Intención para la evangelización ‐

Intenciones de oración de septiembre: Oremos por una gestión justa y sostenible del agua, recurso vital, para que todos tengan acceso equitativo a ella.

"Todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre"

"Todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre" Mt 7, 7-8. No sé qué quería, pero había algo en mí que me movía a buscar, tal vez que las cosas tengan sentido, y te encontré. Me cuestionaba sobre la vida y me diste tu sabiduría para que pueda encontrar alegría y paz. Ante mis miedos y dudas, te pido que me acompañes en mi peregrinar y me das tu Espíritu Santo, el mismo que te acompaño a vos, hoy me acompaña a mí, me asiste y guía. Hoy sigo buscando más de tu Palabra, de la Verdad y el camino, con la confianza puesta en vos, Dios mío, sé que estás presente en mi vida. Ven Señor Jesús, te necesito.

Del libro de la Sabiduría 6, 12-16

Del libro de la Sabiduría 6, 12-16: La Sabiduría es luminosa y nunca pierde su brillo: se deja contemplar fácilmente por los que la aman y encontrar por los que la buscan. Ella se anticipa a darse a conocer a los que la desean. El que madruga para buscarla no se fatigará, porque la encontrará sentada a su puerta. Meditar en ella es la perfección de la prudencia, y el que se desvela por su causa pronto quedará libre de inquietudes. La Sabiduría busca por todas partes a los que son dignos de ella, se les aparece con benevolencia en los caminos y le sale al encuentro en todos sus pensamientos.

viernes, 14 de septiembre de 2012

Vigésimo cuarto domingo durante el año


Lecturas del 16-09-12
– Ciclo B –

“Jesús, nos enseña cual es el verdadero pensamiento de Dios, para que lo podamos seguir”
Lectura del libro del profeta Isaías 50, 5-9a
El Señor abrió mi oído y yo no me resistí ni me volví atrás. Ofrecí mi espalda a los que me golpeaban y mis mejillas, a los que me arrancaban la barba; no retiré mi rostro cuando me ultrajaban y escupían.     Pero el Señor viene en mi ayuda: por eso, no quedé confundido; por eso, endurecí mi rostro como el pedernal, y sé muy bien que no seré defraudado.
Está cerca el que me hace justicia: ¿quién me va a procesar? ¡Comparezcamos todos juntos! ¿Quién será mi adversario en el juicio? ¡Que se acerque hasta mí!        
Sí, el Señor viene en mi ayuda: ¿quién me va a condenar? 
Palabra de Dios.
Salmo 114
R. Caminaré en la presencia del Señor,
 en la tierra de los vivientes.
 Amo al Señor, porque él escucha  el clamor de mi súplica,  porque inclina su oído hacia mí, cuando yo lo invoco.  R.
 Los lazos de la muerte me envolvieron,  me alcanzaron las redes del Abismo, caí en la angustia y la tristeza;  entonces invoqué al Señor: «¡Por favor, sálvame la vida!»  R.
 El Señor es justo y bondadoso,  nuestro Dios es compasivo;  el Señor protege a los sencillos:  yo estaba en la miseria y me salvó.  R.
El libró mi vida de la muerte,  mis ojos de las lágrimas y mis pies de la caída. Yo caminaré en la presencia del Señor, en la tierra de los vivientes.  R.
Lectura de la carta del apóstol Santiago 2, 14-18
¿De qué le sirve a uno, hermanos míos, decir que tiene fe, si no tiene obras? ¿Acaso esa fe puede salvarlo? ¿De qué sirve si uno de ustedes, al ver a un hermano o una hermana desnudos o sin el alimento necesario, les dice: «Vayan en paz, caliéntense y coman», y no les da lo que necesitan para su cuerpo? Lo mismo pasa con la fe: si no va acompañada de las obras, está completamente muerta.
Sin embargo, alguien puede objetar: «Uno tiene la fe y otro, las obras.» A ese habría que responderle: «Muéstrame, si puedes, tu fe sin las obras. Yo, en cambio, por medio de las obras, te demostraré mi fe.» 
Palabra de Dios.

Santo Evangelio según san Marcos 8, 27-35
Jesús salió con sus discípulos hacia los poblados de Cesarea de Filipo, y en el camino les preguntó: «¿Quién dice la gente que soy yo?»               
Ellos le respondieron: «Algunos dicen que eres Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, alguno de los profetas.»
 «Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?»
Pedro respondió: «¿Tú eres el Mesías.» Jesús les ordenó terminantemente que no dijeran nada acerca de él.   Y comenzó a enseñarles que el Hijo del hombre debía sufrir mucho y ser rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas; que debía ser condenado a muerte y resucitar después de tres días; y les hablaba de esto con toda claridad. Pedro, llevándolo aparte, comenzó a reprenderlo.
Pero Jesús, dándose vuelta y mirando a sus discípulos, lo reprendió, diciendo: «¡Retírate, ve detrás de mí, Satanás! Porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres.»  
Entonces Jesús, llamando a la multitud, junto con sus discípulos, les dijo: «El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí y por la Buena Noticia, la salvará.» 
Palabra del Señor.
Reflexión   
El concilio Vaticano declaró bellamente que Cristo revela el hombre al hombre.
El hombre es el ser a quien Dios lo ha capacitado para "escuchar, es un discípulo de Dios, que implica no sólo la escucha teórica, sino a la vez la escucha que conduce a la realización de lo escuchado, a descubrir la voz originaria que le precede y que norma su vida, pero cabe preguntarnos: ¿Seguimos todos los cristianos las huellas de Cristo? ¿En qué consiste la esencia del hombre? ¿Qué respondo hoy si Jesús me hace esta pregunta que les hizo a los discípulos? ¿Quién Soy Yo para vos?
La liturgia de hoy nos da una respuesta. En la primera lectura, tres son los rasgos del hombre según el designio de Dios: el hombre es un ser "que escucha", que sufre, que experimenta la presencia y asistencia de Dios. El evangelio presenta a Jesús como la perfecta realización del hombre: el Ungido de Dios, el siervo obediente hasta la muerte, el que pierde su vida para salvar la de los hombres. Finalmente, Santiago en la segunda lectura enseña que el hombre es aquél en quien la fe y las obras se unen en alianza indisoluble para lograr la perfecta realización humana.
Luego de la curación de un ciego en Betsaida, Jesús sale hacia el norte con sus discípulos, hacia la zona de Cesarea de Filipo. En su camino el Señor quiere instruir a sus discípulos y parte de una pregunta: ¿qué dice la gente acerca de mí? La pregunta no es superficial. El diagnóstico revela que “la gente” no ha captado quién es realmente Jesús.
Reconocer a Jesús el Cristo (1). El episodio ocupa un lugar central y decisivo en el relato de Marcos. Los discípulos llevan ya un tiempo conviviendo con Jesús. Ha llegado el momento en que se han de pronunciar con claridad. ¿A quién están siguiendo? ¿Qué es lo que descubren en Jesús? ¿Qué captan en su vida, su mensaje y su proyecto?
Desde que se han unido a él, viven interrogándose sobre su identidad. Lo que más les sorprende es la autoridad con que habla, la fuerza con que cura a los enfermos y el amor con que ofrece el perdón de Dios a los pecadores. ¿Quién es este hombre en quien sienten tan presente y tan cercano a Dios como Amigo de la vida y del perdón?
Entre la gente que no ha convivido con él se corren toda clase de rumores, pero a Jesús le interesa la posición de sus discípulos: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?». No basta que entre ellos haya opiniones diferentes más o menos acertadas. Es fundamental que los que se han comprometido con su causa, reconozcan el misterio que se encierra en él. Si no es así, ¿quién mantendrá vivo su mensaje? ¿Qué será de su proyecto del reino de Dios? ¿En qué terminará aquel grupo que está tratando de poner en marcha?
Pero la cuestión es vital también para sus discípulos. Les afecta radicalmente. No es posible seguir a Jesús de manera inconsciente y ligera. Tienen que conocerlo cada vez con más hondura. Pedro, recogiendo las experiencias que han vivido junto a él hasta ese momento, le responde en nombre de todos:«Tú eres el Mesías».             
La confesión de Pedro es todavía limitada. Los discípulos no conocen aún la crucifixión de Jesús a manos de sus adversarios. No pueden ni sospechar que será resucitado por el Padre como Hijo amado. No conocen experiencias que les permitan captar todo lo que se encierra en Jesús. Solo siguiéndolo de cerca, lo irán descubriendo con fe creciente.
Para los cristianos es vital reconocer y confesar cada vez con más hondura el misterio de Jesús el Cristo. Si ignora a Cristo, la Iglesia vive ignorándose a sí misma. Si no lo conoce, no puede conocer lo más esencial y decisivo de su tarea y misión. Pero, para conocer y confesar a Jesucristo, no basta llenar nuestra boca con títulos cristológicos admirables. Es necesario seguirlo de cerca y colaborar con él día a día. Ésta es la principal tarea que hemos de promover en los grupos y comunidades cristianas. (1) José A. Pagola. 

¿Que Mesías esperamos? Pedro responderá en nombre de todos: Tú eres el Mesías. La respuesta de Pedro es correcta. Que Jesús sea el Mesías significa que es aquel que todo el pueblo estaba esperando para que venga como salvador definitivo de todos los hombres, aquel que debía instaurar definitivamente el Reino de Dios. La afirmación de Pedro es toda una profesión de fe en Jesús como Mesías, Dios y Salvador. Es absolutamente correcta en su formulación.
Pero todo no termina ahí,  Jesús comienza a narrar situaciones sobre su propia vida que nunca había dicho antes: va a sufrir mucho, será rechazado por los líderes religiosos del pueblo, lo van a matar y va a resucitar… Lo de resucitar parece que los discípulos no lo entienden todavía y los escandaliza la primera parte del relato.
El problema estaba en el concepto de Mesías que tenía el pueblo de Israel. Y los apóstoles no escapaban a esa idea. Ellos esperaban un Mesías libertador y vencedor desde el punto de vista temporal, que los libraría del dominio romano y establecería un reino, mediante el triunfo y el poder. Pareciera como si los Apóstoles y, junto con ellos, el pueblo judío no hubiera puesto mucha atención a las clarísimas profecías de Isaías sobre el Mesías. (cf.Is. 50, 5-9)
Por eso Jesús tiene que corregirlos de inmediato. Cuando Pedro, pensando en ese Mesías triunfador, llama a Jesús aparte para tratar de disuadirlo de lo que acababa de anunciarles como un hecho, la respuesta del Señor resulta impresionante.
Nos cuenta el Evangelio que enseguida que Pedro lo reconoce como el Mesías, Jesús “se puso a explicarles que era necesario que el Hijo del hombre padeciera mucho, que fuera rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, que fuera entregado a la muerte y resucitaría al tercer día”.
La corrección que hizo el Señor de la idea equivocada del Mesías triunfador temporal, fue especialmente severa: “¡Apártate de mí, Satanás! Porque tus pensamientos no son los de Dios, sino según los hombres”.
Por la severa respuesta de Jesús, resulta evidente que, para sus seguidores, rechazar el sufrimiento no es una opción; es -cuanto menos- una tentación que no va de acuerdo con lo que Él continúa diciéndonos en este pasaje evangélico.
Dice el texto que entonces el Señor se dirigió a la multitud y también a los discípulos, para explicar un poco más el sentido del sufrimiento: el suyo y el nuestro. “El que quiera venir conmigo, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y que me siga”. Más claro no podía ser: el cristianismo incluye renuncia y sufrimiento. Seguir a Cristo es seguirlo también en la cruz, en la cruz de cada día. La paradoja cristiana. "Quien quiera salvar su vida la perderá, pero quien pierda su vida por mí y por el Evangelio la salvará", nos dice Jesús. Es la gran paradoja cristiana, es decir, humana. En términos paradójicos, Jesucristo plantea la gran batalla de la existencia humana. Es la batalla entre el egoísmo y la entrega, entre la seducción del yo y la atracción de Dios, entre el culto a la personalidad y el culto a la verdadera humildad. Normalmente, pero de modo equivocado, se piensa que siendo egoísta se va uno a realizar, a salvar su identidad, a lograr una personalidad de gran talla. El resultado después de un cierto tiempo es la conciencia de estar buscando lo imposible, la frustración por tantas energías gastadas inútilmente, y ojalá también, al darse cuenta de haber errado el camino, aceptar el propio error y enderezar los pasos por el camino justo. Ese camino justo es el de vaciarse de sí para llenarse de Dios, el de darse a los demás desinteresadamente sin buscar compensaciones de ningún género, es el de la humildad profunda de quien sabe y acepta que todo lo que es y tiene proviene de Dios y lo debe poner al servicio de los demás. Éste es el camino de la auténtica realización del hombre. Como cristianos caminemos juntos y alegres por él. Es el camino que Cristo nos ha enseñado a sus discípulos
Año de la Fe: Carta  Apostólica Pota Fidei del Sumo Pontífice Benedicto XVI
 El Papa Benedicto XVI convoca al año de la fe que Comenzará el 11 de octubre de 2012, en el cincuenta aniversario de la apertura del Concilio Vaticano II, y terminará en la solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo, el 24 de noviembre de 2013
Continúa el próximo domingo….
En el 50º aniversario del inicio de sesiones del  CONCILIO VATICANO II, Instituto María Madre de la Iglesia realizará tres encuentros para fieles laicos en general:
Lunes 17 de Septiembre: Contexto histórico del Concilio, Grandes lineamientos teológicos.
Pbro. Lic. Ricardo Montiel
Lunes 24 de Septiembre: La recepción del Concilio, El concepto de Iglesia particular.
Fr. Dr. Mateo Krupsky o.f.m.
Lunes 1 de Octubre: Acto de clausura presidido por Mons. Rubén Oscar Frassia: “El diálogo de la Iglesia con el mundo”, Con la participación de destacados conferencistas e invitación a autoridades civiles y de instituciones de nuestra Diócesis
Todos los días de 19.30 a 22 hs, Teatro Roma Sarmiento 101 – Avellaneda.
Entrada  libre y gratuita
Viernes 21 de septiembre a las 19 hs el P. Gustavo Ercolino, celebrará la
Misa del Padre Pio con unción de los enfermos y bendición con el Mitón (guante) del  Padre Pio
En la Catedral de diocesana (San Martín 705) luego se realizará la procesión con el Santísimo Sacramento.
Lecturas de la Semana
Lunes  17: 1Cor. 11, 17-26.33;  Sal 39; Lc. 7, 1-10.
Martes 18: 1Cor. 12, 12-14.27-31;  Sal 99; Lc. 7, 11-17.
Miércoles 19: 1Cor. 12, 31—13, 13; Sal 32; Lc. 7, 31-35.
Jueves 20: 1Cor. 15, 1-11;  Sal 117; Lc. 7, 36-50.
Viernes 21: Ef.  4, 1-7.11-13; Sal 18;  Mt. 9, 9-13.
Sábado 22: 1Cor. 15, 35-37.42-49; Sal 55; Lc. 8, 4-15.
Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las reflexiones: El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y María.
Círculo Peregrino: queremos compartir con vos la Palabra del Señor, por eso podemos ir a tu casa a visitarte a vos o algún familiar enfermo.
Lectio Divina: También podes venir para compartirla  el primer y tercer sábado de cada mes a las 16 hs. en:       
Círculo Bíblico San José
Parroquia San José:
Brandsen 4970 Villa Domínico.
Si  querés recibir la hojita por e-mail pedila a: miencuentroconjesus@yahoo.com.ar

jueves, 6 de septiembre de 2012

Vigésimo tercer domingo durante el año


Lecturas del 9-09-12
 
– Ciclo B –

“Jesús, nos libera de nuestras sorderas y cegueras, para que descubramos el verdadero camino de la alegría y la paz”
 
Lectura del libro del profeta Isaías 35, 4-7a
Digan a los que están desalentados:
«¡Sean fuertes, no teman: ahí está su Dios! Llega la venganza, la represalia de Dios: él mismo viene a salvarlos!»
Entonces se abrirán los ojos de los ciegos y se destaparán los oídos de los sordos; entonces el tullido saltará como un ciervo y la lengua de los mudos gritará de júbilo. Porque brotarán aguas en el desierto y torrentes en la estepa; el páramo se convertirá en un estanque y la tierra sedienta en manantiales. Palabra de Dios.
 
Salmo 145
 
R. ¡Alaba al Señor, alma mía!
 
El Señor hace justicia a los oprimidos y da pan a los hambrientos. El Señor libera a los cautivos.  R.
 Abre los ojos de los ciegos  y endereza a los que están encorvados. El Señor ama a los justos 
 el Señor protege a los extranjeros.  R.
 Sustenta al huérfano y a la viuda; y entorpece el camino de los malvados. El Señor reina eternamente,  reina tu Dios, Sión, 
 a lo largo de las generaciones.  R.
 
 Lectura de la carta del apóstol Santiago 2, 1-5
Hermanos, ustedes que creen en nuestro Señor Jesucristo glorificado, no hagan acepción de personas.
Supongamos que cuando están reunidos, entra un hombre con un anillo de oro y vestido elegantemente, y al mismo tiempo, entra otro pobremente vestido. Si ustedes se fijan en el que está muy bien vestido y le dicen: «Siéntate aquí, en el lugar de honor», y al pobre le dicen: «Quédate allí, de pie», o bien: «Siéntate a mis pies», ¿no están haciendo acaso distinciones entre ustedes y actuando como jueces malintencionados?
Escuchen, hermanos muy queridos: ¿Acaso Dios no ha elegido a los pobres de este mundo para enriquecerlos en la fe y hacerlos herederos del Reino que ha prometido a los que lo aman? 
Palabra de Dios.
 
Santo Evangelio según san Marcos 7, 31-37
Cuando Jesús volvía de la región de Tiro, pasó por Sidón y fue hacia el mar de Galilea, atravesando el territorio de la Decápolis.
Entonces le presentaron a un sordomudo y le pidieron que le impusiera las manos. Jesús lo separó de la multitud y, llevándolo aparte, le puso los dedos en las orejas y con su saliva le tocó la lengua. Después, levantando los ojos al cielo, suspiró y le dijo: «Efatá», que significa: «Abrete.» Y en seguida se abrieron sus oídos, se le soltó la lengua y comenzó a hablar normalmente.
Jesús les mandó insistentemente que no dijeran nada a nadie, pero cuanto más insistía, ellos más lo proclamaban y, en el colmo de la admiración, decían: «Todo lo ha hecho bien: hace oír a los sordos y hablar a los mudos.» Palabra del Señor.
   
Reflexión 
 
Los textos litúrgicos de este domingo, nos llevan a reflexionar sobre la presencia liberadora de Dios en nuestras vidas. Éste es el atributo especialmente señalado, Dios libera a los hombres de su triste condición de desterrados y a la naturaleza de su aridez infecunda (primera lectura). Libera al cristiano de cualquier acepción de personas, porque todos, ricos o pobres, somos iguales delante de Dios (segunda lectura). Libera a los hombres de sus enfermedades del cuerpo y del espíritu: "Todo lo ha hecho bien; hace oír a los sordos y hablar a los mudos" (Evangelio).
 
El camino a seguir. En el evangelio vemos que el estado del sordo es de opresión, de desesperanza, pero su fe y la de sus acompañantes hacen posible que Jesús lo haga pasar de esa opresión infranqueable a la liberación y plenitud de vida. La narración del milagro, nos muestra el camino por el cual se produce el milagro, nos invita a la fe, ya que para Dios no hay nada imposible.
Lo fundamental es ver a través del milagro, la presencia salvadora de Dios. Es la "fe" del que solicita la imposición de manos a Jesús, la que hace el milagro.
 
Querer ser liberado. La liberación posee una fuerza de atracción singular. Es un claro indicio de que el hombre, consciente o inconscientemente, se ve y experimenta a sí mismo, al menos parcialmente, "esclavizado". Digamos que son no pocas las ataduras, en las diversas épocas de la vida, vamos encontrando en el camino de nuestra existencia. Por experiencia se sabe que de esas ataduras, sobre todo de las más hondas y fuertes, no se puede el hombre deshacer por sí mismo. Necesitamos ser liberados. Para ello necesitamos querer ser liberados.
 
Otro aspecto es a quién acudimos para ser liberados. Porque en nuestro mundo y en nuestro medio ambiente hay quizás muchos que se las dan de "liberadores", pero que nos pueden hacer confundir de camino, el verdadero liberador del hombre es Dios.
 
Efatá. ¡Ábrete! (1). El pasaje del Evangelio nos refiere una bella curación obrada por Jesús: «Le presentan un sordomudo que, además, hablaba con dificultad, y le ruegan imponga la mano sobre él. Él, apartándose de la gente, a solas, le puso sus dedos en los oídos y con su saliva le tocó la lengua. Y, levantando los ojos al cielo, dio un gemido, y le dijo: “Efatá!”, que quiere decir: “¡Ábrete!”. Se abrieron sus oídos y, al instante, se soltó la atadura de su lengua y hablaba correctamente».
Jesús no hacía milagros como quien mueve una varita mágica o chasquea los dedos. Aquel «gemido» que deja escapar en el momento de tocar los oídos del sordo nos dice que se identificaba con los sufrimientos de la gente, participaba intensamente en su desgracia, se hacía cargo de ella. En una ocasión, después de que Jesús había curado a muchos enfermos, el evangelista comenta: «Él tomó nuestras flaquezas y cargó con nuestras enfermedades» (Mateo 8, 17).              

Los milagros de Cristo jamás son fines en sí mismos; son «signos». Lo que Jesús obró un día por una persona en el plano físico indica lo que Él quiere hacer cada día por cada persona en el plano espiritual. El hombre curado por Cristo era sordomudo; no podía comunicarse con los demás, oír su voz y expresar sus propios sentimientos y necesidades. Si la sordera y la mudez consisten en la incapacidad de comunicarse correctamente con el prójimo, de tener relaciones buenas y bellas, entonces debemos reconocer enseguida que todos somos, quien más quien menos, sordomudos, y es por ello que a todos dirige Jesús aquel grito suyo: efatá, ¡ábrete! La diferencia es que la sordera física no depende del sujeto y es del todo inculpable, mientras que la moral lo es. Hoy se evita el término «sordo» y se prefiere hablar de «discapacidad auditiva», precisamente para distinguir el simple hecho de no oír de la sordera moral.   
Somos sordos, por poner algún ejemplo, cuando no oímos el grito de ayuda que se eleva hacia nosotros y preferimos poner entre nosotros y el prójimo el «doble cristal» de la indiferencia. Los padres son sordos cuando no entienden que ciertas actitudes extrañas o desordenadas de los hijos esconden una petición de atención y de amor. Un marido es sordo cuando no sabe ver en el nerviosismo de su mujer la señal del cansancio o la necesidad de una aclaración. Y lo mismo en cuanto a la esposa.
Estamos mudos cuando nos cerramos, por orgullo, en un silencio esquivo y resentido, mientras que tal vez con una sola palabra de excusa y de perdón podríamos devolver la paz y la serenidad en casa. Los religiosos y las religiosas tenemos en el día tiempos de silencio, y a veces nos acusamos en la Confesión diciendo: «He roto el silencio». Pienso que a veces deberíamos acusarnos de lo contrario y decir: «No he roto el silencio».     
Lo que sin embargo decide la calidad de una comunicación no es sencillamente hablar o no hablar, sino hablar o no hacerlo por amor. San Agustín decía a la gente en un discurso: Es imposible saber en toda circunstancia qué es lo justo que hay que hacer: si hablar o callar, si corregir o dejar pasar algo. He aquí entonces que se da una regla que vale para todos los casos: «Ama y haz lo que quieras». Preocúpate de que en tu corazón haya amor; después, si hablas será por amor, si callas será por amor, y todo estará bien porque del amor no viene más que el bien.            
La Biblia permite entender por dónde empieza la ruptura de la comunicación, de dónde viene nuestra dificultad para relacionarnos de una manera sana y bella los unos con los otros. Mientras Adán y Eva estaban en buenas relaciones con Dios, también su relación recíproca era bella y extasiante: «Ésta es carne de mi carne...». En cuanto se interrumpe, por la desobediencia, su relación con Dios, empiezan las acusaciones recíprocas: «Ha sido él, ha sido ella...». 
Es de ahí de donde hay que recomenzar cada vez. Jesús vino para «reconciliarnos con Dios» y así reconciliarnos los unos con los otros. Lo hace sobre todo a través de los sacramentos. La Iglesia siempre ha visto en los gestos aparentemente extraños que Jesús realiza en el sordomudo (le pone los dedos en los oídos y le toca la lengua) un símbolo de los sacramentos gracias a los cuales Él continúa «tocándonos» físicamente para curarnos espiritualmente. Por esto en el bautismo el ministro realiza sobre el bautizando los gestos que Jesús realizó sobre el sordomudo: le pone los dedos en los oídos y le toca la punta de la lengua, repitiendo la palabra de Jesús: efatá, ¡ábrete!              
En particular el sacramento de la Eucaristía nos ayuda a vencer la incomunicabilidad con el prójimo, haciéndonos experimentar la más maravillosa comunión con Dios. (1). J A Pagola.
 
Curar la sordera (2). "Efatá", ésta es la única palabra que pronuncia Jesús en todo el relato. No está dirigida a los oídos del sordo sino a su corazón. Sin duda, Marcos quiere que esta palabra de Jesús resuene con fuerza en las comunidades cristianas que leerán su relato. 
Conoce a más de uno que vive sordo a la Palabra de Dios. Cristianos que no se abren a la Buena Noticia de Jesús ni hablan a  nadie de su fe. Comunidades sordomudas que escuchan poco el Evangelio y lo comunican mal. P. Raniero Cantalamessa.
 
El problema es no escuchar. Una persona que no escucha a Dios ni al prójimo es porque está encerrada en su egoísmo y sólo le preocupan sus cosas, tiene una “sordera” más grave aún que la sordera de orden físico.
Cuando esa persona se encuentra con Cristo y descubre que es capaz de escuchar a los demás, se produce un “milagro” tan extraordinario como el que narra el evangelio de hoy, aún cuando no sea visible para otros.
Para escuchar al otro, se necesita: Primero, "querer" escuchar y además requiere dejar que los demás "se expresen", porque si no se expresan no podemos escucharlos, es difícil escuchar a un mudo. Escuchar es mucho más que poner la oreja, es ponerse en el lugar del otro, sentir lo que siente, hacer propio su problema.
En el evangelio de hoy también Jesús devuelve la capacidad de hablar. Es común encontrar ¨mudos¨ que tienen una enorme cantidad de talentos para dar y para darse a la comunidad pero que no se animan a hablar.
También en ese terreno hay milagros, y son muchos los que después de encontrarse con Cristo deciden ponerse al servicio de los demás en alguna actividad parroquial. Son muchos los que se encuentran con Jesús y su Espíritu los mueve a salir de sí mismos para ir hacia los otros y comunicar la Buena Noticia del Evangelio.
 
Pero hablar no es decir cualquier cosa, cuando Jesús nos devuelve el habla, nos la devuelve para que podamos reaccionar cuando vemos algo injusto, intervenir y expresar nuestras ideas,  nuestra fe, nuestros puntos de vista. Jesús hoy nos invita a recuperar el poder de la palabra para expresarnos con madurez y responsabilidad y el poder de escuchar, para que no solamente nos expresemos nosotros, sino que también escuchemos y respetemos la palabra de los otros. Jesús, es nuestro ejemplo. Él fue solidario para escuchar el clamor de los que sufrían y valiente para expresarse ante la autoridad y el pueblo. Nuestro compromiso es pedirle a Dios que nos libere de nuestra sordera y de nuestra mudez y podamos establecer entre los hombres un diálogo maduro para construir una sociedad solidariaAño de la Fe
El Papa Benedicto XVI convoca al año de la fe que Comenzará el 11 de octubre de 2012, en el cincuenta aniversario de la apertura del Concilio Vaticano II, y terminará en la solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo, el 24 de noviembre de 2013

Año de la Fe

El Papa Benedicto XVI convoca al año de la fe que Comenzará el 11 de octubre de 2012, en el cincuenta aniversario de la apertura del Concilio Vaticano II, y terminará en la solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo, el 24 de noviembre de 2013

                                                                                                                                                           Carta  Apostólica Pota Fidei
                                                             del Sumo Pontífice Benedicto XVI

La fe, en efecto, crece cuando se vive como experiencia de un amor que se recibe y se comunica como experiencia de gracia y gozo. Nos hace fecundos, porque ensancha el corazón en la esperanza y permite dar un testimonio fecundo: en efecto, abre el corazón y la mente de los que escuchan para acoger la invitación del Señor a aceptar su Palabra para ser sus discípulos. Como afirma san Agustín, los creyentes «se fortalecen creyendo»…
 
8. En esta feliz conmemoración, deseo invitar a los hermanos Obispos de todo el Orbe a que se unan al Sucesor de Pedro en el tiempo de gracia espiritual que el Señor nos ofrece para rememorar el don precioso de la fe. Queremos celebrar este Año de manera digna y fecunda. Habrá que intensificar la reflexión sobre la fe para ayudar a todos los creyentes en Cristo a que su adhesión al Evangelio sea más consciente y vigorosa, sobre todo en un momento de profundo cambio como el que la humanidad está viviendo. Tendremos la oportunidad de confesar la fe en el Señor Resucitado en nuestras catedrales e iglesias de todo el mundo; en nuestras casas y con nuestras familias, para que cada uno sienta con fuerza la exigencia de conocer y transmitir mejor a las generaciones futuras la fe de siempre. En este Año, las comunidades religiosas, así como las parroquiales, y todas las realidades eclesiales antiguas y nuevas, encontrarán la manera de profesar públicamente el Credo.
 
9. Deseamos que este Año suscite en todo creyente la aspiración a confesar la fe con plenitud y renovada convicción, con confianza y esperanza. Será también una ocasión propicia para intensificar la celebración de la fe en la liturgia, y de modo particular en la Eucaristía, que es «la cumbre a la que tiende la acción de la Iglesia y también la fuente de donde mana toda su fuerza». Al mismo tiempo, esperamos que el testimonio de vida de los creyentes sea cada vez más creíble. Redescubrir los contenidos de la fe profesada, celebrada, vivida y rezada, y reflexionar sobre el mismo acto con el que se cree, es un compromiso que todo creyente debe de hacer propio, sobre todo en este Año.
No por casualidad, los cristianos en los primeros siglos estaban obligados a aprender de memoria el Credo. Esto les servía como oración cotidiana para no olvidar el compromiso asumido con el bautismo. San Agustín lo recuerda con unas palabras de profundo significado, cuando en un sermón sobre la redditio symboli, la entrega del Credo, dice: «El símbolo del sacrosanto misterio que recibisteis todos a la vez y que hoy habéis recitado uno a uno, no es otra cosa que las palabras en las que se apoya sólidamente la fe de la Iglesia, nuestra madre, sobre la base inconmovible que es Cristo el Señor. […] Recibisteis y recitasteis algo que debéis retener siempre en vuestra mente y corazón y repetir en vuestro lecho; algo sobre lo que tenéis que pensar cuando estáis en la calle y que no debéis olvidar ni cuando coméis, de forma que, incluso cuando dormís corporalmente, vigiléis con el corazón».
Continúa….
 
Lecturas de la Semana
 
Lunes  10: 1Cor. 5, 1-8;  Sal 5; Lc. 6, 6-11.
Martes 11: 1Cor. 6, 1-11;  Sal 149; Lc. 6, 12-19.
Miércoles 12: 1Cor. 7, 25-31; Sal 44; Lc. 6, 20-26.
Jueves 13: 1Cor. 8, 1-4.13;  Sal 138; Lc. 6, 27-36.
Viernes 14: Núm.  21, 4b-9; Sal 77; Flp. 2, 6-11;  Jn. 3, 13-17.
Sábado 15: Heb. 5, 7-9; Sal 30; Jn. 3, 13-17.
 
Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las reflexiones: El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y María. Catholic.net, “Claves de Lectio Divina” Proyecto Lectionautas CEBIPAL/CELAM –
 
 
Círculo Peregrino: queremos compartir con vos la Palabra del Señor, por eso podemos ir a tu casa a visitarte a vos o algún familiar enfermo.
Lectio Divina: También podes venir para compartirla  el primer y tercer sábado de cada mes a las 16 hs. en:       
 
Círculo Bíblico San José
Parroquia San José:
Brandsen 4970 Villa Domínico.
 
 
Si  querés recibir la hojita por e-mail pedila a: miencuentroconjesus@yahoo.com.ar
 
 

viernes, 31 de agosto de 2012

Vigésimo segundo domingo durante el año, “Lo que hace impuro al hombre, no es lo que entra por la boca sino las malas acciones que salen del corazón y de la boca del hombre”


Lecturas del 2-09-12
– Ciclo B –

Lectura del libro del Deuteronomio 4, 1-2. 6-8
Moisés habló al pueblo, diciendo:
Y ahora, Israel, escucha los preceptos y las leyes que yo les enseño para que las pongan en práctica. Así ustedes vivirán y entrarán a tomar posesión de la tierra que les da el Señor, el Dios de sus padres. No añadan ni quiten nada de lo que yo les ordeno. Observen los mandamientos del Señor, su Dios, tal como yo se los prescribo.          
Obsérvenlos y pónganlos en práctica, porque así serán sabios y prudentes a los ojos de los pueblos, que al oír todas estas leyes, dirán: «¡Realmente es un pueblo sabio y prudente esta gran nación!»
¿Existe acaso una nación tan grande que tenga sus dioses cerca de ella, como el Señor, nuestro Dios, está cerca de nosotros siempre que lo invocamos? ¿Y qué gran nación tiene preceptos y costumbres tan justas como esta Ley que hoy promulgo en presencia de ustedes? Palabra de Dios.

Salmo 14
R. Señor, ¿quién se hospedará en tu Carpa?
El que procede rectamente y practica la justicia; el que dice la verdad de corazón y no calumnia con su lengua.  R.
El que no hace mal a su prójimo  ni agravia a su vecino, el que no estima a quien Dios reprueba y honra a los que temen al Señor.  R.
El que no presta su dinero a usura ni acepta soborno contra el inocente. El que procede así, nunca vacilará.  R.

Carta del apóstol Santiago 1, 17-18. 21b. 22. 27
Queridos hermanos: Todo lo que es bueno y perfecto es un don de lo alto y desciende del Padre de los astros luminosos, en quien no hay cambio ni sombra de declinación. El ha querido engendrarnos por su Palabra de verdad, para que seamos como las primicias de su creación.
Reciban con docilidad la Palabra sembrada en ustedes, que es capaz de salvarlos. Pongan en práctica la Palabra y no se contenten sólo con oírla, de manera que se engañen a ustedes mismos.
La religiosidad pura y sin mancha delante de Dios, nuestro Padre, consiste en ocuparse de los huérfanos y de las viudas cuando están necesitados, y en no contaminarse con el mundo. 
Palabra de Dios.
Evangelio según san Marcos 7, 1-8. 14-15. 21-23
Los fariseos con algunos escribas llegados de Jerusalén se acercaron a Jesús, y vieron que algunos de sus discípulos comían con las manos impuras, es decir, sin lavar. Los fariseos, en efecto, y los judíos en general, no comen sin lavarse antes cuidadosamente las manos, siguiendo la tradición de sus antepasados; y al volver del mercado, no comen sin hacer primero las abluciones. Además, hay muchas otras prácticas, a las que están aferrados por tradición, como el lavado de los vasos, de las jarras y de la vajilla de bronce.
Entonces los fariseos y los escribas preguntaron a Jesús: «¿Por qué tus discípulos no proceden de acuerdo con la tradición de nuestros antepasados, sino que comen con las manos impuras?»        
El les respondió: «¡Hipócritas! Bien profetizó de ustedes Isaías, en el pasaje de la Escritura que dice: Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. En vano me rinde culto: las doctrinas que enseñan no son sino preceptos humanos. Ustedes dejan de lado el mandamiento de Dios, por seguir la tradición de los hombres.»
Y Jesús, llamando otra vez a la gente, les dijo: «Escúchenme todos y entiéndanlo bien. Ninguna cosa externa que entra en el hombre puede mancharlo; lo que lo hace impuro es aquello que sale del hombre. Porque es del interior, del corazón de los hombres, de donde provienen las malas intenciones, las fornicaciones, los robos, los homicidios, los adulterios, la avaricia, la maldad, los engaños, las deshonestidades, la envidia, la difamación, el orgullo, el desatino. Todas estas cosas malas proceden del interior y son las que manchan al hombre.»  Palabra del Señor.
Reflexión 
Las lecturas de este domingo,  nos proponen reflexionar sobre temas como: ¿Qué es ser puro de corazón? ¿Dónde se produce el origen de la “impureza”? ¿Como son las acciones de nuestras vidas, siguen el pensamiento de Jesús o fingimos ser discípulos del Señor, pero en nuestro interior anidan otras ideas?
Lo que nos eleva a Dios. Es antigua la tentación de considerar que lo esencial de una religión está en el cumplimiento de ciertas formalidades rituales, y no en la asunción de sus principios vitales. También esta tentación acompañó al «pueblo de Dios», Israel -como a muchos otros pueblos, desde tiempos inmemoriales. Sin embargo, como nos recuerda el Salmo, no son los muchos ornamentos ni el boato de las celebraciones lo que nos eleva a Dios, sino la justicia, la honestidad, la recta intención y el respeto. Anunciar la justicia y vivirla en el día a día constituye la exigencia fundamental de las Escrituras. Los rituales, las prescripciones, las ceremonias nos pueden ayudar a continuar por el camino de Dios, pero no pueden sustituirlo. Por esta razón, la exhortación que Moisés dirige a su pueblo se centra en la necesidad que tiene el pueblo de Dios de hacer una clara opción por el Dios de la libertad y por la justicia que los ha sacado de Egipto. De lo contrario, el sueño de la «tierra prometida» se puede convertir en una cruel pesadilla.
Que no sean solo a palabras y signos. En la religión judía, un punto muy importante era mantenerse puro, pues no se podía participar en el culto sin poseer ese estado de pureza. La palabra pureza no tenía para ellos el mismo sentido que le damos ahora. Hombre puro era el que no se había contaminado, ni siquiera por inadvertencia, con alguna de las cosas prohibidas por la Ley, por ejemplo, la carne de cerdo y de conejo era considerada impura: no se debía comer; Una mujer durante su menstruación o cualquier persona que tuviese hemorragias eran tenidas por impura durante un determinado número de días, y nadie debía ni tocarlas siquiera; Un leproso era impuro hasta que sanara, etc. Todo el que se hubiera manchado con esas cosas, aunque no fuera por culpa suya, tenía que purificarse, habitualmente con agua, cuarentenas y otras veces pagando sacrificios.
Estas leyes habían sido muy útiles en un tiempo para acostumbrar al pueblo judío a vivir en forma higiénica. Servían, además, para proteger la fe de los judíos que vivían en medio de pueblos que no conocían a Dios. Pero con el tiempo, el pueblo judío se había cargado de normas. Pero en la época de Jesús, muchas de esas normas, eran sólo signos exteriores, que perdían de vista lo verdaderamente importante.
En el evangelio de hoy, estas costumbres aparentemente no son realizadas por los discípulos de Jesús. Es así que algunos fariseos y maestros de la ley se acercan al Señor cuestionándolo por esta actitud de sus seguidores. El Señor va a reaccionar de manera muy firme y clara acusándolos de hipócritas.
Hipócrita, etimológicamente viene del griego y significa “interpretar un determinado papel protagónico”. Hacer un papel protagónico en una obra de teatro o en cualquier ficción está muy bien: el actor actúa un determinado personaje con particulares características que no tienen porqué coincidir con lo que él es en realidad (una persona muy buena puede hacer el papel de malo en una película). El problema es cuando el hombre juega un papel distinto del que realmente se es en su interior, en la vida real y concreta. El hipócrita es entonces el que tiende a fingir en la vida, es falso en las acciones de su vida. Jesús es muy duro con esta expresión y la refuerza con dos elementos más. En primer lugar cita un texto de Isaías donde Dios invalida la alabanza y obediencia del pueblo porque éstas se reducen solo a palabras, dado que en realidad el pueblo “nunca piensa” en su Dios. En segundo lugar dirá que el gran problema es que desobedecen los mandamientos más importantes para quedarse en meras enseñanzas humanas.
¿Qué es ser puro de corazón? Los últimos versículos están destinados a todos: “Jesús llamó a la gente”, a raíz de la cuestión suscitada con las costumbres de los antepasados, el Señor aprovecha para dejar en claro que lo que hace impuro al hombre ante Dios, no es lo que entra por la boca sino las malas acciones que salen del corazón y de la boca del hombre. Jesús les muestra que lo que verdaderamente es importante no es tener “limpias” las manos, sino el corazón:'Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios' (Mt 5, 8).
De este modo, Cristo dirige al corazón humano una llamada: lo invita, no lo acusa. Cristo ve en el corazón, en lo íntimo del hombre, la fuente de la pureza pero también de la impureza moral en el significado fundamental y más genérico de la palabra.
El Señor nos quiere libres, dispuestos a cambiar aquello que haya que cambiar, para no perder lo verdaderamente importante. Lo que debe gobernar nuestros actos es el amor al prójimo y la rectitud de intención en toda circunstancia.
Conectado con todo este tema está aquel otro de «la letra y el espíritu»: la letra es el detalle de lo mandado, la prescripción, el rito, la acción concreta... El espíritu es el sentido con el que ha sido concebida aquella práctica concreta, y la vivencia con la que debe ser vivida. Por eso se dice que la letra mata, mientras que el espíritu vivifica. La letra sería un medio, mientras que el espíritu es un fin.
Hoy. La carta de Santiago nos pone en guardia contra una religión que no encarne los valores del Evangelio. La palabra escuchada en la Sagrada Escritura debe ser discernida según el Espíritu para vivirla dócilmente en la vida cotidiana.
El cristianismo no es una formalidad social que cumplir, ni un ritual más en las prácticas piadosas de una cultura, pero si se manifiesta como una opción vital que requiere del compromiso íntegro de la persona. Jesús nos invita a redescubrir la esencia del cristianismo en nuestra opción por construir la Utopía de Dios -lo que él llamaba «Malkuta Yavé», Reino de Dios- y por vivir de acuerdo con los principios del evangelio. Todas nuestras normas y protocolos están al servicio de una auténtica vivencia de sus enseñanzas. Nosotros no debemos renunciar a una vida auténtica y creativa para seguirlo a él. Todo lo contrario. Debemos recrear aquí ya ahora toda la novedad de su profecía y toda la radicalidad de su amor incondicional por los excluidos.



Año de la Fe

El Papa Benedicto XVI convoca al año de la fe que Comenzará el 11 de octubre de 2012, en el cincuenta aniversario de la apertura del Concilio Vaticano II, y terminará en la solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo, el 24 de noviembre de 2013
Carta  Apostólica Pota Fidei 

del Sumo Pontífice Benedicto XVI
6. La renovación de la Iglesia pasa también a través del testimonio ofrecido por la vida de los creyentes: con su misma existencia en el mundo, los cristianos están llamados efectivamente a hacer resplandecer la Palabra de verdad que el Señor Jesús nos dejó. Precisamente el Concilio, en la Constitución dogmática Lumen gentium, afirmaba: «Mientras que Cristo, “santo, inocente, sin mancha” (Hb 7, 26), no conoció el pecado (cf. 2 Co 5, 21), sino que vino solamente a expiar los pecados del pueblo (cf. Hb 2, 17), la Iglesia, abrazando en su seno a los pecadores, es a la vez santa y siempre necesitada de purificación, y busca sin cesar la conversión y la renovación. La Iglesia continúa su peregrinación “en medio de las persecuciones del mundo y de los consuelos de Dios”, anunciando la cruz y la muerte del Señor hasta que vuelva (cf. 1 Co11, 26). Se siente fortalecida con la fuerza del Señor resucitado para poder superar con paciencia y amor todos los sufrimientos y dificultades, tanto interiores como exteriores, y revelar en el mundo el misterio de Cristo, aunque bajo sombras, sin embargo, con fidelidad hasta que al final se manifieste a plena luz».
En esta perspectiva, el Año de la fe es una invitación a una auténtica y renovada conversión al Señor, único Salvador del mundo. Dios, en el misterio de su muerte y resurrección, ha revelado en plenitud el Amor que salva y llama a los hombres a la conversión de vida mediante la remisión de los pecados (cf. Hch 5, 31). Para el apóstol Pablo, este Amor lleva al hombre a una nueva vida: «Por el bautismo fuimos sepultados con él en la muerte, para que, lo mismo que Cristo resucitó de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en una vida nueva» (Rm 6, 4). Gracias a la fe, esta vida nueva plasma toda la existencia humana en la novedad radical de la resurrección. En la medida de su disponibilidad libre, los pensamientos y los afectos, la mentalidad y el comportamiento del hombre se purifican y transforman lentamente, en un proceso que no termina de cumplirse totalmente en esta vida. La «fe que actúa por el amor» (Ga 5, 6) se convierte en un nuevo criterio de pensamiento y de acción que cambia toda la vida del hombre (cf. Rm 12, 2; Col 3, 9-10; Ef 4, 20-29; 2 Co 5, 17).
7. «Caritas Christi urget nos» (2 Co 5, 14): es el amor de Cristo el que llena nuestros corazones y nos impulsa a evangelizar. Hoy como ayer, él nos envía por los caminos del mundo para proclamar su Evangelio a todos los pueblos de la tierra (cf. Mt 28, 19). Con su amor, Jesucristo atrae hacia sí a los hombres de cada generación: en todo tiempo, convoca a la Iglesia y le confía el anuncio del Evangelio, con un mandato que es siempre nuevo. Por eso, también hoy es necesario un compromiso eclesial más convencido en favor de una nueva evangelización para redescubrir la alegría de creer y volver a encontrar el entusiasmo de comunicar la fe. El compromiso misionero de los creyentes saca fuerza y vigor del descubrimiento cotidiano de su amor, que nunca puede faltar. La fe, en efecto, crece cuando se vive como experiencia de un amor que se recibe y se comunica como experiencia de gracia y gozo…
Continúa….
Lecturas de la Semana
Lunes  3: 1Cor. 2, 1-5;  Sal 118; Lc. 4, 16-30.
Martes 4: 1Cor. 2, 10b-16;  Sal 144; Lc. 4, 31-37.
Miércoles 5: 1Cor. 3, 1-9; Sal 32; Lc. 4, 38-44.
Jueves 6: 1Cor. 3, 18-23;  Sal 23; Lc. 5, 1-11.
Viernes 7: 1Cor. 4, 1-5; Sal 36;  Lc. 5, 33-39.
Sábado 8: Miq. 5, 1-4; Sal 12; Mt. 1, 1-6. 18-23.
Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las reflexiones: El libro del Pueblo de Dios. Unos momentos con Jesús y María. Servicio Bíblico latinoamericano.
Círculo Peregrino: queremos compartir con vos la Palabra del Señor, por eso podemos ir a tu casa a visitarte a vos o algún familiar enfermo.
Lectio Divina: También podes venir para compartirla  el primer y tercer sábado de cada mes a las 16 hs. en:       
Círculo Bíblico San José
Parroquia San José:
Brandsen 4970 Villa Domínico.
Si  querés recibir la hojita por e-mail pedila a: miencuentroconjesus@yahoo.com.ar