Intención para la evangelización ‐

Intenciones de oración de septiembre: Oremos por una gestión justa y sostenible del agua, recurso vital, para que todos tengan acceso equitativo a ella.

"Todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre"

"Todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre" Mt 7, 7-8. No sé qué quería, pero había algo en mí que me movía a buscar, tal vez que las cosas tengan sentido, y te encontré. Me cuestionaba sobre la vida y me diste tu sabiduría para que pueda encontrar alegría y paz. Ante mis miedos y dudas, te pido que me acompañes en mi peregrinar y me das tu Espíritu Santo, el mismo que te acompaño a vos, hoy me acompaña a mí, me asiste y guía. Hoy sigo buscando más de tu Palabra, de la Verdad y el camino, con la confianza puesta en vos, Dios mío, sé que estás presente en mi vida. Ven Señor Jesús, te necesito.

Del libro de la Sabiduría 6, 12-16

Del libro de la Sabiduría 6, 12-16: La Sabiduría es luminosa y nunca pierde su brillo: se deja contemplar fácilmente por los que la aman y encontrar por los que la buscan. Ella se anticipa a darse a conocer a los que la desean. El que madruga para buscarla no se fatigará, porque la encontrará sentada a su puerta. Meditar en ella es la perfección de la prudencia, y el que se desvela por su causa pronto quedará libre de inquietudes. La Sabiduría busca por todas partes a los que son dignos de ella, se les aparece con benevolencia en los caminos y le sale al encuentro en todos sus pensamientos.

miércoles, 9 de septiembre de 2020

¡Felices ustedes, los pobres, porque el Reino de Dios les pertenece!

San Lucas 6,20-26.

Jesús, fijando la mirada en sus discípulos, dijo: «¡Felices ustedes, los pobres, porque el Reino de Dios les pertenece!
¡Felices ustedes, los que ahora tienen hambre, porque serán saciados! ¡Felices ustedes, los que ahora lloran, porque reirán!
¡Felices ustedes, cuando los hombres los odien, los excluyan, los insulten y los proscriban, considerándolos infames a causa del Hijo del hombre!  
¡Alégrense y llénense de gozo en ese día, porque la recompensa de ustedes será grande en el cielo. De la misma manera los padres de ellos trataban a los profetas!  
Pero ¡ay de ustedes los ricos, porque ya tienen su consuelo! ¡Ay de ustedes, los que ahora están satisfechos, porque tendrán hambre! ¡Ay de ustedes, los que ahora ríen, porque conocerán la aflicción y las lágrimas!
¡Ay de ustedes cuando todos los elogien! ¡De la misma manera los padres de ellos trataban a los falsos profetas!» Palabra de Dios. 
 

Nuestra oración se eleva hoy por los más desfavorecidos, por los faltos de ilusión, por los que no tienen para comer, por los que tienen el corazón quebrado por el sufrimiento y el dolor… para que Dios presente en nuestras vidas, nos ayude a construir un mundo mejor. Ven Señor Jesús, te necesito.  

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martes, 8 de septiembre de 2020

Natividad de La Virgen María


San Mateo 1,1-16.18-23. Este fue el origen de Jesucristo: María, su madre, estaba comprometida con José y, cuando todavía no habían vivido juntos, concibió un hijo por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, que era un hombre justo y no quería denunciarla públicamente, resolvió abandonarla en secreto. Mientras pensaba en esto, el Angel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: "José, hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa, porque lo que ha sido engendrado en ella proviene del Espíritu Santo. Ella dará a luz un hijo, a quien pondrás el nombre de Jesús, porque él salvará a su Pueblo de todos sus pecados".  Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que el Señor había anunciado por el Profeta: La Virgen concebirá y dará a luz un hijo a quien pondrán el nombre de Emanuel, que traducido significa: "Dios con nosotros". Palabra del Señor

María, estrella del mar

Por designio de la Providencia divina ella fue llamada María, estrella del mar, para declarar con su nombre lo que muestra claramente la realidad. (…) Revestida de belleza y también de fuerza, está coronada, pudiendo calmar con un gesto los movimientos formidables del mar. Los que navegan en el mar del mundo presente y la invocan con plena confianza, los arranca del viento de la tempestad y del furor de los huracanes. Los conduce con ella, triunfantes, a la orilla de la bienaventurada patria. Mis queridos, no podríamos decir cuantas veces muchos chocarían con las rocas más abruptas, con el riesgo de hundirse, y otros golpearían contra los peores escollos sin poder volver, (…) si no fuera por la presencia de la estrella del mar, María siempre virgen. Ella se pone con su potente ayuda frente al timón roto y la barca destrozada y privada de toda ayuda humana, para dirigirlos con su celeste guía al puerto de la paz interior. Llena de alegría por los nuevos triunfos, la reciente liberación de condenados y el renovado incremento de pueblos, ella celebra en el Señor. (…) María resplandece y se distingue por su doble caridad. Está ardientemente fijada en Dios, adhiere y forma un único espíritu con él. Por otro lado, atrae y consuela tiernamente el corazón de los elegidos y les comparte los dones excelentes venidos de la generosidad de su Hijo. (San Amadeo de Lausanne, 1108-1159, monje cisterciense, obispo, Evangelio del día)

Celebrar la natividad de la Virgen María nos sitúa ante la figura de la Madre del Señor, para aprender a estar disponibles para acoger y aceptar lo que Dios tiene reservado a cada uno, asumiendo con todas las consecuencias, la colaboración con la obra de la salvación.

¿Qué significado tiene en nuestra vida la figura de María, la Madre del Señor y de la Iglesia? (Dominicos.org)

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lunes, 7 de septiembre de 2020

"Extiende tu mano".

San Lucas 6,6-11.

Otro sábado, entró en la sinagoga y comenzó a enseñar. Había allí un hombre que tenía la mano derecha paralizada.
Los escribas y los fariseos observaban atentamente a Jesús para ver si curaba en sábado, porque querían encontrar algo de qué acusarlo. Pero Jesús, conociendo sus intenciones, dijo al hombre que tenía la mano paralizada: "Levántate y quédate de pie delante de todos". El se levantó y permaneció de pie.
Luego les dijo: "Yo les pregunto: ¿Está permitido en sábado, hacer el bien o el mal, salvar una vida o perderla?".
Y dirigiendo una mirada a todos, dijo al hombre: "Extiende tu mano". El la extendió y su mano quedó curada.
Pero ellos se enfurecieron, y deliberaban entre sí para ver qué podían hacer contra Jesús. Palabra de Dios
 

Una de las actitudes que Jesús rechaza con más fuerza es la hipocresía. Es la actitud de la gente que quiere aparentar que son buenos, inteligentes o rectos, para luego comportarse al contrario de lo que profesan ser. Esta es la actitud de los escribas en este Evangelio. Jesús llama al hombre enfermo para hacer una obra buena en él. Los escribas quieren acusarle por curar en sábado, que estaba prohibido por la Ley de Moisés. 

“¿salvar una vida o dejarla perder?”. Dejemos que Jesús también nos mire, nos ilumine en las motivaciones e intereses que rigen nuestras decisiones y actuar de cada día. Dejemos resonar estas preguntas dentro de cada uno y que surja con sinceridad nuestra respuesta. Allí, en el lugar donde se meditaba la Palabra, Él quiere que aparezca el cuestionamiento: la Palabra de Dios no fue dada para dejarnos paralizados, sino para traernos vida y salud.

El sábado que Jesús presenta es el sábado mesiánico, no el sábado legalista; las curaciones realizadas por él son signos del tiempo mesiánico, de la restauración y liberación del hombre. (Dominicos.org, Catholic.net, Orden de las Carmelitas)

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sábado, 5 de septiembre de 2020

Septiembre mes de la Biblia, “Aquí tienes a tu Madre”

1- Una experiencia personal de búsqueda espiritual.  Queremos compartir una convicción, el ser humano necesita recuperar su dimensión espiritual. Vivimos tiempos difíciles y de grandes paradojas. Tenemos a nuestra disposición posibilidades, comodidades y adelantos tecnológicos ni siquiera imaginados hace sólo unas décadas. Sin embargo, vivimos en un mundo con grandes desorientaciones: crisis económicas, sociales, ecológicas y políticas, pobreza, exclusión, marginación, violencia, crisis de sentido… Medio mundo se muere de hambre y sed, y podría alimentarse con lo que le sobra al otro medio.

Nuestra sociedad parece que ha optado por buscar la felicidad y el sentido de la existencia en los valores más materiales e individualistas de la técnica, el consumo, el poder, el control, la seguridad, el éxito, el dinero… Los valores más inmateriales como la espiritualidad, la cultura, la ética, la naturaleza, el amor, la solidaridad…quedan en un alejado segundo plano. Sin embargo, la desorientación personal y social permanece y crece.

Todas o la inmensa mayoría de las personas compartimos una inconformidad existencial que tiene que ver con la necesidad de buscar un sentido a la vida. La experiencia demuestra que esta inquietud no se calma con el analgésico de los valores materiales, necesita ser tratada con los valores del espíritu. Pensar que la felicidad interior de cada persona o de la sociedad tiene que ver exclusivamente con la dimensión material de la vida, con lo que tenemos, acumulamos y controlamos, es una falsa expectativa.

No se trata de despreciar la importancia de los valores materiales, pero sí de resituarlos y precisar que, si éstos son concebidos como fin y no como medio, deshumanizan la vida y la convivencia. Dejan de estar al servicio de la persona y de la sociedad, para convertirse en un valor absoluto que le pone a su servicio, provocando desorientación y pérdida de identidad. Los valores materiales necesitan un fundamento de valores humanistas que tienen que ser trabajados con nuestra sensibilidad más interior y espiritual.

Sabemos que esta reflexión se posiciona a contracorriente del mundo actual. No importa. Queremos decir claramente que el ser humano necesita recuperar su dimensión espiritual. Simplemente, se trata de vivir, cada uno desde donde esté y haciendo lo que hace, una experiencia personal de búsqueda espiritual, promover la espiritualidad en su vida ordinaria. (Red Asís)

"El que ama al prójimo ya cumplió toda la Ley"

 

¿Muros o puentes?

Esta es la historia de dos hermanos que durante muchos años vivían en granjas vecinas y entre ellos existía total armonía. Pero un día entraron en un conflicto. Era el primer problema serio que tenían en 40 años de cultivar juntos hombro a hombro, compartiendo cosechas, intercambiando maquinarias en forma continua. Todo comenzó con un pequeño malentendido y fue creciendo hasta que explotó en un intercambio de palabras duras. A esto le siguieron semanas de silencio.

Una mañana alguien llamó en la casa de Luis. Al abrir la puerta, se encontró con un hombre cargando herramientas de carpintero quien le dijo: – Estoy buscando trabajo por unos días, quizás usted necesite realizar algunas pequeñas reparaciones aquí en su granja y yo pueda ser de ayuda en eso.

-Sí- dijo muy seguro el mayor de los hermanos -tengo un trabajo para usted-

-Mire señor, allí al otro lado del arroyo, en aquella granja vive mi vecino, bueno… en realidad es mi hermano menor. La semana pasada había una hermosa pradera entre nosotros, pero él desvió el cauce del arroyo para que quedara entre nosotros. Sé que hizo esto para enfurecerme ¡pero yo le voy a hacer algo mejor! Quiero que con esa pila de desechos de madera que está junto al granero construya una cerca de dos metros de alto, para no verlo nunca más. El carpintero le dijo: -Comprendo la situación.  El hermano mayor le ayudó al carpintero a reunir todos los materiales y dejó la granja por el resto del día para ir por provisiones al pueblo. 

Cuando el granjero regresó entrada la tarde, el carpintero ya había terminado su trabajo. El granjero quedó con los ojos completamente abiertos, sin palabras, no podía creer lo que estaba viendo… El carpintero no había construido ninguna cerca de dos metros sino un puente que unía las dos granjas a través del arroyo.  Era una fina pieza de arte, con pasamanos y todo.

En ese momento vino desde su granja su hermano menor, muy conmovido, muy emocionado por lo que veía, y abrazando a su hermano mayor le dijo:

-Realmente sos un gran hombre, por haber hecho construir este hermoso puente después de lo que he hecho y dicho… Los hermanos se abrazaron y cuando estaban en su reconciliación vieron que el carpintero tomaba sus herramientas.

-No, espere señor, quédese un par de días más, tengo mucho trabajo para encargarle- le dijo el hermano mayor.

-Me gustaría quedarme- dijo sonriendo el carpintero- pero tengo muchos puentes por construir…


“Lo que desaten en la tierra, quedará desatado en el cielo”

 Vigésimo tercero domingo,  Lecturas 6-9-20, Ciclo A

 ” Ven Espíritu Santo”

Ven Espíritu Santo, ayúdame a abrir mis ojos y  mis oídos a tu Palabra y a meditar tus enseñanzas, para que tu Palabra penetre en mi corazón, y pueda saborearla y comprenderla. Habla Señor, que yo te escucho, porque tus palabras son para mi vida, alegría y paz.  Amén

 Lectura de la profecía de Ezequiel 33, 7-9 Así habla el Señor: «Hijo de hombre, yo te he puesto como centinela de la casa de Israel: cuando oigas una palabra de mi boca, tú les advertirás de mi parte. Cuando yo diga al malvado: "Vas a morir", si tú no hablas para advertir al malvado que abandone su mala conducta, el malvado morirá por su culpa, pero a ti te pediré cuenta de su sangre. Si tú, en cambio, adviertes al malvado para que se convierta de su mala conducta, y él no se convierte, él morirá por su culpa, pero tú habrás salvado tu vida.» Palabra de Dios.

Salmo 94, R. Ojalá hoy escuchen la voz del Señor:

¡Vengan, cantemos con júbilo  al Señor, aclamemos a la Roca que nos salva! ¡Lleguemos hasta él dándole gracias, aclamemos con música al Señor!  R.

¡Entren, inclinémonos para adorarlo! ¡Doblemos la rodilla ante el Señor que nos creó!  Porque él es nuestro Dios, y nosotros, el pueblo que él apacienta, las ovejas conducidas por su mano.  R.

Ojalá hoy escuchen la voz del Señor: «No endurezcan su corazón como en Meribá, como en el día de Masá, en el desierto, cuando sus padres me tentaron y provocaron, aunque habían visto mis obras.»  R.

Pablo a los cristianos de Roma 13, 8-10

Hermanos: Que la única deuda con los demás sea la del amor mutuo: el que ama al prójimo ya cumplió toda la Ley. Porque los mandamientos: No cometerás adulterio, no matarás, no robarás, no codiciarás, y cualquier otro, se resumen en este: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. El amor no hace mal al prójimo. Por lo tanto, el amor es la plenitud de la Ley. Palabra de Dios.

Evangelio según san Mateo 18, 15-20

Jesús dijo a sus discípulos: «Si tu hermano peca contra tí, ve y corrígelo en privado. Si te escucha, habrás ganado a tu hermano. Si no te escucha, busca una o dos personas más, para que el asunto se decida por la declaración de dos o tres testigos. Si se niega a hacerles caso, dilo a la comunidad. Y si tampoco quiere escuchar a la comunidad, considéralo como pagano o publicano.                    
Les aseguro que todo lo que ustedes aten en la tierra, quedará atado en el cielo, y lo que desaten en la tierra, quedará desatado en el cielo.  
También les aseguro que, si dos de ustedes se unen en la tierra para pedir algo, mi Padre que está en el cielo se lo concederá. Porque donde hay dos o tres reunidos en mi Nombre, yo estoy presente en medio de ellos.» Palabra del Señor.

Reflexión: Hay que reconocer que todos nos equivocamos y aceptarlo es básico para tener una buena convivencia en las familias, en las comunidades y en cualquier ámbito. Es algo evidente, en la teoría, pero no tanto a nivel práctico, la experiencia de nuestras debilidades nos tendría que hacer más comprensivos con los demás, pero entonces, ¿por qué nos cuesta tanto perdonar? O, ¿por qué nos parece tan molesta la corrección fraterna que nos recomienda el evangelio de hoy?

Con el tiempo vamos descubriendo que no importa tanto las caídas, sea propia o ajena, lo más importante es levantarse y ¿qué mejor que agarrarse a una mano amiga?

La corrección fraterna y el perdón. A Mateo le toca vivir en una comunidad en la que existen diversos grupos y hay problemas de convivencia: Y como buen pastor, recuerda las enseñanzas de Jesús y compone con ellas una exhortación, insistiendo en el cuidado de los más pequeños y en el perdón como norma básica de vida de la comunidad cristiana.  Su exhortación diseña un modelo de comunidad para los cristianos de todos los tiempos: es el grupo de los discípulos de Jesús, atentos a la voluntad del Padre, que viven la fraternidad desde el perdón y la acogida de los más pequeños.¿Qué hacer con l os hermanos pecadores? ¿Cómo tratarlos?  Mateo apunta dos recursos válidos para siempre: la corrección fraterna y el perdón. 

Mateo relaciona con el tema de la corrección fraterna tres dichos de Jesús.  El primero, le confiere a la comunidad a la cual pertenecemos la participación para ayudarnos a discernir sobre el problema. La expresión “atar y desatar” designaba entre los maestros de la ley la capacidad de interpretar de forma vinculante con la ley de Moisés.   El segundo especifica el clima de oración en que debemos tomar estas decisiones, y nos asegura a los discípulos, reunidos en el nombre de Jesús, que el Padre escucha su oración. El tercero aborda un tema muy querido por Mateo: la presencia de Jesús en medio de su Iglesia.      

Habitar en un espacio creado por Jesús. Reunirse en el nombre de Jesús es crear un espacio para vivir la existencia entera en torno a Él y desde su horizonte. Un espacio espiritual bien definido no por doctrinas, costumbres o prácticas, sino por el Espíritu de Jesús, que nos hace vivir con su estilo.

El centro de este «espacio Jesús» lo ocupa la narración del evangelio. Es la experiencia esencial de toda comunidad cristiana: «hacer memoria de Jesús», recordar sus palabras, acogerlas con fe y actualizarlas con gozo. Ese arte de acoger el evangelio desde nuestra vida nos permite entrar en contacto con Jesús y vivir la experiencia de ir creciendo como discípulos y seguidores suyos.

En este espacio creado en su nombre vamos caminando, no sin debilidades y pecado, hacia la verdad del evangelio, descubriendo juntos el núcleo esencial de nuestra fe e identidad cristiana.

Lo importante es que “estén reunidos”, no dispersos, ni enfrentados: que no vivan descalificándose unos a otros. Lo decisivo es que se reúnan “en su nombre”: que escuchen su llamada, que vivan identificados con su proyecto del reino de Dios.

Presencia viva y real de Jesús entre nosotros.  Las palabras de Jesús, recogidas por Mateo nos recuerdan: “Donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”.      

Esta presencia viva y real de Jesús es la que ha de animar, guiar y sostener a las pequeñas comunidades de sus seguidores. Es Jesús quien ha de alentar su oración, sus celebraciones, proyectos y actividades. Esta presencia es el “secreto” de toda comunidad cristiana viva          .   
Los cristianos no podemos reunirnos hoy en nuestros grupos y comunidades de cualquier manera: por costumbre, por inercia o para cumplir unas obligaciones religiosas. Seremos muchos o, tal vez, pocos. Pero lo importante es que nos reunamos en su nombre, atraídos por su persona y por su proyecto de hacer un mundo más humano.

El camino que nos propone Jesús. Son muchos los factores que constantemente deterioran nuestras relaciones personales dentro de la familia, entre vecinos y compañeros de trabajo, dentro de la comunidad o en la convivencia diaria.  La comunicación queda fácilmente bloqueada, sobre todo cuando constatamos que el otro ha actuado de manera injusta o desleal. Nos sentimos como justificados para excluirlo de nuestra aceptación amistosa y encerrarnos en nuestro juicio destructor.  Puesto que el otro ha actuado mal, no consideramos necesario analizar nuestra postura.  Nos parece normal retirar nuestra amistad y bloquear nuestra mirada y nuestro corazón. Sin embargo, no es este el camino que nos propone Jesús. Él nos propone adoptar una postura positiva, orientada a salvar la relación con el hermano, sin buscar su desprestigio o su condena sino únicamente el bien.

Todos cometemos equivocaciones. Todos tenemos momentos malos y necesitamos poder empezar de nuevo, contar con una nueva oportunidad. Hay que seguir creyendo en los amigos, en el esposo, en la esposa, en los compañeros, en el hermano… aunque hayamos de ser críticos para ayudarles a salir de su error. Jesús nos invita, sobre todo a actuar con paciencia y sin precipitación, acercándonos de manera personal a quien está actuando de manera equivocada.     

Círculo Bíblico San José

 “Tu palabra es una lámpara a mis pies y una luz en mi camino” Sal 119 

jueves, 3 de septiembre de 2020

"Navega mar adentro, y echen las redes"

San Lucas 5,1-11.

En una oportunidad, la multitud se amontonaba alrededor de Jesús para escuchar la Palabra de Dios, y él estaba de pie a la orilla del lago de Genesaret. Desde allí vio dos barcas junto a la orilla del lago; los pescadores habían bajado y estaban limpiando las redes. Jesús subió a una de las barcas, que era de Simón, y le pidió que se apartara un poco de la orilla; después se sentó, y enseñaba a la multitud desde la barca.
Cuando terminó de hablar, dijo a Simón: "Navega mar adentro, y echen las redes". Simón le respondió: "Maestro, hemos trabajado la noche entera y no hemos sacado nada, pero si tú lo dices, echaré las redes".
Así lo hicieron, y sacaron tal cantidad de peces, que las redes estaban a punto de romperse. Entonces hicieron señas a los compañeros de la otra barca para que fueran a ayudarlos. Ellos acudieron, y llenaron tanto las dos barcas, que casi se hundían.
Al ver esto, Simón Pedro se echó a los pies de Jesús y le dijo: "Aléjate de mí, Señor, porque soy un pecador".
El temor se había apoderado de él y de los que lo acompañaban, por la cantidad de peces que habían recogido;
y lo mismo les pasaba a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, compañeros de Simón. Pero Jesús dijo a Simón: "No temas, de ahora en adelante serás pescador de hombres". Ellos atracaron las barcas a la orilla y, abandonándolo todo, lo siguieron. Palabra del señor

«Es una pesca milagrosa, un signo del poder de la palabra de Jesús: cuando nos ponemos con generosidad a su servicio, Él obra grandes cosas en nosotros. Así actúa con cada uno de nosotros: nos pide que lo acojamos en la barca de nuestra vida, para recomenzar con él a surcar un nuevo mar, que se revela cuajado de sorpresas. Su invitación a salir al mar abierto de la humanidad de nuestro tiempo, a ser testigos de la bondad y la misericordia, da un nuevo significado a nuestra existencia, que a menudo corre el riesgo de replegarse sobre sí misma…” (Ángelus de S.S. Francisco, 10 de febrero de 2019).

Ven Señor Jesús, te necesito.

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Septiembre mes de la Biblia

 "Felices los que escuchan la Palabra de Dios y la practican" Lc 11,28

miércoles, 2 de septiembre de 2020

Septiembre mes de la Biblia

“Aquí tienes a tu Madre”



Por disposición de la Conferencia Episcopal Argentina, desde1961, el último domingo de septiembre se celebra en nuestro país el Domingo Bíblico Nacional, y en casi todas las comunidades se organizan encuentros especiales para reflexionar acerca del lugar fontal que la Palabra de Dios, testimoniada de modo particular en las Sagradas Escrituras, tiene en la vida y la pastoral de la Iglesia.

Para animar ese día y la semana o el mes dedicados especialmente a la actividad bíblica, cada año el Departamento Nacional de Animación y Pastoral Bíblica de la CEA (DeNAPBi) elige un lema y prepara un afiche que se distribuye a todas las Parroquias y a las Instituciones o a los particulares que lo solicitan.

Para 2020 –teniendo en cuenta el Año Mariano Nacional, en ocasión de los 400 años de la manifestación de la Madre de Dios en el Valle de Catamarca– y queriendo animar bíblicamente la piedad popular mariana se ha elegido el lema “Aquí tienes a tu Madre”, y se ha confiado el dibujo para ilustrar la campaña a una grupo de jóvenes del movimiento laical Apóstoles de Lourdes de la ciudad de San Miguel de Tucumán. (FEBIC)

Septiembre, mes de la Biblia

La Ley del Señor, luz y guía de la vida
Salmo 119, 97 – 112

¡Cuánto amo tu ley, todo el día la medito! Tus mandamientos me hacen más sabio que mis enemigos, porque siempre me acompañan.
Soy más prudente que todos mis maestros, porque siempre medito tus prescripciones.
Soy más inteligente que los ancianos, porque observo tus preceptos.
Yo aparto mis pies del mal camino, para cumplir tu palabra.
No me separo de tus juicios, porque eres tú el que me enseñas.
¡Qué dulce es tu palabra para mi boca, es más dulce que la miel!
Tus preceptos me hacen comprender: por eso aborrezco el camino de la mentira.

Tu palabra es una lámpara para mis pasos, y una luz en mi camino.
Hice el juramento –y lo sostengo de cumplir tus justas decisiones.
Estoy muy afligido, Señor: vivifícame, conforme a tu palabra.
Acepta, Señor, las ofrendas de mis labios, y enséñame tus decisiones.
Mi vida está en constante peligro, pero yo no me olvido de tu ley.
Los pecadores me tienden una trampa, pero yo no me aparto de tus preceptos.
Tus prescripciones son mi herencia para siempre, porque alegran mi corazón.
Estoy decidido a cumplir tus preceptos, siempre y a la perfección. 
                                                                                           (Biblia del Pueblo de Dios)

martes, 1 de septiembre de 2020

San Lucas 4,31-37.

Jesús bajó a Cafarnaún, ciudad de Galilea, y enseñaba los sábados. Y todos estaban asombrados de su enseñanza, porque hablaba con autoridad.   
En la sinagoga había un hombre que estaba poseído por el espíritu de un demonio impuro; y comenzó a gritar con fuerza; "¿Qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno?  ¿Has venido para acabar con nosotros? Ya sé quién eres: el Santo de Dios".           
Pero Jesús lo increpó, diciendo: "Cállate y sal de este hombre". El demonio salió de él, arrojándolo al suelo en medio de todos, sin hacerle ningún daño.
El temor se apoderó de todos, y se decían unos a otros: "¿Qué tiene su palabra? ¡Manda con autoridad y poder a los espíritus impuros, y ellos salen!". Y su fama se extendía por todas partes en aquella región. Palabra del Señor.

La reacción de la gente: manda sobre los espíritus impuros. Además de la forma diferente que Jesús tiene de enseñar las cosas de Dios, el otro aspecto que causaba admiración en la gente es el poder que Jesús tiene sobre los espíritus impuros: "¿Qué palabra es ésta? Manda sobre los espíritus impuros con autoridad y poder, y ellos salen".

Jesús nos abre un nuevo camino para poder librarnos de todo lo que nos aleja de Dios.

Hoy puede ser un buen día para hacerle esta pregunta a Jesús. ¿Por qué quieres entrar a mi vida?  Y Jesús nos responde: «He venido para que tengan vida, y la tengan en abundancia» (Jn 10,10). 

Hoy Jesús quiere que experimentes su gran amor por nosotros. ¿Tenemos algo que pedirle? ¿Hay algo que queremos poner en sus manos? (Orden de las Carmelitas y Catholic.net)

Ven Señor Jesús, te necesito.

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Septiembre mes de la Biblia

¿Dónde nos podemos encontrar hoy con Dios?

Para el cristiano, la persona de Jesucristo es el centro que da sentido a su vida. Ya es común recordar la frase del Santo Padre en Aparecida: “No se comienza a ser cristiano, por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva” (Ap. 243). Ahora bien, la pregunta importante es saber: ¿Dónde me encuentro hoy con Jesucristo? Esta pregunta nos permite descubrir uno de los modos que él ha elegido para permanecer con nosotros, su Palabra, que es la Palabra de Dios.

Esta presencia de Jesucristo a través de su Palabra no tiene sólo un contenido doctrinal, sino que es para nosotros un acontecimiento que nos permite hoy entrar en comunión viva con él. La Biblia no es un libro del pasado, algo histórico, sino un acontecimiento que se hace presencia para quién la lee con un corazón abierto, este es el principio de la fe. La Palabra de Dios que se hizo realidad humana y divina en la persona de Jesucristo, es nuestro primer lugar de encuentro con él. Para esto he venido, nos dirá, para ser el Camino, la Verdad y la Vida de cada uno de ustedes. Como vemos, el lugar que ocupa la Palabra de Dios en un cristiano es único y central. Por ello se dice que el cristianismo no es tanto el camino del hombre hacia Dios, sino el camino de Dios hacia el hombre.  

A este camino de Dios lo encontramos en la Biblia. Este venir de Dios hacia nosotros requiere una actitud que ponga el acento en la escucha de su Palabra. No estamos, como decíamos, frente a un libro de historia sino ante un libro de Vida, que para quien la recibe con un corazón abierto se convierte en fuente de luz, de sentido, de alegría y de paz. La Palabra de Dios tiene que ver con la verdad del hombre, porque hemos sido creados a su “imagen y semejanza”. Dios no es ajeno al hombre, es su creador, por ello en él encontramos el sentido de nuestras vidas. San Agustín, decía: “Mi corazón estuvo inquieto, Señor, hasta que no te encontró a Ti”. Con cuánta sabiduría canta el salmista: “Tu Palabra Señor es la verdad y la luz de mi vida”. O el profeta Jeremías: “Cuando se presentaban tus palabras, decía, yo las devoraba, porque tus palabras eran mi gozo y la alegría de mi corazón” (15, 16).

Esta Palabra alcanzó su plenitud y cercanía a nosotros en la persona de Jesucristo, que es el Hijo de Dios hecho hombre. Aquí adquiere todo su valor la lectura de los Evangelios, que es la Palabra de Dios manifestada por su propio Hijo. Es una Palabra que tiene por destinatario el corazón de cada uno de nosotros.

Esta Palabra, por otra parte, alcanza toda su plenitud cuando se convierte en un diálogo personal con el mismo Señor, se hace oración y en ella vamos descubriendo el sentido de nuestra vida desde Dios. Así nos descubrimos como parte de un proyecto, es decir, mi vida tiene un sentido, no soy una casualidad, soy un hijo amado por Dios. Sólo desde Dios nuestra vida adquiere toda su dignidad y la grandeza de una vocación. 

(Mensaje del Arzobispo de Santa Fe, Monseñor Arancedo para el mes de la Biblia 2009)

lunes, 31 de agosto de 2020

San Lucas 4,16-30.

Jesús fue a Nazaret, donde se había criado; el sábado entró como de costumbre en la sinagoga y se levantó para hacer la lectura. Le presentaron el libro del profeta Isaías y, abriéndolo, encontró el pasaje donde estaba escrito: El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha consagrado por la unción. El me envió a llevar la Buena Noticia a los pobres, a anunciar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, a dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor.
Jesús cerró el Libro, lo devolvió al ayudante y se sentó. Todos en la sinagoga tenían los ojos fijos en él.
Entonces comenzó a decirles: "Hoy se ha cumplido este pasaje de la Escritura que acaban de oír".
Todos daban testimonio a favor de él y estaban llenos de admiración por las palabras de gracia que salían de su boca. Y decían: "¿No es este el hijo de José?".
Pero él les respondió: "Sin duda ustedes me citarán el refrán: 'Médico, cúrate a ti mismo'. Realiza también aquí, en tu patria, todo lo que hemos oído que sucedió en Cafarnaún".
Después agregó: "Les aseguro que ningún profeta es bien recibido en su tierra.
Yo les aseguro que había muchas viudas en Israel en el tiempo de Elías, cuando durante tres años y seis meses no hubo lluvia del cielo y el hambre azotó a todo el país. Sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una viuda de Sarepta, en el país de Sidón. También había muchos leprosos en Israel, en el tiempo del profeta Eliseo, pero ninguno de ellos fue curado, sino Naamán, el sirio". Al oír estas palabras, todos los que estaban en la sinagoga se enfurecieron y, levantándose, lo empujaron fuera de la ciudad, hasta un lugar escarpado de la colina sobre la que se levantaba la ciudad, con intención de despeñarlo. Pero Jesús, pasando en medio de ellos, continuó su camino. Palabra del señor.

Vemos a Jesús dando un mensaje claro en el día de hoy primero con palabras del profeta Isaías "El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido", y después Él mismo dice: "hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír". Esto junto a todos los milagros ya por él obrados era más que suficiente para creer en su persona y mensaje, pero, por el contrario, tanto sus contemporáneos como nosotros, todo lo ponemos en duda venga de quien venga. Nuestra dureza de corazón y nuestra ceguera nos pueden llevar a grandes problemas, tan grandes como no llegar a ver en nuestra vida la mano sanadora y salvadora de Dios.

Hoy me puedo preguntar: ¿Qué necesito ver y sentir en mi corazón, para creer en la presencia de Dios en mi vida?  (Dominicos.org y Catholic.net)

Ven Señor Jesús, te necesito.

http://miencuentroconjesus1.blogspot.com/

 

Señor Jesús, te pido que te hagas presente en mi vida, y de forma especial en este momento de oración. Ayúdame a escuchar tu palabra, a interiorizar tu mensaje y que tus enseñanzas se hagan obras en mi vida, para ser así, un fiel colaborador en la extensión de tu reino. Amén.

sábado, 29 de agosto de 2020

Levanto mis manos hacia Dios, ven Señor a mi vida


 

¿De qué le servirá al hombre ganar el mundo entero si pierde su vida?

 

Vigésimo segundo domingo

Lecturas 30-8-20, Ciclo A

 ” Ven Espíritu Santo”

Ven Espíritu Santo, ayúdame a abrir mis ojos y  mis oídos a tu Palabra y a meditar tus enseñanzas, para que tu Palabra penetre en mi corazón, y pueda saborearla y comprenderla. Habla Señor, que yo te escucho, porque tus palabras son para mi vida, alegría y paz.  Amén 

Libro del profeta Jeremías 20, 7-9

¡Tú me has seducido, ¡Señor, y yo me dejé seducir! ¡Me has forzado y has prevalecido! Soy motivo de risa todo el día, todos se burlan de mí. Cada vez que hablo, es para gritar, para clamar: «¡Violencia, devastación!» Porque la palabra del Señor es para mí oprobio y afrenta todo el día. Entonces dije: «No lo voy a mencionar, ni hablaré más en su Nombre.» Pero había en mi corazón como un fuego abrasador, encerrado en mis huesos: me esforzaba por contenerlo, pero no podía. Palabra de Dios.   

Salmo 62, R. Mi alma tiene sed de ti, Señor, Dios mío. 

Señor, tú eres mi Dios, yo te busco ardientemente; mi alma tiene sed de ti, por ti suspira mi carne como tierra sedienta, reseca y sin agua.  R. 

Sí, yo te contemplé en el Santuario para ver tu poder y tu gloria. Porque tu amor vale más que la vida, mis labios te alabarán.  R. 

Así te bendeciré mientras viva y alzaré mis manos en tu Nombre.  Mi alma quedará saciada como con un manjar delicioso, y mi boca te alabará con júbilo en los labios.  R. 

Veo que has sido mi ayuda y soy feliz a la sombra de tus alas. Mi alma está unida a ti, tu mano me sostiene.  R.

 San Pablo a los cristianos de Roma 12, 1-2

Hermanos, yo los exhorto por la misericordia de Dios a ofrecerse ustedes mismos como una víctima viva, santa y agradable a Dios: este es el culto espiritual que deben ofrecer. No tomen como modelo a este mundo. Por el contrario, transfórmense interiormente renovando su mentalidad, a fin de que puedan discernir cuál es la voluntad de Dios: lo que es bueno, lo que le agrada, lo perfecto. Palabra de Dios.

Evangelio según san Mateo 16, 21-27

Jesús comenzó a anunciar a sus discípulos que debía ir a Jerusalén, y sufrir mucho de parte de los ancianos, de los sumos sacerdotes y de los escribas; que debía ser condenado a muerte y resucitar al tercer día.                        
Pedro lo llevó aparte y comenzó a reprenderlo, diciendo: «Dios no lo permita, Señor, eso no sucederá.» Pero él, dándose vuelta, dijo a Pedro: «¡Retírate, ve detrás de mí, Satanás! Tú eres para mí un obstáculo, porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres.»           
Entonces Jesús dijo a sus discípulos: «El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Porque él que quiera salvar su vida, la perderá; y el que pierda su vida a causa de mí, la encontrará.            
¿De qué le servirá al hombre ganar el mundo entero si pierde su vida? ¿Y qué podrá dar el hombre a cambio de su vida? 
Porque el Hijo del hombre vendrá en la gloria de su Padre, rodeado de sus ángeles, y entonces pagará a cada uno de acuerdo con sus obras.» Palabra del Señor.

Reflexión: Jesús y Pedro, frente a frente.

 Este pasaje está relacionado con el evangelio de la semana pasada. El reconocimiento de Jesús como Mesías e Hijo de Dios y la convocación de la Iglesia en torno a Pedro crean el ámbito para que Jesús comience a manifestar a los discípulos su destino, y para que ellos comprendan, desde la fe, que deben seguirle por ese mismo camino.

 Anuncio de la pasión.  Jesús da un paso adelante en su manifestación a los discípulos, y les muestra, con claridad, que su camino mesiánico incluye momentos de sufrimiento y la muerte antes de llegar a la gloria de la resurrección.

 La reacción de Pedro. Pedro muestra que su comprensión del misterio de Jesús aun no es total, a pesar de su confesión de fe en Jesús como Mesías e Hijo de Dios, Pedro es un discípulo en proceso de conversión.

 La respuesta de Jesús: “apártate de mí” parece de rechazo, pero la intención es que Pedro pueda entender el camino a seguir, literalmente lo que Jesús le dice es: “Ponte detrás de mí”; es decir, vuelve a ocupar el puesto de discípulo, sígueme y camina por la senda que mis pasos van marcando.  Pedro ha tenido la osadía de ponerse al frente de Jesús para obstaculizar su camino, porque la cruz le resulta escandalosa, y Jesús quiere hacerle ver que el lugar de discípulo es ir detrás de Él, incluyendo el camino de la cruz. Pedro representa aquí a los discípulos de todos los tiempos, que se escandalizan y no comprenden a Jesús y que necesitan colocarse de nuevo en actitud de seguimiento.

 Instrucción a los discípulos. Después de haber hablado de su propio camino mesiánico, Jesús se dirige a todos los discípulos para explicarles cuál es el camino del seguimiento. Hay un punto que en seguida aparece central: toda la vida del discípulo debe hacer referencia a Jesús. 

 La afirmación más importante: “El que quiera ser mi discípulo, niéguese a sí mismo, cargue con su cruz y me siga”.  Los tres verbos (negarse a sí mismo, cargar con la cruz y seguir) pretenden explicar en qué consiste ser discípulo.

Esto no quiere decir que Jesús busca arbitrariamente el sufrimiento, ni para Él ni para los demás, como si éste encerrara algo especialmente grato a Dios.  Es una equivocación creer que uno sigue más de cerca de Jesús si busca sufrir sin necesitad alguna.  Cada uno se tiene que hacerse cargo de la Vida que Dios nos regaló y vivirla en su plenitud significa también enfrentar momentos adversos y difíciles, y cada uno ellos lo podemos abordar solos o acompañados por el Espíritu de Dios que habita en nosotros. Por eso lo que agrada a Dios no es el sufrimiento, sino la actitud con que una persona asume las cruces que nacen del seguimiento de Jesús.

El sentido de nuestra existencia. Muchas veces, absortos por tantas preocupaciones e inquietudes, nos olvidamos de las cosas verdaderamente esenciales de la vida y perdemos a menudo la brújula y el sentido de nuestra existencia. Hacemos muchas cosas y nos afanamos en una y mil actividades sin reparar en por qué o para qué de todo aquello.

En el Evangelio de hoy, el Señor nos dirige una pregunta sumamente importante y trascendental, más aún, de la respuesta que demos a ese interrogante depende el sentido y el futuro de nuestra misma existencia: "¿De qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero, si al final pierde su alma?

Es ésta una de las preguntas que atraviesan de polo a polo la historia de la humanidad y ante la cual nadie puede quedar indiferente.    

Hoy la Palabra nos propone meditar dos posibilidades contrapuestas: “Porque quien quiera salvar su vida, la perderá, pero quien pierda su vida por mí, la encontrará”. Estas dos posibilidades contrapuestas iluminan el sentido del seguir a Jesús con la cruz partiendo de la idea de la vida. La meta del discipulado es encontrarla, lo cual corresponde al deseo más profundo de todo ser humano. El discipulado, bajo la perspectiva de la cruz, no es un camino de infelicidad, todo lo contrario: si no de encontrar ¡El sentido último del seguimiento, la vida!

¿Cuál es el verdadero valor de la vida?  Hay dos maneras muy diferentes de orientar la vida. El primer camino consiste en aferrarse a la vida viviendo exclusivamente para uno mismo: hacer del propio “yo” la razón última y el objetivo supremo de la existencia. Este modo de vivir, buscando siempre la propia ganancia o ventaja. 

El segundo camino consiste en saber “perder”, viviendo como Jesús, abiertos al objetivo último del proyecto humanizador del Padre: saber renunciar a la propia seguridad o ganancia, buscando no solo el propio bien sino también el bien de los demás.

Nuestra limitación es la causa de que, a veces, el conseguir lo mejor exige elegir entre distintas posibilidades, y el reclamo del gozo inmediato inclina la balanza hacia lo que es menos bueno e incluso malo, entonces mi verdadero ser queda sometido al falso yo.

Lo que Jesús nos propone es alcanzar la plenitud despegándonos de todo apego. Si descubrimos lo que nos hace más humanos, será fácil volcarnos hacia esa escala de valores. En la medida que disminuyo mi necesidad de seguridades materiales, más a gusto, más feliz y humano me sentiré. Estaré más dispuesto a dar y a darme, aunque me duela, porque eso es lo que me hace crecer en mi verdadero ser.

¿Cuál camino consideramos conduce al ser humano a la perdición o a su salvación?          

Arriesgarlo todo. No es fácil asomarse al mundo interior de Jesús, pero en su corazón podemos intuir una doble experiencia: su identificación con los últimos y su confianza total en el Padre. Por una parte, sufría con la miseria, injusticia, desgracias y enfermedades que hacen sufrir tanto. Por otra, confiaba totalmente en ese Dios Padre que nada quiere más que arrancar de la vida lo que es malo y hace sufrir a sus hijos.

Jesús estaba dispuesto a todo por hacer realidad el deseo de Dios y por ver cuanto antes un mundo diferente: el mundo que quería el Padre. Y, como es natural, quería ver entre sus seguidores la misma actitud. Si seguían sus pasos, debían compartir su pasión por Dios y su disponibilidad total al servicio de su reino. Quería encender en ellos el fuego que llevaba dentro.

                                                                               Ven Señor Jesús, te necesito  

Aclaración: Se han consultado para la preparación de las reflexiones: El libro del Pueblo de Dios. Centro Bíblico del CELAM. J A Pagola. Fray Marcos.


Círculo Bíblico San José, 
 “Tu palabra es una lámpara a mis pies y una luz en mi camino” Sal 119