Sábado 19 de febrero, Mc 9, 2-13.
¡Con su Palabra, Jesús se nos revela y sale a nuestro encuentro, para que experimentemos al Dios de la vida!
Viernes 18 de febrero, Mc 8, 34-9,1
Jueves
17 de febrero, Mc 8, 27 – 33.
En el evangelio: Jesús y sus discípulos en camino, en misión.
Jesús quiere saber quién es el para ellos, actualizar siempre la razón del
seguimiento.
Haciendo vida la Palabra: El reproche de Jesús señala qué camino tengo que seguir: pensar como Dios piensa, mirar como él mira, amar como él ama, acoger como él acoge y entregarlo todo como él lo ha entregado. Esa es la tarea y al mismo tiempo la misión.
Hoy, cada día escucho la Palabra que alimenta e ilumina mi espíritu,
pero llega el momento difícil, donde tengo que elegir, entre seguir los pasos
de Jesús y vivir de acuerdo con los pensamientos de Dios o los de este mundo. ¿Cuál
es mi respuesta? ¿A que estoy dispuesto a renunciar de este mundo para seguir
los pasos de Jesús? Ref. Dominicos.org; Engeli.net
Miércoles
16 de febrero, Mc 8, 22 – 26.
En
el evangelio: Jesús y sus discípulos llegaron a Betsaida, y le trajeron a un
ciego pidiéndole que lo tocase.
Haciendo vida la Palabra: La curación del ciego en dos
etapas muestra que no siempre es la fe una iluminación instantánea, sino que,
frecuentemente requiere un itinerario que nos acerque a la luz y nos haga ver
claro.
Jesús se lo lleve fuera ¿no nos indicará esto que para
escuchar la Palabra de Dios y ver la realidad en Cristo, debemos salir de los
espacios y tiempos ruidosos que nos ahogan y desvían nuestra atención?
“Yo soy la luz del mundo el que viene detrás de mí no
andará en tinieblas”.
Hoy, en las cuestiones más importantes de mi vida, como
saber de dónde venimos, hacia dónde vamos, qué tenemos que hacer para encontrar
la felicidad ante las distintas circunstancias de la vida, qué valores vivir… ¿sufrimos
ceguera, lo vemos todo claro? Ref. Dominicos.org; Engeli.net
Martes 15 de febrero, Mc 8, 14 – 21.
En
el evangelio: Todos en la barca, los discípulos discutiendo por el pan; Jesús,
el Maestro quiere que entendamos el alcance de sus Palabras, sigue con sus enseñanzas.
Haciendo vida la Palabra: El Maestro me quiere despierto,
que no me quede solamente en las pequeñas cosas materiales. El Maestro me
llama a liberar mi corazón, a ver y oír lo que está aconteciendo, a leer la
realidad y sus protagonistas, a confiar en que el Padre nunca me va a dejar, a
estar atentos porque el mal también tiene su levadura y también crece. (Ref.: dominicos.org).
Hoy,
¿entiendo las Palabras de Jesús, puedo oír y ver lo que está pasando a mi
alrededor? O ¿mis pensamientos están en otra cosa, alejándome de Dios?
En
el evangelio: Los fariseos quieren discutir con Jesús. Jesús, sigue con sus
enseñanzas y no entra en la discusión.
Haciendo vida la Palabra: Estar atentos en la escucha de su Palabra y en las obras que
hace Jesús, para descubrir la presencia del Dios de la Vida.
Jueves
10 de febrero, Mc 7, 24 – 30.
En
el evangelio: La mujer pagana que oyó sobre las sanaciones que Jesús venía
realizando, va a su encuentro, necesita ponerse en contacto con Él. Jesús y sus
discípulos van misionando.
Haciendo vida
la Palabra: guiado por el amor, con la esperanza de sanar y con fe en Jesús que
puede obrar en mi vida, voy en busca de su encuentro.
Hoy
me pregunto si a igual que la mujer pagana al oír hablar de Jesús, ¿voy a su encuentro?
¿Qué cosas de la vida diaria me lo impiden?
Miércoles
9 de febrero, Mc 7,14-23,
En
el evangelio: la gente que busca conocer más lo que dice Jesús, Jesús sigue con
su misión de transmitir la Sabiduría de Dios, y los discípulos que no logran
todavía entender todo el conocimiento que escuchan.
Haciendo vida la Palabra: Es del corazón de donde brotan todas nuestras decisiones y acciones. De
un corazón malo brotarán acciones malas: “los malos propósitos, las fornicaciones,
los robos, los homicidios…”. De un corazón bueno brotará sólo bondad y acciones
buenas.
¿Cómo
estoy hoy con las cosas que salen de mi corazón: fornicaciones, adulterios,
avaricias, maldades, libertinaje, envidia, injuria, insolencia, insensatez. Y
con mi dialogo con Dios y el prójimo?
Martes
8 de febrero, Mc 7,1-13,
En el evangelio: Los discípulos de Jesús comen sin seguir
las normas de la tradición, Jesús que nos ayuda a discernir lo que es importante,
los escribas y fariseos que respetan las normas de su tradición y critican
anulando el sentido de la Palabra de Dios.
Haciendo vida la Palabra: Si en mi corazón habita Dios, voy a
vivir de acuerdo con sus mandatos, es decir guiado por su Amor, que recibo gratuitamente
y lo comparto de la misma manera y de esa forma ir creciendo en una vida que me
haga sentir puro y pleno.
¿Qué siento hoy, “honro a Dios con los labios, pero su
corazón está lejos de mí? ¿Qué me diría hoy Jesús? ¿y a nuestras comunidades
cristianas?
En el evangelio: Jesús y los discípulos: Los enfermos que
buscan sanación. Sanación y Palabras que dan sentido a la Vida.
Haciendo vida la Palabra: Hoy es tocarlo, lograr contacto con el
Dios de la vida, que da esperanza de una situación mejor, y poner mi confianza
en Él.
¿Por qué los enfermos buscan a Jesús? Y en mí que genera la presencia de Jesús?
¿Permito que Jesús me sane? ¿Cómo?
En el Evangelio: La predica de Jesús se empieza a hacerse conocida;
Juan, el enviado fiel de Dios; Herodes, preso de sus debilidades y ansias de
poder.
Haciendo vida la Palabra: es darles
un lugar a las cosas de Dios, experimentarlas en mi vida, defenderlas (Juan);
no matar las palabras recibidas y que me gustan haciendo otra cosa por lo que
dirán los demás (Herodes).
Quien es Jesús para mí? (Juan, Elías,
un profeta, Dios echo hombre…?)
¿Qué Verdades de Dios me cuesta aceptar que contradicen mis
verdades, que me molestan y por eso no las quiero enfrentar y las quiero
eliminar de mi vida?
Jueves
3 febrero, Mc 6, 7-13
En el evangelio: Jesús me llama a ser parte de su misión, de
su plan de Salvación, de llevar la buena nueva y sanar a los necesitados. Para
ello me comparte su conocimiento y su poder sobre los espíritus impuros.
Haciendo vida la Palabra: es compartir
del Amor recibido de parte de él, de parte de Dios de la Vida, es dar
testimonio de su presencia en mi vida (que cambió en mi vida?). Si es bueno
para mí, podrá ser bueno para otro?
Hoy ¿siento el llamado de Jesús? ¿Qué es lo que podría
compartir con el otro de lo recibido?
La lectura orante de la Palabra, más que una reflexión, es una experiencia de encuentro personal e íntimo con Dios, que nos ama y sale a nuestro encuentro. Estos pasos nos van llevando al mismo interior de la Palabra. Cómo orar con la Palabra de Dios:
1. Invoco al Espíritu Santo. Le pido que me ilumine y abra a la comprensión de la Palabra y que me anime a la respuesta con mi vida.
2. Leo muy despacio el texto bíblico. Vuelvo a leerlo. Leo también comentarios y reflexiones que me ayuden a conocer mejor el sentido del texto. Le doy tiempo al Señor y escucho el mensaje que Él quiere darme en esta Palabra. ¿Qué dice la Palabra?
3. Medito qué me dice la Palabra que he leído lentamente. Una vez que haya captado el sentido del texto, entonces puedo hacerme esta pregunta: ¿Qué me dice esta Palabra? ¿Qué me dice a mí?
4. Oro, respondo al Señor que me ha dado su mensaje en la Palabra meditada. Que mi actitud sea la de la Virgen María: Hágase en mí según tu Palabra. ¿Qué le digo al señor?
5. Actúo haciendo un compromiso que brote de este encuentro con el Señor. Es el salto a la vida. Animado e invadido por la Palabra regreso a la vida con mi nuevo entendimiento.
Ven Señor Jesús, te necesitamos.
Lectio Divina
La Lectio Divina más que un método de lectura y oración de la Biblia, es una experiencia de Dios, pues a partir del conocimiento del texto escrito, se busca la experiencia fundante que está como base de toda la revelación. En sí todo texto escrito es fruto de una experiencia vivencial del escritor sagrado que ha vivido y experimentado él o el pueblo, una experiencia de encuentro y conocimiento de Dios que lo ha marcado y ha tenido la capacidad de transmitir aquello que ha sido determinante en su vida o en el de la comunidad como ser el descubrir la presencia de Dios en los acontecimientos en la revelación explícita. Este hecho que ha sido impactante y que lo ha llevado a conocer al Señor que lo ha tocado y marcado, lo ha puesto por escrito. De ahí, que el texto en sí mismo es una experiencia de Dios, en la que el creyente al acercarse al texto escrito debería hacer su propia experiencia de Dios, partiendo del texto revelado, buscar el encuentro vivencial con el Señor.
La lectio divina como proceso de búsqueda, es una experiencia mística, donde no entra únicamente lo intelectual, sino que es una experiencia de Dios en el hoy, aquí y ahora. No es suficiente conocer lo que han sentido y vivido otros personajes si uno mismo no es capaz de hacer esa experiencia. Es esto lo que posibilita y facilita la Lectio Divina, pues por medio de una lectura gradual del texto se va profundizando y adentrando en el mensaje que transmite buscando al Señor de la Vida que se da a conocer por medio de esa revelación. Es por eso que la Lectio Divina no es simplemente un método de lectura, que se limita y agota en el texto escrito, sino que partiendo del texto de la Escritura favorece la búsqueda del Señor, siendo Él el sentido de toda la lectura y de la búsqueda.La Lectio Divina, si bien trabaja el texto escrito, lo profundiza, lo reflexiona, lo reza, siempre tiene la perspectiva de la vida, siempre busca aplicar esa palabra al día a día, a hacer vida aquello que fue conocido por medio de la Escritura. Para los cristianos el texto bíblico no es meta en sí misma, no buscamos apenas conocer cosas de la Biblia para repetirlos mecánicamente, sino que la finalidad y la meta de la revelación es la adhesión consciente, libre y amorosa a Aquel que se nos ha revelado en las Escrituras. Es por esto, que decimos que la Lectio Divina nos introduce a una experiencia de Encuentro con el Señor por medio de pasos que van profundizando el texto bíblico.
Pues es sabido que lo fundamental no es saber cosas de la Biblia, sino vivirlas y hacerlas actitudes y gestos concretos, actualizando la vida y el proyecto de Jesús.
Ref. Sociedades Bíblicas Unidas
Ven Señor Jesús, te necesitamos.
Para el cristiano la persona de Jesucristo es el centro que da sentido a su vida. Podemos recordar la frase del Santo Padre en Aparecida: “No se comienza a ser cristiano, nos decía, por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva” (Ap. 243). Ahora bien, la pregunta importante es saber:
¿Dónde me encuentro hoy con Jesucristo?
Esta pregunta nos permite descubrir uno de los modos que él ha elegido para permanecer con nosotros, su Palabra, que es la Palabra de Dios.
Esta presencia de Jesucristo a través de su Palabra no tiene sólo un contenido doctrinal, sino que es para nosotros un acontecimiento que nos permite hoy entrar en comunión viva con él. La Biblia no es un libro del pasado, algo histórico, sino un acontecimiento que se hace presencia para quién la lee con un corazón abierto, este es el principio de la fe. La Palabra de Dios que se hizo realidad humana y divina en la persona de Jesucristo, es nuestro primer lugar de encuentro con él. Para esto he venido, nos dirá, para ser el Camino, la Verdad y la Vida de cada uno de ustedes. Como vemos, el lugar que ocupa la Palabra de Dios en un cristiano es único y central. Por ello se dice que el cristianismo no es tanto el camino del hombre hacia Dios, sino el camino de Dios hacia el hombre.
A este camino de Dios lo encontramos en la Biblia. Este
venir de Dios hacia nosotros requiere una actitud que ponga el acento en la
escucha de su Palabra. No estamos frente a un libro de historia
sino ante un libro de Vida, que para quien la recibe con un corazón abierto se
convierte en fuente de luz, de sentido, de alegría y de paz. La Palabra de Dios
tiene que ver con la verdad del hombre, porque hemos sido creados a su “imagen
y semejanza”. Dios no es ajeno al hombre, es su creador, por ello en él
encontramos el sentido de nuestras vidas. San Agustín, decía: “Mi corazón
estuvo inquieto, Señor, hasta que no te encontró a Ti”. Con cuánta sabiduría
canta el salmista: “Tu Palabra Señor es la verdad y la luz de mi vida”. O el
profeta Jeremías: “Cuando se presentaban tus palabras, decía, yo las devoraba,
porque tus palabras eran mi gozo y la alegría de mi corazón” (15, 16).
Esta Palabra alcanzó su plenitud y cercanía a nosotros en la
persona de Jesucristo, que es el Hijo de Dios hecho hombre. La vida cristiana,
recordemos, no nace de una doctrina sino del encuentro con la persona de
Jesucristo. Aquí adquiere todo su valor la lectura de los Evangelios, que es la
Palabra de Dios manifestada por su propio Hijo. Es una Palabra que tiene por
destinatario el corazón de cada uno de nosotros.
Esta Palabra, por otra parte, alcanza toda su plenitud
cuando se convierte en un diálogo personal con el mismo Señor, se hace oración
y en ella vamos descubriendo el sentido de nuestra vida desde Dios. Así nos
descubrimos como parte de un proyecto, es decir, mi vida tiene un sentido, no
soy una casualidad, soy un hijo amado por Dios. Sólo desde Dios nuestra vida
adquiere toda su dignidad y la grandeza de una vocación.