¡Con su Palabra, Jesús se nos revela y sale a nuestro encuentro, para que experimentemos al Dios de la vida!
Intención para la evangelización ‐
"Todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre"
Del libro de la Sabiduría 6, 12-16
sábado, 20 de agosto de 2022
Sábado, 20 de agosto. Mt 23, 1-12. "Ellos dicen, pero no hacen"
viernes, 19 de agosto de 2022
Viernes, 19 de agosto. Mt 22, 34-40. "Amarás al Señor tu Dios y a tu prójimo como a ti mismo"
jueves, 18 de agosto de 2022
Jueves, 18 de agosto. Mt 22, 1-14. "Venid a la boda"
miércoles, 17 de agosto de 2022
Miércoles, 17 de agosto. Mt 20, 1-16. "Id también vosotros a mi viña"
martes, 16 de agosto de 2022
Martes, 16 de agosto. Mt 19, 23-30. "Qué difícilmente entrará un rico en el reino"
lunes, 15 de agosto de 2022
Lunes, 15 de agosto. Lc 1, 39-56 "Asunción de la Virgen María"
Evangelio del día y reflexión... ¡Deja que la Palabra del Señor transforme tu vida!
[Lucas 1, 39-56] En aquel tiempo, María se levantó y se puso en camino de prisa hacia la montaña, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Aconteció que, en cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel de Espíritu Santo y, levantando la voz, exclamó: «¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? Pues, en cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Bienaventurada la que ha creído, porque lo que le ha dicho el Señor se cumplirá». María dijo: «Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humildad de su esclava. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes en mí: su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación. Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos. Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia -como lo había prometido a nuestros padres- en favor de Abrahán y su descendencia por siempre». María se quedó con ella unos tres meses y volvió a su casa. Palabra del Señor.
domingo, 14 de agosto de 2022
Domingo, 14 de agosto. Lc 12, 49-53. "He venido a prender fuego a la tierra"
Lecturas 14-8-19, Ciclo C. Vigésimo domingo durante el año
Dios mío, envía ahora tu Espíritu sobre mí y que abra mis ojos y mis oídos a tu Palabra, que me guie y asista al meditar tus enseñanzas, para que pueda saborearla y comprenderla, para que tu Palabra penetre en mi corazón, y me conduzca a la Verdad completa. Amén
Libro de Jeremías 38,3-6.8-10.
El profeta Jeremías
decía al pueblo: así habla el Señor: Esta ciudad será entregada al ejército del
rey de Babilonia, y este la tomará". Los jefes dijeron al rey:
"Que este hombre sea condenado a muerte, porque con semejantes discursos
desmoraliza a los hombres de guerra que aún quedan en esta ciudad, y a todo el
pueblo. No, este hombre no busca el bien del pueblo, sino su
desgracia".
El rey Sedecías respondió: "Ahí lo tienen en sus manos, porque el rey ya
no puede nada contra ustedes". Entonces ellos
tomaron a Jeremías y lo arrojaron al aljibe de Malaquías, hijo del rey, que
estaba en el patio de la guardia, descolgándolo con cuerdas. En el aljibe no
había agua sino sólo barro, y Jeremías se hundió en el barro. Ebed Mélec salió de la casa del rey y le dijo: "Rey, mi señor,
esos hombres han obrado mal tratando así a Jeremías; lo han arrojado al aljibe,
y allí abajo morirá de hambre, porque ya no hay pan en la
ciudad". El rey dio esta orden a Ebed Mélec, el hombre de Cusa: "Toma de aquí a
tres hombres contigo, y saca del aljibe a Jeremías, el profeta, antes de que
muera". Palabra de Dios
Salmo 39, R. Señor, ven
pronto a socorrerme.
Esperé
confiadamente en el Señor, él se inclinó hacia mí y escuchó mi clamor.
R
Me sacó de la fosa
infernal, del barro cenagoso; afianzo mis pies sobre la tierra y afirmó
mis pasos. R
Puso en mi boca un
canto nuevo, un himno a nuestro Dios. Muchos al ver esto temerán
y confiarán en el Señor. R
¡Yo soy pobre y
miserable, pero el Señor piensa en mí, tu eres mi ayuda y mi libertador, no
tardes Dios mío! R
Carta a los Hebreos 12,1-4.
Hermanos, ya que estamos rodeados de una verdadera nube de testigos, despojémonos de todo lo que nos estorba, en especial del pecado, que siempre nos asedia, y corramos resueltamente al combate que se nos presenta. Fijemos la mirada en el iniciador y consumador de nuestra fe, en Jesús, el cual, en lugar del gozo que se le ofrecía, soportó la cruz sin tener en cuenta la infamia, y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios. Piensen en aquel que sufrió semejante hostilidad por parte de los pecadores, y así no se dejarán abatir por el desaliento. Después de todo, en la lucha contra el pecado, ustedes no han resistido todavía hasta derramar su sangre. Palabra de Dios
Evangelio según San Lucas 12,49-53.
Jesús dijo a sus
discípulos: Yo he venido a traer fuego sobre la tierra, ¡y cómo desearía que ya
estuviera ardiendo! Tengo que recibir un bautismo, ¡y qué angustia siento hasta que esto se cumpla
plenamente!
¿Piensan ustedes que he venido a traer la paz a la tierra? No, les digo que he
venido a traer la división. De ahora en adelante, cinco miembros de una familia estarán divididos, tres
contra dos y dos contra tres: el padre contra el hijo y el hijo contra el
padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la
nuera y la nuera contra la suegra". Palabra del
Señor.
La misericordia de Dios transforma el corazón del hombre haciéndole experimentar un amor fiel, y lo hace a su vez capaz de misericordia.
Reflexión
“Instrumento de Paz, venciendo al mal, con el bien”
Siguiendo a la instrucción sobre la confianza y la
vigilancia, Jesús habla brevemente de sí mismo de una manera enigmática. ¿Qué
clase de fuego trae al mundo? ¿Qué significa ese bautismo? ¿De qué paz está
hablando? A primera vista el fuego y la ausencia de paz son conceptos
negativos, pero el Maestro propone estos enigmáticos símbolos para llamar la
atención de los que le escuchan. No quiere a nadie cruzado de brazos ante
tanta injusticia. Fuego que destruya el orden establecido que oprime
a los débiles. División entre poderosos y defensores de la igualdad.
Ser «instrumentos de su paz» quiere decir «vencer al mal con el bien» Hay una expresión de Jesús en el Evangelio que llama nuestra atención y exige ser comprendida adecuadamente. Mientras se dirige hacia Jerusalén, donde le espera la muerte en la cruz, Cristo confía a sus discípulos: “¿Creen que estoy aquí para dar paz a la tierra? No, les aseguro, división…“ Quien conoce, aunque sea sólo un poco, el Evangelio de Cristo sabe que es un mensaje de paz por excelencia; Jesús mismo, como escribe san Pablo, «es nuestra paz» (Efesios 2, 14), muerto y resucitado para abatir el muro de la enemistad e inaugurar el Reino de Dios que es amor, alegría y paz. ¿Cómo se explican entonces sus palabras? ¿A qué se refiere el Señor cuando dice que ha venido para traer --según la redacción de san Lucas-- la «división», o según la de san Mateo, la «espada»? (Mateo 10, 34).
Esta expresión de Cristo significa que la paz que Él vino a traer no es sinónimo de simple ausencia de conflictos. Por el contrario, la paz de Jesús es fruto de una constante lucha contra el mal. El enfrentamiento que Jesús está decidido a afrontar no es contra hombres o poderes humanos, sino contra el enemigo de Dios y del hombre, el mal.
Quien quiere resistir contra este enemigo siendo fiel a Dios y al bien tiene que afrontar necesariamente incomprensiones y en ocasiones auténticas persecuciones. Por ello, quienes quieren seguir a Jesús y comprometerse a favor de la verdad tienen que saber que encontrarán oposiciones y se convertirán, aunque no lo quieran, en signo de división entre las personas, e incluso dentro de sus mismas familias.
Sin fuego no es posible. En un estilo claramente profético, Jesús resume su vida entera con unas palabras insólitas: “Yo he venido a prender fuego en el mundo, y ¡ojalá estuviera ya ardiendo!”. ¿De qué está hablando Jesús? El carácter enigmático de su lenguaje conduce a los exégetas a buscar la respuesta en diferentes direcciones. En cualquier caso, la imagen del “fuego” nos está invitando a acercarnos a su misterio de manera más ardiente y apasionada.
El fuego que arde en su interior es la pasión por Dios y la compasión por los que sufren. Jamás podrá ser desvelado ese amor insondable que anima su vida entera… Jesús atrae y quema, turba y purifica. Nadie podrá seguirlo con el corazón apagado o con piedad aburrida.
Su
palabra hace arder los corazones. Se ofrece amistosamente a los más
excluidos, despierta la esperanza en las prostitutas y la confianza en los
pecadores más despreciados, lucha contra todo lo que hace daño al ser humano.
Combate los formalismos religiosos, los rigorismos inhumanos y las interpretaciones
estrechas de la ley. Nada ni nadie puede encadenar su libertad para hacer
el bien. Nunca podremos seguirlo viviendo en la rutina religiosa o el
convencionalismo de “lo
correcto”.
Jesús enciende los conflictos, no los apaga. No ha venido a traer falsa tranquilidad. En realidad, introduce el conflicto en nuestro propio corazón. No es posible defenderse de su llamada tras el escudo de ritos religiosos o prácticas sociales. Ninguna religión nos protegerá de su mirada. Ningún agnosticismo nos librará de su desafío. Jesús nos está llamando a vivir en verdad y a amar sin egoísmos. Su fuego no ha quedado apagado al sumergirse en las aguas profundas de la muerte. Resucitado a una vida nueva, su Espíritu sigue ardiendo a lo largo de la historia. Los primeros seguidores lo sienten arder en sus corazones cuando escuchan sus palabras mientras camina junto a ellos.
¿Dónde es posible sentir hoy ese fuego de Jesús? ¿Dónde podemos experimentar la fuerza de su libertad creadora? ¿Cuándo arden nuestros corazones al acoger su Evangelio? ¿Dónde se vive de manera apasionada siguiendo sus pasos? Aunque la fe cristiana parece extinguirse hoy entre nosotros, el fuego traído por Jesús al mundo sigue ardiendo bajo las cenizas. No podemos dejar que se apague. Sin fuego en el corazón no es posible seguir a Jesús.
“Signo de contradicción” La división que indica Jesús es consecuencia de la opción radical por seguirle a Él. Muchas veces la vocación de ser cristiano no es comprendida ni siquiera por los propios familiares, sin embargo, Jesús sigue llamando a la entrega total de sus verdaderos discípulos.
En una sociedad que favorece la muerte de los no-nacidos y de los ancianos, que aplaude el crecimiento injusto de las riquezas en manos de pocos, frente a la miseria que sufren la mayoría de los ciudadanos, el cristiano está llamado a ser “signo de contradicción” como Jesús. El discípulo de Jesús, fiel y coherente tiene que estar dispuesto a sufrir la contradicción constante de una vida entregada a la causa de los más desfavorecidos.
Anunciar y vivir el estilo de vida de Jesús provoca en esta sociedad consumista
rechazo, conflicto y división. Es una constante en la historia de la
Iglesia. Es el cumplimiento de la bienaventuranza proclamada por el mismo
Jesús: Dichosos serán ustedes cuando los injurien y los persigan, y digan
contra ustedes toda clase de calumnias por causa mía (Mt 5, 11). El mismo Jesús
ha de pasar por esa prueba terrible. Y sufre la angustia hasta que llegue el
momento de la destrucción en su cuerpo, para que la vida florezca.
Siguiendo las
huellas del Señor Jesús, los cristianos se convierten en «instrumentos
de paz», según la famosa expresión de san Francisco de Asís.
No de una paz inconsistente y aparente, sino real, perseguida con valentía y tenacidad en el compromiso cotidiano por vencer al mal con el bien (Cf. Romanos 12,21) y pagando el precio que esto comporta.
15 de agosto, misterio de la Asunción de María a los cielos. Plegaria:
María, Madre del sí, tu escuchaste a Jesús y conoces el timbre
de su voz y el latido de su corazón. Estrella de la Mañana, háblanos de Él y
cuéntanos tu camino para seguirlo en la ruta de la fe. María que en Nazaret
viviste con Jesús, imprime en nuestra vida tus sentimientos, tu docilidad, tu
silencio que escucha y hace florecer la Palabra en opciones de verdadera
libertad. María, háblanos de Jesús, para que la frescura de nuestra fe brille
en nuestros ojos y caliente el corazón de quien nos encuentra, como lo hiciste
visitando a Isabel que en su vejez gozó contigo por el don de la vida. María.
Virgen del Magníficat, ayúdanos a llevar alegría al mundo y, como en Caná,
impulsa a todo joven, empeñado en el servicio a los hermanos, a hacer sólo lo
que Jesús dirá. María, puerta del cielo, ayúdanos a elevar la mirada. Queremos
ver a Jesús, hablar de Él, anunciar a todos su santo amor. Amén.
“Les he dado poder, para vencer todas las fuerzas
del enemigo” (14°
domingo)
¿Cuál te parece que se portó como prójimo del
hombre necesitado? (15°
domingo)
“A la escucha del maestro, como
discípulos sentados a sus pies” (16°
domingo)
“Señor
enséñanos a orar”(17° domingo)
¿Cuál es mi
verdadero tesoro? (18° domingo)
“La espera vigilante del
discípulo” (19° domingo)
Quédate
conmigo, esta noche, Jesús, en la vida con todos los peligros, yo te necesito.
Déjame reconocerte como lo hicieron tus discípulos en la partición del pan,
para que
Aclaración: Se han utilizado para la preparación
de las reflexiones: P. Martín Irure,
Misioneros Oblatos. P J.A. Pagola. Fray Marcos. Benedicto XVI.
Círculo
Bíblico San José
“Tu palabra es una lámpara a mis
pies y una luz en mi camino” Sal 119
Te esperamos todos los sábados a las 16 hs para compartir y reflexionar el evangelio de cada semana.
sábado, 13 de agosto de 2022
Sábado, 13 de agosto. Mt 19, 13-15. "No impidáis a los niños acercarse a mí"
viernes, 12 de agosto de 2022
Viernes, 12 de agosto. Mt 19, 3-12. "Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre"
jueves, 11 de agosto de 2022
Jueves, 11 de agosto. ¿Cuántas veces tengo que perdonar?
miércoles, 10 de agosto de 2022
Miércoles, 10 de agosto. San Lorenzo, diácono y mártir.
martes, 9 de agosto de 2022
Martes 9 de agosto. Mt 18, 1-5.12-14. "Si no os hacéis como niños, no entraréis en el Reino"
lunes, 8 de agosto de 2022
Lunes, 8 de agosto. Mt 17, 22-27. "Los hijos están exentos"
Evangelio del día y reflexión... ¡Deja que la Palabra del Señor transforme tu vida!
[Mateo 17, 22-27] En aquel tiempo, mientras Jesús y
los discípulos recorrían juntos Galilea, les dijo Jesús: «El Hijo del hombre
será entregado en manos de los hombres, lo matarán, pero resucitará al tercer
día». Ellos se pusieron muy tristes. Cuando llegaron a Cafarnaúm, los que
cobraban el impuesto de las dos dracmas se acercaron a Pedro y le preguntaron:
«¿Vuestro Maestro no paga las dos dracmas?». Contestó: «Sí». Cuando llegó a
casa, Jesús se adelantó a preguntarle: «¿Qué te parece, Simón? Los reyes del
mundo, ¿a quién le cobran impuestos y tasas, a sus hijos o a los extraños?».
Contestó: «A los extraños». Jesús le dijo: «Entonces, los hijos están exentos.
Sin embargo, para no darles mal ejemplo, ve al mar, echa el anzuelo, coge el
primer pez que pique, ábrele la boca y encontrarás una moneda de plata. Cógela
y págales por mí y por ti». Palabra del Señor.
domingo, 7 de agosto de 2022
Domingo, 7 de agosto. Lc 12, 32-48. "A la hora que menos penséis, viene el Hijo del hombre"
Evangelio del día y reflexión... ¡Deja que la Palabra del Señor transforme tu vida!
[Lucas 12, 32-48] En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: «No temas, pequeño rebaño, porque vuestro Padre ha tenido a bien daros el reino. Vended vuestros bienes y dad limosna; haceos bolsas que no se estropeen, y un tesoro inagotable en el cielo, adonde no se acercan los ladrones ni roe la polilla. Porque donde está vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón. Tened ceñida vuestra cintura y encendidas las lámparas. Vosotros estad como los hombres que aguardan a que su señor vuelva de la boda, para abrirle apenas venga y llame. Bienaventurados aquellos criados a quienes el señor, al llegar, los encuentre en vela; en verdad os digo que se ceñirá, los hará sentar a la mesa y, acercándose, les irá sirviendo. Y, si llega a la segunda vigilia o a la tercera y los encuentra así, bienaventurados ellos. Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora viene el ladrón, velaría y no le dejaría abrir un boquete en casa. Lo mismo vosotros, estad preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre». Pedro le dijo: «Señor, ¿dices esta parábola por nosotros o por todos?». Y el Señor dijo: «¿Quién es el administrador fiel y prudente a quien el señor pondrá al frente de su servidumbre para que reparta la ración de alimento a sus horas? Bienaventurado aquel criado a quien su señor, al llegar, lo encuentre portándose así. En verdad os digo que lo pondrá al frente de todos sus bienes. Pero si aquel criado dijere para sus adentros: “Mi señor tarda en llegar”, y empieza a pegarles a los criados y criadas, a comer y beber y emborracharse, vendrá el señor de ese criado el día que no espera y a la hora que no sabe y lo castigará con rigor, y le hará compartir la suerte de los que no son fieles. El criado que, conociendo la voluntad de su señor, no se prepara ni obra de acuerdo con su voluntad, recibirá muchos azotes; pero el que, sin conocerla, ha hecho algo digno de azotes, recibirá menos. Al que mucho se le dio, mucho se le reclamará; al que mucho se le confió, más aún se le pedirá». Palabra del Señor.
Décimo noveno domingo, lecturas 7-8-22, Ciclo C.
Dios mío, envía ahora tu Espíritu sobre mí y que abra mis ojos y mis oídos a tu Palabra, que me guie y asista al meditar tus enseñanzas, para que pueda saborearla y comprenderla, para que tu Palabra penetre en mi corazón, y me conduzca a la Verdad completa. Amén
“La espera vigilante del
discípulo”
Lectura del libro
de la Sabiduría 18, 5-9
Como los egipcios
habían resuelto hacer perecer a los hijos pequeños de los santos - y de los
niños expuestos al peligro, uno solo se salvó- para castigarlos, tú les
arrebataste un gran número de sus hijos y los hiciste perecer a todos juntos en
las aguas impetuosas. Aquella noche fue dada a conocer de antemano a nuestros
padres, para que, sabiendo con seguridad en qué juramentos habían creído, se
sintieran reconfortados.
Tu pueblo esperaba, a la vez, la salvación de los justos y la perdición de sus
enemigos; porque con el castigo que infligiste a nuestros adversarios, tú nos
cubriste de gloria, llamándonos a ti. Por eso, los santos hijos de los justos
ofrecieron sacrificios en secreto, y establecieron de común acuerdo esta ley
divina: que los santos compartirían igualmente los mismos bienes y los mismos
peligros; y ya entonces entonaron los cantos de los Padres. Palabra de
Dios.
Salmo 32, R. ¡Feliz el pueblo que el Señor se eligió como herencia!
Aclamen, justos,
al Señor: es propio de los buenos alabarlo. ¡Feliz la nación cuyo Dios es el
Señor, el pueblo que él se eligió como herencia! R.
Los ojos del
Señor están fijos sobre sus fieles, sobre los que esperan en su misericordia,
para librar sus vidas de la muerte y sustentarlos en el tiempo de indigencia.
R.
Nuestra alma
espera en el Señor: él es nuestra ayuda y nuestro escudo. Señor, que tu amor
descienda sobre nosotros, conforme a la esperanza que tenemos en ti.
R.
Carta a los Hebreos 11, 1-2. 8-12
Hermanos: la fe es
la garantía de los bienes que se esperan, la plena certeza de las realidades
que no se ven. Por ella nuestros antepasados fueron considerados dignos de
aprobación.
Por la fe, Abraham, obedeciendo al llamado de Dios, partió hacia el lugar que
iba a recibir en herencia, sin saber a dónde iba. Por la fe, vivió como
extranjero en la Tierra prometida, habitando en carpas, lo mismo que
Isaac y Jacob, herederos con él de la misma promesa. Porque Abraham esperaba
aquella ciudad de sólidos cimientos, cuyo arquitecto y constructor es Dios.
También por la fe, Sara recibió el poder de concebir, a pesar de su edad
avanzada, porque juzgó digno de fe al que se lo prometía. Y por eso, de un solo
hombre, y de un hombre ya cercano a la muerte, nació una descendencia numerosa
como las estrellas del cielo e incontable como la arena que está a la orilla del
mar. Palabra de Dios.
Santo Evangelio
según san Lucas 12, 32-48
Jesús dijo a sus
discípulos: «No temas, pequeño Rebaño, porque el Padre de ustedes ha querido
darles el Reino. Vendan sus bienes y denlos como limosna. Háganse bolsas que no
se desgasten y acumulen un tesoro inagotable en el cielo, donde no se acerca el
ladrón ni destruye la polilla. Porque allí donde tengan su tesoro, tendrán
también su corazón. Estén preparados, ceñidas las vestiduras y con las lámparas
encendidas. Sean como los hombres que esperan el regreso de su señor, que fue a
una boda, para abrirle apenas llegue y llame a la puerta.
¡Felices los servidores a quienes el señor encuentra velando a su llegada! Les
aseguro que él mismo recogerá su túnica, los hará sentar a la mesa y se pondrá
a servirlos.
¡Felices ellos, si el señor llega a medianoche o antes del alba y los encuentra
así! Entiéndanlo bien: si el dueño de casa supiera a qué hora va a llegar el
ladrón, no dejaría perforar las paredes de su casa.
Ustedes también estén preparados, porque el Hijo del hombre llegará a la hora
menos
pensada.»
Pedro preguntó entonces: «Señor, ¿esta parábola la dices para nosotros o para
todos?»
El Señor le dijo: « ¿Cuál es el administrador fiel y previsor, a quien el Señor
pondrá al frente de su personal para distribuirle la ración de trigo en el
momento oportuno? ¡Feliz aquel a
quien su señor, al llegar, encuentra ocupado en este trabajo! Les aseguro que
lo hará administrador de todos sus bienes. Pero si este servidor piensa:
"Mi señor tardará en llegar", y se dedica a golpear a los servidores
y a las sirvientas, y se pone a comer, a beber y a emborracharse, su señor
llegará el día y la hora menos pensada, lo castigará y le hará correr la misma
suerte que los infieles. El servidor que, conociendo la voluntad de su señor,
no tuvo las cosas preparadas y no obró conforme a lo que él había dispuesto,
recibirá un castigo severo. Pero aquel que sin saberlo, se hizo también
culpable, será castigado menos severamente. Al que se le dio mucho, se le
pedirá mucho; y al que se le confió mucho, se le reclamará mucho más.» Palabra
del Señor.
Reflexión:
Estar despiertos. En el evangelio del domingo pasado se nos pedía
no poner la confianza en las riquezas. Hoy, además, se nos dice en quién hay
que poner la confianza para que sea auténtica: no en un dios todopoderoso
externo, sino en el hombre creado a su imagen y que tiene al mismo Dios como
fundamento. No es pues, cuestión de actos de fe, sino afianzamiento en una
actitud que debe atravesar toda nuestra vida. Confiadamente, tenemos que poner
en marcha todos los recursos de nuestro ser, conscientes de que Dios actúa solo
a través de sus criaturas, y que solo a través de cada una de ellas la creación
evoluciona. Ayúdate y Dios te ayudará.
Se trata de estar siempre en actitud de búsqueda. Más
que en vela, diríamos que hay que estar despiertos. No porque pueda llegar el
juicio cuando menos lo esperemos, sino porque la toma de conciencia de la
realidad que somos exige una atención a lo que está más allá de los sentidos y
no es nada fácil de descubrir.
El tesoro está escondido, y hay que “trabajar” para
descubrirlo. No se trata de confiar en lo que nosotros podemos alcanzar, sino
en que Dios ya nos lo ha dado todo. Ha sido Dios el primero que ha confiado en
nosotros en el momento en que ha decidido darse, él mismo, a nosotros, sin
limitación ni restricción alguna.
Si hemos descubierto el tesoro que es Dios, no hay lugar para el temor.
La idea que tenemos de una vida futura desnaturaliza
la vida presente hasta dejarla reducida a una incómoda sala de espera. La
preocupación por un más allá nos impide vivir en plenitud el más acá. La vida
presente tiene pleno sentido por sí misma. Lo que proyectamos para el futuro,
está ya aquí y ahora a nuestro alcance. Aquí y ahora, puedo vivir la eternidad,
puesto que puedo conectar con lo que hay de Dios en mí. Aquí y ahora puedo
alcanzar mi plenitud, porque teniendo a Dios lo tengo todo.
La esperanza cristiana no se basa en lo que Dios me
dará sino en que sea capaz de descubrir lo que Dios me está dando. Para que llegue a mí lo que espero, Dios no
tiene que hacer nada, ya lo está haciendo. Yo soy el que tiene mucho que hacer,
pero en el sentido de tomar conciencia y vivir la verdadera realidad que hay en
mí. Por eso hay que estar despiertos. Por eso tenemos que vivir el momento
presente, porque es el definitivo, porque en él puedo dar el paso a la
experiencia cumbre. Ese sería el momento definitivo de mi vida.
Confianza o
agobio. Existe una riqueza que consiste en acumular más y más
buscando seguridad ante la vida, porque ésta se presenta como incierta,
problemática y como campo de rivalidad y prestigio. Es una riqueza que nos
lleva a la avaricia, al agobio y a la tensión, y que nos quita la paz y hasta
el sueño. No nos deja dormir.
Y existe otra
riqueza donde dar no es perder, se va vaciando de preocupaciones materiales y
va llenándose de fe en la vida y de confianza en el presente de Dios (el futuro
para Dios no existe, como tampoco el pasado). Es la riqueza de la que nos habla
Jesús.
Con agobio, tensión y avaricia no se puede vivir la presencia del Reino con
gozo, no se puede asumir la tarea de extenderlo. Por eso, el que busca y anhela
asegurar su vida y felicidad en el dinero y pone su afán en acumular y poseer,
aunque diga creer en Dios, no es así. Si pone su confianza y felicidad en Dios,
ese tal es discípulo de Jesús, y pertenece a la nueva comunidad del Reino. No
hemos sido arrojados a la vida, no estamos sometidos a un oscuro e inconsciente
destino: hay un Dios Padre que nos quiere y vela por nosotros. Para Él,
nosotros valemos, somos lo más
valioso.
“Donde
está tu tesoro, allí está tu corazón” El corazón humano, centro
decisivo de la persona según la mentalidad judía, se apega siempre a su tesoro.
De ahí la importancia decisiva de que elijamos bien ese tesoro.
Al hombre actual se le hace difícil creer en algo que sea válido y verdadero
para siempre. La falta de fe en las ideologías, la desconfianza en los grandes
sistemas, el peso de la realidad cotidiana ha enterrado la utopía y ha hecho
que crezca el escepticismo. Son muchos los que viven a la deriva, sin
esperanza, con desesperación. No saben ya dónde poner su corazón. En medio de
esta “situación errática”, lo importante parece ser, disfrutar de cada fragmento
de tiempo y buscar la respuesta más satisfactoria en cada circunstancia fugaz.
Pero son “creencias de reemplazo”, “tesoros de suplencias”. A veces, una
palabra hostil basta para sentirnos tristes y solos. Es suficiente un gesto de
rechazo o un fracaso para hundirnos en una depresión destructiva. Hacemos lo
que queremos, y caemos en la insatisfacción… y es que el hombre de hoy, como el
de siempre, necesita poner su corazón en “un tesoro que no pueda ser arrebatado
por los ladrones, ni ser comido por la polilla.
En este asunto nadie puede ocupar nuestro lugar ni hacer las cosas por nosotros. Decidir libre y conscientemente por el reino de Dios es nuestro particular derecho y también nuestra exigente obligación.
Vivir en minoría. «Mi pequeño rebaño». Jesús mira con ternura inmensa a su pequeño grupo de seguidores. Son pocos. Tienen vocación de minoría. No han de pensar en grandezas. Así los imagina Jesús siempre: como un poco de «levadura» oculto en la masa, una pequeña «luz» en medio de la oscuridad, un puñado de «sal» para poner sabor a la vida.
Después de siglos de «imperialismo cristiano», los discípulos de Jesús hemos de aprender a vivir en minoría. Es un error añorar una Iglesia poderosa y fuerte. Es un engaño buscar poder mundano o pretender dominar la sociedad. El evangelio no se impone por la fuerza. Lo contagian quienes viven al estilo de Jesús haciendo la vida más humana.
«No tengan miedo». Es la gran preocupación de Jesús. No quiere ver a sus seguidores paralizados por el miedo ni hundidos en el desaliento. No han de preocuparse. También hoy somos un pequeño rebaño, pero podemos permanecer muy unidos a Jesús, el Pastor que nos guía y nos defiende. Él nos puede hacer vivir estos tiempos con paz.
«El Padre ha querido daros el reino». Jesús se lo recuerda una vez más. No han de sentirse huérfanos. Tienen a Dios como Padre. Él les ha confiado su proyecto del reino. Es su gran regalo. Lo mejor que tenemos en nuestras comunidades: la tarea de hacer la vida más humana y la esperanza de encaminar la historia hacia su salvación definitiva.
«Vendan sus bienes
y denlos como limosna».
Los seguidores de Jesús son un pequeño rebaño, pero nunca han de ser una secta
encerrada en sus propios intereses. No vivirán de espaldas a las necesidades de
nadie. Serán comunidades de puertas abiertas. Compartirán sus bienes con los
que necesitan ayuda y solidaridad. Darán limosna, es decir, «misericordia».
Este es el significado del término griego.
Los
cristianos necesitaremos todavía algún tiempo para aprender a vivir en minoría
en medio de una sociedad secular y plural. Pero hay algo que podemos y debemos
hacer sin esperar a nada; transformar el clima que se vive en nuestras
comunidades y hacerlo más evangélico. El papa Francisco nos está señalando el
camino con sus gestos y su estilo de vida.
¿Cuál te parece que se portó como prójimo del hombre necesitado? (15° domingo)
“A la escucha del maestro, como discípulos sentados a sus pies” (16° domingo)
“Señor enséñanos a orar”(17° domingo)
¿Cuál es mi verdadero tesoro? (18° domingo)
La misericordia de Dios transforma el corazón del hombre haciéndole experimentar un amor fiel, y lo hace a su vez capaz de misericordia.
Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las reflexiones: P. Fidel Oroño, cjm Centro Bíblico del CELAM. Fray Marcos. J A Pagola.
Círculo Bíblico San José
“Tu palabra es una lámpara a mis pies y una luz en mi camino” Sal 119
Te esperamos todos los sábados a las 16 hs para compartir y reflexionar el evangelio de cada semana.
sábado, 6 de agosto de 2022
Sábado 6 de agosto. Lc 9, 28b-36. La Transfiguración del señor.
viernes, 5 de agosto de 2022
Viernes, 5 de agosto. Mateo 16, 24-28]. ¿De qué te sirve ganar el mundo entero?
jueves, 4 de agosto de 2022
Jueves 4 de agosto. Mt 16, 13-23. «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?».
Evangelio del día y reflexión... ¡Deja que la Palabra del Señor transforme tu vida!
[Mateo 16, 13-23] En aquel tiempo, al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: «¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?». Ellos contestaron: «Unos que Juan el Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas». Él les preguntó: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?». Simón Pedro tomó la palabra y dijo: «Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo». Jesús le respondió: «¡Bienaventurado tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Ahora yo te digo: tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos». Y les mandó a los discípulos que no dijesen a nadie que él era el Mesías. Desde entonces comenzó Jesús a manifestar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén y padecer allí mucho por parte de los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, y que tenía que ser ejecutado y resucitar al tercer día. Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo: «¡Lejos de ti tal cosa, Señor! Eso no puede pasarte». Jesús se volvió y dijo a Pedro: «¡Ponte detrás de mí, Satanás! Eres para mí piedra de tropiezo, porque tú piensas como los hombres, no como Dios». Palabra del Señor.
miércoles, 3 de agosto de 2022
Miércoles 3 de agosto. "Mujer, que grande es tu fe"





