Intención para la evangelización ‐

Intenciones de oración de septiembre: Oremos por una gestión justa y sostenible del agua, recurso vital, para que todos tengan acceso equitativo a ella.

"Todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre"

"Todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre" Mt 7, 7-8. No sé qué quería, pero había algo en mí que me movía a buscar, tal vez que las cosas tengan sentido, y te encontré. Me cuestionaba sobre la vida y me diste tu sabiduría para que pueda encontrar alegría y paz. Ante mis miedos y dudas, te pido que me acompañes en mi peregrinar y me das tu Espíritu Santo, el mismo que te acompaño a vos, hoy me acompaña a mí, me asiste y guía. Hoy sigo buscando más de tu Palabra, de la Verdad y el camino, con la confianza puesta en vos, Dios mío, sé que estás presente en mi vida. Ven Señor Jesús, te necesito.

Del libro de la Sabiduría 6, 12-16

Del libro de la Sabiduría 6, 12-16: La Sabiduría es luminosa y nunca pierde su brillo: se deja contemplar fácilmente por los que la aman y encontrar por los que la buscan. Ella se anticipa a darse a conocer a los que la desean. El que madruga para buscarla no se fatigará, porque la encontrará sentada a su puerta. Meditar en ella es la perfección de la prudencia, y el que se desvela por su causa pronto quedará libre de inquietudes. La Sabiduría busca por todas partes a los que son dignos de ella, se les aparece con benevolencia en los caminos y le sale al encuentro en todos sus pensamientos.

domingo, 2 de junio de 2019

Ascensión del Señor


“Cristo Vive”
Lecturas 2-6-19, Ciclo C

Ven, Espíritu Santo, a nuestros corazones y enciende en ellos el fuego de tu amor, danos la gracia de leer y reflexionar esta página del Evangelio para hacerlo memoria activa, amante y operante en nuestra vida. Deseamos acercarnos al misterio de la persona de Jesús. Por esto te pedimos, que abras los ojos de nuestra mente y de nuestro corazón, para que podamos conocer la fuerza de su resurrección. Amén

¡Esta es la esperanza a la cual hemos
sido llamados!

Lectura de los Hechos de los apóstoles 1, 1-11
En mi primer Libro, querido Teófilo, me referí a todo lo que hizo y enseñó Jesús, desde el comienzo, hasta el día en que subió al cielo, después de haber dado, por medio del Espíritu Santo, sus últimas instrucciones a los Apóstoles que había elegido. Después de su Pasión, Jesús se manifestó a ellos dándoles numerosas pruebas de que vivía, y durante cuarenta días se le apareció y les habló del Reino de Dios.                 
En una ocasión, mientras estaba comiendo con ellos, les recomendó que no se alejaran de Jerusalén y esperaran la promesa del Padre: «La promesa, les dijo, que yo les he anunciado. Porque Juan bautizó con agua, pero ustedes serán bautizados en el Espíritu Santo, dentro de pocos días.»   
Los que estaban reunidos le preguntaron: «Señor, ¿es ahora cuando vas a restaurar el reino de Israel?»
El les respondió: «No les corresponde a ustedes conocer el tiempo y el momento que el Padre ha establecido con su propia autoridad. Pero recibirán la fuerza del Espíritu Santo que descenderá sobre ustedes, y serán mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaría, y hasta los confines de la tierra.»
Dicho esto, los Apóstoles lo vieron elevarse, y una nube lo ocultó de la vista de ellos. Como permanecían con la mirada puesta en el cielo mientras Jesús subía, se les aparecieron dos hombres vestidos de blanco, que les dijeron: «Hombres de Galilea, ¿por qué siguen mirando al cielo? Este Jesús que les ha sido quitado y fue elevado al cielo, vendrá de la misma manera que lo han visto partir.»  Palabra de Dios.

Salmo 46
R. Dios asciende entre aclamaciones.
Aplaudan, todos los pueblos, aclamen al Señor con gritos de alegría; porque el Señor, el Altísimo, es temible, es el soberano de toda la tierra.  R.
El Señor asciende entre aclamaciones, asciende al sonido de trompetas.  Canten, canten a nuestro Dios, canten, canten a nuestro Rey.  R.
El Señor es el Rey de toda la tierra, cántenle un hermoso himno.  El Señor reina sobre las naciones el Señor se sienta en su trono sagrado. R.

Carta a los efesios 1, 17-23
Hermanos: que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, les conceda un espíritu de sabiduría y de revelación que les permita conocerlo verdaderamente. Que él ilumine sus corazones, para que ustedes puedan valorar la esperanza a la que han sido llamados, los tesoros de gloria que encierra su herencia entre los santos, y la extraordinaria grandeza del poder con que él obra en nosotros, los creyentes, por la eficacia de su fuerza. Este es el mismo poder que Dios manifestó en Cristo, cuando lo resucitó de entre los muertos y lo hizo sentar a su derecha en el cielo, elevándolo por encima de todo Principado, Potestad, Poder y Dominación, y de cualquier otra dignidad que pueda mencionarse tanto en este mundo como en el futuro. Él puso todas las cosas bajo sus pies y lo constituyó, por encima de todo, Cabeza de la Iglesia, que es su Cuerpo y la Plenitud de aquel que llena completamente todas las cosas. Palabra de Dios

Santo Evangelio según san Lucas 24, 46-53
Jesús dijo a sus discípulos: «Así está escrito: el Mesías debía sufrir y resucitar de entre los muertos al tercer día, y comenzando por Jerusalén, en su Nombre debía predicarse a todas las naciones la conversión para el perdón de los pecados. Ustedes son testigos de todo esto. Y yo les enviaré lo que mi Padre les ha prometido. Permanezcan en la ciudad, hasta que sean revestidos con la fuerza que viene de lo alto.»
Después Jesús los llevó hasta las proximidades de Betania y, elevando sus manos, los bendijo. Mientras los bendecía, se separó de ellos y fue llevado al cielo.
Los discípulos, que se habían postrado delante de él, volvieron a Jerusalén con gran alegría, y permanecían continuamente en el Templo alabando a Dios.  Palabra del Señor.

Reflexión:

«¡Jesús quiere hacerse visible a través
 de sus discípulos!»

Empezamos con la oración de Pablo. “Que el Dios del Señor nuestro Jesucristo, el Padre de la gloria, nos de espíritu de revelación para conocerlo; ilumine los ojos de nuestro corazón para que comprendamos cuál es la esperanza a la que nos llama...” No pide inteligencia, sino espíritu de revelación. No pide una visión sensorial ni racional, sino que ilumine los “ojos” del corazón. El verdadero conocimiento no viene de fuera, sino de la experiencia interior. Ni teología, ni normas morales, ni ritos sirven de nada si no nos llevan a la experiencia interior.

Hemos llegado al final del tiempo pascual. La ascensión es una fiesta de transición que intenta recopilar todo lo que hemos celebrado desde el Viernes Santo. La mejor prueba de esto es que Lucas, que es el único que relata la ascensión, nos da dos versiones: una al final del evangelio y otra al comienzo de los Hechos. Para comprender el lenguaje que la liturgia utiliza para referirse a esta celebración, es necesario tener en cuenta la manera mítica de entender el mundo en aquella época y posteriores, muy distinta de la nuestra.
El mundo dividido en tres estados: el superior, habitado por la divinidad. El del medio era la realidad terrena en la que vivimos. El abismo del maligno. La encarnación era concebida como una bajada del Verbo, desde la altura a la tierra. Su misión era la salvación de todos. Por eso, después tuvo que bajar a los infiernos (inferos) para que la salvación fuera total. Una vez que Jesús cumplió su misión salvadora, lo lógico era que volviera a su lugar de origen.

Una cosa fue la predicación de Jesús y otra la tarea de la comunidad, después de la experiencia pascual. El telón de fondo es el mismo, el Reino de Dios, vivido y predicado, pero a los primeros cristianos les llevó tiempo encontrar la manera de trasmitir lo que había experimentado. Tenemos que continuar esa obra, transmitir el mensaje, haciéndolo entendible a nuestra cultura.

Resurrección, ascensión, sentarse a la derecha de Dios, envío del Espíritu… apuntan a una misma realidad pascual. Con cada uno de esos aspectos se intenta expresar la vivencia de pascua: El final de “este Hombre”, Jesús no fue la muerte sino la Vida. El misterio pascual es tan rico que no podemos abarcarlo con una sola imagen, por eso tenemos que desdoblarlo para ir analizándolo por partes y poder digerirlo. Debe estar ya muy claro que después de la muerte no pasó nada en Jesús.
Una vez muerto pasa a otro plano donde no existe tiempo ni espacio.

El testigo es quien habla con la vida. Entender la experiencia de la resurrección fue un proceso que duró muchos años, no hubiera sido posible sin ello la religión cristiana.
Para Lucas, el evangelio es el relato de todo lo que hizo y enseñó Jesús; los Hechos es el relato de todo lo que hicieron los apóstoles. Esa constatación de la presencia de Dios, primero en Jesús y luego en los discípulos, es la clave de todo el misterio pascual y la clave para entender la fiesta que estamos celebrando. El cielo, en todo el AT, no significa un lugar físico, sino una manera de designar la divinidad sin nombrarla.
Lo importante del mensaje pascual es que el mismo Jesús, que vivió con los discípulos, es el que llegó a lo más alto. Llegó a la meta. Alcanzó la identificación total con Dios. Resucitar no es volver a la vida biológica sino volver al Padre. “Salí del Padre y he venido al mundo; ahora dejo el mundo para volver al Padre”.

Nuestra meta, como la de Jesús, es ascender hasta lo más alto, al Padre. Pero teniendo en cuenta que nuestro punto de partida es también, como en el caso de Jesús, el mismo Dios. Esa ascensión no puedo hacerla a costa de los demás, sino sirviendo a todos. Pasando por encima de los demás, no asciendo, sino que desciendo.
Los dirigentes judíos prefirieron un Jesús muerto. Nosotros preferimos un Jesús en el cielo. Descubrirlo dentro de mí y en los demás, sería demasiado exigente. Mucho más cómodo es seguir mirando al cielo… y no sentirnos implicados en lo que está pasando a nuestro alrededor.
Jesús fue ungido por el Espíritu para llevar a cabo su obra. Los discípulos son revestidos del Espíritu para llevar a cabo la suya.

La Bendición de Jesús. Son los últimos momentos de Jesús con los suyos. Enseguida los dejará para entrar definitivamente en el misterio del Padre. Ya no los podrá acompañar por los caminos del mundo como lo ha hecho en Galilea. Su presencia no podrá ser sustituida por nadie.
Jesús solo piensa en que llegue a todos los pueblos el anuncio del perdón y la misericordia de Dios. Que todos escuchen su llamada a la conversión. Nadie ha de sentirse perdido. Nadie ha de vivir sin esperanza. Todos han de saber que Dios comprende y ama a sus hijos e hijas sin fin. ¿Quién podrá anunciar esta Buena Noticia?
Según el relato de Lucas, Jesús piensa en dejar en la tierra «testigos». Esto es lo primero: «Ustedes son testigos de estas cosas». Serán los testigos de Jesús los que comunicarán su experiencia de un Dios bueno y contagiarán su estilo de vida trabajando por un mundo más humano.

Pero Jesús conoce bien a sus discípulos. Son débiles y cobardes. ¿Dónde encontrarán la audacia para ser testigos de alguien que ha sido crucificado por el representante del Imperio y los dirigentes del Templo? Jesús los tranquiliza: «Yo les enviaré el don prometido por mi Padre». No les va a faltar la «fuerza de lo alto». El Espíritu de Dios los defenderá.

Hoy. A los cristianos se nos ha olvidado que somos portadores de la bendición de Jesús. Nuestra primera tarea es ser testigos de la Bondad de Dios, mantener viva la esperanza, no rendirnos ante el poder del mal. Este mundo que a veces parece un "infierno maldito" no está perdido. Dios lo mira con ternura y compasión.
También hoy es posible, hacer el bien, difundir bondad. Es posible trabajar por un mundo más humano y una convivencia más sana. Podemos ser más solidarios y menos egoístas. Más austeros y menos esclavos del dinero. La misma crisis económica nos puede llevar a buscar con urgencia una sociedad menos corrupta.
Jesús es una bendición y la gente lo tiene que saber. Lo primero es promover una «pastoral de la bondad». Nos hemos de sentir testigos y profetas de ese Jesús que pasó su vida sembrando gestos y palabras de bondad. Así despertó en las gentes de Galilea la esperanza en un Dios Bueno y Salvador. Jesús es una bendición y la gente lo tiene que conocer.

La Ascensión de Jesucristo al Cielo nos despierta el anhelo de Cielo, nos reaviva la esperanza de nuestra futura inmortalidad, también en cuerpo y alma gloriosos, como Él, para disfrutar con Él y en Él de una felicidad completa, perfecta y para siempre.
¡Esta es la esperanza a la cual hemos sido llamados! ¡Esta es la herencia que nos ha sido ofrecida!
Si somos del Señor, “si somos suyos” es decir: si vivimos guiados por su Palabra en esta vida, si nuestro corazón está en las cosas de Dios, si nuestra mirada está fija en el Cielo ... la fuerza poderosa de Dios que resucitó a Cristo de entre los muertos y lo hizo ascender a los Cielos para sentarse a la derecha del Padre, también a nosotros nos hará reinar con Él en su gloria por siempre.
  
¡¡¡Jesús misericordioso en vos confío!!!
¡¡¡Jesús misericordioso en vos confío!!!

Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las reflexiones: J. A. Pagola. Fray Marcos.

Círculo Bíblico San José
“Tu palabra es una lámpara a mis pies 
y una luz en mi camino”
Sal 119
Te esperamos todos los sábados a las 16 hs para compartir y reflexionar el evangelio
de cada semana. 

sábado, 18 de mayo de 2019

Quinto Domingo de Pascua


“Cristo Vive”
Lecturas 12-5-19, Ciclo C

Ven, Espíritu Santo, a nuestros corazones y enciende en ellos el fuego de tu amor, danos la gracia de leer y reflexionar esta página del Evangelio para hacerlo memoria activa, amante y operante en nuestra vida. Deseamos acercarnos al misterio de la persona de Jesús. Por esto te pedimos, que abras los ojos de nuestra mente y de nuestro corazón, para que podamos conocer la fuerza de su resurrección. Amén

“Ámense los unos a los otros. Así como yo los he amado”.
                                      
Lectura Hechos Apóstoles 14, 21b-27               
Pablo y Bernabé volvieron a Listra, a Iconio y a Antioquía de Pisidia. Confortaron a sus discípulos y los exhortaron a perseverar en la fe, recordándoles que es necesario pasar por muchas tribulaciones para entrar en el Reino de Dios. En cada comunidad establecieron presbíteros, y con oración y ayuno, los encomendaron al Señor en el que habían creído.                 
Atravesaron Pisidia y llegaron a Panfilia. Luego anunciaron la Palabra en Perge y descendieron a Atalía. Allí se embarcaron para Antioquía, donde habían sido encomendados a la gracia de Dios para realizar la misión que acababan de cumplir. 
A su llegada, convocaron a los miembros de la Iglesia y les contaron todo lo que Dios había hecho con ellos y cómo había abierto la puerta de la fe a los paganos. Palabra de Dios.             

Salmo: 144 

R. Bendeciré tu Nombre eternamente,
Dios mío, el único Rey.
     
El Señor es bondadoso y compasivo, lento para enojarse y de gran misericordia; el Señor es bueno con todos y tiene compasión de todas sus criaturas. R.  
Que todas tus obras te den gracias, Señor, y tus fieles te bendigan; que anuncien la gloria de tu reino y proclamen tu poder. R.                   
Así manifestarán a los hombres tu fuerza y el glorioso esplendor de tu reino: tu reino es un reino eterno, y tu dominio permanece para siempre. R.                       

Lectura libro del Apocalipsis 21, 1-5ª           
Yo, Juan, vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra desaparecieron, y el mar ya no existe más. Vi la Ciudad santa, la nueva Jerusalén, que descendía del cielo y venía de Dios, embellecida como una novia preparada para recibir a su esposo. Y oí una voz potente que decía desde el trono: «Esta es la carpa de Dios entre los hombres: él habitará con ellos, ellos serán su pueblo, y el mismo Dios será con ellos su propio Dios. El secará todas sus lágrimas, y no habrá más muerte, ni pena, ni queja, ni dolor, porque todo lo de antes pasó.» Y el que estaba sentado en el trono dijo: «Yo hago nuevas todas las cosas». Palabra de Dios.   

Evangelio según san Juan 13, 31-35              
Durante la Última Cena, después que Judas salió del cenáculo, Jesús dijo: «Ahora el Hijo del hombre ha sido glorificado y Dios ha sido glorificado en él. Si Dios ha sido glorificado en él, también lo glorificará en sí mismo, y lo hará muy pronto. Hijos míos, ya no estaré mucho tiempo con ustedes. 
Les doy un mandamiento nuevo: ámense los unos a los otros. Así como yo los he amado, ámense también ustedes los unos a los otros. En esto todos reconocerán que ustedes son mis discípulos: en el amor que se tengan los unos a los otros.» Palabra del Señor.                         

Reflexión    
El testimonio del amor

El evangelio nos presenta unos versículos del gran discurso de despedida de Jesús en la noche de la última Cena, donde el Maestro entrega su testamento espiritual a los discípulos: el gran mandato del amor como signo visible de la adhesión de sus discípulos a él y de la vivencia real y afectiva de la fraternidad.
El mundo podrá identificar de qué comunidad se trata si los discípulos guardan entre sí este mandato del amor. Jesús rescata la Ley, llevándola por encima del cumplimiento al amor; quien ama demuestra que está cumpliendo con los demás preceptos de la Ley. Es posible que en la comunidad primitiva se hubiera discutido cuál debía ser su distintivo propio e inequívoco. Para eso apelan a las palabras mismas de Jesús. En un mundo cargado de egoísmo, de envidias, rencores y odios, la comunidad está llamada a dar testimonio de otra realidad completamente nueva y distinta: el testimonio del amor.

Amistad dentro de la Iglesia. “La señal por la que los conocerán todos que son mis discípulos, será que se amen unos a otros".

Este es el testamento de Jesús. Nos habla de un "mandamiento nuevo". ¿Dónde está la novedad? La consigna de amar al prójimo está ya presente en la tradición bíblica. También filósofos diversos hablan de filantropía y del amor a todo ser humano. La novedad está en la forma de amar, propia de Jesús: "amensen como yo los he amado". Así se irá difundiendo a través de sus seguidores su estilo de amar.          

Lo primero que los discípulos han experimentado es que Jesús los ha amado como a amigos: "No los llamo servidores a ustedes, los he llamado amigos". En la Iglesia nos hemos de querer sencillamente como amigos y amigas. Y entre amigos se cuida la igualdad, la cercanía y el apoyo mutuo. Nadie está por encima de nadie. Ningún amigo es señor de sus amigos.

Por eso, Jesús corta de raíz las ambiciones de sus discípulos cuando los ve discutiendo por ser los primeros. La búsqueda de protagonismos interesados rompe la amistad y la comunión. Jesús les recuerda su estilo: "no he venido a ser servido sino a servir". Entre amigos nadie se ha de imponer. Todos han de estar dispuestos a servir y colaborar.      

Esta amistad vivida por los seguidores de Jesús no genera una comunidad cerrada. Al contrario, el clima cordial y amable que se vive entre ellos los dispone a acoger a quienes necesitan acogida y amistad. Jesús les ha enseñado a comer con pecadores y gentes excluidas y despreciadas. Les ha reñido por apartar a los niños. En la comunidad de Jesús no estorban los pequeños sino los grandes.                

Un día, el mismo Jesús que señaló a Pedro como "Roca" para construir su Iglesia, llamó a los Doce, puso a un niño en medio de ellos, lo estrechó entre sus brazos y les dijo: "El que acoge a un niño como este en mi nombre, me acoge a mí".    
En la Iglesia querida por Jesús, los más pequeños, frágiles y vulnerables han de estar en el centro de la atención y los cuidados de todo.
En Cristo somos capaces de un amor sobrenatural, la plenitud de la vida para la que fuimos creados: 

¿Cuál es la medida del amor?

Amor: Dios es amor. Dios es la fuente infinita del amor. Dios creó al hombre por amor. Lo creó a Su imagen, es decir, capaz de amar y ser amado. Todo amor verdadero es compartir el amor de Dios según sus designios.

Amar es dar: Dios nos lo ha dado todo con la Creación.
Amar es comunicarse: Dios se nos ha comunicado con la Revelación.   
Amar es hacerse semejante al amado: Dios se ha hecho uno de nosotros en la Encarnación.
Amar es sacrificarse por el amado: Dios nos ha dado su vida en la Redención.    
Amar es obsequiar al amado: Dios nos da el supremo bien de la Salvación.           

Amor y la Cruz. Dios es amor y su amor es el secreto de nuestra felicidad. Ahora bien, para entrar en este misterio de amor no hay otro camino que el de perdernos, entregarnos, el camino de la Cruz. «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame» (Marcos 8, 34)» 

Nada ni nadie nos puede apartar del amor de Dios
¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿La tribulación?, ¿la angustia?, ¿la persecución?, ¿el hambre?, ¿la desnudez?, ¿los peligros?, ¿la espada? Romanos 8:35

El amor no es algo abstracto. Se demuestra en la práctica. Si alguno que posee bienes de la tierra, ve a su hermano padecer necesidad y le cierra su corazón, ¿cómo puede permanecer en él el amor de Dios? Hijos míos, no amemos de palabra ni de boca, sino con obras y según la verdad.  I Juan 3,17-18

Jesús nos enseñó a amar a nuestros enemigos.
«Habrán escuchado que se dijo: Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo. Pues yo les digo: Amen a sus enemigos y rueguen por los que los persigan, para que sean hijos de su Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos. Porque si aman a los que los aman, ¿qué recompensa van a tener? ¿No hacen eso mismo también los publicanos? Y si no saludan más que a sus hermanos, ¿qué hacen de particular? ¿No hacen eso mismo también los gentiles? Ustedes, pues, sean perfectos como es perfecto su Padre celestial. Mateo 5,43-48. Cf. Lc 6, 28. (3)

“Un cielo nuevo y una tierra nueva”. Juan, el vidente de Patmos, alienta nuestra esperanza con su magnífica visión de “un cielo nuevo y una tierra nueva”, como la gran meta de nuestros esfuerzos por transformar las realidades de muerte que nos rodean y redimir al mundo con la fuerza vital arrolladora del Resucitado.

Una nueva realidad de justicia, paz y amor fraterno habrá de traer “la nueva Jerusalén que descendía del cielo enviada por Dios y engalanada como una novia”. Es la esperanza maravillosa que podemos enarbolar frente a los catastrofistas que nos amenazan con una destrucción inexorable del mundo, sobre la base de supuestas profecías que en nada se condicen con las promesas de la Nueva Alianza que Cristo ha sellado con su pasión y su triunfo sobre la muerte.
“Esta es la morada de Dios con los hombres”

¡¡¡Jesús misericordioso en vos confío!!!

 

¿Cómo amar?

Aunque hablara las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo amor, soy como una campana que resuena o platillo que retiñe.
Aunque tuviera el don de la profecía, y conociera todos los misterios y toda la ciencia; aunque tuviera toda la fe, una fe capaz de trasladar montañas, si no tengo amor, no soy nada. Aunque repartiera todos mis bienes para alimentar a los pobres y entregara mi cuerpo a las llamas, si no tengo amor, no me sirve para nada. 
El amor es paciente, es servicial; el amor no es envidioso, no hace alarde, no se envanece; no procede con bajeza, no busca su propio interés, no se irrita, no tiene en cuenta el mal recibido, no se alegra de la injusticia; sino que se regocija con la verdad. 
El amor no pasará jamás. Las profecías acabarán, el don de lenguas terminará, la ciencia desaparecerá; porque nuestra ciencia es imperfecta y nuestras profecías, limitadas. Cuando llegue lo que es perfecto, cesará lo que es imperfecto. Mientras yo era niño, hablaba como un niño, sentía como un niño, razonaba como un niño, pero cuando me hice hombre, dejé a un lado las cosas de niño. Ahora vemos como en un espejo, confusamente; después veremos cara a cara. Ahora conozco todo imperfectamente; después conoceré como Dios me conoce a mí. En una palabra, ahora existen tres cosas: la fe, la esperanza y el amor, pero la más grande de todas es el amor.
(San Pablo, I Corintios 13,1-12)


Ama hoy, mañana puede ser muy tarde

¿Ayer?... ¡Eso hace tiempo!...                  
¿Mañana?... No, no sabemos...        
Mañana, puede ser muy tarde para decir que amas, para decir que perdonas, para pedir disculpas, para decir que quieres intentarlo de nuevo.     
Mañana puede ser muy tarde para pedir perdón, para decir: ¡Discúlpame, el error fue mío...!     
Tu amor, mañana, puede ser inútil.
Tu perdón, mañana, puede no ser preciso. Tu regreso, mañana, puede que no sea esperado. Tu carta, mañana, puede no ser leída. Tu cariño, mañana, puede no ser necesario. Tu abrazo, mañana, puede no encontrar otros brazos...       
¡Porque mañana, puede ser muy tarde! no dejes para mañana para decir: ¡Te amo! ¡Te extraño!, ¡Perdóname!, ¡Discúlpame! ¡Esta flor es para ti!, ¡Te encuentras muy bien!                        
No dejes para mañana Tu sonrisa, Tu abrazo, Tu cariño, Tu trabajo, Tu sueño, Tu ayuda... 
No dejes para mañana para preguntar:         
¿Puedo ayudarte? ¿Por qué estás triste? ¿Qué te pasa? ¡Oye!... ven aquí, vamos a conversar. ¿Dónde está tu sonrisa? ¿Aún me das la oportunidad? ¿Por qué no empezamos de nuevo? Estoy contigo. ¿Sabes que puedes contar conmigo? ¿Dónde están tus sueños?
Recuerda: ¡Mañana puede ser tarde...muy tarde! ¡Busca!, ¡Pide!, ¡Insiste!, ¡Intenta una vez más! ¡Solamente el "hoy" es definitivo! ¡Mañana puede ser tarde...muy tarde!                        
Busca a Cristo hoy. ¡Mañana pueda ser muy tarde! (de autor Desconocido)

Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las reflexiones: J. A. Pagola. P. Jordi Rivero.

Círculo Bíblico San José
“Tu palabra es una lámpara a mis pies 
y una luz en mi camino”
Sal 119
Te esperamos todos los sábados a las 16 hs para compartir y reflexionar el evangelio
de cada semana. 

domingo, 12 de mayo de 2019

Cuarto Domingo de Pascua



Lecturas 12-5-19, Ciclo C
Ven, Espíritu Santo, a nuestros corazones y enciende en ellos el fuego de tu amor, danos la gracia de leer y reflexionar esta página del Evangelio para hacerlo memoria activa, amante y operante en nuestra vida. Deseamos acercarnos al misterio de la persona de Jesús. Por esto te pedimos, que abras los ojos de nuestra mente y de nuestro corazón, para que podamos conocer la fuerza de su resurrección. Amén

“Yo soy tu Pastor y te conduciré hacia los manantiales de agua viva”    

Hechos de los apostoles 13, 14.43-52
En aquellos días: Pablo y Bernabé continuaron su viaje, y de Perge fueron a Antioquía de Pisidia. El sábado entraron en la sinagoga y se sentaron. Cuando se disolvió la asamblea, muchos judíos y prosélitos que adoraban a Dios siguieron a Pablo y a Bernabé. Estos conversaban con ellos, exhortándolos a permanecer fieles a la gracia de Dios. Casi toda la ciudad se reunió el sábado siguiente para escuchar la Palabra de Dios. Al ver esa multitud, los judíos se llenaron de envidia y con injurias contradecían las palabras de Pablo. Entonces Pablo y Bernabé, con gran firmeza, dijeron: «A ustedes debíamos anunciar en primer lugar la Palabra del Señor, pero ya que la rechazan y no se consideran dignos de la Vida eterna, nos dirigimos ahora a los paganos. Así nos ha ordenado el Señor: “Yo te he establecido para ser la luz de las naciones, para llevar la salvación hasta los confines de la tierra.»             
Al oír esto, los paganos, llenos de alegría, alabaron la Palabra de Dios, y todos los que estaban destinados a la Vida eterna abrazaron la fe. Así la Palabra del Señor se iba extendiendo por toda la región. Pero los judíos instigaron a unas mujeres piadosas que pertenecían a la aristocracia y a los principales de la ciudad, provocando una persecución contra Pablo y Bernabé, y los echaron de su territorio. Estos, sacudiendo el polvo de sus pies en señal de protesta contra ellos, se dirigieron a Iconio. Los discípulos, por su parte, quedaron llenos de alegría y del Espíritu Santo.  Palabra de Dios.

Salmo 99: R. Somos su pueblo y ovejas de su rebaño.        
Aclame al Señor toda la tierra, sirvan al Señor con alegría, lleguen hasta él con cantos jubiloso. R
Reconozcan que el Señor es Dios: él nos hizo y a él pertenecemos; somos su pueblo y ovejas de su rebaño. R.      
¡Qué bueno es el Señor! Su misericordia permanece para siempre, y su fidelidad por todas las generaciones. R.              

Lectura libro del Apocalipsis 7, 9. 14b-17 
Yo, Juan, vi una enorme muchedumbre, imposible de contar, formada por gente de todas las naciones, familias, pueblos y lenguas.
Estaban de pie ante el trono y delante del Cordero, vestidos con túnicas blancas; llevaban palmas en la mano. Y uno de los ancianos me dijo: «Estos son los que vienen de la gran tribulación; ellos han lavado sus vestiduras y las han blanqueado en la sangre del Cordero. Por eso están delante del trono de Dios y le rinden culto día y noche en su Templo.                
El que está sentado en el trono extenderá su carpa sobre ellos: nunca más padecerán hambre ni sed, ni serán agobiados por el sol o el calor.
Porque el Cordero que está en medio del trono será su Pastor y los conducirá hacia los manantiales de agua viva.  Y Dios secará toda lágrima de sus ojos.»  Palabra de Dios. 



Santo Evangelio según san Juan 10, 27-30
Jesús dijo: «Mis ovejas escuchan mi voz, yo las conozco y ellas me siguen. Yo les doy Vida eterna: ellas no perecerán jamás y nadie las arrebatará de mis manos.    
Mi Padre, que me las ha dado, es superior a todos y nadie puede arrebatar nada de las manos de mi Padre. El Padre y yo somos una sola cosa.»
Palabra del Señor. 
Reflexión: El Buen Pastor
            
Jesús, rechazado por los dirigentes. La escena del Evangelio se desarrolla en el templo y en los días de la fiesta de la dedicación o consagración del mismo. Los judíos celebraban tal fiesta como recuerdo de la resistencia heroica de los macabeos contra la profanación del templo por Antioco Epífanes en el siglo II a. C. En el contexto de esta fiesta se enfrenta Jesús, una vez más, con los dirigentes judíos. De fondo está la controversia sobre su identidad y mesianismo.
A la capciosa pregunta sobre si es el Mesías, Jesús no contesta directamente. Lo hace de forma indirecta, remitiendo al testimonio de sus obras, muchas y buenas, iguales a las del Padre. Ellos no le pueden creerle porque no son de los suyos. En su respuesta les ofrece la premisa necesaria para que saquen la conclusión. El conflicto está servido.    
El que Juan coloque esta escena en la fiesta de la consagración del templo y sitúe a Jesús en el pórtico de Salomón, el rey que construyó el templo planeado por su padre David, es algo intencionado. El evangelista quiere decirnos que Jesús es el nuevo templo consagrado, porque realiza las obras del Padre. Como nuevo Santuario, en el que brilla la gloria de Dios, sustituye al templo antiguo. Esta pretensión de Jesús pone en cuestión la legitimidad de la institución judía y derriba las posiciones de poder de sus dirigentes. Por eso, es rechazado e intentan apedrearlo y darle muerte.                      
El Mesías, buen pastor. Los primeros forjadores del pueblo de Dios fueron nómades. De ahí que la imagen del pastor con su rebaño pasase a expresar las relaciones de Dios con su pueblo. Frente a los dirigentes que no sirven ni pastorean a su pueblo, Jesús se muestra Mesías bajo la figura del buen pastor. Así lo demuestran sus obras. Él conoce a sus ovejas, las conduce a los pastos, las defiende de los peligros, se entrega totalmente y da su vida por ellas. Su autoridad proviene de la dedicación que les presta. Las grandes figuras de Israel, Moisés y David fueron pastores.
Ahora, Jesús se presenta como pastor. Así es el Mesías. Sus credenciales no son jurídicas, sino que nacen de su actividad, igual a las del Padre, a favor de los oprimidos y desvalidos. Esto pone a los dirigentes judíos en una situación difícil, pues ellos no toleran estas obras, que sus intereses personales les impiden admitirlas. De ahí que le acusen de blasfemia e intenten apedrearlo. Un Mesías muy humano. Tú, siendo un hombre como los demás, te hacen Dios.

La nueva comunidad de Jesús: sus ovejas. Los discípulos de Jesús (sus ovejas) se distinguen porque: creen en Él -escuchan (reconocen su voz)-le siguen -no se perderán/ni perecerán jamás. En la relación a esta cuádruple distinción, Jesús afirma: que lo que le entregó el Padre, sus discípulos, es lo que más le importa -Él los conoce- los defiende y les da la vida para siempre. Ellos son el nuevo pueblo y nadie podrá arrebatárselo.

Una voz inconfundible. Saber escuchar. Hoy somos víctimas de una lluvia abrumadora de palabras, voces, imágenes y mensajes, que corremos el riesgo de perder nuestra capacidad para escuchar la voz que necesitamos oír para tener vida. Recibimos y absorbemos imágenes, palabras, anuncios, y todo cuanto nos quieran ofrecer, para alimentar nuestra trivialidad, nuestra evasión, nuestra frustración, o nuestra posición de privilegio. Hoy, más que en otros momentos de la historia, el ser humano necesita urgentemente recuperar de nuevo la capacidad de escucha, si no quiere ver su vida y su fe ahogarse progresivamente en la trivialidad.

Nuestra sociedad está enferma en su voluntad de vivir. La civilización de la abundancia le ha ofrecido medios de vida, pero no motivos para vivir. 
Todos necesitamos estar más atentos a la llamada de Dios, escuchar la voz de la verdad, sintonizar con lo mejor que hay en nosotros, desarrollar esta sensibilidad interior que percibe, más allá de lo visible y de lo audible, la presencia de Aquel que puede dar vida a nuestra vida.     
Yo las conozco. La suya es una voz amiga. Tiene el acento familiar, directo, de quien no es la primera vez que nos visita. Sabe llegar a lo más hondo de nuestro ser, a ese fondo cuya llave guardamos celosamente. No se deja engañar por nuestra fachada, porque conoce las razones íntimas de nuestras actitudes. Sabe discernir nuestro lado positivo. Y, sabe, siempre, despertar lo mejor que hay en nosotros. Su voz tiene un tono inconfundible: el de la vida. Nos da vida y nos abre a la vida. 
Un mundo mejor es posible, tenemos que decidirnos: "Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco; ellas me siguen, y yo les doy la vida eterna".

Jesús no fuerza a nadie. Él solamente llama. La decisión de seguirle depende de cada uno de nosotros. Solo si le escuchamos y le seguimos, establecemos con Jesús esa relación que lleva a la vida eterna. Nada hay tan decisivo para ser cristiano como tomar la decisión de vivir como seguidores de Jesús.

El gran riesgo de los cristianos ha sido siempre instalarnos en la práctica religiosa, sin dejarnos cuestionar por las llamadas que Jesús nos hace desde el evangelio que escuchamos cada domingo. Jesús está dentro de esa religión, pero no nos arrastra tras sus pasos. Sin darnos cuenta, nos acostumbramos a vivir de manera rutinaria y repetitiva. Nos falta la creatividad, la renovación y la alegría de quienes viven esforzándose por seguir a Jesús. Cuando falta el seguimiento a Jesús, cuidado y reafirmado una y otra vez en el propio corazón y en la comunidad creyente, nuestra fe corre el riesgo de quedar reducida a una aceptación de creencias, una práctica de obligaciones religiosas y una obediencia a la disciplina de la Iglesia.

Pretender ser cristiano, sin seguir a Jesús. De hecho, muchos de los que se han ido alejando de nuestras comunidades son personas a las que nadie ha ayudado a tomar la decisión de vivir siguiendo sus pasos.       

Sin embargo, ésa es la primera decisión de un cristiano. La decisión que lo cambia todo, porque es comenzar a vivir de manera nueva la adhesión a Cristo y la pertenencia a la Iglesia: encontrar, por fin, el camino, la verdad, el sentido y la razón de la religión cristiana.
Y lo primero para tomar esa decisión es escuchar su llamada. Comenzamos a seguirle cuando nos sentimos atraídos y llamados por Cristo. Por eso, la fe no consiste primordialmente en creer algo sobre Jesús sino en creerle a él.     
       
¿A quién voy a seguir?
Las multitudes estaban asombradas: oían a Jesús y su corazón ardía; el mensaje de Jesús llegaba al corazón”. Cristo, recordó, se acercaba al pueblo, sanaba su corazón, comprendía las dificultades. “Jesús no tenía vergüenza de hablar con los pecadores, iba a encontrarlos”.
Jesús “sentía gozo, le daba gusto ir con su pueblo” y esto porque es el Buen Pastor y las ovejas oyen su voz y lo siguen.
“Es por esta razón que la gente seguía a Jesús, porque era el Buen Pastor. No era ni un fariseo casuístico moralista, ni un saduceo que hacía negocios sucios con los políticos y los poderosos, ni un guerrillero que buscase la liberación política de su pueblo, ni un contemplativo del monasterio. ¡Él era un pastor! Un pastor que hablaba la lengua de su pueblo, lo entendían, decía la verdad, las cosas de Dios: ¡no negociaba nunca las cosas de Dios! Sino que las decía de tal manera, que la gente amaba las cosas de Dios. Por esto lo seguían”, afirmó.
Además, “Jesús nunca se alejó de la gente y nunca se apartó de su Padre”. “Estaba muy unido con el Padre: ¡Él era uno con el Padre!” y por esto estaba “muy cercano a la gente”. Cristo “tenía esta autoridad y por esto el pueblo lo seguía”.
“¿A mí, a quién me gusta seguir? ¿A los que me hablan de cosas abstractas o de casuísticas morales; aquellos que se hacen llamar del pueblo de Dios, pero no tienen fe y lo negocian todo con los poderes políticos y económicos; aquellos que siempre quieren hacer cosas extrañas, cosas destructivas, las llamadas guerras de liberación, pero que al final no son los caminos del Señor; o un contemplativo apartado? ¿A mí, a quién me gusta seguir?”.
Finalmente, los invito a que estas preguntas nos hagan llegar a la oración y pedir al Padre, que nos acerque a Jesús para seguirlo, para ser sorprendidos por lo que Jesús nos dice”.
Papa Francisco, Sta. Marta junio 2014.

Mis ovejas escuchan mi voz (la buena nueva) y me siguen (se ponen en marcha). Yo les doy vida definitiva (la misma que Jesús ha recibido de Dios). El Padre y yo somos uno (Jesús, viviendo para los demás, está identificándose con lo que es Dios).
Jesús misericordioso, en vos confío

Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las reflexiones: El libro del Pueblo de Dios. Pbro. Daniel Silva. J.A. Pagola.

Círculo Bíblico San José

“Tu palabra es una lámpara a mis pies 
y una luz en mi camino”
Sal 119

Te esperamos todos los sábados a las 16 hs para compartir y reflexionar el evangelio
de cada semana. 

domingo, 5 de mayo de 2019

Tercer Domingo de Pascua


Lecturas 5-5-19, Ciclo C
Dios mío, envía ahora tu Espíritu sobre mí y que abra mis ojos y mis oídos a tu Palabra, que me guie y asista al meditar tus enseñanzas, para que pueda saborearla y comprenderla, para que tu Palabra penetre en mi corazón, y me conduzca a la Verdad completa. Amén

«¿Me amas?»

Hechos de los Apóstoles 5, 27b-32. 40b-41
Cuando los Apóstoles fueron llevados al Sanedrín, el Sumo Sacerdote les dijo: «Nosotros les habíamos prohibido expresamente predicar en ese Nombre, y ustedes han llenado Jerusalén con su doctrina. ¡Así quieren hacer recaer sobre nosotros la sangre de ese hombre!»  
Pedro, junto con los Apóstoles, respondió: «Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres. El Dios de nuestros padres ha resucitado a Jesús, al que ustedes hicieron morir suspendiéndolo del patíbulo. A él, Dios lo exaltó con su poder, haciéndolo jefe y Salvador, a fin de conceder a Israel la conversión y el perdón de los pecados. Nosotros somos testigos de estas cosas, nosotros y el Espíritu Santo que Dios ha enviado a los que le obedecen.» Después de hacerlos azotar, les prohibieron hablar en el nombre de Jesús y los soltaron. Los Apóstoles, por su parte, salieron del Sanedrín, dichosos de haber sido considerados dignos de padecer por el nombre de Jesús. 
Palabra de Dios.

Salmo 29, R. Yo te glorifico, Señor, porque tú me libraste.
Yo te glorifico, Señor, porque tú me libraste y no quisiste que mis enemigos se rieran de mí. Tú, Señor, me levantaste del Abismo y me hiciste revivir, cuando estaba entre los que bajan al sepulcro.  R.
Canten al Señor, sus fieles; den gracias a su santo Nombre, porque su enojo dura un instante, y su bondad, toda la vida: si por la noche se derraman lágrimas, por la mañana renace la alegría.  R.
«Escucha, Señor, ten piedad de mí; ven a ayudarme, Señor.»  Tú convertiste mi lamento en júbilo. ¡Señor, Dios mío, te daré gracias eternamente!  R.

Lectura del libro del Apocalipsis 5, 11-14
Yo, Juan, oí la voz de una multitud de Ángeles que estaban alrededor del trono, de los Seres Vivientes y de los Ancianos. Su número se contaba por miles y millones, y exclamaban con voz potente: «El Cordero que ha sido inmolado es digno de recibir el poder y la riqueza, la sabiduría, la fuerza y el honor, la gloria y la alabanza.»
También oí que todas las criaturas que están en el cielo, sobre la tierra, debajo de ella y en el mar, y todo lo que hay en ellos, decían: «Al que está sentado sobre el trono y al Cordero, alabanza, honor, gloria y poder, por los siglos de los siglos.» Los cuatro Seres Vivientes decían: «íAmén!», y los Ancianos se postraron en actitud de adoración.  Palabra de Dios.

Santo Evangelio según san Juan 21, 1-19
Jesús resucitado se apareció otra vez a los discípulos, a orillas del mar de Tiberíades. Sucedió así: estaban juntos Simón Pedro, Tomás, llamado el Mellizo, Natanael, el de Caná de Galilea, los hijos de Zebedeo y otros dos discípulos.
Simón Pedro les dijo: «Voy a pescar.» Ellos le respondieron: «Vamos también nosotros.»
Salieron y subieron a la barca. Pero esa noche no pescaron nada.
Al amanecer, Jesús estaba en la orilla, aunque los discípulos no sabían que era él. Jesús les dijo: «Muchachos, ¿tienen algo para comer?»          
Ellos respondieron: «No.» El les dijo: «Tiren la red a la derecha de la barca y encontrarán.» Ellos la tiraron y se llenó tanto de peces que no podían arrastrarla. El discípulo al que Jesús amaba dijo a Pedro: «íEs el Señor!» Cuando Simón Pedro oyó que era el Señor, se ciñó la túnica, que era lo único que llevaba puesto, y se tiró al agua. Los otros discípulos fueron en la barca, arrastrando la red con los peces, porque estaban sólo a unos cien metros de la orilla.
Al bajar a tierra vieron que había fuego preparado, un pescado sobre las brasas y pan. Jesús les dijo: «Traigan algunos de los pescados que acaban de sacar.»  
Simón Pedro subió a la barca y sacó la red a tierra, llena de peces grandes: eran ciento cincuenta y tres y, a pesar de ser tantos, la red no se rompió. Jesús les dijo: «Vengan a comer.»
Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: «¿Quién eres?», porque sabían que era el Señor. Jesús se acercó, tomó el pan y se lo dio, e hizo lo mismo con el pescado. Esta fue la tercera vez que Jesús resucitado se apareció a sus discípulos.
Después de comer, Jesús dijo a Simón Pedro: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que estos?»
El le respondió: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero.» Jesús le dijo: «Apacienta mis corderos.»
Le volvió a decir por segunda vez: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas?»
El le respondió: «Sí, Señor, sabes que te quiero.» Jesús le dijo: «Apacienta mis ovejas.»
Le preguntó por tercera vez: «Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?»  Pedro se entristeció de que por tercera vez le preguntara si lo quería, y le dijo: «Señor, tú lo sabes todo; sabes que te quiero.»  Jesús le dijo: «Apacienta mis ovejas. Te aseguro que cuando eras joven tú mismo te vestías e ibas a donde querías. Pero cuando seas viejo, extenderás tus brazos, y otro te atará y te llevará a donde no quieras.» De esta manera, indicaba con qué muerte Pedro debía glorificar a Dios. Y después de hablar así, le dijo: «Sígueme.» Palabra del Señor.

Reflexión:

Un encuentro solemne de Jesús en su gloria de resucitado.  Se trata de su tercera manifestación, marcada por el papel principal de Pedro: nombrado en primer lugar, toma la iniciativa de la pesca, se precipita el primero hacia Jesús y arrastra a la orilla la red que no se rompe (símbolo…de lo que habría de ser la Iglesia), a pesar del enorme peso de los 153 peces. 
El almuerzo ofrecido por Jesús hace pensar inevitablemente en la Eucaristía en la que todo cristiano se acerca al resucitado, lo reconoce y entra en comunión con Él.
Algunos detalles simbólicos nos permiten acceder a lo que se llama “escatología”, los fines últimos.  Vemos a Jesús “a la orilla del lago” en la tierra firme de la eternidad, mientras que los discípulos (los apóstoles de todos los tiempos) bregan en las aguas de la vida terrena.  Dirigidos por Pedro, son pescadores de hombres (los peces grandes), pero no pueden pescar nada sin Jesús. Así, pues, la eternidad será ese cara a cara con Jesús y el banquete con Él, o sea la entrada en su vida y en su gozo. 

Pero, como San Juan no deja de repetir, es aquí abajo donde todo se juega.  Cada día que pasa es infinitamente precioso y decisivo, porque podemos acumular citas con Cristo que nos preparen para el encuentro final.  Jesús nos ha dicho: “Cada vez que ayudas a alguien con amor, te encuentras conmigo” (Mt. 25, 40).  Y cada vez que nos acercamos a la Eucaristía, a la oración, al Evangelio, tenemos una cita con Él.

Lo esencial es ese movimiento que arroja hacia Cristo, como a Pedro: “Cuando comprendió que era el Señor, se tiró al agua”.  El mismo impulso que nos ha llevado en cada una de estas meditaciones nos arrojará algún día a sus brazos.  Para un encuentro muy largo.  

“Señor, tú conoces todo...” Pedro recobró su confianza cuando Jesús le dijo por tres veces: «Apacienta mis ovejas».
Y, al mismo tiempo él, Simón, confesó por tres veces su amor por Jesús, reparando así su triple negación durante la pasión. Pedro siente todavía dentro de sí el resquemor de la herida de aquella decepción causada a su Señor en la noche de la traición. Ahora que Él pregunta: «¿Me amas?», Pedro no confía en sí mismo y en sus propias fuerzas, sino en Jesús y en su divina misericordia: «Señor, tú conoces todo; tú sabes que te quiero». Y aquí desaparece el miedo, la inseguridad, la pusilanimidad. Pedro ha experimentado que la fidelidad de Dios es más grande que nuestras infidelidades y más fuerte que nuestras negaciones. Se da cuenta de que la fidelidad del Señor aparta nuestros temores y supera toda imaginación humana.

También hoy, a nosotros, Jesús nos pregunta: «¿Me amas?». Lo hace precisamente porque conoce nuestros miedos y fatigas. Pedro nos muestra el camino: fiarse de Él, que «sabe todo» de nosotros, no confiando en nuestra capacidad de serle fieles a Él, sino en su fidelidad inquebrantable. Jesús nunca nos abandona, porque no puede negarse a sí mismo (cf. 2 Tm 2,13). Es fiel. La fidelidad que Dios nos confirma incesantemente a nosotros…, es la fuente de nuestra confianza y nuestra paz, más allá de nuestros méritos. La fidelidad del Señor para con nosotros mantiene encendido nuestro deseo de servirle y de servir a los hermanos en la caridad.


*El amor de Jesús debe ser suficiente para Pedro. Él no debe ceder a la tentación de la curiosidad, de la envidia, como cuando, al ver a Juan cerca de allí, preguntó a Jesús: «Señor, y éste, ¿qué?» (Jn 21,21). Pero Jesús, frente a estas tentaciones, le respondió: «¿A ti qué? Tú, sígueme» (Jn 21,22). Esta experiencia de Pedro es un mensaje importante también para nosotros, el Señor repite hoy, a mí, a ustedes y a todos: «Sígueme».

No pierdas tiempo en preguntas o chismes inútiles; no te entretengas en lo secundario, sino mira a lo esencial y sígueme. Sígueme a pesar de las dificultades. Sígueme en la predicación del Evangelio. Sígueme en el testimonio de una vida que corresponda al don de la gracia del Bautismo. Sígueme en el hablar de mí a aquellos con los que vives, día tras día, en el esfuerzo del trabajo, del diálogo y de la amistad. Sígueme en el anuncio del Evangelio a todos, especialmente a los últimos, para que a nadie le falte la Palabra de vida, que libera de todo miedo y da confianza en la fidelidad de Dios. 
Tú, sígueme.
*Papa Francisco, Vaticano 2014.
Hoy: Preocupados por sobrevivir, constatando cada vez más nuestra debilidad, no nos resulta fácil reconocer entre nosotros la presencia de Jesús resucitado, que nos habla desde el Evangelio y nos alimenta en la celebración de la cena eucarística.
Es el discípulo más querido por Jesús el primero que lo reconoce: «¡Es el Señor!». No están solos. Todo puede empezar de nuevo. Todo puede ser diferente. Con humildad, pero con fe, Pedro reconocerá su pecado y confesará su amor sincero a Jesús: «Señor, tú sabes que te quiero». Los demás discípulos no pueden sentir otra cosa.
En nuestros grupos y comunidades cristianas necesitamos testigos de Jesús. Creyentes que, con su vida y su palabra, nos ayuden a descubrir en estos momentos la presencia viva de Jesús en medio de nuestra experiencia de fragilidad. Los cristianos saldremos adelante acrecentando nuestra confianza en Jesús. A veces, no somos capaces de sospechar su fuerza para sacarnos del desaliento y la desesperanza.

 “un regalo, para que puedan disfrutarlo todos”

Pasó la Semana Santa....y todo parece volver a la normalidad... ¿Cómo vivimos este tiempo pascual que estamos transitando? ¿Con las mismas ganas y voluntad con la que hemos celebrado la resurrección de Cristo? ¿Nos sentimos portadores de un precioso mensaje de salvación que no debe dejar de anunciarse?
Podemos compartir un relato que nos permitirá reflexionar un poco más sobre el tema:

"Cuando Dios repartió las cualidades a los animales, los picaflores se encontraron entre los más beneficiados.
Algunos cuentan que, el día en que estos agradables pajaritos recibieron toda su belleza y la gracia para volar, fueron, todos juntos, a dar una vuelta por diversos rincones de la creación. Así fue que descubrieron un hermoso lago de aguas quietas donde se reflejaban como si fuera un gran espejo. Al advertir que eran ellos, los picaflores, los que formaban las hermosas imágenes que aparecían sobre las aguas, no podían dejar de mirarse.
La bandada pasaba horas y horas, observándose y alegrándose por todo lo que Dios les había dado. Pero, con el transcurso de los días y entretenidos en su vuelo, no paraban ni para comer, entonces fueron adelgazando y su danza perdió la gracia que tenía originalmente.
Los picaflores empezaron a preocuparse y convocaron a una gran reunión para buscar soluciones.
Después de intercambiar ideas, decidieron enviar a uno de ellos, para que hablara con el mismísimo Dios.
-¿Qué hacen ustedes con los dones que recibieron?-preguntó Dios Padre.
El picaflor le contó que pasaba el día deleitándose, sobrevolando el lago y agradeciendo con su danza esos dones que habían recibido. Dios les dijo:
-Eso me parece muy bien, pero siempre que yo hago un regalo, es para que puedan disfrutarlo todas mis criaturas. Vayan al campo, busquen las flores, aliméntense de ellas y lleven el polen de una a otra. Ellas los están esperando.
El jovencito comunicó a los demás el mensaje de Dios, y desde ese día, no sólo los picaflores disfrutan de las virtudes recibidas, sino también todos aquellos que los vemos volando por los jardines".

(De "Cuentos rápidos para leer despacio 2", María Inés Casalá-Juan Carlos Pisano-San Pablo).

Jesús misericordioso, en vos confío

Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las reflexiones: El libro del Pueblo de Dios. Pbro. Daniel Silva. J.A. Pagola.

Círculo Bíblico San José
“Tu palabra es una lámpara a mis pies y una luz en mi camino” Sal 119

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