inquietudes. La Sabiduría busca por todas partes a los que son dignos de ella, se les aparece con benevolencia en los caminos y le sale al encuentro en todos sus pensamientos.

sábado, 9 de abril de 2022

Domingo de Ramos, lecturas 10-4-22, Ciclo C

 

 ” Ven Espíritu Santo”

Dios mío, envía ahora tu Espíritu sobre mí y que abra mis ojos y mis oídos a tu Palabra, que me guie y asista al meditar tus enseñanzas, para que pueda saborearla y comprenderla, para que tu Palabra penetre en mi corazón, y me conduzca a la Verdad completa. Amén  

“¡Bendito sea el Rey que viene en nombre del Señor! ¡Paz en el cielo y gloria en las alturas!”.  

Procesión: Evangelio según S, Lucas 19, 28-40

Jesús siguió adelante, subiendo a Jerusalén. Cuando se acercó a Betfagé y Betania, al pie del monte llamado de los Olivos, envió a dos de sus discípulos, diciéndoles: “Vayan al pueblo que está enfrente y, al entrar, encontrarán un asno atado, que nadie ha montado todavía. Desátenlo y tráiganlo; y si alguien les pregunta: ‘¿Por qué lo desatan?’, respondan: ‘El Señor lo necesita’”. Los enviados partieron y encontraron todo como él les había dicho. Cuando desataron el asno, sus dueños les dijeron: “¿Por qué lo desatan?”. Y ellos respondieron: “El Señor lo necesita”. Luego llevaron el asno adonde estaba Jesús y, poniendo sobre él sus mantos, lo hicieron montar. Mientras él avanzaba, la gente extendía sus mantos sobre el camino. Cuando Jesús se acercaba a la pendiente del monte de los Olivos, todos los discípulos, llenos de alegría, comenzaron a alabar a Dios en alta voz, por todos los milagros que habían visto. Y decían: “¡Bendito sea el Rey que viene en nombre del Señor! ¡Paz en el cielo y gloria en las alturas!”. Algunos fariseos que se encontraban entre la multitud le dijeron: “Maestro, reprende a tus discípulos”. Pero él respondió: “Les aseguro que, si ellos callan, gritarán las piedras”. Palabra del Señor.  

Libro del profeta Isaías 50, 4-7 
El mismo Señor me ha dado una lengua de discípulo, para que yo sepa reconfortar al fatigado con una palabra de aliento. Cada mañana, él despierta mi oído para que yo escuche como un discípulo. El Señor abrió mi oído y yo no me resistí ni me volví atrás. Ofrecí mi espalda a los que me golpeaban y mis mejillas, a los que me arrancaban la barba; no retiré mi rostro cuando me ultrajaban y escupían. Pero el Señor viene en mi ayuda: por eso, no quedé confundido; por eso, endurecí mi rostro como el pedernal, y sé muy bien que no seré defraudado. Palabra de Dios.   

Salmo 21. R. Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?

Los que me ven, se burlan de mí, hacen una mueca y mueven la cabeza, diciendo: «Confió en el Señor, que él lo libre; que lo salve, si lo quiere tanto» R        
M
e rodea una jauría de perros, me asalta una banda de malhechores; taladran mis manos y mis pies. Yo puedo contar todos mis huesos. R.        
Se reparten entre sí mi ropa y sortean mi túnica. Pero tú, Señor, no te quedes lejos; tú que eres mi fuerza, ven pronto a socorrerme. R.           
Yo anunciaré tu Nombre a mis hermanos, te alabaré en medio de la asamblea: «Alábenlo, los que temen al Señor; glorifíquenlo, descendientes de Jacob; témanlo, descendientes de Israel» R. 

Carta de Pablo a los Filipenses 2, 6-11        
Jesucristo, que era de condición divina, no consideró esta igualdad con Dios como algo que debía guardar celosamente: al contrario, se anonadó a sí mismo, tomando la condición de servidor y haciéndose semejante a los hombres. Y presentándose con aspecto humano, se humilló hasta aceptar por obediencia la muerte y muerte de cruz. Por eso, Dios lo exaltó y le dio el Nombre que está sobre todo nombre, para que al nombre de Jesús, se doble toda rodilla en el cielo, en la tierra y en los abismos, y toda lengua proclame para gloria de Dios Padre: «Jesucristo es el Señor.» Palabra de Dios 
 

Pasión de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 22,66c.23, 1b-49.

Cuando amaneció, se reunió el Consejo de los ancianos del pueblo, junto con los sumos sacerdotes y los escribas. Llevaron a Jesús ante el tribunal y le dijeron: «Dinos si eres el Mesías». Él les dijo: «Si yo les respondo, ustedes no me creerán, y si los interrogo, no me responderán. Pero en adelante, el Hijo del hombre se sentará a la derecha de Dios todopoderoso». Todos preguntaron: «¿Entonces eres el Hijo de Dios?». Jesús respondió: «Tienen razón, yo lo soy». Ellos dijeron: «¿Acaso necesitamos otro testimonio? Nosotros mismos lo hemos oído de su propia boca». Después se levantó toda la asamblea y lo llevaron ante Pilato. Y comenzaron a acusarlo, diciendo: «Hemos encontrado a este hombre incitando a nuestro pueblo a la rebelión, impidiéndole pagar los impuestos al Emperador y pretendiendo ser el rey Mesías». Pilato lo interrogó, diciendo: «¿Eres tú el rey de los judíos?». «Tú lo dices», le respondió Jesús. Pilato dijo a los sumos sacerdotes y a la multitud: «No encuentro en este hombre ningún motivo de condena». Pero ellos insistían: «Subleva al pueblo con su enseñanza en toda la Judea. Comenzó en Galilea y ha llegado hasta aquí». Al oír esto, Pilato preguntó si ese hombre era galileo. Y habiéndose asegurado de que pertenecía a la jurisdicción de Herodes, se lo envió. En esos días, también Herodes se encontraba en Jerusalén.  
Herodes se alegró mucho al ver a Jesús. Hacía tiempo que deseaba verlo, por lo que había oído decir de él, y esperaba que hiciera algún prodigio en su presencia. Le hizo muchas preguntas, pero Jesús no le respondió nada. Entre tanto, los sumos sacerdotes y los escribas estaban allí y lo acusaban con vehemencia. Herodes y sus guardias, después de tratarlo con desprecio y ponerlo en ridículo, lo cubrieron con un magnífico manto y lo enviaron de nuevo a Pilato. Y ese mismo día, Herodes y Pilato, que estaban enemistados, se hicieron amigos.
Pilato convocó a los sumos sacerdotes, a los jefes y al pueblo, y les dijo: «Ustedes me han traído a este hombre, acusándolo de incitar al pueblo a la rebelión. Pero yo lo interrogué delante de ustedes y no encontré ningún motivo de condena en los cargos de que lo acusan; ni tampoco Herodes, ya que él lo ha devuelto a este tribunal. Como ven, este hombre no ha hecho nada que merezca la muerte. Después de darle un escarmiento, lo dejaré en libertad».

Pero la multitud comenzó a gritar: «¡Que muera este hombre! ¡Suéltanos a Barrabás!». A Barrabás lo habían encarcelado por una sedición que tuvo lugar en la ciudad y por homicidio.

Pilato volvió a dirigirles la palabra con la intención de poner en libertad a Jesús. Pero ellos seguían gritando: «¡Crucifícalo! ¡Crucifícalo!». Por tercera vez les dijo: «¿Qué mal ha hecho este hombre? No encuentro en él nada que merezca la muerte. Después de darle un escarmiento, lo dejaré en libertad». Pero ellos insistían a gritos, reclamando que fuera crucificado, y el griterío se hacía cada vez más violento. Al fin, Pilato resolvió acceder al pedido del pueblo. Dejó en libertad al que ellos pedían, al que había sido encarcelado por sedición y homicidio, y a Jesús lo entregó al arbitrio de ellos. Cuando lo llevaban, detuvieron a un tal Simón de Cirene, que volvía del campo, y lo cargaron con la cruz, para que la llevara detrás de Jesús. Lo seguían muchos del pueblo y un buen número de mujeres, que se golpeaban el pecho y se lamentaban por él. Pero Jesús, volviéndose hacia ellas, les dijo: «¡Hijas de Jerusalén!, no lloren por mí; lloren más bien por ustedes y por sus hijos. Porque se acerca el tiempo en que se dirá: ¡Felices las estériles, felices los senos que no concibieron y los pechos que no amamantaron! Entonces se dirá a las montañas: ¡Caigan sobre nosotros!, y a los cerros: ¡Sepúltennos! Porque si así tratan a la leña verde, ¿qué será de la leña seca?». Con él llevaban también a otros dos malhechores, para ser ejecutados. Cuando llegaron al lugar llamado «del Cráneo», lo crucificaron junto con los malhechores, uno a su derecha y el otro a su izquierda. Jesús decía: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen». Después se repartieron sus vestiduras, sorteándolas entre ellos. 

El pueblo permanecía allí y miraba. Sus jefes, burlándose, decían: «Ha salvado a otros: ¡que se salve a sí mismo, si es el Mesías de Dios, el Elegido!». También los soldados se burlaban de él y, acercándose para ofrecerle vinagre, le decían: «Si eres el rey de los judíos, ¡sálvate a ti mismo!». Sobre su cabeza había una inscripción: «Este es el rey de los judíos». Uno de los malhechores crucificados lo insultaba, diciendo: «¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros». Pero el otro lo increpaba, diciéndole: «¿No tienes temor de Dios, tú que sufres la misma pena que él? Nosotros la sufrimos justamente, porque pagamos nuestras culpas, pero él no ha hecho nada malo». Y decía: «Jesús, acuérdate de mí cuando vengas a establecer tu Reino». Él le respondió: «Yo te aseguro que hoy estarás conmigo en el Paraíso».     
Era alrededor del mediodía. El sol se eclipsó y la oscuridad cubrió toda la tierra hasta las tres de la tarde. El velo del Templo se rasgó por el medio. Jesús, con un grito, exclamó: «Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu». Y diciendo esto, expiró. Cuando el centurión vio lo que había pasado, alabó a Dios, exclamando: «Realmente este hombre era un justo». Y la multitud que se había reunido para contemplar el espectáculo, al ver lo sucedido, regresaba golpeándose el pecho. 
Todos sus amigos y las mujeres que lo habían acompañado desde Galilea permanecían a distancia, contemplando lo sucedido. Palabra del Señor.        

Reflexión: Hoy la Iglesia entera conmemora el Domingo de Ramos. Durante la procesión de este domingo, llevamos en las manos olivos como signo de paz y esperanza, y después llevamos a nuestras casas los ramos bendecidos, como signo de la bendición de Dios, de su protección y ayuda. Según nuestra costumbre, se colocan sobre un crucifijo o junto a un cuadro religioso, y este olivo es un signo sacramental, es decir, nos recuerda algo sagrado, exterior, del que hemos optado, por seguir a Jesús en el camino hacia el Padre.

La presencia de los ramos en nuestros hogares nos recuerda de que hemos vitoreado a Jesús, nuestro Rey, y le hemos seguido hasta la cruz, hoy sigamos aclamando al Salvador durante toda nuestra vida, porque en el seguimiento de Cristo, pasando por nuestra propia pasión y muerte, viviremos la resurrección definitiva de Dios.   

Entrada en Jerusalén. En la última semana de su vida y durante los días de la celebración de la Pascua. La Pascua era la fiesta en la que Israel conmemoraba, anualmente su liberación de la esclavitud de Egipto.  Se celebraba en primavera y congregaba en Jerusalén, alrededor del templo, a miles de peregrinos israelitas venidos de todas partes.  La ciudad triplicaba su población, y su ambiente en esos días era de fiesta multitudinaria y llamativa alegría.  A la par, la pascua ponía al rojo vivo las expectativas políticas del pueblo, sus ansias de liberación y su esperanza mesiánica; y era una ocasión propicia para revueltas y movilizaciones populares de todo tipo.  La dominación romana, que Israel soportaba desde hacía años, había exaltado los sentimientos nacionalistas del pueblo y hecho surgir un grupo violento, los zelotas, que esperaban imponer el reino de Dios por la fuerza.

Jesús era consciente de este clima y situación.  Y a pesar de ello quiso aprovechar ese momento para realizar un importante gesto profético en contra de las expectativas mesiánicas de la inmensa mayoría.  

La entrada de Jesús en Jerusalén es más que un simple recibimiento caluroso.  Está más cercana de una auténtica manifestación popular, masiva y enardecida, en la que se mezclan los más profundos sentimientos de fe del pueblo en el Dios Liberador y en su Mesías con los sentimientos nacionalistas y políticos de los más diversos signos.  Los zelotas quizás vieron en la actuación de Jesús una ocasión para conseguir un inmediato alzamiento popular, liberarse de los romanos e instaurar la soberanía de Dios.  Los discípulos quizás pensaron que llegaba la hora del triunfo, la de un Mesías Rey que iba a instaurar su reino; que con el triunfo de Jesús venía el suyo.  El pueblo pensó, que por fin Dios venía a ejercer su poder sobre la historia y realizar el juicio contra los paganos que dominaban Israel.  Es lo que sucede en cualquier acto de masas.  Aunque todos coincidan en su realización las expectativas son diversas.  No se trata pues, en esta narración evangélica, de una procesión religiosa ordenada, con ramos que se agitan pacíficamente al ritmo de cantos religiosos.  Aquello fue un verdadero tumulto.  

La palabra “Hosanna” con la que Jesús es aclamado, significa literalmente: ¡Sálvanos por favor!”.  Con ella se pedía a Dios ayuda para la victoria.  Y ese tender los mantos y cortar los ramos para preparar y adornar el camino tiene su correlación en las fiestas de entronización de los reyes de Israel.  Pero frente a la efervescencia popular de esos días y, quizá, frente a la tensión fuerte de las autoridades religiosas, Jesús toma medidas, que connotan una cierta clandestinidad, para proteger su acción de indiscreciones que pusieran a las autoridades sobre aviso.  Eso es lo que debemos ver en detalles del intrincado sistema de hacerse con el burro, en el no hospedarse en Jerusalén, etc.  

Jerusalén no es simplemente el nombre de la Ciudad Santa, de la capital religiosa del pueblo.  Jerusalén no es una palabra neutra, es sede de los adversarios de Jesús; en ella viven los responsables de la ortodoxia, del culto y de la Ley.  Es el lugar donde ellos lo matarán.  Jesús llega al terreno de sus enemigos, va al lugar donde se juegan los grandes intereses del ser humano, al centro mismo de la opresión religiosa, y se enfrenta a Él. 

Ven Señor Jesús, te necesitamos.  

Aclaración: Se han consultado para la preparación de las reflexiones: El libro del Pueblo de Dios. Hojitas anteriores. Centro Bíblico del CELAM.. 

Círculo Bíblico San José  

“Tu palabra es una lámpara a mis pies  y una luz en mi camino” Sal 119 

miércoles, 6 de abril de 2022

Miércoles 6 de abril, San Juan 8, 31-42


"Si ustedes permanecen fieles a mi palabra, serán verdaderamente mis discípulos: conocerán la verdad y la verdad los hará libres"  

Como discípulo de Jesús voy descubriendo que su seguimiento es un camino de encuentro con el Maestro, con su Palabra, escuchando y viviendo lo que me propone.    

Pero siento que muchas veces vivo tan condicionado… por la imagen, por el qué dirán, por gustos, modas, ideologías… que si miro dentro mío,  me doy cuenta de que no soy libre, aunque pueda moverme de un lugar a otro, aunque crea que “hago lo que quiero” las más de las veces soy en verdad esclavo de todas esas cosas y de tantas otras más.

San Juan pablo II, nos decía: «“Liberación” significa transformación interior del hombre, que es consecuencia del conocimiento de la verdad. La transformación es, pues, un proceso espiritual en el que el hombre madura en justicia y santidad verdaderas». 
 

Señor Jesús, ayúdame a abrir el corazón para recibir esa Luz que viene de Vos. Que me deje iluminar por tu Palabra y poder encontrar el camino que me lleve a la Verdad y permita liberarme de todas mis ataduras. Amén.

           Ref. Dominicos.org; Engeli.net. Donbosco.org.ar


Martes 5 de abril, San juan 8, 21-30

¿Quién eres tú?

martes, 5 de abril de 2022

Lunes 4 de abril, san Juan 8, 12-20.

  

"Yo soy la luz del mundo. El que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la Vida".

Lunes 4 de abril, san Juan 8, 12-20. "Yo soy la luz del mundo. El que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la Vida".  

Hoy la Palabra me lleva reflexionar que tanto en el tiempo de Jesús como ahora nos toca vivir momentos difíciles y de grandes paradojas. Tenemos a nuestra disposición posibilidades, comodidades y adelantos tecnológicos ni siquiera imaginados hace sólo unas décadas. Sin embargo, vivimos en un mundo con grandes desorientaciones.  

Parece que hemos optado por buscar la felicidad y el sentido de la existencia en los valores más materiales e individualistas de la técnica, el consumo, el poder, el control, la seguridad, el éxito, el dinero.

Como hombres, hoy tenemos la misma necesidad que aquellos de la época de Jesús, necesitamos alimentar nuestra alma, darle un sentido a nuestra vida, entonces me pregunto ¿Qué camino voy a seguir, el de las cosas terrenales que limita mi accionar o el de Jesús, que me llena de esperanza de un mundo mejor?  

Señor Jesús, ayúdame a abrir el corazón para recibir esa Luz que viene de Vos. Que me deje iluminar por la luz de tu presencia y poder también ayudar a iluminar la vida de tantos hombres que necesitan conocerte para ser felices en el tiempo y en la eternidad. Amén.  

Ref. Dominicos.org; Engeli.net. Donbosco.org.ar. Red Asís.


sábado, 2 de abril de 2022

Quinto domingo de Cuaresma, lecturas 3-4-22, Ciclo C

 

” Ven Espíritu Santo”

Dios mío, envía ahora tu Espíritu sobre mí y que abra mis ojos y mis oídos a tu Palabra, que me guie y asista al meditar tus enseñanzas, para que pueda saborearla y comprenderla, para que tu Palabra penetre en mi corazón, y me conduzca a la Verdad completa. Amén  

«Yo tampoco te condeno, le dijo Jesús. Vete, no peques más en adelante.»” 

Lectura libro del profeta Isaías 43, 16-21        
Así habla el Señor, el que abrió un camino a través del mar y un sendero entre las aguas impetuosas; el que hizo salir carros de guerra y caballos, todo un ejército de hombres aguerridos; ellos quedaron tendidos, no se levantarán, se extinguieron, se consumieron como una mecha. No se acuerden de las cosas pasadas, no piensen en las cosas antiguas; yo estoy por hacer algo nuevo: ya está germinando, ¿no se dan cuenta?              
Sí, pondré un camino en el desierto y ríos en la estepa. Me glorificarán las fieras salvajes, los chacales y los avestruces; porque haré brotar agua en el desierto y ríos en la estepa, para dar de beber a mí Pueblo, mi elegido, el Pueblo que yo me formé para que pregonara mi alabanza.  Palabra de Dios.  
 

Salmo 125 , R. ¡Grandes cosas hizo el Señor por nosotros y estamos rebosantes de alegría!

Cuando el Señor cambió la suerte de Sión, nos parecía que soñábamos: nuestra boca se llenó de risas y nuestros labios, de canciones R.            

Hasta los mismos paganos decían: «¡El Señor hizo por ellos grandes cosas!» ¡Grandes cosas hizo el Señor por nosotros y estamos rebosantes de alegría! R.              
¡Cambia, Señor, nuestra suerte como los torrentes del Négueb! Los que siembran entre lágrimas cosecharán entre canciones. R.    

El sembrador va llorando cuando esparce la semilla, pero vuelve cantando cuando trae las gavillas. R.  

Carta de Pablo a los Filipenses 3, 8-14              
Hermanos: Todo me parece una desventaja comparado con el inapreciable conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor. Por él, he sacrificado todas las cosas, a las que considero como desperdicio, con tal de ganar a Cristo y estar unido a él, no con mi propia justicia -la que procede de la Ley- sino con aquella que nace de la fe en Cristo, la que viene de Dios y se funda en la fe. Así podré conocerlo a él, conocer el poder de su resurrección y participar de sus sufrimientos, hasta hacerme semejante a él en la muerte, a fin de llegar, si es posible, a la resurrección de entre los muertos. Esto no quiere decir que haya alcanzado la meta ni logrado la perfección, pero sigo mi carrera con la esperanza de alcanzarla, habiendo sido yo mismo alcanzado por Cristo Jesús. Hermanos, yo no pretendo haberlo alcanzado. Digo solamente esto: olvidándome del camino recorrido, me lanzo hacia adelante y corro en dirección a la meta, para alcanzar el premio del llamado celestial que Dios me ha hecho en Cristo Jesús. Palabra de Dios.

Evangelio según san Juan 8, 1-11

Jesús fue al monte de los Olivos. Al amanecer volvió al Templo, y todo el pueblo acudía a él. Entonces se sentó y comenzó a enseñarles. Los escribas y los fariseos le trajeron a una mujer que había sido sorprendida en adulterio y, poniéndola en medio de todos, dijeron a Jesús: «Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. Moisés, en la Ley, nos ordenó apedrear a esta clase de mujeres. Y tú, ¿qué dices?» Decían esto para ponerlo a prueba, a fin de poder acusarlo. Pero Jesús, inclinándose, comenzó a escribir en el suelo con el dedo. Como insistían, se enderezó y les dijo: «Aquel de ustedes que no tenga pecado, que arroje la primera piedra.» E inclinándose nuevamente, siguió escribiendo en el suelo.   Al oír estas palabras, todos se retiraron, uno tras otro, comenzando por los más ancianos. Jesús quedó solo con la mujer, que permanecía allí, e incorporándose, le preguntó: «Mujer, ¿dónde están tus acusadores? ¿Nadie te ha condenado?» Ella le respondió: «Nadie, Señor.»  «Yo tampoco te condeno, le dijo Jesús. Vete, no peques más en adelante.» Palabra del Señor.  

Reflexión: Jesús misericordia del Padre      

La principal característica de las tres lecturas de hoy es que nos invitan a mirar hacia adelante. Isaías, desde la opresión del destierro, promete algo nuevo para su pueblo. Pablo quiere olvidarse de lo que queda atrás y sigue corriendo hacia la meta. Jesús abre a la adúltera un horizonte de futuro que los fariseos estaban dispuesto a cercenar. El encuentro con el verdadero Dios nos empuja siempre hacia lo nuevo. En nombre de Dios nunca podemos mirar hacia atrás.  

La mujer adúltera. En Israel, el adulterio era tenido por delito público y falta contra lo prescripto por Dios. La ley lo castigaba con la muerte, tal como aparece en el Levítico 20. Pero la tradición y las costumbres hicieron de esta ley, como de tantas otras, una interpretación machista. Ya así, el adulterio del hombre casado sólo era tal si tenía relaciones con una mujer casada, pero si ésta era soltera, esclava o prostituta, no se consideraba como adulterio su falta. Para la mujer casada, bastaba que tuviera relaciones con cualquier hombre. Por otra parte, la mujer sospechosa de adulterio era sometida a una prueba pública a tomar aguas amargas. Si se le hinchaba el vientre era cierto el adulterio; si no sentía malestares, todo quedaba en falsa sospecha (Números 5, 11-31). Esta prueba la realizaban los sacerdotes. El hombre no podía ser sometido a semejante rito. En todo caso, comprobado el adulterio, los pecadores-él y/o ella-debían ser apedreados por la comunidad.     


El Evangelio pone de relieve muchas veces el contraste que se da entre nuestros juicios sobre los demás (severos) y sobre nosotros mismos (indulgentes). También se observa la diferencia entre el juicio del sistema imperante (implacable) y el de Dios (misericordioso). En este pasaje vemos a los letrados y fariseos representan la dureza de una actitud antievangélica. “La mujer sorprendida en adulterio” es la imagen de un pueblo que no es inocente, pero que es habitualmente maltratado por quienes lo dominan, y maltratado en nombre de la Ley de Dios. La narración tiene de trasfondo la trampa tendida a Jesús por sus enemigos: o absolución (contra la Ley judía) o condenación (contra la ley romana, que prohibía a los judíos matar por su cuenta). El “juicio” de Jesús, sin embargo, es doble: a los acusadores les devuelve su pecado, y a la acusada le da el perdón, la paz y un futuro nuevo. Este modo de obrar nos manifiesta el rostro de Dios.   

Todos necesitamos de perdón.  Según su costumbre, Jesús ha pasado la noche a solas con su Padre en el Monte de los Olivos. Comienza el nuevo día, lleno del Espíritu de Dios que lo envía a "proclamar la liberación de los cautivos y dar libertad a los oprimidos”. Pronto se verá rodeado por un gentío que acude a la explanada del templo para escucharlo. De pronto, un grupo de escribas y fariseos irrumpe trayendo a "una mujer sorprendida en adulterio". No les preocupa el destino terrible de la mujer. Nadie le interroga de nada. Está ya condenada. Los acusadores lo dejan muy claro: "La Ley de Moisés nos manda apedrear a las adúlteras. Tú, ¿qué dices?”   

           
La situación es dramática: los fariseos están tensos, la mujer angustiada, la gente expectante. Jesús guarda un silencio. Tiene ante sí a aquella mujer humillada, condenada por todos. Pronto será ejecutada. ¿Es esta la última palabra de Dios sobre esta hija suya?               

Jesús, que está sentado, se inclina hacia el suelo y comienza a escribir algunos trazos en tierra. Seguramente busca luz. 

Los acusadores le piden una respuesta en nombre de la Ley. Él les responderá desde su experiencia de la misericordia de Dios: aquella mujer y sus acusadores, todos ellos, están necesitados del perdón de Dios.       

Los acusadores sólo están pensando en el pecado de la mujer y en la condena de la Ley. Jesús cambiará la perspectiva. Pondrá a los acusadores ante su propio pecado. Ante Dios, todos han de reconocerse pecadores. Todos necesitan su perdón.       

Como le siguen insistiendo cada vez más, Jesús se incorpora y les dice: "El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra". ¿Quiénes son ustedes para condenar a muerte a esa mujer, olvidando sus propios pecados y su necesidad del perdón y de la misericordia de Dios?     

Los acusadores "se van retirando uno tras otro". Jesús apunta hacia una convivencia donde la pena de muerte no puede ser la última palabra sobre un ser humano. Más adelante, Jesús dirá: "Yo no he venido para juzgar al mundo sino para salvarlo".    

El diálogo de Jesús con la mujer arroja nueva luz sobre su actuación. Los acusadores se han retirado, pero la mujer no se ha movido. Parece que necesita escuchar una última palabra de Jesús. No se siente todavía liberada. Jesús le dice "Tampoco yo te condeno. Vete y, en adelante no peques más". Le ofrece su perdón, y, al mismo tiempo, le invita a no pecar más. El perdón de Dios no anula la responsabilidad, sino que exige conversión. Jesús sabe que "Dios no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta y viva".  

La cercanía, que manifestó Jesús hacia los pecadores, no podía ser comprendida por los jefes religiosos de su tiempo porque se habían hecho un Dios a su medida, justiciero y distante. Para ellos, el cumplimiento de la Ley era el valor supremo. La persona estaba sometida al imperio de la Ley. Por eso no tienen ningún reparo en sacrificar a la mujer en nombre de ese Dios inmisericorde. Jesús nos dice que la persona es el valor supremo y no puede ser utilizada como medio para conseguir nada. Todo tiene que estar al servicio del individuo. El evangelio nos descubre la posibilidad que tiene el ser humano de enfocar su vida de una manera distinta.

La “buena noticia” consiste en que el amor de Dios es incondicional, no depende de nada ni de nadie. Dios no es un ser que ama sino el amor. Su esencia es amor y no puede dejar de amar. 

Símbolos de la Cuaresma: La reconciliación en Cuaresma

 

 “¡Qué difícil resulta a veces perdonar! Y, sin embargo, el perdón es el instrumento colocado en nuestras frágiles manos para alcanzar la serenidad del corazón, la paz”.

“Dejar de lado el resentimiento, la rabia, la violencia y la venganza son condiciones necesarias para vivir como hermanos y hermanas y superar la violencia”.

“Jesús vino para darnos la vida plena” “En la medida en que Él está en medio de nosotros, la vida se convierte en un espacio de fraternidad, de justicia, de paz, de dignidad para todos”.

 

Así, “este tiempo penitencial, donde estamos llamados a vivir la práctica del ayuno, de la oración y de la limosna, nos hace percibir que todos somos hermanos. Dejemos que el amor de Dios se vuelva visible entre nosotros, en nuestras familias, en las comunidades, en la sociedad”.

 

“Ahora es el momento favorable, ahora es el día de la salvación que nos trae la gracia del perdón recibido u otorgado. El perdón de las ofensas es la expresión más elocuente del amor misericordioso y, para nosotros cristianos, es un imperativo del que no podemos prescindir”.

 

Además, invita a que “seamos protagonistas de la superación de la violencia haciéndonos heraldos y constructores de la paz. Una paz que es fruto del desarrollo integral de todos, una paz que nace de una nueva relación, también con todas las criaturas. La paz se teje en el día a día con paciencia y misericordia, en el seno de la familia, en la dinámica de la comunidad, en las relaciones de trabajo, en las relaciones con la naturaleza”.

                                                                                                                         Papa Francisco  

Ven Señor Jesús, te necesitamos. 

 

Primer domingo de cuaresma

“No sólo de pan vive el hombre”  

Segundo domingo de Cuaresma

“Jesús subió a la montaña para orar y mientras oraba, su rostro cambió de aspecto y sus vestiduras se volvieron de una blancura deslumbrante.”  

Tercer domingo de Cuaresma 

“Dar frutos”  

Cuarto domingo de Cuaresma

“Nuestra condición de hijos de Dios es fruto del amor del corazón del Padre”  

Quinto domingo de Cuaresma

«Yo tampoco te condeno, le dijo Jesús. Vete, no peques más en adelante.»”  

Aclaración: Se han consultado para la preparación de las reflexiones: El libro del Pueblo de Dios. Hojitas anteriores. Centro Bíblico del CELAM. J A Pagola. Doonbosco.org. Dominicos.org. Fray marcos.  

Círculo Bíblico San José  

“Tu palabra es una lámpara a mis pies  y una luz en mi camino” Sal 119