Intención para la evangelización ‐

Intenciones de oración de septiembre: Oremos por una gestión justa y sostenible del agua, recurso vital, para que todos tengan acceso equitativo a ella.

"Todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre"

"Todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre" Mt 7, 7-8. No sé qué quería, pero había algo en mí que me movía a buscar, tal vez que las cosas tengan sentido, y te encontré. Me cuestionaba sobre la vida y me diste tu sabiduría para que pueda encontrar alegría y paz. Ante mis miedos y dudas, te pido que me acompañes en mi peregrinar y me das tu Espíritu Santo, el mismo que te acompaño a vos, hoy me acompaña a mí, me asiste y guía. Hoy sigo buscando más de tu Palabra, de la Verdad y el camino, con la confianza puesta en vos, Dios mío, sé que estás presente en mi vida. Ven Señor Jesús, te necesito.

Del libro de la Sabiduría 6, 12-16

Del libro de la Sabiduría 6, 12-16: La Sabiduría es luminosa y nunca pierde su brillo: se deja contemplar fácilmente por los que la aman y encontrar por los que la buscan. Ella se anticipa a darse a conocer a los que la desean. El que madruga para buscarla no se fatigará, porque la encontrará sentada a su puerta. Meditar en ella es la perfección de la prudencia, y el que se desvela por su causa pronto quedará libre de inquietudes. La Sabiduría busca por todas partes a los que son dignos de ella, se les aparece con benevolencia en los caminos y le sale al encuentro en todos sus pensamientos.

martes, 1 de diciembre de 2020

"Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra…”

                                      San Lucas 10,21-24.

En aquel momento Jesús se estremeció de gozo, movido por el Espíritu Santo, y dijo: "Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, por haber ocultado estas cosas a los sabios y a los prudentes y haberlas revelado a los pequeños. Sí, Padre, porque así lo has querido. Todo me ha sido dado por mi Padre, y nadie sabe quién es el Hijo, sino el Padre, como nadie sabe quién es el Padre, sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar".
Después, volviéndose hacia sus discípulos, Jesús les dijo a ellos solos: "¡Felices los ojos que ven lo que ustedes ven! ¡Les aseguro que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que ustedes ven y no lo vieron, oír lo que ustedes oyen y no lo oyeron!". Palabra del Señor 
 

En este Evangelio podemos encontrar una buena síntesis de lo que Dios nos invita a vivir en la vida cristiana. Primero vemos a un Jesús consciente de la acción de Dios en su vida. Este Evangelio acaece después de que los discípulos regresan de su misión y narran las maravillas que han vivido. En eso Jesús, que sabe reconocer la acción de Dios, se llena de gratitud en el Espíritu e irrumpe en una alabanza para su Padre. Estamos llamados a encontrar en la vida cotidiana esos momentos en los que constatamos la presencia del Padre en nuestra vida. Hemos recibido el Espíritu Santo para expresar esta alegría de sabernos hijos de un Padre providente.

Después Jesús toma consciencia de lo que es él; él es el hijo. Tiene bien clara su identidad y se reafirma en ella: “Todo me lo ha entregado mi Padre y nadie conoce quién es el Hijo, sino el Padre”. Continuamente a lo largo del día podríamos recordar que somos hijos, que cada aspecto con el que nos encontramos tiene un carácter pedagógico para aprender a vivir como hijos con todas sus implicaciones. Es decir, tanto para encontrar seguridad y afirmación de parte del Padre, como para responder con un comportamiento a la altura de tal filiación. (catholic.net)  

Ven Señor Jesús, te necesito  

“Tengan cuidado y estén prevenidos”  

"Síganme, y yo los haré pescadores de hombres".

lunes, 30 de noviembre de 2020

"Síganme, y yo los haré pescadores de hombres".

                                        San Mateo 4,18-22.

Mientras caminaba a orillas del mar de Galilea, Jesús vio a dos hermanos: a Simón, llamado Pedro, y a su hermano Andrés, que echaban las redes al mar porque eran pescadores.
Entonces les dijo: "Síganme, y yo los haré pescadores de hombres".
Inmediatamente, ellos dejaron las redes y lo siguieron.
Continuando su camino, vio a otros dos hermanos: a Santiago, hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban en la barca con Zebedeo, su padre, arreglando las redes; y Jesús los llamó.
Inmediatamente, ellos dejaron la barca y a su padre, y lo siguieron. Palabra del Señor. 
 

Dos hermanos que vivían de la pesca en el mar de Galilea son invitados a dejar las redes para reinventar sus vidas a partir de Jesús: Pedro y Andrés. Luego fueron Santiago y su hermano Juan los que abandonaron la barca y se despidieron de su padre. Ninguno de ellos sabría bien en qué se embarcaba al tomar la decisión de dejarlo todo, pero lo cierto es que se fueron detrás de él. El encuentro con el Maestro había sido así de decisivo; les bastó escuchar su voz. El resto fue solo un sí.
Seguir a Jesús es vivir a su manera; encontrar en su camino el sentido y las esperanzas por las que entregar la vida. Es convertirse al Reino y comprometer la existencia en la construcción de un mundo siempre más humano. Liberarnos de los egoísmos que tanto hieren y aliviar el dolor que causa el mal. Dejarnos trabajar por su espíritu para salir del encierro de nuestros pequeños mundos. Vivir la compasión, a semejanza de la increíble misericordia de Dios. Ponernos del lado de la dignidad de los últimos y creer en otra vida posible, dichosa para todos. El evangelio nos hace pensar, ¿a quién seguimos hoy?  

¿Qué quiere decir “pescadores de hombres”? Una bonita respuesta puede ser un comentario de san Juan Crisóstomo. Este Padre y Doctor de la Iglesia dice que Andrés no sabía explicarle bien a su hermano Pedro quién era Jesús y, por esto, «lo llevó a la misma fuente de la luz», que es Jesucristo. “Pescar hombres” quiere decir ayudar a quienes nos rodean en la familia y en el trabajo a que encuentren a Cristo que es la única luz para nuestro camino. (Evangeli.net, donbosco.org.ar)  

Ven Señor Jesús, te necesito  

“Tengan cuidado y estén prevenidos”

sábado, 28 de noviembre de 2020

“Tengan cuidado y estén prevenidos”

                                                    

Tiempo de Adviento, Lecturas 29-11-20, Ciclo B  

” Ven Espíritu Santo”

Dios mío, envía ahora tu Espíritu sobre mí y que abra mis ojos y mis oídos a tu Palabra, que me guie y asista al meditar tus enseñanzas, para que pueda saborearla y comprenderla, para que tu Palabra penetre en mi corazón, y me conduzca a la Verdad completa. Amén  

Profeta Isaías 63, 16b-17. 19b; 64, 2-7

¡Tú, ¡Señor, eres nuestro padre, «nuestro Redentor» es tu Nombre desde siempre! ¿Por qué, ¿Señor, nos desvías de tus caminos y endureces nuestros corazones para que dejen de temerte? ¡Vuelve, por amor a tus servidores y a las tribus de tu herencia! ¡Si rasgaras el cielo y descendieras, las montañas se disolverían delante de ti!

Cuando hiciste portentos inesperados, que nadie había escuchado jamás, ningún oído oyó, ningún ojo vio a otro Dios, fuera de ti, que hiciera tales cosas por los que esperan en él. Tú vas al encuentro de los que practican la justicia y se acuerdan de tus caminos. Tú estás irritado, y nosotros hemos pecado, desde siempre fuimos rebeldes contra ti. Nos hemos convertido en una cosa impura, toda nuestra justicia es como un trapo sucio. Nos hemos marchitado como el follaje y nuestras culpas nos arrastran como el viento. No hay nadie que invoque tu Nombre, nadie que despierte para aferrarse a ti, porque tú nos ocultaste tu rostro y nos pusiste a merced de nuestras culpas. Pero tú, Señor, eres nuestro padre, nosotros somos la arcilla, y tú, nuestro alfarero: ¡todos somos la obra de tus manos! Palabra de Dios.  

Salmo 79, R. Restáuranos, Señor del universo.  

Escucha, Pastor de Israel, tú que tienes el trono sobre los querubines, reafirma tu poder y ven a salvarnos. R

Vuélvete, Señor de los ejércitos, observa desde el cielo y mira: ven a visitar tu vid, la cepa que plantó tu mano, el retoño que tú hiciste vigoroso. R             

Que tu mano sostenga al que está a tu derecha, al hombre que tú fortaleciste, y nunca nos apartaremos de ti: devuélvenos la vida e invocaremos tu Nombre. R  

1º carta de san Pablo a los Corintios 1, 3-9

Hermanos: Llegue a ustedes la gracia y la paz que proceden de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo.  No dejo de dar gracias a Dios por ustedes, por la gracia que él les ha concedido en Cristo Jesús. En efecto, ustedes han sido colmados en él con toda clase de riquezas, las de la palabra y las del conocimiento, en la medida que el testimonio de Cristo se arraigó en ustedes. Por eso, mientras esperan la Revelación de nuestro Señor Jesucristo, no les falta ningún don de la gracia. El los mantendrá firmes hasta el fin, para que sean irreprochables en el día de la Venida de nuestro Señor Jesucristo. Porque Dios es fiel, y él los llamó a vivir en comunión con su Hijo Jesucristo, nuestro Señor. Palabra de Dios.  

Evangelio según San Marcos. 13, 33-37

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Tengan cuidado y estén prevenidos, porque no saben cuándo llegará el momento. Será como un hombre que se va de viaje, deja su casa al cuidado de sus servidores, asigna a cada uno su tarea, y recomienda al portero que permanezca en vela.                       
Estén prevenidos, entonces, porque no saben cuándo llegará el dueño de casa, si al atardecer, a medianoche, al canto del gallo o por la mañana. No sea que llegue de improviso y los encuentre dormidos. Y esto que les digo a ustedes, lo digo a todos: ¡Estén prevenidos!»  Palabra del Señor. 
 

Reflexión: Frente al presente, vigilancia  

Hoy iniciamos con toda la Iglesia un nuevo Año Litúrgico (B) con el primer domingo de Adviento. Tiempo de esperanza, tiempo en el cual se renueva en nuestros corazones el recuerdo de la primera venida del Señor, en humildad y pobreza, y se renueva el anhelo del retorno de Cristo.    

Este domingo de Adviento está profundamente marcado por una llamada a la vigilancia. San Marcos incluye hasta tres veces en las palabras de Jesús el mandamiento: “estén prevenidos”. 

Jesús está en Jerusalén, conversando con sus discípulos y los ve preocupados por saber cuándo llegará el final de los tiempos. A él, por el contrario, le preocupa cómo vivirán sus seguidores cuando ya no le tengan entre ellos.  

Por eso, una vez más les descubre su inquietud: «Velen, vivan despiertos». Después, dejando de lado el lenguaje visionario apocalíptico, les cuenta una pequeña parábola.  

«Un señor se fue de viaje y dejó su casa». Pero, antes de ausentarse, «confió a cada uno de sus servidores su tarea». Al despedirse, sólo les insistió en una cosa: “Tengan cuidado y estén prevenidos, porque no saben cuándo llegará el momento”. Que cuando venga, no los encuentre dormidos.  

El relato sugiere que los seguidores de Jesús formarán una familia. La Iglesia será "la casa de Jesús". En ella todos son servidores. No hay señores. Todos vivirán esperando al único Señor: Jesús el Cristo. No lo olvidarán jamás.  

En la casa de Jesús nadie ha de permanecer pasivo. Nadie se ha de sentir excluido, sin responsabilidad alguna. Todos son necesarios. Todos tienen alguna misión confiada por él. Todos están llamados a contribuir a la gran tarea de vivir como Jesús al que han conocido siempre dedicado a servir al reino de Dios.  

Los años irán pasando. ¿Se mantendrá vivo el espíritu de Jesús entre los suyos? ¿Seguirán recordando su estilo servicial a los más necesitados y desvalidos? ¿Lo seguirán, por el camino abierto por él? Su gran preocupación es que su Iglesia se duerma. Por eso, les insiste hasta tres veces: «estén prevenidos".  

Esta llamada está dirigida no solamente a sus discípulos, sino a todos los hombres y mujeres de buena voluntad, como una exhortación que nos recuerda que la vida no tiene sólo una dimensión terrenal, sino que está proyectada hacia un “más allá”. El ser humano, creado a imagen y semejanza de Dios, dotado de libertad y responsabilidad, capaz de amar, tendrá que rendir cuentas de su vida, de cómo ha desarrollado las capacidades y talentos que ha recibido de Dios; si los ha guardado egoístamente, o si los ha hecho fructificar para la gloria de Dios y al servicio de los hermanos.  

Quizás uno de los rasgos de los cristianos es seguramente la pasividad. En la casa de Jesús, ¿nos sentimos hoy con alguna responsabilidad eclesial? Ha llegado el momento de reaccionar. No es bueno promover el desafecto, la mutua exclusión o la pasividad. Jesús nos quería ver a todos despiertos, activos, colaborando con lucidez y responsabilidad.  

Hoy, debemos interpretar lo apocalíptico con sabiduría y en coherencia con la idea que Jesús tenía de Dios y de su acción salvadora de la humanidad. Se pide "vigilancia". ¿Qué significa? Pues que vivamos en la luz, en las huellas del Dios vivo, en el ámbito del Dios de la encarnación como misterio de donación y entrega. Ese es el secreto de la vigilancia cristiana y no las matemáticas o la precisión informática de nuestro final. Esto último no merece la pena de ninguna manera. Pero vigilar, es tan importante como saber vivir con dignidad y con esperanza. Hablar de la “segunda” venida del Señor hoy no tendría mucho sentido si no la entendemos como un encuentro a nivel personal y de toda la humanidad con aquél que ha dado sentido a la historia; un encuentro y una consumación, porque este mundo creado por Dios y redimido por Jesucristo no se quedará en el vacío, ni presa de un tiempo eternizado. Dios, por Jesucristo, consumará la historia como Él sabe hacerlo. Es esto lo que hay que esperar, y el Adviento debe sacar en nosotros a flote esa esperanza cristiana: todo acabará bien, en las manos de Dios.  

La disposición fundamental que hemos de vivir y la virtud que hemos de ejercitar es la esperanza. El Adviento es, por excelencia, el tiempo de esperanza, y la Iglesia entera está llamada a vivir en la esperanza y a llegar a ser un signo de esperanza para el mundo. Nos preparamos para conmemorar la Navidad, el inicio de su venida: la Encarnación, el Nacimiento, su paso por la tierra. Pero Jesús no nos ha dejado nunca; permanece con nosotros de diversas maneras hasta la consumación de los siglos. Por esto, «¡con Jesucristo siempre nace y renace la alegría!» (Papa Francisco).  

Tiempo de Adviento: Es un tiempo litúrgico que nos invita a detenernos en silencio para percibir una presencia.

Adviento es un tiempo cuyo nombre (adventus) significa “venida”. Al revivir la espera gozosa del Mesías en su Encarnación, preparamos el Regreso del Señor al fin de los tiempos: Vino, Viene, Volverá.  

“El tiempo de Adviento es a la vez un tiempo de preparación a las solemnidades de Navidad en que se conmemora la primera Venida del Hijo de Dios entre los hombres, y un tiempo en el cual, mediante esta celebración, la fe se dirige a esperar la segunda Venida de Cristo al fin de los tiempos. Tiempo de piadosa y alegre esperanza”  

Adviento, un tiempo para vivir y celebrar, bajo el signo del “encuentro” entre un Dios que viene al encuentro del hombre, y el hombre en busca de Dios.  

Los hombres desean la paz, aspiran a la justicia y la libertad, sueñan felicidad. Desde siempre. De generación en generación, de año en año, a través de los siglos, se prolongan estos anhelos frecuentemente decepcionados. En estos llamados y búsquedas de los hombres se expresan las promesas de Dios. La historia de Israel, el pueblo de Dios es el signo de estas promesas y revelan su realización, conduce a Cristo Jesús y nos lo da. Con los deseos y los anhelos de los hombres, la Iglesia, hoy, hace su oración. Nos asegura que Dios cumple sus promesas. En pos del profeta Isaías, con las palabras vigorosas de Juan Bautista, y la Virgen María que nos dicen, cómo hay que acoger a Cristo.

Adviento

 

Adviento: reencontrar, en el fondo de sí mismo, todo lo que puede ser salvado; volverse hacia Cristo, que vendrá un día en su gloria, pero que ya está y nos espera. Volverse hacia Cristo es lo que llamamos “Convertirse”. Adviento es tiempo de conversión. Y tiempo de espera.

 

Recordar el pasado: Celebrar y contemplar el nacimiento de Jesús en Belén. El Señor ya vino y nació en Belén. Ésta fue su venida en la carne, lleno de humildad y pobreza. Vino como uno de nosotros, hombre entre los hombres. Ésta fue su primera venida.           

Vivir el presente: Se trata de vivir en el presente de nuestra vida diaria la "presencia de Jesucristo" en nosotros y, por nosotros, en el mundo. Vivir siempre vigilantes, caminando por los senderos del Señor, en la justicia y en el amor.                        

Preparar el futuro: Se trata de prepararnos para la Parusía o segunda venida de Jesucristo en la "majestad de su gloria". Entonces vendrá como Señor y como Juez de todas las naciones, y premiará con el Cielo a los que han creído en Él; vivido como hijos fieles del Padre y hermanos buenos de los demás. Esperamos su venida gloriosa que nos traerá la salvación y la vida eterna sin sufrimientos. 
 

A ti, Señor, elevo mi alma; Dios mío, yo pongo en ti mi confianza. 

El Señor es mi pastor, nada me puede faltar. El me hace descansar en verdes praderas.  

¡Ven Señor Jesús, te necesito!  

Nuestro Dios que es fuente de amor colme tu interior con su Paz.  

Jesucristo, Amor que se entrega haga de ti un instrumento de reconciliación.                               

El Espíritu Santo, vínculo y unidad haga de tu corazón ardiente impulso de comunión.  

¡El Señor te bendiga y te guarde y haga de ti una bendición para los demás!  

Aclaración: Se han consultado para la preparación de las reflexiones: El libro del Pueblo de Dios. Hojitas anteriores. Centro Bíblico del CELAM. J A Pagola. Doonbosco.org. Dominicos.org, Espacio sagrado.  

Círculo Bíblico San José  

“Tu palabra es una lámpara a mis pies  y una luz en mi camino” Sal 119 

jueves, 26 de noviembre de 2020

"Tengan ánimo y levanten la cabeza, porque está por llegarles la liberación"

 Lucas 21, 20-28

Jesús dijo a sus discípulos: "Cuando vean a Jerusalén sitiada por los ejércitos, sepan que su ruina está próxima. Los que estén en Judea, que se refugien en las montañas; los que estén dentro de la ciudad, que se alejen; y los que estén en los campos, que no vuelvan a ella. Porque serán días de escarmiento, en que todo lo que está escrito deberá cumplirse.
¡Ay de las que estén embarazadas o tengan niños de pecho en aquellos días! Será grande la desgracia de este país y la ira de Dios pesará sobre este pueblo. Caerán al filo de la espada, serán llevados cautivos a todas las naciones, y Jerusalén será pisoteada por los paganos, hasta que el tiempo de los paganos llegue a su cumplimiento.
Habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas; y en la tierra, los pueblos serán presa de la angustia ante el rugido del mar y la violencia de las olas. Los hombres desfallecerán de miedo por lo que sobrevendrá al mundo, porque los astros se conmoverán. Entonces se verá al Hijo del hombre venir sobre una nube, lleno de poder y de gloria. Cuando comience a suceder esto, tengan ánimo y levanten la cabeza, porque está por llegarles la liberación" Palabra del Señor. 
 

A pesar de que no sabemos cuándo pasara lo del final de los tiempos, Jesús nos asegura que Él volverá “empoderado y con gran gloria”. No será una ocasión para temer, sino de gozo y orgullo para los rectos, ya que nuestra redención de los poderes del mal finalmente habrá llegado. Rezo para que, mientras nos acercamos a la venida definitiva de Jesús, recibamos la paz interior, que viene de la seguridad que la Presencia salvadora de Dios opera en el mundo y en mi vida.  

No vivamos angustiados ante la segunda venida del Señor, su Parusía: meditemos, mejor, las profundas palabras de san Agustín que, ya en su época, al ver a los cristianos atemorizados ante el retorno del Señor, se pregunta: «¿Cómo puede la Esposa tener miedo de su Esposo?». (espaciosagrado.com, evangeli.net)  

Ven Señor Jesús, te necesito.

miércoles, 25 de noviembre de 2020

"Gracias a la constancia salvarán sus vidas"

                                      San Lucas 21,12-19.

Jesús dijo a sus discípulos: «Los detendrán, los perseguirán, los entregarán a las sinagogas y serán encarcelados; los llevarán ante reyes y gobernadores a causa de mi Nombre, y esto les sucederá para que puedan dar testimonio de mí. Tengan bien presente que no deberán preparar su defensa, porque yo mismo les daré una elocuencia y una sabiduría que ninguno de sus adversarios podrá resistir ni contradecir. Serán entregados hasta por sus propios padres y hermanos, por sus parientes y amigos; y a muchos de ustedes los matarán. Serán odiados por todos a causa de mi Nombre. Pero ni siquiera un cabello se les caerá de la cabeza.
Gracias a la constancia salvarán sus vidas.» Palabra del Señor. 
 

Recemos para que tengamos la valentía de ser fieles a nuestros valores cristianos a toda costa. No nos sorprendamos que nuestra fe crea ese enojo y hostilidad. Al mismo tiempo, que continuamente extendamos la mano con verdad y amor, para disipar los miedos injustificados que nuestras creencias pueden engendrar en otros.

Estamos invitados a ayudar a la gente para que vea donde descansa la verdad y bondad real. Y hacemos eso buscando nuestra propia vida y esforzándonos en vivir estas cualidades lo mejor que podamos. Dediquemos un tiempo durante esta oración, entregando a Dios cualquier parte de nuestra vida para la cual sintamos que necesitamos más coraje.  

Llega un momento en la vida espiritual en que uno puede escoger entre desesperar o superar. San Pablo, escribiéndole a los Romanos, exalta esta virtud: “La resistencia produce carácter, y el carácter produce esperanza, y la esperanza no nos desilusiona, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestro corazón a través del Espíritu Santo que nos ha sido dado” (espaciosagrado.com)

«El poder del amor que no retrocede ante nada, ni frente al cielo en convulsión, ni frente a la tierra en llamas, ni frente al mar embravecido. Dios es más fuerte que cualquier otra cosa. Esta convicción da al creyente serenidad, valor y fuerza para perseverar en el bien frente a las peores adversidades. Incluso cuando se desatan las fuerzas del mal, los cristianos han de responder al llamado de frente, listos para aguantar en esta batalla en la que Dios tendrá la última palabra. Y será una palabra de amor» (Homilía de S.S. Francisco, 29 de noviembre de 2015).

Ven Señor Jesús, te necesito.

martes, 24 de noviembre de 2020

"Tengan cuidado, no se dejen engañar..."

 San Lucas 21,5-11.

Como algunos, hablando del Templo, decían que estaba adornado con hermosas piedras y ofrendas votivas, Jesús dijo:
"De todo lo que ustedes contemplan, un día no quedará piedra sobre piedra: todo será destruido".
Ellos le preguntaron: "Maestro, ¿Cuándo tendrá lugar esto, y cuál será la señal de que va a suceder?".
Jesús respondió: "Tengan cuidado, no se dejen engañar, porque muchos se presentarán en mi Nombre, diciendo: 'Soy yo', y también: 'El tiempo está cerca'. No los sigan. Cuando oigan hablar de guerras y revoluciones no se alarmen; es necesario que esto ocurra antes, pero no llegará tan pronto el fin". Después les dijo: "Se levantará nación contra nación y reino contra reino. Habrá grandes terremotos; peste y hambre en muchas partes; se verán también fenómenos aterradores y grandes señales en el cielo." Palabra del Señor 
 

El templo fue construido en honor a Dios y como un lugar de oración, pero hubo aquellos que no vieron más allá de su superficie. Cuando nuestras catedrales y lugares sagrados pasan a ser lugares turísticos, se arriesgan a llegar a estar vacíos de su verdadero significado. Recemos, por lo tanto, para que podamos apreciar la reverencia y las intenciones de aquellos que han pasado antes que nosotros; incluso si nosotros también valoramos la belleza de su autoexpresión.  

Jesús reconoce que habrá muchos llamados a nuestra atención, muchas distracciones que nos pueden llevar por mal camino. Mi tiempo de oración me puede ayudar a ver quién es Jesús para mí, y a valorar cómo yo recibo su Palabra; le pido a Dios me ayude a no ser descarriado por voces persuasivas. (espaciosagrado.com)

Ven Señor Jesús, te necesito.

lunes, 23 de noviembre de 2020

"Mucho tenía, pues tenía a Dios en su corazón..."

 San Lucas 21,1-4.

Levantando los ojos, Jesús vio a unos ricos que ponían sus ofrendas en el tesoro del Templo. Vio también a una viuda de condición muy humilde, que ponía dos pequeñas monedas de cobre, y dijo: "Les aseguro que esta pobre viuda ha dado más que nadie. Porque todos los demás dieron como ofrenda algo de lo que les sobraba, pero ella, de su indigencia, dio todo lo que tenía para vivir." Palabra del Señor.  

En el evangelio de hoy encontramos dos grandes contrastes: los ricos y la viuda; el que da de lo que le sobra y el que da lo necesario para vivir. Aquí el verdadero tesoro se centra en la viuda, una mujer que conforme al contexto de su época vive de la caridad.

Su actitud ante Dios es la de no reservarse nada, lo da todo para gloria de Dios. Eso es posible porque tiene su esperanza puesta en el Señor. Por este motivo, merece el elogio de Jesús; porque reconoce en ella no un simple ritual, sino un verdadero abandono a la Divina Providencia que sólo puede venir de aquél que está lleno de Dios y vacío de sí mismo.  

La generosidad de la viuda pobre es una buena lección para nosotros, los discípulos de Cristo. Podemos dar muchas cosas, como los ricos «que echaban sus donativos en el arca del Tesoro» (Lc 21,1), pero nada de eso tendrá valor si solamente damos “de lo que nos sobra”, sin amor y sin espíritu de generosidad, sin ofrecernos a nosotros mismos. Dice san Agustín: «Ellos ponían sus miradas en las grandes ofrendas de los ricos, alabándolos por ello. Aunque luego vieron a la viuda, ¿cuántos vieron aquellas dos monedas?... Ella echó todo lo que poseía. Mucho tenía, pues tenía a Dios en su corazón. Es más, tener a Dios en el alma que oro en el arca» (Dominicos. org, Evangeli.net)  

Ven Señor Jesús, te necesito.

sábado, 21 de noviembre de 2020

“Vengan benditos de mi Padre”

 


                                                     Jesucristo Rey del Universo

Lecturas 22-11-20, Ciclo A 

” Ven Espíritu Santo”

Dios mío, envía ahora tu Espíritu sobre mí y que abra mis ojos y mis oídos a tu Palabra, que me guie y asista al meditar tus enseñanzas, para que pueda saborearla y comprenderla, para que tu Palabra penetre en mi corazón, y me conduzca a la Verdad completa. Amén  

Profecía de Ezequiel 34, 11-12. 15-17

Así habla el Señor: «¡Aquí estoy yo! Yo mismo voy a buscar mi rebaño y me ocuparé de él. Como el pastor se ocupa de su rebaño cuando está en medio de sus ovejas dispersas, así me ocuparé de mis ovejas y las libraré de todos los lugares donde se habían dispersado, en un día de nubes y tinieblas. Yo mismo apacentaré a mis ovejas y las llevaré a descansar -oráculo del Señor- . Buscaré a la oveja perdida, haré volver a la descarriada, vendaré a la herida y curaré a la enferma, pero exterminaré a la que está gorda y robusta. Yo las apacentaré con justicia. En cuanto a ustedes, ovejas de mi rebaño, así habla el Señor: Yo voy a juzgar entre oveja y oveja, entre carneros y chivos.» Palabra de Dios.  

Salmo 22, R. El Señor es mi pastor, nada me puede faltar.  

El Señor es mi pastor, nada me puede faltar. El me hace descansar en verdes praderas. Me conduce a las aguas tranquilas y repara mis fuerzas; me guía por el recto sendero, por amor de su Nombre.  R.

Tú preparas ante mí una mesa, frente a mis enemigos; unges con óleo mi cabeza y mi copa rebosa.  R.

Tu bondad y tu gracia me acompañan a lo largo de mi vida; y habitaré en la Casa del Señor, por muy largo tiempo.  R.  

1º Carta de Pablo a los Corintios 15, 20-26. 28

Hermanos: Cristo resucitó de entre los muertos, el primero de todos. Porque la muerte vino al mundo por medio de un hombre, y también por medio de un hombre viene la resurrección. En efecto, así como todos mueren en Adán, así también todos revivirán en Cristo, cada uno según el orden que le corresponde: Cristo, el primero de todos, luego, aquellos que estén unidos a él en el momento de su Venida. En seguida vendrá el fin, cuando Cristo entregue el Reino a Dios, el Padre, después de haber aniquilado todo Principado, Dominio y Poder. Porque es necesario que Cristo reine hasta que ponga a todos los enemigos debajo de sus pies. El último enemigo que será vencido es la muerte. Y cuando el universo entero le sea sometido, el mismo Hijo se someterá también a aquel que le sometió todas las cosas, a fin de que Dios sea todo en todos.   Palabra de Dios.  

Evangelio según san Mateo 25, 31-46

Jesús dijo a sus discípulos: «Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria rodeado de todos los ángeles, se sentará en su trono glorioso. Todas las naciones serán reunidas en su presencia, y él separará a unos de otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos, y pondrá a aquellas a su derecha y a estos a su izquierda. Entonces el Rey dirá a los que tenga a su derecha: "Vengan, benditos de mi Padre, y reciban en herencia el Reino que les fue preparado desde el comienzo del mundo, porque tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; estaba de paso, y me alojaron; desnudo, y me vistieron; enfermo, y me visitaron; preso, y me vinieron a ver." Los justos le responderán: "Señor, ¿Cuándo te vimos hambriento, y te dimos de comer; ¿sediento, y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos de paso, y te alojamos; ¿desnudo, y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o preso, y fuimos a verte?" Y el Rey les responderá: "Les aseguro que cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo." Luego dirá a los de su izquierda: "Aléjense de mí, malditos; vayan al fuego eterno que fue preparado para el demonio y sus ángeles, porque tuve hambre, y ustedes no me dieron de comer; tuve sed, y no me dieron de beber; estaba de paso, y no me alojaron; desnudo, y no me vistieron; enfermo y preso, y no me visitaron." Estos, a su vez, le preguntarán: "Señor, ¿Cuándo te vimos hambriento o sediento, de paso o desnudo, enfermo o preso, y no te hemos socorrido?" Y él les responderá: "Les aseguro que cada vez que no lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, tampoco lo hicieron conmigo." Estos irán al castigo eterno, y los justos a la Vida eterna.»  Palabra del Señor.

Reflexión: El juicio definitivo  

Con la fiesta de hoy, Cristo Rey, cerramos el año litúrgico A y nos disponemos a comenzar el tiempo del Adviento.  Este pasaje, en una especie de visión profética, nos muestra cuál es el criterio supremo para vivir y gozar del Reino, para ver y conocer a Dios.  

El Evangelio de hoy nos habla del juicio final, donde nuestros corazones serán expuestos ante el Señor para ver si fueron fríos o calientes, de piedra o de carne, cerrados o abiertos. Pero no es necesario esperar a ese día, porque una vida presente con un corazón enfriado es una vida triste, apagada, sin aliciente, sin alegría. No se trata de hacer el bien para sufrir y conseguir un pasaje para la vida eterna, sino de hacer el bien por convicción, sabiendo que todo el amor que damos lo recibimos ya en esta vida, el “ciento por uno”, aunque con creces en la eterna. Mirando nuestra vida hasta este tiempo: ¿hicimos o no hicimos las obras concretas y efectivas en favor de quien necesita lo más básico en su existencia?   

La escena nos presenta un juicio público, universal.  El juez es “el Hijo del hombre”, Jesús. Aparecen dos grupos de personas cuyo comportamiento histórico ha sido bien diferente.  El juicio es de separación, definitivo.  La sentencia se pronuncia en forma de bendición o maldición.  La sanción es heredar el Reino o ser arrojados al fuego eterno. El criterio o medida que se utiliza es sorprendente: lo que cuenta es la actitud de amor o indiferencia hacia cualquier ser humano necesitado, lo que se hace con uno de los más pequeños, se hace con Dios. Éste es el criterio definitivo y el mansaje final que Mateo dirige a sus lectores: hay que estar alerta, de forma activa, con la mirada puesta en el rostro concreto de cada ser humano necesitado. Lo que hacemos a los pobres, a los más pequeños, a los hambrientos, extranjeros, enfermos, desnudos, encarcelados… es lo que cuenta, es lo que hemos hecho a Dios.  

Increíble respuesta.  La parábola no menciona la oración, ni la comunidad, ni el culto, ni la eucaristía… Ni siquiera cita la fe en Jesucristo.  Lo cual no quiere decir que tales puntos no sean importantes, más aún necesarios. Significa otra cosa: que, puestos a expresar lo que es esencial del verdadero cristiano y de la verdadera Iglesia, todo se juega en la OPCION POR LOS POBRES, en el amor a los pobres y marginados.  Todo lo demás, sin esto, de nada sirve.  

Aplicada esta parábola al mundo de hoy, es evidente que se refiere no sólo a las obras de caridad, sino también al compromiso tendiente a construir una sociedad libre, democrática, igualitaria y fraternal. Porque puede ocurrir –y a ocurrido muchas veces- que uno haga por un lado muchas obras de caridad y por otro siga explotando, o apoye situaciones contrarias a la libertad y a la justicia, o lleve un tren de vida indignante para los pobres.  

El juicio de Dios no se encierra en el ámbito individual, Dios nos ha comunicado su propia vida y no nos saca de la historia, por el contrario, nos hace asumirla plenamente, porque en lo transitorio se juega lo definitivo.  

La parábola del juicio final nos dice que la suerte de toda persona se decide en virtud de su capacidad de reaccionar con misericordia ante los que sufren hambre, sed, desamparo, enfermedad, cárcel, destierro… 

Al final no se nos juzgará de manera general sobre el amor, sino sobre algo mucho más concreto: ¿qué hemos hecho cuando nos hemos encontrado con alguien que nos necesitaba? ¿Cómo hemos reaccionado ante los problemas y sufrimientos de personas concretas que hemos ido encontrando en nuestro camino?

Lo decisivo en la vida no es lo que decimos o pensamos, lo que creemos o escribimos. No bastan tampoco los sentimientos hermosos ni las protestas estériles. Lo importante es ayudar a quien nos necesita.  

La última y decisiva enseñanza de Jesús es esta: el reino de Dios es y será siempre de los que aman al pobre y le ayudan en su necesidad. Esto es lo esencial y definitivo. Un día se nos abrirán los ojos y descubriremos con sorpresa que el amor es la única verdad, y que Dios reina allí donde hay hombres y mujeres capaces de amar y preocuparse por los demás.

La mayoría de los cristianos nos sentimos satisfechos y tranquilos porque no hacemos a nadie ningún mal especialmente grave. Se nos olvida que, según la advertencia de Jesús, estamos preparando nuestro fracaso final siempre que cerramos nuestros ojos a las necesidades ajenas, siempre que eludimos cualquier responsabilidad que no sea en beneficio propio, siempre que nos contentamos con criticarlo todo, sin echar una mano a nadie.

La parábola de Jesús nos obliga a hacernos preguntas muy concretas: ¿estoy haciendo algo por alguien?, ¿a qué personas puedo yo prestar ayuda?, ¿Qué hago para que reine un poco más de justicia, solidaridad y amistad entre nosotros?, ¿Qué más podría hacer? 

Pero vivir con entrañas de misericordia no es tener un corazón sensiblero ni tampoco practicar, de vez en cuando, alguna “obra de misericordia” que aquiete nuestra conciencia y nos permita seguir tranquilos nuestro camino egoísta de siempre. Es esta misericordia la que da categoría humana y evangélica a la persona. Es esta misericordia la que nos trae la bendición de Dios: la que se asume un compromiso al servicio a la humanidad.  

El Señor es mi pastor, nada me puede faltar. El me hace descansar en verdes praderas.

¡Ven Señor Jesús, te necesito!

 

Nuestro Dios que es fuente de amor

colme tu interior con su Paz.

 

Jesucristo, Amor que se entrega haga de ti un instrumento de reconciliación.

                             
El Espíritu Santo, vínculo y unidad haga de tu corazón ardiente impulso de comunión.

 

¡El Señor te bendiga y te guarde y haga de ti una bendición para los demás!   

 

Aclaración: Se han consultado para la preparación de las reflexiones: El libro del Pueblo de Dios. Hojitas anteriores. Centro Bíblico del CELAM. J A Pagola. Doonbosco.org. 

Círculo Bíblico San José 

“Tu palabra es una lámpara a mis pies y una luz en mi camino” Sal 119

viernes, 20 de noviembre de 2020

"Mi casa será una casa de oración"

                                        San Lucas 19,45-48.

Jesús al entrar al Templo, se puso a echar a los vendedores,
diciéndoles: "Está escrito: Mi casa será una casa de oración, pero ustedes la han convertido en una cueva de ladrones".
Y diariamente enseñaba en el Templo. Los sumos sacerdotes, los escribas y los más importantes del pueblo, buscaban la forma de matarlo. Pero no sabían cómo hacerlo, porque todo el pueblo lo escuchaba y estaba pendiente de sus palabras. Palabra del Señor 
 

Lo que Jesús predicaba provocó que “los sumos sacerdotes, los letrados y los senadores del pueblo intentaron quitarlo de en medio”. Pero Jesús no se calló, siguió proclamando su verdad, su buena noticia para todos nosotros. Una muestra de ello es lo que le vemos hacer hoy, expulsando a los vendedores del templo, por una razón bien sencilla: “Mi casa es casa de oración; pero ustedes la han convertido en una cueva de ladrones”.

Jesús habla de que el templo ha sido creado como un lugar de encuentro con Dios, que debe ser un lugar de puertas abiertas y un espacio de calma y gratuidad. Reniega porque ha sido convertido en un edificio “vacío” y ya no tiene sentido buscar a Dios en él. (Dominicos. org y Donbosco.org)  

Ven Señor Jesús, te necesito.

jueves, 19 de noviembre de 2020

"Encontrarse con Jesús"

  San Lucas 19,41-44. 

Cuando estuvo cerca y vio la ciudad, se puso a llorar por ella, diciendo: "¡Si tú también hubieras comprendido en este día el mensaje de paz! Pero ahora está oculto a tus ojos. Vendrán días desastrosos para ti, en que tus enemigos te cercarán con empalizadas, te sitiarán y te atacarán por todas partes. Te arrasarán junto con tus hijos, que están dentro de ti, y no dejarán en ti piedra sobre piedra, porque no has sabido reconocer el tiempo en que fuiste visitada por Dios". Palabra del señor.  

El mensaje que Jesús ha predicado acerca de la venida del Reino, con sus palabras, sus signos y su propia persona, no ha convertido a los vecinos de Jerusalén que permanecen anclados en las tradiciones pasadas, esperando un Mesías que son incapaces de reconocer cuando está en medio de ellos, ¿sabemos nosotros descubrir a Jesús presente en nuestras vidas? Reconocer lo que nos lleva a la paz no es la lucidez intelectual, lo que realmente nos conduce a la paz que trae Jesús es encontrarnos con Él. (Dominicos. org)  

Ven Señor Jesús, te necesito.

miércoles, 18 de noviembre de 2020

'Háganlas producir hasta que yo vuelva'

                                       San Lucas 19,11-28.

Jesús dijo una parábola, porque estaba cerca de Jerusalén y la gente pensaba que el Reino de Dios iba a aparecer de un momento a otro.
El les dijo: "Un hombre de familia noble fue a un país lejano para recibir la investidura real y regresar en seguida.
Llamó a diez de sus servidores y les entregó cien monedas de plata a cada uno, diciéndoles: 'Háganlas producir hasta que yo vuelva'.
Pero sus conciudadanos lo odiaban y enviaron detrás de él una embajada encargada de decir: 'No queremos que este sea nuestro rey'.
Al regresar, investido de la dignidad real, hizo llamar a los servidores a quienes había dado el dinero, para saber lo que había ganado cada uno.
El primero se presentó y le dijo: 'Señor, tus cien monedas de plata han producido diez veces más'.
'Está bien, buen servidor, le respondió, ya que has sido fiel en tan poca cosa, recibe el gobierno de diez ciudades'.
Llegó el segundo y le dijo: 'Señor, tus cien monedas de plata han producido cinco veces más'.
A él también le dijo: 'Tú estarás al frente de cinco ciudades'.
Llegó el otro y le dijo: 'Señor, aquí tienes tus cien monedas de plata, que guardé envueltas en un pañuelo.
Porque tuve miedo de ti, que eres un hombre exigente, que quieres percibir lo que no has depositado y cosechar lo que no has sembrado'.
El le respondió: 'Yo te juzgo por tus propias palabras, mal servidor. Si sabías que soy un hombre exigente, que quiero percibir lo que no deposité y cosechar lo que no sembré,
¿por qué no entregaste mi dinero en préstamo? A mi regreso yo lo hubiera recuperado con intereses'.
Y dijo a los que estaban allí: 'Quítenle las cien monedas y dénselas al que tiene diez veces más'.
'¡Pero, señor, le respondieron, ya tiene mil!'.
Les aseguro que al que tiene, se le dará; pero al que no tiene, se le quitará aún lo que tiene.
En cuanto a mis enemigos, que no me han querido por rey, tráiganlos aquí y mátenlos en mi presencia".
Después de haber dicho esto, Jesús siguió adelante, subiendo a Jerusalén. Palabra del Señor. 
 

El Señor nos ha creado, nos llama y nos comparte su sabiduría, aquellos que le decimos SI, nos pide que seamos y actuemos como personas confiables, responsables. En el evangelio de hoy, los cristianos somos los servidores a quienes Jesús, nos encarga hacer fructificar sus dones para el desarrollo del Reino y hemos de rendir cuentas de la que hagamos con ellos. La parábola nos enseña a no cerrarnos en nosotros mismos, enterrando los propios talentos, las propias riquezas espirituales, intelectuales, materiales, todo lo que el Señor nos ha dado, sino a abrirnos, a ser solidarios, a estar atentos al otro.  

Ven Señor Jesús, te necesito.

martes, 17 de noviembre de 2020

“…hoy tengo que alojarme en tu casa"

 San Lucas 19,1-10.

Jesús entró en Jericó y atravesaba la ciudad. Allí vivía un hombre muy rico llamado Zaqueo, que era jefe de los publicanos. El quería ver quién era Jesús, pero no podía a causa de la multitud, porque era de baja estatura.
Entonces se adelantó y subió a un sicomoro para poder verlo, porque iba a pasar por allí. Al llegar a ese lugar, Jesús miró hacia arriba y le dijo: "Zaqueo, baja pronto, porque hoy tengo que alojarme en tu casa".
Zaqueo bajó rápidamente y lo recibió con alegría.
Al ver esto, todos murmuraban, diciendo: "Se ha ido a alojar en casa de un pecador".
Pero Zaqueo dijo resueltamente al Señor: "Señor, voy a dar la mitad de mis bienes a los pobres, y si he perjudicado a alguien, le daré cuatro veces más".
Y Jesús le dijo: "Hoy ha llegado la salvación a esta casa, ya que también este hombre es un hijo de Abraham,
porque el Hijo del hombre vino a buscar y a salvar lo que estaba perdido". Palabra del Señor  
 

Zaqueo deja entrar a Jesús en su casa y en su corazón, aunque no se sienta muy digno de tal visita. En él, la conversión es total: empieza con la renuncia a la ambición de riquezas, continúa con el propósito de compartir sus bienes y acaba con la resolución de hacer justicia, corrigiendo los pecados que ha cometido. Quizás Jesús me está pidiendo algo similar desde hace tiempo, pero yo no quiero escucharle y hago oídos sordos; necesito convertirme.

Hoy puedo preguntarme ¿siento deseos de ver a Jesús que pasa por mi vida? ¿Qué cosas me lo impiden?  ¿Qué marcas lleva mi historia? Más allá de mis riquezas, ¿Qué circunstancias me han hecho considerar no estar a la altura de un encuentro cara a cara con Jesús? Aun así, descubro posibles “caminos de retorno” a mi dignidad, a mis hermanos. Ser llamado por mi nombre. Poder replantear mi vida en una nueva dirección. (Donbosco.org, Evangeli.net)  

Ven Señor Jesús, te necesito.

lunes, 16 de noviembre de 2020

"¿Qué quieres que haga por ti?"

 San Lucas 18,35-43. 

Cuando se acercaba a Jericó, un ciego estaba sentado al borde del camino, pidiendo limosna. Al oír que pasaba mucha gente, preguntó qué sucedía. Le respondieron que pasaba Jesús de Nazaret. El ciego se puso a gritar: "¡Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí!". Los que iban delante lo reprendían para que se callara, pero él gritaba más fuerte: "¡Hijo de David, ten compasión de mí!". Jesús se detuvo y mandó que se lo trajeran. Cuando lo tuvo a su lado, le preguntó: "¿Qué quieres que haga por ti?". "Señor, que yo vea otra vez". Y Jesús le dijo: "Recupera la vista, tu fe te ha salvado". En el mismo momento, el ciego recuperó la vista y siguió a Jesús, glorificando a Dios. Al ver esto, todo el pueblo alababa a Dios.  

El Evangelio de hoy nos narra la curación del ciego de Jericó. Una persona pobre, ciega, que cada día su única tarea es ponerse al borde del camino y pedir limosna para su sustento. Pero hoy su sorpresa será grande, sin él saberlo algo va a cambiar en su vida; de momento oye algo extraordinario, pasa gente, más de lo habitual y pregunta, se interesa por el acontecimiento y le explican: “Pasa Jesús Nazareno”.

Entonces gritó: “¡Jesús, hijo de David, te compasión de mí!”, un grito que arranca de su ser, un grito desgarrador del ciego y una fe plena en Aquel que pasa; él no ve con los ojos corporales, pero interiormente siente que le puede curar. Y como le mandan callar, grita más fuerte: “¡ten compasión de mí!”, no pide otra cosa que compasión y misericordia.

“Jesús se paró y mandó que se lo trajeran”. Cuando estuvo cerca, le pregunta, nos pregunta: ¿Qué quieres que haga por ti? ¿Qué necesitas? ¿Qué te angustia? ¿Por qué gritas? Siempre nos pregunta, nunca nos impone, nos escucha; ¿crees que puedo hacerlo?

El ciego responde: “¡Señor, que vea otra vez! Pues que se haga según tu fe. Recobra la vista, tú fe te ha curado”.

Ahora no sólo verá con los ojos corporales, sino con los ojos de la fe, su vida ha cambiado sigue al Maestro, glorifica a Dios y por él todo el pueblo.

Hoy la Palabra me ayuda a reflexionar: ¿Qué situaciones me han llevado a sentarme “ciego”, “al borde del camino”, a “pedirle una  limosna” a la vida? ¿Qué cosas me alertan del paso de Jesús cerca mío? Aún ciego, encuentro desde algún lugar el impulso para “gritar” y ser escuchado. ¿Y si en ese encuentro me preguntaran qué quieres que haga por ti? ¿Qué respuestas asomarían? ¿Qué cegueras me han ganado? ¿Qué deseo poder ver? (Dominicos.org. donbosco.org.ar)  

Ven Señor Jesús, te necesito.