¡Con su Palabra, Jesús se nos revela y sale a nuestro encuentro, para que experimentemos al Dios de la vida!
Intención para la evangelización ‐
"Todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre"
Del libro de la Sabiduría 6, 12-16
sábado, 24 de septiembre de 2022
Sábado, 24 septiembre 2022. Lc 9, 43-45. "El Hijo del hombre va a ser entregado"
viernes, 23 de septiembre de 2022
Viernes 23 septiembre 2022. Lc 9, 18-22. "Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?"
jueves, 22 de septiembre de 2022
Jueves 22 septiembre 2022. Lc 9, 7-9. ¿Quién es este de quien oigo semejantes cosas?
miércoles, 21 de septiembre de 2022
Miércoles 21 septiembre 2022. Mt 9, 9-13. "San Mateo, apóstol y evangelista"
[Mateo 9, 9-13] Al pasar vio Jesús a un hombre llamado Mateo sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo: «Sígueme». Él se levantó y lo siguió. Y estando en la casa, sentado a la mesa, muchos publicanos y pecadores, que habían acudido, se sentaban con Jesús y sus discípulos. Los fariseos, al verlo, preguntaron a los discípulos: «¿Cómo es que vuestro maestro come con publicanos y pecadores?». Jesús lo oyó y dijo: «No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos. Andad, aprended lo que significa "Misericordia quiero y no sacrificios": que no he venido a llamar a justos sino a pecadores». Palabra del Señor.
martes, 20 de septiembre de 2022
Martes 20 septiembre 2022. "Mis hermanos son los que escuchan la Palabra"
Evangelio del día y reflexión... ¡Deja que la Palabra del Señor transforme tu vida!
[Lucas 8, 19-21] En aquel tiempo, vinieron a Jesús su madre y sus hermanos, pero con el gentío no lograban llegar hasta él. Entonces le avisaron: «Tu madre y tus hermanos están fuera y quieren verte». Él respondió diciéndoles: «Mi madre y mis hermanos son estos: los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen». Palabras del Señor.
domingo, 18 de septiembre de 2022
Domingo 18 septiembre 2022. Lc 16, 1-13. "No podéis servir a Dios y al dinero"
Vigésimo quinto domingo durante el año Lecturas 18-09-22, Ciclo C
” Ven Espíritu Santo”
Dios mío, envía ahora tu Espíritu sobre mí y que abra mis ojos y mis oídos a tu Palabra, que me guie y asista al meditar tus enseñanzas, para que pueda saborearla y comprenderla, para que tu Palabra penetre en mi corazón, y me conduzca a la Verdad completa. Amén
“No podemos servir a Dios y al dinero, tenemos que elegir”
Lectura del libro de Amós 8,4-7.
Escuchen esto,
ustedes, los que pisotean al indigente para hacer desaparecer a los pobres del
país. Ustedes dicen: "¿Cuándo pasará el novilunio para que podamos vender
el grano, y el sábado, para dar salida al trigo? Disminuiremos la medida,
aumentaremos el precio, falsearemos las balanzas para defraudar; compraremos a
los débiles con dinero y al indigente por un par de sandalias, y venderemos
hasta los desechos del trigo". El Señor lo ha jurado por el orgullo de
Jacob: Jamás olvidaré ninguna de sus acciones. Palabra de
Dios
Salmo 112, R: Alaben al Señor, que alza al pobre.
Alaben, servidores del
Señor, alaben el nombre del Señor. Bendito sea el nombre del Señor, desde ahora
y para siempre. R
El Señor está sobre todas
las naciones, su gloria se eleva sobre el cielo. ¿Quién es como el Señor,
nuestro Dios, que tiene su morada en las alturas, y se inclina para contemplar
el cielo y la tierra? R
El levanta del polvo al
desvalido, alza al pobre de su miseria, para hacerlo sentar entre los nobles,
entre los nobles de su pueblo.
R
Primera Carta de San Pablo a Timoteo 2,1-8.
Querido hijo: Ante todo,
te recomiendo que se hagan peticiones, oraciones, súplicas y acciones de
gracias por todos los hombres, por los soberanos y por todas las autoridades,
para que podamos disfrutar de paz y de tranquilidad, y llevar una vida piadosa
y digna. Esto es bueno y agradable a Dios, nuestro Salvador, porque él quiere
que todos se salven y lleguen al conocimiento de la verdad.
Hay un solo Dios y un solo mediador entre Dios y los hombres: Jesucristo,
hombre él también, que se entregó a sí mismo para rescatar a
todos.
Este es el testimonio que él dio a su debido tiempo, y del cual fui constituido
heraldo y Apóstol para enseñar a los paganos la verdadera fe. Digo la verdad, y
no miento. Por lo tanto, quiero que los hombres oren constantemente,
levantando las manos al cielo con recta intención, sin arrebatos ni
discusiones. Palabra de Dios.
Evangelio según San Lucas 16,1-13
Jesús decía a los
discípulos: "Había un hombre rico que tenía un administrador, al cual
acusaron de malgastar sus bienes. Lo llamó y le dijo: '¿Qué es lo que me han
contado de ti? Dame cuenta de tu administración, porque ya no ocuparás más ese
puesto'. El administrador pensó entonces: '¿Qué voy a hacer ahora que mi
señor me quita el cargo? ¿Cavar? No tengo fuerzas. ¿Pedir limosna? Me da
vergüenza. ¡Ya sé lo que voy a hacer para que, al dejar el puesto, haya quienes
me reciban en su casa!'.
Llamó uno por uno a los deudores de su señor y preguntó al primero: '¿Cuánto
debes a mi señor?'. 'Veinte barriles de aceite', le respondió. El
administrador le dijo: 'Toma tu recibo, siéntate en seguida, y anota diez'.
Después preguntó a otro: 'Y tú, ¿cuánto debes?'. 'Cuatrocientos quintales de
trigo', le respondió. El administrador le dijo: 'Toma tu recibo y anota
trescientos'. Y el señor alabó a este
administrador deshonesto, por haber obrado tan hábilmente. Porque los hijos de
este mundo son más astutos en su trato con los demás que los hijos de la
luz. Pero yo les digo: Gánense amigos con el dinero de la injusticia, para
que el día en que este les falte, ellos los reciban en las moradas
eternas. El que es fiel en lo
poco, también es fiel en lo mucho, y el que es deshonesto en lo poco, también
es deshonesto en lo mucho. Si ustedes no son fieles en el uso del dinero
injusto, ¿quién les confiará el verdadero bien? Y si no son fieles con lo
ajeno, ¿quién les confiará lo que les pertenece a ustedes? Ningún servidor puede servir a dos señores, porque aborrecerá a uno y amará al
otro, o bien se interesará por el primero y menospreciará al segundo. No se
puede servir a Dios y al Dinero". Palabra del Señor
Reflexión: “Ningún servidor puede servir a dos señores…” Son nuestras acciones diarias las que dirán de qué parte estamos.
En la
Galilea de los tiempos de Jesús, los administradores eran numerosos, ellos
gerenciaban latifundios e importantes propiedades en beneficio de sus
propietarios, quienes habitualmente vivían en Jerusalén o en otras ciudades. De
vez en cuando se supervisaba la gestión de estos administradores y ocurría a
veces que después del control de cuentas alguno que otro era sorprendido por
abusos en los libros contables.
Jesús se basa en esta
realidad para contar una parábola en la que uno de estos administradores,
cuando es denunciado, reacciona rápidamente y se gana amigos antes de que sea
demasiado tarde. La parábola de
esta semana nos lleva a una reflexión: ¿Cómo es mi relación con las
riquezas? ¿Mi compromiso con la causa de Jesús es tan intenso
que me agudiza el ingenio?
“Los hijos de este mundo son más sagaces con su gente que los hijos de la luz”. Esta frase explica el sentido de la parábola. No nos invita a imitar la injusticia que el administrador está cometiendo, sino a utilizar la astucia y prontitud con que actúa.
No podéis servir a Dios y al dinero. El texto griego dice mamwna. Mammón era un dios cananeo, el dios dinero. No se trata, pues, de la oposición entre Dios y un objeto material, sino de la incompatibilidad entre dos dioses. Servir al dinero significaría que toda mi existencia está orientada a los bienes materiales, teniendo como objetivo buscar por encima de todo el placer sensorial y las seguridades que proporcionan las riquezas.
Podemos dar un paso más. Si algo dejó claro Jesús fue que Dios no quiere siervos sino personas libres. Se trata de buscar el sentido de mi existencia. Servir a un dios externo, que puede premiarme o castigarme, es idolatría y, en el fondo, egoísmo. Hoy podemos decir que no debemos servir a ningún “dios”. Al verdadero Dios solo se le puede servir, sirviendo al hombre. Aquí está la originalidad del mensaje cristiano. La meta es la plenitud, que para el hombre solo puede estar en lo trascendente, en lo divino que hay en él.
“Gánense amigos con el dinero de la injusticia”. Es una invitación a poner todo lo que tenemos al servicio de lo que vale de veras. Utilizamos con sabiduría el dinero injusto cuando compartimos con el que pasa necesidad. Lo empleamos sagazmente, pero en contra nuestra, cuando acumulamos riquezas a costa de los demás. Nunca podremos actuar como dueños absolutos de lo que poseemos. Somos simples administradores. “Lo único que se conserva es lo que se da. Lo que no se da, se pierde”.
Si de verdad queremos ser rico no tenemos que centrarnos en aumentar nuestros bienes sino en disminuir las necesidades. Con demasiada frecuencia compramos el dinero demasiado caro. Esto quiere decir que no seguimos el consejo del evangelio que nos invita a ser sagaces. Descubrir que lo que ya tenemos es nuestra mayor riqueza.
La lealtad
absoluta a Dios. No podemos dejar nuestras
responsabilidades terrenas, esto ya quedó claro. Pero ahora viene otro aspecto
importante: que el trabajo cotidiano y la lucha por lo que necesitamos para la
vida no aparte nuestro corazón de Dios. Manejamos dinero, pero ¡no hagamos de
él un ídolo!
Compromiso imposible. El mensaje de Jesús obliga a un replanteamiento total de la vida; quien escucha el Evangelio intuye que se le invita a comprender, de manera radicalmente nueva, el sentido último de todo y la orientación decisiva de su conducta.
Es difícil
permanecer indiferente ante la palabra de Jesús, al menos si uno sigue creyendo
en la posibilidad de ser más humano cada día. Es difícil no sentir inquietud y
hasta cierto malestar al escuchar palabras como las que hoy nos recuerda el
texto evangélico: «No podéis servir a Dios y al Dinero».
Es imposible ser
fiel a un Dios que es Padre de todos y vivir al mismo tiempo esclavo del dinero
y del propio interés. Solo hay una manera de vivir como «hijo» de Dios, y es
vivir como «hermano» de los demás. El que vive solo al servicio de sus dineros
e intereses no puede ocuparse de sus hermanos, y no puede, por tanto, ser hijo
fiel de Dios.
El que toma en
serio a Jesús sabe que no puede organizar su vida desde el proyecto egoísta de
poseer siempre más y más. A quien vive dominado por el interés económico,
aunque viva una vida piadosa y recta, le falta algo esencial para ser
cristiano: romper la servidumbre del «poseer» que le quita libertad para
escuchar y responder mejor a las necesidades de los pobres.
No tiene otra
alternativa. Y no puede engañarse, creyéndose «pobre de espíritu» en lo íntimo
de su corazón, pues quien tiene alma de pobre no sigue disfrutando
tranquilamente de sus bienes mientras junto a él hay necesitados hasta de lo
más elemental.
La disminución de los gastos sociales en los diversos
campos seguirá golpeando a los más indefensos generando cada vez más exclusión,
desigualdad vergonzosa y fractura social.
Los seguidores de Jesús no podemos vivir encerrados en una religión aislada de este drama humano. Nos hemos de ayudar a vivir con lucidez y responsabilidad. La crisis nos ha de hacer más humanos y cristianos.
Jesús misericordioso, en vos confío!!!
La fe nace del encuentro con el Dios vivo, que nos llama y nos revela su amor. Lumen Fidei N.º 4
“A la escucha del maestro, como discípulos sentados a sus pies” (16° domingo)
“Señor enséñanos a orar”(17° domingo)
¿Cuál es mi verdadero tesoro? (18° domingo)
“La espera vigilante del discípulo” (19° domingo)
“Sin fuego, no es posible” (20° domingo)
“Traten de entrar por la puerta estrecha” (21° domingo)
“Felices los justos” (22° domingo)
“El que no renuncie a todo lo que tiene, no puede ser mi discípulo” (23° domingo)
“Dios sale a nuestro encuentro” (24° domingo)
Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las reflexiones: El libro del Pueblo de Dios. Misioneros Oblatos. Fray Marcos. J. A. Pagola.
Círculo
Bíblico San José
“Tu palabra es una lámpara a mis
pies y una luz en mi camino” Sal 119
Te esperamos todos los sábados a las 16 hs para
compartir y reflexionar el evangelio
sábado, 17 de septiembre de 2022
Evangelio del día 17 septiembre 2022. Lc 8, 4-15. "Dio fruto al ciento por uno"
jueves, 15 de septiembre de 2022
Jueves, 15 de septiembre de 2022. Jn 19, 25-27. "Virgen de los Dolores"
miércoles, 14 de septiembre de 2022
Miércoles 14 septiembre 2022. Jn 3, 13-17. "Exaltación de la Santa Cruz"
martes, 13 de septiembre de 2022
Martes, 13 de septiembre de 2022 (24ª Semana del Tiempo Ordinario). Lc 7, 11-17. ¡A ti te lo digo, levántate!)
lunes, 12 de septiembre de 2022
Evangelio del día 12 septiembre 2022 (24ª Semana del Tiempo Ordinario). Lc 7, 1-10. "No soy digno de que entres bajo mi techo"
[Lucas 7, 1-10] Cuando terminó de exponer todas sus enseñanzas al pueblo, entró en Cafarnaún. Un centurión tenía enfermo, a punto de morir, a un criado a quien estimaba mucho. Al oír hablar de Jesús, el centurión le envió unos ancianos de los judíos, rogándole que viniese a curar a su criado. Ellos, presentándose a Jesús, le rogaban encarecidamente: «Merece que se lo concedas, porque tiene afecto a nuestra gente y nos ha construido la sinagoga». Jesús se puso en camino con ellos. No estaba lejos de la casa, cuando el centurión le envió unos amigos a decirle: «Señor, no te molestes, porque no soy digno de que entres bajo mi techo; por eso tampoco me creí digno de venir a ti personalmente. Dilo de palabra y mi criado quedará sano. Porque también yo soy un hombre sometido a una autoridad y con soldados a mis órdenes; y le digo a uno: “Ve”, y va; al otro: “Ven”, y viene; y a mi criado: “Haz esto”, y lo hace». Al oír esto, Jesús se admiró de él y, volviéndose a la gente que lo seguía, dijo: «Os digo que ni en Israel he encontrado tanta fe». Y al volver a casa, los enviados encontraron al siervo sano. Palabra del Señor.
domingo, 11 de septiembre de 2022
Vigésimo cuarto domingo durante el año Lecturas 11-09-22, Ciclo C
Dios mío, envía ahora tu Espíritu sobre mí y que abra mis
ojos y mis oídos a tu Palabra, que me guie y asista al meditar tus
enseñanzas, para que pueda saborearla y comprenderla, para que tu Palabra penetre en mi corazón, y me conduzca a la
Verdad completa. Amén
“Dios sale a nuestro encuentro”
Libro del Éxodo 32,7-11.13-14.
El Señor dijo a
Moisés: "Baja en seguida, porque tu pueblo, ese que hiciste salir de
Egipto, se ha pervertido. Ellos se han apartado rápidamente del camino que Yo
les había señalado, y se han fabricado un ternero de metal fundido. Después se
postraron delante de él, le ofrecieron sacrificios y exclamaron: "Este es
tu Dios, Israel, el que te hizo salir de Egipto". Luego le siguió
diciendo: "Ya veo que este es un pueblo obstinado. Por eso, déjame obrar:
mi ira arderá contra ellos y los exterminaré. De ti, en cambio, suscitaré una
gran nación". Pero Moisés trató de aplacar al Señor con estas
palabras: "¿Por qué, Señor, arderá tu ira contra tu pueblo, ese pueblo que
tú mismo hiciste salir de Egipto con gran firmeza y mano poderosa? Acuérdate de
Abraham, de Isaac y de Jacob, tus servidores, a quienes juraste por ti mismo
diciendo: "Yo multiplicaré su descendencia como las estrellas del cielo, y
les daré toda esta tierra de la que hablé, para que la tengan siempre como
herencia". Y el Señor se arrepintió del mal con que había amenazado a
su pueblo. Palabra de Dios.
Salmo 50, R: Iré
a la casa de mi Padre.
¡Ten piedad de mí,
Señor, por tu bondad, por tu gran compasión, borra mis faltas! ¡Lávame
totalmente de mi culpa y purifícame de mi pecado!
Crea en mí, Dios
mío, un corazón puro, y renueva la firmeza de mi espíritu. No me arrojes lejos
de tu presencia ni retires de mí tu santo espíritu. R
Abre mis labios,
Señor, y mi boca proclamará tu alabanza. Mi sacrificio es un espíritu contrito,
tú no desprecias el corazón contrito y humillado.
R
Primera Carta de
S. Pablo a Timoteo 1,12-17.
Querido hijo: Doy
gracias a nuestro Señor Jesucristo, porque me ha fortalecido y me ha
considerado digno de confianza, llamándome a su servicio a pesar de mis
blasfemias, persecuciones e insolencias anteriores. Pero fui tratado con
misericordia, porque cuando no tenía fe, actuaba así por ignorancia. Y
sobreabundó en mí la gracia de nuestro Señor, junto con la fe y el amor de
Cristo Jesús. Es doctrina cierta y digna de fe que Jesucristo vino al
mundo para salvar a los pecadores, y yo soy el peor de ellos. Si encontré
misericordia, fue para que Jesucristo demostrara en mí toda su paciencia,
poniéndome como ejemplo de los que van a creer en él para alcanzar la
Vida eterna. ¡Al Rey eterno y universal, al Dios incorruptible,
invisible y único, honor y gloria por los siglos de los siglos! Amén. Palabra
de Dios.
Evangelio según San Lucas 15,1-32.
Todos los publícanos y pecadores se acercaban a Jesús para escucharlo. Pero los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: "Este hombre recibe a los pecadores y come con ellos". Jesús les dijo entonces esta parábola: "Si alguien tiene cien ovejas y pierde una, ¿no deja acaso las noventa y nueve en el campo y va a buscar la que se había perdido, hasta encontrarla? Y cuando la encuentra, la carga sobre sus hombros, lleno de alegría, y al llegar a su casa llama a sus amigos y vecinos, y les dice: "Alégrense conmigo, porque encontré la oveja que se me había perdido". Les aseguro que, de la misma manera, habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta, que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse".
Y les dijo también: "Si una mujer tiene diez dracmas y pierde una, ¿no enciende acaso la lámpara, barre la casa y busca con cuidado hasta encontrarla? Y cuando la encuentra, llama a sus amigas y vecinas, y les dice: "Alégrense conmigo, porque encontré la dracma que se me había perdido". Les aseguro que, de la misma manera, se alegran los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierte".
Jesús dijo
también: "Un hombre tenía dos hijos. El menor de ellos dijo a su padre: 'Padre, dame la parte de herencia que me
corresponde'. Y el padre les repartió sus bienes. Pocos días después, el hijo
menor recogió todo lo que tenía y se fue a un país lejano, donde malgastó sus
bienes en una vida licenciosa. Ya había gastado todo, cuando sobrevino mucha
miseria en aquel país, y comenzó a sufrir privaciones. Entonces se puso al
servicio de uno de los habitantes de esa región, que lo envió a su campo para
cuidar cerdos. El hubiera deseado calmar su hambre con las bellotas que comían
los cerdos, pero nadie se las daba. Entonces recapacitó y dijo: '¡Cuántos
jornaleros de mi padre tienen pan en abundancia, y yo estoy aquí muriéndome de
hambre!
Ahora mismo iré a la casa de mi padre y le diré: Padre, pequé contra el Cielo y
contra ti;
ya no merezco ser llamado hijo tuyo, trátame como a uno de tus jornaleros'. Entonces
partió y volvió a la casa de su padre. Cuando todavía estaba lejos, su padre lo
vio y se conmovió profundamente; corrió a su encuentro, lo abrazó y lo besó.
El joven le dijo: 'Padre, pequé contra el Cielo y contra ti; no merezco ser llamado
hijo tuyo'.
Pero el padre dijo a sus servidores: 'Traigan en seguida la mejor ropa y
vístanlo, pónganle un anillo en el dedo y sandalias en los pies. Traigan el
ternero engordado y mátenlo. Comamos y festejemos,
porque mi hijo estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y fue
encontrado'. Y comenzó la fiesta.
El hijo mayor estaba en el campo. Al volver, ya cerca de la casa, oyó la música
y los coros que acompañaban la danza. Y llamando a uno de los sirvientes, le
preguntó que significaba eso.
El le respondió: 'Tu hermano ha regresado, y tu padre hizo matar el ternero
engordado, porque lo ha recobrado sano y salvo'.
El se enojó y no quiso entrar. Su padre salió para rogarle que entrara, pero él
le respondió: 'Hace tantos años que te sirvo sin haber desobedecido jamás ni
una sola de tus órdenes, y nunca me diste un cabrito para hacer una fiesta con
mis amigos.
¡Y ahora que ese hijo tuyo ha vuelto, después de haber gastado tus bienes con
mujeres, haces matar para él el ternero engordado!'. Pero el padre le dijo:
'Hijo mío, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo. Es justo que haya
fiesta y alegría, porque tu hermano estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba
perdido y ha sido encontrado'". Palabra del señor.
La liturgia nos propone para este domingo parábolas que nos ayudan a revisar la imagen que tenemos de Dios y de su misericordia. El evangelio de hoy nos invita a entrar en el corazón misericordioso de Jesús, descubriendo en él que a Dios le importamos mucho y que sufre y goza con nuestro destino. Él mismo es la imagen de un Dios que sale en búsqueda del hijo que se alejó. El suyo es un amor primero e incondicional que nos transforma el corazón.
El gesto más provocativo y escandaloso de Jesús. Fue, sin duda, su forma de acoger con simpatía especial a los excluidos por los dirigentes religiosos y marcados socialmente por su conducta al margen de la Ley. Lo que más irritaba era su costumbre de comer amistosamente con ellos. De ordinario, olvidamos que Jesús creó una situación sorprendente en la sociedad de su tiempo. Los pecadores no huyen de él. Al contrario, se sienten atraídos por su persona y su mensaje. Lucas nos dice que “los pecadores y publicanos solían acercarse a Jesús para escucharle”. Al parecer, encuentran en él una acogida y comprensión que no encuentran en ninguna otra parte. Mientras tanto, los fariseos y los doctores de la Ley, los hombres de mayor prestigio moral y religioso ante el pueblo solo saben criticar escandalizados el comportamiento de Jesús: “Ese acoge a los pecadores y come con ellos”. ¿Cómo puede un hombre de Dios comer en la misma mesa con aquella gente pecadora e indeseable?
Jesús nunca hizo
caso de sus críticas. Sabía que Dios no es el Juez severo y
riguroso del que hablaban con tanta seguridad aquellos maestros que
ocupaban los primeros asientos en las sinagogas. El conoce bien el corazón del
Padre. Dios entiende a los pecadores; ofrece su perdón a todos; no excluye
a nadie; lo perdona todo. Nadie ha de oscurecer y desfigurar su perdón
insondable y gratuito.
Por eso, Jesús les ofrece su comprensión y su amistad. Aquellas prostitutas y
recaudadores han de sentirse acogidos por Dios. Es lo primero. Nada tienen
que temer. Pueden sentarse a su mesa, pueden beber vino y cantar cánticos junto
a
Jesús.
Su acogida los va curando por dentro. Los libera de la vergüenza y la humillación. Les devuelve la alegría de vivir. Jesús los acoge tal como son, sin exigirles previamente nada. Les va contagiando su paz y su confianza en Dios, sin estar seguro de que responderán cambiando de conducta. Lo hace confiando totalmente en la misericordia de Dios que ya los está esperando con los brazos abiertos, como un padre bueno que corre al encuentro de su hijo perdido.
Contemplar el
amor desconcertante de Dios y gozar con Él. La acogida del hijo que regresa es descrita de
modo conmovedor: «Cuando todavía estaba
lejos, su padre lo vio y se conmovió profundamente, corrió a su encuentro, lo
abrazó y lo besó». Cuanta ternura; lo ve desde lejos: ¿Qué cosa significa
esto? Que el padre subía a la terraza continuamente para mirar el camino y ver
si el hijo regresaba… Lo esperaba, aquel hijo que había hecho de todo, pero el
padre lo esperaba. La misericordia del padre es rebosante, incondicionada, y se
manifiesta mucho antes que el hijo hable. Cierto, el hijo sabe que se ha
equivocado y lo reconoce: «Padre, pequé…
trátame como a uno de tus jornaleros». Pero estas palabras se disuelven
ante el perdón del padre. El abrazo y el beso de su papá le hacen entender que
ha sido siempre considerado hijo, no obstante, todo. ¡Pero es hijo! Es
importante esta enseñanza de Jesús: nuestra condición de hijos de Dios es fruto
del amor del corazón del Padre; no depende de nuestros méritos o de nuestras
acciones, y por ello nadie puede quitarnos esta dignidad.
Jesús quiere
revelar el verdadero rostro de Dios. No se puede partir de nuestros
conceptos para elaborar un Dios a nuestra medida, al contrario, hay que dejarse
instruir por las enseñanzas de Jesús, revelador del Padre, y por sus
pensamientos llegar al verdadero rostro de Dios.
En estas
parábolas se destruye el ídolo de una falsa divinidad, rígida en su majestad
con exigencias de adoración, para poner en su lugar la realidad del verdadero
Dios de Jesucristo, un Padre lleno de amor que espera día y noche o sale Él
mismo al encuentro de sus hijos para celebrar con gran regocijo la alegría del
regreso.
Hay
algo que los creyentes no deberíamos olvidar nunca. Por muy perdidos
que nos encontremos, por muy fracasados que nos sintamos, por muy culpables que
nos veamos, siempre hay salida. Cuando nos encontramos perdidos, una cosa es
segura: Dios es Alguien que busca precisamente a los perdidos.
Por eso, uno de los mensajes de
estas parábolas es la gratuidad ilógica y gozosamente desconcertante de la
misericordia de Dios a favor de los marginados y despreciados de aquella
sociedad. Es también la condena de un mundo farisaicamente dividido en dos
frentes, el de los justos y buenos u ortodoxos oficiales y el de los pecadores
o malos o heterodoxos. Dios rompe nuestros esquemas, normas y costumbres.
En cualquier situación de la vida, no debo olvidar que no dejaré jamás de ser hijo de Dios, ser hijo de un Padre que me ama y espera mi regreso. Incluso en las situaciones más feas de la vida, Dios me espera, Dios quiere abrazarme, Dios me espera.
Ser verdadero hijo no es vivir sometido al padre o alejado de él, sino llegar a identificarse en él.
La fe nace del encuentro con el Dios vivo, que nos llama y nos revela su amor. (Lumen Fidei N.º 4)
¿Cuál te parece que se portó como prójimo del
hombre necesitado? (15°
domingo)
“A la escucha del maestro, como discípulos sentados a sus pies” (16° domingo)
“Señor enséñanos a orar”(17° domingo)
¿Cuál es mi verdadero tesoro? (18° domingo)
“La espera vigilante del discípulo” (19° domingo)
“Sin fuego, no es posible” (20° domingo)
“Traten de entrar por la puerta estrecha” (21° domingo)
“Felices los justos” (22° domingo)
“El que no renuncie a todo lo que tiene, no puede ser mi discípulo” (23° domingo)
Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las reflexiones: El libro del Pueblo de Dios. Misioneros Oblatos. J. A. Pagola.
Círculo Bíblico San José
“Tu palabra es una lámpara a mis
pies y una luz en mi camino” Sal 119
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